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lunes, 22 de febrero de 2016

El reto de imaginar el proyecto académico online

Los estudiantes que por diversas circunstancias debemos abordar los estudios con la metodología a distancia (online) debemos ser conscientes desde el principio, que la constancia es la variable más importante que tenemos que aplicar. Yo he podido afrontar este reto desde el convencimiento que era capaz de hacerlo. Todos podemos trazar en nuestro horizonte las metas que nos propongamos, pero sabemos, que el entusiasmo en ocasiones, nos hace imaginar algunas que son inalcanzables. Tenemos que ser realistas, sin dejar de ilusionarte con lo que quieres emprender. Los límites propios de cada uno son los que son, y es fundamental reconocerlos, significarlos en tiempo y forma. Los personales, los familiares, los laborales, los económicos, los logísticos, los culturales, los coyunturales, o todos a la vez. Ese es el primer ejercicio que debemos hacer cuando imaginamos nuestro proyecto académico.

El segundo, es también obvio, de sentido común. La elección de la carrera universitaria que quieres cursar. Para ello se tiene que ponderar dos magnitudes sustantivas, lo que te gusta con lo que crees que puede ser más útil en tu futuro. Aquí otra vez, debe primar la reflexión sensata, y paradójicamente esto es lo más subjetivo que se puede dar. Pues cada uno tenemos nuestras propias proyecciones en el tiempo, y nuestras propias experiencias personales que han determinado lo que hoy somos, y lo que deseamos del mañana.

Mi primera incursión fue con la carrera de Sociología y estoy finalizando en estos momentos un postgrado de Antropología. Ámbitos muy conexos, donde en ocasiones es difícil la delimitación de fronteras nítidas entre ambas áreas de conocimiento. Pero en mi caso, han sido opciones donde ha primado las dos cuestiones citadas anteriormente, es decir, la pasión por la teoría sociológica y lo que ha significado en el universo de las ciencias sociales. Su relevancia de estudio tanto de índole cuantitativa como cualitativa que puede llegar a abarcar, y a tantos ámbitos de la sociedad que puede aproximarse como proyecto de investigación. Pero igualmente, la Antropología, que me está proporcionando conocimientos y perspectivas de lo más valiosas, para poder explorar las diversas narrativas existentes de las realidades que quieres observar. En definitiva, estudiar lo que te gusta y poder ejercerlo profesionalmente.

Después del objetivismo y las metodologías pretéritas e inmersos en la nueva sociedad del conocimiento, una hiperconectada, la Antropología se sitúa como una de las ciencias sociales más útiles para dar respuesta a muchos de los interrogantes y desafíos contemporáneos. La intersubjetividad, la interdisciplinariedad deben también jugar un papel protagonista como mecanismos eficaces para aproximarnos con más efectividad a los acontecimientos producidos en nuestras sociedades. El cruce de fronteras entre disciplinas es necesario, con ello obtendremos una “caja de herramientas” más potente para llevar a cabo nuestras etnografías. Desde una investigación más modesta y bien fundamentada desde la intertextualidad (diálogo entre autores), sólo nos queda empezar a planificar nuestros estudios de Antropología Social y Cultural que ofrece en metodología Online por ejemplo, el Centro Universitario Internacional de Barcelona (UNIBA).

Cuestiones de sobra conocidas como el trabajo diario de lectura, el no dejar para otro día tareas que puedes realizar hoy, hacer una planificación de estudio ajustado a tus obligaciones, considerar los imprevistos, hacer frente a un número de asignaturas razonable para evitar los temibles empachos, etc., se convierten en axiomas de la ecuación que la mayoría de las veces suele funcionar: “con trabajo y algo de sacrificio, todo se consigue”. Y es cierto, bueno que lo es, aquí estoy yo, con un grado, un máster y otro en curso, y multitud de cursos realizados en estos últimos años. Y todos estos hitos académicos, siguiendo el método de estudio a distancia Online. Lo he logrado hacer, con una buena planificación y trabajando todos los días, poco a poco…, como tantos otros estudiantes que han compartido este viaje conmigo.

Poner en marcha este proyecto, que es uno de vida, constituye uno de los más importantes que puede suponer para una persona. Por eso la importancia de “pasar a limpio” estas cuestiones citadas, de imaginar para proyectar, y hacerlo con responsabilidad, tomándose su tiempo. Poner el foco y con la misma intensidad, en todos los asuntos implicados para intentar en la medida de lo posible, acertar con tu proyecto académico. Ya sólo queda que pongas de tu parte, organízate y ponte a imaginar.


Javier Prieto

domingo, 8 de noviembre de 2015

El síndrome de la respuesta única

Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 27_10_2015
Leoncio González
Universidad Europea de Canarias. Profesor.

El sistema educativo español actual, previo a la universidad, obliga a los estudiantes a colarse por un cuello de botella llamado PAU (Prueba de Acceso a la Universidad), en otros tiempos Selectividad. Este embudo ofrece una especie de validación de conocimientos que evidencian, de manera casi antediluviana, que el alumno, tras pasar por la educación infantil, seis años en primaria, cuatro en secundaria y dos en bachillerato puede "justificar" que "sabe". 

Y esta prueba es la llave para su paso al mundo universitario, es decir, su superación dejará constancia que esa persona está preparada para afrontar la recepción de una formación superior. Aún en el siglo XXI somos capaces, y así lo han considerado todos los responsables de las diferentes leyes educativas de la democracia, de depositar en un solo examen el futuro de nuestro futuro. Temible.
Pese a todo, pese a que el sentido común no parece aplicarse en la redacción de estas propuestas metodológicas, la inclusión de dichas siglas es una espada de Damocles que pende sobre las conciencias de los profesores de Bachillerato y, lo que es peor, sobre alumnos y padres. 

La PAU es la fiesta de la respuesta única. Al primer curso universitario llegan cada año alumnos sin capacidad de juicio ni criterio sancionador. Porque han dedicado sus dos últimos años de instituto a forjar las respuestas exactas que se les iba a preguntar en la PAU. Son estudiantes que rebuscan entre la sinapsis de sus neuronas la solución estereotipada al problema propuesto; y cuando, en ocasiones, se les plantean soluciones desde otro punto de vista, se estrellan ante un mar de incertidumbres. 

