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domingo, 12 de noviembre de 2017

Todo lo que está pasando en el mundo tiene que ver con el miedo Parte 3

Lo que sube, baja, lo que se infla se desinfla. El primer párrafo de este capítulo aclara muchas cosas de la situación de crisis que estamos viviendo desde 2008:
Ashes, 1894 by Edvard Munch
“El estudio de las grandes crisis financieras, del pánico y del crac con que concluyen, demuestra que éstas no golpean desde fuera el movimiento eufórico y euforizante de la expansión continua de los negocios que las ha precedido, como lo harían un destino maléfico o una catástrofe inexplicable, sino que en cierto modo, se encuentran programadas, como la muerte en vida, dentro de ese mismo movimiento. Sólo son inciertos el día y la hora”[1]. Apenas unas líneas explicitan de manera clara lo que ha sucedido en la economía global en los últimos años, desde la crisis de las hipotecas hasta el crack en el que está sumido occidente. La clave: la especulación. La utilización de informaciones privilegiadas para delimitar, mover, y dirigir el movimiento de los mercados, de manera fraudulenta y ficticia, hasta que explota.
“Lo que dijimos del paso de la masa al pánico debe aplicarse, por lo tanto, al paso de la especulación al pánico financiero”, indica el autor. Las crisis, todas las crisis, y pone como ejemplo la del 29, están precedidas por una marea de fondo, que no se sabe cuándo arrasará la costa, pero que todos, o los más entendidos, van viendo llegar. Y añade un dato más curioso, más en nuestra época “para que se produzca la especulación es preciso que justo en el momento que precede al hundimiento los operadores cuenten con ganancias probables más elevadas que nunca”[2]. Este libro es de 1999, y esta afirmación parece hecha tras la debacle de Lehman Brothers o de las cajas españolas, Bankia incluida.
Y sí, aunque parezca mentira, los estadistas son capaces de crear fórmulas matemáticas que establezcan unas incógnitas y den medidas racionales para medir los índices de especulación. No pretendo en este resumen explicarlas, ya lo hace Dupuy en el último capítulo de su libro. Por supuesto se trata de cálculos de probabilidad, en los que entran no sólo factores matemáticos y estadísticos sino también elucubraciones, análisis de informaciones, tráficos de influencias, etc.
Manejando este tipo de informaciones, vamos a denominar un corpus de información, y consiguiendo que el mercado actúe de determinada manera ante ellas, el especulador puede conseguir sacar partido a tenerlas de antemano. En base a su reacción, si consigue que los mercados la reproduzcan, conseguirá saber dónde está su ganancia y dónde no. “El buen especulador es aquel que adivina mejor que la masa lo que la masa va a hacer”, afirma el francés.
Jean-Pierre Dupuy El pánico.
Editorial GEDISA. Barcelona 1999

[1] Dupuy – página 89
[2] Dupuy – página 93

domingo, 29 de octubre de 2017

Todo lo que está pasando en el mundo tiene que ver con el miedo Parte 2


El miedo es una poderosa fuerza invisible, primaria en nuestro ADN. Por momentos es un mecanismo de defensa beneficioso frente a una amenaza, que nos ayuda, protege y expone a todo nuestro cuerpo a hacer frente al peligro. El miedo nos enseña a reconocer qué no debemos hacer, qué situaciones evitar, porque imprime en nuestra memoria situaciones traumáticas de nuestro pasado. Ese es el miedo a lo reconocible, a lo tangible, pero también está miedo a lo que no ponemos “rostro”, a realidades desconocidas, al mañana, a todo lo que se escapa de nuestro control, a dinámicas que golpean a todos por igual.

Entramos en otra dimensión de ese estado de vigía natural de todo ser humano, a otro patológico y de contagio, a un miedo colectivo donde ya no se reacciona, pues no es material, aún no está frente a nosotros. Sino que nos mueve a realizar acciones inconscientes y contra nuestros propios intereses. Ese estado muta hasta que nos coloca como una pieza de un engranaje mayor, que nos anula como individuo y dejamos que nos empuje libremente en una dirección desconocida. Hemos abandonado la razón, llegando a tener miedo al miedo. 

