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lunes, 14 de abril de 2014

Resúmenes Teoría Sociológica III: Contemporánea Parte 22

En la asignatura Teoría Sociológica III: Contemporánea del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los siguientes resúmenes del libro Teoría sociológica moderna de George Ritzer. MacGraw-Hill 2010, que forma parte de la bibliografía obligatoria de la asignatura.


Teorías del intercambio, de redes y de la elección racional. Teoría del intercambio y conductismo sociológico. Teoría de redes. Teoría de la elección racional. Capítulo 8 (335-378) Tomás Javier Prieto González // Estructuralismo, postestructuralismo y surgimiento de la teoría social posmoderna. Estructuralismo. Postestructuralismo: las ideas de Michel Foucault. Teoría social posmoderna. Capítulo 13 (559-600) Tomás Javier Prieto González // La metateorización sociológica. La metateorización en sociología. La sociología una ciencia multiparadigmática. Hacia un paradigma sociológico más integrado. Apéndice (601-618) Tomás Javier Prieto González

Teoría social posmoderna extrema: Jean Baudrillard

Baudrillard es uno de los más radicales y extravagantes. Baudrillard tiene formación de sociólogo, pero su obra traspasó hace mucho los mlímites de esta disciplina: de hecho, no puede clasificarse dentro de ninguna disciplina e incluso él mismo rechazaría la idea de las fronteras disciplinares.

So obra temprana tiene orientación modernista y marxiana. Sus primeras obras contenían una crítica marxiana de la sociedad de consumo. Esta obra está profundamente onfluida por la lingüística y la semiótica. Sin embargo, poco tiempo después Baudrillard empezó a criticar el enfoque marxiano (y el estructuralismo) para luego abandonarlo.

En El espejo de la producción, Baudrillard consideraba la perspectiva marxiana como la imagen especular de la economía política conservadora. Marx (y los marxistas) compartían la misma visión del mundo que los partidarios conservadores del capitalismo. Para Baudrillard, el enfoque de Marx estaba empapado de ideas conservadoras como “trabajo” y “valor”. Lo que se requería era ina orientación nueva y más radical.

Baudrillard articuló la idea del intercambio simbólico como una alternativa, al intercambio económico. El intercambio simbólico implicaba un ciclo ininterrumpido de “tomar y devolver, dar y recibir”, un “ciclo de regalos y contrarregalos”. Este intercambio estaba claramente al margen de la lógica del capitalismo, a la que se oponía. La idea del intercambio simbólico implicaba un programa político tendente a crear una sociedad caracterizada por ese intercambio. Baudrillard  criticaba a la clase trabajadora y parecía inclinarse más por la nueva izquierda, los hippies. Sin embargo, Baudrillard  enseguida abandonó todos los objetivos políticos.

Baudrillard dirigió su atención hacia el análisis de la sociedad contemporánea que, para él, ya no estaba dominada por la producción, sino por los medios de comunicación, modelos cibernéticos y sistemas de control, ordenadores, el procesamiento de información, industrias de entretenimiento y conocimiento, etc…”. El objetivo ha cambiado de la explotación y el beneficio a la dominación de los signos y los sistemas que los producen. Ya no podemos identificar lo que es real; la distinción entre los signos y la realidad ha implosionado. En general, el mundo posmoderno es un mundo que se caracteriza por esa implosión, opuesta a las explosiones que describen la sociedad moderna. El mundo posmoderno está experimentando la desdiferenciación.

Baudrillard  igual que Jamenson, describe el mundo posmoderno es que se caracteriza por las simulaciones; vivimos en la era de la simulación; un proceso que lleva a la creación de simulacra o “reproducciónes de objetos o eventos”. Resulta cada vez más difícil identificar lo real en cosas que simulan la realidad. Son las representaciones de lo real, las simulaciones, lo que predomina. Somos esclavos de estas simulaciones.