Una y otra vez recibimos quejas de los alumnos: "los ejercicios que hicimos en clase son diferentes a los que salieron en el examen", dicen, y es muy difícil hacerles entender que el resultado es diferente, pero que lo que tienen que dominar es el método, el proceso, que deben aplicar. La Prueba de Acceso a la Universidad se ha convertido en un prontuario mecánico de resolución de problemas clásicos, y desgraciadamente en la escuela, hoy por hoy, el sistema sigue preocupándose más en hacer memorizar estas fórmulas que en desarrollar una competencia crítica para aplicar "otras" posibles soluciones. (Quiero remarcar que mi crítica a la PAU sólo es un ejemplo, y aseguro que el único problema existente no radica en esa prueba).

Con estos mimbres, los dos primeros cursos de grado se traducen en un continuo "desaprender" para conseguir "aprender" el funcionamiento de las cosas, para observar, analizar, proponer, discutir, argumentar, documentarse y resolver. Es por ello que la mecánica de las metodologías de aprendizaje basado en problemas y proyectos se torna fundamental: la vida no está escrita en un libro de texto, y todo no se puede resolver aplicando una fórmula única. 

La visión creativa de la resolución de problemas es, cada día, más importante y necesaria y, por ello, tendremos que conseguir, en algún momento, que en la escuela se empiece a "enseñar desde el cerebro del que aprende", como ha indicado el decano de la facultad de Educación de la Camilo José Cela, José Antonio Fernández Bravo, y no desde el cerebro del que hace las leyes, como hasta ahora venía sucediendo.


Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 27_10_2015
Leoncio González
Universidad Europea de Canarias. Profesor.

viernes, 5 de diciembre de 2014

La burocracia y la falta de medios descapitalizan el CSIC

Artículo de Mauricio Vicent publicado en EL PAÍS el 4 de diciembre de 2014

El buque insignia de la ciencia en España, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), hace agua. Con 123 institutos y más de 11.000 trabajadores, el principal organismo público de investigación atraviesa una “crisis estructural” que requiere de una “transformación drástica” si se pretende evitar que la ciencia española descienda a la “segunda división internacional”, aseguran destacados científicos como el ecólogo Jordi Bascompte (premio Nacional de Investigación en 2011) o Juan Manuel García Ruiz, experto internacional en Cristalografía de España.

Las críticas, compartidas por buena parte de la comunidad científica, coinciden con la divulgación de un documento firmado por más de un centenar de investigadores del CSIC que reclama “una reforma profunda de las instituciones de gobierno del sistema científico español”. Hasta el Rey Felipe VI ha advertido que España no puede darse el lujo de preparar a jóvenes investigadores “para que salgan al extranjero sin retorno posible” debido “a una tasa de paro inaceptable”. Lo dijo al intervenir, el pasado 24 de noviembre, en el acto por el 75 aniversario de la fundación del CSIC.

“La situación es grave y viene de lejos. No se trata de algo coyuntural, debido a la crisis —que también afecta—. Son las restricciones burocráticas y los mecanismos anticuados lo que impide a la ciencia española competir en el exterior”, asegura Jordi Bascompte, investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD). Bascompte es uno de los dos científicos españoles que forma parte del comité editorial de la revista Science. Después de varios años recibiendo ofertas de instituciones extranjeras, el ecólogo español ha decidido marcharse a la Universidad de Zurich con su proyecto (y los fondos europeos asignados) por considerar que no puede llevar adelante su trabajo adecuadamente en España. “Es mentira que me vaya porque me paguen más. Durante años he tenido buenas ofertas y no me he querido marchar”, asegura. Si ahora lo ha decidido, confiesa, es porque se ha cansado de darse “con la cabeza contra un muro”.

Hace 15 años, Jordi Bascompte (Girona, 1967) trabajaba en el prestigioso Centro Nacional de Análisis y Síntesis Ecológicos de la Universidad de California cuando voluntariamente decidió regresar a España. Desde entonces desarrolló su carrera profesional en la Estación Biológica de Doñana. El proyecto que en la actualidad lleva adelante indaga en las redes que rigen las interacciones de los seres vivos y constituyen la arquitectura de la biodiversidad, y por él obtuvo 1,7 millones de euros del Consejo Europeo de Investigación (ERC). Este tipo de subvenciones Advanced Grant son otorgadas por la UE para impulsar los mejores proyectos científicos en Europa, y uno podría pensar que con el dinero asegurado se acabaron los problemas.
“No en España”, dice Bascompte. Lo confirma García Ruiz, que trabaja en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra y también dispone de fondos europeos. “En otros lugares te dan el dinero para que no te preocupes, aquí el día que te asignan los fondos empieza a preocuparte”.
Bascompte describe el calvario cotidiano que cualquier investigador español ha de pasar para hacer ciencia, y eso teniendo la fortuna de contar ayudas europeas. “Para contratar a un investigador postdoctoral de Oxford puedes pasarte seis meses con trámites burocráticos, como me ocurrió a mí, y te encuentras con la medida surrealista de que tiene que convalidar el título en España porque es extranjero”. “Llega un momento en que te cansas”, confiesa. “Entre noviembre y enero, tres meses aproximadamente, no puedes hacer gastos de tus propios recursos por ser el cierre de ejercicio”, pone como ejemplo.

El CSIC le obliga, además, a hacer engorrosos contratos a los técnicos e investigadores que trabajan con él durante un proyecto. Si, por ejemplo, dura dos años, cada cuatro meses los contratados han de firmar una carta en la que especifica que se limitan a realizar las funciones para las que se le contrató y no otras, y así el CSIC evita posibles demandas. “Yo, que tengo nueve personas en mi proyecto, tengo que preocuparme de hacer más de 30 cartas y de que las firmen…”.
“Son mecanismos anquilosados, reglas del juego antediluvianas con las que es imposible hacer ciencia moderna y competir en la primera división de la investigación internacional”, sentencia García Ruiz, que calcula que un científico español, si tiene fondos, ha de dedicar más del 50% de su tiempo a la gestión y la burocracia del proyecto científico, en vez de a investigar.
Los datos indican una reducción del 14,6% de plantilla en el CSIC desde noviembre de 2011. Hay 1.892 empleados menos. Las cifras aportadas por el Ministerio de Economía dan cuenta solo de un total de 49 investigadores que han pedido algún tipo de excedencia desde enero de 2011, en la mayor parte de los casos de naturaleza temporal. “En ciencia, hay que fomentar que los investigadores adquieran experiencia en el extranjero. Lo que tenemos que procurar es que vuelvan”. El ministerio reconoce que hay cierta rigidez en el centro. “Somos conscientes de que las instituciones para ser competitivas necesitan flexibilidad, así como ligar una parte de su financiación a los resultados obtenidos”, señala un portavoz del Ministerio.

