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domingo, 10 de diciembre de 2017

Arjun Appadurai, un antropólogo en la corte de las finanzas

Artículo de Héctor Pavon publicado en Clarín el 1/12/2017

Arjun Appadurai. Foto: David Fernández
Parece estar siempre de buen humor Arjun Appadurai. Será para contrarrestar el universo de pesadumbres y violencias políticas y sociales en el cual suele internarse. De las minorías, sus derechos, a la agresividad del mundo financiero vuela sin escalas. Habla rápido y conecta ideas, tiempos y lugares con precisión. Es antropólogo y posee una mirada inquieta: no se le escapa detalle de lo que pasa a su alrededor en el hall del más clásico y refinados de los hoteles de la ciudad. Estuvo en Buenos Aires invitado por la Fundación Medifé, dio una conferencia en el Malba acompañado por su colega Alejandro Grimson y trajo bajo el brazo su reciente libro Hacer negocios con palabras (Siglo XXI).

En este trabajo, Appadurai aborda el capitalismo contemporáneo y sostiene que la crisis del sistema financiero de 2007-2008 fue una crisis del lenguaje. ¿Cómo lo explica? A través del concepto de “derivada”. Se trata de un activo que posee un valor encadenado al de otro activo que a su vez, también puede ser derivado. Es por ello que sostiene que este círculo financiero se transforma en un fenómeno lingüístico porque adquiere fuerza en el intercambio. Es decir, cuando dos partes firman un contrato escrito para hacer una transacción y cumplir con lo prometido. El antropólogo explica que el sistema financiero actual está asentado en este papel firmado, muy antiguo, que entró en crisis. Y es aquí donde encuentra una verdadera revolución en la historia del capitalismo: los contratos más lucrativos ya no son esos que las partes honran el pacto inicial. Son aquellos con los que una parte gana sumas siderales cuando el otro no cumple. Parte de estos temas, ya los había tratado en El futuro como hecho cultural (FCE).

Appadurai también aprovechó esta incursión en el mundo financiero para entretenerse con una decena de películas que retratan el mundo financiero como Wall Street; El lobo de Wall Street; La gran apuesta, etcétera. “Esas películas captan el espíritu de Wall Street, la agresión, el estrés, y esa sensación de estar siempre en el límite, en el abismo de la ilegalidad, todos quieren más dinero”.


–O sea que estamos viviendo la era del dinero, de...
–La era de las finanzas o de la financiarización. Es un proceso muy grande y es lo que define nuestros planes.

–¿Desde cuándo estamos viviendo esta época?
–Es algo que comienza en los inicios de los 70 en los EE.UU. cuando un economista y un grupo de estudiantes de negocios crearon un modelo matemático nuevo para poner los valores a futuro. Eso es la financiarización, es decir, la forma en que el dinero se utiliza para obtener más dinero a través de créditos, especulaciones e inversiones. Así se introduce la comercialización de “futuros” de todas las mercancías en esos mercados de mediados del siglo XIX en Estados Unidos. Era imposible saber lo que iba a costar una mercancía en el futuro pero así se valúan las commodities. En realidad no hay suficientes mecanismos para calcular el precio de esos valores. Este modelo de intercambios financieros se intensificó en los 70, 80, 90 y después creció desmesuradamente por más de quince años y lo hizo en un nivel muy muy alto. Y después colapsó en 2007, 2008. Hoy realmente la financiarización domina el mundo de la economía, y tiene efectos en otras cosas.

–¿De qué globalización estamos hablando, cuál es la que usted define?
–Claro, hay diferentes modelos pero lo que veo es que la globalización está regida por la idea del dinero que produce más dinero, y esto tiene que ver con la creación de servicios, la producción de manufacturas, las fábricas. Y lo que veo es que el campo del dinero que hace dinero, el de las finanzas, es el que más está creciendo. La globalización, en realidad, es efecto de esto porque las finanzas provocan las mudanzas de fábricas, por ejemplo. Constantemente se están buscando mercados globales. Ellos siempre están en temporada de caza. ¿Dónde van? Van adonde están los mejores valores, los mejores intercambios, y es por esto que tienen efectos en la política, la cultura, la sociedad incluso si la gente no es consciente de ello. Lo que ocurre con las economías nacionales es que están realmente contentas de pertenecer a este entramado. Qué pasaría si las finanzas fueran realmente eliminadas, si hubiera un control nacional de la economía. Entonces la gente comenzará a sentir que ellos tienen el poder de las fuerzas reales y verían los resultados de esto. Y esos resultados pueden ser muy diversos: populismos, en algunos casos terrorismo, brexit, exit, separatismos como el catalán, por ejemplo. En todos los casos hay conexión con profundas crisis económicas, escenarios de finanzas rotas. A veces la conexión es directa, porque la gente se enoja con los bancos como en Grecia, en Brasil donde las pensiones son cada vez más pequeñas,y en otros casos, la gente no sabe por qué está enojada. La gente no puede vivir si no tiene crédito. Y eso no está bien porque también vemos que hay gente que vive extremadamente bien que lleva el dinero al banco y el banco, a su vez, la trabaja con pensiones, seguros, salud.

–¿Por qué cree que la crisis del 2007-2008 fue un problema lingüístico?
–En la crisis de 2007-2008 cayó un castillo hecho de palabras de contratos, que eran una cadena, una montaña generada por la acumulación de los valores monetarios que venían de las apuestas a precios futuros que nadie puede conocer. Cuando los mercados se detuvieron y no hubo más compradores colapsó la estructura de promesas en la que se apoyó el negocio de las finanzas. En el sector financiero los países latinoamericanos participan de los negocios globales como pasó en Buenos Aires, Río de Janeiro. Los mercados globales financieros encuentran una presencia muy sofisticada en América Latina. Eso no ocurre en otros lugares, ni siquiera en la India, donde ni los bonos ni los fondos buitres son situaciones tan avanzadas. Aquí, en Latinoamérica, hay mercados similares a los europeos o de EE.UU pero se distinguen porque el mercado financiero se basa en la capacidad de producir deuda: deuda estudiantil, de seguros, de consumidor, cada vez que producimos un dólar de deuda, alimentamos esa fe global. Es nuestro dinero que luego se multiplica y todo vuelve a comenzar. Me pregunto si en Latinoamérica, con sus complejidades como región, si no hay preocupación por la relación siempre complicada con el sector financiero.

–Antes de escribir este libro, ¿usted conocía este mundo?
–Publiqué este libro en 2015 pero nació cuando yo era estudiante de posgrado en el Comité de Pensamiento Social de la Universidad de Chicago, fue entonces que tomé contacto con la obra de Max Weber. Escribí pensando en cómo la antropología podía explicar el mundo de las finanzas. Y lo que quise demostrar es que la crisis financiera 2007- 2008 fue una crisis del lenguaje. Su papel en el mercado

–¿La gente común puede entender este mundo?
–En mi opinión esta es la forma en que las operaciones, instituciones se representan a sí mismas, es muy complejo, muy sofisticado que ellos nunca comprenderán. Y no se entiende porque, entre otras cosas, el mundo de las finanzas se compone de gente muy agresiva.

