La empresa tecnológica grancanaria Teika 361
ha dispuesto a la ciudadanía para que disfrute, de manera totalmente
gratuita, la visita a 18 museos canarios para que la cultura y el afán
por el conocimiento no desaparezca en estos días marcados por la crisis sanitaria por la propagación del coronavirus: (Pincha en los enlaces para disfrutar de una jornada cultural gratuita)
El escenario de cuarentena cultural que abre el cierre temporal de
actividades y encuentros en centros, museos y bibliotecas en Canarias
puede releerse como una oportunidad para detenerse, aislarse del
exterior y retomar ese montículo de lecturas, películas y temporadas que
relegamos con frecuencia al compartimento de placeres pendientes. El
encierro hogareño instaurado para los próximos días como medida de
prevención contra el avance del coronavirus nos impide apelar ahora a la
falta de tiempo propio, así que, si valoramos esta contingencia desde
otra perspectiva, nos invita, en su lugar, a aprovecharlo a nuestro
favor. Ante las restricciones
pasajeras de viajes, conviene recordar que leer es viajar al centro de
uno o una misma. Eso sí: no encontrará manuales de autoayuda en este
listado, puesto que la única asistencia relevante -y que tanto
agradecemos- en este contexto de emergencia social corresponde a los
servicios sanitarios. El arte y la cultura no salvan vidas, aunque
reparan otro tipo de heridas y, sobre todo, embellecen y amenizan
nuestra existencia contra el caos.
Como
bastiones eternos, los libreros permanecen en pie de guerra con
recomendaciones literarias para surfear las olas de la cuarentena a
través de las letras. En los inicios del brote del virus, las librerías
ya comenzaron a acusar una búsqueda de lecturas relacionadas con la
epidemia: en concreto, algunos clientes solicitaban ejemplares de Los ojos de la oscuridad, un bestseller de
terror del escritor estadounidense Dean Koontz, publicado en 1981, que
describe la trama inquietantemente premonitoria de un virus letal
denominado Wuhan 400, que desata una epidemia alrededor del 2020. El
libro ya se encuentra descatalogado y su última edición se publicó con
el sello Plaza y Janés, el pasado 2000. Pero para quienes busquen claves
o respuestas en libros, las cifras revelan que en Italia, epicentro
mundial del coronavirus, se dispararon las ventas de La peste, de Albert Camus, y de Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. Algunos lectores regresan a El amor en los tiempos del cólera,
el clásico de Gabriel García Márquez, porque, puestos o expuestos al
contagio, que el virus sea de amor. Y para quienes se aventuren por los
senderos interior en la naturaleza, Walden, la obra maestra de Henry David Thoreau, abre las puertas a otra forma de aislamiento.
La
librería Sinopsis, con dos sedes en el barrio de Triana, recomienda un
escaparate variado de lecturas diversas para evadirse entre páginas: Calypso, de David Sedaris (Blackie Books) una propuesta de humor contra la melancolía; La red de Alice, de Kate Quinn (Suma), que glosa el episodio real de una red de mujeres espías; La venganza de Van Der Does,
de Carlos González Sosa, una ficción histórica trepidante que se
retrotrae al asalto a Las Palmas de Gran Canaria en 1599 (Bilenio); El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes,
de Tatiana Tîbuleac (Impedimenta), un testimonio lacerante sobre la
fragilidad de las relaciones maternofiliales, que los libreros "no nos
cansamos de recomendar"; Oscura Roma, de Luis Manuel López (Esfera de los Libros), novela histórica con impronta fantástica de Stephen King; y Mi hermana, asesina en serie, de la nigeriana Oyinkan Braithwaite (Alpha Decay), "un thriller con mucho humor que se devora de un bocado".
Pantalla
En
cuanto a la inmersión en la pequeña pantalla de nuestros hogares, las
plataformas de televisión amplían y acomodan su oferta para la
cuarentena cinematográfica y seriéfila: Movistar+ incrementa su oferta
con el refuerzo de sus contenidos -sobre todo, infantiles- hasta el 30
de abril y Filmin estrena la colección Cuarentena, un canal para no salir de casa que despliega 104 títulos y cuya premisa es "pocos personajes y pocas localizaciones".
En línea con el bestseller de Koontz, la película Contagion,
de Steven Soderbergh, escala posiciones en el catálogo de Warner Bros
con un retrato casi documental sobre una epidemia mortal que se inicia
en China y se expande a todo el mundo.
