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martes, 24 de marzo de 2020

La cultura europea pide ayudas estatales para superar la pandemia

El 93,4% de las empresas del sector tiene menos de cinco empleados. Uno de cada tres trabajadores es autónomo y las pérdidas en las librerías y cines son millonarias



Un coche de la policía francesa, ante la Ópera de París.CHRISTOPHE ARCHAMBAULT / AFP (AFP)
Sufren todos, y la cultura también. El coronavirus no entiende de países, ni de sectores. Cierra casas y tiendas, castiga a trabajadores y empresarios, en Alemania como en Portugal. Cada uno resiste como puede, pero los más frágiles acumulan los mayores miedos. Y, en España, la emergencia ha confirmado que las artes tienen poderío creativo de sobra, pero músculo económico débil. Por un lado, se han volcado con un sinfín de iniciativas online, a menudo gratuitas, para aliviar la reclusión. Por otro, los números del sector pintan un cuadro preocupante: una enorme llanura poblada de autónomos y empresas minúsculas. Solo el 69,9% es asalariado, frente al 84% general, y el 93,4% de las compañías oscila entre cero y cinco empleados, en datos oficiales.

De ahí que se hayan disparado las peticiones de ayuda al ministerio de Cultura, al igual, eso sí, que en toda Europa. En Francia o Italia, ya se han aprobado fondos específicos. En otros casos, como España, de momento la cultura se refugia bajo el paraguas genérico que cada Gobierno está abriendo. En los últimos días, el ministro español, José Manuel Rodríguez Uribes, ha telefoneado a consejeros autonómicos y gestores culturales. Les ha explicado cómo beneficiarse de los 200.000 millones de euros movilizados por el Ejecutivo. Y, a la vez, les ha pedido propuestas. Mirar al resto de Europa puede aportar ideas. Y soluciones.

FRANCIA

El ministerio de Cultura francés ha anunciado ayudas “de urgencia” por 22 millones de euros: 10 irán al sector musical, para los “profesionales más fragilizados”. Y el Centro Nacional de la Música suspenderá en marzo la recaudación de su impuesto en taquilla. El sector de espectáculos en vivo no musicales, especialmente el teatro privado, contará con 5 millones “con una atención particular al mantenimiento del empleo”. La misma dotación tendrá el fondo para las “dificultades inmediatas de editores, autores y libreros”. Además, el Centro Nacional del Libro abonará las subvenciones de eventos anulados, al igual que en el sector audiovisual. El fondo para las galerías y centros de arte es de dos millones.

En el cine y el audiovisual, se ha suspendido en marzo el vencimiento de pago de la tasa que los exhibidores pagan al Centro Nacional de Cine sobre las entradas. Este organismo se ha comprometido a abonar, “de forma anticipada”, los apoyos previstos a las salas de arte y ensayo y a la distribución. Y el Gobierno facilitará también las condiciones de cálculo y cobro del paro de los trabajadores intermitentes mientras dure el confinamiento. “Lo que está en juego es el futuro mismo de nuestro modelo cultural”, ha dicho el ministro, Franck Riester.

ITALIA

Italia ha dedicado a la cultura y el turismo una pequeña partida de los 25.000 millones de euros que ha movilizado frente a la pandemia. El Gobierno invertirá 130 millones en la creación un fondo de emergencias para los espectáculos en directo, el cine y el audiovisual, con el objetivo de favorecer su reactivación, a través de iniciativas aún por definir. Además, los empleados y empresarios de la cultura podrán beneficiarse de moratorias en el pago de impuestos y cotizaciones a la seguridad social. El Ejecutivo también se hará cargo del reembolso, a través de vales, de las entradas ya adquiridas para espectáculos, cines, teatros o museos.

La Asociación de Libreros Italianos calcula pérdidas de 47 millones para el sector solo este mes: ha reclamado que las librerías abran como los supermercados, por considerar los libros bienes de primera necesidad. Un apoyo a su argumento llega desde el otro lado de Europa: en Bélgica, la primera ministra, Sophie Wilmès, incluyó las librerías entre las pocas tiendas esenciales, autorizadas a seguir con su actividad.

Los libreros italianos también demandan que se les permita repartir a domicilio, como los restaurantes. Muchos ya lo estaban haciendo, antes incluso de la orden de cierre, para evitar las aglomeraciones en las tiendas. Desde que entraron en vigor las restricciones solo se consiente el servicio a domicilio a través de mensajeros regulados, algo inviable para las pequeñas librerías por su coste extra: denuncian que solo beneficia a las grandes plataformas de distribución online.

ALEMANIA

La ministra de Cultura de Alemania, Monika Grütters, prometió hace una semana una sólida ayuda financiera, a medida que cierran las salas y disminuye el número de asistentes. “Las pequeñas instituciones y los artistas independientes podrían enfrentarse a una angustia considerable”, dijo. Aseguró que ha pedido al Gobierno que invite a representantes culturales para hablar sobre sus necesidades. La canciller, Angela Merkel, ha dicho que el Gobierno planea ofrecer ayuda a través del Kreditanstalt für Wiederaufbau, un banco de desarrollo de propiedad estatal.

Olaf Zimmermann, director de la Deutscher Kulturrat, la asociación que representa a las industrias culturales, ha pedido un fondo de emergencia para los artistas independientes y ayuda financiera para las instituciones y empresas obligadas a cancelar sus actuaciones.

El ministerio aún no ha dado a conocer detalles pero informó de que se ha comprometido a poner a disposición de la cultura y los medios de comunicación fondos adicionales, además del presupuesto existente. El miércoles, representantes del Consejo Cultural Alemán, la organización que agrupa a las asociaciones culturales federales, se reunió con Grütters y con los ministros de Trabajo (Hubertus Heil) y Economía (Peter Altmaier). Los tres confirmaron que se creará un paquete de ayuda especial para los autónomos y las pequeñas empresas, aunque aún no se ha concretado. 

Unos 600.000 autónomos trabajan en las industrias culturales: entre ellos hay unos 340.000 llamados miniempleados, con un volumen de negocios inferior a 17.500 euros al año.

