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sábado, 3 de mayo de 2014

Una sanidad más cara y excluyente

Artículo de María R. Sahuquillo / Elena G. Sevillano publicado en El País  el 17 de abril de 2014.

La reforma sanitaria se vendió a la ciudadanía más que como una necesidad; casi como una imposición. De no tomar medidas “urgentes”, el sistema público no iba a aguantar la creciente presión presupuestaria. La sanidad estaba en grave riesgo: era “insostenible”. El Gobierno de Mariano Rajoy presentó el real decreto 16/2012 como la fórmula magistral que iba a salvar el sistema del colapso. Dos años después, lo que ha conseguido la reforma es alterar de raíz su esencia: el ciudadano ha pasado de beneficiario de un derecho a asegurado en un servicio. Por el camino también se ha perdido la vocación de universalidad que había guiado las últimas normativas sanitarias, que intentaron ir reduciendo los colectivos excluidos del sistema. Desde que se aprobó la reforma Mato, el 20 de abril de 2012, los inmigrantes en situación irregular han perdido su derecho a ser tratados en igualdad de condiciones que el resto de ciudadanos. Adiós a la universalidad; hola a la desigualdad.
La exclusión de la asistencia, en forma de pérdida de la tarjeta sanitaria, no solo afecta a los extranjeros sin papeles. Las sucesivas modificaciones de la norma han provocado que también se quede fuera otro colectivo, el de los familiares de inmigrantes que pidieron la residencia por reagrupación familiar y la obtuvieron después de la aprobación del decretazo. Son sobre todo personas mayores, los padres de trabajadores que emigraron a España para trabajar, regularizaron su situación y después trajeron a sus familias. También los ciudadanos españoles pueden quedarse sin derecho a la atención sanitaria desde el 1 de enero de 2013: los parados de larga duración que hayan agotado la prestación o el subsidio por desempleo y residan fuera de España más de 90 días en un año pierden la tarjeta. También está el caso de los rentistas: personas que nunca han cotizado y tienen ingresos superiores a los 100.000 euros. Pese a que con sus impuestos sufragan la sanidad pública, tampoco ellos tienen tarjeta.
Pese a todas estas excepciones, y a que las organizaciones y los servicios sociales de las autonomías han informado de centenares de casos de desatención, Mato sigue empeñada en asegurar que la sanidad pública española nunca había sido tan universal como ahora.
El proceso de aprobación de la reforma fue visto y no visto. El cambio era de tal calado que hubiera requerido una nueva ley, pero no fue así, como recuerda Conxita Tarruella, portavoz de Sanidad de CiU: “Pedimos en el Congreso que se hiciera a través de un proyecto de ley, para que pudiera debatirse y pactarse, y se negaron alegando la urgencia...”, recuerda. En 2012 se empezaba a sentir de lleno el impacto de los recortes en el sistema nacional de salud, con las plantillas de personal menguando, cada vez menos medios y un inaudito aumento de las listas de espera. Sobrevolaba entonces la amenaza velada de la implantación de un pago por visita médica. Sanidad nunca anunció públicamente que pensara aplicarla, aunque ahora insinúa que su reforma lo ha evitado.
Lo que sí hizo el rescate “urgente” de la maltrecha sanidad pública española fue derribar otro tabú, el del copago farmacéutico. La reforma del sistema del pago de medicinas tenía reservada una sorpresa para los pensionistas, que jamás habían puesto un euro de su bolsillo —sí de sus impuestos— al recoger la medicación en la botica. Los trabajadores en activo ya copagaban, pero por primera vez los jubilados empezaron —en julio de 2012— a desembolsar el 10% del precio de sus medicamentos (con topes de 8, 18 o 60 euros mensuales en función de la renta). Para el resto de ciudadanos, el porcentaje de pago por los fármacos se estableció por los ingresos: el 40% para quienes ganan hasta 18.000 euros al año, el 50% los que tienen unos ingresos entre 18.000 y 100.000, y el 60% quienes ganen más de esa cifra.
Un escalón amplísimo que el Ministerio anunció hace meses que modularía. Aún no lo ha hecho. “La idea es establecer algún tramo más para que la aportación sea más equitativa, estamos a la espera de que las comunidades autónomas, a las que hemos preguntado, nos envíen sus propuestas sobre qué patrón establecer”, dice Agustín Rivero, director general de Cartera Básica de Servicios del Ministerio de Sanidad. “Ellos están más cerca de la población y ven los problemas que pueden surgir, pero aún no nos han dado información suficiente”, añade.
La desigualdad entre comunidades que ha generado la reforma es una de las cosas que más preocupa a José Martínez Olmos, portavoz del PSOE. Cada una ha respondido a su manera a los retos normativos que han planteado los cambios que se dictaban en Madrid. Unas atienden a los inmigrantes irregulares; otras, no. Unas devuelven al momento lo cobrado de más a los pensionistas; otras obligan a esperar meses. Y lo peor, señala, “es que desde el punto de vista de la economía, la reforma no ha servido para hacer más sostenible el sistema”.
Rivero, sin embargo, asegura que el balance es “positivo”. Explica que hace unos días acudió a Bruselas a dar cuenta del resultado de las medidas y que la respuesta fue satisfactoria. “Lo primero era sostener el sistema, considerado como un buen sistema, luego garantizar que sea universal, público y gratuito para los que residan en España; y luego mantener la calidad, la eficiencia y la accesibilidad de los grupos más vulnerables”, dice. “Hemos logrado un ahorro importante. Sobre todo en el área farmacéutica, donde se ha reducido unos 3.000 millones de euros”, dice. Y recuerda que gracias a los cambios ahora hay un millón de personas, sobre todo parados sin prestación, que ya no pagan por sus fármacos.