Para Baudrillard  este mundo es la hiperrrealidad. Los medios de comunicación se convierten en la realidad misma e incluso son más reales que ella. Por que las falsedades y distoriones que venden a los espectadores son más que la realidad, son la hiperrealidad. Resulta imposible distinguir entre lo real y el espectáculo. Al final ya no existe la realidad, sólo existe la hiperrrealidad.

Baudrillard se centra en la cultura que para él está experimentando una revolución masiva y catastrófica. Esta revolución implica que las masas son cada vez más pasivas, en lugar de más rebeldes, como creyeron los marxistas. Las masas siguen malhumoradas su camino ignorando los intentos de manipularlas. La indiferencia, la apatía y la inercia sin términos excelentes para describir a unas masas saturadas de signos mediáticos, simulacros e hiperrealidad. La sociedad misma está implosionando en el agujero negro que son las masas.

Baudrillard es incluso más extravagante, escandaloso, irreverente, promiscuo, juguetón o carnavelesco en El intercambio simbólico y la muerte. Baudrillard  ve la sociedad contemporánea como una cultura de la muerte, siendo la muerte el “paradigma de toda exclusión y discrminación social”. Las sociedades caracterizadas por el intercambio simbólico terminan con las oposiciones binarias en general y en particular con la oposición entre la vida y la muerte. Es la ansiedad ante la muerte y la exclusión lo que lleca a las personas a sumergirse más profundamente en la cultura del consumo.

Baudrillard comenzó a considerar la seducción como la mejor alternativa, quizás porque encajaba mejor con su naciente percepción del posmodernismo. La seducción “implica los encantos de los juegos puros y simples, los rituales superficiales”.

Baudrillard  señala que cuando visitó America, “buscaba la forma acabada de la catástroge futura”. No hay esperanza revolucionaria como la había en la obra de Marx. Tampoco existe ni siquiera la posibilidad de reformar la sociedad como propuso Durkheim. Antes bien, parece que estemos condenados a una vida de simulaciones, de hiperrealidad e implosión de todo en un incomprensible agujero negro. Baudrillard rehúsa por lo general ensalzar sus virtudes o articular un programa político tendente a su realización.

martes, 25 de diciembre de 2012

Caen los nacimientos y suben las muertes en España este año

Artículo de CH. NOGUEIRA publicado en El País el 19 de diciembre de 2012.



En tiempos duros, nacimientos a la baja. En los primeros seis meses de este año han nacido en España 223.853 bebés, un 2,7% menos que en el primero semestre del año pasado. Sigue así la tendencia a la caída, iniciada en 2009. En paralelo, entre enero y junio se han disparado las muertes: 217.017, un 9,7% más que en el mismo periodo del año pasado, un aumento que el Instituto Nacional de Estadística (INE) considera "coyuntural".
Los nacimientos siguen a la baja. En 2011 nacieron 470.553 niños, un 3% menos que el año anterior (y un 9,2% menos que en 2008), según los datos definitivos que difundió ayer el INE. El peso de la maternidad de extranjeras cayó más de un punto: aportaron el 19,1% de los bebés y su promedio de hijos por mujer se redujo en mayor medida que el de las españolas (1,55 y 1,32, respectivamente). La tasa de fecundidad total es de 1,36, dos centésimas menos que en 2010. En los primeros seis meses de 2012, la proporción de nacidos de madre extranjera ha seguido cayendo: el 18,7% del total.
EL INE atribuye el descenso de los nacimientos a la suma de dos factores: el número decreciente de mujeres en edad fértil (por la caída de natalidad de hace décadas) y a la mejor fecundidad. Según los expertos, en momentos de crisis económica se retrae la natalidad.
Otro elemento que influye en el descenso, según los demógrafos, es el retraso en la edad de maternidad (el retraso contribuye a reducir el número de descendientes). Y esta demora sigue en aumento: la edad media a la maternidad de las españolas es de 32,07 años y de las extranjeras, 28,95.  Por otra parte, sigue en aumento la proporción de niños que nacen fuera del matrimonio: 37,4% (37,8% en el caso de las españolas y 40,5% entre las extranjeras).
Mientras los nacimientos caen, las muertes suben y el envejecimiento avanza. El año pasado fallecieron en España 386.017 personas, un 1,5% más que el anterior. En el primer semestre de 2012 se han registrado 217.017, lo que supone un 9,7% más que en el mismo periodo del año pasado. EL INE atribuye la subida al "incremento coyuntural" que se produjo en los meses de febrero y marzo. La esperanza de vida al nacimiento se situó el año pasado en 79,2 años para los varones y 85 para las mujeres. La expectativa a los 65 años es de 18,5 más para los hombres y de 22,4 para las mujeres.
El año pasado, también cayeron las bodas (161.724, un 4,2% menos que en 2010): Sin embargo, en el primer semestre de este año han remontado: las 73.217 bodas suponen un 5,2% más que en el mismo periodo de 2011. La edad para contraer matrimonio también sigue al alza (33,7 para los varones y 31,5 para las mujeres que se casan por primera vez).