PORTUGAL

Con museos cerrados, conciertos cancelados y festivales suspendidos, la cultura se enfrenta a la pandemia económica. El primer paquete de ayudas anunciado por el Gobierno no ha tenido en cuenta al sector, plagado de trabajadores autónomos, temporales y freelances, aunque sí a los espectáculos y animadores en la industria hotelera. Los trabajadores que tengan que quedarse en casa para cuidar a hijos menores de 12 años recibirán el 66% de su salario (33% a cargo de la empresa y 33% a cargo de la seguridad social), la misma cantidad que recibirán los autónomos. El aislamiento profiláctico de 14 días tendrá asegurado el pago del 100% del salario. El problema es la precariedad y temporalidad del sector cultural. Mientras, han sido suspendidos o aplazados festivales como el Tremor, MetalFest, Vivarium o Cumplicidades.

En el páramo cultural que es hoy el país, el gremio musical ha reaccionado con un festival en Instagram, hasta el día 22. Son 77 artistas y grupos, cada uno con 30 minutos, de cinco de la tarde a once de la noche. “Fueron las entidades culturales las que se pusieron al frente de la trinchera y las que comienzan a recibir las balas”, declara Daniel Pires, organizador del Vivarium. En GoFundMe hay abierto un fondo de apoyo a los artistas lisboetas. Su objetivo es recaudar 50.000 euros: suma 1.750 en cinco días.

REINO UNIDO

La industria cultural ha recibido con sentimientos enfrentados las medidas propuestas por el Gobierno de Boris Johnson. Los teatros y cines reclaman a las autoridades que aclaren si el “consejo” de cerrar sus puertas pasará pronto a ser una “orden”, porque esa ambigüedad ata las manos de aquellos que dispongan de algún seguro. El anuncio de subvenciones pública­­­­s de urgencia de unos 27.000 euros por negocio ayudará a muchas instituciones culturales y espacios creativos, así como la supresión, durante un año, del llamado business rate (Impuesto sobre Bienes Inmuebles Comerciales).

Sin embargo, aproximadamente un tercio de los trabajadores del sector se compone de autónomos, y no se han diseñado medidas específicas para su situación. “Nuestra industria creativa es una de las historias de éxito del Reino Unido. Es fundamental que sea capaz de sobrevivir”, ha dicho Caroline Norbury, presidenta de la Federación de Industrias Creativas. Ha calculado un descenso general del 50% de los ingresos de sus socios, y en algunos casos, subraya, el hundimiento total ha sido inmediato.

PAÍSES BAJOS

Con un 60% de autónomos, y pérdidas de entre 60 y 100 millones de euros semanales por las cancelaciones, según el ministerio de Cultura, el sector espera con ansia las ayudas prometidas por el Gobierno de centro derecha. El cierre ya afecta a cines y teatros, igual que bares y restaurantes. La ministra de Cultura, Ingrid van Engelshoven, ha advertido ya de que no podrá compensarlo todo. "Sin embargo, las instituciones con fondos públicos mantendrán de momento los subsidios que recibían, a pesar de que se hayan anulado las actuaciones ", ha dicho. Asimismo, ha asegurado que no tiene que “pelear” en defensa de las artes en el seno del Ejecutivo, ya que "comprende la importancia y el impacto del sector cultural”.

No se ha ultimado aún el tipo o la cuantía de las medidas a adoptar, pero Cultura, que está en negociaciones con municipios, provincias y entidades privadas, incluirá a los autónomos. “Son los que notan de manera más aguda las cancelaciones, mientras siguen pagando el alquiler y haciendo la compra”, ha reconocido Van Engelshoven. Cada caso se analizará a fondo para ver si encaja en el grupo general de trabajadores por cuenta propia contemplado por el Gobierno a escala nacional, o bien precisa de apoyos especiales. 

Con información de Silvia Ayuso, Isabel Ferrer, Lorena Pacho, Rafa de Miguel, Enrique Müller, Javier Martín del Barrio y Tommaso Koch.

sábado, 21 de marzo de 2020

Alemania incluye a la cultura entre los «bienes de primera necesidad»

Rosalía Sánchez
Corresponsal en Berlín Actualizado:




El coronavirus ha obligado en Alemania (al igual que en todo el mundo) a cerrar cines, teatros, óperas y conciertos, además de presentaciones de libros, exposiciones, museos y todo tipo de actividades culturales. Pero la ministra de Cultura, Monika Grütters, ha anunciado que no dejará al sector «en la estacada» y ha incluido a la cultura en el rescate financiero programado por el Gobierno de Angela Merkel, que entre otras medidas ha incluido 120.000 millones de euros para sostenimiento del empleo y una línea de liquidez ilimitada a la que podrán acceder desde grandes teatros hasta pymes y profesionales afectados por la cuarentena cultural. «Soy consciente de que esta situación supone una gran carga para las industrias culturales y creativas, y en particular para las instituciones más pequeñas e independientes. Puede poner a los artistas en una angustia considerable», ha reconocido, garantizando un programa de supervivencia al que podrán acogerse artistas e instituciones.

Monika Grütters ha adelantado, además, que «escucharemos sus preocupaciones y trabajaremos para garantizar que se incluyan los intereses especiales de la cultura y los creativos en las medidas de apoyo y de liquidez». Para ello, el Gobierno Federal ha alentado al sector a discutir las próximas medidas de ayuda y ha invitado a una reunión a representantes de la cultura y los medios de comunicación. «Tenemos que reaccionar ante las dificultades y emergencias, que no son culpa nuestra, pero que han de ser compensadas».

La Sociedad de comerciantes de la Música (SOMM), había escrito previamente una carta a la ministra, subrayando las consecuencias económicas de esta crisis y expresando la necesidad de ayuda inmediata. Con un volumen de ventas de alrededor de 1.000 millones de euros anuales y alrededor de 12.000 empleados indefinidos, la industria de la música, junto al sector de eventos de grabación y conciertos y fabricación de instrumentos, ha quedado paralizada y demanda la reducción de los requisitos de acceso a las ayudas y la cancelación de la parte de la seguridad social a cargo del empleador, además del diferimiento retroactivo de impuestos, contribuciones y aranceles junto a garantías para préstamos existentes y nuevos.

