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lunes, 18 de marzo de 2013

Sociología de la diversidad PREC Parte 1


En este tercer año en el Grado de Sociología con la asignatura Sociología de la Diversidad, tras haber superado la asignatura Antropología Social en el primer curso y acompañado por el libro Antropología de la sexualidad y diversidad cultural de José Antonio Nieto Piñeroba, me he encontrado que el tema de la homosexualidad ha sido una constante en las bibliografías básicas de ambos programas académicos, con arreglo al cual, estos contenidos transversales han propiciado mi elección para elaborar este ensayo. He creído adecuado ocuparme en este ejercicio de una aproximación a las diversas perspectivas que abordan la homosexualidad.

Intentaré en esta práctica exponer algunos estudios de la homosexualidad desde diversos campos de investigación académica. En este sucinto acercamiento, podré identificar algunas de las tesis desarrolladas, pudiendo extraer con ello, un reconocimiento de la homosexualidad como objeto de estudio en las ciencias sociales. No como un ejercicio de reducción, sino muy al contrario, intentar observarlo sin filtros, artificios culturales, prejuicios o determinismos en un ambiente tan complejo como son los sistemas sociales. Para ello será preciso localizar y enfocar las restricciones teóricas de esta realidad, como las explicaciones más importantes que fundamentan y justifican la profundización del estudio de la homosexualidad.

Dentro de la sexualidad uno de los objetos de estudio más observado es la homosexualidad, por ello este ensayo viene a sumarse a estos trabajos, obviamente admitiendo las limitaciones consustanciales de un estudiante que emprende el estudio de un objeto de estudio tan poliédrico. A través de la estrategia de reconocer distintos enfoques interpretativos generados por varios expertos, seré capaz de analizar las tensiones como las analogías existentes en todas estas perspectivas.


Descripción del tema del ensayo

Con este ensayo quiero ocuparme de la idea central de la homosexualidad desde una aproximación académica e influida tras la lectura de los capítulos “Conductas sexuales/conductas sociales y manuales de desviación” y “Evolución de la transdiscursividad sociopsiquiátrica del transgénero” del libro de José Antonio Nieto, Sociodiversidad y sexualidad, Talasa Ediciones (2011), bibliografía básica de la asignatura.

En primer lugar quiero situar el propio término homosexualidad. Fue tomado del alemán “homosexualität” (Giner, 2006:412), y acuñado por psicólogos alemanes, por oposición a heterosexualidad, a finales del siglo XIX, pero aceptado por la comunidad académica y la ciudadanía en general, bien comenzado el siglo XX, y debido fundamentalmente por las dificultades conceptuales que desarrolla la polisemia del propio vocablo. La extensión en el diccionario de la R.A.E[1] denomina la palabra homosexualidad como la “inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo”. Por lo tanto, puede aludir a relaciones tan diversas como las de amistad, travestismo, transexualidad o pedofilia. Desde aquí nos encontramos con la complejización de la representación de una realidad, que voy a ocuparme brevemente en los siguientes epígrafes, y desde varias de las perspectivas que se han ocupado de este tema: sociológicas, etnográficas, antropológicas y sociobiológicas.

Homosexualidad

La mayor parte de la población no prestó atención a la existencia de una comunidad gay y lesbiana hasta que no tuvo lugar el incidente Stonewall Inn en la ciudad de New York, en el que oficiales de la policía asaltaron un bar gay en 1969. Esta manifestación libre y espontánea de unos ciudadanos, ha sido considerada como el comienzo del movimiento de los derechos de los gays. La liberación gay tuvo sus raíces en el movimiento homófilo y en la “cultura de bar”.