Johann Heinrich Füssli - The Nightmare
El mercado contiene al pánico. Es aquí donde Dupuy pretende deconstruir la oposición y para ello tiene que empezar por la figura del jefe, desde el punto de vista freudiano, a través de autores como Moscovici (1981) o Edelman (1981). La deconstrucción, de nuevo, la propone el autor a través de preguntas, las primeras, respecto a la propia condición del jefe, sobre su no-necesidad de amor, su autosuficiencia; las segundas sobre los integrantes de la masa, sobre sus necesidades básicas de ilusiones, amor, obsesión. Delimitadas estas preguntas –ya se había hecho al proponer las teorías de Freud sobre la masa- Dupuy llega a afirmar: “la masa encuentra su unidad y su identidad al negarse a sí misma en la figura del pánico”. Quiere decir, que la falta de líder visible asigna al propio pánico ese rol, y aparecen nuevas circunstancias que afectan a los integrantes de la masa: cada cual se preocupa sólo de sí mismo, sin la menor consideración hacia los demás”. Se rompen los lazos afectivos.
Y es verdad, que como recuerda el autor, curiosamente la masa nos parece más masa cuando es presa del pánico, es decir, cuando pierde los referentes, los lazos afectivos, y hasta el contagio. Paradójico. Todo. “El pánico es una desintegración de la masa dentro de la masa”, según Elías Canetti.
Una vez trazadas estas líneas, Dupuy propone tres paradojas: 
  • la primera, salir de ese paradigma de punto exógeno, que programa y propone la multitud, para convertirlo en un punto endógeno, también producido por la multitud pero desde dentro. La clave el concepto narcisismo/líbido: el jefe se ama a sí mismo, los seguidores aman al jefe porque lo imitan. “La singularidad del jefe no se debe a sus características individuales intrínsecas, no es una causa, es un efecto (del sistema)”, afirma el filósofo. 
  • Lo mismo ocurre con la segunda paradoja, la de la identidad y oposición entre la masa y el pánico, al explicitar, según Dupuy el carácter centrado de la masa y el “a-centrado” del pánico, ambas cosas se estructuran en torno a un punto fijo endógeno, no preexistente, sino emergente de la situación. 
  • Por último la tercera es la relativa al contagio/pánico o la oposición masa/ mercado. En el paso de la masa al pánico la imitación no se pierde, asegura Dupuy, solo que cambia de régimen.
En cuanto al mercado, Dupuy recurre a la teoría walrassiana para indicar que son los precios los que marcan la emergencia del pánico. En este caso la imitación es limitada y los factores que indican el punto fijo único son objetivos. El propio autor apunta que es una teoría con lagunas, y que sí que en el mercado llega a funcionar una situación de contagio racional para administrar la incertidumbre. Por lo que, llegados a este punto, Dupuy llega a afirmar que “el mercado contiene el pánico” y queda reconstruida la ultima paradoja, entre masa y mercado.
Pues el mercado no es siempre racional, y pese a que existen mecanismos de autorregulación, pueden llegar a procesos de auto-desregulación. Dupuy asegura que son los economistas quienes mejor analizan las situaciones de pánico, ya que los estudiosos de las catástrofes ven siempre un riesgo externo, y en cambio, en la economía, en momentos de pánico, todo sigue funcionando igual que en su marcha habitual.
Jean-Pierre Dupuy El pánico.
Editorial GEDISA. Barcelona 1999


martes, 24 de octubre de 2017

Todo lo que está pasando en el mundo tiene que ver con el miedo Parte 1

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El pasado domingo leí en el ABC una interesante entrevista al arquitecto Frank Gehry, realizada por Fredy Massad. En ella, este gran autor reflexiona sobre diversas cuestiones de interés y no sólo de su legado artístico como puede ser el Guggenheim. Me sorprendió muchísimo una de sus afirmaciones: "(...) Todo lo que está pasando en el mundo tiene que ver con el miedo, con la sensación de peligro". De inmediato recordé un ensayo que realicé hace unos años sobre un texto de Jean Pierre Dupuy que me gustaría compartir una vez más. Hoy más que nunca, estas palabras cobran sentido, sólo tenemos que observar a cualquier conflicto para entender perfectamente cómo puede influir el miedo en nuestras vidas.


