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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 4

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

Problemas metodológicos

La teoría de la modernización ha sufrido críticas devastadoras sobre todo por la posibilidad misma de que se pueda construir concepto alguno de modernización. Incluso se ha llegado a discutir su estatuto científico.

Cuestiones metodológicas problemáticas: la del sentido del cambio, la del control de los cambios y la del origen del cambio.

El sentido de la modernización

Cuál se la forma que adopte la tendencia de los procesos de cambio modernizador. El modelo de cambio que propone aquella metodología histórica que niega toda posibilidad de establecer leyes explicativas de la historia, por lo que ésta quedaría reducida a la mera sucesión cronológica de inciertos e imprevisibles acontecimientos puntuales. También incurren en este sesgo aquellas teorías sociales del conflicto, la guerra, el cambio social, las crisis políticas o la Revolución que intentan describir estos hechos como sucesos enteramente fortuitos, espontáneos y catastróficos, a lo que se ha llamado una teoría eruptiva o espasmódica de la historia.

Wrigley o Gellner, a la hora de identificar cuáles sean las causas últimas de la modernización histórica, rechazan la búsqueda de la causalidad explicativa y la sustituyen por la causalidad del azar. Para Wrigley el moderno crecimiento económico empezó antes de la Revolución industrial como consecuencia de una suerte de extraña combinación entre explosión comercial y capitalización agraria; pero tanto ese capitalismo preindustrial como su posterior conversión a la industrialización no fueron sino estricto producto de la causalidad, Gellner propone la casual coincidencia de una serie de hasta 15 concausas combinadas entre sí, cuya contingente canalización y reacción en cadena sólo habría podido ocurrir como subproducto espontáneo puramente casual.

La alternativa es postular la existencia de alguna clase de continuidad histórica, capaz de vincular entre sí a los hechos que se suceden. En realidad, los datos que se producen en bruto lo hacen en forma de dientes de sierra, con una irregular distribución de alzas y bajas que se alternan de manera imprevisible y errática ¿puede reconocerse la existencia de alguna clase de tendencias a largo plazo? Dos clases de curva tendencial se han propuesto; la cíclica y la lineal:

  • Las interpretaciones cíclicas, producen una secuencia recurrente de eterno retorno de lo mismo. Parecen destinadas a negar el paso de la historia, que siempre regresaría a sus orígenes primigenios. Su inmovilismo histórico; su antihistoricismo, les haya hecho caer en el descrédito, es la irreversibilidad de la historia: todo cambia tan irrevocablemente a nuestro alrededor que cualquier posible retorno resultaría perfectamente irreconocible.
  • Los cambios modernizadores han tratado de ser también explicados mediante interpretaciones cíclicas, Se le puede encontrar alguna tendencia ondulatoria, pendular u oscilante al vaivén de alzas y bajas en dientes de sierra de los erráticos cambios coyunturales. Puede sumarse a alguna otra clase de tendencia a largo plazo, sea ésta el equilibrio ultraestable o el crecimiento autosostenido.
  • Los modelos cíclicos son muy discutidos, pues presentan problemas derivados no sólo de la mala calidad de los datos que se aportan como prueba, los que les hace difícilmente comparables, sino también porque para ser creíbles precisarían disponer de alguna clase de diagrama de fuerzas, capaz de explicar el mecanismo que impulsa su ondulación pendular.
  • La de plantear una tendencia lineal a largo placo. Una de las posibilidades de tendencia lineal es la ultraestabilidad homoestática del equilibrio general, representada por la conocida expresión de Lampedusa: “Es preciso que todo cambie para que todo siga igual”. Es éste el principal supuesto de la sociología funcionalista (Parsons) y del análisis económico neoclásico: la de que todos los cambios son explicables como correcciones que reequilibran los desequilibrios previamente generados. Si hay una estable equilibrio estructural ya no puede haber modernización real, cuyo concepto implica necesariamente una básica restructuración radical.