El Gobierno recurrió, en 2013 a un rescate de 95 millones de euros para evitar la quiebra del CSIC. La institución ha sufrido duramente los recortes durante la crisis económica. “No se trata solo de la crisis y de la escasez crónica de recursos”, asegura el investigador Mario Días, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, uno de los científicos que ha promovido la declaración de los científicos críticos. Días señala entre los problemas del sistema la incapacidad de retener el talento joven y el envejecimiento de la plantilla, con una edad media de 55 años. Otra lacra es el “sistema funcionarial”, en el que no prima la excelencia. “Aquí gana lo mismo el científico brillante que el que se pasa haciendo el día tebeos en su despacho”, asegura un director de Instituto que prefiere no dar su nombre.
El 24 de noviembre, al celebrarse el 75 aniversario del CSIC, su presidente, Emilio Lora Tamayo, aseguró que la fuga de cerebros en España era una “leyenda urbana” y que los que se marchaban lo hacían porque les daban un cheque "con varias cifras". Bascompte y otros lo desmienten. El cheque está, sin duda, pero se van por otras razones.


Artículo de Mauricio Vicent publicado en EL PAÍS el 4 de diciembre de 2014




domingo, 12 de octubre de 2014

Encuesta sobre la situación de la Universidad española


La revista Temas ha pedido opinión sobre la situación actual de la Universidad española y sus necesidades futuras a un amplio y acreditado grupo de personas vinculadas al mundo académico.

Ver aquí 

sábado, 13 de septiembre de 2014

La Universidad expulsa a 30.000 alumnos al año por rendir poco

Artículo de Pilar Álvarez publicado en El País el 27 de agosto de 2014.

Unos 30.000 alumnos de las universidades públicas españolas son expulsados cada año de sus carreras por bajo rendimiento, según las estimaciones de expertos. Los campus fijan de forma autónoma unas líneas rojas que afectan sobre todo a los primeros cursos de la titulación para que el estudiante no se eternice en una carrera mal elegida. En las universidades públicas hay más de un millón de matriculados.
Esta regulación, pensada para garantizar el buen uso de los fondos públicos, suele pasar desapercibida para los estudiantes. Lo ha puesto de manifiesto la protesta de las últimas semanas de un grupo de alumnos de la Universidad de Oviedo contra una norma que ven arbitraria y poco publicitada.
“Se permitieron matrículas mal hechas y se cobró por ellas, llegaremos a los tribunales si es necesario”, explica Alejandro González, representante de los alumnos asturianos.

Los criterios para decidir si un universitario está perdiendo el tiempo en su facultad están recogidos en las llamadas normativas de permanencia. La mayoría de las universidades públicas las revisaron a partir de 2008 con la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior, el llamado plan Bolonia. Las normas incluyen básicamente un número mínimo de créditos a aprobar y un plazo máximo de tiempo para hacerlo. Normalmente, permiten al expulsado de un título una segunda matrícula en otra carrera de la misma universidad tras la expulsión. No suelen contemplar terceras oportunidades.

La agencia de evaluación ANECA y los consejos sociales de los campus recomendaron hace ya dos años una revisión de los modelos en el informe Universidades y Normativas de Permanencia Reflexiones para el futuro. Ese estudio no se ha hecho ni se ha elaborado un recuento oficial de los afectados. El experto en financiación universitaria Juan Hernández Armenteros, que participó en el citado informe, estima que son unos 30.000 alumnos de grado, el 3% del total. Ha hecho este cálculo a partir de un estudio sobre rendimiento realizado en la Universidad de Jaén por Enrique Bernal y Juan Lillo. Otros expertos consultados coinciden en la estimación.

“En general, las normas de las universidades públicas españolas son muy laxas”, advierte Hernández Armenteros, que asegura que en las universidades con normativas más duras hay menos expulsiones si los estudiantes están bien informados. Las expulsiones, además, afectan más a los alumnos menos vocacionales. “Es difícil que se produzcan bajas por la normativa en las carreras en las que el estudiante tiene una preferencia clara y una nota de corte alto”, añade Manuel López, presidente de la Conferencia de Rectores de España (CRUE).
En la Universidad de Oviedo, la movilización ha partido de la facultad de Trabajo Social. El grueso de afectados son alumnos de “Derecho, Económicas e Ingenierías, por la sencilla razón de que es donde tenemos más alumnos”, explica el vicerrector de Estudiantes, Luis Rodríguez Muñiz. La cifra de afectados aún no está cerrada. Las estimaciones oscilan entre el millar que calcula el Rectorado y unos 500, según los representantes del alumnado, de un total de 21.791.
La normativa de permanencia de Oviedo establece que un alumno debe tener al menos 90 créditos en su tercer año universitario, de los que 48 tendrán que ser de asignaturas del primer curso. Los alumnos se han opuesto a esta norma, aprobada en su campus de 2010, pero cuyos efectos se ven ahora cuando han pasado los tres primeros años.

Carlos Lorenzo, de 21 años, acaba de terminar el tercer curso de Trabajo Social. Lleva más de 90 créditos pero no cumple con el requisito de que más de la mitad sean del primer año. Explica que aparcó varias asignaturas relacionadas con Derecho, su particular bestia negra, para estudiarlas todas juntas al final del curso. “Cuando fui a hacer la matrícula, no me avisaron de que corría el riesgo de ser expulsado si no las cogía”, se queja. Su universidad se compromete a mejorar los mecanismos de información y a pedir al consejo social que revise el criterio de los 48 créditos. “En el resto de casos, hay que aplicar la norma”, añade el vicerrector.
La coordinadora estatal de estudiantes universitarios CREUP pide que se revisen estas normas para permitir flexibilidad en los estudios, como lo que pretende el alumno Carlos Lorenzo agrupando todas las asignaturas de Derecho de una vez, y que se tenga en cuenta el panorama actual. “Situaciones que antes eran excepcionales, como que un estudiante trabajara, se han convertido en algo normal por la crisis y eso debe quedar bien recogido”, defiende su presidente, Luis Cereijo.
Los consejos sociales universitarios admiten que la revisión “es una asignatura pendiente”, según Julio Revilla, vicepresidente de la conferencia que los aglutina. “No hace falta que todas las normas sean iguales, pero deberíamos asegurar una coherencia en los modelos y una vinculación con el sistema de becas y de precios públicos”. El presidente de los rectores, Manuel López, ahonda: “Más allá de los expulsados por la normativa, el drama es para los que se quedan fuera por razones económicas o dificultades para conseguir una beca”. Los rectores han reclamado insistentemente en los últimos años al Ministerio de Educación que revise el sistema de ayudas para que nadie quede fuera por falta de dinero.