En esta clave recomendamos también Doce monos, de Terry Gilliam; Los cazafantasmas, de Ivan Reitman; y Perfect sense, de David Mackenzie. El resto de propuestas que asociamos a este contexto son Her, de Spike Jonze; Parásitos, de Bong Joon-ho; El irlandés, de Martin Scorsese; Boyhood, Richard Linklater; la trilogía de El señor de los anillos, de Peter Jackson; y Atrapado en el tiempo, de Harold Ramis
En cuanto a series: Chernobyl,
obra maestra de HBO, recrea el accidente nuclear acaecido en 1986 donde
el virus, en este caso, es polvo radiactivo. Y en esta clave
crítico-distópica recomendamos Watchmen oThe end of the f***ing world, y para una evasión con clase también recomendamos las maravillosas Killing Eve, Fleabag, Mindhunter y Rick y Morty. También destacamos el estreno de la tercera temporada de Élite e invitamos al revisionado de Breaking Bad, por ese guiño a cocinar en casa, y a que aparque las excusas y se atreva con la oscura Twin Peaks: The return.
En plena crisis del coronavirus, toca guardar casa.
Abatidos en el sofá, solo las plataformas de streaming tienen el poder
de sacarnos del tedio pero las recomendaciones siempre son las mismas.
Entras en Netflix y en todos los apartados aparece «Stranger Things»,
haces lo propio con Movistar+ y te encuentras con «El Embarcadero». Por
no hablar de HBO, que huérfana de «Juego de Tronos» (sigue disponible)
presume de «Westworld» (se estrena el 16). ¿Y cuántas veces habéis oído
hablar de «Fleabag»? Pues eso.
La cuestión es que hay vida más allá de Netflix y compañía, y sin rascarse el bolsillo.
Aquí os proponemos alguna que otra serie que ha pasado desapercibida y
que merece la pena ver estos días de reclusión y hastío, gratis, sin
necesidad de pagar estos servicios de streaming.
En Facebook
Vale,
de primeras quizás no parezca el título más apropiado dadas las
circunstancias, pero al fin y al cabo es ficción, disponible con tan
solo un click en el buscador de Facebook, donde debes introducir el
nombre de esta serie protagonizada por la hermana más talentosa de las gemelas Olsen, Elizabeth (aka Bruja Escarlata).
«Sorry for your loss» no es más que otro ejemplo de ficción valiente,
más fiel a la realidad que supeditada a ella; osada tanto en su
premisa, una joven que se queda viuda, como en su moraleja, la de que
pocas veces conoces realmente a alguien... aunque vivas bajo su mismo
techo. Su cuidada dirección y la solidez con la que los actores encaran
el reto engrosa la lista de virtudes de esta serie, que estrena este
martes su segunda temporada.
Creada por Lizzy Weiss («Cambiadas al nacer») y protagonizada por Elizabeth Olsen («Vengadores»),
que también ejerce de productora ejecutiva, empezó a desarrollarse para
Showtime, pero finalmente terminó como la serie de cabecera de Facebook
Watch.
La gratuidad de su visionado a través de Facebook,
accesible para cualquier usuario de la red social, que puede seguir el
duelo de la hermana pequeña de las gemelas Olsen con apenas un click,
hace todavía más incomprensible la falta de publicidad y confianza que
la compañía de Mark Zuckerberg ha depositado en «Sorry for your loss».
«Limetown» es otra de esas joyas ocultas enterradas entre los likes y fotografías de Facebook. Protagonizado por Jessica Biel,
este thriller sigue a Lia Haddock, una periodista de la American Public
Radio (APR) que investiga qué hay detrás de la misteriosa desaparición
de trescientas personas en una institución de neurociencia en Tennessee.
Durante la investigación, Lia se da cuenta de que ella misma está
conectada a todo el misterio.
Esta serie de misterio, drama y
hechos paranormales está protagonizada por Jessica Biel («The Sinner»,
«7th Heaven»), acompañada de actores y actrices como Stanley Tucci («Los
Juegos del Hambre»), Marlee Matlin («The Apprendice»), Kelly Jenrette
(«Jinn»), Sherry Saum («The Fosters») y Omar Elba («Tim») La
serie es una adaptación del exitoso podcast homónimo de Zack Akers y
Skip Bronkie, quienes firman el guión de la serie, que cuenta con 10
episodios en su primera temporada.
