Mostrando entradas con la etiqueta disonancia cognitiva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta disonancia cognitiva. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de agosto de 2012

Psicología Social (Sociología/Antropología) Resúmenes Parte 10


En la asignatura de Psicología Social (Sociología/Antropología) del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Introducción a la Psicología Social de Gaviria Stewart, Elena et alia, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 (Capítulo 1) ¿Qué es la Psicología Social?  Jon Zubia Hurtado// Tema 2 (Capítulo 5) Actitudes – Mª Carmen Rego Martínez // Tema 3 (Capítulo 6) Influencia, persuasión y cambio de actitudes José Bargallo Rofes // Tema 4 (Capítulo 8) Conducta de ayuda Jesús Ángel González Dela Osa // Tema 5 (Capítulo 9) Contribuciones de la Psicología Social al estudio de la agresión  Mónica Platero Angulo // Tema 6 (Capítulo 10) Estereotipos – Víctor Riesgo Gómez // Tema 7 (Capítulo 11) El estudio psicosocial del prejuicio  Julio Monteagudo Diz // Tema 8 (Capítulo 13) Procesos grupales y relacionales intergrupales  Tomás Javier Prieto González // Tema 9 (Capítulo 14) Aplicaciones de la Psicología Social  Jesús Ángel González Dela Osa



APLICANDO LAS TEORÍAS SOBRE ACTITUDES Y CONDUCTA

A modo de conclusión se recogen una serie de ideas, surgidas de la aplicación de las teorías vistas en el tema, que pueden ser útiles para modificar creencias y actitudes. Una de las funciones más importantes de los psicólogos es la de influir para mejorar o implantar determinadas conductas. Por ej., para implementar en un barrio un programa dirigido a la prevención del SIDA sería necesario planificar cómo se pueden modificar y ampliar los conocimientos de los jóvenes y adolescentes sobre este tema, teniendo en cuenta, además, los aspectos afectivos y los hábitos relacionados con la sexualidad que afectan a esta prevención.

  • La aplicación de la teoría de la acción razonada y la teoría de la acción planificada puede ser de gran utilidad para implantar o fomentar conductas deseables, como las relacionadas con la salud, ej sexo seguro. Desde estos modelos teóricos, por ej, se ha estudiado cómo propiciar el uso de condones para la prevención del SIDA, llegando a la conclusión de que los componentes del modelo que más influían en el uso o no de preservativos eran los aspectos afectivos de las actitudes, en mayor medida que las creencias; es decir, no influía el conocimiento que tenían sobre la utilidad de los preservativos para la práctica del sexo seguro, sino la mayor o menor satisfacción que relacionaban con su uso. Sin embargo, la mayor influencia la  ejercía la norma subjetiva: qué hacen los otros amigos o que piensan sobre el uso de condones. Por esta razón es importante, en la intervención educativa para fomentar la práctica segura del sexo, formar a los jóvenes y adolescentes en habilidades de comunicación para que sean asertivos y no se dejen llevar por la opinión de los demás realizando conductas no deseadas (Sheeran y Taylor, 1999)
  • El desarrollo de la teoría de la disonancia cognitiva ha puesto de manifiesto la influencia que tiene el comportamiento realizado sobre la actitud. La investigación ha demostrado que cuando una persona realiza una conducta, aunque sea de mínima importancia, ej asistir a una reunión de una asociación de alcohólicos anónimos, es más probable que acepte realizar conductas más costosas relacionadas con esa primera conducta. La explicación es que tratamos de ser y de parecer coherentes, no sólo ante los demás, sino también ante nosotros mismos. La coherencia es un rasgo muy valorado en nuestra sociedad y por ello tratamos de ser consecuentes  en nuestras actitudes y conductas. Esa necesidad de coherencia se puede utilizar para implantar conductas deseables en cualquier ámbito de la psicología: clínica, educativa u organizacional. Si se consigue que la persona realice alguna conducta relacionada con el objetivo al que se dirige la intervención, será más fácil que continúe actuando en esa línea. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que para que una persona se sienta comprometida con la conducta realizada y actúe de forma consistente, es preciso que entienda que la ha realizado libremente, sin coacciones externas, ni el incentivo ni el castigo favorecen el cambio de actitudes. Las recompensas, las amenazas o la imposición autoritaria para que se realice una conducta consiguen sólo cambios momentáneos y no modifican las actitudes. La explicación está en que la persona no atribuye su conducta a una motivación intrínseca, sino a una imposición externa. 


