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sábado, 19 de julio de 2014

70.000 titulados ocupan trabajos que no precisan ninguna formación

Artículo de Pilar Álvarez publicado en El País el 7 de julio de 2014.

Uno de cada tres titulados universitarios españoles está empleado en un trabajo por debajo de su cualificación. Es decir, terminaron una carrera y consiguieron un empleo para el que no necesitaban esos estudios. España está a la cabeza de sobrecualificación de Europa, seguida de cerca por Irlanda y Chipre, y muy por detrás de la media comunitaria, con un 20%. Son algunos de los datos analizados en el informe anual de la fundación Conocimiento y Desarrollo (CyD), presentado este lunes. 
Un estudiante japonés de secundaria superior tiene un nivel de competencias similar al de un graduado universitario español. El ejemplo lo ha citado  el secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), Ángel Gurría, para indicar que la calidad de la formación universitaria española dista aún “mucho” de alcanzar la de otros países. Cada año se gradúan en las universidades españolas 220.000 estudiantes, pero no siempre se cumplen sus expectativas laborales.
Durante la presentación, el secretario general de la OCDE ha alertado de que la situación de la formación en España es “alarmante”. Los campus defienden que este desfase no se debe a un problema de exceso de formación sino de crisis y falta de empleo El porcentaje de parados entre españoles con estudios primarios incompletos y aquellos con educación superior dista más de 27 puntos, entre el 43,32 % de los primeros y el 15,77% de los titulados, según la Encuesta de Población Activa (EPA). El ministerio prepara un mapa de empleabilidad para evaluar la relación entre universidades y mercado de trabajo.
El informe La contribución de las universidades españolas al desarrollo, de la fundación CyD, señala que la cuarta parte de estos titulados contratados por debajo de su cualificación en España se emplearon en tareas de contable y administrativo, en restauración o como vendedores. Solo un 1,5% de los graduados universitarios contratados en 2013 lo fueron para un puesto de director gerente. Y el 6% realiza ocupaciones elementales para la que no se necesita ningún tipo de estudio. En cifras absolutas, son unas 70.000 personas (37.000 hombres y 33.000 mujeres). Son casos como el de Félix Lete, de 32 años, que lo explica así de claro: “Claramente no necesitaba estudios para lo que hago, podría valer cualquiera”. Lete es licenciado en Ingeniería Industrial por la Universidad de Navarra, pero trabaja recogiendo vasos en una discoteca de San Sebastián. “Empecé cuando estaba estudiando y, como no encontré nada, volví tras seguir varios años en proyectos de la universidad”. Asegura que gana 1.100 euros por tres días de trabajo. “Me encantaría ser ingeniero y lo intento, pero cada vez salen más titulados de las universidades mientras otros se quedan en paro con muchos años de experiencia. Hay más demanda que oferta”.
El informe cruza los datos más recientes de Eurostat y del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y señala dos claves para explicar la situación española. Por un lado, España está entre los países que más titulados superiores produce y, desde el otro extremo, se sitúa entre las que menos empleo de alta cualificación demanda. Por comunidades autónomas, las regiones en las que la contratación va más acorde con la titulación son Navarra, Cataluña y Castilla-La Macha. A la cola se sitúan Castilla y León, La Rioja y Asturias. Solo cuatro comunidades autónomas han mejorado en el último año: Navarra, País Vasco, Canarias y Extremadura.
Modificar el desfase entre cualificación y empleo es “especialmente complicado”, considera Martín Parellada, coordinador general del informe de la fundación que preside Ana Patricia Botín. Según este experto, la universidad está actuando “proactivamente” para invertir esa tendencia revisando las bolsas de trabajo e intentando adaptar los contenidos de su oferta educativa al mercado de trabajo. El informe de la fundación recoge la experiencia de la Universitat Jaume I (Castellón), que ha implantado un modelo de prácticas obligatorias integradas que obliga a todos los estudiantes a graduarse con, al menos, una primera experiencia laboral.
La Universidad Politécnica de Madrid adaptó sus titulaciones al Espacio Europeo de Educación Superior (el Plan Bolonia) tras consultar a empresas, colegios profesionales y agentes sociales “sobre las necesidades de formación de los estudiantes para el mercado de trabajo”, explica su rector, Carlos Conde. La primera promoción de graduados de Bolonia acaba de salir, mientras que los datos de Eurostat analizan dos franjas de edad que van de los 20 a los 54 años y de los 25 a los 62. Por ese motivo, el rector de la Politécnica espera que el desfase entre la preparación universitaria y el empleo obtenido se corrija en los próximos años. Las encuestas que la Politécnica realiza a sus graduados señalan, según el rector, que un 74% asegura estar empleado en consonancia con su titulación, aunque “se sienten mal pagados”. Conde pone el acento en otro aspecto: “No se trata de cualificación, sino de infraempleo”.
Lo mismo considera el presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), Manuel López. “No se puede considerar que porque exista una escasa oferta de empleo, se esté produciendo un exceso de cualificación”, señala. “Las recomendaciones de la UE van hacia una mayor cualificación, lo que tenemos que arreglar es el mercado laboral”.