Artículo de CH. NOGUEIRA publicado en El País el 19 de diciembre de 2012.

martes, 30 de octubre de 2012

¿Aumentan los suicidios con la crisis?

Artículo de Javier de Rivera publicado en eldiario.es el 28/10/2012


Cuando los medios nos informan de un nuevo suicidio relacionado con la crisis, adoptan esa mezcla de monotonía y respeto, como la que mantendríamos en un funeral. Sin decir más que lo necesario, se limitan a publicar los detalles de la nota de prensa. De todas formas, todos sabemos cómo interpretar la noticia: es una nota fúnebre al drama de los desahucios de viviendas en nuestro país. Algo que nos recuerda la gravedad existencial de la crisis económica, al mostrarnos gente que no puede seguir viviendo cuando pierde aquello en lo que tanto esfuerzo había invertido.
Fuente: INE. Defunciones por causa de la muerte, 2011.
En España se suicidan entre 3.100 y 3.500 personas cada año, una media de 8-9 personas al día, todos los días. Sin embargo, nuestro país tiene una de las tasas de suicidio más bajas de Europa, 6 suicidios al año por 100.000 habitantes, solo Grecia tiene una tasa menor (3,6). En 2008 los suicidios aumentaron un 6% (3.457), en 2009 se mantuvieron en al mismo nivel, y en 2010, el último dato publicado por el INE, descendieron un 8% (3.145) alcanzando el mínimo histórico de los últimos 20 años.

