viernes, 8 de noviembre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 27

En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz

Resumen

Se ofrece un panorama general de la emergencia, evolución y características básicas de los principales movimientos sociales que se han ido desarrollando en la Edad Contemporánea. El movimiento brero es objeto de atención principal, se aborda también como caso práctico el estudio del movimiento obrero español.

1.    Los antecedentes

El análisis ha partido generalmente de los primeros estudios que aparecieron durante el S XIX, con la obra pionera de Lorenz von Stein, La historia del movimiento social en Francia, desde 1789 hasta nuestros días, en ella se tomaba como referencia al movimiento obrero que estaba ya desarrollándose en varios países europeos. Karl Marx asumiría por su parte la misión de intentar dar una fundamentación científica a la necesidad y posibilidad de un cambio radical de sociedad al que debía aspirar ese movimiento obrero. Se suele hacer una distinción entre los movimientos (revueltas) por un lado, y los característicos de la Modernidad, por otro, ya que es en esta Era cuando, de forma paralela a la construcción de los Estados nacionales y al desarrollo del capitalismo, se va configurando un marco social, cultural y político dentro del cual los movimientos sociales adquieren un carácter duradero y estable.

Los movimientos pioneros son los que se desarrollan ya en el SXVIII contra la esclavitud, con acciones como la desplegada en Manchester en 1787, coincidiendo además con la Revolución Francesa y generando así un verdadero movimiento transnacional, marco en el cual se produce también la primera socialización política de una minoría de mujeres. La rebelión antiesclavista en Haití a partir de 1791 constituye sin duda una “madrugadora” manifestación de ese proceso.

Ese concepto de “multitud” aparece como referente simbólico de una “plebe” socialmente heterogénea que va siendo desposeída de sus bienes en el campo e inicia se proceso de proletarización en las ciudades, se siente perjudicada por la nueva idea de mercado controlado por la nueva clase propietaria emergente que preside esos procesos, viéndose así obligada aquélla a redefinir sus necesidades y sus expectativas en ese nuevo contexto. Esos motines expresaban generalmente una apelación a la “costumbre” como base de su definición de lo que tenía que se una “economía moral” en tiempo de escasez; tenía una carácter contradictorio, ya que expresaban tanto una referencia al pasado como una impugnación al nuev2o capitalismo, especialmente por sus consecuencias en la subida de los precios a medida que se iba conformando un mercado “nacional” superador del marco local.

Se puede sostener; por tanto, que son la Revolución Industrial, la Revolución Norteamericana y, sobre todo, la Revolución Francesa las que constituyen el punto de partida de la emergencia de unos movimientos sociales que ya no tienen un carácter espasmódico sino que aspiran a ser duraderos en su desafío a las autoridades y en su voluntad de obtener cambios sustanciales frente a aquéllas. Ya las ideas de la Ilustración habían sembrado el camino para la superación del milenarismo dominante en los anteriores movimientos de protesta.

Empleando los rasgos considerados ya clásicos en el análisis de los movimientos sociales de “identidad”, “oposición”, “totalidad” y “alternativa” (IOTA) éstos se podrían ir aplicando al movimiento obrero a partir del primer ciclo moderno de protesta europea: el de la primavera y el verano de 1848. Es a partir de entonces cuando se va sedimentando entre sus activistas la identificación tanto con la “clase obrera” como con el socialismo como rpoyecto vital, aunque sólo a finales de siglo se puede considerar que cuaja ese proceso en sectores significativos.

Con el desarrollo del cartismo en Gran Bretaña, tras las guerras contra Napoleón constituirá un referente para el proceso de configuración de los movimientos obreros en otros países. Porque éste es el otro factor a tener en cuenta: las funciones básicas de los Estados modernos constituyen a su ves ejes de conflicto con sus poblaciones respectivas e irán creando los escenarios apropiados para la estructuración de los movimientos sociales en los diferentes países y la lucha por los derechos de ciudadanía en el plano político y social.

Otro factor fundamental es la influencia de la difusión de la alfabetización y de la letra impresa a lo largo de la historia moderna y contemporánea, ya que esto facilita la socialización de las razones de las protestas entre los potenciales activistas de los movimientos sociales, generando entre ellos unas “comunidades invisibles de discurso” y tejiendo así unas redes asociativas que son las que podrán garantizar la continuidad del movimiento. Los periódicos y las primeras obras de los intelectuales de esos movimientos encuentran así un terreno abonado, logrando en poco tiempo una amplia difusión en muchos países.

En ese marco general se van construyendo ideologías que comparten como “preocupación más imperiosa” la de conseguir “justicia”. Esa idea de lucha por la justicia, entendida como justicia social y distributiva frente a la nueva desigualdad social y a la nueva pobreza, será la que presidirá las movilizaciones sociales iniciadas por un artesanado preindustrial y que terminarán conformando el movimiento obrero organizado así como la creación de la Primera Internacional. Se forma así una red de organizaciones con vocación de extenderse a escala mundial que aspira a superar los marcos nacional-estatales y recoge en su seno a muchos de los activistas que fueron protagonistas de la “primavera de los Pueblos” de 1848 como es el caso de Giuseppe Garibaldi.

La sucesiva ampliación del repertorio de formas de acción colectiva es otro de los rasgos de este proceso: así, de las peticiones, la quema de efigies, las barricadas y los boicoteos, se pasa a las que serán características del movimiento obrero, como son la huelga, las manifestaciones, la ocupación de fábricas y las insurrecciones como expresión máxima de la protesta.