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viernes, 30 de mayo de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 17

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados de sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco

Desarrollo de la perspectiva sociológica acerca de las minorías


A principios de siglo Robert Park recibe su única instrucción formal en sociología al escuchar las conferencias de Simmel en Berlín.  Luego publica un artículo, donde el término “hombre marginal” era la aplicación al peculiar contexto norteamericano del concepto del “extraño” acuñado por Simmel, concepto útil para el estudio de los cambios culturales y las fusiones provocadas por el intensísimo proceso de inmigración y de conflicto cultural engendrado por dicha inmigración. Simmel describía al “extraño” como alguien próximo y distante a la vez respecto del grupo que, si bien lo considera un elemento de sí mismo al mismo tiempo lo ve como alguien ajeno. Es, entonces, fruto de una “específica forma de interacción” que le confiere algunos rasgos prototípicos, mayor objetividad, libertad, sujeción a mayor movilidad, Simmel lo aplicó específicamente a los judíos. Park por su parte, se refiere al hombre marginal como un “hibrido cultural”, un tipo de personalidad que “vive y comparte íntimamente la vida cultural de dos pueblos distintos”, que no acaba de romper con su pasado y tampoco es aceptado por el nuevo mundo en el que se mueve. Pero Park habla más de un proceso social y que de un tipo de personalidad.

La más amplia exposición de este concepto, se la debemos a Stonequist, quien sostenía que las personalidades marginales aparecen dondequiera que haya transiciones y conflictos culturales, pero las situaciones prototípicas son aquellas en la que aparecen la raza y la nacionalidad. No obstante, como señala Park, la concepción individual que de sí mismo posee el hombre marginal es un producto social, no individual, fruto de la encrucijada en la que se encuentra.

Everett Hugues entiende el concepto como una cuestión de estatus, como un sistema de relaciones sociales, definido por la identificación con una cultura determinada. En ciertas circunstancias, en los procesos de conflicto y ajuste cultural, algunas personas se enfrentan con un dilema, pero ésto les sucede por su pertenencia a ciertos grupos con una determinada definición en su estatus, que incluye unas características bien precisas, las que conocemos como estereotipos. Por tanto, no se trata únicamente de un fenómeno en el que aparece la mezcla de diferentes razas  y culturas, como sería el caso de los negros, sino de dilemas que suceden en situaciones de amplio conflicto y cambio social,  generadoras de una confusión en la identidad social de las personas adscritas a determinados grupos. Éste sería el caso de las mujeres “nuevas”, mujeres  preparadas que acceden a puestos de trabajo en los que su incorporación como colectivo es reciente. Al no contar con una definición de estatus tienen que abrirse paso en un mundo en el cual no reciben el reconocimiento esperado, y esto es debido a su pertenencia al grupo de las mujeres. Esta problemática será tratada con mayor profundidad por algunas sociólogas que en los años 70, comienzan a hablar de las token women, -mujeres que se encuentran en minoría numérica en entornos laborales tradicionalmente reservados a los varones. Estas “pioneras” tendrán que enfrentarse no sólo a un insuficiente reconocimiento de su trabajo, sino a situaciones de especial dificultad por mor de su nuevo estatus profesional.