Además no se debería hablar de homosexualidad, sino de homosexualidades, ya que podríamos observar diversos modelos que se identificarían en cierto sentido, con el concepto de homosexualidad, aunque no se puede hacer un reconocimiento categórico entre cualquiera de ellos: homosexualidad ritual en Melanesia, la pederastia griega, la sodomía en la edad media, el travestismo, etc. (Pichardo, 2002:1)

En una carta del alumno Marco Aurelio a su maestro Fronto, (144-145 a.C.), prestaba atención a todos los matices de la vida, al estado de ánimo, a la experiencia de sí mismo, en virtud del acto de escribir, en contarle hasta el más mínimo detalle a su mentor: “Saludos, mi más dulce maestro: (…) Al volver, y antes de darme la vuelta para empezar a roncar, cumplo mi tarea y le doy a mi maestro más querido un relato de lo que he hecho durante el día, y aunque pudiera echarlo más de menos, no podría sufrir más por desperdiciar sus enseñanzas, mi dulce vida, mi amor, mi alegría. ¿Cómo está la cosa entre tú y yo? Te quiero y tú estás lejos.” (Foucault, 2010:65) Esta relación amorosa homosexual entre Aurelio y Fronto, entre un joven de veinticuatro años y un hombre de cuarenta, era importante en este período. La homosexualidad clasificada por edad era la forma normativa en la sociedad ateniense, expresada con el término kinados. Michael Focault analizó en detalle el nuevo paradigma sexo/género que en función de “criterios biomédicos”, va a concebir la homosexualidad como “una enfermedad y como una patología” (Gómez, 2010:90)

La visión judeocristiana de la sexualidad viene interpretando la homosexualidad, desde tiempos bíblicos como una conducta abominable. Richard von Krafft-Ebing diagnostica y trata la homosexualidad como “conducta patológica y trastorno degenerativo” (Nieto,  2011:32). Con ello se inicia la corriente moderna, secularizadora, patologizadora y diseminadora, desde su encaje en el modelo médico de la sexualidad. La secularización tarda en llegar a los dominios interpretativos de la sexualidad más de un siglo, después de que la Ilustración hubiera eclosionado.

martes, 12 de marzo de 2013

CONDUCTAS DE HOMO ECONOMICUS ¿AMENAZA PARA LA(S) DIVERSIDAD(ES)? Parte 2


Publicación de Víctor Riesgo Gómez. Estudiante de Grado en Sociología UNED

El presente trabajo debe ser encuadrado en el ámbito académico formativo. Está realizado por un estudiante de tercer curso de Sociología de la Universidad Nacional a Distancia. Su principal finalidad es la de profundizar en la reflexión de uno de los puntos propuestos por el profesor José Antonio Nieto en su obra seminal “Sociodiversidad y sexualidad”, publicado en la editorial “Talasa” y eje central sobre el que articula la asignatura Sociología de la Diversidad.

Del planteamiento realizado por el profesor Nieto, en la obra antes mencionada, en su reorientación conceptual respecto a la antigua sociología de la desviación que él reconvierte en sociodiversidad, se ha escogido desarrollar, en la medida de lo posible, la atención a las explicaciones potenciales de las conductas malsanas para amplias capas sociales consistentes en el afán del lucro desmedido.

El planteamiento que aquí se hace consiste en plantear la hipótesis de que estas conductas, lejos de ser conductas innatas y naturales en los seres humanos, se han convertido, a causa del diseño institucional y cultural resultado del productivismo de inspiración liberal, en las conductas favorecidas y premiadas.

Estas conductas han estado subdimensionadas en la tradicional sociología de la desviación. Con el nuevo enfoque que propone el profesor Nieto se exhorta a su atención. Las explicaciones para este exhorto parecen evidentes. Las consecuencias que se derivan de dichas conductas para sujetos sociales, que no son ni causantes ni beneficiarios de las mismas, se antojan trágicas. El “ajuste” al que son sometidos los sistemas públicos en los países del sur de Europa en el presente, “ajuste” que a su vez han sufrido en sus carnes integrantes de otros pueblos por el mundo en el pasado reciente, es la consecuencia inmediata y de mayor visibilidad. Resultado de este “ajuste” la equidad, la igualdad de oportunidades, o la simple posibilidad de supervivencia en condiciones mínimas de existencia, se ven seriamente amenazadas para numerosos integrantes del sistema social. Se antoja paradójico que los “paganos” rara vez son los “causantes”, con lo cual otra víctima que queda por el camino es el mismo sistema de legitimación de asignación de recursos y responsabilidades, siendo éste uno de los ejes medulares que sustentan cualquier sistema de organización social. El peligro añadido de este derrumbe se deriva de la posibilidad creciente de emergencia y centralidad de otro de los ejes que venga a ocupar el espacio del desaparecido, este es la violencia o la amenaza de ejercerla por parte de aquellos que ostentan la mayor parte del poder. Siendo el último recurso que se emplea desde instancias “superiores” para sujetar pueblos y sociedades donde el descontento y la indignación aumentan de manera proporcional a la percepción de impunidad y centralidad de las conductas sobre las que aquí se pretende poner el acento.