–Hay religión aquí, usted habla del mercado como algo sagrado...
–Claro, lo sagrado, la salvación, etcétera. Esta idea viene de Max Weber, padre de la sociología, que analizó el capitalismo moderno. La religión sería un conjunto de significados y prácticas con el que se hace visible lo invisible y eso es precisamente el costado financiero de nuestras vidas. El mercado –básicamente el de los Estados Unidos– es tomado como un espacio que se confundía con Dios o lo sagrado, tal como lo planteaba Emile Durkheim. O sea, hacer negocios en el capitalismo está relacionado con la salvación. La gente que hace esa suerte de negocios en el capitalismo, hacen algo más que lo simplemente económico. Es un simbolismo que tiene que ver con la religión, la fe, pero no necesariamente se cree en Dios. Esta gente cree en el mercado y en las finanzas. Hay una idea de que el éxito del mercado es poder conectar lo invisible con las fuerzas visibles de nuestro mundo. Y así se termina con cualquier idea de solidaridad o comunidad moral.

–¿Cómo se sale de la antinomia -antigua pero vigente- de regulación del mercado o de la mano invisible del mercado?
–Esa idea está aún ahí en los mercados financieros, y entre los bancos. En sus pensamientos, el mercado es siempre eficiente, todo puede andar mal pero los mercados se creen eficientes y esa vieja idea de la mano invisible del mercado es pensar que el mercado sabe algo: eso es incorrecto. Son desregulados, y se los toma como lo que reúne a Dios y al sacerdote, está detrás de todo. Todo está allí, incluso si la realidad colapsa, si la casa se viene abajo, si el trabajo desapareciera, los mercados seguirían allí. El mercado es inteligente, eficiente, óptimo, ellos se ven a sí mismos como los sacerdotes del mercado. Pregunta: ¿si son dios y sacerdote, por qué no hacen algo mejor? La regulación del estado puede ser una situación tramposa cuando los mercados están un poco a la deriva. Algunos estados han tenido más o menos éxito controlando la capacidad de riesgo de las finanzas. En Latinoamérica ha habido controles, por ejemplo bajo los Kirchner, Pero hay límites, en Europa o en la India –con el banco central– hay controles por parte del estado pero con límites, regulan los bancos y las financieras. Pero en el mundo, la industria financiera empuja siempre un poco, más en los países donde el capitalismo es el más avanzado, donde el mercado es el dios de la biblia.

–El mercado es un ser vivo....
–Hay una palabra que usamos para la eficiencia, es algo nuevo y no es del estilo de Adam Smith. Esa palabra es liquidez. En la liquidez estamos seguros. Ese es el trabajo de un dios, mover el dinero para tener ganancias. Después del colapso, muchos bancos grandes, reforzaron la liquidez tanto porque es importante y porque deben continuar. Liquidez es todo, es conectar, es la nueva forma. El mercado es inteligente y es Dios y por eso estamos seguros, y el mercado es justo.

–El profesor de arte en la Universidad de Columbia, Jonathan Crary en su libro 24/7, tomó como ejemplo el mundo financiero para hablar de quienes trabajan las 24 horas del día, toda la semana. ¿Este ritmo ha contaminado nuestro estilo de vida?
–Es así. Hice una investigación y vi la conexión. Nuestro trabajo está muerto. Estamos aburridos de la tele, de la casa, de estudiar, de ir al club, y cuando estás aburrido, te dedicás a crear dinero y a gastarlo, los bancos lo saben y lo hacen. Esa es la base de la trampa: es el dinero que viene de nosotros. Tu trabajo como periodista y el mío de profesor son importantes para nosotros pero no para el sistema. Sí lo es el del que está en un banco. Todo es aburrido.

–¿Su libro La modernidad desbordada (FCE), fue un libro optimista? Entonces, usted creía en una armonía global. Luego, llegó el 11/9... ¿Qué piensa hoy?
–La idea de que este es un mundo de flujos de personas, ideas, commodities, todavía lo creo de verdad. Esos flujos crecen todo el tiempo. Cuando escribí ese libro en 1996, tenía la idea de que las naciones estaban en una gran posición y eso desapareció. Pero no me equivoqué en la esencia de que las naciones tienen muchos canales como los movimientos sociales, movimientos transnacionales, compañías multinacionales, muchos canales que no son controlados por las naciones. Me criticaron porque decían que era un libro escrito en un clima de celebración, con expectativas de un nuevo mundo de fronteras abiertas, mercados libres y democracias jóvenes. Años después escribí El rechazo de las minorías (Tusquets) analizando cómo esa globalización produjo movimientos etnocidas en los 90 y una guerra contra el islam en el siglo XXI. Muchos ven la globalización con efectos peligrosos, como el terrorismo, es posible porque el dinero influye y sirve para producir drogas, atentados, operaciones, populismos, represión a las minorías, refugiados, ¡mirá Trump! Los indios, por ejemplo, son optimistas, capaces de comunicarse rápido, usan la potencia de los redes sociales, pueden contar historias, usan twitter, tienen resultados maravillosos inmediatamente, hay posibilidades de que pasen cosas buenas con la globalización. Por otro lado, creo que hay sentimientos a los que nadie presta atención y es importante empezar a estudiarlos y seguirlos: ira, odio, envidia, ansiedad. Estas cosas se instalan, muchas veces desde los sectores más reaccionarios.

Artículo de Héctor Pavon publicado en Clarín el 1/12/2017

lunes, 9 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 7

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

El desarrollo del mercado

La idea de buscar en la economía mercantil capitalista el origen del desarrollo modernizador se remonta a Durkheim y antes que a él a Marx y a su maestro Adam Smith. Sus herederos funcionalismo, neomarxismo, liberalismo neoclásico, consideran que lo que llamamos modernización (capitalismo y democracia liberal o revolución burguesa) es producto, en última instancia, de las fuerzas de mercado, que serían así el motor inmóvil desencadenante de todos los demás procesos de desarrollo modernizador, incluyendo el poderío militar, la ciencia o el Estado. Cabe proponer tres modalidades explicativas o versiones diferentes (tipos ideales) de causalidad mercantil, según interpretan la modernización:

  • Como efecto endógeno del propio capitalismo: institución capaz de autodesarrollarse a sí misma generando la industrialización.
  • Como efecto exógeno de las relaciones bilaterales de intercambio, competencia o conflicto entre las partes.
  • Como efecto exógeno de las relaciones multilaterales que se dan en un sistema abierto y plural de mercado, territorialmente jerarquizado.


