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lunes, 29 de abril de 2013

El estudiante que salvó al mundo de la austeridad


 Artículo de Sandro Pozzi publicado en El País el 28 de abril de 2013
Los profesores de Harvard Kenneth Rogoff y
Carmen Reinhart. / M. F. CALVERT
Cuando la deuda de un país supera el 90% del PIB, el crecimiento de la economía es inviable. El aserto, nacido de dos cerebros de Harvard y sobre el que se asientan las políticas de austeridad que están a punto de dinamitar los pilares del Estado de bienestar en medio mundo, ha resultado tan falaz como las armas de destrucción masiva que sirvieron para justificar la invasión de Irak.
“Es exagerado hacer la comparación, pero acepto la analogía porque es cierto que se están adoptando políticas a partir de premisas que son falsas”. Quien habla es Thomas Herndon, el estudiante de 28 años que, en su camino para sacarse un doctorado en Economía en la Universidad de Massachusetts, ha desenmascarado la mentira macroeconómica más significativa de los últimos años, y sobre la que EE UU y Europa se han apoyado en su campaña por la austeridad fiscal y el recorte drástico del gasto.
Herndon cuenta que se frotaba los ojos al cruzar los datos de su trabajo ordinario de carrera con los del hipercitado informe de los profesores de la prestigiosa Universidad de Harvard Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff. Los errores eran básicos. De hecho, al principio pensó que el equivocado era él. No podía ser que dos reputadas eminencias hubieran podido pasar por alto cosas así.
El estudio que está en el centro de la controversia global lo publicaron Reinhart y Rogoff en la American Economic Review en 2010. Ahí defienden cómo el crecimiento cae de golpe cuando la deuda pública de un país supera el 90% del PIB. Reinhart, nacida en La Habana (Cuba) hace 57 años, fue economista jefa durante tres años del difunto Bear Stearns, la primera víctima de la crisis financiera. Eso fue en los años 1980, antes de ocupar varios cargos en el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde llegó a ser la número dos en el departamento de investigación antes de llegar a Harvard. Rogoff, de 60 años, fue su jefe en el FMI, donde tuvo un sonado encontronazo con Joseph Stiglitz a cuenta de la crítica que el premio Nobel hizo de esa institución en su libro El malestar en la globalización (2002).

No fueron pocos los políticos que echaron mano del trabajo para defender que se pase la podadora al gasto para volver a la senda de un crecimiento sano y robusto. Entre ellos, Paul Ryan, el candidato republicano a la vicepresidencia de EE UU. También el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, y el expresidente del Banco Central Europeo Jean-Claude Trichet. Ninguno cuestionó la metodología del trabajo, ni sus datos, como hizo el joven Herndon.
“Estaba convencido desde el principio de que algo iba realmente mal con el estudio. Y cuando me llegaron los datos [los autores le mandaron las tablas de Excel que utilizaron, a petición del estudiante], se confirmaron mis sospechas”, relata Herndon. El joven estudiante, criado en Austin (Texas), de padre texano y madre de Hong Kong, al que le gusta tocar el bajo, le pasó las tablas a su novia, Kyla Walters. Ella tiene un doctorado en Sociología y gracias a su trabajo de investigación está muy acostumbrada a cruzar números. “No creo que te estés equivocando”, le respondió.
El siguiente paso fue acudir a Michael Ash y Robert Pollin, dos de sus profesores, que ahora le cubren las espaldas, pero que en un primer momento se mostraron más bien incrédulos. Lo que no logró anticipar Herndon, ni tampoco Ash y Pollin, es lo que venía a continuación. Hay economistas que les han llamado para emprender con ellos una batalla contra la idea de que el alto endeudamiento frena el crecimiento.
Pero hasta ahora ni un solo dirigente político se ha puesto en contacto con el trío para conocer su teoría. Aun así, el estudiante señala que el trabajo “está empezando a marcar la diferencia en los círculos de decisión política”. Cita, por ejemplo, el blog de John Taylor. El reputado economista por Stanford asegura que el error puesto en evidencia por el joven influyó en la decisión de los ministros de Finanzas del G-20 para omitir en su comunicado de la semana pasada una referencia al nivel de endeudamiento.
En el origen del fiasco está un encargo convencional de los profesores. Pidieron a los alumnos que emularan resultados estadísticos de estudios ya publicados. Él eligió el estudio de Reinhart y Rogoff porque, “aunque era poco atractivo”, le pareció oportuno vistas las dificultades que tienen Europa y EE UU para salir del agujero de la recesión y del impacto de las políticas que se están adoptando en los países.

