miércoles, 19 de febrero de 2014

UNA APROXIMACIÓN A LA MODERNIDAD LÍQUIDA DE ZYGMUNT BAUMAN Parte 3


En este ensayo se propone elaborar una aproximación al texto Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman -Polonia, 1925-. Para ello se desarrollará un análisis de esta obra a través de los cinco paradigmas que ordena el autor en la solidificación de lo liquido: Emnancipación, Individualidad, Espacio/Tiempo, Trabajo y Comunidad. Se realizará en constante diálogo con otros autores, incluyendo mi propia argumentación sobre los asuntos tratados, tal como se establece en las orientaciones que se encuentran en la guía de estudio de la asignatura.
3. Espacio/Tiempo

Bauman establece que un estado sólido de la modernidad a uno líquido no podía vertebrarse sólo en decisiones individuales o sociales del ser humano. La evolución de los escenarios ha sido tan vasta que el propio conocimiento del tiempo y el espacio han cambiado, una vez lo han hecho las herramientas de trabajo, los vehículos, o hasta el propio ser humano. Cuántas veces nos hemos preguntado si el corredor de cien metros lisos podrá reducir esa medida casi sobrehumana del último récord de velocidad. Se ha llegado a borrar el concepto de espacio, de tiempo aplicado como herramienta de medir el espacio entre dos puntos. Los correos electrónicos, la web, la mensajería instantánea han fulminado las diferencias producidas por millones de kilómetros. Y todo se ha convertido en un plano de dos dimensiones en las que no existe un lapso entre dos puntos, por más que físicamente sea imposible esto que estoy relatando.

Los lugares cambian, y se convierten en espacios públicos, de paso, en los que no vive nadie, los lugares fágicos, los no-lugares e incluso los espacios vacíos. Ámbitos geográficos que componen la nueva realidad social –aquella que basábamos en la individualidad- y que se conforman con lugares, otros en los que la vida desarrolla una parte X del tiempo de vivir: de paso, de consumo, de no permanencia, de simulaciones… “(…) nunca antes los no-lugares han ocupado tanto espacio” (Bauman, 2012:111), suertes de tierras de nadie pobladas en exceso pero en las que nadie permanece. Estas ciudades de la modernidad crecen en torno a la nada, desafiando al miedo a lo externo, a lo desconocido, quizás la vuelta del calcetín de siglos de fabricar ciudades dentro de murallas. Y conviviendo con ello ataques terroristas, robos a mano armada, atracos en el metro, gente llorando, viviendo en cajeros automáticos, gente sin nombre, que hace tener miedo…, y el ciudadano sólo desconfiando de todo busca su lugar apartado en el que disfrutar de su propia soledad segura.

A todo ello se une una cierta prisa por la inmediatez, dada por el deceso de la relación entre el tiempo y el espacio. Todo ocurre de manera inmediata: los correos tardan segundos en atravesar el planeta, los twitts informan en “tiempo real” y desbancan con sus ciento cuarenta caracteres a la sesuda interpretación de la noticia plasmada en una página del periódico matutino, y el dinero es escupido por el cajero automático cuando pulsamos la tecla verde. Gente con prisa crea situaciones de urgencia. Todo ello superando los modelos anteriores en los que había que recapacitar, rellenar un formulario, pegar un sello, o hacer cola en un banco para que un cajero no-automático fuera a la caja fuerte y contara los billetes.

El manejo de Internet otorga nuevas miras, novedades en la forma de pensar, de estructurar el trabajo intelectual. En este proceso de cambio continúo e imparable habrá que cuestionarse quiénes son los que ganan, pero aún más importante es saber quiénes son los perdedores, argumentos que han provocado enfrentamientos y correspondencias de poder. Hace ya algunos años Daniel Bell en su obra “El advenimiento de la sociedad post-industrial” aludió a cinco planos, por los que la tecnología opera grandes transformaciones; fortaleciendo la productividad, racionalizando en beneficio de la eficiencia y optimización, el brote de un nuevo sector social, una innovación que ha revolucionado los transportes y las comunicaciones y por último transformación del pensamiento, tendiendo a modificar incluso “las percepciones del espacio y el tiempo, permitiendo visiones diferentes y hasta ahora inéditas sobre planos perspectivas y nociones diferentes de la velocidad, el tiempo, etc.” (Tezanos, 2008:59). Para la lógica de la eficacia y eficiencia no importa el cómo sino a qué precio.

El vínculo entre el individuo y el espacio público se redimensiona adquiriendo una nueva plasticidad y desarrollándose en una serie de estructuras y de cambios que por ejemplo Beck, desarrolla como el apartamiento de la identidad social, disipando sus rasgos distintivos, tanto en términos de auto compresión como en su interrelación, las desigualdades siguen existiendo pero redefinidas. El tiempo y el espacio dependen de si las otras personas están presentes temporal o espacialmente, lo primordial ya no es la interacción cara-a-cara. Sin embargo, unos sistemas sociales se extienden en el tiempo y el espacio, mientras otros dejan de estar presentes. Tal como afirma Giddens, la cuestión sociológica fundamental del orden social “depende del grado de integración de los sistemas sociales en el tiempo y en el espacio” (Ritzer, 2010:483). Pero qué queda cuando las estructuras que creíamos sólidas e impertérritas se desvanecen, qué resulta de esa desintegración.