El ser humano es incapaz de aprender a desenvolverse como persona si no es a través de la relación que mantiene con otros individuos. Incluso aquellas conductas propiamente humanas, como caminar erguidos o hablar, no las podríamos desarrollar si no las aprendiéramos de otras personas de nuestro entorno.

Allport
De esos procesos de influencia depende, en buena medida que las estructuras y valores que rigen una sociedad se mantengan o cambien. Según Gordon W. Allport en el primer Handbook of social Psychology editado en 1935, y que siguió vigente en sucesivas ediciones: “intyento de comprender y explicar como el pensamiento, el sentimiento y la conducta de las personas son influidos por la presencia real, imaginada o implícita de otros” (Allport, 1985, p.3); el fenómeno de la influencia social es tan amplio que está presente en prácticamente todos los tópicos de los que se ocupa la Psicología Social.

Un hito en la historia de esta disciplina lo constituye el trabajo de Norman Triplett, que en 1987 publica los resultados del primer experimento, este, consistió en demostrar la influencia que ejerce la presencia física de otras personas en el rendimiento al desarrollar una tarea física, y supuso el inicio de las investigaciones sobre facilitación social. Otros, como los realizados por Sherif (1936) sobre las normas de grupo y su influencia en los individuos, los llevados a cabo por Asch (1951) en torno a la influencia que ejerce una mayoría, o las investigaciones de Newcomb (1952) referentes a la influencia del grupo sobre las actitudes sociopolíticas de sus miembros (en el capítulo 13) se describen brevemente estas tres líneas de investigación), por citar algunos ejemplos.

Podemos encontrarnos a lo largo del día con múltiples situaciones de influencia social.  La intención de influir, irá dirigida a modificar al menos uno de los componentes de las actitudes, (creencias, sentimientos o conductas).

Los modos de influencia social son muy diversos y pueden ser: directa o indirecta, inmediata o a largo plazo y según el escenario del proceso de influencia nos encontramos con tres tipos:

  • Comunicación cara a cara. La comunicación es bidireccional y dialéctica.
  • Comunicación directa dirigida a una audiencia. Por ejemplo, un mitin. La comunicación es poco recíproca.
  • Comunicación de masas. Es la característica de la propaganda y la publicidad y de los medios de comunicación.

Desde esta perspectiva, hay dos temas típicos de estudio sobre los que versa este capítulo: aquellos que tienen que ver con la conformidad o aceptación de un requerimiento, y los que tratan de la influencia lograda a través de comunicaciones persuasivas.

Así, el capítulo se divide en dos grandes apartados. 

  • En primer lugar, se analiza la propuesta de Robert Cialdini, que resume procesos complejos de influencia-referidos a la aceptación de una petición- en seis principios psicológicos. El enfoque de Cialdini (2001) es de amplio alcance y permite explicar fenómenos de influencia que se producen en diversos contextos, como relaciones íntimas, negocios, política, sectas, timos.etc. 
  • En segundo lugar, se consideran los procesos de persuasión organizados a través de la comunicación. Los estudios denominados de persuasión se aplican a situaciones más concretas y abarcan aquellos procesos de influencia que ocurren a través de una comunicación, en la que una fuente o comunicador emite un determinado mensaje dirigido a un receptor o a una audiencia, con la intención de influir en sus actitudes o conducta.


PRINCIPIOS PSICOLÓGICOS BÁSICOS QUE SUBYACEN A LOS PROCESOS DE INFLUENCIA.

Cialdini
¿Cómo consiguen las personas que otros hagan lo que ellas quieren? Todos tenemos la experiencia de conocer a individuos que son especialmente hábiles para convencer a los demás. Por otra parte, las tácticas útiles son las que tienen éxito y se transmiten de una generación a otra, bien en las escuelas de marketing y de publicidad, bien por imitación de unos profesionales a otros.

Estas tácticas las empleamos cuando queremos conseguir algo de los demás. El mérito de Cialdini (2001) consiste en sistematizar teóricamente las tácticas que observaba en los profesionales, en relación con seis principios psicológicos que subyacen en los procesos de influencia. Según este autor, la aceptación de las demandas de otra persona se puede explicar por alguno de los siguientes procesos psicológicos básicos:

  • Compromiso/coherencia.
  • Reciprocidad.
  • Validación social.
  • Escasez.
  • Simpatía.
  • Autoridad.

