Hola a todas/os
El pasado mes de agosto este blog cumplió cinco años. Este espacio me ha servido para compartir con muchísima gente de todo el mundo las diversas experiencias de la carrera de Sociología, en concreto el grado en la UNED. Durante este tiempo he subido todos y cada uno de mis trabajos, apuntes y resúmenes elaborados en estos años, con el único interés que sirvan de ayuda a otras/os compañeras/os en sus respectivos estudios académicos. Igualmente me ha escrito mucha gente pidiéndome estos trabajos en un sólo archivo, pues a veces es algo difícil encontrarlos en este blog.
Continuando con ese interés de colaboración, he puesto a disposición de todas/os y en un mismo repositorio los 113 documentos que elaboré en la carrera de Sociología. Están disponibles de manera gratuita en la plataforma Unybook (www.unybook.com), que conecta
universitarios que tienen archivos propios, con universitarios que necesitan dichos archivos.
Ofrece el intercambio de información académica a tiempo real y a diario, entre estudiantes universitarios.
Una vez finalizado este camino, emprendo otro nuevo con un Máster universitario en Investigación Antropológica y sus Aplicaciones, que igualmente iré compartiendo con todos ustedes.
Un cordial abrazo y ánimo :-) !!!
Javier Prieto
sábado, 26 de septiembre de 2015
sábado, 19 de septiembre de 2015
Comentario ¿De qué trabajan los antropólogos? Ámbitos de profesionalización de la antropología I
Me resulta muy interesante lo que nos da a conocer desde la práctica
Mamen Salcedo en concreto la consultoría social, basada en la aportación
de conocimientos con el objetivo de mejora en los entornos y la propia
práctica de intervención social. La consultoría como servicio externo a
la estructura operativa de las organizaciones sociales,
aporta conocimientos para diseñar, implementar y evaluar proyectos. De
hecho, en los últimos años lo más demandado es una consultoría social
que abre nuevas líneas de actuación e introduce nuevas pautas y
recursos.
Salcedo subraya que el desarrollo de la consultoría social debe
atender a una serie de criterios de gran importancia: en primer lugar,
es fundamental apoyar a la organización o colectivo para que pueda
construir conocimiento por sí sola para mejorar continuamente. En este
sentido, es importante crear y difundir herramientas para que las
organizaciones y colectivos sociales conserven e incrementen este
conocimiento. Otro criterio fundamental es que la consultoría siempre
debe estar enfocada a un carácter innovador. Hay que mostrar habilidad y
competencia como gestores del cambio, debiendo conseguir la implicación
de todos los actores que entran en escena. Por último, la ponente cree
que es importante tener en cuenta que una consultora social no se
restringe al sector social; en su forma de trabajo debe atender a
criterios de otro tipo, como por ejemplo de carácter ético. Esto lleva
al sector a tener que buscar nuevas vías de desarrollo en un momento en
el que su transformación estructural es evidente.
Citábamos anteriormente el carácter innovador de la consultoría
social, y es paradigmático el ejemplo que nos cita Mamen, pues la
fundación para la que trabaja actualmente como Freelance (Fundación Telefónica), le encargó un proyecto, un laboratorio de “movil-learning”
basado en el diseño de una aplicación desarrollada en dos centros
educativos, con el objetivo de comprobar cómo la introducción de
dispositivos móviles en la educación mejoraba el rendimiento y la
implicación del estudiante. Esto permitió desarrollar una guía didáctica
para introducir los móviles en el proceso educativo secundario; en este
sentido, se acudió a un relato etnográfico de una experiencia que sirve
de ejemplo a la comunidad educativa que esté interesada en
implementarlo en otro centro.
Por otro lado, es importante citar la emprendeduría social,
comprendida por equipos de personas que crean una empresa para
solucionar un problema social existente, de manera rentable y sostenible
en el tiempo, sector que está creciendo últimamente por los recortes en
la financiación pública. En este campo de actuación, la antropología
resulta fundamental, ya que genera conocimiento para ayudar a
profundizar la visión del actor social, las técnicas de análisis
cualitativos, la aportación de competencias que generan ecosistemas de
entendimiento, y una gran versatilidad para incorporar interrogantes y
focos de interés.