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El grito de Munch
“¿Cómo se mantiene unida una sociedad?”, la pregunta abruma. Si uno es capaz de superar esta cuestión casi retórica el filósofo francés Jean Pierre Dupuy, lo asestará con otra de igual o parecido calado: “¿Por qué las crisis que la desgarran –a la sociedad- o los miedos que habitan en ella no degeneran en desórdenes generalizados o en desbandadas desenfrenadas?” Dupuy estructura un texto sobre la presencia de lazos sociales invisibles que unen a los seres humanos, en aquello conocido como comunidades, o sociedades, tribus, grupos, masas. 

Se puede asegurar que “Cuando se extiende el pánico la sociedad se disgrega, se descompone, se atomiza”, y con esta afirmación nos lleva, cerrando un círculo a la primera frase del texto. Sin embargo, hay que diferenciar en las actitudes individuales y las sociales, y este es otro escollo a tener en cuenta: El paso de unas actitudes a otras llevan irremediablemente a paradojas: “lo que se manifiesta racional en un nivel, resulta irracional en el otro”, comenta.

Dupuy cita a Edgar Alan Poe: “si no se encuentra el pánico, quizá se deba a que no se busca donde está. Quizá no logramos concebirlo porque aún somos prisioneros de su mito”. La procedencia externa del pánico se aplica en situaciones de catástrofe natural (lo ignoto genera miedos y terror), pero cuando las catástrofes son inducidas por la técnica ¿qué pasa? ¿es igual? ¿se genera un pánico? ¿ya no se trata de un fenómeno externo/desconocido?

Asociamos pánico y catástrofe como un uno indivisible y nos equivocamos al mezclar conceptos como histeria y descontrol. Por eso, por su intangibilidad, en muchas ocasiones se intenta prevenir, técnica y económicamente, el pánico, cuando se deberían derivar estos esfuerzos a prevenir lo previsible, algo que el pánico no lo es por propia definición.

Para Dupuy el pánico sirve de mediador entre la masa y los mercados. Para Freud, la masa sólo se puede construir en torno a la presencia de un líder, de un jefe paradigma del orden social. El pánico rompe ese orden. Esa circunstancia es calcada a la que se produce entre los mercados y el pánico, aunque según el autor, la teoría económica ortodoxa no ha llegado a explicar ese paso.

Dupuy usa a Freud para caracterizar tres rasgos fundamentales de la masa: principio de cohesión, de naturaleza libidinal, el punto focal de las adhesiones entre los individuos que la forman, esto es, el jefe, y los fenómenos  de contagio. El primer punto es lo que llamamos interés colectivo, que supera al egoísmo o al narcisismo, el segundo es la admiración ¿irracional? (libidinosa, de objeto) de los integrantes de la masa por su propio líder, y el tercero la facilidad de contagiarse, de parecerse, de mancharse unos de otros, de los individuos que la forman. 

Sin embargo, estas peculiaridades se alejan del otro factor cohesionador de los grupos sociales, el del mercado. Según Friedman, los libres mercados aglutinan, coordinan a millones de personas que sólo persiguen un interés propio, pero que al mismo tiempo desarrollan el papel de números en la misma serie. No hay líderes, el líder es un interés subjetivo de cada uno de los individuos. “Los intereses [económicos se supone] implican el repliegue narcisista sobre uno mismo, la ausencia de lazos pasionales basados en la rivalidad y la comparación envidiosa con los demás”, concluye Dupuy. La economía niega la masa.

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Jean-Pierre Dupuy El pánico.

Editorial GEDISA. Barcelona 1999

jueves, 30 de agosto de 2012

Psicología Social (Sociología/Antropología) Resúmenes Parte 14


En la asignatura de Psicología Social (Sociología/Antropología) del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Introducción a la Psicología Social de Gaviria Stewart, Elena et alia, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 (Capítulo 1) ¿Qué es la Psicología Social?  Jon Zubia Hurtado// Tema 2 (Capítulo 5) Actitudes – Mª Carmen Rego Martínez // Tema 3 (Capítulo 6) Influencia, persuasión y cambio de actitudes José Bargallo Rofes // Tema 4 (Capítulo 8) Conducta de ayuda Jesús Ángel González Dela Osa // Tema 5 (Capítulo 9) Contribuciones de la Psicología Social al estudio de la agresión  Mónica Platero Angulo // Tema 6 (Capítulo 10) Estereotipos – Víctor Riesgo Gómez // Tema 7 (Capítulo 11) El estudio psicosocial del prejuicio  Julio Monteagudo Diz // Tema 8 (Capítulo 13) Procesos grupales y relacionales intergrupales  Tomás Javier Prieto González // Tema 9 (Capítulo 14) Aplicaciones de la Psicología Social  Jesús Ángel González Dela Osa