Representantes de la Unión Europea, de la OCDE y del Ministerio de Educación se reunieron ayer para establecer un “plan de acción” para favorecer las posibilidades de empleo de los jóvenes españoles, según anunció en la presentación del informe el ministro de Educación, José Ignacio Wert. El secretario de Estado de Universidades, Federico Morán, anunció que para antes de final de año tendrán listo un mapa de empleabilidad en el que va a cruzar datos de la Seguridad Social con el de titulados universitarios.

Artículo de Pilar Álvarez publicado en El País el 7 de julio de 2014.

sábado, 11 de enero de 2014

La desigualdad corroe el proyecto europeo

Artículo de Claudi Pérez publicado el 5 de enero de 2014 en El Pais.
Seis años largos después del arranque de la Gran Recesión, el número de británicos que se ven obligados a acudir a instituciones benéficas para comer se ha multiplicado por 20, según un informe reciente de Trussell Trust. Italia reconoció la semana pasada a través de su Gobierno que los niveles de pobreza han subido a máximos desde 1997. El número de españoles atendidos en los servicios de acogida de Cáritas ha pasado de 370.000 a 1,3 millones en lo que va de crisis. A Grecia han vuelto enfermedades como la malaria y la peste.
La pobreza es una abstracción, menos para quienes la padecen: los síntomas de empobrecimiento colectivo y de creciente desigualdad están por todas partes. Desde la Gran Depresión hasta la década de los setenta, Occidente se volvió cada vez menos desigual gracias a lo que los economistas llaman políticas contracíclicas; a partir de ahí todo eso empezó a arrojarse por la borda. La crisis actual no ha hecho sino agudizar las desigualdades en Europa.
Los datos que ofrecen Eurostat, la Comisión Europea, la OCDE, el Banco Mundial y los informes del Luxembourg Income Studies son rotundos. Los índices de desigualdad crecieron durante los ochenta y se redujeron en los noventa, en general, en los países avanzados —aunque en España fue justo al revés—, para volver a agrandarse en los años previos a la crisis. Europa era en 2007 más desigual que en 1970. Una vez iniciada la Gran Recesión, la brecha entre ricos y pobres siguió creciendo levemente hasta 2010, y cogió velocidad con el estallido de la crisis de deuda —aunque ahí los datos aún tienen que confirmar con todas las de la ley los ya numerosos indicios—, que llevó al continente a activar duras políticas de austeridad.
Entre los países más desiguales del continente figuran los bálticos, los latinos —España ocupa el segundo lugar y es también el segundo país que más ha incrementado la desigualdad entre los Veintiocho— y los de Europa del Este, junto con los anglosajones, Reino Unido e Irlanda. Los menos desiguales son los centroeuropeos, que en algunos casos, como los de Alemania y Holanda, han aprovechado la crisis para reducir el abanico entre ricos y pobres.
El alud de cifras de fuentes diversas es abrumador, y a veces contradictorio. Pero pueden espigarse algunos números que subrayan esa tendencia indiscutible hacia la mayor desigualdad. El 20% de los europeos más ricos gana cinco veces más que el 20% más pobre —un indicador que crece muy levemente en la eurozona— si bien en países como Grecia y España esa cifra es de hasta siete veces más, según Eurostat. En España, en particular, los datos de desigualdad crecen a toda velocidad, a un ritmo muy superior a la media. Y, al igual que en los países anglosajones, la cicatriz es especialmente visible en el 1% más rico: en 1976, el presidente de la tercera entidad bancaria española ganaba ocho veces más que el empleado medio; hoy gana 44 veces más.
El ritmo es asfixiante, aunque las magnitudes aún están lejos de las de EE UU: el primer ejecutivo de General Motors se llevaba a casa unas 66 veces el sueldo de un empleado medio; hoy, el presidente de Wal-Mart gana un salario unas 900 veces mayor. En general, la tendencia es preocupante en toda Europa, pero no caben los tenebrismos: las desigualdades son superiores en EE UU y en los países emergentes, donde la renta per cápita sube y millones de personas han salido de la pobreza, pero los más ricos son mucho más ricos que los pobres en comparación con los estándares europeos.
La media docena de fuentes consultadas para esta información coinciden en ese diagnóstico. Thomas Picketty, autor de un monumental libro sobre desigualdad —Capital en el Siglo XXI, aún no traducido al español—, asegura a este diario que la creciente desigualdad europea obedece a varias razones. En economías con bajo nulo crecimiento económico y de población, los efectos redistributivos del sistema fiscal y del Estado de Bienestar son menores. La crisis agudiza esa tendencia: reduce prestaciones, dificulta el acceso a la educación de los desfavorecidos y, en general, “avería el denominado ascensor social”. La globalización, la financiarización de las economías y la ingeniería fiscal han agudizado esa tendencia. “El problema básico de la UE es que nuestras insitituciones políticas no funcionan: activaron durísimos planes de austeridad para restaurar la credibilidad fiscal, pero nada de eso ha funcionado. Europa necesita imperiosamente más unión política, pero esta vez para acabar con la competencia fiscal, para volver a disponer de instrumentos que permitan luchar contra la desigualdad”, apunta.
