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sábado, 2 de julio de 2016

Michel Foucault. Un diálogo sobre el poder.


Foucault señala que los intelectuales han descubierto que las masas no los necesitan para saber. Sin embargo, sostiene que hay un sistema de poder que intercepta e invalida ese saber de las masas, y donde los mismos intelectuales forman parte de ese sistema de poder. El papel del intelectual sería entonces luchar contra las formas de poder allí donde es a la vez su objeto e instrumento: en la dimensión del “saber”, del “discurso”, de la “verdad”, de la “consciencia”. Con ello la teoría no expresaría una práctica, sino que es la práctica, pero no totalizadora, sino local.
Foucault ha puesto entre paréntesis una serie de postulados tradicionales en los análisis del poder. En este diálogo con Deleuze realizan una crítica al poder, a la posición del intelectual y a los medios de lucha frente a la totalización del poder. Ese diálogo comienza con la disertación acerca las relaciones entre teoría y práctica. Éste señala que la práctica se ha concebido o bien como aplicación de la teoría o como inspiradora de la misma. Eran relaciones concebidas bajo la forma de un proceso de totalización, sin embargo ahora las relaciones teoría-práctica son más parciales y fragmentarias: una teoría siempre se aplica a un pequeño campo, y en cuento se profundiza en ella aparecen obstáculos y tropiezos que hacen que sea relevada por otro tipo de discurso. La práctica es un conjunto de relevos de un punto teórico a otro, y la teoría un relevo de una práctica a otra. En este contexto el intelectual teórico ya no es una consciencia representativa.
Deleuze afirma que la teoría no totaliza, es el poder el que realiza esas totalizaciones. La teoría es como una caja de herramientas y es preciso que funcionen para la gente, darle voz a estas personas sería una de las preocupaciones de la antropología. Considerando la situación actual, el poder tiene una visión total o global. Las actuales formas de represión se totalizan fácilmente desde el punto de vista del poder: por ejemplo en la enseñanza o contra la juventud en general. En cualquier caso, formas diversas de exclusión social que las etnografías deberían recoger, como discursos que deben ser interpretados por la Antropología (Los “vínculos laterales” que señala Foucault, como mecanismo para enfrentarse a la política global de poder).
Puedo relacionar este texto con las reflexiones de George Ritzer (2010) respecto a la identificación de las dos ideas nucleares de la metodología de Focault: la “arqueología del saber” y la “genealogía del poder”. Ritzer sistiene que la  preocupación de “decir la verdad” guarda relación directa con la genealogía del poder de Focault. La genealogía es un tipo muy característico de historia intelectual pues está reñida con otros tipos de estudios históricos que atribuyen centralidad a esas leyes o necesidades; es intrísicamente crítica e implica una “interrogación constante de lo que supuestamente es dado, necesario, natural o neutral” (Ritzer, 2010:568).
A Focault le preocupa el modo en que las personas se gobiernan a sí mismas y gobiernan a otras mediante la producción de conocimiento. Pues ese conocimiento genera poder al convertir a las personas en sujetos y al gobernarlos mediante el uso del mismo. Entonces interesaría identificar las técnicas, las tecnologías que se derivan de ese conocimeinto y por el modo en que las utilizan diversas instituciones a fin de ejercer poder sobre las personas. Focault cree que el conocimiento-poder siempre genera oposición; siempre hay resistencia contra él. Lo que le interesa fundamentalmente es el mundo moderno: “escribo la historia del presente” desde el uso crítico para hacer inteligibles las posibilidades del presente.
La paradoja del poder es la de ser visible e invisible a la vez, la de estar presente y oculto al mismo tiempo, indica Foucault. Como podemos observar en el ámbito político actual, seguimos sin saber aún quién detetenta realmente el poder, quién lo ejerce exactamente: nadie es su titular o todos a la vez y, sin embargo, el poder se ejerce en determinada dirección en la clásica dicotomía: unos a un lado (derecha y centro derecha) y otros en el otro (izquierda, centro izquierda); aún no sabiendo quién lo detetenta exactamente, sabemos con certeza quién no lo tiene; una vez más los ciudadados. En todo caso, y tal como hemos podido extraer del texto, de esta indefinición resulta la dificultad para encontrar las formas de lucha adecuadas. Y las luchas se vienen desarrollando alrededor de lugares específicos de poder, como pueden ser un jefe, un funcionario, un profesor, un cocinero, un estudiante, etc., los que algunos hablan de ese “cambio necesario desde abajo”, como prácticas o micro prácticas que realizamos o reproducimos todos los actores societarios. Designar esos lugares, denunciarlos públicamente, es la lucha política continua, porque aunque algunos no quieran hacerlo, obliga a tratar este asunto, forzando a todos los actores del tapete político a abordarlo, quién ha hecho qué, por qué y con qué objetivo; esto es un primer paso necesario y tremendamente sustantivo para la lucha contra el poder.
Bibliografía
Foucault, M, (2012). Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Alianza Editorial. Madrid. 
Ritzer, G. (2010) Teoría Sociológica Moderna. McGraw Hill. Madrid.