Los profesores de Harvard ahora cuestionados le facilitaron en enero todo el material que necesitaba para descifrar el estudio y le dieron libertad para publicar lo que quisiera. “Vi el error muy rápido”, dice Herndon. A comienzos de abril, Reinhart y Rogoff admitieron que habían cometido algunos fallos a la hora de codificar las cifras. Pero siguen defendiendo su metodología e insisten en que existe una clara correlación entre alto endeudamiento y lento crecimiento. “Este lamentable desliz no afecta al mensaje central”, dicen en una nota.
Herndon, que habla siempre en plural, admite que criticar el trabajo de los dos profesores de Harvard “es lo más fácil” y no cree que hubiera una intencionalidad cuando omitieron ciertos datos, como el hecho de que Australia, Canadá y Nueva Zelanda crecieran en periodos de alto endeudamiento, o se equivocaran en alguna suma al introducir mal las órdenes en la celdilla de Excel. Pero está convencido también de que la teoría no puede replicarse, porque está mal planteada. Y apoya que se adopten políticas de estímulo para salir de la recesión. “La austeridad es contraproducente, crea sufrimiento”.
El estudiante Thomas Herndon
El joven no se declara ni conservador ni liberal; dice que no le gustan las etiquetas. Pero sí parece tener muy claro que “es falso decir que el alto endeudamiento es malo”. Por eso cree que lo que deben hacer los dirigentes es ver las circunstancias específicas en las que la deuda puede ser efectiva en un escenario de recesión. Su prioridad ahora, comenta, es terminar el segundo semestre y recopilar ideas para su tesis final.
De momento se está dedicando con sus profesores a publicar los primeros hallazgos para después seguir desarrollando el trabajo a lo largo del verano, integrando mejoras estadísticas. Y entre clase y clase busca tiempo para conceder entrevistas e incluso acercarse a Nueva York para verse con Stephen Colbert, el conductor del programa satírico The Colbert report. Colbert le dedicó esta semana dos espacios a su trabajo, lo que muestra hasta qué punto está caliente el debate. En el primero se dedicó a mofarse de los profesores de Harvard y de los que se apoyaron en su estudio para aventurar “una nueva crisis económica alimentada por la deuda”. “¿Sabes que has enfadado a mucha gente en el campo de la austeridad, importantes y muy poderosos?”, le preguntó después. “La Universidad me cuida mucho”, le respondió. Herndon admite no estar preparado para la avalancha mediática. “Ni siquiera tenía una buena foto”, comenta. Y las siglas con las que los tres autores firman el trabajo, HAP, tomada de la inicial de sus apellidos, ha inspirado ya una expresión entre los estudiantes: “To get happed”, que alguien te señale los errores.
El joven cree que su experiencia hará que los estudiantes presten mucha más atención a la hora de comprobar una y otra vez los resultados de sus trabajos. “Serán mucho más cuidadosos”. Como le dijo Colbert, la pareja de Harvard no se dio cuenta de los errores porque no hay nadie por encima de ellos que les revise sus estudios. Ahora, como señala Kyla, su chico tendrá menos tiempo para practicar música, pero sus perspectivas de trabajo han mejorado.

