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martes, 30 de octubre de 2012

¿Aumentan los suicidios con la crisis?

Artículo de Javier de Rivera publicado en eldiario.es el 28/10/2012


Cuando los medios nos informan de un nuevo suicidio relacionado con la crisis, adoptan esa mezcla de monotonía y respeto, como la que mantendríamos en un funeral. Sin decir más que lo necesario, se limitan a publicar los detalles de la nota de prensa. De todas formas, todos sabemos cómo interpretar la noticia: es una nota fúnebre al drama de los desahucios de viviendas en nuestro país. Algo que nos recuerda la gravedad existencial de la crisis económica, al mostrarnos gente que no puede seguir viviendo cuando pierde aquello en lo que tanto esfuerzo había invertido.
Fuente: INE. Defunciones por causa de la muerte, 2011.
En España se suicidan entre 3.100 y 3.500 personas cada año, una media de 8-9 personas al día, todos los días. Sin embargo, nuestro país tiene una de las tasas de suicidio más bajas de Europa, 6 suicidios al año por 100.000 habitantes, solo Grecia tiene una tasa menor (3,6). En 2008 los suicidios aumentaron un 6% (3.457), en 2009 se mantuvieron en al mismo nivel, y en 2010, el último dato publicado por el INE, descendieron un 8% (3.145) alcanzando el mínimo histórico de los últimos 20 años.

Por otro lado, los datos referentes a la crisis no dejan lugar a dudas sobre la gravedad de la situación. En cinco años el número de parados se ha triplicado, pasando de algo menos de dos millones en 2007 (8% de la población activa) a casi seis millones en 2012 (un 25% de la población activa). Los desahucios también están aumentado hasta niveles históricos, crecieron un 22% entre 2010 y 2011, y un 18% entre lo que llevamos de año y las mismas fechas del año pasado.
Querer trabajar y no poder hacerlo, querer formar parte de la sociedad y que no haya sitio para ti, que te quiten la casa y no tener dónde ir... son experiencias muy duras, verdaderos traumas que afectan cada vez a más gente, y que indirectamente merman las ilusiones y la alegría de todos los demás. Por eso, parece normal pensar que los suicidios están aumentando, que no hay solución y que la gente, desesperada, opta en masa por quitarse la vida.
Sin embargo, aún no hay datos que confirmen esta idea. La estadística de “Defunciones por causa de la muerte” donde se recoge el dato de suicidios se publica con bastante retraso (algo normal en toda Europa), por lo que los dos últimos años, quizá los peores, no aparecen reflejados. Aún no sabemos como está respondiendo la población ante este aumento sin precedente de los desahucios, más allá de las noticias que anuncian los suicidios con repercusión o interés mediático, mientras pasan de largo del goteo constante de nueve muertos diarios.
De cualquier modo, los datos de que disponemos no nos indican que haya una tendencia preocupante de aumento de los suicidios a causa de la crisis. Existe una relación, sí, pero por ahora es menos grave y más compleja de lo que nos presentan algunos medios.
Lo que produce incrementos en la tasa de suicidios no es el aumento de la pobreza, sino el cambio repentino (crisis) de una situación social a otra.
Según la teoría del suicidio anómico de Durkheim (publicada en 1898), cuando se producen grandes cambios sociales, se trastocan los referentes sociales y morales, y se rompe la relación directa entre lo que queremos y los medios disponibles para lograrlo. La anomia es la falta de normas sociales que nos indiquen qué tenemos que hacer para conseguir aquello que queremos o que se supone que tenemos que querer. En otras palabras, que “la sociedad” nos propone una serie de metas a lograr, pero no nos ofrece un modo lógico de alcanzarlas, por lo que caemos en la desesperación y la vida pierde sentido.
Tener un coche, una casa en propiedad, un trabajo estable, acceder a bienes de consumo... son objetivos sociales que han sido ampliamente aceptados, y cuando la crisis económica nos arrebata toda posibilidad de lograrlos, la vida que nos habíamos imaginado pierde su sentido. Hasta que recuperamos el aliento y decidimos seguir adelante.
Los datos actuales confirman esta idea: en los últimos 10 años, los incrementos en la tasa de suicidios han coincidido con un cambio de tendencia en la tasa de paro. En 2008, el año que comenzó la crisis, el aumento del desempleo en un 67% (entre diciembre 2007 y diciembre de 2008) se corresponde con un incremento del 10% de suicidios entre la población de 15 a 65 años (entre los mayores de 65 años bajó un 1%). Lo mismo sucede en 2002, cuando un incremento del paro en un 14% se corresponde con un  incremento del 7% en el numero de suicidios de personas en edad laboral.