martes, 10 de marzo de 2015

Marca ciudad como gubernamentalidad neo-liberal. Gisela Cánepa Koch

I.1 Homo performance y homo economicus en la gubernamentalidad neoliberal
En primer lugar Gisela Cánepa pone el acento en el concepto de performance, y entendido en tres sentidos:
  1. Primero, la performance como repertorios de cultura expresiva, pero también como un género de contenido político, muy vinculado a los intentos por utilizar el arte para provocar transformaciones sociales. En este caso, es considerada como objeto de estudio.
  2. La segunda acepción es la de performance como enfoque, que entiende la cultura como proceso y que tiene mucho que ver con la idea de que las identidades son realidades configuradas social e históricamente, por lo que es fundamental la contextualización de la cultura expresiva que se investigue y también el reconocimiento de la agencia de los sujetos. Así, se recupera al sujeto social como actor y se defiende su capacidad de crear realidad y de transformarla; es decir, se reivindica al sujeto como un homo performance, que es evaluado por su desempeño, por la eficacia de su puesta en escena.
  3. Por último, estaría la performance como un régimen, que se organiza en torno a los principios de eficacia, eficiencia y efectividad, justamente los mismos criterios que se utilizan para evaluar al homo performance.

Según Cánepa, la sociedad peruana está inmersa en un orden regido por el principio de la performatividad, pues se entiende la performance como mandato, y este principio se encuentra alineado con una manera particular de racionalizar y ejercer el gobierno, que autores como Michel Foucault (1991) “identifica como propia del neoliberalismo” (Cánepa, 2012:52). Para garantizar la gobernabilidad en este tipo de contexto, donde predomina la racionalidad de la eficiencia, la eficacia y la efectividad, se necesitan sujetos que sean autónomos, responsables y emprendedores. Esa es la condición para que un régimen performativo funcione, que el sujeto sea un homo performance.
Por otro lado, la antropóloga considera que, en el plano social y cultural, para la configuración de un sujeto participativo, el mandato de la participación debe instalarse, no solo en lo referente a la política, sino en todos los ámbitos de su persona: en el campo de la actividad cotidiana, recreativa y del cuidado de sí mismo. Es decir, si el sistema requiere un homo performance, es necesario construirlo, y el cuidado de sí mismo constituye una acción clave para una gubernamentalidad neoliberal. De esta manera, y siguiendo el argumento de Foucault, Cánepa afirma que la gubernamentalidad consiste en ir configurando ese homo performance como un sujeto participativo a través de una serie de discursos y tecnologías de poder, muchas de las cuales se pueden encontrar, por ejemplo, en publicaciones relacionadas con el coaching. Así pues, el argumento que emerge es que una gestión municipal diseñada en términos de marca ciudad es uno de esos mecanismos a través de los cuales se configura el sujeto participativo.

Para concluir debemos regresar a Foucault, para añadir que ese homo performance en realidad coincide con el homo economicus que este describe en su discusión sobre la gubernamentalidad neoliberal. En ambos casos, el sujeto se concibe como un actor económico, como un emprendedor, como alguien que debe responsabilizarse de su propia gestión. Aquí la antropóloga nos invita a ver cómo esta noción de performance tiene que ver más con una fuerza normativa, que con la capacidad de transgresión y transformación.
I.2 Antecedentes y contexto
Se señala que el año 1992 como clave en la historia reciente de Perú, ya que coincide con dos hechos importantes:
  1. El golpe de Estado de Alberto Fujimori -presidente del país en esa época-, quien instaura una dictadura y suspende la Constitución para introducir una serie de reformas “dirigidas a insertar al país en el mercado global y a implementar el modelo neoliberal” (Cánepa, 2012:51). Es el momento en el que Perú entra a formar parte de una economía global y hace todo lo posible para que el capital extranjero ingrese. Asimismo, otro de los factores que da lugar al auge económico es el desarrollo de la minería.
  2. Y el otro acontecimiento relevante de ese año es la captura de Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso -Partido Comunista del Perú-, con lo cual se instaura de nuevo un orden de paz; se superan casi veinte años de violencia política, que por supuesto también frenaba el desarrollo económico, además de que traía muchos problemas de seguridad.

De esta manera, a partir de ese momento estos dos hechos traen consigo un nuevo momento para el país, por lo que los peruanos comienzan a tener la sensación de que les va muy bien y se instala el concepto de que «sí se puede».
Por otro lado, y en relación con lo anterior, surge la idea de que Perú es un país de emprendedores, lo cual sirve para que se pueda argumentar que las reformas neoliberales son casi un asunto natural para un sujeto como el peruano. Y en este contexto es en el que el Estado inicia una campaña importante para promocionar la marca Perú y ubicar la imagen del país de manera competitiva en el mercado global. Pero, además, esa imagen país también ha sido apropiada por diferentes sectores de la sociedad peruana, y su diversidad cultural -que durante el siglo xx supuso un problema- ahora es considerada como una oportunidad para que Perú pueda ubicarse, precisamente, en una economía global. Sin embargo esa diversidad sólo interesa cuando es eficiente en términos de mercado.

domingo, 4 de mayo de 2014

La resurrección de Michel Foucault

Artículo de Juan Manuel Bellver publicado el 25 de abril de 21014 en El Mundo.