La primera versión, común al industrialismo desarrollista, al funcionalismo modernizante y a un cierto marxismo, considera que el capitalismo industrial es capaz de autodesarrolarse internamente a sí mismo. Hoy continúan existiendo esfuerzos importantes por rehabilitar los planteamientos funcionalistas sobre bases nuevas. Gellner: ejemplo de cómo se entiende el desarrollo hacia dentro del mercado; fenómenos como la alfabetización y el nacionalismo o el fundamentalismo islámico se consideran un efecto de la modernización y la industrialización, explicables por su funcionalidad para la construcción del mercado y el desarrollo de la sociedad industrial.

Existe otra versión que cabe denominar institucionalista o neoclásica; entiende que la riqueza se autogenera a partir de la propiedad privada. North avanzó una visión del capitalismo que lo identificaba con la moderna institución de la propiedad privada. Las relaciones feudales o precapitalistas de producción no podían generar crecimiento económico autosostenido porque se basaban bien en la propiedad comunal de la tierra o bien en su propiedad compartida. No podía evitarse que el resto de productores se beneficiase igualmente de los recursos comunes, por lo que si alguien intensificaba la explotación la única forma de no salir perjudicado era sumarse a la sobreexplotación común así fue como se agotaron los pastos feudales y se agotan hoy los caladeros de pesca en aguas internacionales. Éstas son las externalidades que hacen que se desperdicie hacia le exterior toda ganancia interna que no pueda ser apropiada privadamente.

Todo esto cambió: la propiedad privada de los recursos productivos, como consecuencia de los cercamientos de la tierra hasta entonces comunal. Si se poseen títulos de plena propiedad (privada o capitalista) sobre los recursos productivos, ya resulta posible tanto el evitar que se agoten por sobreexplotación como el invertir en ellos esfuerzos más rentables, sea éstos innovaciones tecnológicas o inversiones de capital. Para North la institucionalización de la propiedad privada es el gran invento jurídico que revolucionó la historia de la economía, dado que posibilitó que fuese por fin rentable la innovación tecnológica y la inversión productiva, iniciándose la explotación científico-técnica de los recursos productivos y haciéndose así posible el crecimiento autosostenido, con lo que se abrió el paso a la modernización capitalista.

Esa misma propiedad privada capitalista es también resultado histórico de una larga serie de luchas sociales y políticas que North ignora en muy buena medida. No hay propiedad privada sin apropiación previa. Lo que para North es una nueva institución económica para otros es una institución política.

Moore ya situó en la cuestión de los cercamientos el origen de la modernización capitalista. Ésta es la perspectiva utilizada por la corriente principal de la historiografía marxista, que identifica la aparición del capitalismo más como efecto del cambio en las relaciones bilaterales de producción que como efecto de desarrollo endógeno de las fuerzas productivas.

Pero si los marxistas reducen las relaciones bilaterales de producción a la lucha de clases, los liberales consideran otro ejemplo opuesto, aunque también bilateral, con las relaciones de intercambio mercantil entendidas como la principal fuente creadora de riqueza. Entramos en la dimensión puramente comercial, mercantil o transaccional: es el mercado mismo, como sistema de relaciones de intercambio (agregación de actos bilaterales de compraventa), el que generaría la modernización. La fuente de la riqueza es el comercio con el exterior, es la creciente apertura de los mercados lo que genera la gran transformación.

Generalizando para todas las transacciones, pueda hablarse de mano invisible: el mercado crea por generación espontánea su propio orden social automático.

Pero el mercado no consiste sólo en relaciones bilaterales de cooperación, como los contratos de compraventa, pues también se basa en relaciones bilaterales de conflicto y competencia: juegos de suma cero, en los que cada parte sólo gana lo que alguna otra parte ha de perder. La competencia de mercado es el mecanismo institucional. Dado que los mercados son libres y abiertos, existe amplia movilidad social, y por tanto fuerte competencia: relaciones de mercados resulten inestables, volátiles y efímeras.

Que el mercado resulte tan modernizador es por su capacidad de destruir todas las instituciones premodernas que puedan oponer resistencia al progreso moderno: desde el feudalismo y la comunidad tradicional hasta la religión, la moral o la familia. El mercado es tan ciegamente destructor que habrá de terminar por autodestruirse a sí mismo, una vez que haya destruido todas las barreras que todavía lo constriñen. Las actitudes que se han mantenido ante el mercado están fuertemente polarizadas entre quienes lo entienden como creador de riqueza u motor de la modernización y quienes sólo advierten su ingente capacidad de destrucción y autodestrucción.

North: el mercado para constreñirse y eventualmente desarrollarse, precisa ser sustentado por alguna clase de referencia institucional externa: tanto cultural o ideológica, a fin de superar el dilema del free rider. Con especial atención al Derecho, como regulador de las reglas de intercambio, y al Estado, como defensor de la propiedad privada, garante del orden social y prerrequisito funcional del mercado. Los mercados estén anclados en un lecho extraeconómico de instituciones capaces de garantizar su continuidad social.

El tercer tipo de versión mercantil de la modernización multilateral: aquí el crecimiento, el progreso o el desarrollo ya no surgen sólo de las relaciones bilaterales de conflicto, ahora precisan además de relaciones multilaterales de interdependencia, capaces de articular y estructurar los mercados. Los mercados presentan diferenciaciones internas que los estructuran como un sistema global, atravesado por relaciones jerárquicas de interdependencia. Estas redes mercantiles supralocales, primero regionales, después nacionales y por último internacionales y mundiales, conforman los mercados como sistema multilaterales.

Esta versión está representada por el modelo economía-mundo ( o sistema mundial moderno): el crecimiento autosostenido sólo surge de las virtudes comerciales del intercambio. Quienes se especializan son las unidades espaciales, jerarquizadas entre sí: las regiones, los países y los Estados nacionales, distribuidos concéntricamente entre el centro más antiguo del mercado mundial y la periferia más tardíamente incorporada. Y la división internacional del trabajo consiste en relaciones desiguales de intercambio. El sistema es dinámico, pues necesita expandirse constantemente para que la tasa de explotación de la periferia pueda seguir creciendo.

El modelo del sistema mundial (Wallerstein) compatible con las teorías de la dependencia. Que tratan de explicar la supuesta imposibilidad actual que experimentarían los países del Tercer Mundo para alcanzar el desarrollo económico como un efecto de la sobreexplotación imperialista que estarían padeciendo. Puede igualmente relacionarse con los modelos actuales que también conciben una economía global o mundializada en la que cada mercado local depende de la posición que ocupe en la división internacional del trabajo. No cabe hablar de centro y periferia más que provisionalmente, pues el sistema económico internacional ya es pluripolar, policentrico y multuilateral.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 4

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

Problemas metodológicos

La teoría de la modernización ha sufrido críticas devastadoras sobre todo por la posibilidad misma de que se pueda construir concepto alguno de modernización. Incluso se ha llegado a discutir su estatuto científico.