Muchas instituciones culturales alemanas han mostrado su compromiso cumpliendo con la orden de cierre y pasando a ofrecer sus actuaciones en público, a través de Internet, de forma gratuita, como es el caso de la Staatsoper unter den Linden de Berlín, que ha pasado a modo on line todo su programa desde esta semana. «El objeto a rescatar ha de ser siempre la Humanidad», ha defendido Nikolaus Bachler desde la Ópera Estatal de Baviera, que también ha pasado a Internet. «Si se trata de mantener elevados es espíritu y la moral, es necesario contar con la cultura y con el arte».


Rosalía Sánchez
Corresponsal en Berlín Actualizado:



viernes, 22 de noviembre de 2013

“Los viejos demonios han vuelto a Europa”

Artículo de Xosé Hermida publicado en El Pais el 31 de octubre de 2013.

En el principio fue la ira. “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles”, reza el verso inicial de La Ilíada, que para el filósofo Peter Sloterdijk (Kalrsruhe, 1947) equivale a la “primera palabra de Europa”. La ira y la indignación han sido una piedra angular del continente, y con él, de todo el mundo occidental. El recorrido histórico por las consecuencias políticas de esa energía humana dieron origen a un libro —Ira y tiempo, editado en España por Siruela— del más controvertido y seguramente más influyente, tras Jürgen Habermas, de los pensadores alemanes contemporáneos. Sloterdijk ha estado dos días en Santiago para recibir un singular premio por esa obra. El galardón, llamado Bento Spinoza en honor del gran filósofo de origen judío portugués, está organizado por el instituto compostelano Rosalía de Castro, cuyos alumnos, junto a los de otros cuatro colegios públicos gallegos, eligieron Ira y tiempo como el mejor ensayo. “Por una vez no me ha premiado un jurado gerontocrático”, bromeaba ayer, con una mezcla de ironía y sorpresa, el pensador alemán, que no oculta su inquietud por el futuro de una Europa a la que “vuelven los viejos demonios, ahora bajo la forma de nacionalismo económico”.
Muy popular en Alemania, donde es frecuente verle en televisión hablando de casi todo —desde fútbol a cómo dejar de fumar— su capacidad para la provocación es casi legendaria. Irrumpió de la forma más escandalosa en 1999, cuando algunos —entre ellos el propio Habermas— vieron resucitar los fantasmas del nazismo con su libro Normas para el parque humano que defendía las técnicas de mejora genética del homo sapiens. Hace tres años, un artículo suyo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, en el que arremetía contra la “cleptocracia fiscal” de los Estados de bienestar europeos y propugnaba sustituir los impuestos por donativos voluntarios, provocó otro enorme incendio. Ira y tiempo contiene un furibundo ataque contra lo que llama “izquierda fascista”, y eso le ha servido para que desde el otro lado del espectro ideológico el filósofo comunista Slavoj Zizek lo haya definido como “un liberal-conservador que ejerce de enfant terrible del pensamiento alemán contemporáneo”.

La izquierda, según Sloterdijk, ha funcionado históricamente como un mecanismo de “organización política de la ira” o, para ser más precisos, como “un banco de ira”. “La gente depositaba allí sus frustraciones y, como en un banco, otros gestionaban ese capital para devolverle los intereses en forma de autoestima para ellos y desprecio para sus enemigos”, explica Sloterdijk desde su imponente estatura, mirando siempre por encima de unas pequeñas gafas y con un cabello alborotado que corrobora esa imagen de enfant terrible, aún a sus 66 años, Él acabó de escribir su libro en 2006 y, desde entonces, la “atmósfera ha cambiado mucho en el mundo”, advierte. “La ira, la cólera, la indignación, han cobrado más fuerza. Lo que pasa es que ahora no hay un banco mundial de la ira. Ese papel lo jugó la izquierda desde el siglo XIX, pero hoy ya no es capaz de desempeñarlo. El islamismo es únicamente un banco local de ira, sin alcance mundial. Ahora la gente puede quedarse en casa con su cólera y meterla debajo de la almohada o del colchón, porque ya no hay nadie que pueda sacar rendimiento político de eso ni devolverle intereses”.
Su durísimo diagnóstico sobre las consecuencias de organizar políticamente la ira, desde el primer anarquismo de Bakunin hasta el estalinismo o el maoísmo, no implica que Sloterdijk desdeñe el papel que ha desempeñado la indignación en la historia de Occidente. Y lo subraya cuando comenta el fenómeno del 15-M en España: “Esto no es nada nuevo, aunque sí la forma cómo se manifiesta. La República es hija de la indignación. De ella nace el primer movimiento democrático en la antigua Roma, donde la monarquía da paso a la República por la indignación popular contra la violación de Lucrecia por el hijo del rey. Lo mismo vale para la Revolución Francesa. En ese sentido, los jóvenes españoles demuestran que viven la auténtica tradición democrática”. Pero esa energía no puede ser canalizada por fuerzas como “la izquierda francesa, que parece una empresa del Estado, solo pendiente de los funcionarios”. “Se necesita algo completamente diferente, un instinto más emprendedor. Y pensar que no se puede forzar la economía. No vale con masacrar a dos millonarios y repartir su fortuna dando 20 euros a cada persona en paro. No creo que eso sea una solución política”.

La disputa entre el Norte y el Sur en Europa tras el estallido de la crisis ha abierto una brecha cuyos peligros resultan muy evidentes para Sloterdijk: “Han vuelto los antiguos demonios a Europa. Ya no se trata del viejo nacionalismo, ahora es un nacionalismo económico venenoso. Y sin duda se debe a los defectos en la construcción política de Europa. El euro fue sobre todo un proyecto político, y los especialistas ya advirtieron entonces de que eso podría llevar a una explosión. Pero los políticos siguieron adelante con lo suyo. Y esa explosión es lo que estamos viendo ahora. Hay un retroceso en el sentimiento transnacional”. El pensador resume la división continental entre países partidarios de la estabilidad económica, como Alemania, y los defensores de “políticas inflacionistas, como los Estados del Sur”. “Las diferencias neonacionalistas vienen de mezclar la política con esos problemas técnicos. Si no evitamos esa mezcla, Europa puede saltar por los aires”, afirma.


