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lunes, 27 de enero de 2014

Resúmenes Sociología Política Parte 46

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

6.- La racionalidad de la participación política

Han puesto en cuestión la opción por participar que realizan numerosos individuos y su misma racionalidad. En el caso del comportamiento electoral, las posibilidades que cada elector individual tiene de influir sobre el resultado global son mínimas. Si el objetivo fuese de verdad el de dar un voto decisivo, entonces el comportamiento de los individuos parecería inexplicable. Resulta explicable, al menos en algunos contextos, por qué muchos ciudadanos, como en los EEUU renuncian a participar. El elemento llamado instrumental; de la persecución de un objetivo concreto, a veces está subordinado al elemento expresivo, la reafirmación de la propia pertenencia a una clase social, a un grupo étnico, a una comunidad cultural, a una asociación profesional. Sólo así resulta explicable por qué, en ausencia de perspectivas concretas de victoria o de posibilidades de evaluar la incidencia de sus propias opciones, considerables masas de ciudadanos dedican su tiempo, empeñan sus energías, gastan su propio dinero, sacrifican una parte de su vida privada para participar. Se participa no sólo con el fin de tomar parte, sino en algunos casos especialmente para sentirse parte.
Se diluye la objeción de que la participación es en realidad ilusoria. Como ni puede cambiar las cosas, refuerza el poder de los que ya lo tienen y además se presta a ser manipulado con demostración de un consenso. Insistir en cómo el que critica la racionalidad de la participación en términos puramente instrumentales se priva de la clave fundamental de lectura expresiva de la actividad de participación política y por tanto se impide una comprensión articulada de la vida política.

Una objeción más grave, de carácter instrumental, por quien ha contemplado esta actividad desde la perspectiva de los grupos y los bienes colectivos. El que participa se propone en todo caso influir sobre la distribución de los bienes colectivos de la manera más favorable para él mismo o para su grupo de referencia. Puede ser el bien colectivo que se persigue y se consigue sea de carácter indivisible.

Dos aspectos más, referidos tanto a los que participan como a los que no participan y los efectos de su participación. No se puede afirmar que aquellos que han participado, por las ventajas distribuidas colectivamente se encuentren en perores condiciones que los que disfrutan de esas ventajas sin haber participado. Pueden haberse crecido psicológicamente y pueden no quejarse para nada de los costos de la participación. Los no-participantes, los free-riders, pueden citarse de los resultados y valorar las ventajas del viaje gratis respecto a los costos en que hubieran debido incurrir. Y si los free-riders son conscientes, se darán también cuenta de que, cuando se trata del ascenso y la conquista de bienes indivisibles, su no participación puede hacer imposible la consecución del bien colectivo. Seguirá faltando en ellos, la motivación de fondo para la participación política. La conclusión de Olson: el individuo racional en el grupo numeroso en un contexto socio-político no estará dispuesto a realizar ningún sacrificio para conseguir los objetivos que comparte con otros. Sólo cuando los grupos son pequeños, o cuando sin tan afortunados que disponen de una fuente independiente de beneficios selectivos, se organizarán y actuarán para conseguir sus objetivos.

El análisis pionero de Olson toca tres aspectos fundamentales en la problemática de la participación política:

·      Las motivaciones de los individuos
·      La relación entre la acción individual y la acción de grupos
·      La naturaleza y la importancia de los beneficios y los incentivos, individuales o colectivos