En YouTube
En la misma línea que Facebook, YouTube también ofrece de forma gratuita sus ficciones originales. Es decir, que ni siquiera hará falta pagar el servicio Premium para disfrutar de las series de la plataforma.
En la plataforma de vídeos destaca la serie «Cobra Kai», una suerte de «spin-off» de «Karate Kid»,
que el año pasado recibió una nominación a los premios Emmy y que está
valorada como la 66ª mejor serie de todos los tiempos en IMDb. Una
de las mejores noticias de esta ficción es el regreso de los
protagonistas del filme original, William Zabka y Ralph Macchio, que
repiten sus papeles,
Por otro lado, «Malviviendo» es una comedia española de muy bajo presupuesto -el primer episodio se rodó con tan solo 40 euros-
concebida en sus inicios para emitirse exclusivamente por internet. Su
éxito en la red de redes y las buenas críticas en 'blogs', 'webs' y
foros especializados, sin embargo, acabaron provocando su eventual
difusión televisiva. La producción está protagonizada por actores en su
mayoría no profesionales que en un buen número de entregas están
acompañados por celebridades como el humorista Jorge Cadaval, el rapero
sevillano Zatu o el presentador Juan y Medio.
Otro de los sellos
característicos de «Malviviendo» es el enorme número de series de éxito
que parodia (tanto su guión como su cabecera), como «Dexter», «Los
Soprano» e incluso la 'docuserie' «21 días».
En Playz
Playz emite cada martes a media tarde «Drama»,
la serie juvenil de Televisión Española sobre una generación que
«decide no decidir». Esta comedia sigue la historia de la punki África,
protagonizada por Elisabet Casanovas, que interpreta a una veinteañera
sin rumbo que se queda embarazada sin saber quién es el padre.
«Drama» es una serie a la que, como cuenta Óscar Rus, le han buscado primas hermanas tanto en el exterior ( «Sex Education», «Girls», «Lovesick») como
en el interior ( «SKAM España»), pero la ficción de Playz tiene
«salidas de tono menos naturalistas». El objetivo de los guionistas era
darle comedia a vivencias de su entorno (bilingüe, pues combina
castellano y catalán en un pestañeo), como el alzhéimer que sufre la
abuela de la protagonista. «Uno de ellos, Oriol Pérez, tenía esa
situación con su abuela y quería tratarlo con humor, que consigue que
puedas tratar los temas que más te afectan, romper el tabú...».
La
música tiene la capacidad de crear un espacio protector y hay discos
especialmente magistrales en ello: son el bálsamo perfecto para una
temporada de confinamiento o la cuarentena
The Shepherd's Dog de Iron & Wine,
música que te envuelve como si la estuvieran tocando a tu alrededor en
el dormitorio, puedes notar el calor del susurro de Sam Beam, igual que
susurra Nick Drake en Pink Moon, pero dobla su
voz porque quizá esto es un sueño o es un recuerdo, o es el recuerdo de
un sueño, puedes sentirlo, y eso te conduce hasta el barítono Bill Callahan, ya puestos en su disco Apocalypse, que parece que es lo que toca, el bardo bohemio.
Pero ya un poco agotado de tanta instrumentación pones For Emma forever ago de Bon Iver, y te imaginas en el centro de la cabaña donde lo grabó, y buscando aún más melancolía pones Alice de Tom Waits, que es lo más triste que haya grabado, polkas y baladas como cuentos góticos.
Hasta que harto de tanta soledad y tanta tristeza cambias a algo menos roto y más dulce. Ella Fitzgerald cantando el repertorio de Cole Porter te derrite, es algo tan hermoso que sólo puedes poner después otra voz insuperable, Sarah Vaughan in Hi-Fi, que empieza con una balada en la que la guitarra suena como las volutas de un cigarrillo, y una voz lleva a otra voz, a la de Billie Holiday con la orquesta de Lester Young a finales de los años 30, algo increíble.
Vuelves a los años 50, a la etapa Capitol de Frank Sinatra, y si has llegado hasta aquí con necesidad de golferío eliges Swing Easy, pero si el cuerpo te pide baladas de paseo nocturno sonará In the wee small hours,
que es la glamurización de la melancolía más grande que puedas imaginar
ahora, incluyendo algunos anuncios de colonias, pero qué más da, estás
en la habitación solo y la autocompasión es disculpable, sobre todo si
es tan elegante.