Otra línea conceptual en el análisis de los grupos minoritarios parte de B. Berreman, quien aplicó la teoría de las castas, originada en la India, a la situación de los negros norteamericanos. Por otra parte, Bertram Coyle, analizó la “línea de color”, toda una institución en el Sur de EE.UU., que suponía una variedad de “casta”, es decir, una institución en la que la gente nace y se supone que permanece toda la vida. Doyle recoge de Herbert Spencer la importancia de la etiqueta en el ritual social como forma de control social. El sistema de casta se sostiene por medio de una elaborada etiqueta que mantiene  a cada uno en su sitio, y que sólo funciona mientras permanece claramente establecida la “distancia social” apropiada para cada grupo. Mientras que los judíos constituyen para Doyle un “grupo minoritario permanente”, la dinámica que mueve a los sistemas democráticos, tiende a reducir el sistema de castas y proporcionar movilidad social a los individuos, en este sentido, el acceso al sistema educativo y la creación de una clase profesional, fueron creando mayores oportunidades de ascenso para los negros,  gracias a lo cual dejaron gradualmente de exhibir las características de una casta y fueron asumiendo las de una minoría. Parecidas pautas de etiqueta rigen para hombres y mujeres y se ligan a un sistema de estratificación, que se ve cuestionado cuando aparece la “rebelión”, como señala Laurel Richardson. Cuando se produce una situación de nueva y amplia movilidad social, como sucedió a partir de los años 60 con las mujeres, las reglas de la etiqueta entre hombres y mujeres, quedan en entredicho como síntoma de que las cosas están cambiando en esas relaciones.

El siguiente paso en el análisis de las mujeres como una minoría lo proporcionó Gunnar Myrdal, que compara el estatus minoritario de los negros con el de las mujeres. La desaparición global de un sistema paternalista para dar paso a uno regido por los valores democráticos impulsados por la revolución industrial cambió el estatus de los negros y las mujeres. Las semejanzas históricas y estructurales entre los negros, en una cultura dominada por los blancos, y entre las mujeres, en una cultura masculina, fueron destacadas por Myrdal. Entre los rasgos comunes señalados por la opinión popular y que recoge el autor están: una inteligencia inferior, una naturaleza emocional primitiva o infantil, una ilusoria habilidad sexual, una adecuación a su estado que corrobora la legitimidad de éste y una manifiesta propensión al engaño y la ocultación. Ambos grupos se ven inducidos a recurrir a las mismas tácticas de acomodación: una forma insinuativa o implorante de agradar a los demás, cierta tendencia a estudiar los puntos débiles del grupo dominante a fin de influir sobre éste, y una apariencia de desamparo e ignorancia bajo la que se oculta un fraudulento deseo de dominio.

Como ya vimos en la definición de minoría de Wirth, y podemos deducir de las enseñanzas reseñadas por Myrdal, la definición de minoría incluye aspectos objetivos y subjetivos: el hecho de la discriminación y la conciencia de la discriminación. En el caso de las mujeres, podemos comprobar que muchas mujeres no despliegan una conciencia colectiva de grupo, aunque las mujeres hoy en día están representando un papel como motor de numerosos cambios sociales. Ello no impide el análisis si se considera que, las mujeres poseen, no obstante, un “estatus de grupo minoritario”, término utilizado para categorizar a las personas a las que se les han negado derechos a los que son acreedoras. Desde el momento en que consideremos que la pertenencia a su sexo no justifica las desigualdades que podemos observar resulta válido pensar que las mujeres ocupan un estatus minoritario en nuestra sociedad.

Pensarlas así permite reflexionar sobre dos aspectos interrelacionados: por una parte, que las mujeres manifiestan a menudo muchas de las características psicológicas imputadas habitualmente a grupos minoritarios autoconscientes. Y por otra, que algunos de estos rasgos pueden ser estrategias conscientes de resistencia a los estereotipos al uso.

Para empezar con la primera cuestión, debemos tener en cuenta que si la concepción acerca de uno mismo, colectivamente hablando, resulta en buena parte un reflejo de como somos vistos y definidos por los demás, la constante reiteración a las mujeres de que son inferiores repercutirá en numerosos rasgos de carácter y actitudes, ya que si definimos algo como real será real en sus consecuencias.