DESARROLLO, EXTENSIÓN Y CRISIS

Existe en Polanyi un tipo de reflexión de gran importancia para lo que se aquí se propone. Para Polanyi las relaciones económicas no pueden ser observadas o concebidas como pertenecientes a una esfera independiente del resto de las relaciones sociales. Ese preferidor racional que toma sus decisiones de manera estratégica y fría no existe más que en algunas mentes. Las consecuencias de esas supuestas decisiones frías y calculadas desbordan esa esfera independiente idealizada y se extienden al resto de aspectos que rodean a individuos y sociedades. 

El autor austriaco aborda una retrospectiva de la evolución, tanto material como ideal, y el cambio que los mitos del liberalismo operan en sociedades enteras durante el tránsito del Antiguo Régimen a la segunda posguerra. Ya no consiste en una simple historia de las ideas, los efectos reales sobre la vida de las personas que padecen estas ideas en evolución constituyen aquí el objeto principal de observación.

Él mismo parte de cuestionar el “paradigma del salvaje trocador” (11) Afirma sin ambages que “la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio no desempeñaron jamás una parte importante en la economía humana. Aunque la institución del mercado era bastante común desde finales de la edad de piedra, su papel era sólo incidental en la vida económica” (12). Unas páginas adelante afirma que “ La economía humana está sumergida por regla general en las relaciones de los hombres. El hombre no actúa para salvaguardar sus intereses individuales en la posesión de bienes materiales, sino para salvaguardar su posición social, sus derechos sociales, sus activos sociales. (13)

Tenemos que esta supuesta autonomía, de los valores morales en un principio, y de toda inferencia ajena del poder político, sea como sea éste construido, sobre la que se basan los principios del liberalismo clásico y neo clásico, no es más que el resultado de una visión determinada del mundo social y de la naturaleza humana. No constituyen por tanto axiomas externos sobre los que el observador atento toma nota y se limita a constatar. Son más principios normativos que descriptivos. En este punto Giner también coincide. (14)

Lo cierto es que en el altar de estos nuevos dioses fue sacrificado un sin fin de instituciones que proporcionaban bienestar y seguridad a buena parte de las comunidades europeas del siglo XIX. Polanyi nos relata como el proceso de los cercamientos de tierras comunales, la derogación de la Ley de Pobres, la creación de un “mercado de trabajo libre”, y las diversas reformas sociales que se fueron haciendo en Inglaterra acabaron arrojando un resultado altamente desalentador. Comerciantes, industriales y grandes agricultores incrementaron sus ganancias y riquezas de manera exponencial.  A cambio la sociedad había quedado completamente desarticulada. Los campesinos asentados del XVII habían quedado transformados en trabajadores migrantes sin recursos, expuestos a acabar en “hospicios”, ellos o sus hijos, si no podían acreditar sus vías de ingresos. Las consecuencias del Capitalismo Manchesteriano quedaban fielmente retratadas en las obras de autores como Dickens, entre otros.
Ante la aparente paradoja consistente en la comprobación de que los niveles económicos habían aumentado en general e incluso que se había experimentado un incremento de la población de un lado, y por otro, las condiciones de vida de la población habían experimentado un retroceso sustancial Polanyi señala: En realidad una calamidad social es fundamentalmente un fenómeno cultural, no un fenómeno económico que pueda medirse por las cifras de ingreso o las estadísticas de población.(...) La causa de la degradación no es entonces la explotación económica, como suele suponerse, sino la desintegración del ambiente cultural de la víctima(...) el daño letal causado a las instituciones donde está incorporada su existencia social. (15)