Claro que con tanto jazz cantado quizá llega el momento en que se produce un clic y das el salto a Paolo Conte, a su segundo disco, sólo por escuchar La ricostruzione del Mocambo, y al terminar poner las Canzoni della cupa de Vinicio Capossela, otro salto en el tiempo, otro álbum fuera del tiempo, que brota silvestre como un manantial de folclore polvoriento.
Y esa riqueza dentro de una gran sequedad te hace recordar el rock
de los tuaregs de Níger, que imaginan sus canciones como oasis en el
desierto del Sáhara, escuchas Agadez de Bombino y
casi puedes tocar su guitarra Fender amplificada con cierta
reverberación, dando vueltas en el aire sobre tu cabeza, y de la misma
ciudad es Mdou Moctar, que el año pasado sacó ese disco grandioso llamado Ilana (The Creator) repleto de canciones como sortilegios y de coros de llamada y respuesta.
Esas guitarras entre tinieblas y esos ciclos sonoros como túneles no son tan diferentes de los de Damien Jurado en uno de sus discos más psicodélicos, más de viaje sonoro, Brothers and sisters of the emerald son, y esa capacidad psicodélica del folk es la misma de José González en Veneer, muy cantautor, pero también un místico que descubrimos hace 15 años a la vez que Devendra Banhart, cuando Devendra era un encantador de serpientes y un fantasma bueno y provocaba el pasmo allá por donde pasaba, Rejoicing in the hands
tiene tanto carisma que te deja clavado, no puedes dejar de escucharlo,
nadie podría parar ese torrente, salvo para escuchar el primer disco de
su adorada Karen Dalton, It's so hard to tell who's going to love you the best, la misma voz trémula 35 años antes cantando música rural, blues bastardo que provoca escalofríos.
Es el año 69, el viaje ya es tan largo que no recuerdas cómo empezó, cuando Neil Young grabó por primera vez con Crazy Horse, aunque puestos a buscar un refugio reconfortante vuelves a Harvest una vez más, entero y verdadero, el country-folk místico al borde de un acantilado sobr el Pacífico, y de ahí a Joni Mitchell, de algún modo extraño su amiga y su némesis, que un año antes hizo Blue,
las melodías de voz como los vuelos de un pájaro del tamaño de un puño,
tan pequeño y delicado y nervioso, una voz de cristal, no tan lejana de
la de Carole King, aunque Joni fuera artista y Carole
una artesana del pop, con pianos y bongos y una sofisticación de chica
de la gran ciudad en Tapestry, el mismo 1971, cuando Bill Withers grabó Just as I am, y lo sacas para escuchar Ain't no sunshine y sigue dando vueltas y más vueltas y sin dejar un minuto de silencio al acabar pones What's going on de Marvin Gaye porque también es del 71 y porque es un festín, un torrente de música libre que lo invade todo, que te colma, no tiene fin.
Toda esa música negra entre el funk y la canción de autor te interpela de pronto hasta Promise de Sade, con esos anticuados solos de saxofón y teclados horteras que, en la intimidad, de pronto, vuelven a sonar sexies, aunque sea doloroso escuchar en soledad a Sade porque ella es la mejor compañía para una compañía.
En soledad se puede y casi se debe escuchar a Sufjan Stevens en Carrie & Lowell,
su disco sobre su madre muerta y una infancia muy dolorosa que también
tiene rendijas por las que se cuelan recuerdos felices que despiertan
una nostalgia herida, es tan confesional que te pones los auriculares, y
sin quitártelos enlazar con Automatic for the people de R.E.M., su disco más lírico, tan sensible que suena casi impúdico, como Kanye West en 808s & Heartbreak, otro disco minimalista sobre la pérdida de la madre, además del big bang del Auto-Tune posmoderno, con melodías tan gigantes que sigues convencido de que son plagios de clásicos ocultos.
Los discos se suceden unos a otros, se extienden a tu alrededor, te acompañan creando un santuario, 'The greatest de Cat Power, que sigue siendo algo tan tremendo e inexplicable, siempre a punto de romperse y al borde de una euforia en calma; Sky blue sky de Wilco, que te coge de la mano ahora que nadie puede cogerse de la mano, y sus arreglos orquestales conectan con Coles corner de Richard Hawley, ese tipo de música que cambia de manera instantánea el ambiente de cualquier espacio, tan armonioso, tan acogedor, tan Scott Walker en Scott 4, todavía acompañado de fanfarrias y terciopelos, pero tan magnético, tan gigante.