Los efectos del decreto aún no se han desplegado del todo. Queda por determinar lo que se conoce como cartera básica y suplementaria, es decir, las prestaciones comunes y gratuitas y las que en el futuro puedan considerarse extra, al arbitrio de cada región. Gaspar Llamazares, portavoz de IU, llama al decretazo “bomba de fragmentación”. Dice que ha tenido efectos a corto plazo, pero que los de largo aún están por ver. Si el Gobierno ha aflojado ahora es por las elecciones europeas, señala. Por el camino, algunos copagos previstos se han abandonado, teóricamente porque el ahorro esperado —aunque no han dado cifras— ya se ha logrado. Otros, como el de la farmacia hospitalaria, cuentan con la activa oposición de gobiernos autonómicos del PP. El Constitucional deberá decidir sobre los recursos de Andalucía o Asturias. Al decretazo aún le queda mucho camino por recorrer.

Artículo de María R. Sahuquillo / Elena G. Sevillano publicado en El País  el 17 de abril de 2014.

viernes, 2 de mayo de 2014

Los seguros de Mato para sin papeles fracasan: solo 300 pólizas firmadas

Artículo de Elena G. Sevillano / María R. Sahuquillo publicado en El País el 19 de abril de 2014.

Los seguros públicos que el Gobierno ideó para garantizar la atención a quienes había retirado el derecho a la sanidad pública se han revelado como un fracaso. Según un recuento elaborado por este diario, solo 300 personas en toda España han contratado las pólizas, que cuestan 60 o 157 euros al mes, en función de la edad del asegurado. El Ministerio de Sanidad las anunció poco después de dar la orden de retirar las tarjetas a los extranjeros en situación irregular y a los ciudadanos que nunca han cotizado y cuentan con rentas superiores a 100.000 euros al año —irónicamente, las dos caras de la exclusión sanitaria— con el objetivo de que pudieran hacer uso del sistema sin que les cobraran cada atención individual.
Pese a que ya en julio de 2012 se había decidido crear estos seguros especiales, no vieron la luz hasta un año después. Pero pasados siete meses de su entrada en vigor oficial —el 1 de septiembre de 2013—, la mayoría de comunidades aseguran que ni siquiera han recibido peticiones de ciudadanos dispuestos a contratar las pólizas. Algunas, como Madrid, han elaborado y publicitado los formularios para pedirlas. Otras, como Castilla-La Mancha, ni siquiera las han puesto en marcha. “Han llegado una o dos solicitudes y se está estudiando cómo resolverlas”, dice una portavoz del servicio de salud de esta región.
La exclusión sanitaria, uno de los ejes centrales de la reforma Mato, que entró en vigor en septiembre de 2012, derivó en el apagón de unas 150.000 tarjetas sanitarias de sin papeles —según los cálculos de este diario—. Ya no tienen derecho a la asistencia normalizada gratuita —excepto los niños y las embarazadas—, solo a la de urgencias.
El decreto de Sanidad ha abierto una gran brecha de desigualdad en la atención de este colectivo, que difiere mucho según la comunidad en la que viven. Asturias y Andalucía se han rebelado. No aplican la ley y siguen asistiéndoles como antes —prestación farmacéutica incluida—, cuando solo tenían que acreditar ser residentes. País Vasco y Navarra han aprobado leyes para seguir haciéndolo; normas que han recibido, además, el aval del Tribunal Constitucional. Otras regiones, como Extremadura o Galicia han habilitado sistemas para darles asistencia cuando no tienen recursos económicos. Siete autonomías cumplen la reforma a rajatabla, según el último análisis de Médicos del Mundo.