Un modelo para cada campus

Las universidades españolas están obligadas a fijar unos requisitos mínimos de exigencia a sus alumnos para que sigan estudiando la titulación elegida. Son las llamadas normativas de permanencia. La Ley Orgánica de Universidades (LOU) establece que los consejos sociales universitarios, en los que participan representantes externos (empresas o Administraciones) junto con los rectorados y los estudiantes, son los que deben impulsar y aprobar estas normas.

Los criterios fueron revisados en la mayoría de los campus públicos a partir de 2008. Antes se requería que el estudiante agotara un número determinado de convocatorias de examen, ahora suelen distinguir entre alumnos con dedicación total o parcial y fijar un número mínimo de créditos a superar en un periodo de tiempo determinado, sin incluir distinciones entre carreras.

La Universidad de León fija un mínimo de 12 créditos aprobados por curso, lo que equivale generalmente a dos asignaturas (la media es de seis créditos por materia). Tiene 157 afectados de 13.582 alumnos. La Universidad de Barcelona prevé 18 créditos cuando el alumno se matricule a tiempo completo (60 créditos anuales). Entre las más duras está la Pompeu Fabra, que fija que se deben aprobar la mitad de los créditos matriculados en el primer curso para seguir matriculado en ese grado.

La Complutense o la de Sevilla piden que el alumno de primer curso apruebe al menos una asignatura para poder seguir en esa titulación y permiten agotar hasta seis convocatorias de examen por materia. En Sevilla hay solo 19 afectados de 64.000 alumnos. Su vicerrectora de Estudiantes, Pastora Revuelta, defiende que las normas sean distintas entre universidades, como ocurre con las notas de corte o los criterios de acceso. “Con todas las restricciones que ya existen, es absurdo cambiarlas. El incremento de precios aprobado para segundas, terceras y cuartas matrículas [en las que el alumno paga hasta el 100% del coste] ya es bastante persuasivo”, señala Revuelta.


Artículo de Pilar Álvarez publicado en El País el 27 de agosto de 2014.

sábado, 19 de julio de 2014

70.000 titulados ocupan trabajos que no precisan ninguna formación

Artículo de Pilar Álvarez publicado en El País el 7 de julio de 2014.

Uno de cada tres titulados universitarios españoles está empleado en un trabajo por debajo de su cualificación. Es decir, terminaron una carrera y consiguieron un empleo para el que no necesitaban esos estudios. España está a la cabeza de sobrecualificación de Europa, seguida de cerca por Irlanda y Chipre, y muy por detrás de la media comunitaria, con un 20%. Son algunos de los datos analizados en el informe anual de la fundación Conocimiento y Desarrollo (CyD), presentado este lunes. 
Un estudiante japonés de secundaria superior tiene un nivel de competencias similar al de un graduado universitario español. El ejemplo lo ha citado  el secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), Ángel Gurría, para indicar que la calidad de la formación universitaria española dista aún “mucho” de alcanzar la de otros países. Cada año se gradúan en las universidades españolas 220.000 estudiantes, pero no siempre se cumplen sus expectativas laborales.
Durante la presentación, el secretario general de la OCDE ha alertado de que la situación de la formación en España es “alarmante”. Los campus defienden que este desfase no se debe a un problema de exceso de formación sino de crisis y falta de empleo El porcentaje de parados entre españoles con estudios primarios incompletos y aquellos con educación superior dista más de 27 puntos, entre el 43,32 % de los primeros y el 15,77% de los titulados, según la Encuesta de Población Activa (EPA). El ministerio prepara un mapa de empleabilidad para evaluar la relación entre universidades y mercado de trabajo.
El informe La contribución de las universidades españolas al desarrollo, de la fundación CyD, señala que la cuarta parte de estos titulados contratados por debajo de su cualificación en España se emplearon en tareas de contable y administrativo, en restauración o como vendedores. Solo un 1,5% de los graduados universitarios contratados en 2013 lo fueron para un puesto de director gerente. Y el 6% realiza ocupaciones elementales para la que no se necesita ningún tipo de estudio. En cifras absolutas, son unas 70.000 personas (37.000 hombres y 33.000 mujeres). Son casos como el de Félix Lete, de 32 años, que lo explica así de claro: “Claramente no necesitaba estudios para lo que hago, podría valer cualquiera”. Lete es licenciado en Ingeniería Industrial por la Universidad de Navarra, pero trabaja recogiendo vasos en una discoteca de San Sebastián. “Empecé cuando estaba estudiando y, como no encontré nada, volví tras seguir varios años en proyectos de la universidad”. Asegura que gana 1.100 euros por tres días de trabajo. “Me encantaría ser ingeniero y lo intento, pero cada vez salen más titulados de las universidades mientras otros se quedan en paro con muchos años de experiencia. Hay más demanda que oferta”.
El informe cruza los datos más recientes de Eurostat y del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y señala dos claves para explicar la situación española. Por un lado, España está entre los países que más titulados superiores produce y, desde el otro extremo, se sitúa entre las que menos empleo de alta cualificación demanda. Por comunidades autónomas, las regiones en las que la contratación va más acorde con la titulación son Navarra, Cataluña y Castilla-La Macha. A la cola se sitúan Castilla y León, La Rioja y Asturias. Solo cuatro comunidades autónomas han mejorado en el último año: Navarra, País Vasco, Canarias y Extremadura.
Modificar el desfase entre cualificación y empleo es “especialmente complicado”, considera Martín Parellada, coordinador general del informe de la fundación que preside Ana Patricia Botín. Según este experto, la universidad está actuando “proactivamente” para invertir esa tendencia revisando las bolsas de trabajo e intentando adaptar los contenidos de su oferta educativa al mercado de trabajo. El informe de la fundación recoge la experiencia de la Universitat Jaume I (Castellón), que ha implantado un modelo de prácticas obligatorias integradas que obliga a todos los estudiantes a graduarse con, al menos, una primera experiencia laboral.
La Universidad Politécnica de Madrid adaptó sus titulaciones al Espacio Europeo de Educación Superior (el Plan Bolonia) tras consultar a empresas, colegios profesionales y agentes sociales “sobre las necesidades de formación de los estudiantes para el mercado de trabajo”, explica su rector, Carlos Conde. La primera promoción de graduados de Bolonia acaba de salir, mientras que los datos de Eurostat analizan dos franjas de edad que van de los 20 a los 54 años y de los 25 a los 62. Por ese motivo, el rector de la Politécnica espera que el desfase entre la preparación universitaria y el empleo obtenido se corrija en los próximos años. Las encuestas que la Politécnica realiza a sus graduados señalan, según el rector, que un 74% asegura estar empleado en consonancia con su titulación, aunque “se sienten mal pagados”. Conde pone el acento en otro aspecto: “No se trata de cualificación, sino de infraempleo”.
Lo mismo considera el presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), Manuel López. “No se puede considerar que porque exista una escasa oferta de empleo, se esté produciendo un exceso de cualificación”, señala. “Las recomendaciones de la UE van hacia una mayor cualificación, lo que tenemos que arreglar es el mercado laboral”.