 Artículo de Sandro Pozzi publicado en El País el 28 de abril de 2013

jueves, 25 de abril de 2013

Las consecuencias económicas del Excelgate



Artículo de José Ignacio Torreblanca publicado el 22 de abril de 2013

¿Pudo un error en una hoja de cálculo haber destruido casi por completo la economía de Occidente?, se pregunta Paul Krugman en su tribuna “La depresión de Excel”. “¿Cuántos puestos de trabajo se han perdido por culpa de Rogoff y Reinhart”? inquiere Dean Baker en The Guardian .
El escándalo en torno al fallido trabajo académico de Reinhart y Rogoff sobre la el crecimiento y el endeudamiento ha vuelto a poner encima de la mesa las delgadas líneas que en muchas ocasiones separan el análisis económico de la ideología política (el texto original de Herdnon, Ash y Pollin, está aquí:  Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogoff)
El caso, que bien podríamos denominar como el “Excelgate” ( Descargar HAP-RR-GITD-code) ha dejado por lo suelos la reputación de Reinhart y Rogoff, dos hasta la fecha respetadísimos académicos por, entre muchos trabajos considerados de primera fila, su imprescindible estudio “Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera” sobre crisis de deuda, burbujas financieras y bancarrotas a lo largo de la historia.
Lean la entrada de Luis Garicano “El error de Reinhart y Rogoff” en el blog Nada es Gratis y se quedaran  boquiabiertos: casos que faltan, errores de codificación y mediciones mal ponderadas. “¿Cómo es posible”, se pregunta  Garicano, “que dos economistas de tanto prestigio cometieran errores tan de principiante como excluir del análisis precisamente los datos que desmentían su análisis  sobre las consecuencias de un endeudamiento excesivo?”
Sin duda que, como académicos, Reinhart y Rogoff han fallado estrepitosamente (vean aquí su respuesta). Si la academia debe contribuir al debate público con datos contrastados y análisis informados, este desde luego no ha sido el caso. Al contrario, el trabajo de Reinhart y Rogoff, citado en repetidas ocasiones por el Ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, para justificar las decisiones políticas de la eurozona, ha servido para reforzar los prejuicios en lugar de para desmonatarlos.
Por fortuna, tal y como está estructurado hoy el conocimiento, su error ha podido ser detectado por otros economistas y puesto al descubierto (para una versión resumida, véase Robert Pollin y Michael Ash “Why Reinhart and Rogoff are wrong about austerity”, Financial Times 18 abril 2013).
Sin embargo, detrás de todo ello queda una enorme preocupación: coincidiendo con la reunión de primavera del FMI, la impresión dominante entre los expertos es la de perplejidad. Pocos lo confiesan en público, pero la mayoría de los expertos no terminan de entender qué es lo que le está pasando a las economías avanzadas, que no despegan a pesar de tener tipo de interés sumamente bajos. “Los banqueros centrales vuelan a ciegas” concluía de forma alarmante Financial Times el pasado día 18.
No es la primera vez en la historia que la ceguera y necedad de unos políticos aferrados a modelos erróneos desencadena un conflicto. En su famoso estudio “Las consecuencias económicas de la paz”, Keynes avisó del suicidio que suponía hacer pagar reparaciones de guerra a Alemania, “Si aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de la Europa central, la venganza, no dudo en predecirlo, no tardará”.
No pretendo trazar una analogía bélica con el actual empobrecimiento del sur de Europa, sino simplemente mostrar mi preocupación porque la política de austeridad genere tal nivel de resentimiento que, sin llegar a la guerra, haga el proyecto europeo inviable.

Artículo de José Ignacio Torreblanca publicado el 22 de abril de 2013


miércoles, 24 de abril de 2013

El error de Reinhart y Rogoff

Artículo de Luis Garicano publicado el 18 de abril de 2013 en Nada es gratis.