La aportación de conocimientos, la apertura de nuevas lineas de
acción, la innovación en la práctica y un nuevo modelo de emprendeduría
basado en la búsqueda de soluciones a los problemas sociales, se sitúan
como los ejes fundamentales donde la antropología puede además, aportar
una perspectiva enriquecedora en la propia intervención social. Todo
ello en un marco de acción abierto y plural donde actuar de un modo más
eficiente y responsable. Resulta clave entender esto como el resultado
de un trabajo conjunto; ya no existen los trabajos de antropología,
existen proyectos en los que intervienen antropólogos con otros
profesionales, desarrollando competencias ejecutivas.
Ponencia de Carmen Salcedo:
domingo, 13 de septiembre de 2015
Comentario entrevista con Juan Alonso Casalilla Galán: Adopciones
Tras haber escuchado la entrevista y como ideas-fuerzas que puedo
resaltar es que en primer lugar, el objeto de esta entrevista es poder
determinar la utilidad de la antropología en el campo de las adopciones;
en segundo lugar, qué puede aportar esta disciplina que no encontramos
en otras, y por último, qué aspectos pueden ser sometidos a estudio
dentro de los procesos de adopción.
En cuanto a los problemas que se enfrentan los profesionales de las
instituciones en vistas a la adopción, el antropólogo podría aportar una
perspectiva más global. En este tipo de instituciones se tiende a
analizar a las personas y a los grupos como una suma de personas, y no
solo como grupos y sociedades que son. Hay que tener en cuenta de igual
modo que las modas, actitudes sociales, el entorno cultural de
procedencia de los chicos y de los propios solicitantes están
determinando directamente las conductas individuales. La antropología
aporta una visión más holística, más cultural, pues entiende al hombre
como un sujeto global, que viene determinado por aspectos de grupo.
Para los psicólogos y los trabajadores sociales que trabajan en el
ámbito de la familia, tanto los adoptados como los adoptantes son objeto
de estudio. Lo que ocurre es que hace falta una perspectiva más amplia,
perspectiva que puede aportar la antropología; por ejemplo, en cuanto a
la comparación del comportamiento de familias con hijos biológicos y el
de aquellas con hijos adoptivos, y todo lo que ello conlleva. Así, una
perspectiva que contemplara a padres e hijos adoptados como grupos nos
llevaría a encontrar paralelismos de gran interés y utilidad.
Un concepto central de la antropología, y que se debe aplicar al
trabajo de adopción, es el relativismo, a partir del cual los padres
pueden aprender que la conducta de los menores está determinada no por
valores y situaciones individuales, sino por valores de nivel cultural.
De hecho, los que necesitan especialmente darse cuenta de que están
determinados por valores procedentes de su entorno socio-cultural son
los propios profesionales, con lo cual la labor del antropólogo en estos
casos es fundamental.
La estandarización de la familia también se convierte en un problema a
la hora de gestionar las adopciones, ya que se tiende a ver a las
familias a través de ciertas etiquetas sociales, etiquetas que no están
avaladas por una base sociológicamente sólida. En este sentido, y por su
experiencia en el estudio de otras culturas, el prisma antropológico
incide en la idea de que hay muchas formas de ser padres, al igual que
hay muchas maneras de ser hijos.
El antropólogo también es una figura fundamental a la hora de
estudiar las devoluciones de los niños, algo que ya preocupa a las
instituciones. En este sentido, la antropología puede estudiar el motivo
que explique la dificultad en las adopciones de niños mayores a 6 años,
al igual que niños con necesidades especiales.
Desde el punto de vista de la investigación, resulta de gran interés
la creación y desarrollo de grupos de discusión entre padres adoptivos y
no adoptivos, participación observante en familias adoptivas, una
observación de los comportamientos de los chicos adoptivos y no
adoptivos en la escuela, etc.
