lunes, 4 de noviembre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 23

En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz

  1. EL MUNICIPIO RELACIONAL Y LA INNOVACIÓN DEMOCRÁTICA
El dominio de la lógica eficientista y de una visión estrictamente representativa e instrumental de al democracia impregna las dinámicas municipales que se producen bajo el manto del Estado de bienestar. Pero una vez que ese manto desaparece también desaparecen las antiguas certezas que caracterizaban el funcionamiento del municipio de bienestar. El thatcherismo de los años ochenta se convierte en el disparo de salida y en el ejemplo que mejor nos permite observar como corren en paralelo los avatares del Estado y del municipio de bienestar (Butcher). La política conservadora de la Primera Ministra británica se orienta a desmantelar el Estado de bienestar y, para ello se concentra en: destruir los sindicatos y destruir los gobiernos locales.

Desaparece la percepción de los ayuntamientos como brazos ejecutores de las políticas de bienestar. Se cuestiona el énfasis en su alma funcional,  y vocación eficientista. Los ayuntamientos no deben prestar servicios sino habilitar, coordinar, subcontratar o capacitar a otros para que desarrollen estas actividades (Ridley). Este nuevo ayuntamiento (municipio relacional) no tiene por qué estar obsesionado por ser una administración eficiente; sitúa al mundo asociativo en una nueva dimensión. Las entidades asociativas pueden resurgir del letargo  en que las había situado el todopoderoso Estado del bienestar y encontrar un nuevo espacio de participación  en la gestión de los servicios municipales. El municipio relacional abre las puertas a una amplia constelación de actores y facilita su incorporación en las tareas de gestión y prestación de servicios locales. Lo que no está claro es si esta descentralización funcional alcanza al ámbito de la toma de decisiones.
¿Significa todo esto un movimiento pendular hacia el alma democrática? ¿Supone el tránsito desde la administración al gobierno local?¿Asistimos a una superación de la democracia representativa de mínimos que acompañaba al municipio de bienestar y  a la emergencia de nuevas formas de democracia participativa?

En primer lugar, el ataque thatcherista al gobierno local tuvo la capacidad de sacar al mundo local del ensimismamiento técnico y administrativo de las últimas décadas. Este proceso de politización del ámbito local va a tener un fuerte impacto, sobre su dimensión democrática. En segundo lugar, tras la crisis del municipio del bienestar empiezan a proliferar tanto los debates sobre la democracia local como las experiencias con instrumentos variados de innovación democrática. Se ha roto aquel pacto de bienestar que nos hacía intercambiar servicios eficientes por pasividad política.

La política y la democracia se convierten en ejes centrales del mundo local. Proliferan los experimentos, aparece una realidad marcada por éxitos y fracasos, con cierta sensación de confusión y desorientación. Nos cuestionamos el porqué, el quién, y el cómo de la participación  (democracia participativa).

  1. EL PORQUÉ DE LA PARTICIPACIÓN
Identificar los múltiples objetivos a los que puede dirigirse un proceso participativo y para diseñar los mecanismos y evaluar los resultados en función de estos objetivos. La clasificación de los objetivos de la participación ciudadana puede realizarse en función de criterios también diversos. En primer lugar, podemos clasificarlos en función del papel que pretendemos otorgar a los ciudadanos. En segundo lugar, los objetivos de la participación pueden distinguirse en función de los resultados que los gobernantes esperan obtener de ella.



La clasificación se conoce como las escaleras de la participación. En cada travesaño de estas escaleras se sitúan los diversos mecanismos de participación en función del papel que otorga a los ciudadanos y a sus organizaciones. En la parte más baja de la escalera se sitúan aquellos instrumentos participativos que pretenden únicamente ofrecer información a un ciudadano pasivo; en la parte media aparecen diversos mecanismos que quieren dar voz a los ciudadanos y sus asociaciones, aunque solo sea para saber qué opinan; en la parte alta aparece la participación más potente, aquella que permite trasladar el poder y la capacidad para tomar decisiones a la sociedad civil, Gyford, resume estos tres objetivos en los términos que aparecen en el cuadro 1: el derecho a ser informado, el derecho a ser consultado y el derecho a tomar parte.

En el municipio de bienestar la participación directa del ciudadano no alcanza a subir más de los primeros peldaños. El pacto de bienestar subrayaba el carácter pasivo de los ciudadanos. En la situación actual el derecho  a ser informado ha quedado superado, especialmente cuando la politización del ámbito local despierta fuertes interrogantes no únicamente sobre cómo se hacen las cosas (perspectiva tecnocrática) sino sobre cuales hay que tener (perspectiva política).

Reconocida la necesidad de subir peldaños, el debate se centra en si debemos quedarnos en la parte intermedia o subir hasta la parte alta de la escalera. Aquellos que defienden la posición intermedia combinan la aceptación de una ciudadanía más activa y con voz con la reafirmación de los principios de la democracia representativa, mientras que aquellos que quieren seguir escalando defienden la oportunidad de lograr una democracia participativa donde sea el propio ciudadano el que tenga el poder para tomar decisiones.

Respecto a la clasificación de la participación en función de aquello que obtienen los gobernantes, distinguiríamos entre dos objetivos tradicionales (legitimidad y mejora de decisiones),  y dos objetivos de nueva generación (disponer de colaboradores y generar capital social). La legitimidad de una decisión depende del grado de aceptación que genera entre los ciudadanos y parece claro que si éstos han sido informados y consultados la legitimidad se verá reforzada.

Las experiencias más recientes de participación ciudadana aparecen justificarse a partir de dos aportaciones adicionales. En primer lugar, algunos responsables municipales nos hablan de un proceso de maduración democrática en el cual la intervención de los ciudadanos habría evolucionado desde la queja y la reivindicación hasta la colaboración. Esta mayor implicación de los ciudadanos ha permitido mantener la prestación de determinados servicios en una situación de restricciones financieras.

Aunque los argumentos se puedan remontar a la Grecia clásica, algunos justifican la participación ciudadana por su capacidad para educar y concienciar a la ciudadanía. Disponer de esta ciudadanía mejora el funcionamiento de los instrumentos participativos y el conjunto de la comunidad. La participación tiene como objetivo directo escuchar a los ciudadano: generar el capital social que garantizará el buen funcionamiento de nuestra sociedad. Desde que Putman popularizara el concepto de capital social como un conjunto de características intangibles de una comunidad (densidad asociativa, niveles de confianza, etc). Útiles para explicar sus rendimientos institucionales, económicos y sociales, el gran interrogante ha sido como fomentarlo. La participación sirve a los gobernantes en la medida que favorece la creación de la materia prima adecuada para el desarrollo de sus comunidades. Esta materia prima, este capital social  se refiere a una ciudadanía que adquiere madurez democrática y dinamismo socioeconómico a través de la propia participación en los asuntos colectivos, que facilita la prestación de determinados servicios, legitima determinadas decisiones y promociona determinadas conductas y actitudes ciudadanas.

Existe una relación entre los objetivos de la participación que se definen en función del rol asignado a los ciudadanos y aquellos que se identifican por lo que obtienen de los gobernantes.