Los procesos de influencia se dan tanto por la ruta central como por la periférica. En general la influencia que ejerce un mensaje es mayor cuando se procesa vía ruta central y del cambio de actitudes que induce es más duradero, predice mejor la conducta futura y es más resistente a mensajes contrarios que si se procesa por la ruta periférica. El éxito depende de la cantidad de pensamientos y de la valencia de estos (favorables o desfavorables a las intenciones del mensaje). Si el mensaje provoca pensamientos (auto-mensajes) a favor de las intenciones del comunicador, cuanto más procesamiento elaborado suscite mayor será la influencia. Por el contrario, si los pensamientos que provoca son desfavorables a las intenciones del mensaje, cuanto menos pensamientos suscite mejor, ya que la influencia no se puede lograr a través de claves heurísticas asociadas al mensaje (por ejemplo, que proceda de una fuente atractiva), es decir, vía ruta periférica y sin que suscite ninguna contra argumentación.

Elementos de la comunicación que afectan a la persuasión.

Las principales variables que influyen en el proceso de comunicación (comunicación, mensaje, canal, contexto, y receptor) pueden afectar a la elaboración del mensaje de diferente manera, de modo que unas veces aumentarán la probabilidad de elaboración, ampliando el procesamiento sobre el mensaje y otras servirán como clave periférica. El modelo de probabilidad de elaboración destaca este aspecto: cualquiera de los elementos que afectan a la persuasión puede desempeñar diferentes roles en función de las condiciones de probabilidad de elaboración que suscite en el receptor. Es decir las mismas variables pueden llevar al cambio de actitudes a través de diferentes rutas. Los elementos del mensaje pueden influir en la persuasión:

  • Sirviendo como argumentos, al proporcionar información relevante para evaluar el mensaje.
  • Sirviendo como clave periférica.
  • Sesgando el tipo de argumentos del mensaje que se procesa, así como la valoración que se hace de ellos.
  • Influyendo en la cantidad de pensamiento que la audiencia está dispuesta a dedicar al mensaje.

Tomemos como ejemplo las recomendaciones de un famoso futbolista, que pueden servir como argumento fuerte si se refiere a un calzado deportivo que utiliza en sus entrenamientos, pero no si se refiere a su reloj sumergible. También el contexto en el que realice esas recomendaciones afectará al procesamiento de la información, ya que si lo hace en el marco de un anuncio publicitario, por el que se sabe que está cobrando, su credibilidad será mucho menor, que si las hace en una entrevista. La valoración puede ser sesgada por las simpatías de la audiencia y también por características como la claridad en la exposición o argumentos. En este ejemplo es más probable que se procesen vía ruta central los argumentos referidos al calzado que al reloj, que influyan favorablemente si nos cae simpático, si utiliza muchos argumentos y de forma clara y si no sospechamos  que intenta persuadirnos.

Las principales variables que influyen en el proceso de persuasión al interactuar con los elementos de la comunicación:

La fuente persuasiva o comunicador.

No todas las personas tienen la misma habilidad para persuadir. Dos son las principales características de la fuente que puede condicionar el proceso de persuasión: su credibilidad y su atractivo.

Credibilidad de la fuente.

Para que un comunicador consiga persuadir es imprescindible que la audiencia le atribuya esa característica de credibilidad. La investigación ha permitido comprobar que la credibilidad de la fuente depende, básicamente, de la experiencia o competencia que se le atribuye, así como de la sinceridad con que se la percibe. Conviene tener en cuenta que estas características que el receptor atribuye pueden no ser reales.
La competencia que se atribuye a una fuente se puede basar en múltiples características. Muchas de ellas se infieren a partir de claves que son fiables en la mayoría de situaciones, pero que también pueden ser manipuladas. La competencia que se atribuye a una fuente aumenta cuando se percibe alguna de las siguientes características:

  • Posee algún título académico, ocupación o experiencia que le acredita como conocedor del tema.
  • Transmite el mensaje de forma fluida, sin excesivas pausas o repeticiones.
  • Apoya sus argumentos citando a otras fuentes de prestigio.