Pero esta tendencia lineal hacia la estabilidad ni es la única posible: quedan la progresiva, de crecimiento lineal a largo plazo, y la regresiva, de declive o decadencia lineal a largo plazo. Esta última es la tendencia que podemos llamar de historia natural; la inevitable degradación final de todo organismo viviente, hasta terminar en su definitiva muerte. El modelo regresivo sólo puede aparecer como la consecuencia final de un anterior modelo progresivo.

Toda tendencia lineal que no sea puramente ultraestable o inmovilista conduce necesariamente a identificarse con la línea de progreso, entendido como el sentido último que adoptan los procesos de modernización. Toda la teoría de la modernización es en definitiva heredera del concepto dieciochesco e ilustrado de progreso, surgido como traducción secularizada de la filosofía de la historia de san Agustín.

Nos hallamos ante una escatología teleológica, que le atribuye alguna clase de sentido final, necesariamente redentor y salvacionista, a la historia par alo cual se precisan tres ingredientes igualmente metafísicos:

·      Una dicotomía como la agustiniana, que oponga dos estadios contrapuestos, el originario del que se parte y el redentor del término final.
·      Un acontecimiento irreversible que suponga alguna clase de divisoria histórica, capaz de marcar el antes de frente al después de.
·      Y una irrefutable convicción mesiánica sobre la incomparable superioridad moral del destino final respecto al origen inicial.

Todas las teorías de la modernización presentan los tres requisitos antedichos, una dicotomía entre lo tradicional o premoderno y lo plenamente modernizador.
Si bien la modernidad se identifica con la obra del progreso, no siempre está muy claro qué es lo que se supone que progresa con la modernidad. Las teorías de la modernización pueden subdividirse en dos grandes clases:

·      Aquellas mayoritarias que presuponen que con la modernización progresa el bienestar social.
·      Frente aquellas otras que, según el modelo disidente de Weber, se temen que con la modernización lo que progresa es el malestar social.

Los críticos antimodernos, sigue habiendo crecimiento y desarrollo pero no del bienestar sino del malestar, hablamos de regresión. Es la tesis de la jaula de hierro weberiana, donde se ha perdido por completo el significado humano de la vida, y en la que terminaría por enjaularse sin posible salida la sociedad hiperrracionalizada.

El control del cambio modernizador

La posibilidad existente de dirigirlos o no ¿son susceptibles de obedecer a alguna dirección? ¿Puede programarse, o gobernarse, el cambio modernizador? La primera modernización originaria (hacia 1700) fue puramente espontánea e inconscientemente: nadie advirtió lo que sucedía hasta que ya fue demasiado tarde para cambiarlo. Todas las demás experiencias modernizadoras que se han producido posteriormente ya se han hecho autoconsciente.

El pensamiento conservador siempre ha partido del supuesto de que la historia, al igual que sucede con las instituciones que son su resultado, no puede reconstruirse artificialmente, sino que es el subproducto natural de las imprevisibles interacciones humanas. Todos los demás procesos históricos serían también radicalmente espontáneos, y todos los intentos de corregirlos o reconstruirlos artificialmente estarían condenados a fracasar.

Esta tesis de la perversidad (Hirschman) no sólo invalida las posibilidades de cambiar la Historia que abriga toda revolución sino que además invalida las virtualidades de la teoría de la modernización. La teoría de la modernización nació en los 50 como auxiliar académico de las políticas de cooperación para el desarrollo que los occidentales suministraban a los nuevos países recientemente independizados que trataban de iniciar sendas de crecimiento económico acelerado.

La teoría de la modernización partiría de la hipótesis de que el desarrollo sí puede ser dirigido y controlado: que un gobierno, mediante de auxilio de políticas públicas ad hoc, puede programar y planificar el cambio modernizador.

Si lo planteamos así (como una disyuntiva entre si se puede, o no, programar el cambio modernizador), caemos en un falso problema, pues hay cambios evidentemente programables y otros que no lo parecen tanto. Fergurson decía, la historia es el resultado de las acciones humanas, y no de las intenciones humanas. O Marx: de que los hombres hacen la historia pero no saben que la hacen. La humanidad es el sujeto de la historia, pero su protagonismo es de naturaleza no intencional: un subproducto necesariamente imprevisto.