Castilla-La Mancha es, según este informe, la comunidad que más al pie de la letra ha seguido las instrucciones del Ministerio de Sanidad. Es la única que no ha establecido ningún programa especial de acceso a la atención sanitaria para quienes, con la nueva regulación, no son ni asegurados ni beneficiarios. Como María, que sabe bien lo difícil que es acudir al médico en esta región. Pide que no se desvele su nombre completo ni su nacionalidad, porque su caso está en el juzgado y teme que le pueda perjudicar. Llegó hace 10 años a España y hace cuatro pudo traer a su hija, que ahora tiene 33 y sufre una discapacidad mental. “Es como una niña”, la define. Cuando quiso regularizar su situación “cayó la reforma”.
María no sabe exactamente qué problema tiene su hija. Podría padecer una enfermedad rara, pero no está diagnosticada. Tampoco tiene reconocida la discapacidad. Le dieron número de seguridad social, pero es como si no existiera para el sistema. Hace unos meses empezó a quejarse de que le dolía mucho un bulto en la axila. Decía que no podía levantar el brazo. Su madre acabó llevándola a urgencias. “La atendieron. Gracias a Dios, era una bolita de grasa. Nos dijeron que no era nada alarmante, pero que cuando consiguiera tarjeta sanitaria debería volver para quitársela”. Como sigue sin tenerla, el bulto sigue allí. Y María espera que en cualquier momento le llegue una factura por esa visita a urgencias. “Nos pidieron el pasaporte, nos tomaron los datos y dijeron que ya nos mandarían la carta”.
Idoia Ugarte Gurrutxaga, presidenta de Médicos del Mundo Castilla-La Mancha, resopla cuando oye que esta comunidad asegura estar “atendiendo a todo el mundo”. “No es cierto. Llevamos desde enero de 2013 entregando un informe mensual con los casos de denegación de asistencia que nos llegan”, afirma. La organización tiene constancia, por ejemplo, de 17 casos de mujeres embarazadas y de 56 menores que desde 2012 no han podido acceder a la atención o tramitar la tarjeta sanitaria. Casos flagrantes de incumplimiento de la ley, que ampara la atención obstétrica y pediátrica gratuita en cualquier caso.
Dos grandes problemas están dificultando el acceso a la sanidad de las personas más vulnerables: la falta de información y el miedo a tener que pagar por ir al médico. Muchas veces no tienen claro a qué tienen derecho y a qué no. No ayudan casos, como el recogido por la organización Yo Sí Sanidad Universal, de un ciudadano bangladesí, atendido tras un infarto en el hospital 12 de Octubre de Madrid, a quien le llegó una factura de 12.000 euros por la atención. El hombre, que había pasado varios días ingresado, recurrió a esta organización para solucionar su caso. La respuesta del hospital fue que había sido un error. Pero sigue con la deuda.