La desigualdad es corrosiva; el historiador Tony Judt, ya fallecido, aseguraba que corrompe a las sociedades desde dentro. La Comisión Europea ha empezado a activarse ante un problema que se adivina más y más importante, pero con los mecanismos habituales: promete poner en marcha un indicador de desigualdad y, a falta de políticas —y dinero fresco—, ha apretado el botón de alerta: “Europa encarda una era de desigualdad creciente; la crisis ha golpeado particularmente a los más débiles, a las generaciones más jóvenes y a las ciudades y regiones más pobres. En los dos últimos año s hay más de siete millones de personas adicionales en riesgo de pobreza. Hay que moverse para salvaguardar el modelo social europeo”, explica el comisario Laszlo Andor.
Porque eso es lo que está en juego: las tendencias actuales corroen el contrato social europeo y puede que eso acabe desencadenando problemas sociales. Pese a que la crisis invita a ser prudente, ya ha habido acciones más o menos violentas (Grecia, Portugal, el movimiento 15-M) que se han movilizado contra ese incremento de la brecha entre ricos y pobres, pese a que esos brotes son aún insuficientes para concentrar el suficiente capital político. Y aun así, la sensación de que la alternancia política es meramente decorativa, la impresión cada vez más generalizada de que nada cambia en Bruselas, en Fráncfort o en Berlín, los verdaderos centros de decisión europeos, puede provocar que toda esa presión derivada del incremento de las desigualdades es evacúe hacia los populismos, según temen fuentes europeas. “Los extremismos, además, buscan chivos expiatorios —la inmigración, la corrupción, el descrédito de las instituciones— y desvían el punto de mira del que debería ser el auténtico objetivo: reformas fiscales audaces y cooperación fiscal internacional para taponar los agujeros negros del sistema financiero”, apunta una fuente europea.
Charles Wyplosz, del Graduate Institute, añade que la Gran Recesión “no ha dejado de elevar el grado de desigualdad, y no va a dejar de hacerlo: ¿Quiénes han perdido su empleo, y quiénes van a seguir perdiéndolo? Para suavizar eso se inventaron las políticas contracícilicas: para acortar recesiones y aliviar el sufrimiento de los más desfavorecidos. Pero Europa insiste en que este es el precio que hay que pagar para purgar los pecados del pasado, el despilfarro fiscal y la falta de reformas. En cierto modo, los políticos que han abrazado esa narrativa tienen razón, pero en algún momento alguien tiene que darse cuenta de que todo este castigo tiene algo de inmoral y puede llevarse por delante el proyecto europeo”.
La desigualdad es uno de los aspectos más controvertidos y va y viene, una y otra vez. En el siglo XIX, Karl Marx y David Ricardo alertaron de las incógnitas que suponían altos niveles de desigualdad para el conjunto del sistema. Tras el crack de 1929 llegaron décadas de esplendor y el debate se soterró cuando los niveles de desigualdad bajaron drásticamente. En algunos lugares, algunos indicadores de desigualdad vuelven a niveles próximos a los años previos a la Gran Depresión: Estados Unidos ha tomado nota y su presidente, Barack Obama, señala la lucha contra la desigualdad como “uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo”; Nueva York ha elegido a un alcalde, Bill DeBlasio, que llevaba la desigualdad como el mascarón de proa de su campaña; los mejores economistas se enzarzan en agrias polémicas al respecto.
En Europa, cuna de Marx y Ricardo, el nivel del debate es muy inferior. Pero empieza a estar ahí. ¿Qué dicen los marxistas al respecto? Costas Lapavitsas, profesor de la Universidad de Londres, es tajante: “Las políticas de rescate han agravado la desigualdad en todos los aspectos: salarios, pensiones, desempleo, laminación del Estado del Bienestar. Queda claro que la UE no tiene ya un programa keynesiano, que proyecte poder blando a través del crecimiento y el nivel de vida: se ha convertido en un proyecto neoliberal puro, elitista, socialmente insensible, que promueve una nueva estratificación social. Dadas las pobres perspectivas de Europa, las cosas solo pueden empeorar: política y socialmente, más desigualdad sería un serio peligro para Europa a la vista de los extremismos que vienen”.