"No digo las cosas porque las pienso. Digo las cosas para no pensarlas más", explica Michel Foucault en un vídeo colgado estos días en YouTube bajo el título de 'The Lost Interview' ('La entrevista perdida'). Rescatado de los archivos de la televisión pública holandesa, el programa nos muestra al eminente filósofo francés, en 1971 en su apartamento de la rue Vaugirard, hablando acerca de la locura, la cuestión de género o las culturas extranjeras con su homólogo holandés Fons Elders, en vísperas de un histórico debate con el lingüista estadounidense Noam Chomsky sobre el tema 'La naturaleza humana: Justicia versus poder', celebrado en noviembre de aquel año en la Escuela Superior de Tecnología de Eindhoven y retransmitido igualmente por la Nederlandse Publieke Omroep (NPO).


"Los occidentales tenemos un concepto demasiado elevado de nosotros mismos. Nos creemos una civilización tolerante, que ha acogido todas las culturas que le son ajenas, todas las desviaciones del comportamiento, el lenguaje y la sexualidad", comenta en el mencionado clip. "Me pregunto si eso no es una ilusión, porque para conocer esas culturas ha sido necesario no sólo excluirlas y despreciarlas, sino también explotarlas, conquistarlas y acallarlas a la fuerza, del mismo modo que el puritanismo del siglo XIX amordazó la sexualidad para que ésta se revelase después a través del psicoanálisis y la psicopatología. Así que la universalidad de nuestro saber ha sido adquirida al precio de las exclusiones, prohibiciones, negaciones y rechazos, al precio de la crueldad".
El próximo 25 de junio se cumplirán 30 años de la muerte por sida de uno de los más influyentes pensadores de la segunda mitad del siglo XX y las biografías, recopilaciones de artículos y reediciones se suceden, reivindicando la permanente vigencia de sus planteamientos en estos tiempos convulsos.
Filósofo pero también psicólogo, historiador de las ideas y teórico social, Foucault ha pasado a la posteridad por sus certeros análisis de los sistemas de poder y su relación con el saber, por sus estudios críticos de las instituciones, desde las clínicas hasta los tribunales o las cárceles, y por haber diseccionado las normas sociales y la búsqueda de la verdad en el ser humano, así como las formas de subjetividad, esos criterios que la sociedad impone para definir quién está loco o enfermo, quién es un criminal o un depravado.
Asociado al estructuralismo tras publicar 'Las palabras y las cosas' (1966), donde parte de 'Las meninas' de Velázquez para desarrollar su arqueología de las ciencias humanas desde una perspectiva epistemológica, él mismo se distanció posteriormente de este movimiento, que consideraba demasiado rígido, como tampoco quiso nunca que le clasificaran de autor postestructuralista o posmoderno. Reacio a las etiquetas y los convencionalismos, Foucault dudaba de los signos como dudaba del poder y, acaso consciente de sus debilidades y contradicciones, siempre insistió en que no se juzgara al pensador por su faceta de ser humano.
"No deseo que, durante el programa televisivo, se dedique espacio a mis datos biográficos, ya que los considero irrelevantes para los temas que se van a tratar", le advirtió a su amigo Fons Elders, por carta mecanografiada, antes de prestarse a recibir en su domicilio parisino a la NPO. Y éste cumplió rigurosamente su petición pero, a la hora del montaje, decidió que la entrevista arrancara con un plano fijo de dicha misiva para mostrar la peculiaridad del personaje.
Por mucho que él lo negara, la vida de Paul-Michel Foucault (1926-1984) sí influyó de alguna manera en la construcción de su obra. Nacido en Poitiers, hijo de un eminente cirujano (Paul Foucault), su infancia en una capital de provincias durante la Segunda Guerra Mundial fue la de un niño apabullado por la insistencia de su padre para que estudiara Medicina -al final lo haría su hermano menor Denys- y un alumno irregular que suspendía en Matemáticas pero brillaba en Historia.
Enigmático, solitario y agresivo
Admitido en la prestigiosa École Normale Supérieure (ENS) de París, reducto académico de las élites francesas del que han salido 13 premios Nobel, el muchacho "enigmático, solitario y agresivo" -como le describirían sus compañeros- se quitó allí el nombre de Paul por odio a su progenitor, al tiempo que descubría su homosexualidad con un sentimiento de culpa tan grande que intentó suicidarse con una cuchilla de afeitar.
Cuentan las crónicas que en su internamiento en el Hospital de Saint-Anne, históricamente especializado en trastornos psiquiátricos y adicciones, se halla el secreto de su interés por la Psicología Patológica -disciplina muy reciente en la Francia de la posguerra-, que pasaría a estudiar después de licenciarse en Filosofía en 1948 en la Sorbona, donde solía ufanarse de no haber pisado jamás un aula.
Para aquel tiempo, este devoto de Kant, Nietzsche y Heidegger -pero también del transgresor Georges Bataille- se hizo sorpresivamente militante del Partido Comunista Francés siguiendo a su mentor, Louis Althusser. Pero pronto se desilusionó con las riñas internas del PCF y las noticias sobre los gulag estalinistas que se filtraban desde la URSS. A pesar de ello, en 1951, Althusser le consiguió un puesto de profesor de Psicología en la ENS, donde coincidió con Paul Veyne y Jacques Derrida.