Tomas un atajo, un camino más serpenteante. Drift code de Rustin Man, un jeroglífico, un juego de espejos, te lleva hasta Shleep de Robert Wyatt,
discos para escuchar con los ojos cerrados, una psicodelia a escala
humana sin demasiado aparato, que es lo que le puedes reprochar a Björk, aunque apetezca recuperar Vespertine, un disco como una pequeña caja de música, la manera más íntima de ser feliz.
No
hay fin, no hay fin, los discos se llaman unos a otros, se invocan, se
piden. La cuarentena acabará y ellos seguirán enlazándose unos con
otros. Björk acabará y querrás escuchar Magdalene de FKA Twigs,
aunque ese no es un disco de amor sino de abandono y reproches y de una
pasión febril, y en 2019 también se publicó un disco sin fin que te
cubre como el velo de un fantasma, Ghosteen de Nick Cave & The Bad Seeds,
el diálogo esotérico y poético de un padre con su hijo adolescente
muerto flotando en una laguna de sintetizadores panorámicos.
Y tras tanto dolor invocado buscarás quizá una compañía que reconforte como Miss perfumado de Cesária Evora y más atrás en el tiempo alguna buena recopilación de Studio One, y envuelto en esa nube de reggae podrás esperar, tranquilamente, hasta el próximo disco.
Han cerrado los teatros, los cines, las salas de conciertos, los museos,
los archivos, las librerías… Es una situación “trágica y dramática”.
“Un caos”, dicen otros. Este es el balance que más repiten los agentes
de la industria cultural ante la parálisis de consumo que se avecina por
la crisis sanitaria del Covid-19. Calculan, de momento, un mes de
cierre de la actividad creativa y comercial y “esto supondrá unas
pérdidas de casi 3.000 millones de euros”, indican desde la Asociación
para el Desarrollo de la Propiedad Intelectual (Adepi). La liga de
fútbol ha evaluado la cantidad que perderá por paralizar el juego en 600
millones de euros.
La cultura aportó al PIB en 2019 una
suma cercana a los 40.000 millones de euros, un 3,2% del total (con las
aportaciones de la propiedad intelectual incluidas). Por eso el sector
reclama al Gobierno de Pedro Sánchez ayudas y que sea tratado como uno
de los más afectados e incorpore una línea de financiación que evite la
pérdida de puestos de trabajo. En 2019, 710.200 personas fueron
empleadas por la industria cultural, lo que representa un 3,6% del
empleo total del país. Este dato reflejó un incremento sustancial del
2,9% y marcó un récord en generación de puestos de trabajo.
El
sector de gestión colectiva está esbozando un plan, aún muy incipiente
(se debería desarrollar la semana que viene) para crear un fondo de
crisis financiado con la recaudación de los derechos de autor. Este
fondo estaría gestionado por el Ministerio de Cultura. Pilar Jurado,
presidenta de la SGAE, aclara que su entidad ya ayuda en ese sentido.
“No podemos quitar el dinero a los que ya lo necesitan, para dárselo a
los que lo van a necesitar ahora. Siempre ayudaremos cuanto podamos,
pero es una responsabilidad del Gobierno aplicar medidas para que la
mediana empresa no cierre. Dos meses de parón es demasiado para los
autores, necesitan liquidez. Hay que paralizar los pagos de los
impuestos y conceder préstamos blandos”, reclama Jurado.
Si
no se actúa con urgencia a favor del empleo cultural, esa amplia red
desaparecerá. “Somos la cuarta industria más importante en España,
necesitamos ayuda urgente”, reclama Jesús Cimarro, empresario teatral y
presidente de la Academia de las Artes Escénicas. Ha cancelado en los
últimos tres días cerca de 30 funciones y ha ejecutado ERTE a todos los
empleados de los teatros clausurados. “Necesitamos un compromiso claro
de las Administraciones: va a desaparecer el trabajo de miles de
familias y no nos lo podemos permitir”, recuerda Cimarro, que tenía cita
con José Manuel Rodríguez Uribes este jueves, pero fue aplazada por la
cuarentena en la que se encuentra el ministro de Cultura. “El lunes
volveré a llamar a la puerta”, asegura el productor.