Representantes de la Unión Europea, de la OCDE y del Ministerio de Educación se reunieron ayer para establecer un “plan de acción” para favorecer las posibilidades de empleo de los jóvenes españoles, según anunció en la presentación del informe el ministro de Educación, José Ignacio Wert. El secretario de Estado de Universidades, Federico Morán, anunció que para antes de final de año tendrán listo un mapa de empleabilidad en el que va a cruzar datos de la Seguridad Social con el de titulados universitarios.

Artículo de Pilar Álvarez publicado en El País el 7 de julio de 2014.

sábado, 21 de junio de 2014

La universidad española, entre las más caras de Europa

Artículo de Ivanna Vallespín y Pilar Álvarez publicado el 20 de junio en El País.

Los universitarios griegos no pagan un euro por ir a clase. En Francia hay desgravaciones fiscales para las familias. Alemania, a diferencia de la mayoría, se ha replanteado los precios de los campus a la baja en tiempos de crisis. En España, donde los precios de las tasas llevan tres cursos disparados, se acaba de abrir un nuevo debate. La secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Monsterrat Gomendio, apuntó hace una semana a la opción de “evolucionar” a un sistema de préstamos, como el que tiene el Reino Unido.
No es lo mismo estudiar en un punto u otro de la Unión Europea. Ni por contenidos, ni por precio. España está en el grupo de los países con los precios más altos de la Europa de los 28 para estudiar un grado. Según datos recientes de la Comisión Europea (que miden la horquilla de precios entre las matrículas más altas y las más bajas), España sería la novena con los precios más altos en la horquilla superior (2011 euros) y la octava en la parte baja de esa horquilla, con 713 euros. Está por detrás de Reino Unido, Estonia o Irlanda, entre otras. Hay 12 países, además, con una cobertura más amplia de alumnos becados, por detrás de Francia, Irlanda o Reino Unido.
En el otro extremo, están los países nórdicos (Finlandia, Dinamarca y Suecia) con Grecia o Austria. En todos ellos, las universidades públicas están libres de tasas. Otros mantienen precios casi simbólicos, como Francia, la República Checa, Alemania o Polonia. Son datos del reciente informe de la Comisión Europea National Student Fee and Support Systems 2013-2014 (tasas estudiantiles nacionales y sistemas de ayudas). El estudio –que no incluye datos de Holanda y Luxemburgo porque no se facilitaron, pero sí de países que no están en la UE28- destaca que las becas basadas en criterios económicos son las más usadas en la educación superior en Europa, frente a algunas excepciones que emplean criterios de mérito como los que España endureció en 2012 (Bélgica, Grecia e Italia). Solo Islandia y Montenegro tienen sistemas exclusivos de préstamos y hay países en los que, además de las ayudas directas a los estudiantes, se aplican exenciones fiscales a las familias.
Los préstamos para estudiantes universitarios son habituales en la UE. En 17 de los 28 países ofrecen o avalan préstamos, pero solo llegan a una parte muy baja de los estudiantes, desde el 0,1% en Francia al 11% en Letonia. Francia los puso en marcha en 2008 para menores de 28 años, con un importe máximo de 15.000 euros. En Letonia disponen de dos tipos de préstamos, uno para pagar el coste de la matrícula y otro para los gastos del día a día. En este caso el dinero debe ser devuelto un año después de haber finalizado los estudios.
En Dinamarca también la mitad de estudiantes se acogen a créditos de unos 400 euros mensuales, que deben ser devueltos en un plazo de 15 años, aunque paralelamente tienen un sistema de becas del doble de importe para poder independizarse. “Aquí los jóvenes se independizan muy pronto y esto les ayuda para empezar una vida fuera de casa de los padres a edades tan tempranas”, tercia Vera Sacristán, presidenta del Observatorio del Sistema Universitario, un organismo que ha presentado este viernes el informe El coste de estudiar en Europa", basado en el trabajo de la Comisión Europea.
Sacristán, coordinadora del estudio, señala que en función del poder adquisitivo de la población, las universidades públicas españolas son las sextas instituciones con los precios de grado más elevados de Europa, encabezadas por las de Cataluña, cuyos precios mínimos sólo supera Irlanda, Irlanda del Norte y Gales.

En cuanto al coste de los másteres, Sacristán ha destacado que los precios mínimos en máster en Cataluña son casi el doble de caros que los precios máximos existentes en 21 de los 38 países analizados. A este respecto, el informe destaca que en la mayoría de países y regiones europeas estos estudios tienen el mismo precio aproximado que los grados. En España, en cambio, el precio de máster sí es superior al de los grados.

Artículo de Ivanna Vallespín y Pilar Álvarez publicado el 20 de junio en El País.

jueves, 10 de abril de 2014

III Encuentro de rectores Universia - cuarto sondeo


En julio de 2014 se celebrará en Rio de Janeiro el “III Encuentro de Rectores Universia”. Un acto que acogerá a rectores de todo el mundo bajo el lema “La Universidad del siglo XXI: una reflexión desde Iberoamérica”. Como antesala de esta cita, el Comité Organizador ha puesto en marcha una serie de sondeos de opinión on-line dirigidos a la comunidad universitaria.

Tu aportación es muy importante para elaborar conclusiones cercanas a la realidad universitaria iberoamericana.

El cuarto de ellos, “Universidades creativas e innovadoras”, está dedicado a las funciones de investigación, innovación y transferencia tecnológica que llevan a cabo las universidades en sus distintas dimensiones y modalidades. Estará abierto hasta el 22 de abril y agradeceríamos mucho conocer tu opinión.