La dirección de las motivaciones individuales la recoge Hirschman. El problema consiste en explicar los ciclos de implicación en la participación política; a fases de intensa actividad, siguen fases de retiro, de repliegue, de reflujo, a fases de compromiso en lo público y en la esfera pública siguen fases de retorno a lo privado. La clave de Hirschman la identifica en la búsqueda de la felicidad y en la consiguiente decepción, tanto si la felicidad se perseguía en la esfera de lo privado (el mercado) como en la esfera de lo público (del Estado o de la participación en sus asuntos). La decepción por no lograr en ningún caso de obtener la felicidad.
Hirschman pone en cuestión claramente la tesis de Olson: desde el momento en que el producto y el objetivo de la acción colectiva son de ordinario un bien público a disposición de todos el único modo en que un individuo puede elevar el beneficio que se deriva de la acción colectiva es aumentando su propia contribución, su esfuerzo a favor de la política pública que sostiene. Un individuo realmente inclinado a la maximización intentará ser un activista lo más comprometido posible, la esfera pública no sólo exigirá cada vez más energías, tiempo y recursos, sino que no garantizará la felicidad. Los que son capaces de participar activamente pueden experimentar los riesgos del exceso de compromiso, mientras los que no desean nada más pero tampoco nada menos, pueden sufrir por la implicación parcial, cuando se dan cuenta de que están reducidos esencialmente al voto. Es posible que la misma persona experimenta ambos fenómenos en distintas épocas de su vida.

Hirschman logra fundir de manera convincente las motivaciones individuales hacia la participación política con la dinámica colectiva de los ciclos de compromiso y repliegue. Si las organizaciones en cuestión son capaces de recurrir a incentivos selectivos, dirigidos a movilizar de manera diferenciada a sus también diferenciados afiliados. Clark y Wilson elaboraron una distinción tripartita entre incentivos materiales, de solidaridad y orientados al objetivo.

Los distintos incentivos serán utilizados por las distintas organizaciones de manera selectiva. Los incentivos materiales son recompensas tangibles. Los incentivos de solidaridad afectan al sentido de identidad entre los miembros de la organización, al prestigio. Los incentivos orientados al objetivo se refieren a elementos intangibles, a veces de carácter ideal o ideológico.

Los incentivos no sólo pueden cambiar las motivaciones de los individuos, sino que también las organizaciones pueden poner a disposición de sus miembros incentivos diferentes que reflejen las cambiantes circunstancias. Por ejemplo, en una amplia investigación realizada sobre el Partido comunista italiano, autores lograron establecer tres tipos de militantes:

1.    Una concepción fuerte y totalizante del partido, definida en base a rasgos generales pertenecientes a la tradición (partido-ideal)
2.    Una concepción fuerte definida por objetivos generales de transformación social (partido-proyecto)
3.    Una concepción débil y sectorial, definida por objetivos o rasgos particulares y/o contingentes (partido-instrumento)

Esta distinción tripartita muy discutida, puede relacionarse con facilidad con los tres tipos de incentivos señalados antes.

Resulta ahora también más claro por qué la opción de participar puede ser racional para muchos individuos, si la racionalidad del actuar no se avalúa simplemente en base a criterios de utilidad económica. Surge una visión más matizada y articulada del proceso psicólogico y social, que motiva a los individuos a participar y que construye, hace funcionar y transforma a las propias organizaciones en el transcurso del tiempo. Esta exposición se queda incompleta si no logra extenderse hasta las oportunidades de los individuos en las organizaciones.

Roberto Michels formula la “ley de hierro de la oligarquía”, aseguraba de una vez por todas la imposibilidad de la democracia en las organizaciones complejas, y más concretamente en los patricios políticos. La tesis ha sido reformulada por Juan Linz en torno a una gama de fenómenos que pueden aparecer en las organizaciones y dar cuerpo a las tendencias oligárquicas señaladas por Michels:

1.    La formación de un liderazgo
2.    La formación de un liderazgo profesional y su estabilización
3.    La formación de una burocracia, de un complejo de empleados con tareas concretas y pagados regularmente
4.    La centralización de la autoridad
5.    La sustitución de los fines y en especial el desplazamiento de los fines últimos a fines instrumentales
6.    La creciente rigidez ideológica
7.    La creciente diferencia entre los intereses y/o los puntos de vista de los líderes y los de los miembros y el predominio de los intereses de los líderes sobre los de los miembros
8.    La elección de nuevos líderes mediante cooptación por parte d elos líderes en activo
9.    La disminución de la posibilidad de que los miembros normales ejerzan una influencia sobre los procesos de decisión, aunque lo deseen
10. El desplazamiento, de una base electoral clasista a una base electoral más amplia