Dada la existencia cierta de inciertas consecuencias imprevistas, éstas pueden clasificarse en tres grandes grupos:

  1. Las neutrales, que no defraudan las expectativas de sus autores.
  2. Las positivas, que satisfacen las expectativas abrigadas.
  3. Las negativas, que las defraudan.


Constantemente se estén dando, imprevisiblemente mezcladas, las tres clases de consecuencias imprevistas.

A esto es a lo que se ha llamado la heterogonía de los fines (Stark). Los dos ejemplos más conocidos son el de Adam Smith, y su mano invisible, y el de Bernard de Mandeville y su Fábula de las abejas. Pero el extremo opuesto, y mucho más pesimista, es el de Weber, que sólo advierte la acción histórica de las consecuencias imprevistas negativas. De ahí los procesos de dirección o domesticación del cambio modernizador, como en el caso del aprendiz de brujo, terminen por pervertirse y volverse contra los deseos de sus autores.

Tanto el caso optimista como en el pesimista nos hallamos ante la misma imposibilidad de controlar intencionalmente los procesos de modernización, cuyo margen de imprevisibilidad e incertidumbre sería tan amplio que impediría toda posibilidad de programarlo por anticipado.

jueves, 24 de mayo de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 42

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo


El nacionalismo fue un conjunto de ideas políticas, sentimientos y realidades sociales que se desarrollaron en Europa a lo largo del siglo XIX y que han llegado hasta hoy. Se referían a la identificación de un individuo con un grupo, la nación, que había que proteger y ensalzar los elementos que la definían como tal. A partir del inicio del siglo XIX esta idea se generaliza como elemento de movilización política, fue una idea política sumamente  cambiante y amoldable, como demostraron los acontecimientos a lo largo del siglo XIX.
El nacionalismo evolucionó desde la libertad, modernidad y progreso hasta las ideas reaccionarias, integristas y racistas, cuyo punto culminante fue el fascismo.
Existen dos modelos: 1º-La Revolución Francesa marcaría el inicio del nacionalismo (1789); fue a partir de ese momento, cuando los países europeos occidentales iniciarán el proceso de construcción del Estado-Nación moderno, basándose en el imperio de la ley, la soberanía nacional y el desarrollo de valores cívicos, como la libertad y la igualdad. 2º-Según E. Kedouri, el nacionalismo fue un invento elaborado por J.G. Fichte, que reinterpretó el romanticismo alemán, una cultura propia con la existencia de una nación alemana. Sobre estos dos modelos giraran los nacionalismo a lo largo del siglo XIC.

EL NACIONALISMO POLITICO. LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y SUS CONSECUENCIAS.