Los análisis clásicos de los prejuicios raciales y étnicos han sido muy iluminadores para ilustrar las diversas formas en que las mujeres son estigmatizadas, si bien  algunas de dichas formas son específicas de las mujeres debido a su especial relación con los varones. Debemos comentar ahora que los prejuicios, así como la discriminación borran aquí sus fronteras. De entre las variantes de la estigmatización podemos destacar según Edwin Schur:

  • Cada mujer es tratada, en primer lugar, como una mujer, como un ejemplo de su categoría; sus cualidades personales y sus logros son secundarios.
  • Las mujeres son vistas como “todas iguales” y por tanto, sustituibles unas por otras
  • A las mujeres, entendidas como las Otras no esenciales, se les impone un estatuto de segundonas, a las que se considera innatamente pasivas, y, en consecuencia, susceptibles de ser tratas como un objeto
  • La subordinación significa que muchas cosas se les pueden hacer fácilmente, acoso, violencia, discriminación
  • Las mujeres pueden ser ignoradas, o descartadas o trivializadas, tratadas como niña o como no personas
  • Su estatus social es visto como conseguido vicariamente a través de los hombres

miércoles, 16 de octubre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 5


En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.

1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz

 El estado de las teorías de los movimientos sociales


La sociología de los movimientos sociales, como cualquier subcampo de la sociología, está íntimamente relacionado con las teorías generales de la sociedad. Esta conexión es mutua. Diferentes teorías generales de la sociedad implican visiones distintas de los movimientos sociales y, a la inversa, diferentes teorías generales adquieren distintos grados de corroboración de la investigación en curso sobre movimientos sociales.

Tomemos algunos ejemplos. La teoría desarrollista (historicista): ha de tratar a los movimientos sociales meramente como síntomas, epifenómenos de cambios sociales en curso. Aparecen como la fiebre en los momentos de crisis sociales, de rupturas o de estallidos revolucionarios. La teoría postdesarrollista, que se centra en el papel creativo de la agencia humana y afirma la naturaleza contingente, abierta, del proceso histórico, tratará a los movimientos sociales de una forma completamente diferente. Como agentes, creadores, constructores, actores cruciales en el proceso histórico.

La versión ortodoxa del materialismo histórico en comparación con la teoría moderna de los nuevos movimientos sociales. En la teoría marxista, los movimientos sociales, enraizados en los intereses de clase, son meros demiurgos de la historia, vehículos, portadores, ejecutores, de tendencias de desarrollo necesario. Como mucho pueden liberar o acelerar los procesos históricos, pero no pueden causarlos.

En la teoría moderna de los movimientos sociales, éstos devienen los verdaderos agentes causales del cambio social y no meras emanaciones de un proceso histórico autónomo. Producen, crean, y hacen, y no se limitan a ejecutar transformaciones y revoluciones.

Dentro de la teoría de sistemas de la sociedad (el funcionalismo-estructuralismo ortodoxo), los movimientos sociales no pueden aparecer sino como molestias, patologías, manifestaciones desviadas de desorden o de desorganización social, que han de ser contrarrestados o compensadas por los mecanismos equilibradores del sistema. Dentro del moderno enfoque de la elección racional, los movimientos sociales figuran como medios normales para la obtención de fines políticos, como formas específicas de acción políticas acometidas por colectivos de personas afanándose por sus fines cuando carecen de oportunidades institucionales, rutinarias, para la representación de intereses.

Hay dos modelos tradicionalmente opuestos de sociales, que están relacionados con dos enfoques opuestos en el estudio de los movimientos sociales:

1.    El que enfatiza la movilización de actores: los movimientos sociales surgen desde abajo, cuando el volumen de agravios, de descontento y de frustración de las poblaciones humanas excede un determinado umbral. Otra versión implica una imagen de intermediación o conspirativa: el movimiento social es considerado como una acción colectiva intencionada.
2.    El que enfatiza el contexto estructural, que facilita o constriñe la emergencia de movimientos sociales; en suma, los movimientos estallan cuando las condiciones, circunstancias y situaciones lo permiten. Una versión tiene afinidad con la metáfora de la capa de seguridad: el potencial de movimientos es liberado desde arriba, cuando las constricciones se debilitan. Otra versión enfatiza el acceso a los recursos: los movimientos son concitados por la apertura de nuevos medios y oportunidades que facilitan la acción colectiva.