Desde la ortodoxia, un economista muy diferente a Lapavitsas, Daren Acemoglu, apunta en la misma dirección: “Lo más peligroso de la desigualdad es cuando llega a tocar la política: la democracia corre riesgos cuando hay gente con mucho dinero que puede llegar a tener un enorme poder”. El sociólogo español José María Maravall huye de tenebrismos y explica que la tendencia hacia la mayor desigualdad es inequívoca, pero en el pasado “ya pudo controlarse a través del gasto social y de las orientaciones políticas de los Gobiernos europeos en determinadas épocas, la más reciente durante los años noventa”. ¿Hay políticos en Europa dispuestos a dar un golpe de timón con políticas redistributivas, y electorados dispuestos a apoyarles?

Artículo de Claudi Pérez publicado el 5 de enero de 2014 en El Pais.

domingo, 16 de enero de 2011

PREC III actividad 2 opción 1 Introducción a la Economía Parte III

En esta ocasión adjunto la PREC III, actividad 2 de la asignatura Introducción a la Economía del grado de Sociología del curso 2010/2011 de la UNED. Un ejercicio propuesto por el equipo docente como actividad voluntaria donde había que elegir uno de dos opciones posibles, siendo esta la opción 1.  La fecha de entrega se estableció a el 15 de enero.
Este ejercicio no ha sido corregido por tutor o profesor alguno, por lo que no garantizo que esté bien resuelto. Estoy abierto a recibir sugerencias al respecto, que obviamente serán bien recibidas, para que entre todos, podamos enriquecerlo. 

5.- Reflexión y análisis personal sobre las consecuencias que se pueden extraer del mismo

Parece ser que el gobierno ha abandonado su proyecto político; congelación de las pensiones, recortes en los sueldos de los funcionarios públicos, y otras medidas como los recortes sociales que pronto se llevarán a cabo por recomendación de varios organismos internacionales, para intentar paliar en gran medida, las consecuencias de la crisis, y por otro lado, llevar a la economía a la senda de la definitiva recuperación.
Este Ejecutivo impulsa unas políticas que aplican una rebaja en la financiación del ya poco desarrollado Estado del Bienestar (el gasto público social por habitante continúa a la cola de la UE-15, el grupo de países de la UE más próximos a España por su nivel de desarrollo económico). El mayor problema que afecta a España es el desempleo, el más elevado de la UE-15, con el 20,7% (EUROSTAT octubre 2010) de la población activa y con el 46% de éstos con miedo a perder el puesto de trabajo. Los datos anunciados por el Gobierno presentan un 19,3% de paro en 2011, cuatro décimas más de lo que había calculado recientemente. Cerca de medio millón de trabajadores se vieron obligados a tener un segundo empleo, para hacer frente a sus necesidades durante el 2009 (Sondeo Randstad, año 2010).
Esta crisis ha entrado de lleno como un organismo destructor y provocador de significativas mutaciones socio-económicas globales. Abordar los riesgos a los que se enfrentan los ciudadanos en el curso vital de su existencia, se configuran como fundamentales, en una tendencia que apunta a unos severos recortes “imprevistos” de una política socialdemócrata, virtualmente preocupada por los servicios asistenciales disponibles, de manera universal, para todos los ciudadanos. Unas coberturas que han terminado por ceder, en su máxima capacidad.

6.- ¿Existen diferencias entre las estimaciones de organismos privados y públicos? Justifíquelo. ¿por qué existen discrepancias entre los diversos organismos?