Un cierto sentido de la ironía impregna la obra de Sloterdijk y aflora cuando se pregunta si de verdad Alemania desea mandar sobre Europa: “Todo esto es un malentendido trágico. Los alemanes rezan todas las noches para no tener que gobernar Europa. Pero qué le vamos a hacer, son grandes y fuertes, y no se pueden esconder como cuando uno es pequeñito y se mete detrás de un árbol. El problema no es que Alemania quiera el poder, sino que se trata de una obligación a la que debe acostumbrarse. Pero los alemanes son muy cuidadosos y muy respetuosos”.

Artículo de Xosé Hermida publicado en El Pais el 31 de octubre de 2013.

martes, 7 de mayo de 2013

“Alemania impone sus recetas con una plantilla moral”

Artículo de J. Gómez publicado en El País el 5 de mayo de 2013


El profesor y sociólogo alemán Ulrich Beck /MASSIMILIANO MINOCRI
Ulrich Beck ha ocupado dos cátedras de sociología, una en París y la otra en Múnich. También es profesor en la London School of Economics. Sus saltos entre las tres capitales le ofrecen una buena perspectiva sobre la Unión. Nació en 1944, justo un año antes de la capitulación de la Alemania de Hitler. Su biografía es paralela al proceso de integración de Europa, que ve peligrar por sus déficits democráticos y también por la mala relación entre los vecinos a ambas orillas del Rin.
Pregunta. ¿Hasta qué punto es importante el eje franco-alemán?
Respuesta. La buena relación entre Alemania y Francia es crucial para ambos países y también para Europa. Por eso también es extraordinariamente importante que Angela Merkel y François Hollande se entiendan bien. La canciller Merkel, en estrecha colaboración con el anterior presiente de Francia, Nicolas Sarkozy, recetó una medicina amarga a toda Europa, la de la austeridad. Así surgió esta Europa alemana. Es una situación opaca, en la que Merkel y Alemania no asumen verdadera responsabilidad para Europa. El bien de Europa no centra las preocupaciones políticas del Gobierno. En la forma, las instituciones europeas comunes siguen siendo las competentes y Merkel no se ve a sí misma como figura hegemónica. Pero informalmente sí lo es.

P. ¿Hegemonía accidental?
R. Alemania impone sus recetas con una plantilla no solo económica, también moral. Ahora tiene todas las llaves políticas, aunque formalmente pervivan las instituciones europeas. La fachada de esta construcción se ha mantenido mientras Francia apoyó la política alemana. Sarkozy asumía los puntos esenciales de las propuestas alemanas. Incluso los defendía en la campaña de las elecciones que perdió. Con Hollande, la situación es distinta.
P. Pero en Alemania no se percibe la oposición.
R. Hollande prometió en su campaña romper la espiral de austeridad y hacer que los más ricos asuman más responsabilidades en la crisis francesa. Ambos proyectos han fracasado, al menos de momento. La presión sobre Hollande los neutraliza ante Alemania, que se ha quedado sola en el liderazgo europeo. Esto es una novedad.
P. Cuando Francia era el motor de la integración europea, ¿era más generosa?
R. Tras la II Guerra Mundial, Francia impulsó una integración europea en la que desempeñaría el papel principal. Era una potencia militar victoriosa, con una visión de armonía social y una vocación de progreso que contaba con la energía atómica como museo vivo de la civilización futura. Estos tres pilares, que se desmoronan hoy. La relación con Alemania se está viendo salpicada por la inseguridad consiguiente.
P. Hay una contradicción entre la nostalgia por Holmut Kohl, como líder alemán generoso, extendida fuera de Alemania, y la percepción dentro, donde parece alguien de una época totalmente distinta.
R. Para Kohl, Europa era una prioridad dentro de la política alemana. La Ley Fundamental alemana dedicaba un artículo al objetivo de la Reunificación. Cuando se convirtió en superfluo, el proyecto europeo asumió su lugar [a partir de 1992]. Pero lo hizo solo en el texto constitucional, porque integración de Europa tiene hoy un papel político secundario, relegado por la defensa de la economía o, directamente, del dinero alemanes.
P. ¿Hay explicaciones culturales?
R. Se diría que Merkel está empeñada en confirmar las teorías de Max Weber sobre la ética protestante como acicate del espíritu capitalista. Martín Lutero se moriría de risa viendo cómo su tesis de que hay que sufrir para tener una vida mejor se ha convertido en el fundamento de la política europea. Siempre bajo el manto de la racionalidad económica.
P. ¿Pero es ideología?
R. La crisis actual no tiene una solución económica. Si nos empeñamos en pensar así, no saldremos de esta. El nacionalismo económico se está tornando en contra de los ciudadanos. Alemania nota la crisis por el hundimiento de los mercados europeos. Los problemas de la precariedad laboral, cada vez mayores, van a agravarse cuando nos impacte de lleno la crisis.
P. ¿En Berlín cierran los ojos?
R. Tengo la sensación de que esto está cambiando y de que las críticas empiezan a calar, también en los medios alemanes. Pero hasta ahora es cierto, estamos ante una política evangélica, fundamentalista, de revelación. Como persona formada en la ciencias naturales, Merkel parece incapaz de ver las consecuencias laterales de su política. Sólo cuenta la meta. Pero parece que ignora que el proceso está destruyendo las condiciones de la posibilidad de esta meta.
P. Cuando el ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble, habla de la parte humana de la economía, se refiere a la “confianza de los mercados”.
R. Confianza, moral, nunca falta eso. Ese es el modelo, pero la realidad es otra, la de las consecuencias. Personifican los mercados como sujetos terapéuticos a los que hay que mimar para que no se nos pongan nerviosos o histéricos. A los mercados les sobran los zalameros. Pero esto son brujerías retóricas para presentar ante los legos un modelo financiero intrincado y opaco. La confianza de “los mercados” prima sobre la confianza de las personas.
P. El euroescepticismo en Alemania crece solo moderadamente. Muchos alemanes creen que Merkel y los rescates ayudan de veras a sus socios.
R. Y lo que más sorprende es que la oposición no pinche de una vez esa pompa de jabón. El problema es que las elecciones se ganan sólo en casa. Merkel programa su política europea fijándose como prioridad la política interior y los intereses alemanes.
P. La oposición socialdemócrata también está de acuerdo con Merkel respecto a Francia. Todos insisten en que Hollande aplique reformas.
R. Hay un consenso en que el éxito alemán de hoy se debe a los recortes del canciller socialdemócrata Schröder. Este es el núcleo. Creen que funcionó en Alemania y que tiene que ser bueno para todo el mundo, también para Francia.
P. ¿Economía de vocación universalista?
R. Así es. Es una tendencia general alemana, en filosofía y en todo. No nos damos cuenta de que nuestro universalismo es casero. A los alemanes les cuesta relativizar.
P. Un mirarse el ombligo universalista.
R. Sí, pero con consecuencias para todos, porque se formula como puro racionalismo.
P. Este fin de semana estará en París. ¿Cómo ve las relaciones en la calle?
R. La vieja imagen del archienemigo hereditario se ha desvanecido. Pero en nuestro diálogo no salimos de las frases solemnes. Nos hemos acercado mucho, pero seguimos siendo extraños. Diría que, en esta fase, los malentendidos son buenos porque ya será imposible evitarse mutuamente. Así que los problemas nos permiten notar que no nos entendemos y nos obligarán a buscar nuevas salidas. El proyecto de Europa ha sido siempre cosa de élites. La gente común, se creía, saltará de contenta por los buenos resultados. Pero esto se ha hundido con la crisis y nos arriesgamos a una Europa sin europeos. La crisis lo revela con mayor crudeza de lo que yo pensaba: en Europa no hemos aprendido a vernos a través de los demás.
P. Cada vez que hay un escándalo en España, muchos me preguntan allí “qué piensan de esto los alemanes”.
R. Seguramente eso es otra expresión de la hegemonía alemana. Así y todo, hay esperanza de cambio después de las elecciones. No creo que Merkel vaya a querer pasar a la historia como la canciller que destruyó el euro.