Que aceptemos o no los requerimientos de otra persona no siempre se debe a que realicemos un procesamiento cognitivo muy elaborado. Lo más frecuente es que nos dejemos llevar por procesos automáticos o heurísticos que nos resultan fiables en ese proceso de interacción. Esos procesos automáticos se basan en reglas de actuación vinculadas a un contexto concreto, son útiles, ya que nos permiten dar una respuesta rápida, sin emplear mucho tiempo ni esfuerzo, lo que posibilita que dediquemos nuestra mente a otros aspectos presentes en la situación.

Los principios descritos por Cialdini se refieren a normas y a reglas de actuación muy valoradas socialmente. Por ejemplo, se valora mucho ser consistente con los compromisos adquiridos (coherencia) o corresponder cuando te hacen un regalo o algún favor (reciprocidad). Estos seis principios psicológicos, que rigen muchos de los procesos de interacción social, tienen en común las siguientes características:

  • Son útiles en la mayoría de las situaciones.
  • Son muy valorados socialmente.
  • Se aprenden desde la infancia.
  • Sirven como heurístico o atajo cognitivo para interpretar una situación social y actuar rápidamente.
  • Suelen ser utilizados con mucha frecuencia y en contextos muy diferentes para convencer.

Es precisamente su carácter funcional, lo que hace que sea tan eficaz el usar tácticas que apelan a alguno de estos principios psicológicos básicos para conseguir las respuestas deseadas en una interacción.

El enfoque teórico propuesto por Cialdini se centra en un cambio de comportamiento que se puede denominar aceptación o complacencia, y es generalizable a cualquier intento de influencia que tenga que ver con procesos dirigidos a lograr la aceptación de un requerimiento.

jueves, 23 de agosto de 2012

Psicología Social (Sociología/Antropología) Resúmenes Parte 9


En la asignatura de Psicología Social (Sociología/Antropología) del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Introducción a la Psicología Social de Gaviria Stewart, Elena et alia, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 (Capítulo 1) ¿Qué es la Psicología Social?  Jon Zubia Hurtado// Tema 2 (Capítulo 5) Actitudes – Mª Carmen Rego Martínez // Tema 3 (Capítulo 6) Influencia, persuasión y cambio de actitudes José Bargallo Rofes // Tema 4 (Capítulo 8) Conducta de ayuda Jesús Ángel González Dela Osa // Tema 5 (Capítulo 9) Contribuciones de la Psicología Social al estudio de la agresión  Mónica Platero Angulo // Tema 6 (Capítulo 10) Estereotipos – Víctor Riesgo Gómez // Tema 7 (Capítulo 11) El estudio psicosocial del prejuicio  Julio Monteagudo Diz // Tema 8 (Capítulo 13) Procesos grupales y relacionales intergrupales  Tomás Javier Prieto González // Tema 9 (Capítulo 14) Aplicaciones de la Psicología Social  Jesús Ángel González Dela Osa



Teoría de la acción planificada

Una vez que se han formado, las actitudes, la norma subjetiva, la percepción de control y la intención pueden ser muy accesibles y rápidamente disponibles para guiar la realización de la conducta. Es decir, no es necesario que la persona revise sus creencias actitudinales, normativas o de control para que estos componentes se activen. Por ej, una actitud previamente formada sobre el consumo de estupefacientes puede ser activada rápidamente en el futuro sin que sea necesario que la persona repase las ventajas e inconvenientes de consumir este tipo de sustancias.

Los tres componentes (actitudes hacia la conducta, norma social subjetiva y control percibido) están relacionados entre sí. La intervención para modificar cualquiera de los tres componentes puede ser útil para cambiar las intenciones de conducta (prevención de la enfermedad, voto político, uso del tiempo libre, etc)

II) Influencia de la conducta en las actitudes: teoría de la disonancia cognitiva.-

El deseo de coherencia es una de las principales motivaciones humanas. En los años 60 distintas teorías analizan las consecuencias de actuar en contra de las propias actitudes. Estas teorías giran en torno a la  necesidad de mantener coherencia entre creencias, entre diferentes actitudes, y entre actitudes y conducta, para así mantener el bienestar psicológico.