Elaboración por Javier de Rivera a partir de datos del INE.
Como vemos, la relación está muy lejos de ser directa. Además, a partir de 2009 los suicidios se equilibran e incluso bajan más aún que en los años de bonanza económica. La gente entiende que se trata de un problema social, y esa percepción nos ayuda a aceptar y/o a afrontar mejor nuestra situación como algo colectivo.
Aparecen además movimientos sociales que tienden nuevos lazos de solidaridad y nos ayudan a repensar los problemas, a reconstruir en conjunto nuevos objetivos vitales y a buscar nuevas vías de colaboración. También se refuerzan las redes de apoyo familiar, recuperando algunas de las viejas razones para vivir. Los mayores de 65 años, por ejemplo, han registrado el mayor descenso en sucidios en 2010 (10%), quizás porque ahora son más importantes para sus familias.

Este relato, sin embargo, es provisional. Recordemos que aún no sabemos el efecto que tendrán los desahucios de los dos últimos años sobre la tasa de suicidios, porque es especialmente penoso cuando la gente con pocos recursos pierde además la casa. Esperemos que no sea tan grave como vaticinan los “expertos” más alarmistas, porque presentar a la población atacada por la crisis como aquejada también por “una oleada de suicidios” es proclamar su desesperación y su impotencia, y hacer de menos a una población que está respondiendo con creatividad y solidaridad ante los problemas colectivos.

Esperemos también que esos constantes 3.000 suicidas anuales encuentren nuevas razones para vivir, quizá en la lucha por los derechos sociales. Hagamos que la vida tenga más sentido más allá del bienestar económico, y cambiemos ese ideal de progreso y consumo por uno de justicia, resistencia y dignidad social.
Aunque sea para argumentar la necesidad de un cambio político y social, los suicidios no son buenos argumentos. Un suicidio es una llamada de atención para los que se quedan, pero también es una carta de rendición, y ahora más que nunca tenemos que ser conscientes de nuestra responsabilidad personal en la construcción de una sociedad más justa.




sábado, 31 de diciembre de 2011

Teoría Sociológica I: Clásica PREC Parte III

En la asignatura Teoría Sociológica I: Clásica del segundo año de Grado en Sociología de la UNED en el primer cuatrimestre del curso académico 2011/12 se propuso realizar voluntariamente una actividad práctica. El texto para comentar la PREC procede del libro de E. Durkheim El suicidio. Se recomendaba consultar las Orientaciones para la realización de comentarios de texto y leer el comentario de texto puesto como ejemplo. El fragmento del texto extraído del libro era el siguiente:

Las Exposiciones universales, cuando tienen éxito, son consideradas como un feliz acontecimiento en la vida de una sociedad. Estimulan los negocios, traen más dinero al país y pasan por aumentar la prosperidad pública, sobre todo en la ciudad misma donde tienen lugar. Y, sin embargo, no es imposible que al final se cancelen con una elevación considerable de la cifra de suicidios.
E. Durkheim. El Suicidio