Artículo de J. Gómez publicado en El País el 5 de mayo de 2013

domingo, 7 de abril de 2013

Las trampas de Draghi para bajar salarios


Artículo publicado en Público.es el 2 de abril de 2013

Juan Torres LópezCatedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla
El diario Frankfurter Allgemeine Zeitung comentó hace unos días que el Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, dejó callado al Presidente de la República francesa, François Hollande, cuando éste reclamaba poner fin a las políticas de austeridad.
Según el diario alemán, Draghi presentó a los líderes europeos unos gráficos que resultaron incuestionables. En ellos, como puede verse en la presentación que se encuentra en la web del Banco Central Europeo (aquí), se refleja la evolución de la productividad y de las retribuciones salariales en diferentes países europeos, y la conclusión del antiguo ejecutivo de Goldman Sachs dicen que fue inapelable: lo que hace falta en países como Francia, España, Portugal, Grecia, Italia, Irlanda… es reducir los salarios para disminuir la brecha tan grande que existe entre ambas variables.
Días después, el profesor de macroeconomía Andrew Watt comentó esos gráficos en un artículo publicado en Social Europe Journal (Mario Draghi’s Economic Ideology Revealed?) y demostró que lo que hay detrás del argumento de Draghi es algo peor que pura ideología.
La cuestión es la siguiente. Los gráficos con los que el presidente del Banco Central Europeo trató de convencer a los demás líderes europeos reflejan el crecimiento de la productividad entre 2000 y 2011 en términos reales (es decir, una vez descontado el efecto de la subida de precios) y el crecimiento de los salarios entre dichos años pero este en términos nominales (es decir, sin descontar dicho efecto).
Draghi comparará así lo que ocurre, por un lado, en los países con superávit (Alemania, Austria, Bélgica…) y, por otro, en los que tienen déficit (Francia, España, Portugal, Grecia, Irlanda, Italia). Y el resultado que muestra es que en los primeros la brecha entre el crecimiento de la productividad y el de los salarios es menor, mientras que es más grande en los segundos. De ahí deduce, como señalé antes, que lo que hay que hacer en éstos últimos es bajar los salarios.
Como bien dice el profesor Watt en su artículo comparar así estas variables (es decir, una en términos reales y otra en términos nominales) es un absurdo.
Si en lugar de comparar el crecimiento de la productividad y de los salarios como hace Dragui, se comparasen bien, la conclusión a la que se llegaría, como señala Watt, sería otra muy distinta y que no permite justificar la propuesta ideológica del banquero.
Veamos. Si un país sigue la norma de inflación impuesta por el Banco Central Europeo (1,9%) no puede darse un paralelismo entre la evolución de la productividad real y la evolución de los salarios nominales (como pide Draghi), sino una diferencia progresiva y acumulada cada año de ese 1,9%, es decir, de más o menos unos 28 puntos en los doce años considerados. Esto es así porque al crecimiento de la productividad se le “quita” ese 1,9% cada año, dado que se considera en términos reales, mientras que al de los salarios no, porque se toma en términos nominales.
De ahí se deduce entonces que, según las gráficas que presentó Draghi, países que parece que han incumplido la norma y que deben ser “castigados” con bajos salarios (como Francia, e incluso España) en realidad han estado más cerca de la norma de estabilidad que impone la propia institución que él preside que Alemania, a la que pone de ejemplo.
Efectivamente, según se desprende de los gráficos de Dragui, tanto Francia como España registran una brecha de unos 32 puntos aproximadamente (es decir, 2 puntos por encima de la norma, que debiera ser de 28), mientras que Alemania tiene una brecha entre salarios nominales y productividad real de unos 10 puntos, es decir, 18 puntos por debajo de la norma.
Por tanto, lo que se deduce de los datos de Draghi no es que en Francia o España los salarios hayan crecido demasiado por encima de la productividad (si se toma como referencia la norma de estabilidad impuesta por el propio Banco Central Europeo) sino que en Alemania los salarios han crecido demasiado por debajo de la productividad. Y al estar por debajo de ella, Alemania no se convierte en un ejemplo a seguir sino en una causa del desequilibrio dentro de la unión monetaria que ha sido un factor principal de la crisis.
Y, finalmente, todo ello muestra, dice Watt, que “un decisor económico esencial de la Unión Europea ignora los conceptos económicos de base que utiliza o bien los utiliza introduciendo intencionadamente un error -por no decir más- a fin de forzar a los demás a seguir una política conforme a sus preferencias ideológicas pero contraria a la estabilidad y a la recuperación de la zona euro y, en este caso particular, no conforme a su mandato constitucional”.
Así es como se construye el discurso con el que justifican el empobrecimiento constante de las clases trabajadoras que provocan sus políticas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Estructura Social Contemporánea II – Resúmenes Parte 44 última