En el aquelarre de valores e instituciones hasta ahora descrito que tuvo lugar en el tránsito del Antiguo Régimen a los finales del XIX son fulminados los pilares sobre los que se construía la convivencia, sin llegar a proveer otros dotados de consistencia suficiente como para reemplazar a los antiguos. La posibilidad de incrementar las ganancias comerciando en un mercado autorregulado realmente estaba al alcance de muy pocos. Para la mayoría las condiciones materiales de la existencia habían evolucionado a gran velocidad de una cierta seguridad material a una dura y continua inseguridad. El único bien del que estaban provistos era su propia piel. Esto provocó un derrumbe completo de la legitimidad de las instituciones políticas, sociales, religiosas o económicas. Es en este tiempo donde aparecen y cobran especial sentido conceptos como la anomia de Durkheim o la alienación de Marx. 

Para el autor austriaco las sociedades tienden a protegerse de las agresiones. La imposición continua, por la fuerza cuando fue preciso, de las tesis liberales, junto al derrumbe empírico de sus construcciones e instituciones a finales del XIX, condujeron de manera inevitable a un tiempo de agitación que comprende la Primera Guerra Mundial, la crisis del 29, los totalitarismos de entreguerras y al desenlace final en la Segunda Guerra Mundial. Estos procesos fueron resultado de las luchas en el seno de las sociedades europeas y norteamericana entre los que se veían beneficiados por el mito del mercado autorregulado y aquellos que deseaban ser protegidos por parte de los estados, -entendiendo estos como el lugar en donde se negocian y gestionan los intereses colectivos, de los efectos indeseables cosechados en su desarrollo.

Aunque buena parte de los principios del liberalismo siguieron vigentes tras la Segunda Guerra Mundial, el sistema social y el poder político triunfante de aquel evento tomaron nota y pusieron férreas restricciones a los mercados autorregulados. En un principio y al menos en parte algunos aspectos fueron regidos por principios ajenos al mercado. Entramos así en lo que algunos han venido a denominar el “capitalismo embridado”

Publicación de Víctor Riesgo Gómez. Estudiante de Grado en Sociología UNED

viernes, 10 de junio de 2011

Antropología. Homosexualidad algunas perspectivas científicas. Parte I

La asignatura Antropología Social es una asignatura del Grado de Sociología de la UNED. Como trabajo autónomo, voluntario y evaluable el alumno tiene la posibilidad de elaborar un ensayo sobre cualquiera de los temas que integran el programa de la asignatura. En mi caso he basado mi trabajo en la homosexualidad. Hoy dejo la primera parte del mismo.


En una carta del alumno Marco Aurelio a su maestro Fronto, del 144-145 a.C., prestaba atención a todos los matices de la vida, al estado de ánimo, a la experiencia de sí mismo, en virtud del acto de escribir, en contarle hasta el más mínimo detalle a su mentor:
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(…) Al volver, y antes de darme la vuelta para empezar a roncar, cumplo mi tarea y le doy a mi maestro más querido un relato de lo que he hecho durante el día, y aunque pudiera echarlo más de menos, no podría sufrir más por desperdiciar sus enseñanzas, mi dulce vida, mi amor, mi alegría. ¿Cómo está la cosa entre tú y yo?
Te quiero y tú estás lejos.>> (Foucault 2010:65)

Esta relación amorosa homosexual entre Aurelio y Fronto, entre un joven de veinticuatro años y un hombre de cuarenta, era importante en este período. La homosexualidad clasificada por edad era la forma normativa en la sociedad ateniense, expresada con el término kinados.
Pero en esta fase preliminar de este ensayo, y antes de ocuparme con la idea central de este trabajo, influido tras la lectura del ensayo de Ken Weston “Estudios lésbicos y gays en el ámbito de la antropología” del libro de José Antonio Nieto, Antropología de la sexualidad y diversidad cultural, me gustaría situar al propio término “homosexualidad”. Fue tomado del alemán <<homosexualität>> (Giner 2006:412), y acuñado por psicólogos alemanes, por oposición a heterosexualidad, a finales del siglo XIX, pero aceptado por la comunidad académica y la ciudadanía en general, bien comenzado el siglo XX, y debido fundamentalmente por las dificultades conceptuales que desarrolla la polisemia del propio vocablo. La extensión en el diccionario de la R.A.E[1] denomina la palabra homosexualidad como la <>. Por lo tanto, puede aludir a relaciones tan diversas como las de amistad, travestismo, transexualidad o pedofilia. Desde aquí nos encontramos con la complejización de la representación de una realidad, que voy a ocuparme sucintamente en las siguientes líneas, y desde varias de las perspectivas, sociológicas, etnográficas, antropológicas y sociobiológicas.