Tal y
como ha podido saber EL PAÍS, el próximo martes Rodríguez Uribes
llevará al Consejo de Ministros una serie de medidas para apoyar a sus
representados. En este momento las están elaborando. Cultura asegura que
están en contacto con el sector, “en fase de escucha para que nos
trasladen información del estado de la situación y se puedan aportar
soluciones en el marco general de apoyo que ha abierto el Gobierno”,
explican.
Así, María José Gálvez, directora General del
Libro y Fomento de la lectura, ha llamado este viernes a Miguel Barrero,
presidente de la Federación del Gremio de Editores de España (FGEE),
para informarse del estado en el que se encuentra la industria cultural
que más beneficios aporta al PIB (un 32,9% del total del sector). A
Barrero le preocupa más la recuperación de la crisis que una inyección
inmediata de dinero. Quieren el compromiso político para el día después
de la tormenta. “Necesitaremos ayudas consolidadas a la pequeña y
mediana empresa editorial. Van a sufrir mucho”, cuenta Barrero. Indica a
largo plazo el incentivo del comercio interior y exterior, así como la
inversión en compra de libros para bibliotecas cuando todo haya pasado.
No
quieren que vuelva el fantasma de 2008. Pero está aquí. Así lo ven los
libreros. ¿Cuánto puede resistir una librería sin abrir al público?
Depende del precio del alquiler. Algunos comercios aseguran que hasta
junio podrían aguantar esta situación, siempre y cuando reciban la ayuda
de las administraciones. Reclaman la reducción de “la cuota de
autónomos, la aplicación del IBI cultural (exención
del mismo), la aplicación de créditos blandos y la reducción al mínimo
de impuestos”, aclara Alberto Sánchez, presidente de Confederación
Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL). “La situación de
las librerías ya era límite, con esta turbulencia vamos a sufrir
muchísimo”, comenta el librero. Tienen una previsión de cuatro meses sin
ventas, hasta la Feria del Libro de Madrid, que se ha trasladado a octubre. Y San Jordi, a la espera de que Patrici Tixis, presidente del Gremio de Editores de Cataluña, anuncie la cancelación.
Jesús
Marugán, dueño de Akira Cómics, actuará a puerta cerrada con los
pedidos web, mientras no se cancele el reparto a domicilio. Por su
página le entra el 50% de la facturación anual, con eso podrá vivir y
pagar los sueldos de sus nueve trabajadores los próximos 50 días. Más lo
ve difícil. “Es la única opción para la supervivencia, mientras no se
bloquee eso también con el estado de excepción”, reconoce, siempre y
cuando las Administraciones retrasen de manera inmediata el pago de
tributaciones.
Un grafiti despectivo con Merkel y Draghi, a las afueras del BCE / AFP
El graffiti se sitúa
como expresión de carácter multicultural, cuya presencia en la ciudad modifica
la lectura del propio espacio urbano. Posibilita el diálogo permanente entre el
espacio y los medios de masas. Relatos gráficos dotados de un plus de
información al significado, haciendo sentir y ver el significado, a través de
su plasmación en los diversos soportes del marco urbano.
Según Cambil la
ciudad se sitúa como un escenario donde se desarrolla esta manifestación. La
ciudad en cuanto una construcción inacabada se consolida a sí misma como
problema estético, en la medida que favorece la aparición de diversas formas de
expresión. Así el espacio público favorece la propia intervención en ese
proceso permanente de evolución/cambio, donde se producen las experiencias
(históricas, sociales, artísticas, etc.), constituyéndose al mismo tiempo en un
lugar de encuentros y confrontaciones.
El graffiti se ha
afirmado a lo largo de los años en la percepción estética de sus habitantes, no
sólo por su presencia física en el paisaje urbano, sino por la transformación
que hace del mismo. Los graffitis aparecen con una carga importante de
contenido semiótico en los espacios urbanos, fusionándose y dialogando
permanentemente, en un proceso de revitalización como de ocupación de esos
propios espacios.
Es interesante la
indagación llevada a cabo sobre la actividad del graffiti, tanto artística como
reivindicativa. Por tanto, es importante incluir en el trabajo de
investigación, estas narrativas como manifestaciones contraculturales, la
importante implicación e influencia que tienen en la propia cultura urbana y en
todas sus dimensiones societaria: en lo social, político, económico y cultural.
Bibliografía:
Cambil, M.
(2012) Los graffitis y el espacio urbano:
El “niño de las pinturas”. Quiroga nº2, julio-diciembre. Pp. 10-29