Puedes acceder a través del enlace:


Cumplimentarlo te llevará pocos minutos.
Muchas gracias por tu colaboración.

sábado, 5 de abril de 2014

Gilles Deleuze en el espejo de Michel Foucault

Artículo de Pedro Gª Cuartango pubicado el 03 de abril de 2014 en El Mundo


Gilles Deleuze en el espejo de Michel Foucault
Gilles Deleuze en su casa de la avenida Niel
en 1988.
 BRUNO DE MONÉS
El bosque de Vincennes estaba lleno de hojas secas. Había que atravesar sus caminos aquel frío invierno de 1975 para llegar a la Universidad, un moderno edificio de ladrillo oculto por los árboles.
Todavía recuerdo el olor a pachulí del vestíbulo y los pasillos con tenderetes que daban a la Universidad un aire de zoco. La Facultad de Filosofía estaba en el primer piso y allí impartían clase François Chatelet, Alain Badiou, François Lyotard y Gilles Deleuze.
Se me ha quedado grabada también la imagen de Nicos Poulantzas, que daba su curso un piso más abajo, fumando en un pasillo y hablando expresivamente con sus estudiantes. Se suicidó en 1979 al tirarse al vacío desde el último piso de la torre de Montparnasse, abrazado a sus libros. Era una persona afable y simpática.
Fui alumno de todos ellos, pero recuerdo especiamente el curso cuatrimestral de Deleuze sobre el sentido. El aula era grande y destartalada, apenas había sillas y el filósofo se sentaba en una gran mesa, muy cerca de los alumnos. Llegaba a clase con una gabardina y un sombrero de fieltro verde. Esperaba a que se hiciese el silencio y se ponía a hablar con su voz bien timbrada y algo nasal, sin perder su discurso durante casi hora y media.
Deleuze era un personaje socrático que enseñaba mientras pensaba. Hacía preguntas a los alumnos y acostumbraba a refutar sus propios enunciados para luego introducir nuevos argumentos que iluminaban su pensamiento. Era un intelectual que no solamente había profundizado en los clásicos como Platón, Spinoza, Kant, Heidegger y Nietzsche sino que además tenía una sólida formación matemática y científica, que le permitía recurrir a la física para trazar un símil con una idea filosófica.

Recuerdo también que era muy aficionado al cine. Un tarde estuvimos paseando por el bosque mientras él hablaba de 'Ma nuit chez Maud', la película de Eric Rohmer. Deleuze aprovechó la ocasión para reflexionar sobre el tiempo y la noción kantiana de forma a priori.
Todo esto me ha venido a la cabeza al leer el libro 'Michel Foucault y el poder (viajes iniciáticos I)', publicado por Errata Naturae, en el que se recoge un seminario dictado por Gilles Deleuze en Vincennes en el curso 1985-86. El texto es una reflexión sobre la filosofía de Foucault y un homenaje a su amigo, al que conoció en 1952 cuando era profesor de instituto.
Deleuze y Foucault, a pesar de sus polémicas y sus distanciamientos, mantuvieron siempre una admiración mutua. Ambos fueron los promotores de París VIII, la Universidad de Vincennes, fundada en 1968. Como yo pude comprobar durante mi estancia, no había exámenes ni controles académicos, por lo que sus diplomas no eran reconocidos por nadie. Pero eso no le importaba a ninguno de sus entusiastas profesores, entre los que también figuraba la hija de Lacan.
Se decía entonces que unos alumnos bromistas habían matriculado a un caballo y le habían entregado su título con un poco de alfalfa en el patio de Vincennes. Pero seguramente era sólo una leyenda.
La enseñanza en aquel edificio -que, a pesar de su corta vida, se caía a pedazos- era un ejercicio de libertad e inteligencia para el que tuviera el más mínimo interés en implicarse en su impresionante oferta.
Gilles Deleuze impartió apasionantes cursos en Vicennes, donde pasó sus mejores años hasta que decidió quitarse la vida en 1995, debido a sus problemas respiratorios. Pero probablemente ninguno tiene tanto interés como éste sobre la noción de poder en Foucault, en el que entabla un lúcido diálogo con su amigo.
Foucault no quiso definir el poder expresamente en sus obras, pese a que indudablemente es el objeto de la mayoría de sus indagaciones. Y ello porque era consciente de su naturaleza sutil y huidiza -singular dice Deleuze- que impide atraparlo con la Razón universal.
El poder es como una red capilar que atraviesa toda la sociedad y la impregna de forma inconsciente a través de los valores y las instituciones, que siempre expresan relaciones de dominación. Foucault analiza esa penetración del poder en la cárcel, en el manicomio, en la sexualidad y en las escuelas.
Retomando la concepción de su amigo, Deleuze sostiene que el poder es una relación que se propaga como las ondas. Y que hay que analizarlo desde el punto de vista de una micropolítica del deseo, ya que al final se encarna en un conjunto de singularidades individuales.
La noción de poder está indisolublemente ligada a la de saber, por lo que la tarea del filósofo sería desentrañar los mecanismos de perpetuación de la ideología dominante a través del lenguaje y de la educación.
Pero es mejor leer a Deleuze en sus propios términos que intentar desentrañarlo. Era un hombre de extrema curiosidad intelectual, que vivía rodeado de libros y odiaba viajar fuera de París y salir de su apartamento en la avenida Niel. Por el contrario, Foucault era un personaje abierto, que no desdeñaba la oportunidad de recorrer el mundo ni de buscar nuevas experiencias personales.
Ambos fueron dos 'maître penseurs', dos gigantes intelectuales cuyas órbitas se cruzaron para iluminar un nuevo rostro de la realidad. Los dos han muerto hace tiempo, pero nos quedan sus libros.

Artículo de Pedro Gª Cuartango pubicado el 03 de abril de 2014 en El Mundo

viernes, 14 de marzo de 2014

Las universidades pierden 1.400 millones en tres años

Artículo de Ivanna Vallespín y Elisa Silió publicado en El País el 06 de marzo de 2014.

En los últimos años los presupuestos de las universidades públicas son un colador. De 2010 a 2013 han perdido 1.388 millones de euros, un 13,7% menos. Y la sangría continuará este año en muchos casos, ya que algunos centros han seguido aprobando a la baja sus cuentas de 2014. Esta caída presupuestaria aleja a España de la Unión Europea, donde de media se destina el 1,26% del PIB a educación superior, frente al 0,86% español.