Durkheim adopta el enfoque orgánico de Comte, y se preocupa en establecer la existencia de los distintos hechos sociales como la temática de la nueva ciencia. Las implicaciones prácticas de El Suicidio están en consonancia con las de La división del Trabajo donde alcanza el mismo desenlace sobre la reglamentación orgánica que pueda llegar a neutralizar la anomia. Y que esta se posiciona como una condición de la situación en la que la religión, el gobierno y la moralidad han perdido toda su efectividad, algo parecido a la alienación de Marx. Para Durkheim, el suicidio no es “normal” en el sentido de expresar la verdadera naturaleza de la sociedad moderna[1], señalando que el suicidio anómico es el más distintivo de las sociedades en fase de modernización. Y se debe fundamentalmente a la fragmentación del orden colectivo cuando los individuos están privados del apoyo de la conciencia colectiva primitiva y no se han constituido en la nueva sociedad orgánica. El trayecto discursivo durkhemiano se muestra en el diagnóstico que hace de las fuerzas y debilidades de la sociedad moderna, haciendo un ejercicio muy preciso en aislar todos los aspectos sociológicamente relevantes del suicidio anómico, y fijándolo como una forma extrema de autonomía individual. La estrategia de Durkheim es muy precisa en plantear que la tasa de suicidios es un indicador del estado de salud de la sociedad en su conjunto[2].


En resumen, el rasgo característico del positivismo en la semántica durkhemiana tiene así la única interpretación en enfocar la sociedad como una realidad orgánica independiente que tiene sus propias leyes, su propio desarrollo y su propia vida. Creyó que la Sociología podía hacer o formular diagnósticos de las patologías sociales. El carácter prevalente y superior de la sociedad es una realidad de orden moral y esta sociedad implica un proyecto moral, principios, normas y deberes. La vida social proviene de unas conciencias individuales asociadas y combinadas, el grupo es diferente al individuo aislado. Durkheim, fue capaz de demostrar que las fuerzas sociales influyen en el acto que aparentemente tan propio o personal como el de quitarse la vida[3]. El suicida que decide darse muerte lo hace realmente pues es agente de sus actos en la medida que, en sí mismo, es siempre y a la vez él mismo y otro[4].

El texto analizado es un ejemplo paradigmático del suicido anómico que Durkheim se esfuerza en desmenuzar durante todo el capítulo, y lo hace apoyándose en una aparato teórico muy elaborado y desde la comparativa en la utilización de datos, en una clara ruptura con la pretérita prehistoria en la que todavía la filosofía social y la estadística moral se encontraban enfrentadas. Y es la teoría la que permitió superar esa división, alejándose por ejemplo de antecesores, como el conocido rechazo comtiano al probabilismo estadístico. El Suicidio es un estudio que aborda este fenómeno desde el proceso de integración al proceso de regulación social, que regula y contiene las pasiones humanas. Durkheim establece como anómica la situación en la que esta regulación es insuficiente. Cuando el Estado ya no es el regulador de la vida económica, sino su servidor es cuando la vertebración societaria sufre una fragmentación anómica, por ejemplo el tema que nos ocupa, una actividad tan dinamizadora económicamente para una ciudad y país, como es una Exposición Universal que en el último momento se cancele, estimula estas conductas suicidónegas que Durkheim registró pormenorizadamente. Un análisis general que permitió a Durkheim explicar por qué las funciones industriales y comerciales son las más alcanzadas por el suicidio[5].

Viajando al pensamiento sociológico clásico, Vilfredo Pareto subrayaba la imposibilidad de una armonía total, de unas sociedades que albergan en su seno factores de desequilibrios, de sociedades que se ven igualmente sacudidas por sus propias oscilaciones son pues en su naturaleza, parte de nuestra esencia[6].



[1] Siete Teorías de la Sociedad. Campbell, Tom. Cátedra 2007 Madrid.
[2] Vid. Antes y después de El Suicidio: Presentación de dos textos de Durkheim. Ramos Torres, Ramón. Miño y Dávila Editores 2006 Argentina
[3] Sociología. Macionis, John. Plummer, Ken. Pearson Prentice Hall. 2007 Madrid.
[4] La sociología de Émile Durkheim. Patología social, tiempo, religión. Ramos Torre, Ramón. CIS 1999 Madrid.
[5] La sociología de Durkheim. Steiner, Philippe. Nueva Visión 2003 Argentina.
[6] Vid. Las etapas del pensamiento sociológico. Aron, Raymond. Tecnos 2004 Madrid.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Teoría Sociológica I: Clásica PREC Parte II