En definitiva, el motivo fundamental de la implicación del
antropólogo en el campo de las adopciones es el de aportar un punto de
vista paralelo, basado en lo global y lo completo, y aplicando la
experiencia metodológica de la antropología cultural a estos campos de
acción.
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domingo, septiembre 13, 2015
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Juan Alonso Casalilla Galán,
Master en Investigación Antropológica y sus Aplicaciones,
Seminario sobre las aplicaciones de la antropología y su incidencia en la investigación
domingo, 6 de septiembre de 2015
La importancia de llamarse Avelino García Parte 3
V. Condensadores de memoria, la colonización del
recuerdo: es tu abuelo
Para Avelino Chillarón fue muy importante
y muy emocionante el momento en el que, por primera vez, tuvo una fotografía de
su abuelo Avelino García entre sus manos. Fueron sacadas a la luz, como
testigos que “quieren, y merecen, hablar, emocionar y tomar partido en público”
(López, 2014:2). Estas fotografías son objetos que López (2014) señala como
condensadores de memoria, pues nos ayudan a entender la potencia emocional y
evocativa (Baer, 2011:144) que son capaces de activar. Pues tras la
recuperación de la memoria viene la recuperación de una vida. Avelino hace un
ejercicio de rememoración mediante la realización actual de las posibilidades
frustradas y esperanzas incumplidas (Zamora, 2011:523).
Como ha quedado patente, esta
actualización está relacionada, con una que va más allá de mostrar las sombras
y acontecimientos encubiertos, sino que hace posible materializar una cultura
de represión obstinada en silenciar o borrar ideologías contrarias al régimen
dominante. Ferrándiz lo llama la colonización del recuerdo (2011), del
sufrimiento social que ha ido conquistando lentamente al tiempo, y que al fin
ha sido recuperado en un ejercicio de verbalización del recuerdo (García,
2014:2). En primer lugar, el abuelo de Avelino se ha conformado como un
protagonista mudo, pero extraordinariamente significativo en este proceso de
recuperación de la memoria histórica (Ferrándiz, 2011:533), de una parte de la
historia negra de España. Y en segundo lugar, Avelino ha llevado a cabo una
autopsia social, un esfuerzo para hacer justicia, ha podido ocupar un vacío en
un lugar de la memoria, de su historia que ha modificado sustancialmente su
presente. Esta reconstrucción, es una deuda saldada, que ha podido por fin
sentirse un individuo plenamente completo, reafirmándose como persona gracias a
un acto de entrega incondicional por conocer, por saber quién era él, quién era
Avelino García.
Cuando Avelino pudo compartir la noticia
con su madre, esta no se lo creía y se puso a llorar; para ella también era muy
significativo. Se trataba de quien habría sido su suegro, al que, por
desgracia, nunca pudo conocer. También para la hermana y el hermano de Avelino
Chillarón fue conmovedor descubrir la imagen de su abuelo en el papel de las
fotografías. Se las envió por correo electrónico y, según cuenta, al cabo de
unos días, su hermano, entusiasmado y sin salir de su asombro, le mandó una
foto suya junto a la de su abuelo (ambos vestidos de militares), presumiendo
del parecido que existía entre ellos. Avelino lo vio tan emocionado, que le
pidió que fuera él quien le entregara una de las fotografías a su abuela, María
del Prado Chillarón, a pesar de que a él también le hubiera hecho mucha ilusión
vivir esa experiencia. Su abuela estaba en el patio de su casa cuando su
hermano le colocó la fotografía sobre el mandil y le preguntó que si sabía
quién era el que allí aparecía. Fue la primera vez que ella se sinceró, pues le
dijo “es tu abuelo”.