Un informe con datos de los campus y del Ministerio de Educación que ha elaborado Comisiones Obreras titulado La evolución de los presupuestos de las universidades públicas (2010-2013) recoge que la partida más afectada son las inversiones, a la que corresponde el 55% de la poda total. Con este dinero se construyen o reparan los bienes inmuebles. Con 763 millones menos se entiende que muchos edificios no se hayan levantado o estén en mal estado. Y el segundo capítulo más dañado es el de personal, el más importante del gasto en los campus. En este periodo ha caído en 434 millones, suponiendo un 31,3% del total de los recortes. Se perdieron entonces 3.500 profesores, Y ello en un momento en que la población estudiantil en la pública llegó a su cenit de 1,3 millones de universitarios en el 2011-12; había subido desde 2009 un 9%, aunque ha empezado a bajar.

“Han querido hacer la reforma de Bolonia a coste cero y eso es imposible. Los problemas van aumentando y depende de la capacidad económica que tenga cada universidad de tapar agujeros pasa más o menos factura”, valora Julio Serrano, responsable de Universidad en CC OO.



Pero la bajada no ha afectado a todos los campus por igual. Para algunos la crisis está suponiendo un huracán que ha hecho tambalear sus cimientos hasta el límite del rescate, mientras que para otros no pasa de un viento moderado fácil de capear. A la cabeza en recortes está, y muy destacada, la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), que ha perdido una tercera parte de su presupuesto en tres años. Se trata de un campus intervenido de facto por la Generalitat —que vigila con lupa sus abultadas cuentas rojas, de 114 millones— y rescatado en más de una ocasión, cuando a final de mes no podía pagar nóminas. La asfixia económica se tradujo el curso pasado en el despido de 340 trabajadores, fuertes movilizaciones y la dimisión del rector.



Estas cifras negativas contrastan con sus resultados, ya que la UPC es puntera en investigación. Precisamente el alto coste de la investigación, unas titulaciones caras de impartir (por los laboratorios y el material), la dispersión territorial (una veintena de escuelas en ocho ciudades) y la deuda de la Generalitat, de 25 millones, son algunas de las causas de su déficit, según resumió el rector, Enric Fossas, en su investidura el pasado diciembre.

Acompañan a la UPC al frente del tijeretazo las universidades de Castilla-La Mancha (29,7 %), Internacional de Andalucía (24,4%, sin impartir grados), Lleida (21,1%) y Málaga (20,4%). Las menos afectadas son la UNED, dependiente del ministerio, que tan solo ha perdido un 1,3%, Granada (5%), Jaume I de Castellón (5,8%), Huelva (6,4%) y Barcelona (4,4%, aunque inició los recortes un año antes, sumando el 10% de caída).



La Universidad de Castilla-La Mancha, segunda más afectada, y su Gobierno han firmado la paz tras meses de conflicto, con tres requerimientos judiciales incluidos. Recibirá más dinero y se le pagará todo lo adeudado. “Hemos sufrido tres planes de ajuste, de 10, 32 y 10 millones”, cuenta Manuel Villasalero, su vicerrector económico. Se apostó por castigar en las tasas a los repetidores y no la primera matrícula (gravada con un 15% más) “porque somos la tercera comunidad con menor renta per cápita”. Pero apenas se ha recaudado más —como pasa en el resto de España— porque los alumnos se inscriben en menos materias (baja un 8%) y un 20% más aprueba en los exámenes. Castilla-La Mancha no ha hecho un expediente de regulación de empleo, “pero no se ha llamado a la bolsa de interinos como antes”.

Así que han ahorrado en los gastos corrientes de la universidad y sus centros de investigación y, sobre todo, en edificación. Los alumnos de Medicina en Ciudad Real, Farmacia en Albacete, Arquitectura en Toledo, Periodismo en Cuenca y Enfermería en Talavera estudian en edificios polivalentes a falta de los suyos propios. Las obras de los dos primeros están paradas y las otras no pasaron de la licitación. Además, no se construirán por el momento los cetros de investigación. “Esos edificios se iban a levantar con fondos FEDER y otros recursos que ya no tenemos”, explica el director general de Universidades manchego, José Manuel Velasco. “Cuando llegamos al poder había una deuda pendiente con la universidad de 120 millones y parte del dinero se ha ido a pagarla y no aparece en presupuestos, pero no se han quedado sin cash”, asegura el político.

La crisis ha llenado las aulas de jóvenes sin ninguna opción de encontrar trabajo sin formación y con sus familias más empobrecidas que nunca (se consume un 12% menos que en 2008). Para algunos expertos los recortes tienen aspectos positivos y negativos. “Había una gran bolsa de ineficiencia, que se ha mejorado, como en las programaciones, con grados o asignaturas con pocos alumnos”, apunta Josep Joan Moreso, presidente de la Agencia de Calidad Universitaria de Cataluña y antiguo rector de la Pompeu Fabra. Eso sí, alerta de que la financiación y la calidad “son vasos comunicantes” y que seguir con los recortes podría resultar catastrófico. De hecho, los rectores catalanes habían advertido de que ya se había ahorrado de todas las partidas posibles (consumos energéticos, contratos, mantenimientos...), así que ahora solo quedaba “tocar las plantillas”. “La reducción de profesorado originaría clases masificadas, menos atención al alumno, menos seminarios. Y también afectaría a la investigación, entonces dejaríamos de ser un polo de atracción de talento”, alerta Moreso.



La financiación no es un tema nuevo. Hace años que los campus reclaman más recursos, especialmente con la implantación de Bolonia, pero los fondos nunca llegaron. De momento, parece difícil pensar en incrementos públicos a corto plazo, así que muchos rectores miran hacia el sector privado, especialmente los exalumnos. “En Estados Unidos las aportaciones de los Alumni [antiguos alumnos] pueden representar entre el 25% y el 30% de la financiación, pero aquí no hay redes. Es necesario un cambio de cultura”, propone Moreso. Se empieza a explorar también el mecenazgo. La Universidad de Barcelona lanzó a principios de año una campaña para buscar donantes para restaurar un centenar de libros de alto valor histórico. “Hay gente que da dinero a ONG, pero a nadie se le ocurre hacer donaciones a la universidad donde estudió”, lamenta Moreso, a la vez que subraya el papel de ascensor social que ha supuesto la universidad para varias generaciones.
Para compensar la caída de la financiación pública se permitió aumentar las tasas, que en algunas comunidades como Cataluña o Madrid ha llegado al 66%. En Cataluña, “con la aquiescencia de los rectores se acordó subir las tasas, siempre que se implantaran las becas Equitat para hacer que este incremento fuera en función de la renta”, admite el exrector de la Pompeu Fabra.