El director general de Cartera Básica de Servicios y Farmacia del Ministerio de Sanidad, Agustín Rivero, afirma que la reforma sanitaria ha servido para “aclarar” quien tiene derecho a ser asegurado y beneficiario. “Además, hemos evitado que se siga produciendo un agujero de 1.000 millones de euros derivados del turismo sanitario que, como reclamó el Tribunal de Cuentas, no se sabía dónde iban”, añade. Aunque el Tribunal de Cuentas incidía en su informe en que había sido la incapacidad de España para gestionar los cobros lo que había hecho perder unos 970 millones, la mayoría a países de la UE. Ese turismo sanitario poco tiene que ver con el uso que hacen los extranjeros en situación irregular de la sanidad pública española.
Y los seguros ideados por Sanidad, destinados a cubrir en parte ese agujero —para quienes se lo puedan permitir—, no han servido para paliar el problema de este colectivo. En Castilla y León solo hay activos 12 de estos convenios. En la Comunidad Valenciana se han acogido a la póliza Mato 191 personas, según un portavoz, que añade que las que no tienen recursos pueden optar por el Plan Valenciano de Protección de la Salud, iniciado en septiembre pasado y al que se han apuntado 2.732 personas. En Murcia, donde hay contratadas 24 pólizas Mato, los solicitantes son en su mayoría de estados europeos o sudamericanos y centroamericanos. Madrid, con 43 convenios firmados, asegura que el perfil del solicitante es el de una persona extranjera (solo el 6% son españoles), fundamentalmente de países latinoamericanos, mujer (en torno al 80%) y de entre 40 y 65 años (más del 50%).
Las comunidades aún no han evaluado los ingresos que obtendrán por estas pólizas —que pueden llegar a costar 2.000 euros anuales—. Tampoco Sanidad, dos años después de la reforma que transformó la base de universalidad de la sanidad pública, ha medido el ahorro concreto derivado de la exclusión. Y es que a pesar del varapalo de las sociedades científicas y del Consejo de Europa —que considera ilegal la expulsión de la atención normalizada de los sin papeles— , la ministra Ana Mato mantiene que España es uno de los países que más cobertura da a los extranjeros.
Agustín Rivero es más mesurado. Asegura que con la reforma completa se ha conseguido que el sistema sea “universal, público y gratuito para los que residan en España”, y también “la accesibilidad de los grupos vulnerables”. Recuerda que en diciembre, el Consejo Interterritorial de Sanidad —donde están representadas las autonomías— aprobó un protocolo para cubrir de manera gratuita a todos los sin papeles con enfermedades infecciosas, tratamientos prolongados y crónicos o con problemas que puedan ser un riesgo para la salud pública.

La medida no ha corregido casos como el de Juan Pablo. Este uruguayo de 37 años y con un diagnóstico de esquizofrenia paranoide, lleva más de un año sin tomarse la medicación completa. “No puedo pagarla. Antes, el tratamiento me costaba tres o cuatro euros, ahora unos 400 cada 15 días”, se lamenta. Cuenta que lleva diez años en España, que trabajó duro durante mucho tiempo. “Llevaba nueve años con la medicación pautada. Me iba bien. Ahora tengo ataques de pánico”, remarca. Sus problemas de salud le han llevado dos veces al hospital, pero al salir ha seguido sin el tratamiento. Del médico de familia ha ido a servicios sociales. Y vuelta a empezar. “Nadie me resuelve mi caso”, dice. Ahora espera que Médicos del Mundo le ayude con los trámites para conseguir los fármacos. “Si no, no sé qué haré”, añade.

Artículo de Elena G. Sevillano / María R. Sahuquillo publicado en El País el 19 de abril de 2014.