VI. Identidad
Avelino Chillarón cuenta cómo, más tarde,
también consiguió el resto de fotografías de toda su familia paterna, lo cual
supuso algo muy importante para él. De hecho, en su casa y en la de su madre se
puede ver el retrato de su padre junto al de su abuelo, algo que lo emociona
profundamente, pues siente que están juntos de alguna manera. Asegura Avelino
que le encanta ver a su abuelo, aunque solo sea a través de una imagen, que le
ha dado mucha paz y tranquilidad reencontrarse con su pasado. Era algo que
necesitaba, recuperar lo que le habían robado, aunque reconoce que nunca va a
ser suficiente: “(…) a mi padre le robaron al suyo, a mi
abuela le robaron a su marido, y a mí me robaron el poder sentarme en las
rodillas de mi abuelo”. Además, considera que le arrebataron una parte de su
identidad, porque no la conoció hasta pasados sesenta años, y se queja de que
no es justo. Una reclamación al derecho a la memoria, como garantía para
ejercerlo públicamente como un derecho individual y colectivo, para
constituirse “como ciudadanos libremente adscritos a un colectivo” (Iniesta,
2009:482). Un retrato pues, se erige como testimonio de identidad social, que
van más allá que las propias identidades individuales que se reconocen en estos
retratos (López, 2014:1).
Por otro lado, se lamenta de que haya
tenido que pasar tanto tiempo, y de que fueran los nietos los que se encargaran
de sacar a la luz ese pasado oscuro y desconocido para ellos. Frente al olvido,
la recuperación de la memoria de su abuelo, un encargo que hace suyo Avelino,
como aquel de una responsabilidad de mantener viva la memoria de las
injusticias de un periodo represivo. Como subraya Zamora, “el olvido representa
una segunda injusticia que se suma a la ya sufrida” (2011:503). Las
expectativas de muchos familiares de desaparecidos pasa por la recuperación de
sus cadáveres, pero sobre todo se trata de un ejercicio para recobrar todos los
fragmentos para la reconstrucción de la memoria, en “un proceso de
individualización identitaria” (Ferrándiz, 2011:541) de estas ausencias
forzadas.
VII. Castigo y reparación: una memoria en duelo
El documental concluye con una última
intervención de su tía Lucía García, quien cuenta que en una ocasión acudió con
varios de sus hijos a cumplir una promesa y se encontró con el hijo pequeño de
Manolito, que se encontraba tirado en el suelo. Se trataba de una de las
personas causantes de las desgracias de su familia. Además, en aquellos tiempos
de represión, Lucía se había enfrentado a él por recriminarle de malos modos
algo que no había hecho y estuvo a punto de ingresar en prisión por ello, si no
llega a ser porque ninguno de los que allí estaban declaró en su contra. En
aquel momento, al verlo en tan mal estado, aprovechó para resarcirse y decirle:
“Estás pagando todo el mal que has hecho”. López (2010:200) señala que en los
rescoldos de la memoria, donde se alojan el dolor y el sufrimiento, sólo hace
falta un poco de calor para que la llama de la memoria se avive y se vivifiquen
hechos del pasado, uno que “se actualiza desde el presente” (Baer, 2011:132),
inmerso en un océano de memorias en permanente duelo.
Así surgen expresiones de
castigo, una prueba de cargo contra la injusticias del pasado represor, heridas
abiertas en las que fue impresa reminiscencias de vidas inconclusas. Un
repertorio de desagravios (Ferrándiz, 2011:536) que no son más que reacciones
que de una manera u otra sirven para reparar una parte de las conciencias, un
descanso para el alma. Aunque jamás podrán reparar plenamente lo acontecido,
hoy Avelino ha reaparecido y está presente al fin para sus descendientes,
recuperado del anonimato, de las tinieblas de una realidad ocultada (Iniesta,
2009:491), e instalado al fin en la memoria de los suyos.
VII.
Bibliografía
Baer, A., y Sánchez, F. (2004) La metodología Biográfica audiovisual: El Proyecto “Survivors of the
Shoah”. EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales. Nº 7, Pp.
35-55.
Baer, A. (2011) La
memoria social. Breve guía para perplejos,
en José A. Zamora & A. Sucasas (Hg.), Trotta. Madrid
Ferrándiz, F. (2011) Autopsia social de un subtierro. ISEGORÍA. Revista de Filosofía
Moral y Política, Nº 45, julio-diciembre. Pp. 525-544.