En la asignatura de Estructura Social Contemporánea II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2011/12, algunos/as compañeros/as realizamos un trabajo coral: resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria.  Y como libro de referencia: Estratificación Social y Desigualdad. El conflicto de clase en perspectiva histórica, comparada y global, (Harold R. Kerbo - McGraw Hill) bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por todos/as. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 (Capítulo7) El proceso de legitimación – Eva Gloria Del Riego Eguiluz // Tema 2 (Capítulo 8) T. El sistema de estratificación mundial: dominio y competencia entre naciones del centro - Miguel De Diego Pérez // Tema 3 (Capítulo 9) Estratificacion social en los Estados Unidos – Irene Ibáñez Sánchez // Tema 4 (Capítulo 10) Estratificación social en Japón – José Bargallo Rofes // Tema 5 (Capítulo 11) Estratificación social en Alemania – María Inés Quiles Blanco // Tema 6 (Capítulo 12) Estratificación mundial y globalización: los pobres de la Tierra – Tomás Javier Prieto González

Reacciones de las naciones ricas ante la diversidad

Desde los primeros 90´s, los europeos han tenido que abandonar toda pretensión de mayor tolerancia y aceptación hacia otros grupos raciales étnicos.

El caso de Alemania

Tiene actualmente el mismo porcentaje de población nacida fuera de sus fronteras que Estados Unidos y casi el doble del solicitantes de asilo. Teniendo en cuenta el pasado racista y nazi de Alemania, era de esperar que se produjese graves conflictos y ataques contra la población no nacida en Alemania, pero la reacción ha sido en realidad más acomodaticia de lo que cabía esperar.

El número de organizaciones racistas y ataques violentos contra inmigrantes no ha dejado de decrecer. Parece que a comienzos del siglo XXI Alemania tiene que preocuparse menos que otros países europeos por los grupos de derechas antiextranjeros.

El legado nazi y el exterminio de 6 millones de personas, la mayoría judíos, no se olvidará durante muchas generaciones, si es que se llega a olvidar alguna vez. Es difícil de defender que hay algo en la mente de los alemanes que explica el racismo de un país. Podría ser que, debido a su pasado, los alemanes tuvieran mayor cautela a la hora de admitir su racismo. No sólo expresasn ser menos racistas, sino también menos propensos a votar a candidatos que pueden decirse que defienden ideas racistas.

Alemania ha sido desde un punto de vista histórico una sociedad bastante homogénea en términos de raza y etnia. En el transcurso de la historia alemana ha habido pocos <> tal y como los definen los alemanes de vieja estirpe que han vivido siempre en el país. Alemania carece de una historia de colonianismo que trajera a muchas personas del mundo a vivir en el país. Un gran sentido de la homogeneidad interna del grupo genera una conciencia más acusada de identidad frente al resto de los grupos de la sociedad. Alemania es un país relativamente joven que se unificó por primera vez a finales del siglo XIX, y que actualmente tiene menos simbolos de identidad nacional que la mayoría de los demás países. Los alemanes carecen de una fiesta similar al 14 de julio de los franceses o al 4 de julio de los estadounidenses, y apenas tienen eventos importantes que invoquen la identidad nacional aparte de los dedicados a sus atenpasados.

A diferencia de los EEUU, por ejemplo, el nacionalismo y la identidad nacional alemanes se basan en supuestas características relacionadas con la sangre, la estirpe y el lenguaje. En cambio, hay cerca de dos millones y medio de personas de origen turco, de las que muchas viven en Alemania desde hace dos o tres generaciones y, sin embargo, a muy pocas se les ha concedido la ciudadanía alemana.

Muchas naciones industriales avanzadas europeas se están percatando de que, por necesidad, deben elevar su tasa de natalidad o aceptar muchos más extranjeros en su país, y lo más probable es que ambas medidas sean necesarias. Actualmente, todos los niños que nacen en Alemania obtienen la ciudadanía, así como los trabajadores y sus parientes que han vivido en Alemania durante al menos 8 años.

Se producirán ataques racistas y surgirán más partidos de derechas contrarios a la inmigración que obtengan votos. Pero debido al aumento de la pobreza y la desigualdad en el mundo y a la creciente necesidad de las naciones europeas de aceptar a extranjeros para mantener el funcionamiento de su sistema económico, la diversidad de razas y grupos étnicos, cambiará la faz de las viejas naciones europeas. El siguiente paso será el surgimiento de movimientos por los derechos civiles que combatirán las típicas barreras contra la igualdad y la oportunidad a las que las minorías Estadounidenses se enfrentaron hace décadas con sus movimientos sociales.

El caso de Japón

La segunda economía del mundo nos ofrece un caso cuya historia también difiere de las de EEUU, pero se asemeja en muchos aspectos a la de Alemania. Japón ha sido y sigue siendo, una sociedad bastante homogénea. Como Alemania, Japón ha tenido a considerar el origen racial y étnico como sinónimo de ciudadanía, pero ha sido muy difícil, si no imposible, que estas personas de origen chino o coreano obtuvieran la ciudadanía japonesa.