Cuestiones metodológicas problemáticas: la del sentido del cambio, la del control de los cambios y la del origen del cambio.

El sentido de la modernización

Cuál se la forma que adopte la tendencia de los procesos de cambio modernizador. El modelo de cambio que propone aquella metodología histórica que niega toda posibilidad de establecer leyes explicativas de la historia, por lo que ésta quedaría reducida a la mera sucesión cronológica de inciertos e imprevisibles acontecimientos puntuales. También incurren en este sesgo aquellas teorías sociales del conflicto, la guerra, el cambio social, las crisis políticas o la Revolución que intentan describir estos hechos como sucesos enteramente fortuitos, espontáneos y catastróficos, a lo que se ha llamado una teoría eruptiva o espasmódica de la historia.

Wrigley o Gellner, a la hora de identificar cuáles sean las causas últimas de la modernización histórica, rechazan la búsqueda de la causalidad explicativa y la sustituyen por la causalidad del azar. Para Wrigley el moderno crecimiento económico empezó antes de la Revolución industrial como consecuencia de una suerte de extraña combinación entre explosión comercial y capitalización agraria; pero tanto ese capitalismo preindustrial como su posterior conversión a la industrialización no fueron sino estricto producto de la causalidad, Gellner propone la casual coincidencia de una serie de hasta 15 concausas combinadas entre sí, cuya contingente canalización y reacción en cadena sólo habría podido ocurrir como subproducto espontáneo puramente casual.

La alternativa es postular la existencia de alguna clase de continuidad histórica, capaz de vincular entre sí a los hechos que se suceden. En realidad, los datos que se producen en bruto lo hacen en forma de dientes de sierra, con una irregular distribución de alzas y bajas que se alternan de manera imprevisible y errática ¿puede reconocerse la existencia de alguna clase de tendencias a largo plazo? Dos clases de curva tendencial se han propuesto; la cíclica y la lineal:

  • Las interpretaciones cíclicas, producen una secuencia recurrente de eterno retorno de lo mismo. Parecen destinadas a negar el paso de la historia, que siempre regresaría a sus orígenes primigenios. Su inmovilismo histórico; su antihistoricismo, les haya hecho caer en el descrédito, es la irreversibilidad de la historia: todo cambia tan irrevocablemente a nuestro alrededor que cualquier posible retorno resultaría perfectamente irreconocible.
  • Los cambios modernizadores han tratado de ser también explicados mediante interpretaciones cíclicas, Se le puede encontrar alguna tendencia ondulatoria, pendular u oscilante al vaivén de alzas y bajas en dientes de sierra de los erráticos cambios coyunturales. Puede sumarse a alguna otra clase de tendencia a largo plazo, sea ésta el equilibrio ultraestable o el crecimiento autosostenido.
  • Los modelos cíclicos son muy discutidos, pues presentan problemas derivados no sólo de la mala calidad de los datos que se aportan como prueba, los que les hace difícilmente comparables, sino también porque para ser creíbles precisarían disponer de alguna clase de diagrama de fuerzas, capaz de explicar el mecanismo que impulsa su ondulación pendular.
  • La de plantear una tendencia lineal a largo placo. Una de las posibilidades de tendencia lineal es la ultraestabilidad homoestática del equilibrio general, representada por la conocida expresión de Lampedusa: “Es preciso que todo cambie para que todo siga igual”. Es éste el principal supuesto de la sociología funcionalista (Parsons) y del análisis económico neoclásico: la de que todos los cambios son explicables como correcciones que reequilibran los desequilibrios previamente generados. Si hay una estable equilibrio estructural ya no puede haber modernización real, cuyo concepto implica necesariamente una básica restructuración radical.

Pero esta tendencia lineal hacia la estabilidad ni es la única posible: quedan la progresiva, de crecimiento lineal a largo plazo, y la regresiva, de declive o decadencia lineal a largo plazo. Esta última es la tendencia que podemos llamar de historia natural; la inevitable degradación final de todo organismo viviente, hasta terminar en su definitiva muerte. El modelo regresivo sólo puede aparecer como la consecuencia final de un anterior modelo progresivo.

Toda tendencia lineal que no sea puramente ultraestable o inmovilista conduce necesariamente a identificarse con la línea de progreso, entendido como el sentido último que adoptan los procesos de modernización. Toda la teoría de la modernización es en definitiva heredera del concepto dieciochesco e ilustrado de progreso, surgido como traducción secularizada de la filosofía de la historia de san Agustín.

Nos hallamos ante una escatología teleológica, que le atribuye alguna clase de sentido final, necesariamente redentor y salvacionista, a la historia par alo cual se precisan tres ingredientes igualmente metafísicos:

·      Una dicotomía como la agustiniana, que oponga dos estadios contrapuestos, el originario del que se parte y el redentor del término final.
·      Un acontecimiento irreversible que suponga alguna clase de divisoria histórica, capaz de marcar el antes de frente al después de.
·      Y una irrefutable convicción mesiánica sobre la incomparable superioridad moral del destino final respecto al origen inicial.

Todas las teorías de la modernización presentan los tres requisitos antedichos, una dicotomía entre lo tradicional o premoderno y lo plenamente modernizador.
Si bien la modernidad se identifica con la obra del progreso, no siempre está muy claro qué es lo que se supone que progresa con la modernidad. Las teorías de la modernización pueden subdividirse en dos grandes clases:

·      Aquellas mayoritarias que presuponen que con la modernización progresa el bienestar social.
·      Frente aquellas otras que, según el modelo disidente de Weber, se temen que con la modernización lo que progresa es el malestar social.

Los críticos antimodernos, sigue habiendo crecimiento y desarrollo pero no del bienestar sino del malestar, hablamos de regresión. Es la tesis de la jaula de hierro weberiana, donde se ha perdido por completo el significado humano de la vida, y en la que terminaría por enjaularse sin posible salida la sociedad hiperrracionalizada.

El control del cambio modernizador

La posibilidad existente de dirigirlos o no ¿son susceptibles de obedecer a alguna dirección? ¿Puede programarse, o gobernarse, el cambio modernizador? La primera modernización originaria (hacia 1700) fue puramente espontánea e inconscientemente: nadie advirtió lo que sucedía hasta que ya fue demasiado tarde para cambiarlo. Todas las demás experiencias modernizadoras que se han producido posteriormente ya se han hecho autoconsciente.

El pensamiento conservador siempre ha partido del supuesto de que la historia, al igual que sucede con las instituciones que son su resultado, no puede reconstruirse artificialmente, sino que es el subproducto natural de las imprevisibles interacciones humanas. Todos los demás procesos históricos serían también radicalmente espontáneos, y todos los intentos de corregirlos o reconstruirlos artificialmente estarían condenados a fracasar.