Vino luego un peregrinar por centros extranjeros enseñando francés. En Uppsala (Suecia), escribió en 1954 su primer ensayo, 'Enfermedad mental y personalidad', donde revisaba el concepto de locura y su interpretación a través del tiempo por parte de las autoridades para internar a mendigos y libertinos en instituciones médicas que mezclaban la caridad con la represión. En Varsovia fue asignado en 1958 al Centro de Civilización Francesa, pero pronto la Sluzba Bezpieczenstwa -policía política polaca- detectó sus correrías nocturnas en ambientes gais y le puso en la frontera.
De vuelta a casa, ocupó un puesto de Filosofía en Clermont-Ferrand, donde intimó con el sociólogo Daniel Defert, que sería su compañero hasta el fin de sus días. Siguiendo a este último hasta Túnez, donde le tocó hacer el servicio militar, Foucault se perdió el mayo del 68 en el Hexágono. Pero ese mismo otoño ya estaba en París, inmerso en la ebullición que la capital francesa vivió tras las revueltas callejeras e integrado en una irrepetible camada de pensadores galos (Lévi-Strauss, Roland Barthes, Lacan, Deleuze, Lyotard...), algunos de los cuales participarían con él en la fundación del mítico Centre Universitaire Expérimental de Vincennes, un proyecto docente alternativo y autogestionado, impulsado por el ministro de Educación Edgar Faure como respuesta a las reivindicaciones estudiantiles, que daría lugar después a la Universidad París VIII de Vincennes à Saint-Denis .
Para entonces, nuestro hombre ya era un filósofo admirado, gracias a libros como 'Las palabras y las cosas' (1966) o 'La arqueología del saber' (1969), a los que siguieron otras obras fundamentales como 'Vigilar y castigar' (1975), 'Microfísica del poder' (1980) o 'Historia de la sexualidad' (tres volúmenes de 1976 a 1984), pergeñadas durante su etapa final como catedrático de Historia de los Sistemas de Pensamiento en el reverenciado Collège de France (1970-1984).
LSD y ayatolás
Tal vez porque nunca vivió en directo las barricadas noventayochistas, Foucault se apuntó posteriormente a toda suerte de experiencias marginales o subversivas, desde tomar LSD en 1975 en el corazón del Valle de la Muerte (California), en ese fascinante Zabriskie Point al cual Michelangelo Antonioni dedicó una extravagante película, hasta apoyar en 1979 la revolución iraní del ayatolá Jomeini -luego se arrepentiría- por considerarla como "el nacimiento de una nueva forma de espiritualidad política".
Aquejado del virus VIH, el filósofo más citado del mundo en el ámbito de las Humanidades -según decretaría 'The Times Higher Education Guide' en 2007- falleció en 1984 sin que 'Le Monde' explicara claramente las causas del deceso. Cuatro años después, su admirador y presunto amante Hervé Guibert revelaría su condición de seropositivo en 'Al amigo que no me salvó la vida', ejercicio de autoficción galardonado con el Prix Colette, en el que contaba detalladamente la agonía por síndrome de inmunodeficiencia de un pensador llamado Muzil, alter ego de Foucault.
Antes de dejarnos, el filósofo destruyó muchos de sus documentos inéditos para evitar su difusión y prohibió en su testamento que se realizaran ediciones póstumas de sus escritos, de los cuales se han vendido en Francia hasta la fecha 1,3 millones de ejemplares. A pesar de ello, sus clases magistrales en el Collège de France han dado lugar a 13 volúmenes de transcripciones lanzados por Gallimard, traducidos a 30 idiomas y despachados en el Hexágono al ritmo de 15.000 copias por tomo.
Precisamente uno de aquellos cursos, consagrado en 1979 al neoliberalismo, está siendo reivindicado en los últimos años por su aproximación visionaria a la corriente macro-económica que ha marcado este siglo XXI. Durante tres sesiones, Foucault analizó las teorías de autores entonces poco conocidos, como el austriaco Friedrich Hayek o el estadounidense Gary Becker, futuro Nobel de Economía.
"Con un increíble sentido de la anticipación, reveló que el verdadero proyecto de esta corriente no era liberar al pueblo sino imponer una forma de vida guiada por la tiranía del mercado y la disciplina presupuestaria", señala Eric Aeschimann en 'Le Nouvel Observateur'. "En ese momento, nadie imaginaba la ola neoliberal que caería sobre el planeta. Luego él murió y ese aspecto de su trabajo cayó en el olvido. Hasta que, en 2009, 'La Nouvelle Raison du monde', de Cristian Dardot y Pierre Laval, demostró que Foucault fue también un brillante analista de la economía liberal".

El éxito de dicho ensayo certifica la actualidad del pensamiento 'foucaultiano', que parece haberse vuelto más influyente que el de otros compañeros generacionales como Lacan, Deleuze o Derrida. Para honrarle 30 años después de muerto, Toulouse le dedicará en junio una sesión del Marathon des Mots, igual que el Centro Pompidou parisino ha programado conferencias acerca de la relación de Foucault con el arte, y el canal televisivo Arte emitirá un documental con el significativo título de Foucault contra sí mismo que a él, eterno insatisfecho, quizá no le hubiera hecho mucha gracia.