Sólo las características 7 y 8 son antidemocráticas y la 5 y 10 señalan el abandono de los fines revolucionarios. Michels subraya que existen procesos internos a las organizaciones políticas complejas que hacen desvanecerse la participación política y convierten a las organizaciones en presa fácil de las oligarquías.

Hirschman distingue tres modalidades a través de las cuales los inscritos en una organización de la propia organización: la protesta, la defección y la lealtad. Frente a opciones desagradables y comportamientos inaceptables, los afiliados pueden activar su protesta explícita a través de los canales existentes y tratar de cambiar las opciones y reformar los comportamientos. También pueden abandonar sin más la organización. La defección es costosa y se puede producir cuando la protesta fracasa y cuando tener una alternativa no sólo es posible, sino esencial. En la lealtad, es un comportamiento no previsto, no de simple y pasiva aceptación, sino de reafirmación del apoyo en momentos difíciles, de opciones controvertidas. Hirschman añade la lealtad, lejos de ser irracional, puede responder al objetivo socialmente útil de impedir que el deterioro sea acumulativo como en cambio suele ocurrir cuando la defección no conoce obstáculos.

El análisis de Hirschman tiene la doble virtud de dirigir la atención sobre las diferentes modalidades de la participación política y de sus expresiones y la estrecha relación existente entre naturaleza de las organizaciones y alternativas de participación. La política moderna está hecha de y por organizaciones. Y ningún análisis de la participación política puede prescindir de ellas. La política moderna es competición, encuentro-choque entre grupos de modo que resulta indispensable ahora desplazar la atención hacia aquellos fenómenos de agregación política, grupos de intereses y movimientos colectivos, que representan a la vez lugares e instrumentos de participación política.


lunes, 13 de enero de 2014

Resúmenes Sociología Política Parte 37

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

B.- Perspectivas teóricas en el estudio de la participación

Damos por supuesto que las asociaciones y movimientos sociales son respuestas racionales que no excluye lo afectivo emocional, a determinadas tensiones, conflictos o problemas individuales o colectivos. Consideramos que enfoques teóricos anteriores que otorgan un carácter básicamente irracional a las acciones colectivas están superados o integrados en enfoques posteriores, por lo que obviamos su descripción. Existen dos posibilidades clásicas para abordar la explicación:

·      Centrarse en los actores sociales, en sus percepciones de la realidad, en su conciencia y valores y elevarse desde ahí a las consideraciones socio-estructurales y políticas.
·      Atender a los cambios y condiciones estructurales e inferir de ahí los cambios ideológicos y actitudinales de los actores.

Esta dicotomía, además de atender a distintos niveles de interés analítico, divide las teorías subjetivas o del actor, cuyo énfasis se centra en las personas, sus motivaciones y dimensiones subjetivas; y teorías objetivas o estructurales que explican las estructuras económicas, sociales y políticas.

1.- Nivel individual-microsociológico. Teorías subjetivas o del actor social

Desde una perspectiva de análisis macrosociológico centrado en los individuos, las cuestiones relacionadas con los intereses que animan o motivan a las personas a la participación en acciones colectivas: las teorías de la elección racional, las teorías de la identidad y la teoría de la construcción social de la realidad y sus aplicaciones al estudio de la movilización.