Esta tesis de la perversidad (Hirschman) no sólo invalida las posibilidades de cambiar la Historia que abriga toda revolución sino que además invalida las virtualidades de la teoría de la modernización. La teoría de la modernización nació en los 50 como auxiliar académico de las políticas de cooperación para el desarrollo que los occidentales suministraban a los nuevos países recientemente independizados que trataban de iniciar sendas de crecimiento económico acelerado.

La teoría de la modernización partiría de la hipótesis de que el desarrollo sí puede ser dirigido y controlado: que un gobierno, mediante de auxilio de políticas públicas ad hoc, puede programar y planificar el cambio modernizador.

Si lo planteamos así (como una disyuntiva entre si se puede, o no, programar el cambio modernizador), caemos en un falso problema, pues hay cambios evidentemente programables y otros que no lo parecen tanto. Fergurson decía, la historia es el resultado de las acciones humanas, y no de las intenciones humanas. O Marx: de que los hombres hacen la historia pero no saben que la hacen. La humanidad es el sujeto de la historia, pero su protagonismo es de naturaleza no intencional: un subproducto necesariamente imprevisto.

Dada la existencia cierta de inciertas consecuencias imprevistas, éstas pueden clasificarse en tres grandes grupos:

  1. Las neutrales, que no defraudan las expectativas de sus autores.
  2. Las positivas, que satisfacen las expectativas abrigadas.
  3. Las negativas, que las defraudan.


Constantemente se estén dando, imprevisiblemente mezcladas, las tres clases de consecuencias imprevistas.

A esto es a lo que se ha llamado la heterogonía de los fines (Stark). Los dos ejemplos más conocidos son el de Adam Smith, y su mano invisible, y el de Bernard de Mandeville y su Fábula de las abejas. Pero el extremo opuesto, y mucho más pesimista, es el de Weber, que sólo advierte la acción histórica de las consecuencias imprevistas negativas. De ahí los procesos de dirección o domesticación del cambio modernizador, como en el caso del aprendiz de brujo, terminen por pervertirse y volverse contra los deseos de sus autores.

Tanto el caso optimista como en el pesimista nos hallamos ante la misma imposibilidad de controlar intencionalmente los procesos de modernización, cuyo margen de imprevisibilidad e incertidumbre sería tan amplio que impediría toda posibilidad de programarlo por anticipado.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Las formas de la desigualdad

Artículo de José María Ruiz Soroa publicado en El Pais el 17 de septiembre de 2013
Gracias a Víctor Riesgo por compartirlo.


Raquel Marín
Escribía el sociólogo Barrington Moore que la desigualdad ha sido un hecho universal en las sociedades humanas dotadas de escritura. Por ello, lo más interesante de este fenómeno no es tanto su pura constatación, ni siquiera la medición del grado cuantitativo que alcanza, sino el estudio de las formas concretas que adopta la desigualdad en cada sociedad y época concretas, así como los principios que cada cultura utiliza para legitimarlas a los ojos de sus miembros.
Dado que la desigualdad económica ha vuelto a ser un tema de actualidad, resulta conveniente analizar las formas más llamativas que adopta esa desigualdad hoy en día en una sociedad europea como la española. Porque si la desigualdad es una constante, las desigualdades son distintas: si hablamos solo de la primera de una manera genérica corremos el riesgo de recaer en clichés manidos que poco aportan a la comprensión de la realidad, por muy cargados de emoción que estén. Así sucedía hace poco en este diario con un autor que celebraba el redescubrimiento de que en la sociedad existen las clases que Marx estudió en su momento. Un hallazgo de más que dudoso valor.
Aquí queremos contextualizar en su particular diversidad dos de las más llamativas desigualdades económicas que tienen lugar entre nosotros. La primera, la de ese reducido estrato social que acapara una porción de renta descomunal por relación a su tamaño numérico, los que se suelen denominar como “upper-class”, y que en lenguaje más popular son “los ricos”. La segunda, la del amplísimo estrato de los que están excluidos del trabajo suficientemente remunerado, bien por hallarse en paro bien por poseer empleos que no proporcionan un nivel de vida digno.
Con respecto a los ricos, hay que empezar con la constatación bastante obvia de que el siglo XXI es en materia de desigualdad una época weberiana, no una marxista. Vamos, que la riqueza no conecta con la propiedad sino con la burocracia, en concreto con la organización gestora de los conglomerados empresariales y financieros. Como Max Weber anunció, el uso exclusivista de la información por parte de quienes se sitúan en lo más alto de las burocracias es lo que les permite fundar su poder, en este caso el de apropiación privilegiada de rentas. El capitalismo actual es un capitalismo de gestores, no de propietarios. La propiedad de los conglomerados empresariales o financieros se disemina entre los muchos, pero esos muchos desinteresados confían la gestión a los pocos. Es un fenómeno económico conocido que ya Adam Smith anotaba con preocupación en sus albores como posible fuente de “insensatez, negligencia y derroche”, palabras que suenan a conocido después lo ocurrido anteayer en el pistoletazo de salida de la crisis.

El gobierno corporativo se materializa en una relación de agencia descompensada, en la que el agente domina al principal y es capaz de imponer sus propios intereses particulares a los del conjunto que se le ha confiado, no digamos al de sus pasivos propietarios. Las empresas son burocracias, como los partidos políticos, y por ello están sometidas a las mismas leyes de hierro de la oligarquía de control. Y no se percibe, de momento, manera de desactivarlas desde la propia economía.
De esta forma concreta de desigualdad económica interesa destacar dos aspectos: por un lado, la proximidad amistosa de la élite managerial privada con la élite político-burocrática, una interpenetración (¿complicidad?) que contribuye a sostener el andamiaje con el que los gestores desvían en su favor las rentas de situación correspondientes. Porque solo desde la política podría controlarse esta forma de saqueo organizada. Pero la política no percibe incentivos concretos para intervenir autoritariamente en ese mundo, algo que, por otro lado, le generaría dificultades sin cuento en el corto plazo.
El otro aspecto es el de la legitimación social, es decir, los valores socialmente difusos que permiten a este estrato obtener unos rendimientos tan descomunales sin mayor oposición. Las sociedades occidentales aceptan hoy sin mayor cuestionamiento (también los medios creadores de opinión son dirigidos por gestores) la idea de que los conocimientos o habilidades especiales de un individuo legitiman sin más su renta superior, y además no poseen ningún criterio sobre sus límites (¿cuántos cientos de miles de euros debe ganar un cirujano cardiovascular o un gestor habilidoso de fondos?). Se cree, con inexplicable ingenuidad, que hay un mercado que lo determina adecuadamente.
Esta aceptación acrítica de esta desigualdad concreta implica que no se percibe que el éxito individual es en gran parte el fruto de una previa organización social muy compleja, de manera que el mérito (si de tal hay que hablar) es social y no individual. De nada le valdría a Ronaldo su peculiar habilidad con la pierna si no se hubiera desarrollado la sociedad en que crece. Pero es que, además, existe una peculiar tautología en la explicación social funcionalista de la desigualdad managerial: las élites afirman que su alta retribución se debe al hecho de que desarrollan una actividad especialmente necesaria y apreciada, pero la única prueba de ello es el hecho de que reciben una retribución muy alta. Una circularidad argumentativa carente de corroboración externa. Y es que el darwinismo siempre fue una explicación “excesiva” en lo social, pues justifica cualquier desigualdad existente por el simple hecho de existir.