Uno de los argumentos empíricos a favor de las desastrosas políticas de austeridad que ha seguido en la zona Euro en los últimos años (aparte del realmente importante, que es que el norte no quiere poner el dinero) ha sido la investigación de historia económica de Reinhart y Rogoff, primero en su libro (nunca un libro vino tan a tiempo), que no está bajo sospecha, y luego en un trabajo publicado en los “Papers y Proceedings” de la American Economic Review de Mayo del 2010, que ha provocado ayer una tormenta gigante en la blogosfera.
El principal resultado de este último trabajo era que cuando la tasa de endeudamiento público de un país sobrepasaba el 90%, el crecimiento económico bajaba brutalmente, hasta hacerse negativo. Tres investigadores de la Unviersidad de Massachussets, Thomas Herndon, Michael Ash, y Robert Pollin, acaban de colgar una dura crítica de la metodología y los resultados de Reinhart y Rogoff. (el link incluye todos los datos, o sea que es un buen trabajo para los que sois profes les pongáis a los estudiantes a replicar). Básicamente, acusan a Reinhart y Rogoff de tres errores garrafales. Reinghart y Rogoff acaban de publicar (a 17/4/2013) su respuesta.
1) Excluir del cómputo algunos países y algunos años, específicamente, Australia, Nueva Zelanda y Canadá en los años 46-50, años de mucho crecimiento y alta deuda.
2) Errores en el código. En la hoja de Excel (pero estos señores hacen trabajo empírico… en Excel?!)  excluyen cinco países, Australia, Austria, Bélgica, Canadá y Dinamarca, del análisis. Estos países tienen alta deuda y alto crecimiento (ver Bélgica). Estos errores son aceptados por  Reinhart y Rogoff en su respuesta, (“Herndon, Ash and Pollin accurately point out the coding error that omits several countries from the averages in figure 2. Full stop. HAP are on point. The authors show our accidental omission has a fairly marginal effect on the 0-90% buckets in figure 2. However, it leads to a notable change in the average growth rate for the over 90% debt group.”)
3.) Ponderar de manera extraña los países, de forma que las observaciones de muchos años de deuda excesiva quedan reducidas a una observación. Aquí Reinhart y Rogoff en su respuesta se defienden, y dicen que a ellos les interesan los “episodios” y no las observaciones individuales. Sinceramente, no es forma de hacer el trabajo empírico.
Reinhart y Rogoff, en su respuesta, dicen que su trabajo también presentaba las regresiones en medianas, y que estas llegaban a la misma conclusión que sus críticos, Herndon, Ash y Pollin- una caída media del 1% del crecimiento del PIB con deuda por encima del 90%. Obviamente, no era eso lo que se acentuaba en los medios, sino la conclusión de que con deuda por encima del 90%, el crecimiento se volvía negativo. El Economist presenta un bonito gráfico que resume bien las diferencias y muestra el error clarísimamente en el “over 90″ :





En la práctica, esta debacle no altera ninguno de los argumentos que hemos hecho aquí, dado que nuestra visión no ha sido la de Schauble de llegar al crecimiento por la austeridad; al revés, hemos dicho, y seguimos diciendo, que es prácticamente imposible desapalancar una economía sin que el sector público rellene, al menos parcialmente los huecos que va dejando el sector privado (ver esta entrada de Tano del 2009 por ejemplo) y que la clave son las reformas estructurales, combinadas con los impagos privados necesarios (si este blog ha tenido un tema, este ha sido “las bancarrotas necesarias” de bancos y cajas y empresas privadas) no la austeridad—de hecho, como hemos dicho desde el principio el peligro era dejar que la austeridad matara el impulso reformista, es decir, hemos visto la austeridad como enemiga de las reformas necesarias para mejorar el crecimiento económico (ver el artículo del FT de Jesús y mío de agosto del 2012″)
Dos lecciones más, para economistas:
1) Por favor, prohibido usar Excel para hacer trabajo empírico, que somos todos mayorcitos.
2) Los Papers and Proceedings de la AER, el volumen de Mayo, no son sometidos a “refereeing”. El volumen se compone de las sesiones a las que invita el Presidente de la American Economic Association, es decir suponen su visión de lo que es la investigación más importante del momento. Es decir, este problema nos recuerda lo importante que son los procesos de revisión, en los que, sin duda, los revisores (referees) hubieran exigido muchas más pruebas antes de aceptar el trabajo a publicar.

Artículo de Luis Garicano publicado el 18 de abril de 2013 en Nada es gratis.