1.1.        Individuo y elección racional

Centra su atención en el estudio de las estrategias que adoptan los individuos en defensa de intereses individuales a través de la acción colectiva. El cálculo de la relación coste/beneficio de la acción; como racionalidad instrumental. Olson entiende la lógica (racional(instrumental) de la acción colectiva como la maximización de interese individuales privados, a través de acciones colectivas públicas. La teoría de la elección racional sostiene que las acciones colectivas no vienen motivadas por sentimientos de privación o por un interés en relación con fines sociales, sino que son las expectativas de obtención de un provecho particular la que motivan a los individuos para comprometerse políticamente: un individuo racional no se afiliará a una organización, o no participará en los esfuerzos por conseguir los fines que ésta promueve, si considera que participe o no él, individualmente, recogerá los mismos beneficios que si lo hubiera hecho. Se conoce como el dilema del free rider (del “aprovechado” o del “gorrón”). El problema de esta visión es que ofrece argumentos para aclarar por qué las personas no se implican en acciones colectivas pero queda sin explicar por qué sí lo hacen otras muchas. Según Olson se explicaría, tan sólo, cuando existan “incentivos selectivos”; medidas que se aplican individualmente a los miembros de una organización con el fin de estimular su participación en la misma. Pueden ser recompensas como sanciones sociales. Para Olson los individuos racionales, maximizadotes de sus interese particulares, no actuarán en una organización a no ser que ésta aplique algún tipo de incentivo selectivo.

Oberschall amplia el concepto de incentivo selectivo contribuyendo a abrir una interesante línea argumental. Estipula como condiciones mínimas la existencia de hostilidades compartidas hacia ciertos grupos; la existencia de un sentimiento colectivo de agravio. La movilización se producirá en función de la relación existente entre riesgos y recompensas derivados de la acción. La diferencia fundamental se encuentra en que para Oberschall el término “recompensa” recoge no sólo los beneficios económicos instrumentales sino que contempla también las ganancias en términos de prestigio, de status social y satisfacción personal que se derivan para la persona de su participación en algún tipo de movilización.

Albert Hirschman considera que el dilema de la acción colectiva se supera incorporando los beneficios expresivos a los instrumentales que puede derivarse de la participación, donde la elección individual se entiende como expectativa de satisfacción subjetiva. El dilema del free-rider se resuelve porque los ciudadanos obtienen una recompensa personal del hecho de participar. El punto divisorio claro entre el segmento del costo y el segmento del placer en las actividades de la vida privada, tiende a desaparecer en el caso de las actividades públicas. Es la satisfacción obtenida o esperada, en términos subjetivos, la que permite explicar la participación.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 4

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

Problemas metodológicos

La teoría de la modernización ha sufrido críticas devastadoras sobre todo por la posibilidad misma de que se pueda construir concepto alguno de modernización. Incluso se ha llegado a discutir su estatuto científico.

Cuestiones metodológicas problemáticas: la del sentido del cambio, la del control de los cambios y la del origen del cambio.

El sentido de la modernización

Cuál se la forma que adopte la tendencia de los procesos de cambio modernizador. El modelo de cambio que propone aquella metodología histórica que niega toda posibilidad de establecer leyes explicativas de la historia, por lo que ésta quedaría reducida a la mera sucesión cronológica de inciertos e imprevisibles acontecimientos puntuales. También incurren en este sesgo aquellas teorías sociales del conflicto, la guerra, el cambio social, las crisis políticas o la Revolución que intentan describir estos hechos como sucesos enteramente fortuitos, espontáneos y catastróficos, a lo que se ha llamado una teoría eruptiva o espasmódica de la historia.

Wrigley o Gellner, a la hora de identificar cuáles sean las causas últimas de la modernización histórica, rechazan la búsqueda de la causalidad explicativa y la sustituyen por la causalidad del azar. Para Wrigley el moderno crecimiento económico empezó antes de la Revolución industrial como consecuencia de una suerte de extraña combinación entre explosión comercial y capitalización agraria; pero tanto ese capitalismo preindustrial como su posterior conversión a la industrialización no fueron sino estricto producto de la causalidad, Gellner propone la casual coincidencia de una serie de hasta 15 concausas combinadas entre sí, cuya contingente canalización y reacción en cadena sólo habría podido ocurrir como subproducto espontáneo puramente casual.