Artículo de Ivanna Vallespín y Elisa Silió publicado en El País el 06 de marzo de 2014.

sábado, 8 de marzo de 2014

Canarias es la segunda región con mayor porcentaje de universitarias

Artículo de Tinerfe Fumero publicado el 5 de marzo de 2014 en Diario de Avisos.es

La comunidad universitaria canaria es la segunda que presenta mayor porcentaje de alumnas, tanto matriculadas como graduadas, según los datos recogidos por el informe Las universidades españolas. Una perspectiva autonómica, 2013, elaborado por la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), que preside Ana Patricia Botín, a partir de los datos del Informe CYD 2012. Además, los centros de enseñanza superior del Archipiélago están entre los que cuentan con más titulados en el paro, y a la par son los que presentan mayor ratio entre matriculados y graduados.
El informe en cuestión, hecho público ayer en la página web de la referida fundación, se detalla que el porcentaje de mujeres matriculadas en las universidades de las Islas es del 57%, mientras que el de graduadas se eleva hasta el 62,1%. Ambos baremos están muy por encima de la media nacional (54,1% de matriculadas y 57,9% de graduadas) y solo son superados por los de Baleares, con 59,5% y 63,4% respectivamente.
Ya en el análisis interno de los centros públicos canarios, la proporción de féminas matriculadas es ligeramente superior en la Universidad de La Laguna (57,1%) que en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (56,9%), situación que se trastoca a la hora de contabilizar las graduadas, con un elevadísimo 65,8% en la provincia oriental frente al 59,1% de la occidental. Sobre este concepto sirva un cálculo aproximado como significativa anécdota de la creciente presencia femenina en las universidades canarias: si el 62,1% de sus graduados es mejor y a su vez el 50,1% de ellos es menor de 25 años, el resultado es que prácticamente uno de cada de tres graduados en las universidades canarias es una joven inferior a la edad referida.

En cuanto a la relación título universitario/empleo, los datos resultan muy negativos para el Archipiélago, dado que solo Extremadura (22,4% de tasa de paro) supera a Canarias, que registra un 22,2%. Por lo que respecta a la ratio existente entre el número de matriculados y el de graduados, se da la circunstancia de que las universidades canarias ofrecen el más alto de toda España, con 7,74. El dato es muy superior a la media nacional, fijada en 7,05, aunque lejos del 20,04 que marcan las no presenciales. Por último valga un dato económico en el que el Archipiélago también destaca: las universidades canarias son las que menos ingresan por alumno de toda España, con apenas 830 euros por cada uno en concepto de tasas, precios públicos y otros. La media nacional en este concepto es de 1.348 euros por alumno, y hay comunidades como Cataluña en las que este apartado se eleva hasta los 2.051 euros por cada estudiante.

Artículo de Tinerfe Fumero publicado el 5 de marzo de 2014 en Diario de Avisos.es

domingo, 2 de marzo de 2014

La Universidad Rey Juan Carlos suprime diez titulaciones

Artículo de Ray Sánchez publicado en El Mundo el 28/02/2014.

El Consejo de Gobierno de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC) ha aprobado este viernes la supresión de diez titulaciones a partir del próximo curso 2014-2015 por el descenso de número de matrículas, según un documento de la propia universidad, "insuficiente para la sostenibilidad" de estos grados.
En concreto, desaparecerán los grados en Sociología, Igualdad de Género, Ciencia Política y Gestión Pública (semipresencial), Educación Infantil Bilingüe e Ingeniería Informática (semipresencial).

La extinción de estos grados, que no afectará a los estudiantes ya matriculados, provoca además la desaparición de otras cinco dobles titulaciones: Ciencia Política y Gestión Pública e Igualdad de Género, Ciencia Política y Gestión Pública (semipresencial) y Derecho (semipresencial), Derecho e Igualdad de Género, Administración y Dirección de Empresas y Sociología, así como Relaciones Laborales y Recursos Humanos y Sociología.
La noticia ha provocado críticas y prostestas entre el alumnado, sobre todo en Sociología, donde se muestran "sorprendidos" ante la supresión gradual desde el próximo curso de una de las titulaciones "mejor valoradas de la URJC", como explica Eduardo González, delegado de los estudiantes del grado. "Es una sorpresa bastante grande, porque la propia Universidad decía que el grado estaba siendo un éxito y tenía muy buena demanda".
Ayer jueves, la filtración del documento que proponía la supresión de Sociología dejó estupefactos a sus alumnos, que acusan al rector, Fernando Suárez Bilbao, de "querer acabar con la carrera", ya que consideran "erróneos" y "manipulados" los datos que justifican la desaparición de esta titulación, donde actualmente se ofertaban 40 plazas por curso y este año tenía 33 nuevos alumnos, una cifra "insuficiente para su sostenibilidad", según la memoria justificativa realizada por la Universidad.
En apenas 24 horas, los alumnos han logrado más de 1.500 firmas contra "el cierre de titulaciones" en la URJC, y ayer enviaron un comunicado a los consejeros de gobierno para evitar que saliera adelante la propuesta. "El problema es que no se votaba cada carrera, sino en bloque", lamenta el delegado de estudiantes. Un centenar de alumnos han protestado esta mañana en Móstoles, donde se celebraba la reunión del Consejo, aunque de sus 47 miembros sólo dos han votado en contra, junto a otras dos abstenciones.
Prohibición de móviles, portátiles y tabletas en clase
El borrador de la nueva normativa incluía como falta ciertos tipos de vestimenta
La eliminación de las titulaciones no ha sido el único punto polémico de la mañana. El Consejo de Gobierno de la URJC también ha aprobado su nueva 'normativa sobre conducta académica', donde se prohíbe, entre otras cosas, "el uso de teléfonos móviles durante las actividades docentes", así como "ordenadores portátiles, tabletas, o cualquier otro dispositivo electrónico" en las aulas. "Eso supone, por ejemplo, que ya no se podrán grabar algunas clases magistrales, como yo he hecho alguna vez", apunta Richard Taylor, el presidente del Consejo de Estudiantes de la URJC. También prohíbe llegar con más cinco minutos de retraso a clase. El borrador de la normativa incluso convertía en falta "la utilización de una vestimenta que contravenga los usos habituales en el ámbito universitario", aunque no se ha incluido finalmente.

"Lo único que busca es criminalizar al alumnado. Es una normativa que deja un abanico de posibilidades de sanción que cualquier conducta puede ser sancionada", critica Taylor. En las redes sociales de internet, alumnos de la URJC han expresado hoy su rechazo a la normativa con la etiqueta #MordazaURJC.

Artículo de Ray Sánchez publicado en El Mundo el 28/02/2014.