Entre las aproximaciones a este tópico destaca la teoría de la disonancia cognitiva (Festinger, 1957). Esta teoría se aparta de las dos mencionadas antes porque plantea que las personas difícilmente reconocen su inconsistencia, sino que tratan de justificarla. El proceso, por tanto, no es la búsqueda de consistencia, sino la racionalización de las inconsistencias.

Postulados básicos de la  teoría.-

Leon Festinger
Festinger desarrolla su teoría al observar, en la vida cotidiana, que la discrepancia entre la conducta y las actitudes provoca malestar y estrés emocional.

Sustituye los términos consistencia e inconsistencia por consonancia y disonancia (consistencia=coherencia=consonancia // inconsistencia=incoherencia=disonancia)

Núcleo de la teoría: la existencia de cogniciones que no son coherentes (consonantes) entre sí produce en la persona un estado psicológico de incoherencia (disonancia) que es incómodo y que la persona se esforzará en paliar intentado hacer esas cogniciones más coherentes. Utilizando estos conceptos, formula las dos hipótesis básicas de su teoría:

  1. La disonancia es psicológicamente incómoda, por lo que las personas tratan de reducirla para lograr la consonancia.
  2. Cuando la disonancia está presente, además de intentar reducirla, la persona evita activamente las situaciones e informaciones que pudieran aumentarla.

Las explicaciones que da Festinger respecto a cada uno de los elementos clave sobre los que se fundamenta la teoría son esenciales para su comprensión: (cognición-disonancia)

  • en primer lugar, el término cognición hay que entenderlo como el conocimiento que tiene la persona sobre sus estados psicológicos (sentimientos, emociones o creencias), sobre su conducta manifiesta, o sobre su entorno. Es decir, se trata de creencias que la persona experimenta como reales (aunque objetivamente no lo sean) y que pueden referirse a realidades muy diversas físicas, psicológicas o sociales. En este sentido, la conducta realizada por una persona se trata de un hecho real incuestionable, no así las opiniones o actitudes, que pueden ser cuestionadas como reales. Según la teoría, siempre que la percepción de la realidad se oponga a una de nuestras creencias existirá una presión para cambiar es forma de pensar.
  • en segundo lugar, utiliza la palabra disonancia para destacar que se trata de un factor motivacional y no cognitivo. Desde este planteamiento teórico, la disonancia tiene un componente de activación psicológica (igual que la sed o el hambre) que es el que origina el malestar psicológico. Es, precisamente, la necesidad de reducir ese malestar lo que va a motivar el cambio de actitudes, y no la necesidad de ser lógicos.

De acuerdo con la teoría, entre dos elementos de conocimiento que formen parte del sistema de las actitudes de una persona pueden existir tres tipos de relaciones:

  1. que sean irrelevantes, es decir, que una cognición no tenga nada que ver con la otra;
  2. que sean consonantes, lo que implica que de una cognición se puede inferir (sobrentender) otra, o
  3. que sean disonantes, cuando una cognición es incoherente o contradictoria con la otra.

La mayor parte de la investigación se ha basado en las creencias sobre el comportamiento que se ha realizado, como uno de los elementos que definen esa relación de coherencia o incoherencia, y en las actitudes, como otro de los elementos. Por ej. una actitud favorable hacia el ahorro sería consonante con comportamientos que impliquen gastar poco dinero, y sería disonante con aquellos que tengan como consecuencia dilapidar el dinero en gastos innecesarios. Esta misma actitud sería irrelevante respecto a otro tipo de conductas como por ej pasear todos los días por el parque.

Una vez que se ha realizado una conducta que de alguna manera es contraria a las actitudes previas, surgen una serie de cogniciones que son consonantes o disonantes con esa conducta. Por ej, si una persona que quiere ahorrar se ha gastado una fuerte suma de dinero en una fiesta, consonante con esa conducta serían creencias del tipo “sólo se vive una vez”, “ya me lo quitaré de otra cosa”, mientras disonantes creencias como “me he gastado los ahorros de tres meses”.

Grado de disonancia.-

La disonancia cognitiva es un factor motivacional, similar al hambre o a la frustración, que se origina cuando existen cogniciones que no concuerdan entre sí. La disonancia cognitiva induce cambios psicológicos dirigidos a reducir el malestar que provoca.

La disonancia cognitiva se podría definir como una experiencia psicológicamente desagradable, provocada por la inconsistencia entre actitudes y comportamiento, que se acompaña de sensaciones de inquietud.