La alternativa es postular la existencia de alguna clase de continuidad histórica, capaz de vincular entre sí a los hechos que se suceden. En realidad, los datos que se producen en bruto lo hacen en forma de dientes de sierra, con una irregular distribución de alzas y bajas que se alternan de manera imprevisible y errática ¿puede reconocerse la existencia de alguna clase de tendencias a largo plazo? Dos clases de curva tendencial se han propuesto; la cíclica y la lineal:

  • Las interpretaciones cíclicas, producen una secuencia recurrente de eterno retorno de lo mismo. Parecen destinadas a negar el paso de la historia, que siempre regresaría a sus orígenes primigenios. Su inmovilismo histórico; su antihistoricismo, les haya hecho caer en el descrédito, es la irreversibilidad de la historia: todo cambia tan irrevocablemente a nuestro alrededor que cualquier posible retorno resultaría perfectamente irreconocible.
  • Los cambios modernizadores han tratado de ser también explicados mediante interpretaciones cíclicas, Se le puede encontrar alguna tendencia ondulatoria, pendular u oscilante al vaivén de alzas y bajas en dientes de sierra de los erráticos cambios coyunturales. Puede sumarse a alguna otra clase de tendencia a largo plazo, sea ésta el equilibrio ultraestable o el crecimiento autosostenido.
  • Los modelos cíclicos son muy discutidos, pues presentan problemas derivados no sólo de la mala calidad de los datos que se aportan como prueba, los que les hace difícilmente comparables, sino también porque para ser creíbles precisarían disponer de alguna clase de diagrama de fuerzas, capaz de explicar el mecanismo que impulsa su ondulación pendular.
  • La de plantear una tendencia lineal a largo placo. Una de las posibilidades de tendencia lineal es la ultraestabilidad homoestática del equilibrio general, representada por la conocida expresión de Lampedusa: “Es preciso que todo cambie para que todo siga igual”. Es éste el principal supuesto de la sociología funcionalista (Parsons) y del análisis económico neoclásico: la de que todos los cambios son explicables como correcciones que reequilibran los desequilibrios previamente generados. Si hay una estable equilibrio estructural ya no puede haber modernización real, cuyo concepto implica necesariamente una básica restructuración radical.

Pero esta tendencia lineal hacia la estabilidad ni es la única posible: quedan la progresiva, de crecimiento lineal a largo plazo, y la regresiva, de declive o decadencia lineal a largo plazo. Esta última es la tendencia que podemos llamar de historia natural; la inevitable degradación final de todo organismo viviente, hasta terminar en su definitiva muerte. El modelo regresivo sólo puede aparecer como la consecuencia final de un anterior modelo progresivo.

Toda tendencia lineal que no sea puramente ultraestable o inmovilista conduce necesariamente a identificarse con la línea de progreso, entendido como el sentido último que adoptan los procesos de modernización. Toda la teoría de la modernización es en definitiva heredera del concepto dieciochesco e ilustrado de progreso, surgido como traducción secularizada de la filosofía de la historia de san Agustín.

Nos hallamos ante una escatología teleológica, que le atribuye alguna clase de sentido final, necesariamente redentor y salvacionista, a la historia par alo cual se precisan tres ingredientes igualmente metafísicos:

·      Una dicotomía como la agustiniana, que oponga dos estadios contrapuestos, el originario del que se parte y el redentor del término final.
·      Un acontecimiento irreversible que suponga alguna clase de divisoria histórica, capaz de marcar el antes de frente al después de.
·      Y una irrefutable convicción mesiánica sobre la incomparable superioridad moral del destino final respecto al origen inicial.