Ferrándiz, F. (2011-2) Lugares de memoria, en Rafael Escudero
Alday (coord.) Diccionario de memoria histórica. Catarata. Madrid.
García Alonso, M. (2014) Gestión social de las memorias históricas. Revista
de Instituto de Altos Estudios Europeos (RIAEE), num.3. Madrid.
Iniesta, M. (2009) Patrimonio, ágora, ciudadanía. Lugares para negociar memorias
productivas, en Ricard Vinyes (editor). El estado y la memoria. Gobiernos y
ciudadanos frente a los traumas de la historia. RBA Libros. Barcelona.
López García, J. (2010) Rescoldos, en Julián López García y Francisco
Ferrándiz (eds.), Fontanosas 1941-2006 Memoria de carne y hueso, Diputación Provincial de Ciudad Real.
López García, J. (2014) Pequeñas cosas de un tiempo de espinas.
Curso Memorias Colectivas: políticas y Representaciones. Máster Universitario
ene Investigación Antropológica y sus Aplicaciones. UNED.
Moreno Andrés, J. (2014) La importancia
de llamarse Avelino García. EcosFilm. https://vimeo.com/85392380
Sánchez Pérez, F. Y Baer, A (2004) La metodología biográfica audiovisual. El proyecto "Survivors
of the Shoah". Empiria: Revista de metodología de
Ciencias Sociales, nº 7
Zamora, J. (2011) Memoria e historia después de Auschwitz. ISEGORÍA. Revista de Filosofía
Moral y Política, Nº 45, julio-diciembre.
Pp. 501-523.
domingo, 30 de agosto de 2015
La importancia de llamarse Avelino García Parte 2
III. Silencio, el territorio del miedo
Cuando mataron a Avelino García, este
murió sabiendo que su novia estaba embarazada del que luego sería el padre de
Avelino Chillarón. Sin embargo, María del Prado Chillarón (su abuela) nunca le
contó la verdad a su nieto, hasta que se enteró de que él había estado
investigando por su cuenta. Avelino asegura que, si no se hubiera interesado
por su verdadero abuelo y por lo que le pasó a él y a su familia, su abuela
nunca se lo habría contado, en su opinión, por miedo a que a sus nietos o a su
hijo les pudiera pasar lo mismo que le sucedió a su marido.
En un principio Avelino pensaba que el
“continuado y consciente silencio” (García, 2014:8) de su abuela tenía que ver
con que sentía vergüenza por haber tenido un hijo sin haberse casado
previamente. Sin embargo, más tarde se dio cuenta de que lo que ocurría era que
seguía teniendo miedo. Es por ello que le decía que el militar que aparecía en
una foto que estaba en su casa era su abuelo; pero aquel era el hombre con el
que su abuela se había casado después, y no su abuelo Avelino García. En este
como en otros tantos casos, el silencio es un territorio que sigue coexistiendo
como lugares de memorias (Ferrándiz, 2011-2:27), que abona la inquietud y
germina el miedo. Como sostiene Ferrándiz (2011:527), esta inversión en terror,
inunda las vidas de los familiares más allegados como de sus futuras
generaciones, prolongando aún más el sufrimiento y concretándose en otra
modalidad represiva, tras el fin de la contienda.
Como señala Zamora (2011), la memoria no
es sólo un mecanismo para explorar el pasado, sino un instrumento en el que los
sujetos del recuerdo han de explorar y rescatar fragmentos perdidos de la
historia, pero además permiten desentrañar vestigios fantasmagóricos del
pasado, como el miedo. Grietas que décadas después siguen presentes, abiertas
como fisuras que siguen engullendo las experiencias traumáticas de los
derrotados, de los vencidos y sus familias, quienes perciben y siguen
rememorando las experiencias de las victimas, convirtiéndose en otros
damnificados. Y es que las memorias desenterradas son tan expresivas como
incómodas, que se establecen en “sociedades muy diferentes a las que los
ejecutó y abandonó a su suerte durante décadas” (Ferrándiz, 2011:534),
contraviniendo desde los silencios cómplices (algunos involuntarios) hasta
políticas de marcado carácter de olvido institucional y prácticas judiciales
que esquivaron estas ausencias. Por la inexistencia de una voluntad decidida
por restaurar la memoria histórica o por el declive de las que en su día se instauraron,
y que hoy carecen de los recursos necesarios para ponerlas en práctica.