Los últimos tiempos han producido un fuerte impulso hacia la síntesis teórica, superando la oposición entre teorías orientadas hacia la acción y teorías orientadas hacia la estructura.
Bert Klandernabs argumenta que los fuertes prejuicios estructurales (organizacionales) de la teoría en boga de la movilización de recursos conduce al descuido de la dimensión individual, psicológico-social. Esto ha de remediarse combinando una teoría nueva, modificada, psicológico-social con un enfoque adecuadamente atemperado de la movilización de recursos.

Myra Ferre y Frederick Miller intentan enriquecer la perspectiva de la movilización de recursos elaborando el olvidado nivel subjetivo. Se centran en dos procesos psicológicos:

1.    Es el sistema de atribución, esto es, dirigir el descontento y culpar a las estructuras institucionales en lugar de a las personas (gobernantes).
2.    Concitar el compromiso de los participantes, esto es, modelar las motivaciones conducentes al reclutamiento y a la acción.

Desde su posición, ha de restaurarse una perspectiva psicológica mejorada en las teorías de la organización estructural para hacerlas más adecuadas.

Ralph Turner reconoce las ganancias cognitivas obtenidas dentro de la perspectiva de la movilización de recursos, y argumenta en contra de considerarla como una alternativa irreconciliable con los enfoques más tradicionales de Park, Blummer, Smelser y él mismo. Admite que la teoría de la motivación de recursos añade la percepciones cruciales a tres cuestiones no resueltas dentro de la teoría ortodoxa de la conducta colectiva:

1.    Es la cuestión de la “extrainstitucionalidad”: por qué la gente se aleja de las formas institucionalmente establecidas.
2.    Es la traducción de los sentimientos en acción: por qué la gente convierte disposiciones extrainstitucionales en acciones.
3.    Es el misterio de actuar colectivo: por qué la gente se junta para expresar sus sentimientos e impulsos.

Los fundadores mismos de la perspectiva de la movilización de recursos; Doug McAdam, John McCarthy y Mayer Zald proclamaron un manifiesto de reconciliación. Su ímpetu se concentra en el rechazo a las explicaciones unilaterales, sean “desde arriba”, por referencia a las estructuras, o “desde abajo”, invocando a las acciones, y en explicar las conexiones entre las condiciones macroestructurales y las microdinámicas de los movimientos en evolución. Creemos que la acción real tiene lugar en un tercer nivel, intermedio entre el individuo y los amplios macrocontextos en los que está sumergido.

Esta tendencia hacia la síntesis y la reconciliación parece acertada y correcta. La tremenda complejidad del fenómeno de los movimientos sociales precisa fuentes múltiples de ilustración y sólo puede ser explicado de forma adecuada por una pluralidad de enfoques, o en el último caso por una teoría multidimensional.

Tales empeños pueden proporcionar también un importante campo de prueba para la teoría general de la sociedad que intenta la síntesis de las dos sociologías, la individualista de las acciones y la holista de las estructuras:

1.    Los movimientos sociales encarnan el carácter jánico de la realidad social; la dialéctica de los individuos y las totalidades sociales. El medio de los movimientos sociales es un escenario excelente para observar cómo los factores sociales influyen y son influidos por los actores. Los movimientos sociales representan una forma intermedia en la anatomía de la realidad social.
2.    Los movimientos sociales representan también un estadio intermedio en la emergencia dinámica del tejido social: nos permiten aprehender la realidad social tal y como nace. Estudiar los movimientos sociales nos permite aprehender estructuras sociales mayores en el proceso de su emergencia o transformación.
3.    Los movimientos sociales también tienen una cualidad intermedia en otro sentido: en su constitución interna son algo intermedio entre meras amalgamas de individuos actuando y totalidades sociales completas, cristalizadas. Por tanto estudiar los movimientos sociales nos permite aprehender la fase intermedia de la construcción de estructuras, nos permite ver cómo emergen y cambian las estructuras internas del movimiento.

