domingo, 7 de octubre de 2012

Ecología II: Ecología Humana – Cuestiones a comprender y retener – Parte 11


En la asignatura de Ecología II: Ecología Humana del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2011/12, algunos/as compañeros/as realizamos un trabajo coral: resolver las cuestiones a comprender y retener.  Y como libro de referencia: Medio ambiente y sociedad. La civilización industrial y los límites del planeta de Ernest García (Alianza Editorial), bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.


Tema 1  – Las ciencias ambientales, la sociología y la relación entre medioambiente y sociedad - Nekane Ceballos Aurrekoetxea // Tema 2 - La sociología ecológica o medioambiental  Tomás Javier Prieto González // Tema 3 Sociología, límites y sostenibilidad José Bargallo Rofes // Tema 4 - Cambio social: desarrollo y sustentabilidad Carolina Judith Rabazo Pérez // Tema 5 Cambio social: modernización y medio ambiente  Carlos Catalán Serrano // Tema 6 - Medio ambiente, estructura y conflicto social José Bargallo Rofes // Tema 7 - Percepción social de los problemas medioambientales y cambio cultural – Julia Ortega Tovar



10- Retenga algunos ejemplos de argumentos antimalthusianos.

  • A escala mundial, la disponibilidad de tierra cultivable no es todavía un factor limitante. Más apremiante es la situación relativa al uso del agua
  • Hay un relativo margen para frenar la degradación de los suelos por erosión, salinización y empobrecimiento biológico que resulta de la explotación agrícola intensiva.
  • Es posible mejorar significativamente la eficiencia en el uso del agua mediante sistemas descentralizados de captación, técnicas de riego más ahorrativas.
  • Es posible seguir consumiendo alimentos de origen animal, aunque ese consumo debería ajustarse a lo obtenido a partir de rumiantes que pastan en terrenos no aptos para el cultivo de plantas digeribles por los humanos y a partir de animales que pueden mantenerse con una variada combinación de residuos orgánicos; a ello podría sumarse lo producido mediante acuicultura, siempre que ésta tuviera en cuenta restricciones ecológicas derivadas de la contaminación.
  • Las pérdidas que producen durante la cosecha y después de ella, así como las derivadas de la putrefacción del pescado.
  • Los cálculos habituales sobre necesidades de energía y proteínas podrían tal vez ajustarse a la baja (una conjetura que Smil apoya en la extrema flexibilidad de los humanos como convertidores de la energía contenida en los alimentos y en la compleja combinación de factores diversos –edad, sexo, volumen del cuerpo, niveles de actividad física, condiciones ambientales y otros—que influye en el nivel de las necesidades.
  • La composición de la dieta se ha descompensado durante la modernización, pero podría volver a reajustarse: aunque una corriente poderosa, animada por la agroindustria y por los servicios de comida rápida, empuja en el sentido de un desequilibrio todavía mayor, diversas reacciones sociales ante problemas de obesidad y de mayor incidencia de enfermedades coronarias y de ciertos tipos de cáncer se mueven en sentido contrario.


11- Preste atención a los análisis de Brown y de Smil.

Lester Brown es quizás el proponente más conocido de la tesis según la cual la colisión entre la población y la base natural de recursos ya ha comenzado a manifestarse. Se basa para ello en una interpretación de la dinámica población-recursos en la segunda mitad del siglo XX.

Brown reconoce que las diferentes producciones se incrementaron en el período de 1950 a 1984 para el grano; de 1950 a 1972 para carnes; y de 1950 a 1988 para pescados y mariscos; y a partir de estas fechas las diversas producciones han caído de forma considerable. La interpretación más habitual de la inflexión en el ritmo de crecimiento de la producción es que ésta es un efecto de la relativa saturación de la demanda en los países más desarrollados, puesta de manifiesto por la caída continuada de los precios agrícolas, y que no habrá problemas sustanciales en aumentar la producción para satisfacer demandas adicionales derivadas del crecimiento demográfico y económico (Alexandratos 1995; FAO 2000).

Brown mantiene, por el contrario, que esa inflexión es el reflejo de la influencia de límites relativos al agotamiento de las posibilidades abiertas por las tecnologías de la “revolución verde”, a la capacidad biológica de las plantas y a la escasez relativa de suelo y agua. Hay por lo menos tres vías –argumenta- para incrementar la productividad agrícola: aumentar el rendimiento de las cosechas, incrementar el número anual de cosechas y obtener más de cada una de ellas “procesando” los residuos mediante rumiantes para producir carne y leche.