En la asignatura Teoría Sociológica I: Clásica del segundo año de Grado en Sociología de la UNED en el primer cuatrimestre del curso académico 2011/12 se propuso realizar voluntariamente una actividad práctica. El texto para comentar la PREC procede del libro de E. Durkheim El suicidio. Se recomendaba consultar las Orientaciones para la realización de comentarios de texto y leer el comentario de texto puesto como ejemplo. El fragmento del texto extraído del libro era el siguiente:

Las Exposiciones universales, cuando tienen éxito, son consideradas como un feliz acontecimiento en la vida de una sociedad. Estimulan los negocios, traen más dinero al país y pasan por aumentar la prosperidad pública, sobre todo en la ciudad misma donde tienen lugar. Y, sin embargo, no es imposible que al final se cancelen con una elevación considerable de la cifra de suicidios.
E. Durkheim. El Suicidio

El texto está extraído del epígrafe El Suicidio Anómico que corresponde al capítulo cinco del libro. En su análisis del orden social Durkheim asume que cuando las fuerzas morales de la vida social se desintegran, el individuo se siente completamente a la deriva y es, cuando aparece su innovación conceptual más distintiva: La anomia, que es de este modo, una condición de la situación en la que la religión, gobierno y moralidad han perdido toda su efectividad[1], es cuando la gente pierde el sentido de pertenencia a un grupo y ya no saben cómo éste forma sus vidas, pierden su propia identidad, su sentido de la situación, algo parecido a la alienación de Marx. En El suicidio es donde se representa éste, como un fenómeno social, un tratado donde se une la teoría e investigación empírica, y se pone en práctica la metodología expuesta en “Las reglas del método sociológico”. El suicido anómico aumenta proporcionalmente ante el ajuste o el debilitamiento de las normas sociales; la anomía durkhemiana.


La investigación que realizó Durkheim en esta obra, inicialmente se aproximó al objeto de estudio per se, para continuar con los factores extrasociales, confeccionando para ello un inventario de las causas sociales comunes que inciden en el suicidio; como los estados psicopáticos, la herencia, los factores cósmicos, el clima o la imitación, entre otros[2]. El suicido como fenómeno social, Durkheim analizó sus correspondencias sociales, exteriores al individuo; el fenómeno en su potencialidad empírica. Cuáles eran las fuerzas externas coercitivas que actuaban propiciando este fenómeno, y haciendo con ello un esfuerzo metodológico en identificar las resistencias sociales que alteraban las conciencias particulares; reconociendo objetivamente y en definitiva esa realidad, y lo hizo explicándola, describiéndola, profundizando en este acto volitivo[3], en la dicotomía entre el yo individual frente al yo social.

El texto tiene dos partes bien definidas; en primer lugar Durkheim afirma que cuando Las Exposiciones universales gozan de éxito es un acontecimiento que estimula la economía y “aumenta” la prosperidad pública. Como ejemplo de un razonamiento funcional apoyado en mecanismos causales, estaríamos ante un acontecimiento dinamizador en todas las esferas de la sociedad, donde todos los actores sociales serían los gran beneficiados de unas manifiestas mejoras sociales y económicas, que pueden suponer un evento de estas características.

En segundo lugar, la siguiente parte del texto, presenta la posibilidad que “se cancele” la Exposición, relacionando esta con el crecimiento de la incidencia de suicidios, un dato que Durkheim pudo comprobar en la Exposición de 1878, donde el incremento de suicidio fue el más alto entre 1874 a 1886[4]. Unas consecuencias que inciden directamente en el fenómeno y relacionándolo con una de las corrientes suicidógenas que Durkheim determinó como suicidio anómico. Pudo establecer la naturaleza de la casuística y detalle de esta tipología, en cómo se manifiestan sus efectos, y por tanto, como comparativamente se distingue del suicido egoísta y del suicidio altruista. Cuando las sociedades están perturbadas por fuertes crisis o por súbitas transformaciones, activan unas situaciones que impelen en un determinado número de suicidios, y como sucedía con el suicidio egoísta, las sociedades no están presentes en los individuos[5]. Este tipo de suicido resulta particularmente frecuente en los periodos de crisis económica, una causa provocada por la cancelación de una Exposición universal y, en otra escala diferente a la expuesta en el texto, por ejemplo en la familiar, cuando el divorcio debilita la disciplina matrimonial.