IV. Enterrar la memoria
Actualmente, cuando la abuela le
recrimina que se esté metiendo en líos al atreverse a escarbar en el pasado,
Avelino Chillarón le asegura que a él eso le produce “paz, tranquilidad y una
felicidad inmensa”, que lo que pretende es hacer un poquito de justicia
desvelando lo que sucedió realmente. Incluso afirma que, si no se ha cambiado
el apellido hasta ahora, es por el trastorno burocrático que le supondría. No
obstante, para él lo más importante es saber quién es y de dónde viene, saber
que es el nieto de Avelino García Romero, que él también es de los García de
Benójar (pueblo de sus bisabuelos paternos), aunque no figure en ningún papel.
Tal como manifiestan Baer y Sánchez (2004), en el aspecto histórico testimonial
puede estar imbricado la necesidad de alivio o descarga. Lo que Avelino puede
referirse como “justicia”, tiene un cierto factor terapéutico y liberador. Esta
descarga cristalizada en un relato compartido es un peso de su memoria que ha
encontrado escucha en el otro, “un sentimiento de identidad compartida, que de
alguna manera exorciza el mal sufrido” (Baer y Sánchez, 2004:51), en todos los
miembros de la familia.
Como hemos visto, son los familiares los
que están luchando contra esa condena al olvido y al ostracismo, los que van
reconstruyendo poco a poco una memoria de vida, lo que Iniesta destaca como
“memorias privadas” (2009:482) que se declinan en presente y son reconocidas en
una narración coral. Persiguen la recuperación de una parte de la historia, de
la vida de los que se les negó en muchos casos, hasta una sepultura digna. Es
en ese sentido que Avelino está rescatando parte de su pasado, desvelando el
cuerpo de su abuelo, su identidad que regresa hoy como postmemoria (Ferrándiz,
2011) en la generación que representa su nieto. Avelino con ello hace un
ejercicio de significación de un olvidado, de una sombra del pasado, de un
ignorado o esquivado, de una persona que fue ejecutada y arrojada a una fosa,
“permaneciendo en el olvido sin apenas tutela en una secuencia de abandonos
acumulada sobre los mismos cadáveres” (Ferrándiz, 2011:531). No sólo en el
periodo de la guerra (y el posterior franquismo) sino como en este caso, a
comienzos de un nuevo siglo.
Como relata su abuela María del Prado
Chillarón, cuando su padre nació, en el juzgado no quisieron ponerle los
apellidos que le correspondían, pues había sido concebido antes del matrimonio.
Eso supuso un hecho muy traumático para ella y para la familia del que no había
llegado a ser su marido, sumado al dolor por su pérdida y por las
circunstancias en las que se produjo. Fueron sus suegros, los padres de Avelino
García, los que acudieron a realizar el trámite, y tuvieron que regresar y
contarle a María del Prado Chillarón que no había sido posible. Según sus
propias palabras, para consolarla le dijeron: “Tú no te preocupes, porque,
aunque no tenga los apellidos de su padre, nosotros sabemos que es mi nieto”.
Hoy en día, Avelino Chillarón recuerda que, cuando tenía unos seis o siete
años, iba a su casa una señora “muy menudita y siempre enlutada” a ver a su
padre. En ese momento él no lo sabía, pero se trataba de su bisabuela, la madre
de su abuelo Avelino García.