Respecto a Smil, su trabajo de síntesis sumamente preciso en los detalles, muy atento a la información científica básica y sensible a la multiplicidad de los factores relevantes y a la complejidad de sus interrelaciones (Smil 2001). Este autor sostiene que una combinación adecuada de recetas económicas y técnicas ya bien conocidas y contrastadas, medidas de protección medioambiental y ajustes en la composición de la dieta puede proporcionar una nutrición adecuada a la próxima y más amplia generación sin deteriorar irreparablemente los sistemas naturales de soporte de la vida. Esta conclusión relativamente optimista—“alentadoramente malthusiana”, dice- se basa en un minucioso argumento que incluye un examen de los factores limitantes, una discusión de los efectos de los cambios ambientales sobre los ecosistemas agrícolas, un repaso a las posibilidades de reducir las pérdidas posteriores a la cosecha, una reconsideración de los criterios habituales sobre la ingesta mínima necesaria de calorías y una evaluación de las posibilidades de que se difunda una dieta más equilibrada.

12- Preste atención a las cuatro acepciones de sostenibilidad comentadas en el texto y el papel de la sociología ecológica en cada una de ellas.

  1. La acepción más próxima al paradigma mecanicista considera que insostenibilidad es la tendencia al colapso causada por sobrepasar los límites establecidos por la capacidad de carga de los ecosistemas. (Nada que tenga  una dimensión material puede crecer indefinidamente en un medio finito). En este contexto, la sostenibilidad implica que la escala física del sistema social, es decir, la totalidad de lo que Boulding (1995) llamó la “sociomasa” (los cuerpos humanos y los artefactos asociados a ellos), así como el flujo metabólico de energía y materiales necesario para reproducirla, han de mantenerse por debajo de la capacidad natural para suministrar recursos (entendiendo por recursos las fuentes de energía y materiales degradados). La lógica del colapso derivado del exceso de carga está presente en diversas versiones del neomaulthusianismo que, con resultados distintos en función de diferentes hipótesis sobre tecnología y consumo, asumen que la capacidad de carga para seres humanos es calculable.
  2. En algunas otras elaboraciones, insostenibilidad es sobre todo el resultado de un desequilibrio catastrófico en el proceso de coevolución. Si una de las especies en presencia recibe una subvención energética demasiado grande, entonces impone al ecosistema una simplificación radical, provocando una reducción drástica de la diversidad biológica. Esto es lo que viene pasando desde el momento en que la especie humana desarrolló una especial habilidad para la oxidación de la “necrosfera” (Margalef 1991). Esta acepción está implícita, por ejemplo en un conocido artículo (Vitousek et al. 1986). Sus autores recuerdan que hay que tener en cuenta que los seres humanos no son los únicos consumidores terrestres de la energía solar capturada mediante la fotosíntesis. La producción primaria neta es la cantidad de energía que queda disponible después de restar la respiración de los productores primarios (plantas principalmente) de la energía total que es fijada biológicamente (la mayor parte de la cual es solar) y proporciona la base para el mantenimiento, crecimiento y reproducción de todos los organismo heterótropos.
  3. Nada dura eternamente. Los sistemas vivientes solo pueden subsistir y evolucionar incrementando la entropía de su medio ambiente. Los sistemas autoorganizadores son necesariamente sistemas desorganizadores, que dependen de un contacto estrecho y una interacción permanente con un medio ambiente que contenga orden y energía disponibles a costa del cual pueden arreglárselas para subsistir. Si el desorden introducido en el entorno es demasiado grande, entonces el sistema puede, -tal vez- acceder a un nuevo nivel adaptativo consumiendo más energía (pero también incrementando todavía más la degradación ambiental). La insostenibilidad puede verse también, por lo tanto, como el resultado del incremento de entropía generado por procesos de producción demasiado grandes o demasiado intensivos. Esta acepción está implícita en la afirmación de que nada dura eternamente. De que ningún proceso material puede prolongarse indefinidamente en un medio finito. En este contexto sostenibilidad tiende a identificarse con conservación (en el sentido de parsimonia en el uso de los recursos)
  4. Por último, insostenibilidad puede significar bloqueo de los dispositivos sociales de aprendizaje, como consecuencia de una aceleración excesiva y de una conectividad demasiado alta. Si el debate sobre la crisis ecológica es algo más que un melancólico ejercicio contemplativo es porque se supone que los seres humanos son capaces de aprender por anticipación y, por tanto, de modificar su conducta por razones diferentes de la construcción física directa.

Según esta acepción, una sociedad se torna insostenible cuando tiene más y más opciones en intervalos temporales más y más cortos. Cuando, por ejemplo, introduce cada año en la naturaleza miles de nuevas sustancias químicas, o cuando se dispone a hacer lo mismo con miles de organismos genéticamente manipulados.

Según  el autor esta acepción de insostenibilidad está implícita en algunas de las incorporaciones recientes a la lista de problemas medioambientales. Es el caso, por ejemplo, de los efectos ecológicos de la difusión en el medio natural de organismos transgénicos, o también, de las informaciones sobre el peligro de desorganización del sistema endocrino de los animales –incluidos los humanos-como consecuencia de la presencia en el ambiente de sustancias químicas de origen industrial que mimetizan las hormonas, dando lugar a que los organismos reaccionen como si los niveles de éstas fuesen distintos de cómo son en realidad.