Todas las teorías de la modernización presentan los tres requisitos antedichos, una dicotomía entre lo tradicional o premoderno y lo plenamente modernizador.
Si bien la modernidad se identifica con la obra del progreso, no siempre está muy claro qué es lo que se supone que progresa con la modernidad. Las teorías de la modernización pueden subdividirse en dos grandes clases:

·      Aquellas mayoritarias que presuponen que con la modernización progresa el bienestar social.
·      Frente aquellas otras que, según el modelo disidente de Weber, se temen que con la modernización lo que progresa es el malestar social.

Los críticos antimodernos, sigue habiendo crecimiento y desarrollo pero no del bienestar sino del malestar, hablamos de regresión. Es la tesis de la jaula de hierro weberiana, donde se ha perdido por completo el significado humano de la vida, y en la que terminaría por enjaularse sin posible salida la sociedad hiperrracionalizada.

El control del cambio modernizador

La posibilidad existente de dirigirlos o no ¿son susceptibles de obedecer a alguna dirección? ¿Puede programarse, o gobernarse, el cambio modernizador? La primera modernización originaria (hacia 1700) fue puramente espontánea e inconscientemente: nadie advirtió lo que sucedía hasta que ya fue demasiado tarde para cambiarlo. Todas las demás experiencias modernizadoras que se han producido posteriormente ya se han hecho autoconsciente.

El pensamiento conservador siempre ha partido del supuesto de que la historia, al igual que sucede con las instituciones que son su resultado, no puede reconstruirse artificialmente, sino que es el subproducto natural de las imprevisibles interacciones humanas. Todos los demás procesos históricos serían también radicalmente espontáneos, y todos los intentos de corregirlos o reconstruirlos artificialmente estarían condenados a fracasar.

Esta tesis de la perversidad (Hirschman) no sólo invalida las posibilidades de cambiar la Historia que abriga toda revolución sino que además invalida las virtualidades de la teoría de la modernización. La teoría de la modernización nació en los 50 como auxiliar académico de las políticas de cooperación para el desarrollo que los occidentales suministraban a los nuevos países recientemente independizados que trataban de iniciar sendas de crecimiento económico acelerado.

La teoría de la modernización partiría de la hipótesis de que el desarrollo sí puede ser dirigido y controlado: que un gobierno, mediante de auxilio de políticas públicas ad hoc, puede programar y planificar el cambio modernizador.

Si lo planteamos así (como una disyuntiva entre si se puede, o no, programar el cambio modernizador), caemos en un falso problema, pues hay cambios evidentemente programables y otros que no lo parecen tanto. Fergurson decía, la historia es el resultado de las acciones humanas, y no de las intenciones humanas. O Marx: de que los hombres hacen la historia pero no saben que la hacen. La humanidad es el sujeto de la historia, pero su protagonismo es de naturaleza no intencional: un subproducto necesariamente imprevisto.

Dada la existencia cierta de inciertas consecuencias imprevistas, éstas pueden clasificarse en tres grandes grupos:

  1. Las neutrales, que no defraudan las expectativas de sus autores.
  2. Las positivas, que satisfacen las expectativas abrigadas.
  3. Las negativas, que las defraudan.


Constantemente se estén dando, imprevisiblemente mezcladas, las tres clases de consecuencias imprevistas.

A esto es a lo que se ha llamado la heterogonía de los fines (Stark). Los dos ejemplos más conocidos son el de Adam Smith, y su mano invisible, y el de Bernard de Mandeville y su Fábula de las abejas. Pero el extremo opuesto, y mucho más pesimista, es el de Weber, que sólo advierte la acción histórica de las consecuencias imprevistas negativas. De ahí los procesos de dirección o domesticación del cambio modernizador, como en el caso del aprendiz de brujo, terminen por pervertirse y volverse contra los deseos de sus autores.

Tanto el caso optimista como en el pesimista nos hallamos ante la misma imposibilidad de controlar intencionalmente los procesos de modernización, cuyo margen de imprevisibilidad e incertidumbre sería tan amplio que impediría toda posibilidad de programarlo por anticipado.