Por otra parte, Avelino Chillarón cuenta
que siempre le sorprendió que su padre (ya fallecido) nunca tuviera una
fotografía de su propio padre, porque considera que le hubiera resultado fácil
conseguir alguna, ya que le constaba que había tenido buena relación con su
familia paterna. Además, sabe que su padre se acordaba mucho de él y que vivió marcado
por su ausencia, sobre todo en ocasiones especiales como el día de su boda. Por
eso es que le llamaba tanto la atención el hecho de que no tuviera fotos suyas,
pero también era consciente de que ya no podía preguntarle al respecto.
Enlace video: La importancia de llamarse Avelino García
Enlace video: La importancia de llamarse Avelino García
domingo, 23 de agosto de 2015
La importancia de llamarse Avelino García Parte 1
-->
I. Avelino, un pasado incompleto
Avelino Chillarón tenía 12 o 13 años
cuando se percató de que sus apellidos y los de sus primos no coincidían, por
lo que decidió preguntarle a su tío. Así fue como se enteró de que, a pesar de
que su padre y su tía eran hermanos, no tenían el mismo padre, por lo que él y
sus primos no compartían el mismo abuelo. De esta manera, Avelino se dio cuenta
de que había una parte de su familia a la que no conocía. El protagonista de
esta historia, se siente en parte mutilado de una parte de su historia
familiar, una que le fue arrebatada por un régimen que instauró con el paso de
los años, una larga etapa de olvido social generalizado (Ferrándiz, 2011:526),
sobre un conjunto de cadáveres y desaparecidos a lo largo de toda la geografía
española.
En un encuentro fortuito Avelino,
coincidió con Lucía García, hermana de su abuelo. Esta lo reconoció y le reveló
quién era ella. En ese momento fue cuando Avelino pudo saber realmente cuál era
el verdadero apellido de su abuelo, de su padre y, por lo tanto, el suyo:
García. Sin embargo, tras esa breve conversación, Lucía tuvo que marcharse y ya
no se volvieron a encontrar hasta que transcurrieron veinte años.
Fue la madre de Avelino Chillarón la que,
poco a poco, le fue facilitando información acerca de su abuelo y de lo que había
pasado con él, ya que su padre era muy reservado con respecto a ese tema y
Avelino ni siquiera se atrevía a preguntarle. Así pues, la primera versión que
él tuvo de lo acontecido fue que su abuelo, el padre de su padre, había ido un
día al cuartel de la Guardia Civil, y ya no lo habían vuelto a ver nunca más.
Fue el principio de una reconstrucción, una que no está integrada en su propia
experiencia, ni recordada directamente, sino que necesita ser apoyada en
testimonios y marcas que otros pueden transmitirles, que otros quieren
compartir con él (Zamora, 2011:509).
II. Encuentro con la verdad
Según el testimonio de la hermana de su
abuelo, Lucía García, este acudió al cuartel porque le dijeron que tenían que
hacerle unas preguntas. Sin embargo, nunca más regresó a su casa, pues lo mataron
y le dieron sepultura en un cementerio pequeño en el que enterraban a las
criaturas que no estaban bautizadas. Ni siquiera dejaron a su familia utilizar
una caja para guardar sus restos mortales bajo tierra. Este hecho quedó impune,
al igual que ocurrió con muchas otras muertes ocurridas durante esa época de
represión, donde dominaba una cultura que castigaba e invisibilizaba (Zamora,
2011:513) a las víctimas. Unos clamorosos silencios y olvidos que hoy están
siendo vencidos por lo que como Avelino, necesitan encontrarse con la verdad,
con una parte de su historia, que le fue arrebatada y que quieren recuperar.
Como también asegura Juan Camacho, uno de
los supervivientes de esos años difíciles. Afirma que entonces “valía la vida
de un hombre menos que un pitillo”, y se siente muy agradecido por haber tenido
más suerte. Sin ir más lejos, otros tres miembros de la familia García murieron
en circunstancias parecidas: el padre de Avelino García Romero (Amalio García
Ruiz) y otros dos hermanos suyos (Eusebio y Abundio García Romero). Hay que
recordar que uno de los objetivos de la represión fue no sólo eliminar a todos
los contrarios al régimen, sino también arrinconar y expulsar de la vida
pública su presencia y sus relatos, y con ellos, los de toda su familia (López,
2014:3).