Artículo de Juan Manuel Bellver publicado el 25 de abril de 21014 en El Mundo.

sábado, 5 de abril de 2014

Gilles Deleuze en el espejo de Michel Foucault

Artículo de Pedro Gª Cuartango pubicado el 03 de abril de 2014 en El Mundo


Gilles Deleuze en el espejo de Michel Foucault
Gilles Deleuze en su casa de la avenida Niel
en 1988.
 BRUNO DE MONÉS
El bosque de Vincennes estaba lleno de hojas secas. Había que atravesar sus caminos aquel frío invierno de 1975 para llegar a la Universidad, un moderno edificio de ladrillo oculto por los árboles.
Todavía recuerdo el olor a pachulí del vestíbulo y los pasillos con tenderetes que daban a la Universidad un aire de zoco. La Facultad de Filosofía estaba en el primer piso y allí impartían clase François Chatelet, Alain Badiou, François Lyotard y Gilles Deleuze.
Se me ha quedado grabada también la imagen de Nicos Poulantzas, que daba su curso un piso más abajo, fumando en un pasillo y hablando expresivamente con sus estudiantes. Se suicidó en 1979 al tirarse al vacío desde el último piso de la torre de Montparnasse, abrazado a sus libros. Era una persona afable y simpática.
Fui alumno de todos ellos, pero recuerdo especiamente el curso cuatrimestral de Deleuze sobre el sentido. El aula era grande y destartalada, apenas había sillas y el filósofo se sentaba en una gran mesa, muy cerca de los alumnos. Llegaba a clase con una gabardina y un sombrero de fieltro verde. Esperaba a que se hiciese el silencio y se ponía a hablar con su voz bien timbrada y algo nasal, sin perder su discurso durante casi hora y media.
Deleuze era un personaje socrático que enseñaba mientras pensaba. Hacía preguntas a los alumnos y acostumbraba a refutar sus propios enunciados para luego introducir nuevos argumentos que iluminaban su pensamiento. Era un intelectual que no solamente había profundizado en los clásicos como Platón, Spinoza, Kant, Heidegger y Nietzsche sino que además tenía una sólida formación matemática y científica, que le permitía recurrir a la física para trazar un símil con una idea filosófica.

Recuerdo también que era muy aficionado al cine. Un tarde estuvimos paseando por el bosque mientras él hablaba de 'Ma nuit chez Maud', la película de Eric Rohmer. Deleuze aprovechó la ocasión para reflexionar sobre el tiempo y la noción kantiana de forma a priori.
Todo esto me ha venido a la cabeza al leer el libro 'Michel Foucault y el poder (viajes iniciáticos I)', publicado por Errata Naturae, en el que se recoge un seminario dictado por Gilles Deleuze en Vincennes en el curso 1985-86. El texto es una reflexión sobre la filosofía de Foucault y un homenaje a su amigo, al que conoció en 1952 cuando era profesor de instituto.
Deleuze y Foucault, a pesar de sus polémicas y sus distanciamientos, mantuvieron siempre una admiración mutua. Ambos fueron los promotores de París VIII, la Universidad de Vincennes, fundada en 1968. Como yo pude comprobar durante mi estancia, no había exámenes ni controles académicos, por lo que sus diplomas no eran reconocidos por nadie. Pero eso no le importaba a ninguno de sus entusiastas profesores, entre los que también figuraba la hija de Lacan.
Se decía entonces que unos alumnos bromistas habían matriculado a un caballo y le habían entregado su título con un poco de alfalfa en el patio de Vincennes. Pero seguramente era sólo una leyenda.
La enseñanza en aquel edificio -que, a pesar de su corta vida, se caía a pedazos- era un ejercicio de libertad e inteligencia para el que tuviera el más mínimo interés en implicarse en su impresionante oferta.
Gilles Deleuze impartió apasionantes cursos en Vicennes, donde pasó sus mejores años hasta que decidió quitarse la vida en 1995, debido a sus problemas respiratorios. Pero probablemente ninguno tiene tanto interés como éste sobre la noción de poder en Foucault, en el que entabla un lúcido diálogo con su amigo.
Foucault no quiso definir el poder expresamente en sus obras, pese a que indudablemente es el objeto de la mayoría de sus indagaciones. Y ello porque era consciente de su naturaleza sutil y huidiza -singular dice Deleuze- que impide atraparlo con la Razón universal.
El poder es como una red capilar que atraviesa toda la sociedad y la impregna de forma inconsciente a través de los valores y las instituciones, que siempre expresan relaciones de dominación. Foucault analiza esa penetración del poder en la cárcel, en el manicomio, en la sexualidad y en las escuelas.
Retomando la concepción de su amigo, Deleuze sostiene que el poder es una relación que se propaga como las ondas. Y que hay que analizarlo desde el punto de vista de una micropolítica del deseo, ya que al final se encarna en un conjunto de singularidades individuales.
La noción de poder está indisolublemente ligada a la de saber, por lo que la tarea del filósofo sería desentrañar los mecanismos de perpetuación de la ideología dominante a través del lenguaje y de la educación.
Pero es mejor leer a Deleuze en sus propios términos que intentar desentrañarlo. Era un hombre de extrema curiosidad intelectual, que vivía rodeado de libros y odiaba viajar fuera de París y salir de su apartamento en la avenida Niel. Por el contrario, Foucault era un personaje abierto, que no desdeñaba la oportunidad de recorrer el mundo ni de buscar nuevas experiencias personales.
Ambos fueron dos 'maître penseurs', dos gigantes intelectuales cuyas órbitas se cruzaron para iluminar un nuevo rostro de la realidad. Los dos han muerto hace tiempo, pero nos quedan sus libros.