[1] Vid. La Explicación Sociológica: una introducción a la Sociología. Tezanos Tortajada, José Félix. UNED 2009 Madrid.
[2] Vid. Durkheim y el suicidio. Baudelot C., Establet R., Ediciones Nueva Visión 2008 Argentina.
[3] Vid. Sociedades y Mundo. De la teoría a la práctica en la Ciencia Sociológica. Martínez V. Ediciones Académicas 2008 Madrid.
[4] El Suicidio. Durkheim E. Akal 2008 Madrid.
[5] Sociedades y Mundo. De la Teoría a la Práctica en la Ciencia Sociológica. Ediciones Académicas. 2008 Madrid.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Teoría Sociológica I: Clásica PREC Parte I

En la asignatura Teoría Sociológica I: Clásica del segundo año de Grado en Sociología de la UNED en el primer cuatrimestre del curso académico 2011/12 se propuso realizar voluntariamente una actividad práctica. El texto para comentar la PREC procede del libro de E. Durkheim El suicidio. Se recomendaba consultar las Orientaciones para la realización de comentarios de texto y leer el comentario de texto puesto como ejemplo. El fragmento del texto extraído del libro era el siguiente:

Las Exposiciones universales, cuando tienen éxito, son consideradas como un feliz acontecimiento en la vida de una sociedad. Estimulan los negocios, traen más dinero al país y pasan por aumentar la prosperidad pública, sobre todo en la ciudad misma donde tienen lugar. Y, sin embargo, no es imposible que al final se cancelen con una elevación considerable de la cifra de suicidios.
E. Durkheim. El Suicidio

El suicidio es un fenómeno complejo que atrajo la atención de filósofos, teólogos, médicos, sociólogos y artistas a lo largo de los siglos. Según el filósofo francés Albert Camus (El Mito de Sísifo), es el único problema filosófico serio[1]. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio es causante de más mortalidad que todos los conflictos bélicos de la Tierra. Y la Organización prevé para 2020,  que el número mundial de suicidios consumados, alcanzará el millón y medio. La UE, por su parte, señala el suicidio como "área de especial interés". En España, las cifras son prácticamente las mismas que las de los muertos por accidentes de tráfico. Según las últimas cifras del INE, en 2009 cerca de 3.500 personas se quitaron la vida en España. El suicidio es un fenómeno multifactorial, y en ocasiones con finalidades diferentes a la consabida pérdida de la vida como tal, como puede ser el caso de llamar la atención, concluir con el sufrimiento o como un acto de venganza[2]. La concepción durkheimiana del suicidio se trata de cualquier muerte que resulta directa o indirectamente de un acto positivo o negativo de la misma víctima, que sabe que producirá este resultado[3].


El Suicidio de Emilie Durkheim fue la primera gran obra de investigación empírica de la historia de la sociología moderna. Un tema elegido por Durkheim, desde la lógica de la notable seducción que ha ejercido el suicidio sobre el imaginario colectivo[4]. Durkheim creía que si podía demostrar que la sociología lograba explicar un acto tan individualista e íntimo como el suicidio, sería más sencillo extender su dominio a otros fenómenos más plurales al análisis sociológico. Durkheim no hizo sino toparse con un tema que, cuando empezó a trabajarlo, ya llevaba más de un siglo en el centro de atención de las incipientes ciencias sociales: la consecución de una temática normalizada sobre la que estaba acumulada una ingente labor de investigación[5].