Lucía García cuenta que la gente se
refugió en la sierra huyendo de los represores. Ella y su familia vivían en el
campo y, en una ocasión, algunas de esas personas se presentaron en su casa
armadas para pedirles comida, entre otras cosas. Por este motivo, también Lucía
y sus familiares terminaron siendo encarcelados. A su hermano Abundio lo
mataron en el quirófano, aprovechando su desacertada decisión de operarse de un
quiste que tenía en un pulmón. Por su parte, ella consiguió ser liberada a los
tres meses, pero ni siquiera sabía adónde ir con su niña pequeña. A sus padres
los desterraron cuando salieron, por lo que con el tiempo su padre falleció de
depresión.
La importancia de llamarse Avelino García
domingo, 16 de agosto de 2015
Sobre las técnicas de Elicitación
-->
-->
Bibliografía
-->
Sobre las técnicas de
elicitación
Imágenes revueltas: los contextos de la fotografía
digital. Gómez, E. y Ardévol, E.
La fotografía participativa como medio de
investigación y análisis social. González, P.
Etnografía, conocimiento y relaciones
interculturales. Rayón, L. y Heras, A.
Reflexiones sobre el uso de la cámara de vídeo en el
trabajo de campo. Barrera, J.
Materiales en educación y alfabetización audiovisual.
Montero, M.
-->
Barrera (2008) afirma
que la video-elicitación es un método narrativo que permite representar una
síntesis que abarca el pasado y presente, sin tener la necesidad de recurrir a
los indicios gráficos, o a los textos escritos. Y se puede conseguir por medio
de las reflexiones de los interlocutores al observar el material disponible. Se
puede destacar de esta metodología:
1.
Que nos acerca a
las interpretaciones que los interlocutores tienen de su realidad.
2.
Permite
reflexionar sobre la interpretación del investigador respecto de la realidad
observada.
3.
Proporciona
advertir la síntesis entre el pasado y el presente de la realidad observada y
la relación entre el/la entrevistada, los interlocutores y la audiencia.
González (2011)
sostiene que la foto-elicitación se basa en que las imágenes evocan un discurso
que es significativo para comprender cómo los informantes se representan en
relación a las imágenes que ellos mismos, o personas de su entorno, han tomado.
Tal como subraya Gómez y Ardévol (2011), en esta técnica el investigador
utiliza la fotografía como una
ventana al mundo de sus sujetos; el contexto social puede inferirse del
significado de estas imágenes para sus autores.
Por último, Rayón y
Heras (2012) citan a Banks, para subrayar que la foto-elicitación es como una
foto-provocación, donde esta técnica se centra en rescatar comentarios,
recordar acontecimientos, generar discusiones, opiniones y hacer fluir
diferentes puntos de vista en un grupo de personas. Con esta técnica hace
posible un proceso en que los observadores y los observados introducen en el
trabajo de campo un método de trabajo exploratorio que facilita datos muy
relevantes para la investigación llevada a cabo. Así la elicitación en el
trabajo de campo cumple una función de alumbramiento del mundo de realidad
analizada, que no son directamente observables: entornos que por diferentes
motivos están acotados o no resultan fácilmente accesibles. En otras palabras,
la elicitación nos permite acceder a datos que por su tangibilidad nos ayudan
en el proceso de extrañamiento en el trabajo etnográfico, y tal como afirma
Montero (2012) facilita la formulación de preguntas sobre significados o
reflexiones, estimulando un diálogo sobre la imagen.
Comentario
La reflexión que va suponer su utilización, en el visionado
de imágenes por parte del escritor del graffiti, y por parte del
observador, puede suponer una importante herramienta metodológica, para el
análisis y conocimiento objeto de estudio e ilustrará de un modo significativo
la investigación en su conjunto.
Bibliografía
Gómez, E. y Ardévol, E.
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