La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) se suma al conjunto de organismos y servicios de estudios que han mejorado sus previsiones económicas para España, para este final de ejercicio, como para el próximo. La primera discrepancia en los datos está en la ofrecida en el dato del Producto interior Bruto (PIB) del tercer trimestre; mientras Funcas prevé un encogimiento del 0,2%, el Gobierno ofrece un pronóstico más pesimista del 0,3%. En este caso Funcas se une a la opinión del Servicio de Estudios del BBVA.
Para el 2011, Funcas mejora su perspectiva, que pasa del 0,4% al 0,8%, y aquí la segunda discrepancia con el Gobierno, que prevé menos aún con las medidas de ajustes aprobadas a lo largo del año por el Ejecutivo. Y en oposición con la mayoría de expertos y servicios de estudios, el Gobierno espera crecer un 1,3%, pues éste cree en una recuperación del consumo en las familias, mientras el resto pronostica que seguirán en valores parecidos a los del 2010.
Las discrepancias en las estimaciones entre los diversos organismos aparecen en una generalizada incertidumbre frente a los datos, con unas estadísticas insuficientes y de fuentes muy diversas, que impulsan a problema de interpretación, pues la Economía como ciencia social, no es exacta. 



7.- ¿Se observa una tendencia mayoritaria entre las previsiones? ¿Cuál es?

Sí que existe una tendencia mayoritaria, que responde fundamentalmente a la coincidencia de la caída en la demanda nacional, que no podrá compensarse con el crecimiento de la demanda externa. Igualmente con los datos del PIB que todos apuntan a que no mejorarán los datos hasta el segundo trimestre del año próximo. También en los datos del paro parece que todos coinciden que rodará en torno al 20%. La previsión de mejora en términos generales se encuentra en línea: la del Gobierno, servicios de estudios y organismo internacionales. Aunque la previsión del consenso se sitúa, junto con las de la Comunidad Europea y del FMI, entre la menos favorables. Por otro lado en estos dos últimos meses hay voces que han revisado con cierto pesimismo, a una tendencia claramente a la baja.

8.- Comentario personal sobre los datos y la utilidad de los mismos

Es indudable que la economía española no pasa por su mejor momento. Una crisis global que ha afectado en mayor o menor medida a todos, pero en países como España parece que se está manifestando con mayor virulencia. Un mercado español además con un problema grave con la progresiva materialización de empleo precario, impulsando con ello, una generación de jóvenes desanimados y frustrados. Un problema estructural, promovido por la desproporción entre el sistema educativo y productivo, que con ello sanciona fundamentalmente a multitud de jóvenes cualificados que no consiguen obtener el empleo que creen merecer tras largos años de esfuerzo. Una marcha imparable que procede de la mecánica de los pactos sociales que se articulaban en torno al Estado de Bienestar de las políticas social demócratas de los últimos años. Unas medidas muy controvertidas que han sostenido un sistema muy frágil de ayudas sociales que han intervenido en gran medida, a agudizar esta crisis económica actual, adelgazando por tanto, el conocido superávit de la seguridad social hasta noviembre con un 25% menos que el mismo periodo del 2009. Con una caída en los once primeros mese del año en los ingresos del sistema público de pensiones en un 0,45%, mientras los gastos crecieron el 3,26%.
Estos datos arrojan la difícil situación de un país que previsiblemente superará el 20% de paro en el año 2011, con un retroceso importante del consumo que obedeció entre otras causas, al final de los estímulos fiscales instaurado por el Ejecutivo. Con unas tasas muy negativas en la inversión en vivienda y, con una gran caída en las construcciones que responde al recorte por parte del Gobierno en la inversión pública. Una previsiones relativas al sector exterior a la baja en las exportaciones, donde también se reducen las previsiones de las importaciones, cuya evolución está muy vinculada a la de aquellas. Se mantienen las expectativas de aportaciones al crecimiento negativas en la demanda nacional.
Estos datos son útiles para constatar que la prosperidad económica y el Estado providencial quedaron atrás, y ahora acostumbrados a esas comodidades tenemos que ser conscientes que estos tiempos traerán efectos desvertebradores muy importantes en nuestra sociedad, el mecanismo social será el primer afectado, con ello y ya lo estamos percibiendo, con los recortes sociales propuestos por el Ejecutivo, repercutirán en el detrimento de los servicios públicos. Muchos analistas prevén que la economía española será una de las últimas en recuperarse en Europa, y debe de buscar nuevas fuentes de crecimiento donde tiene que alentar la actividad privada y aumentar los fondos para I+D+i.