Respecto a la sinceridad, nada influye tanto en que se atribuya esta característica a una fuente como que los argumentos que esgrimen vayan en contra de sus propios intereses. De forma muy similar influyen en la percepción de la sinceridad del comunicador otros factores, como que se le perciba sin intención de influir, sin ánimo de lucrarse o cuando utiliza argumentos que están en contra de lo que aprueba la audiencia.

Atractivo de la fuente.

El atractivo de la fuente, su belleza física o su trato agradable, con frecuencia nos sirve como clave heurística periférica basada en el principio de simpatía. Por lo tanto, que afecte más o menos a la persuasión va a depender de la motivación y de la capacidad del receptor para analizar otros elementos que le lleven a una elaboración más profunda del mensaje. Esa es la razón por la que cuando entran en conflicto la credibilidad de la fuente y su atractivo resulta más persuasiva una fuente creíble que una atractiva. La similaridad, la familiaridad, el poder o la fama que ostente, así como el que nos halague de algún modo, son factores que pueden hacer que una fuente nos resulte más atractiva.

El mensaje.

Es el elemento clave de la persuasión mediante el que el comunicador, utilizando argumentos y en algunos casos imágenes o símbolos, intenta ejercer su influencia en relación con un tema. Una distinción que suele hacerse sobre el tipo de mensaje es si apela a aspectos racionales o afectivos de las actitudes. Los mensajes racionales se basan en la argumentación y en la lógica, mientras que los emocionales apelan a aspectos afectivos. La eficacia persuasiva depende del receptor, del tipo de actitudes que se quiere cambiar (cognitivo o afectivo). Los mensajes racionales fundamentan su influencia con el contenido, datos objetivos, argumentos fuertes y novedosos o en aspectos formales sobre los que se estructura el mensaje. Por ejemplo, el que se planteen de forma explícita o implícita las conclusiones a las que quiere llegar el mensaje, o el orden en el que se presentan los argumentos más importantes. En cuanto a los emocionales, el aspecto más investigado ha sido el efecto causado por el miedo o la amenaza.En el Cuadro 6.4 se muestra un esquema resumiendo algunas de las conclusiones a las que se ha llegado a partir de las investigaciones sobre la influencia de las características del mensaje.

NOVEDAD DE LOS ARGUMENTOS.

Incrementa su eficacia persuasiva.

CANTIDAD DE ARGUMENTOS.

Puede servir como clave heurística porque dará la apariencia de que la propuesta está bien fundamentada. Si el receptor tiene suficiente motivación y capacidad para procesar la información no tendrá en cuenta este aspecto, sino la calidad de los argumentos.

MENSAJES UNILATERALES O BILATERALES CON REFUTACIÓN.

Se han comparado los mensajes que solamente incluyen el punto de vista defendido por la fuente con los que contienen, además, la visión opuesta. Estos últimos, a su vez, pueden aportar los argumentos que refutan el punto de vista contrario o dejar sin rebatir esa posición. La evidencia empírica muestra que los más eficaces son los que aportan los dos puntos de vista con refutación. No obstante, si no se refuta el punto de vista opuesto, los mensajes bilaterales son menos eficaces que los unilaterales.

CONCLUSIONES EXPLÍCITAS O IMPLÍCITAS.

Es más eficaz que sean los propios receptores los que extraigan las conclusiones que están implícitos en el mensaje, ya que ello implica más elaboración y mayor persuasión. Ahora bien, si la audiencia no tiene la suficiente capacidad o motivación para procesar el mensaje es mejor que las conclusiones sean explícitas.

MENSAJES BASADOS EN EL MIEDO Y LA AMENAZA.

Los mensajes que inducen altos niveles de miedo son eficaces si aportan las recomendaciones para evitar las consecuencias a las que apela la amenaza. Por ejemplo, cuando un anuncio muestra un terrible accidente de tráfico y cómo el uso del cinturón puede salvar la vida del conductor. Cuanto mayor es el miedo que provoca el mensaje, mayor será la influencia en personas con alta autoestima, pero en personas con baja autoestima influyen más los mensajes que inducen niveles moderados de miedo. Una explicación es la relación positiva que se establece entre autoestima y autoeficiencia (si la persona cree que puede afrontar de forma eficaz la situación amenazante). Si se piensa que no se puede afrontar de manera efectiva esa experiencia amenazante, una manera de controlar el miedo es reducirlo no creyendo que “la cosa sea tan grave.