El mayor o menor grado de malestar psicológico, es decir, la magnitud de la disonancia, depende de dos factores:

  1. de la proporción de cogniciones disonantes en relación con las cogniciones consonantes,
  2. de la importancia de cada una de esas cogniciones para la persona.

Ej. si Ana deja de salir con sus amigas para preparar un examen, pensar que ha perdido una tarde de diversión es una creencia disonante, mientras que pensar que así asegura que puede llegar bien preparada al examen es una creencia consonante con su conducta. Si Ana cree que esa tarde sus amigas se van a encontrar con un chico que le gusta, su disonancia será mayor que si piensa que va a ser una tarde como otras muchas.

Una vez que aparece la disonancia, existen diferentes estrategias para disminuirla:

  • añadir nuevos elementos consonantes con la conducta realizada (en el ejemplo, podría convencerse a sí misma de que le entusiasma aprender esa asignatura)
  • aumentar la importancia de los elementos consonantes (Ana podría pensar que ese examen es decisivo);
  • quitar importancia a los elementos disonantes (pensar que es más importante el estudio que la diversión)

La disonancia es muy común y puede surgir por diferentes razones. Dado que la teoría es aplicable a situaciones muy diversas, en la investigación se han ido perfilando una serie de paradigmas que se utilizan en las situaciones en las que típicamente se produce disonancia:

  1. después de tomar una decisión → paradigma de la libre elección
  2. después de actuar en contra de las creencias y actitudes → paradigma de la complacencia inducida;
  3. después de exponerse a información inconsistente con las creencias → paradigma de la desconfirmación de creencias;
  4. después de realizar conductas que requieren esfuerzo → paradigma de la justificación del esfuerzo

Todos estos paradigmas se han utilizado en diferentes investigaciones, lo que ha contribuido a fortalecer y enriquecer la aplicación de la teoría.

a)            El paradigma de la libre elección: disonancia después de tomar una decisión.-

Siempre que una persona tiene que elegir entre dos formas de actuar igualmente atractivas surge un conflicto, debido a que elegir un objeto o una forma de comportarse implica renunciar a otra alternativa. Una vez que se ha optado por una de las dos conductas, permanecen en la mente los aspectos positivos que hacían atractiva la conducta rechazada y los negativos de la elegida. Todas esas creencias, que aun persisten, son disonantes con la conducta realizada.

Después de una conducta de elección, la magnitud de la disonancia aumenta dependiendo:

  • de lo importante que sea la decisión;
  • del grado de similitud entre las alternativas posibles, ya que si se piensa que la diferencia no es muy grande se producirá disonancia;
  • del atractivo de la alternativa rechazada.

Consecuentemente, la disonancia que sigue a una elección se puede reducir mediante alguno de los siguientes procedimientos:

  1. restar importancia a la decisión tomada;
  2. considerar que el resultado final al que lleva cualquiera de las dos alternativas es el mismo, o
  3. cambiar el atractivo de ambas alternativas.

Este último procedimiento se utiliza con más frecuencia y consigue aumentar la proporción de elementos consonantes con la decisión tomada. Esto se consigue:

  • aumentando la importancia de los elementos consonantes con la elección y disminuyendo la importancia de los relativos a la opción rechazada;
  • no teniendo en cuenta algunos de los elementos negativos de la opción elegida o algunos de los positivos de la rechazada;
  • aumentando el número de elementos positivos consonantes con la elección.

(ver experimento de Brehm (1956) simulando un estudio de mercado→ evaluación del atractivo de ocho pequeños electrodomésticos)

b) El paradigma de la complacencia inducida: disonancia después de actuar en contra de las creencias y actitudes (conductas contraactitudinales)

El experimento más emblemático es el de Festinger y Carlsmith (1959), en el que se comprobó qué sucede cuando una persona se ve forzada a decir o a hacer algo contrario a su actitud.

Es muy común que se realicen conductas contraactitudinales por muy diversas razones, ej. ganar dinero, evitar sanciones o no herir la sensibilidad de otras personas. Justificar este tipo de conductas contrarias a las actitudes puede resultar más o menos fácil, dependiendo de los argumentos que podamos esgrimir para racionalizarlas.
Con frecuencia la discrepancia entre las actitudes y la conducta se debe a algún tipo de coacción externa (ej condescendencia forzada) (ej libro)

c) El paradigma de la desconfirmación de creencias: disonancia después de exponerse a inf
ormación inconsistente con las creencias.