Por su parte, la exclusión económica de la parte de población que carece de empleo retribuido dignamente obedece sin duda a razones económicas conectadas a la exposición a una globalización acelerada. Quienes no pueden situarse en Occidente en un nicho particular de trabajos protegidos de la competencia mundial, ven desplomarse su retribución o su empleabilidad, que tiende a igualarse a la de sus homólogos orientales, y engrosan las filas de un estrato nuevo: la de quienes, aun trabajando, no podrán vivir. Dicho de otra forma, parece bastante cierto que las sociedades desarrolladas no pueden dar trabajo aceptable a todos sus miembros: la contradicción fundamental es que todos necesitan trabajar para vivir, pero que la sociedad no necesita del trabajo de todos para crecer.
El frío dato globalizador oculta, además, unas contradicciones de segundo orden que son tan llamativas como deliberadamente ocultadas: las que operan entre generaciones o, si se prefiere, entre el tiempo presente y el futuro. Las sociedades europeas son de hecho unos sistemas económicos depredadores del futuro, y quienes viven razonablemente bien en ellas lo hacen a costa de la exclusión de las generaciones más jóvenes. El sistema económico está organizado para sostener el estatus de los perceptores de rentas medias mediante ayudas públicas cuyo coste está diferido al futuro. De manera que la mayor parte de las generaciones jóvenes nunca vivirán como sus precedentes, pero financiarán la prosperidad actual de estos. Esta es una contradicción que ninguna ideología política de las existentes está capacitada para asumir y desarrollar, por lo que se la ignora tanto en la práctica política como en el discurso público. Por otro lado, no resulta difícil mantener engañada a la generación más joven mediante el uso de utopías críticas sobre el sistema económico en general.
La crisis económica actual y su difícil salida está emborronando ese hecho: nunca habrá ya buenos trabajos para todos porque nunca se precisará de tanto trabajo humano. Y si eso es así, la única salida social posible es romper la conexión hasta hoy ineluctable entre trabajo y supervivencia. La sociedad deberá garantizar la vida digna a todos con independencia de que trabajen o no. Algo que implica un cambio revolucionario, no tanto en la práctica económica (en donde en realidad se consumen ya hoy enormes esfuerzos fiscales para mantener trabajos no necesarios), como en las mentes. Resultará muy difícil (y tendrá consecuencias sociales probablemente insospechadas) avanzar en una desvinculación manifiesta entre trabajo y vida. El paradigma del ser humano ha sido el del homo laborans durante la mayor parte de su existencia en la tierra, y cambiar la conciencia de esa mismidad costará más que cambiar la realidad objetiva misma. Y, sin embargo, no parecen existir muchas alternativas.
J. M. Ruiz Soroa es abogado.

Artículo de José María Ruiz Soroa publicado en El Pais el 17 de septiembre de 2013
Gracias a Víctor Riesgo por compartirlo.



sábado, 27 de julio de 2013

Resumen Ideología y Utopía Paul Ricoeur Parte 3


Marx: El “Primer Manuscrito”

“Primer manuscrito” de los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, sección “Trabajo enajenado”.

¿Cómo podemos relacionar los Manuscritos con una investigación sobre la ideología? El término ideología no aparece en el texto. El problema que supone una reducción completa a la vida del trabajador individual como contrapartida de todos los sistemas ideológicos. Los Manuscritos son importantes en nuestra indagación por dos razones:

1.    El tipo de realidad que ha de oponerse a la ideología se hace cada vez más específico. La evocación ideológica de entidades abstractas trascendentes se diferencia ahora de la condición de los individuos humanos entendidos como seres que viven u obran en situaciones sociales.
2.    Los Manuscritos ofrecen un marco que explica la génesis de las entidades ideológicas que han de repudiarse. Los Manuscritos suministran un modelo para construir el concepto de ideología como inversión de una relación con las cosas, con el trabajo, etc.

El concepto de ideología representará una extensión de este proceso de inversión a esferas tales como el derecho, la política, la ética, el arte y la religión; para Marx estos dominios serán precisamente las esferas ideológicas. La transformación en virtud de la cual la esencia subjetiva del trabajo queda abolida y perdida frente a un poder que parece gobernar la existencia humana se convierte en el paradigma de todos los procesos similares. Lago humano se ha invertido en algo que parece exterior, superior, más poderoso y a veces sobrenatural.

Podemos observar toda clase de intercambios entre el concepto feuerbachiano se vaciamiento del individuo en el trabajo divino y humano que se invierte a su vez en el poder ajeno del dinero. La creciente tendencia dogmática del marxismo es hablar de una derivación de todas las alienaciones partiendo de una alienación fundamental, la alienación económica. Los Manuscritos no hablan en ninguna parte de ideología, pero que en todas partes se refieren indirectamente a ella.

Entfremdete es una de las dos palabras claves del texto, palabras que en Hegel hasta cierto punto pueden distinguirse, pero que en Marx son términos sinónimos. La otra palabra es entäusserte; significa externalizar, extrañamiento y alienación, son términos rigurosamente sinónimos en Marx. El método de Marx consiste en lo que él llama premisas de la economía política.

Marx tiene en cuenta un análisis anterior, el análisis de los economistas británicos. Reconoce a esos economistas un descubrimiento capital: la riqueza se crea, no por la fertilidad del suelo, como habían sostenido los fisiócratas, sino por el trabajo humano. Para Marx, este Factum de la economía política implica varias consecuencias identificadas por Adam Smith:

1.    La agricultura es ahora una parte de a industria; se ha producido un desplazamiento desde a productividad y fertilidad del suelo a la productividad del trabajo humano. El suelo es productivo sólo porque se le aplica el trabajo humano.
2.    Con el alza del lucro del capital, las utilidades de la tierra como tierra desaparecen.
3.    La tierra, el campo, se convierte en una forma de capital, puesto que tiene la misma relación que el capital móvil, mudable, con los beneficios de su poseedor, podemos decir pues que o bien el valor de la tierra como tierra desaparece o bien que ese valor queda absorbido como un caso particular de capital.

Esa transformación es lo que Marx caracteriza en el “Tercer manuscrito” como la universalización de la propiedad privada. La propiedad privada se universaliza en el sentido de que todas las diferentes clases de propiedad se hace ahora abstractas. El argumento es hegeliano por su orientación. La propiedad tiene valor sólo en su capacidad de ser intercambiada como capital. La propiedad rural pierde la condición de ser una propiedad particular y se convierte en una parte, en su aspecto, de la propiedad universal.

