martes, 16 de agosto de 2011

Entrevista con Gilles Lipovetsky: “El consumo es, junto con el amor, el otro gran sueño de la vida privada” Parte II

Entrevista con Gilles Lipovetsky realizada por Inés Saénz en Milenio: “El consumo es, junto con el amor, el otro gran sueño de la vida privada”

En esta charla a propósito de su libro más reciente publicado en español, el filósofo explica las complejas relaciones culturales que se han establecido con la globalización, y los desafíos y oportunidades que ofrecen a la humanidad.






Gilles Lipovetsky (París, 1944), uno de los 12 intelectuales franceses más influyentes según la revista Le Nouvel Observateur, habla para M Semanal de su último libro, La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada (Barcelona, Anagrama, 2010), coescrito con Jean Serroy. En esta conversación, el filósofo comparte sus ideas sobre los cinco fenómenos que han redefinido nuestros hábitos y han provocado las crisis que vivimos: el mercado, la tecnociencia, las industrias culturales, el consumo y el individualismo.
Durante esta larga conversación Lipovetsky se muestra en toda su complejidad. Explica que el lujo y la moda le interesan sólo como temas de estudio, pues su vida es simple y desprovista de cosas materiales: el exceso le atrae como un reto intelectual, pero en su vida personal busca la moderación. Se confiesa adepto a Facebook y a las nuevas tecnologías como parte de su campo de investigación, y dice que ya cuenta con más de mil amigos, un número siete veces más alto que la media francesa.









LA EDUCACIÓN, PUNTO DE PARTIDA
IS: Usted argumenta que hay algunas ambigüedades en esta cultura-mundo, y afirma que no es sinónimo de estadunización, ni tampoco de homogeneización del pensamiento. ¿Dónde están, entonces, los verdaderos desafíos de esta cultura-mundo?
GL: La cultura-mundo tiene varios desafíos. El primero y más importante en el corto plazo tiene que ver con las desigualdades sociales. Tanto en Europa como en el resto del mundo es la misma cosa: hay una enorme brecha entre los individuos. Ustedes en América Latina tienen perfecto conocimiento de esto. Todo ocurre de tal manera que hay personas que tienen acceso a esta cultura de mercado y de los medios, y otras que no entran a ese mundo. Incluso hay una concreción física de esta enorme diferencia: me refiero a las urbanizaciones cerradas que están muy extendidas en Estados Unidos y ahora también en Brasil y México. Allí están, con vigilancia y seguridad extremas, demostrando cómo la sociedad se fractura. Las ciudades donde antes había un espacio público generalizado tienen ahora sectores con sus propias reglas y su propia vigilancia; pero son los olvidados, aquellos que se quedan fuera de ese circuito, aquellos que no entran en la competitividad mundial quienes representan un enorme desafío. Si uno no educa a estas personas, va a reproducir esta fractura y eso crea una sociedad de inseguridad detestable que se volverá contra nosotros.
El segundo desafío es el individualismo, que, llevado al extremo, crea ansiedad y también nuevas formas de comunitarismo. La comunidad protege, da un marco de referencia a la gente. Creo que esto será inevitable en el futuro, pues el individualismo hace estallar los controles, las comunidades. Algunas personas se las arreglan, pero otras se sienten totalmente perdidas. Esto abre la puerta a los gurús, a las sectas, a nuevas comunidades fanáticas.
El tercer desafío es la globalización, pues ha desarrollado nuevas redes criminales a nivel mundial, como las de la droga, que son una amenaza constante para la paz, la seguridad de las personas e incluso para la democracia. El problema es grave. Le diré francamente lo que pienso: creo que nos equivocamos en mantener una política de prohibición de la droga. En ese sentido soy liberal. Tenemos el ejemplo de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos, que fracasó, pues creó a Al Capone. Si queremos luchar contra estas redes criminales, debemos dejar de prohibir el consumo de drogas y el Estado debe crear sistemas de control que sequen las redes mafiosas y permitan una mayor higiene pública y menos riesgos de sobredosis. En este momento gastamos millones de dólares a escala planetaria para luchar contra estas redes; si retroceden en un país, se desplazan a otro lugar y aumentan en países como México. Desde hace 30 o 40 años se dirige una guerra con un presupuesto gigantesco. El error está en el punto de partida, es un error político pues es una guerra perdida de antemano.
El cuarto desafío es la cultura. ¿De qué manera la escuela y la cultura pueden rivalizar con la televisión, con el internet, con las distracciones? Hay una serie de fenómenos que han provocado que la cultura haya perdido el estatus del que gozaba antes, que la han hecho menos deseable, que la han convertido en un elemento de consumo. Para mucha gente, incluyendo a los profesores de la actualidad, planear las vacaciones es más importante que la lectura. Porque la cultura de consumo tiene un poder de seducción, de atracción, de pasividad que no tiene la cultura. Hay también un consumo de cultura mediocre que se ha vuelto mercantilizada. No podemos decir que los programas que se ven en la televisión son un modelo deseable, pues la cultura mediática no es muy enriquecedora que digamos. Dicho esto, hay que señalar que éste es menos grave que los otros desafíos. Creo que la época en que la cultura era sagrada pertenece al pasado. La cultura tiene hoy menos peso, menos importancia simbólica en la vida de la gente, y al mismo tiempo hay mucha más gente que tiene acceso a la cultura. Pienso, por ejemplo, en la música. Me impresiona, cuando voy en el Metro, la cantidad de gente que la escucha. También veo a la gente —incluso en el Metro— leyendo libros, novelas. A propósito, el mundo editorial no está en crisis, es un sector que escapa a la crisis. Entonces, el fenómeno de la cultura es bastante complejo: hay menos grandes lectores, y sin embargo la gente continúa leyendo. Leen en función de su estado de ánimo, de su interés, de lo que sucede a su alrededor.
De todos modos, estoy convencido de que frente a esto no es la reforma de las industrias culturales lo que cambiará las cosas, sino la educación, es la escuela la que debe provocar el deseo de estas cosas. No son los medios masivos de comunicación sino la escuela. La reforma tiene que provenir de los consumidores; si no se tienen las claves, uno podrá dejar los museos abiertos y gratuitos y la gente no irá. ¿Para qué ir a los museos pudiendo ver la televisión? La gente irá si tiene una motivación. No es sólo cuestión de dinero. Uno también puede amar u odiar los programas de televisión y a mí eso no me inquieta. Los verdaderos problemas culturales se encuentran en que cada vez más gente tiene dificultad para leer, incluso en los países desarrollados. Hay un fracaso escolar, en la educación básica, y eso es intolerable, inadmisible, un verdadero escándalo. Entiendo que reformar el sistema monetario internacional puede ser complicado, y dudo que sea posible transformar la tecnociencia. En cambio, que gente que pasa 10 años en la escuela no pueda leer correctamente es completamente ininteligible. Es un fracaso y un escándalo, y me preocupa mucho más que los programas de televisión, puesto que actualmente estamos en un sistema en el que el consumo cultural no es homogéneo, y tal vez nunca lo ha sido. La gente tiene gustos diferentes. A uno le puede gustar algo kitsch y al mismo tiempo ser un lector de Marcel Proust. La cultura-mundo favorece este tipo de contrastes. En Francia hay una cadena de televisión que se llama Arte que hace cosas realmente buenas, de calidad y accesibles, y sólo tiene 30 por ciento de audiencia; pero uno no va a forzar a la gente a ver Arte. Es por ello que insisto en el punto de partida, en la educación. Es muy importante que la gente tenga opciones.