Los movimientos sociales aparecen como componentes cruciales del campo socioindividual en el proceso de constante autotransformación. Su estudio nos proporciona una fuerte corroboración de la teoría del devenir social.

domingo, 24 de junio de 2012

Teoría sociológica II: Moderna Resúmenes Parte 3


En la asignatura de Teoría Sociológica II: Moderna del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libroTeoría sociológica moderna de George Ritzer, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Un esbozo histórico de la teoría sociológica: Los años posteriores– Tomás Javier Prieto González // Tema 2 T. Parsons- Ruth Cardedal Fernández // Tema 3 Funcionalismo Estructural, Neofuncionalismo y Teoría del Conflicto- Carolina Judith Rabazo Pérez // Tema 4 Variedades de la Teoría Marxiana– Carlos Catalán Serrano // Tema 5 Teoría de sistemas– Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Interaccionismo Simbólico – Isabel Bermúdez Pérez // Tema 7 Etnometodología- María de los Ángeles de Diego Miravet // Tema 8 Teorías del Intercambio, de Redes y de la Elección Racional - Yolanda Diez Suárez



La Escuela de Chicago

Albion Small actuó en pro de la creación de un departamento en la Universidad de Chicago, que terminaría por convertirse en el centro de la disciplina en Estados Unidos durante muchos años. En 1894 colaboró en el primer manual de sociología. En 1895 fundó la American Journal of Sociology. En 1905 fundó con otros la American Sociological Society.

Los inicios de la Escuela de Chicago

·      Por un lado, tuvo una estrecha conexión con la religión. Algunos de sus miembros eran sacerdotes. Small creía que la meta última de la sociología debía ser esencialmente cristiana.
·      La sociología debía ocuparse de la reforma social, combinanda con el deber de tener un carácter científico. Se practicó una sociología científica con el punto de mira en la mejora social.

W. I. Thomas se incorporó al departamento de Chicago en 1895. La trascendente importancia de Thomas residía en el hincapié que hacía sobre la necesidad de la investigación científica sobre cuestiones sociológicas. Su obra The Polish Peasant in europe and American le acercó al estudio del mundo empírico utilizando un marco teoríco. La metodología utilizada fue muy importante, pues iplicaba una variedad  de fuentes de datos, entre ellos materiales autobiográficos, facturas, correspondencia familiar, archivos periodísticos, documentos públicos y cartas de instituciones. Era sobre todo un estudio macrosociológico de las instituciones sociales, en el transcurso de su carrera Thomas adoptó una orientación microscópica y socio-psicológica. <>.

Este enfoque microsociológico y socio-psicológico se oponía a las perspectivas macróscopicas, socio-estructurales y culturales de estudiosos europeos como Marx, Weber y Durkheim. Y se convertiría en una de las características definitorias del producto teórico de la Escuela de Chicago: el interaccionismo simbólico.

Robert Park

Park
·       Se convirtió en la figura principal del departamento de Chicago, el cual, a su vez, dominó la sociología durante la década de los años treinta.

·       Park había estudiado en Europa y se ocupó de llamar la atención de los sociólogos de Chicago sobre los pensadores continentales. Su interés por la acción y la interacción, intervinieron en el desarrollo de la orientación teórica de la Escuela de Chicago.

·       Antes de ser sociólogo, había sido periodista, y su experiencia le dio un sentido de la importancia de los problemas humanos y de la necesidad de salir al exterior a recoger datos mediante la observación personal, así surgió el interés de la Escuela de Chicago por la ecología urbana.

·       Jugó un papel central en la dirección de los estudiantes contribuyendo al desarrollo de un <>.