El trabajo aparece como la única fuente de todo tipo de propiedad. El concepto de propiedad se unifica sobre la base del concepto de trabajo. Para Marx este “completo dominio de la materia muerta” es el gran descubrimiento de la economía política británica. “Ese dominio de la materia muerta es considerado por la economía política británica como un hecho que sin embargo no se ha comprendido”. Tal descubrimiento resulta contradictorio. La economía política sostiene que el trabajo humano, la industria humana, es lo único que genera toda la riqueza, todo el capital, pero lo cierto es que el capital contrata mano de obra humana y la despide. Para Marx aquí está la gran contradicción de a economía política: la economía política descubrió que no hay nada sagrado en la propiedad, que la propiedad es mero trabajo acumulado y sin embargo la propiedad tiene el poder de contratar humano y despedirlo. Dichos efectos engendran una contradicción que nos obliga a ir más lejos que los economistas británicos y a cuestionar la significación de lo que se ha tomado como hecho terminante. Marx comienza intentando descifrar la significación de algo que se ha tomado meramente como un hecho. Marx desea oponer un análisis de esencia al análisis de los hechos.

El análisis del proceso de extrañamiento o alienación o enajenación es la respuesta que da Marx al silencio de la economía política británica tocante a la contradicción entre la teoría de que el trabajo es la fuente de a propiedad y la teoría de que el salario es el poder que tiene el dinero sobre el trabajo.

Marx contrapone la objetivación del trabajo a la alienación del trabajo y aquél es un resultado deseable, La objetivación es un concepto clave en Marx, y en este énfasis Marx sigue a Hegel. La objetivación es el proceso en virtud del cual algo interior se externaliza y de esa manera se hace actual, real, un tema muy hegeliano. Únicamente cuando hago algo hay un trabajo, un acto, una acción, algo público y común a los demás, de suerte que así me realizo o actualizo. Sólo entonces llego realmente a existir. Este es el concepto fundamental.

En la esfera de la economía capitalista, “esta realización del trabajo se manifiesta como una pérdida de realización”. “En la esfera de la economía política, esta realización del trabajo se manifiesta como una pérdida de realización para los trabajadores y la objetivación como una pérdida del objeto y como una servidumbre respecto de él; la apropiación aparece como extrañamiento, como enajenación”. Porque apropiación significa no convertirse en propietario, sino hacer propio de uno lo que es ajeno a uno. El proceso de objetivación no es ago malo; es la significación del trabajo como tal y que nosotros depositamos nuestra significación en algo exterior. Marx procede aquí exactamente como procediera Hegel: no por distinción de términos sino por acumulación de términos

Lo que revela en análisis de Marx es que inversión tomada como un “hecho” por la economía política es en realidad la pérdida de la esencia humana. Lo que propiamente debería ser a objetivación del trabajo humano aparece en la economía política como la pérdida de su realización. Aquí el análisis de Marx es una hermenéutica de la economía política, una hermenéutica crítica puesto que la economía política oculta la alienación propia del proceso del trabajo.

Marx emplea la religión como una metáfora. No sostiene que lo que ocurre en la religión proceda de lo que ocurre en el trabajo; simplemente dice que los dos procesos son paralelos. Cuanto más pone el hombre en Dios, menos le queda así mismo. “El trabajador pone su vida en el objeto; pero ahora su vida ya no le pertenece a él sino que pertenece al objeto”. En la religión y en trabajo los procesos de alienación son paralelos; comparten a imagen del extrañamiento, ya se trate del extrañamiento en lo divino, ya se trate del extrañamiento en el capital.

Marx llama a Adam Smith el Lutero de la economía. Marx interpreta a Lutero como hombre que interiorizó la obediencia externa exigida por la iglesia católica. Marx lega a decir de Lutero cumplió esta transformación sin eliminar la carga de la trascendencia, la carga de estar uno bajo el imperio de un poder trascendente. Del mismo modo, dice Marx, Adam Smith descubrió la esencia subjetiva del capital. Las cargas de esta nueva transcendencia se conservan en el poder que tiene el capital sobre aquello que realmente lo genera. En este estadio del pensamiento de Marx no se afirma que la alienación religiosa proceda de la alienación económica; la relación es aquí una relación de analogía que no es necesario llevar más lejos la interpretación. La teoría de la derivación es también más fácil de refutar. Recurrir a la analogía es un buen instrumento de autocrítica. Cuando Freud afirma que la religión es una clase de neurosis privada y la neurosis una religión pública:

1.    También aquí encontramos una muy vigorosa analogía, pero una analogía que no hay que forzar en el sentido de una identidad.

Marx no agrega nada más al concepto general de alienación, pero lo articula en varias figuras. Ahora Marx procede como lo hiciera Hegel en la Fenomenología: analiza una figura, una forma explicando sus diferentes “momentos”. Marx demarca este desarrollo dentro del concepto de alienación en cuatro momentos:

1.    La primera forma de alienación se da en la relación de uno con su propio trabajo. La alienación de los productos del trabajo de uno constituye el modelo de Marx para describir el concepto de alienación en general.
2.    El segundo aspecto es la alienación en el acto de la producción, en la capacidad productiva misma. Uniéndose a Hegel en la capacidad para invertir expresiones. La alienación del trabajo significa que el trabajo es exterior al obrero; el trabajo es no voluntario, sino obligado, forzado. Una vez más se presenta aquí la analogía con la religión. El humanismo del joven Marx, rechazado por los estructuralistas según veremos en las próximas conferencias, es claro en este pasaje. La pintura que hace Marx no tiene sentido si aquí no se trata del individuo en su actividad espontánea, el individuo que es afectado, deteriorado  y destruido por alienación. Marx reclama un papel para la espontaneidad del individuo.
3.    Esta forma va más allá del extrañamiento en el producto y en la actividad y llega al extrañamiento de la humanidad misma del trabajador. El trabajador queda afectado y deteriorado en su Gattungswesen, en su ser de la especie. Feuerbach nunca dijo que todo ser humano supere a los dioses; dijo antes bien que en la humanidad en general hay algo que es el portador de los predicados divinos. El ser de la especie representa la humanidad tanto en extensión. La humanidad inventa a los dioses, puesto que en verdad se trata de una especie de dios humano o de ser humano divino. Marx conserva en los Manuscritos el concepto de ser de la especie. El propósito de Marx era encontrar en el hecho de la economía la esencia del extrañamiento. Para Marx la influencia del extrañamiento en la esencia humana es crítica.
Marx tipifica el tercer aspecto del trabajo enajenado del modo siguiente:

El ser humano es ser de la especie no sólo porque considera o contempla lo que es esencial, sino porque es esencial. La libertad humana se da no en la mera afirmación de la individualidad, sino cuando esa afirmación se hubo transpuesto a la esfera de la universalidad. Antes de ocurrir esta transposición la afirmación es sólo arbitraria. La libertad debe pasar por todos los estadios de la universalización. Tal es la tradición de la autonomía en la filosofía alemana: afirmarse uno como lo universal, Es esta capacidad de ser lo universal lo que afecta al extrañamiento. Marx injerta el concepto de la división del trabajo en esta dispersión del ser de la especie. Si yo reacciono como un obrero, como un individuo de la ciudad o como un individuo del campo ya no soy un universal. La división del trabajo llegará a ser un elemento dramático en Marx a causa de su relación con este concepto central del ser de la especie.

