jueves, 18 de agosto de 2011

Entrevista con Gilles Lipovetsky: “El consumo es, junto con el amor, el otro gran sueño de la vida privada” Parte III

Entrevista con Gilles Lipovetsky realizada por Inés Saénz en Milenio: “El consumo es, junto con el amor, el otro gran sueño de la vida privada”

En esta charla a propósito de su libro más reciente publicado en español, el filósofo explica las complejas relaciones culturales que se han establecido con la globalización, y los desafíos y oportunidades que ofrecen a la humanidad.




Gilles Lipovetsky (París, 1944), uno de los 12 intelectuales franceses más influyentes según la revista Le Nouvel Observateur, habla para M Semanal de su último libro, La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada (Barcelona, Anagrama, 2010), coescrito con Jean Serroy. En esta conversación, el filósofo comparte sus ideas sobre los cinco fenómenos que han redefinido nuestros hábitos y han provocado las crisis que vivimos: el mercado, la tecnociencia, las industrias culturales, el consumo y el individualismo.
Durante esta larga conversación Lipovetsky se muestra en toda su complejidad. Explica que el lujo y la moda le interesan sólo como temas de estudio, pues su vida es simple y desprovista de cosas materiales: el exceso le atrae como un reto intelectual, pero en su vida personal busca la moderación. Se confiesa adepto a Facebook y a las nuevas tecnologías como parte de su campo de investigación, y dice que ya cuenta con más de mil amigos, un número siete veces más alto que la media francesa.




EL PELIGRO DEL COMUNITARISMO
IS: Hoy en día uno puede constatar que en Europa hay una tendencia a cuestionar el multiculturalismo. Angela Merkel declaró recientemente: “No hemos logrado integrar a los inmigrantes”. Las leyes de migración europeas se están volviendo más estrictas. En su libro hay una postura muy clara de defensa a la sociedad multicultural. ¿Qué opina sobre lo que pasa actualmente en Europa?
GL: Afortunadamente existe el multiculturalismo, gente de diferentes religiones, de orígenes y lenguas diversas. Eso no causa ningún problema. Lo que es problemático e incluso peligroso, en mi opinión, es el comunitarismo, que es que uno se piense en primera instancia como miembro de una comunidad y no como ciudadano, dejando a un lado la nación en nombre de un particularismo. El interés general desaparece, la ciudadanía desaparece en beneficio de la comunidad, y ésta muchas veces rechaza o puede rechazar las reglas de la ciudadanía democrática. La comunidad puede ejercer un verdadero terror en la gente. Hay varias cuestiones en las que el peso de la comunidad es tal que tiene a las mujeres en un verdadero estado de esclavitud. Hay una amenaza que se ejerce sobre los más jóvenes, sobre las mujeres y que es perjudicial para la unidad de la nación porque las comunidades se atacan unas a otras. Incluso en los países de tradición más tolerante, como Holanda, hay un problema de rechazo a ciertos comportamientos musulmanes. Yo a eso no le llamo multiculturalismo, pues yo pienso que los musulmanes tienen su lugar si respetan las leyes fundamentales de la República; respetarlas es bueno para todos, pues es una manera de liberarse de la influencia de la comunidad. No hay naciones sin leyes y las leyes deben ejercerse para todos. Yo no soy especialista, pero considero que no hay ninguna razón para pensar que la inmigración es un fenómeno aparte, y que como todo fenómeno exige una regulación, pues si no la hay las cosas terminan mal. Ya lo vimos en el aspecto económico. Es tan mala la coacción totalitaria como la ausencia o insuficiencia de reglas, pues eso provoca muchos problemas. Así pues, creo que son deseables unas leyes más inteligentes y no necesariamente más drásticas. Ha habido errores, como el de la política francesa, que ha pretendido estigmatizar a los gitanos. Estigmatizar a un grupo no honra a la República. En una sociedad democrática se estigmatiza a individuos, a culpables, pero no se puede señalar con el dedo a una comunidad, pues esto crea un ambiente malsano que no es compatible con el ideal republicano. Creo que este problema continuará en el futuro si tomamos en cuenta que Europa está al lado de África, donde hay millones de personas que viven en la extrema pobreza y que se sienten atraídas por el canto de la sirena del consumo y bienestar europeos. No hay que engañarse, el problema no se ha solucionado. Por ello, los europeos en conjunto deberíamos contar con políticas de concertación, pero también con políticas de control y de ayuda a los países del Este y de África que estimulen su desarrollo, pues si no hay desarrollo la inmigración continuará.
Tomemos un último ejemplo que muestra cómo el comunitarismo me parece execrable. Un ejemplo radical: la ablación del clítoris. Uno podría decir: “Son sus reglas, sus leyes, su tradición, y hay que respetarlos”. Este es un punto de vista relativista que yo no comparto. Desde el momento en que estamos en un mundo que no es el mundo de la tradición, conservar una conducta preindividualista me parece un crimen. El respeto al cuerpo humano forma parte del ideal universalista que se aplica a todas las religiones, a todas las personas sin importar raza, credo o color. Es el ideal universalista el que debe primar. En nombre del respeto no se debe tolerar ni la ablación ni la poligamia. Hay que respetar las tradiciones mientras que éstas no vayan en contra de los ideales universalistas. Para decirlo de otra manera: me parece legítimo ir a la mezquita o construirla, pero construir una mezquita es un acto de multiculturalismo y no de comunitarismo, pues las personas tienen derecho a ejercer libremente su religión. Sin embargo, ejercer libremente su religión no es lo mismo que practicar la ablación del clítoris.
Lo primero es compatible con el ideal universal del respeto a la persona, a su cuerpo y a su integridad. Sine embargo, lo segundo es inaceptable. Así pues, yo diría que el principio general es que hay que aceptar toda religión o comunidad cuyas prácticas, creencias y costumbres no choquen con el ideal humanista y universalista. En esta dirección el multiculturalismo me parece deseable, pero el problema empieza en el momento en que se convierte en comunitarismo.