Desde el inicio del siglo XIX el nacionalismo empezó a ser un vector de fuerza y de movilización política para la construcción de la nación. Herederos de la teoría del contrato y de las ideas ilustradas francesas, principalmente de Voltaire, Montesquieu y Rousseau, la nación se relacionó en Francia con la voluntad política del grupo que, haciendo uso de la soberanía nacional, aquí la herencia del contrato, expresó jurídicamente su deseo de convivir y que desea ser gobernados por un mismo gobierno. El nacionalismo estaba relacionado con la construcción de los Estados Modernos. La nación entendida como comunidad humana, soberana y definida de forma política por la soberanía del Estado sobre un territorio, hacia mención a la relación de vínculo político existente entre los ciudadanos y su lealtad hacia las instituciones comunes a través de los derechos y deberes cívicos que el Estado garantiza.
La liberación del Tercer Estado estableció jurídicamente la igualdad, la libertad y la justicia de todos los ciudadanos, con el Estado como garante de estos derechos mediante la Constitución y el corpus legislativo. El Nacionalismo junto con el liberalismo aspiraba a romper con el pasado y sus arbitrariedades y privilegios como el poder absoluto del monarca. El súbdito se convirtió en ciudadano con sus derechos y responsabilidades.
Como en la revolución inglesa de 1688 y la de las colonias americanas, la toma de conciencia de algún grupo social como grupo oprimido o desplazado por el sistema, dio pie al irredentismo que fue una de las características de la que se alimentaban los movimientos nacionalistas. En el caso francés, el discurso de E. Sieyés acerca del Tercer Estado fue bastante aclaratorio de la importancia política que puede tener un grupo político convertido en nación. El Tercer Estado lo “era todo”. La Nación pasará a ser el grupo benefactor de la política desarrollada por el Estado. La sociedad se abrió, brindaba más oportunidades para progresar en todos los ámbitos.
Este nacionalismo estaba relacionado con la difusión de valores cívicos de carácter político, pero siempre dirigido desde el Estado y este se convirtió en una institución moderna y nacional para el beneficio de todos y nacionalizadora para asegurar su buen funcionamiento. Una de las consecuencias fue, la cada vez mayor vinculación entre el ciudadano y el Estado, ya no se limitaba a la recaudación de impuestos, a la militarización en caso de guerra, sino que el ciudadano estaba vinculado al propio funcionamiento del Estado y al propio ejercicio de la acción de gobierno. Los Estados modernos no solo gobernaban a las personas sino que también administraban las cosas.
Las normas del desarrollo estaban marcadas por la Constitución como norma suprema y el resto de las leyes. Para reforzar esa solidaridad de grupo se legisló la obligatoriedad de la educación primaria, se desarrollaron los nuevos medios de comunicación (ferrocarril, el periódico) relacionados con el capitalismo y este con el liberalismo. Se implantó el servicio militar obligatorio, proliferaron las ciencias, aparecieron los museos que ayudaron a los ciudadanos a tomar conciencia por su pasado que ayudaron a desarrollar una identidad nacional en pos de un destino común.
Se hizo realidad la ecuación Nación=Estado=pueblo, donde los intereses comunes prevalecían sobre los particulares y el desarrollo frente al privilegio. El nacionalismo según E. Gellner se convirtió así en una herramienta de movilización, socialización y politización del individuo, con el Estado como principal elemento de modernización que caracterizó a la sociedad europea de finales del siglo XVIII. La conjunción de movimiento revolucionario, liberalismo y nacionalismo era la alternativa propuesta frente al gobierno de los grandes Imperios teocráticos. Gobierno representativo, imperio de la ley y soberanía nacional, que se podía identificar con autodeterminación popular fueron la base del progreso, ideas que nos remiten al racionalismo Kantiano y que se expresaron en la Declaración de Derechos del Ciudadano de 1795, que pese a que se añadió a la constitución francesa, hay que recordar que tenía voluntad universal y en su texto se afirmaba que “Cada pueblo es independiente y soberano, cualquiera que sea el número de individuos que lo componen y la extensión de territorio que ocupa. Esta soberanía es inalienable”.
Para L Greenfeld, el hecho nacional comenzó a tener importancia, y se vinculó al liberalismo como ideología modernizadora y emancipadora del viejo orden estamental y constructora del nuevo orden social, desarrollándose el nacionalismo, tal y como lo entendió E. Gellner; como “el principio que afirmaba que la unidad política y nacional debía ser congruente.
Se definió una cultura oficial, una educación oficial, una lengua oficial, para cumplir con su función de Estado moderno. No fue la conciencia nacional, sino que fue el Estado el principal elemento de desarrollo del nacionalismo, y este junto al liberalismo unidos como cuerpo teórico ideológico desarrollaron el  Estado moderno. El hecho de que el ciudadano pudiera llevar a cabo sus derechos y deberes, era la característica que le convertía en francés.
El ascenso al poder de Napoleón y el desarrollo en Europa de las guerras napoleónicas, se difundió al resto del continente europeo, aunque este no fue el único modelo de nacionalismo que comenzó a desarrollarse en este periodo.