domingo, 15 de agosto de 2010

Los niños aislados o salvajes. La negación a la socialización

La historia ha dejado patente algunos casos de seres humanos que han vivido aislados de cualquier contacto social desde muy temprana edad. Las niñas lobas de la India, Amala y Kamala; el caso de Charlotte Deconinck en 1897 en Bélgica, el caso de la niña Genie que conmovió la sociedad americana en los años setenta o los casos de Anna e Isabelle de Pennsylvania y Ohio respectivamente, ambos descubiertos en 1938 y estudiados por el reconocido sociólogo y demógrafo americano Kingsley Davis (American Journal of Sociology, enero 1940 y marzo de 1947). Todos los casos compartían la privación parcial o total de un mínimo contacto socializante, en diferentes grados de abusos y maltratos.
Kingsley Davis
Uno de los rasgos más distintivos de los seres humanos, frente a otros animales, es el de la autoconciencia. La socialización es el proceso por el cual un niño desarrolla un conocimiento de las normas y valores sociales, adquiriendo con ello el discernimiento del yo, de lo que afirmaba el filósofo y sociólogo norteamericano George Herbert Mead de cómo los niños aprenden a usar los conceptos “yo” y “mi”, fundamento de la tradición del Interaccionismo Simbólico. Los individuos desarrollan la autoconciencia cuando se ven a sí mismo como les ven los demás. Momento también para comprender la moralidad y los valores sociales.
Para Émile Durkheim lo más importante era que a través de la educación los niños adquirirían una comprensión de los valores comunes de la sociedad, permitiendo que los niños interioricen las normas sociales que coadyuvarán en el funcionamiento de la sociedad.
Un ser humano privado de esas reacciones e influencias que le rodea, no se desarrolla normalmente. Los casos de los niños aislados o salvajes y en concreto los de Anna e Isabelle tuvieron en común la carencia de los procesos de socialización de particular trascendencia durante la infancia, obstaculizado además en Isabelle por la carencia de una socialización primaria, una privación total de lazos familiares y en Anna un mínimo contacto con su madre en los primeros momentos de su vida, que propició en un rápido desarrollo posterior.
Si las personas son los agentes de socialización para que las personas nos desarrollemos, ¿qué queda de un ser vivo con ese extremo déficit atencional?. No hay formación de la personalidad, no se interioriza los elementos claves de la sociedad como el lenguaje, la identidad de género, los propios aspectos de la individualidad, sin interacción social contribuye a ignorar los valores, las normas y las creencias que  establece las pautas de su cultura.
Los sociólogos que trabajan desde la perspectiva funcionalista han considerado que la familia nuclear representa roles específicos en las sociedades modernas. Según el sociólogo estadounidense Talcott Parsons, las dos funciones fundamentales de la familia son la socialización primaria y la estabilización de la personalidad.
Los casos de los niños salvajes muestran la importancia de la socialización en la formación de la personalidad, influyendo especialmente la educación en la conducta humana, que no es innato en la especie. En ese sentido hay que escuchar a Rosseau: dado que el hombre es un ser incompleto, incapaz de bastarse solo, necesita a otros para realizarse.

... Se trata de un proceso de aprendizaje de conducta, así como de ideas y creencias que a la postre han de plasmarse en conducta. Como proceso es perenne, pues dura toda la vida del individuo y es perenne en la sociedad.
Salvador Giner  (1934) "Sociología"