Artículo de Pedro Gª Cuartango pubicado el 03 de abril de 2014 en El Mundo

viernes, 4 de abril de 2014

Resúmenes Teoría Sociológica III: Contemporánea Parte 19

En la asignatura Teoría Sociológica III: Contemporánea del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los siguientes resúmenes del libro Teoría sociológica moderna de George Ritzer. MacGraw-Hill 2010, que forma parte de la bibliografía obligatoria de la asignatura.


Teorías del intercambio, de redes y de la elección racional. Teoría del intercambio y conductismo sociológico. Teoría de redes. Teoría de la elección racional. Capítulo 8 (335-378) Tomás Javier Prieto González // Estructuralismo, postestructuralismo y surgimiento de la teoría social posmoderna. Estructuralismo. Postestructuralismo: las ideas de Michel Foucault. Teoría social posmoderna. Capítulo 13 (559-600) Tomás Javier Prieto González // La metateorización sociológica. La metateorización en sociología. La sociología una ciencia multiparadigmática. Hacia un paradigma sociológico más integrado. Apéndice (601-618) Tomás Javier Prieto González

Las ideas de Michel Focault

El pensador más importante asociado al posestructuralismo es Michel Focault. La perspectiva de Focault y en general el posestruturalismo muestra diversas influencias teóricas. Focault no adopta simplemente las ideas de otros, sino que las transforma a medida que las integra en su orientación teórica excepcional. Así, la teoría de Weber de la racionalización constituye una influencia, pero para Focault se encuentra sólo en ciertos “lugares clave” y no constituye una “jaula de hierro”, pues simplemente hay resistencia. Pueden identificarse ideas marxianas, pero sin la limitación de la economía. Le preocupa más la “micropolítica del poder”. Practica la hermenéutica. Focault no cree en la verdad profunda y última; hay siempre más capas de retirar. Se percibe en su obra una influencia fenomenológica, pero Focault rechaza la idea de un sujeto autónomo y dador de significado. Hay también un elemento del estructuralismo, pero no encontramos ningún modelo formativo formal que gobierne la conducta. Focault adopta el interés de Nietzsche por la relación entre el poder y el conocimiento, pero analiza ese vínculo desde una prespectiva más sociológica que Nietzsche.

La obra de Focault es claramente posestrcuturalista. Podemos identificar dos ideas en el núcleo de la metodología de Focault: la “arqueología del saber” y la “genealogía del poder”, las dos coexisten y se apoyan mutuamente en su obra.

Sheridad mantiene que la arqueología del saber de Focault implica la búsqueda de “un conjunto de reglas de formación que determina las condiciones de posibilidad de todo lo que se dice dentro de un discurso particular y en cualquier momento dado”. La arqueología es la búsqueda de “un sistema general de la formación y la transformación de enunciados (en formaciones discursivas)” En el análisis de esos documentos, Focault no busca “comprenderlos”, “organiza el documento, lo divide, lo distribute, lo ordena, y lo dispone en niveles, series establecidad, distinciones entre lo que es relevante y lo que no lo es, descubre elementos, define unidades y describe relaciones”. Focault descarta también la búsqueda de lo sorígenes; son los documentos en sí lo importante y no su momento de origen.

Esta preocupación le orienta hacia el estudio de discursos que guardan relación con la formación de ciencias humanas como la psicología. La arqueología es capaz de distanciarse y desligarse de “las normas y los criterios de validez establecidos en las ciencias y las disciplinas a favor de la inteligibilidad interna de los conjuntos así situados, de sus condiciones de surgimiento, de su existencia y transformación”.

La preocupación de “decir la verdad” guarda relación directa con la genealogía del poder de Focault; el saber y el poder están intrísecamente entrelazados. La genealogía es un tipo muy característico de historia intelectual. La genealogía está reñida con otros tipos de estudios históricos que atribuyen centralidad a esas leyes o necesidades. La genealogía es intrísicamente crítica e implica una “interrogación constante de lo que suùestamente es dado, necesario, natural o neutral”.

La genealogía se ocupa de la relación entre el saber y el poder en las ciencias humanas y sus prácticas relacionadas con la regulación de los cuerpos, el gobierno de la conducta y la formación del yo. La arqueología realiza tareas necesarias para hacer la genealogía. La arqueología implica análisis epíricos de los discursos históricos mientras la genealogía emprende un análisis crítico y seriado de esos discursos históricos y su relación con asuntos de interés en el mundo contemporáneo.

La genealogía debe ser una “historia” del presente. Focault busca iluminar el presente utilizando “recursos históricos para reflejar la contingencia, la singularidad, las interconexiones y las potencialidades de las diversas trayectorias de los elementos que constituyen las disposiciones sociales presentes como experiencias”. Focault se orienta al uso crítico de la historia para hacer inteligibles las posibilidades presentes.