Había muchos miembros de la elite de los samuráis que se oponían rotundamente a permitir la entrada y residencia a extranjeros en la nación. Estos sentimientos han sido virtualmente eliminados en el Japón moderno, pero aún persiste entre los japoneses el sentimiento común de que Japón es un lugar para las personas de <>.

Japón es una isla y es capaz de vigilar sus costas con más facilidad: todos los no japoneses que quieran permanecer en el país deben llevar una cartilla de registro de extranjeros, además del visado usual de turista, y la policía japonesa registra en las calles a las gentes sospechosas de ser extranjeros ilegales.

Sin embargo, lo más importante es que Japón no sólo mantiene a los extranjeros ilegales fuera, sino que en mucha mayor medida que cualquier otra nación industrial ha mantenido sólo a unos pocos extranjeros. A menudo se supone que una sociedad homogénea genera un pueblo unificado sin conflictos internos significativos. Sin embargo, es fácil mostrar que la <> o la homogeneidad no necesariamente producen ausencia de conflicto interno. En la historia de Japón abundan los conflictos que se explican en parte por la gran lealtad <> que se les ha exigido históricamente a los japoneses. Esta fuerte lealtad genera un grave conflicto con los grupos de fuera. El conflicto entre el endogrupo y el exogrupo ocurre en sentidos diferentes: conflictos entre familias, entre clases, entre corporaciones e incluso entre las divisiones de las corporaciones, y, por último, entre el endogrupo de los japoneses y el exogrupo de los no japoneses. Los japoneses tiene un sentimiento particularmente fuerte de su endogrupo cuando interactúan con extranjeros.

En una era de globalización e interacción creciente entre culturas y razas del mundo, la cultura y la estructura social japonesas ponen en desventaja a la nación nipona en muchos aspectos. Las corporaciones japonesas establecidas en todo el mundo se caracterizan por su escasa promoción de los empleados extranjeros hacia posiciones directivas más altas, a diferencia de las corporaciones norteamericanas y europeas en otros países.

La globalización creciente agregará personas de diferentes culturas y razas a un ritmo creciente a medida que nos adentremos en el SXXI. Surgirán más partidos políticos contrarios a la inmigración, en especial en Europa. Cuando la pregunta de <<¿quién obtiene qué y por qué?>> se convierta por doquier en una cuestión relacionada con la raza, la etnia y la ciudadanía, el mundo recurrirá a las enseñanzas negativas y positivas de la historia de los EEUU para responderla. Japón tendrá dificultades cuando el avance de la globalización obligue a sus habitantes a estar más y más en contacto con personas de otras razas y culturas, dentro y fuera de Japón.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Estructura Social Contemporánea II – Resúmenes Parte 35


En la asignatura de Estructura Social Contemporánea II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2011/12, algunos/as compañeros/as realizamos un trabajo coral: resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria.  Y como libro de referencia: Estratificación Social y Desigualdad. El conflicto de clase en perspectiva histórica, comparada y global, (Harold R. Kerbo - McGraw Hill) bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por todos/as. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 (Capítulo7) El proceso de legitimación – Eva Gloria Del Riego Eguiluz // Tema 2 (Capítulo 8) T. El sistema de estratificación mundial: dominio y competencia entre naciones del centro - Miguel De Diego Pérez // Tema 3 (Capítulo 9) Estratificacion social en los Estados Unidos – Irene Ibáñez Sánchez // Tema 4 (Capítulo 10) Estratificación social en Japón – José Bargallo Rofes // Tema 5 (Capítulo 11) Estratificación social en Alemania – María Inés Quiles Blanco // Tema 6 (Capítulo 12) Estratificación mundial y globalización: los pobres de la Tierra – Tomás Javier Prieto González

Una historia de las leyes laborales alemanas

El puesto de director de recursos humanos implica más que la contratación y el despido, sobre todo negociaciones continuas y complejas con los empleados sobre casi cualquier asunto. Debido a las leyes laborales, los trabajadores tienen más derecho a influir en lo que ocurre en el lugar de trabajo, y a menudo en la empresa en general, que los trabajadores de cualquier otro país del mundo. Dichas leyes se aplican en todas las corporaciones que operan en Alemania, sean alemanas, estadounidenses, rusas...

Desde la II Guerra Mundial Alemania adopta el Sistema dual, forma de representación laboral que implica:

  1. Representación obligatoria por ley de  los trabajadores en el consejo de administración de la empresa, y representación en la fábrica mediante consejos de trabajo
  2. Presencia continua de sindicatos que representan en cuestiones más generales y colectivas por encima del nivel de la fábrica.

Después de la II Guerra Mundial los sindicatos regresaron con fuerza. En 1952 se aprobaron unas leyes laborales que promovidas en 1848,  dan numerosos derechos y una representación en cada empresa, mediante los representantes de los trabajadores en los consejos de administración y de los consejos de trabajo elegidos por los empleados de la empresa. Temiendo la influencia de los sindicatos, el gobierno conservador estableció unas leyes que creía que aislarían a los representantes sindicales en las corporaciones, algo semejantes a sindicatos de empresa. Pero la idea fracasó, los consejos de trabajo y  los representantes en los consejos de administración de cada corporación, aprendieron a cooperar para así influir desde dos frentes, dentro y fuera de cada empresa. El gobierno más progresista establece las leyes de cogestión en 1972, proporcionando más derechos de cogestión e influencia en el lugar de trabajo.

Se suele decir que en Alemania la influencia sindical es más legalista o formalizada que en otras naciones industriales. De hecho, Alemania presenta una tasa baja de sindicación; los trabajadores tienen más influencia porque:

  1. las relaciones entre los consejos de trabajo y los sindicatos son más importantes que el número de trabajadores que pertenecen a un sindicato.
  2. los derechos están fijados en las leyes y no dependen del tipo de gobierno que este en el poder
Los sindicatos se ocupan de los sueldos y otros acuerdos generales, con frecuencia mediante la acción política y la amenaza de huelga, mientras que los consejos de trabajo se ocupan de asegurarse de que estos acuerdos generales y los derechos laborales se respeten en cada fábrica. Ejemplos de los derechos de las leyes de cogestión: los trabajadores deben recibir información detallada sobre todos los asuntos que les afecten a ellos y a toda la empresa; los consejos deben ser consultados sobre cualquier cambio de política que afecte a cuestiones laborales como jornada laboral, horas extraordinarias, minutos de descanso, vacaciones, sistema salarial de la fábrica, introducción de nueva tecnología, contratación, transferencia, reclasificación o despido. Por tanto los directivos de la corporación deben asegurarse de que disfrutan del consentimiento del consejo de empresa sobre decisiones que afectan a los trabajadores individuales. Después de consultar al consejo de empresa, los directivos pueden oponerse al voto de este consejo; pero lleva mucho tiempo debido a los numerosos derechos de los trabajadores para iniciar un proceso legal.

