jueves, 20 de febrero de 2014

UNA APROXIMACIÓN A LA MODERNIDAD LÍQUIDA DE ZYGMUNT BAUMAN Parte 4


En este ensayo se propone elaborar una aproximación al texto Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman -Polonia, 1925-. Para ello se desarrollará un análisis de esta obra a través de los cinco paradigmas que ordena el autor en la solidificación de lo liquido: Emnancipación, Individualidad, Espacio/Tiempo, Trabajo y Comunidad. Se realizará en constante diálogo con otros autores, incluyendo mi propia argumentación sobre los asuntos tratados, tal como se establece en las orientaciones que se encuentran en la guía de estudio de la asignatura.

4. Trabajo

“Karl Polanyi proclamó en 1994: (…) el trabajo no puede ser
una mercancía, ya que no puede venderse ni comprarse
independientemente de quienes los hacen”
(Bauman, 2012:129)

Indisociablemente de la naturaleza humana el trabajo no podía quedarse fuera de esta revolución tácita que el sociólogo polaco nos presenta. Es el cuarto de los paradigmas establecidos en la solidificación de lo líquido, en la manifestación del golpe que hace añicos aquel cristal de la modernidad pesada.

Tal como se venía proponiendo, el trabajo como bien común pasa a ser una opción individual, basado en los intereses concretos de cada solicitante, y desechado por los intereses concretos de cada contratador. El ser humano ha pasado a ser herramienta a parte del capital. Cuanto menos coste tenga ese capital más beneficios aportará, por eso el trabajo, o el trabajador, se convierte en flexible. No se establecen sino cuatro categorías de trabajadores y la mayor, la última en esa pirámide es la más afectada por los cambios: el tiempo de permanencia en los puestos de trabajo es efímero, y el fin último el pago de los honorarios, se desecha cualquier otro beneficio tanto para uno como para otro -por parte del trabajador estabilidad, compañerismo, equipo; por parte del contratador, especialización, formación, etc.-. El pretexto, la competitividad como mecanismo desestructurador, como insignia del nuevo discurso capitalista.

La flexibilidad del trabajo está íntimamente ligada a la inmediatez de la modernidad. Los trabajos son inmediatos también, cambiantes, flexibles, y estas cualidades se manosean sólo con un objetivo, el de sustituir el progreso del futuro por el del progreso del presente: “el progreso no representa ninguna cualidad de la historia sino la confianza del presente en sí mismo” (Bauman, 2012:141), afirma Bauman, para añadir que:

“(…) el progreso ya no es una medida temporal, algo provisorio, que conduciría
finalmente a un estado de perfección (o sea, a un estado de situación en el
que todo lo que debía hacerse ya ha sido hecho y ningún otro cambio es necesario),
sino un desafío y una necesidad perpetuo y quizás interminable,
verdadero significado de sentirse vivo y bien”. (Bauman, 2012:144)

De esta manera se despoja al trabajo de cualidades que se le habían asignado y que estamos hartos de repetir y oír: es una condición natural del ser humano, dignifica, clasifica a hombre y mujeres, conduce a la autosuperación moral, etc. Todo ello queda inutilizado a partir de que el trabajo se convierte en una circunstancia moderna, dentro de la liquidez de esa modernidad.

Entran en juego otros factores relacionados: El Big Data. Los cientos de miles de datos que nos caracterizan y que parten de la clasificación de los individuos: “El acceso a la información se ha transformado en el más celosamente custodiado de los derechos humanos y en la actualidad el incremento del nivel de vida de la población en general es medido, entre otros factores por el número de hogares equipados con aparatos de televisión” (Bauman, 2012, 165), sin duda un dato obsoleto desde la publicación de este libro hasta ahora, con la aparición de las redes sociales hace algunos años, y la “viralidad” que han tomado en la sociedad de nuestros días.

Por último, Bauman habla de procrastinación como concepto superado por la inmediatez (pro-crastinar: dejar para mañana):

“Por ser una espada de doble filo, la procrastinación sirvió a la sociedad moderna
tanto en su etapa sólida como en su etapa fluida, productiva como consumista,
pero agobió cada una de estas fases con tensiones y conflictos axiológicos
y de comportamiento sin solución. El pasaje hacia la actual sociedad de consumo
significó entonces no tanto un cambio de valores sino más bien una profundización
que llevó el principio de la procrastinación hasta el límite. Hoy, ese principio se ha
vuelto muy vulnerable, ya que ha perdido el escudo protector que le proporcionaba
la sanción ética. La postergación de la gratificación ya no es un signo de virtud moral.
Es lisa y llanamente un obstáculo, una carga pesada que es índice de la
imperfección de los acuerdos sociales, de la inadecuación personal o de ambas
(Bauman, 2012:165)