En su genealogía del poder, a Focault le preocupa el modo en que las personas se gobiernan a sí mismas y gobiernan a otras mediante la producción de conocimiento. Cree que el conocimiento genera poder al convertir a las personas en sujetos y al gobernarlos mediante el uso del conocimiento. Focault se interesa por las técnicas, las tecnologías que se derivan del conocimeinto y por el modo en que las utilizan diversas instituciones a fin de ejercer poder sobre las personas. Si Focault no identifica una conpiración entre los miembros de la elite de la sociedad. Focault cree que el conocimiento-poder siempre genera oposición; siempre hay resistencia contra él. Lo que le interesa fundamentalmente es el mundo moderno: “escribo la historia del presente”.

En Historia de la locura en la época clásica, Focault practica una arqueología del saber, en particular de la psiquiatría. Comienza en el Renacimiento, cuando la locura y la razón mo estaban separadas. Pero en la época clásica se estableció una distancia entre ellas, y la razón llegó a vencer a la locura. Focault describe “la ruptura del diálogo” entre la razón y la locura.

La psicología científica del siglo XIX surgió finalmente de la separación entre el demente y el sano que se produjo en el siglo XVIII. Al principio era la medicina la que se encargaba del tratamiento físico y moral del demente, pero, más tarde, la medicina psicológica científica asumió esaa tarea. Para Focault, la psicología y la psiquiataría constituyen una empresa moral, no un esfuerzo científico, que va contra los dementes, que son cada vez menos capaces de protegerse de esa “ayuda”: los dementes están condenados por el llamado avance científico a un “gigantesco encarcelamiento moral”.

Focault rechaza aquí la idea de que en el transcurso del tiempo hemos realizado avances científicos, médicos y humanitarios en el tratamiento de la locura. Lo que percibía era un incremento en la capacidad del sano y de sus agentes para oprimir y reprimir a los locos, a quienes se les tratana igual que a los sanos en el siglo XVI. Ahora estos agentes externos juzgan menos a los locos. Focault estudia las raíces de las ciencias humanas en la distinción entre el demente y el sano y en el ejerciicio del control moral sobre el demente. Esta idea forma parte de su tesis más general sobre el papel de las ciencias humanas en el control moral de las personas.

Focault apunta que la locura ocurre en dos niveles, en el nivel más profundo la locura cobstituye una forma de discurso. El lenguaje del delirio es la verdad última de la locura. Focault sigue utilizando un método estructuralista en El nacimiento de la clínica, donde se centra en el discurso médico y su estructura fundamental. En la Historia de la locura en la época clásica, la medicina es una importante precursora de las ciencias humanas, y en El nacimiento de la clínica esta cuestión adquiere aún más importancia.

La clave es el desarrollo de la clínica, donde los pacientes podían ser observados en camas. Aquí Focault utiliza un término clave, la mirada, una mirada que representa el conocimiento. El conocimiento se derivó de lo que los médicos veían, no de lo que leían en los libros. Como estructuralista, Focault creía que la mirada era un tipo de lenguaje, un lenguaje sin palabras, y lo que le interesaba era la estructura profunda de ese “lenguaje”. La capacidad de ver y tocar (especialmente en las autopsias) a personas enfermas (o muertas) supuso un cambio crucial y una fuente importante de conocimiento. Lo doctores ya no jugaban a lo mismo; se trataba de un juego diferente con reglas diferentes. El juego consistía en que las personas (los pacientes) se habían convertido en objeto de conocimiento y de la práctica científica. Lo que cambió fue la naturaleza del discurso, los nombres de las enfermedades, las clasificaciones, el campo de los objetos.

Una vez más la medicina adopta a los ojos de Focault el papel de precursora de las ciencias humanas. Para Focault el cambio clave consiste en que el individuo se convierte en sujeto y objeto de su propio conocimiento, y el cambio en la medicina no es otro que unos “de los testimonios más visibles de estos cambios en las estructuras fundamentales de la experiencia”.

En Vigilar y castigar Focault se ocupa más del tema de la genealogía del poder que del estructuralismo, del discurso, etc. El periodo que media entre 1757 y la década de 1830, durante el cual se sustituyó la tortura de los prisioneros por el control mediante normas carcelarias. Focault percibe este cambio como producto de un desarrollo irregular, no de una evolución racional. La realidad fue que el castigo se racionalizó y llegó a ser más eficaz con los prisioneros. El vínculo entre en conocimiento y el poder se manifestaba claramente en la tortura y, con el desarrollo de normas, ese vínculo se oscureció. El nuevo sistema de reglas era “más regular, más eficaz, más constante, y sus efectos eran más concretos; en suma, ese cambio aumentó los efectos del castigo y disminuyó sus costes económicos”. A diferencia de la tortura, esta nueva tecnología del poder de castigar se producía al comienzo del proceso de desviación, afectaba a más gente, era más burocrática, más eficaz, más impersonal, más invariable, más sobria, e implicaba la vigilancia no sólo de los criminales, sino también de todas la sociedad.