Cuando una persona recibe información incompatible con sus creencias, esa nueva información puede generar nuevas cogniciones que sean incongruentes con las ya existentes, por lo que se produciría disonancia.

Esas disonancias se pueden reducir por varia vías, una de las cuales sería cambiar las creencias previas. Pero si esas creencias son importantes, es muy común que esa información se malinterprete, o que se rechace y se busque nueva información que reafirme las anteriores creencias (investigación de Festinger, Riecken y Schachtes (1956) → secta)
La disonancia lleva con frecuencia a buscar información sesgada con el objeto de aumentar los elementos consonantes y evitar los disonantes. Incluso cuando una persona recibe involuntariamente información que contradice sus ideas, un mecanismo común para evitar la disonancia es negar la veracidad de esa información o invalidarla con cualquier excusa. Por ello es tan difícil cambiar opiniones (ej políticas) ya existentes, ya que las personas tendemos a seleccionar aquella información que confirma nuestras creencias y rara vez admitimos las opiniones de personas o medios de comunicación que no comparten nuestro punto de vista.

d) El paradigma de la justificación del esfuerzo: disonancia después de realizar conductas que requieren esfuerzo.

Siempre que se emprende cualquier actividad que supone un esfuerzo desagradable, aunque sea para lograr algo deseado, produce disonancia. La explicación es que creer que una actividad no es agradable es disonante con emprender esa actividad (Aronson y Mills (1959) investigaron esta idea por primera vez). Muchos estudios han puesto de manifiesto que lo que más esfuerzo cuesta es lo que más se valora. (Axson y Cooper, 1985 → experimento con personas obesas)  → Aumentar el esfuerzo puede ser una táctica para aumentar la valoración de una meta concreta.

Reformulaciones de la teoría.-

La teoría de la disonancia es una de las que más eco han tenido en Psicología Social y durante años dominó el panorama de la investigación sobre el cambio de actitudes. No es extraño que haya suscitado multitud de debates y reformulaciones.

Las continuas revisiones que hasta los años 80 originó la teoría contribuyeron a revitalizarla, tanto en su dimensión teórica como metodológica. Con el paso del tiempo, la formulación de Festinger de 1957 se ha reafirmado y actualmente los teóricos de la disonancia ya no cuestionan los fundamentos de la teoría original. En las últimas décadas han surgido puntualizaciones y nuevas aportaciones que han contribuido a comprender mejor el fenómeno de la disonancia. Asimismo, se ha comenzado a abordar el fenómeno de la disonancia en relación con la conducta grupal y el carácter funcional de dicho fenómeno.
Se resumen las aportaciones que más han contribuido al desarrollo de la teoría:

  • Corriente del new look (nuevo enfoque) de la disonancia (Cooper y Fazio, 1984).

Esta perspectiva aportó dos conclusiones que deberían cumplirse para que se experimentara disonancia:

  1.  que la persona crea que su conducta ha originado consecuencias negativas, y
  2. que la persona crea que es responsable de su conducta, para lo que es imprescindible que se sienta libre al haberla realizado, ya que de otro modo podría justificar su acción por la presión externa

  • Teoría de la disonancia del yo (Aronson, 1968, 1999)

Esta perspectiva aborda la relación que existe entre el autoconcepto y la disonancia cognitiva.

Festinger
Según esta teoría, la disonancia se produce cuando la persona realiza un comportamiento que no es coherente con la imagen que tiene de sí misma, es decir, cuando es incoherente con su autoconcepto. Todos tendemos a tener una visión positiva de nosotros mismos; cuando actuamos de forma que esa imagen se rompe, y nos sentimos inmorales o necios, experimentamos disonancia.

Esta perspectiva, que enfatiza la importancia del autoconcepto, ha prosperado con el apoyo de experimentación en la que se inducen sentimientos de hipocresía: cuando la persona toma conciencia de que se comporta de forma hipócrita y no actúa de acuerdo con sus creencias experimenta disonancia.

  • Dos teorías posteriores, desde planteamientos próximos a este enfoque analizaron cómo influyen las creencias sobre el yo y la autoestima en la activación y reducción de la disonancia:
  • la teoría de la autoafirmación (Steele, 1988), y
  • el modelo del autoestándar (Olson y Stone, 2005)

- Análisis del papel de la disonancia como factor psicológico implicado en la aceptación por parte de algunas mujeres del maltrato a que las someten sus parejas (ver libro)