[1] “Prevención del suicidio. Un instrumento para docentes y demás personal institucional”. Wasserman D. et alia. O.M.S. Ginebra 2001
[2] “Veinticinco años de investigación sobre suicidio en la dirección de investigaciones epidemiológicas y psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente”. Jiménez A., González C., Salud Mental, Vol 26, Nº 6, diciembre 2003.
[3] El Suicidio. Durkheim E. Akal 2008 Madrid
[4] Vid. ¿Quién teme a la naturaleza humana?. Castro l. et alia, Tecnos. 2008 Madrid
[5] Vid. Antes y después de El Suicidio: Presentación de dos textos de Durkheim. Ramos Torres, Ramón. Miño y Dávila Editores 2006 Argentina




lunes, 30 de agosto de 2010

Émile Durkheim - La sociología se hizo ciencia

Émile Durkheim
Émile Durkheim (1858-1917) es junto a Max Weber y Karl Marx, uno de los tres grandes autores de esta ciencia, pues la Sociología contemporánea comienza con él. En 1887 es nombrado profesor de Pedagogía y de Ciencia Social en la Facultad de Letras de la Universidad de Burdeos, siendo este curso el primero de Sociología que fue creado en las universidades francesas. Defendió el carácter científico de esta disciplina, marcada por la tradición positivista francesa, Durkheim defendía la aplicación del conocimiento científico de la sociedad para luego emplear en ella la voluntad de acometer mejoras sociales, desarrollando tres perspectivas sociológicas: la teoría, la metodología y la investigación empírica. Sus precisos estudios muestran un afán teórico en la búsqueda de soluciones prácticas.
Analizaba los hechos sociales con métodos sociológicos renunciando al estudio de los individuos, clasificando los hechos sociales como cosas, y significándolos de manera positiva, como si fueran cuestiones técnicas, biológicas o médicas. Afirmaba que la sociología es una ciencia distinta y autónoma respecto de las demás ciencias, porque los hechos sociales son distintos y autónomos respecto de los demás hechos que estudian otras ciencias. Con especificidades diferenciadas divulgadas por Steven Lukes sobre la teoría durkheimiana como son los conceptos asentados en la conciencia colectiva, con la dicotomía de lo social-individual y el tratamiento de los datos. Afirmaba que los hechos sociales son formas de actuar, de pensar externas a los individuos, con una realidad propia emancipada de lo individual y con un poder coactivo sobre las personas.
Durkheim dio siempre a su práctica sociológica una finalidad precisa y funcional y dijo en su obra “Las reglas del método sociológico” (1895): la sociología es un medio de obtención teórico para definir lo normal de lo patológico, desde el espacio societal, lo socialmente sano de lo enfermo. Una practica que tiene su origen en su firme objetivo de vencer el desorden, la anomia: la sensación de falta de sentido o de desesperación que suscita la vida social moderna.
Destacan otras obras como su primera publicación “La división del trabajo social” (1893), su tesis doctoral donde contraponía dos clases de solidaridad: la mecánica y la orgánica, en correspondencia con la división del trabajo. Y por supuesto mencionar la que iba a ser la primera gran obra de investigación empírica de la historia de la sociología moderna: “El suicidio” (1897), donde expuso el concepto de “Anomia”, donde se acomete identificar el momento en el que los vínculos sociales disminuyen y la sociedad pierde fuerza para integrar y regular adecuadamente a los individuos, ausencia de normas, arrojando manifestaciones sociales tales como el suicidio.  Citar también una de las obras póstuma de Durkheim: “El socialismo” (1928), llevada a cabo, bajo su particular punto de vista, un análisis clave para la comprensión de las circunstancias políticas, económicas y sociales que lo determinaron.
Insistió incesantemente en que su sociología es objetiva y científica, en un tratamiento de distanciamiento científico de los hechos sociales.

Es que si la ciencia es un medio, no es un fin, y como el fin que hay que alcanzar está lejos, la ciencia ni puede llegar a él lenta y laboriosamente, y los espíritus apasionados y apresurados se esfuerzan por captarlo de entrada.
Émile Durkheim – El socialismo - p.310