Una tecnología del poder disciplinario, estaba basada en el modelo militar. Implicaba un sistema de micro poderes. Focault describe una “microfísica del poder” con “innumerables puntos de enfretamiento” y resistencia. Identifica tres instrumentos del poder disciplinario:

1.    La vigilancia jerárquica, o la capacidad de los funcionarios de vigilar todo lo que está bajo su control con una simple mirada.
2.    Es la capacidad de imponer sanciones normalizadoras y castigar a los que violan las normas. De este modo, alguien podría ser juzgado negativamente y castigado por cuestiones relativas al tiempo y a la conducta.
3.    Es el uso del examen para observar a los sujetos e imponer sanciones normalizadoras sobre las personas. El tercer instrumento del poder disciplinario implica los otros dos.

Focault cree que la disciplina funciona bien dentro de las fábricas industriales y del ejército, No obstante, Focault nos transmite su temor a la extensión de esa disciplina, especialmente dentro de la red policial estatal para la que toda la sociedad constituye un campo de percepción y un objeto de disciplina. Focault ve el desarrollo de un sistema carcelario en el que la disciplina se traslada “desde la institución penal al conjunto del cuerpo social”.

La transición de la tortura a las normar carcelarias constituye un cambio del castigo corporal al castigo del alma o la voluntad. Este cambio entraña consideraciones sobre la moralidad y la normalidad. En el nuevo modo de subordinación las personas se definen como el objeto del conocimiento, del discurso científico. La cuestión clave es que las ciencias humanas modernas encuentran sus raíces aquí.

En Vigilar y castigar Focault se ientersa por el modo en que el conocimiento crea las tecnologías que ejercen el poder. El Panóptico constituye una estructura que permite a los funcionarios una observación completa de los criminales. El Panóptico constituye una enorme fuente de poder para los funcionario de prisiones, ya que les da la posibilidad de una vigilancia completa. Su poder es enorme porque los prisioneros llegan a controlarse a sí mismos; dejan de hacer varias cosas por temor a ser vistos por los guardias. El Panóptico es una tipo de laboratorio que facilita la recogida de información sobre las personas. Representa el precursor del laboratorio socio-científico y de otras técnicas de las ciencias sociales para reunir información sobre las personas. Focault cree que el Panóptico es la base de “un tipo de sociedad”.

En la Historia de la sexualidad Focault vuelve a centrase en la genealogía del poder. Para Focault la sexualidad es un “punto de transferencia especialmente denso para las relaciones de poder”. Examina el modo en que el sexo se introduce en el discurso y el modo en que el poder impregna ese discurso. Focault cree que la época victoriana condujo a una explosción de los discursos de la sexualidad. Focault sitúa en las escuelas el lugar donde la represión de la sexualidad actúa.

Focault identifica en las preocupaciones de la medicina más moraloidad que ciencia. Focault critca con dureza la medicina, ya que cree que el objeto de su discurso no es establecer la verdad, sino evitar su emergencia. En la moralidad de la sexualidad se encuentra implicada también la religión, especialmente el cristianismo occidental, la confesión y su necesidad de que el sujeto diga la verdad sobre la sexualidad.

Las preguntas formuladas acerca de quiénes somos han contenido cada vez más la cuestión del sexo. Focault lo resume: “el sexo lo explica todo”.

Focault afirma que el estudio científico del sexo debe centarse en la relación entre el sexo y el poder. El poder reside en una variedad de microlugares. El poder y la resistencia al poder están en todas partes.

Antes del siglo XVIII la sociedad se esforzaba por ejercer control sobre la muerte, pero a principios de ese siglo se comenzó a controlar la vida, especialmente el sexo. El poder sobre la vida (y el sexo) adoptó dos formas:

1.    Se encarnó en la “anatomía política del cuerpo humano”, cuya meta era disciplinar el cuerpo humano (y su sexualidad)
2.    En la biopolítica de la población cuyo objetivo era controlar y regular el crecimiento, la salud, la esperanza de vida etc…, de la población.

(Ver reseña biográfica de Focault en páginas 576-577)

El sexo era central en mabos casos. En el occidente moderno, el sexo ha adquirido mayor importancia que el alma y es caso tan importante como la vida. A través del conocimiento de la sexualidad, la sociedad ejerce más poder sobre la vida. Pero a pesar de este aumento de control, Focault no pierde la esperanza de la emancipación.

Dean afirma que Focault cambió de orientación dese la micropolítica del poder hacia una preocupación por las gubernamentalidades o “procesos heterogéneos no subjetivos…”. Focault no se centra específicamente en el Estado, sino en las “prácticas y racionalidades que constituyen los medios de dominio y gobierno”. A Focault le preocupa el modo en que se regulan los cuerpos, en que se gobierna la conducta y los modos en los que se forma el yo. Le interesaba el autogobierno, el gobierno de los demás y el gobierno del Estado. Para Focault al gobierno le preocupa “el control de la conducta”. La teoría posmoderna ha superado y traspasado el posestructuralismo. Siempre ha sido difícil trazar una línea clara entre el posestructuralismo y la teoría posmoderna; de hecho, no existe tal ínea. El pensamiento posmoderno puede considerarse como una extensión y una exageración del posestructuralismo. El posmodernismo ha sido el desarrollo más importante no sólo en la teoría sociológica, sino una amplia serie de campos académicos y no académicos.