Finalmente, las grandes corporaciones alemanas han de tener una representación paritaria de trabajadores en el concejo de supervisión. El consejo de supervisión alemán es similar a la representación de los accionistas en una corporación estadounidense, tienen autoridad legal sobre los directivos, pueden fijar su salario y despedirlos. Pero a diferencia de lo que ocurre en EEUU, los trabajadores tienen los mismos derechos, protección legal y, por lo tanto, autoridad que los accionistas. Tiene que existir por ley un consejo de supervisión formado por 10 representantes de los empleados y 10 representantes de los accionistas. Entre los representantes de los empleados, deben haber al menos 7 miembros de la plantilla, de los que uno debe ser un asalariado, otro un empleado de cuello blanco, otro un directivo, y 3 representantes sindicales de la fábrica.

Debido al mayor número de horas de trabajo y al sueldo más bajo de trabajadores estadounidenses y de otros países, a los directivos corporativos alemanes les preocupa la intensificación de la competencia estadounidense.

La situación es más compleja que la simple comparación de salario y beneficio. De otro modo la economía alemana no sería la más fuerte de Europa, la tercera del mundo y un poderoso competidor de EEUU y Japón.

El poder de los sindicatos y los beneficios de las leyes de cogestión.

Las empresas alemanas sobreviven y hay constancia de que las leyes laborales, los sindicatos y los consejos de trabajo aumentan la competitividad. Los directivos creen que las leyes de cogestión impulsan sus negocios. Para entender uno de los beneficios de los consejos de trabajo y los sindicatos, hay que reconocer la orientación individualista de los trabajadores de las naciones industriales occidentales, los métodos occidentales empleados en la educación de los niños y la cultura occidental en general.

Pero si una civilización o una empresa quieren sobrevivir, los miembros no pueden centrarse sólo en sus intereses individuales. En 1930, Sigmund Freud esbozó este dilema de las sociedades humanas en su obra “el malestar en la cultura”. Es necesario utilizar medios de organización y alcanzar compromisos entre intereses opuestos. George Simmel y sociólogos posteriores como Coser, también esbozaron principios similares en sus análisis.

Estudios recientes sobre los directivos de las corporaciones alemanas y sus actitudes hacia los sindicatos y los consejos de trabajo sugieren que muchos de ellos han leído a Simmel o han descubierto el principio universal que esbozó. Como dijo un representante de la Asociación de Empresarios Alemanes:

En cuanto hay grupos divididos en la fábrica reina el desasosiego para todos. Es preferible tratar con un solo sindicato, con un consejo de empresa unido. Un oponente único y unido es más seguro y digno de confianza (verslässlich); la existencia de más de una facción fomenta la competición entre ellas y cada una intenta superar a la otra. Es preferible tratar con un solo sindicato fuerte y digno de confianza”.

A pesar del gran individualismo de los trabajadores occidentales, es también beneficioso y posible obtener la identificación del trabajador con la empresa, esa identificación y cooperación suele conseguirse reconociendo el individualismo antes que intentando eliminarlo. Contrasta con los efectos de filosofías como el confucionismo en muchas naciones asiáticas, en las que los subordinados  suelen someterse a las autoridades a cambio de protección y recompensas. En occidente, los subordinados suelen exigir derechos e influencia en las decisiones de las autoridades con el fin de asegurarse beneficios y protección. Esto no quiere  decir que los asiáticos no se revelen ante una violación de sus expectativas.

Las leyes de cogestión alemanas, consiguen la cooperación. Los trabajadores sienten más confianza y seguridad de que se están protegiendo sus intereses, y más lealtad a la empresa, algo que guarda relación con la rentabilidad y la supervivencia de la propia empresa, de modo muy similar a los japoneses empleados en las mayores corporaciones. Sin embargo en EEUU, debido a la desconfianza entre directivos y trabajadores en el pasado, encontramos una actitud de juego de suma cero, en lugar de pensar que ambas partes pueden salir ganando.

Conclusión:

Algunas personas han proclamado que en Alemania la ley constitucional laboral de 1952 ha eliminado virtualmente la lucha de clases. Pero el conflicto de clases sigue produciéndose, aunque de formas distintas a EEUU y Japón. Se da en mayor medida que otros países un pacto social cuando describimos las relaciones de clase. Se podría aceptar la descripción de que Alemania tiene un capitalismo con rostro humano.

En entrevistas realizadas entre 1992 y 1993 a los líderes sindicales, incluidos el sindicato IG Metall, se percibía preocupación por el futuro. Preocupa especialmente la presión que ejercen países con bajos salario como: EEUU, México, España, etc., por la posibilidad del traslado de empresas alemanas a estos países. El gobierno conservador del canciller Kohl recortó los seguros de desempleo y las ayudas públicas para hacer que Alemania fuera más competitiva. A estos recortes, se debió en parte, que perdiera en las elecciones nacionales de 1998 y las ganara un gobierno de coalición entre social-demócratas y verdes que anuló los recortes.

La competitividad económica mundial tras la guerra fría, influyó en los sistemas de estratificación de cada nación y en la posición de todos los trabajadores de todo el mundo. Por lo tanto, los trabajadores alemanes temen que su eficiencia, sus capacidades y su dedicación a la empresa puedan no ser suficientes para mantener su competitividad en una economía mundial con países que están recortando los salarios, las ayudas públicas y el número de trabajadores.