Por otro lado, los datos referentes a la crisis no dejan lugar a dudas sobre la gravedad de la situación. En cinco años el número de parados se ha triplicado, pasando de algo menos de dos millones en 2007 (8% de la población activa) a casi seis millones en 2012 (un 25% de la población activa). Los desahucios también están aumentado hasta niveles históricos, crecieron un 22% entre 2010 y 2011, y un 18% entre lo que llevamos de año y las mismas fechas del año pasado.
Querer trabajar y no poder hacerlo, querer formar parte de la sociedad y que no haya sitio para ti, que te quiten la casa y no tener dónde ir... son experiencias muy duras, verdaderos traumas que afectan cada vez a más gente, y que indirectamente merman las ilusiones y la alegría de todos los demás. Por eso, parece normal pensar que los suicidios están aumentando, que no hay solución y que la gente, desesperada, opta en masa por quitarse la vida.
Sin embargo, aún no hay datos que confirmen esta idea. La estadística de “Defunciones por causa de la muerte” donde se recoge el dato de suicidios se publica con bastante retraso (algo normal en toda Europa), por lo que los dos últimos años, quizá los peores, no aparecen reflejados. Aún no sabemos como está respondiendo la población ante este aumento sin precedente de los desahucios, más allá de las noticias que anuncian los suicidios con repercusión o interés mediático, mientras pasan de largo del goteo constante de nueve muertos diarios.
De cualquier modo, los datos de que disponemos no nos indican que haya una tendencia preocupante de aumento de los suicidios a causa de la crisis. Existe una relación, sí, pero por ahora es menos grave y más compleja de lo que nos presentan algunos medios.
Lo que produce incrementos en la tasa de suicidios no es el aumento de la pobreza, sino el cambio repentino (crisis) de una situación social a otra.
Según la teoría del suicidio anómico de Durkheim (publicada en 1898), cuando se producen grandes cambios sociales, se trastocan los referentes sociales y morales, y se rompe la relación directa entre lo que queremos y los medios disponibles para lograrlo. La anomia es la falta de normas sociales que nos indiquen qué tenemos que hacer para conseguir aquello que queremos o que se supone que tenemos que querer. En otras palabras, que “la sociedad” nos propone una serie de metas a lograr, pero no nos ofrece un modo lógico de alcanzarlas, por lo que caemos en la desesperación y la vida pierde sentido.
Tener un coche, una casa en propiedad, un trabajo estable, acceder a bienes de consumo... son objetivos sociales que han sido ampliamente aceptados, y cuando la crisis económica nos arrebata toda posibilidad de lograrlos, la vida que nos habíamos imaginado pierde su sentido. Hasta que recuperamos el aliento y decidimos seguir adelante.
Los datos actuales confirman esta idea: en los últimos 10 años, los incrementos en la tasa de suicidios han coincidido con un cambio de tendencia en la tasa de paro. En 2008, el año que comenzó la crisis, el aumento del desempleo en un 67% (entre diciembre 2007 y diciembre de 2008) se corresponde con un incremento del 10% de suicidios entre la población de 15 a 65 años (entre los mayores de 65 años bajó un 1%). Lo mismo sucede en 2002, cuando un incremento del paro en un 14% se corresponde con un  incremento del 7% en el numero de suicidios de personas en edad laboral.

Elaboración por Javier de Rivera a partir de datos del INE.
Como vemos, la relación está muy lejos de ser directa. Además, a partir de 2009 los suicidios se equilibran e incluso bajan más aún que en los años de bonanza económica. La gente entiende que se trata de un problema social, y esa percepción nos ayuda a aceptar y/o a afrontar mejor nuestra situación como algo colectivo.
Aparecen además movimientos sociales que tienden nuevos lazos de solidaridad y nos ayudan a repensar los problemas, a reconstruir en conjunto nuevos objetivos vitales y a buscar nuevas vías de colaboración. También se refuerzan las redes de apoyo familiar, recuperando algunas de las viejas razones para vivir. Los mayores de 65 años, por ejemplo, han registrado el mayor descenso en sucidios en 2010 (10%), quizás porque ahora son más importantes para sus familias.

Este relato, sin embargo, es provisional. Recordemos que aún no sabemos el efecto que tendrán los desahucios de los dos últimos años sobre la tasa de suicidios, porque es especialmente penoso cuando la gente con pocos recursos pierde además la casa. Esperemos que no sea tan grave como vaticinan los “expertos” más alarmistas, porque presentar a la población atacada por la crisis como aquejada también por “una oleada de suicidios” es proclamar su desesperación y su impotencia, y hacer de menos a una población que está respondiendo con creatividad y solidaridad ante los problemas colectivos.

Esperemos también que esos constantes 3.000 suicidas anuales encuentren nuevas razones para vivir, quizá en la lucha por los derechos sociales. Hagamos que la vida tenga más sentido más allá del bienestar económico, y cambiemos ese ideal de progreso y consumo por uno de justicia, resistencia y dignidad social.
Aunque sea para argumentar la necesidad de un cambio político y social, los suicidios no son buenos argumentos. Un suicidio es una llamada de atención para los que se quedan, pero también es una carta de rendición, y ahora más que nunca tenemos que ser conscientes de nuestra responsabilidad personal en la construcción de una sociedad más justa.