Marx afirma siempre con vigor esta diferencia: la línea divisoria entre animales y seres humanos. Para Marx esta diferencia continúa siendo una línea fundamental entre la vida animal y vida humana. La distinción procede de que los seres humanos no sólo conciben lo universal sino que tienen vocación para ser universales y esto les da cierta distancia respecto de sus necesidades. La capacidad de los seres humanos de someter la naturaleza a sus propias necesidades se debe a la superioridad “espiritual” que los seres humanos tienen sobre la naturaleza. Esta diferencia entre vida humana y vida animal no es isn embargo  la implicación más significativa del hecho de que los seres humanos sean esencias genéricas, esencia universal. La principal consecuencia es la capacidad de los seres humanos de producirse mediante el proceso de objetivación. Los seres humanos trabajan no sólo para comer sino para llegar a ser este ser de la especie. El concepto de objetivación y la autocreación. En el extrañamiento, este ser esencial queda transformado y se convierte en mero medio de existencia en el sentido de supervivencia.

4.    La dimensión cuarta y final de la alienación que es el extrañamiento del ser humano respecto del ser humano; es extrañamiento en el nivel de la intersubjetividad. Esta dimensión de la alineación es importante porque fija de manera más concreta el concepto de ser de la especie o esencia genérica. No hay salto alguno desde la tercera fase a la cuarta fase de la alienación porque para Feuerbach el concepto de Gattungswesen ya tenía este tipo de relación. Gattungswesen es el ser humano para el ser humano. Representa en cada uno de nosotros nuestra participación en la especie. Yo soy parte de la especie en la medida en que reconozco la misma humanidad en los demás.

¿Por qué dice Marx überhaupt, que significa “en realidad”, sino “en general”? La  atención que Marx presta a este problema le permite pasar a la pregunta:

·      ¿en beneficio de quién se da el extrañamiento? Pero si se introduce la dimensión intersubjetiva, debemos preguntarnos entonces:
·      ¿En beneficio de quién estamos enajenados, alienados? “Si el producto del trabajo es ajeno a mí, si me coloca frente a un poder extraño, ¿a quién pertenece pues ese producto?”

El problema de los salarios, la relación entre el capital y los salarios, está implícito en la cuestión que pregunta en beneficio de quién se da el extrañamiento. Las dos partes de la contradicción de la economía política están relacionadas precisamente por la respuesta que se da a esta pregunta. En el extrañamiento el poder de uno es transferido, entregado a otro. Es una paso decisivo para disolver el prestigio de la propiedad privada. La propiedad privada parece algo que tiene poder sobre los seres humanos. La inversión de Marx establece que la propiedad privada es en realidad el poder de una persona sobre otra. Marx muestra tanto al que trabaja como a aquel que goza de los frutos de ese trabajo. Podríamos decir quye Marx trata de situar la relación entre capital y salario dentro del marco de la relación hegeliana de amo y esclavo. La relación económica entre dinero y salario o entre propiedad y salario parece ser una relación entre cosas o  entre procesos o estructura. El amo y esclavo no están en la misma relación respecto de las cosas. El esclavo hace la cosa en tanto que el amo la goza.

Ahora todo queda contenido en la relación de una persona con otra, Marx termina su discusión equiparando a lo práctico todo el proceso que se manifiesta como la obra de los seres humanos, incluso el extrañamiento de éstos. Hasta el extrañamiento humano ha de manifestarse como una actividad humana. Marx insiste en que podemos transformar algo que es nuestra obra. Si la alienación es obra nuestra, empero, también es obra nuestra la abolición de la alienación. Marx equipara lo práctico con un acto creador. El extrañamiento se convierte en un medio en el cual creamos sin darnos cuenta de que estamos creando. Debemos descubrir, dice Marx, el acto de creación y de ocultamiento que es la economía política misma.

El empleo que hace Marx del concepto de creación es sumamente importante porque da su alcance al concepto de producción que es mucho más amplio que el mero concepto económico. Para el joven Marx el concepto de producción estaba definido por la creación y no por lo contrario. Porque los seres humanos crean sus vidas y las condiciones de sus vidas, producen. El concepto de producción aquí no tiene una significación económica. Gracias a su origen en Hegel y Feuerbach, el concepto de producción conserva una dimensión más amplia. A veces la producción es opuesta al consumo y entonces se trata de un mero proceso económico. Por otro lado, a veces la producción se opone al extrañamiento y entonces tiene una significación más amplia.

Como el concepto de propiedad privada fue derivado de otro, podemos decir que lo que aparecía como un punto de partida, como un “hecho” de la economía política, se convierte ahora en un resultado del análisis. Lo que era un hecho aparece ahora como un resultado. A un hecho estático Marx opone un proceso dinámico, el proceso del extrañamiento, y el hecho estático viene a ser el resultado petrificado de este proceso dinámico. La alienación es la fuente, la causa, el motivo de la propiedad privada, no como una causa positiva, sino como la significación fundamental que gobierna un hecho.

Marx establece que la propiedad privada la dominación de la materia muerta sobre los seres humanos es en realidad un producto del extrañamiento de la esencia humana, del ser de la especie de la humanidad, en el fondo el extrañamiento es un resultado de la actividad humana misma. Marx no sólo reafirma el modelo de la inversión sino que también extiende ese modelo al ofrecer una descripción más precisa de la génesis de las entidades ideológicas, es decir, al analizar con mayor profundidad la base desde la que son abstraídas las ideologías.

Marx expresa al terminar el “Primer manuscrito” cierta insatisfacción con sus resultados, ¿cómo los seres humanos llegan a enajenar su trabajo? Marx comprende que debe seguir las implicaciones de su descubrimiento según el cual el extrañamiento es un movimiento, el movimiento de la propiedad privada. El problema está en transformar un concepto en una fuerza histórica. En Hegel el concepto era no estático sino dinámico. La cuestión de lo histórico Marx puede haber deseado ser muy cauteloso para no verse atrapado en esta dificultad. “Ya hemos recorrido un largo camino para llegar a la solución de este problema transformando la cuestión del origen de la propiedad privada en la cuestión de la relación del trabajo enajenado con el curso del desarrollo de la humanidad”.