·       Publicó junto a Burgess el primer manual verdaderamente importante de sociología, An Introdution to Science of Sociology, obra muy importante debido a su compromiso con la ciencia, con la investigación y con el estudio de una amplia gama de fenómenos sociales.
Charles Horton Cooley realizó su carrera en la Universidad de Michigan, y no la de Chicago. Su perspectiva teórica sintonizaba con la teoría del interaccionismo simbólico que llegaría ser el producto más importante de la Escuela.

Como Mead, rehusó separar conciencia del contexto social:

·       Con el self especular daba entender que las personas tienen conciencia y que ésta se modela mediante la continua interacción social.

·       Los grupos primarios son grupos íntimos, en los que se dan relaciones cara a cara, que desempeñan un papel central en la vinculación del actor con el resto de la sociedad. En el seno de estos grupos el individuo se desarrolla como ser social. Es ahí donde fundamentalmente nace el self especular y donde el niño egocéntrico aprende a ser conciente de los demás, y, por tanto, se convierte en un miembro de la sociedad.

Cooley como Mead rechazaban la visión conductista de los seres humanos, la idea de que las personas respondían ciega e inconscientemente a los estímulos externos. Creían que las personas tenían conciencia, un self, y que la responsabilidad de los sociólogos era estudiar este aspecto de la realidad social.

Cooley aconsejaba a los sociólogos utilizaran el método de la introspección simpática para analizar la conciencia. Analizando lo que harían si fueran actores en diversas circunstancias, los sociólogos podrían comprender los significados y motivos subyacentes a la conducta social.

George Herbert Mead

Mead
El pensador más importante vinculado a la Escuela de Chicago y al interaccionismo simbólico no fue un sociólogo, sino un filósofo. Mead impartió cursos de psicología social en el departamento de filosofía a los que aistieron muchos estudiantes licenciados de sociología. Ejerció una profunda y personal influencia en las personas que más tarde desarrolarían el interaccionismo sombólico. Estos estudiantes reunieron los apuntes tomados en las clases de Mead y publicaron Mind, Self, and Society, que llevó sus ideas desde el reino de lo oral a la tradición escrita. Este volumen constituye el principal pilar intelectual del interaccionismo simbólico.

Es preciso analizar las ideas de Mead en el contexto del conductismo psicológico. Adoptó su enfoque sobre el actor y su conducta. Consideraba sensata la preocupación del conductista por las recompensas y los costes que entrañaban las conductas de los actores. Lo que inquietaba a Mead era que el conductismo no iba lo suficientemente lejos.
Mead adoptó una enfoque similar al de Cooley, pero Mead prometía una concepción más científica de la conciencia mediante la ampliación de los principios y métodos altamente científicoa del conductismo psicológico.

Mead legó a la sociología estadounidense una teoría que se oponía frontalmente a las teorías fundamentalmente societales propuestas por los principales teóricos europeos. Así, el interaccionismo simbólico se desarrolló en muy buena medida a partir del interés de Simmel por la acción y la interacción y del de Mead por la conciencia.

La decadencia de la sociología de Chicago

Durante la década de los treinta, con la muerte de Mead y la marcha de Park, el departamento comenzó a perder su posición preeminente en la sociología estadounidense. Principales causas de la decadencia según Matthew´s:

1.     La disciplina se mostraba cada vez más preocupada por se científica, por la utilización de métodos sofisticados y el empleo del análisis estadístico. Se pensba que esta Escuela solían centrarse en las orientaciones personales de los observados. El hecho de que en Chicago se hubieran realizado grandes avances en los métodos ciantitativos comenzó a ignorarse al considerarse sólo su vinculación con los métodos cualitativos.

2.     Cada vez más individuos fuera de Chicago expresaban su resentimiento por el dominio que la Escuela ejercía sobre la American Sociological Society y la American Journal of Sociology. Su caída marcó el desarrollo de otros centros poderosos, en especial Harvard y en general de la Ivy League. El interaccionismo simbólico constituía entonces una tradición oral e inderteminada, y como tal perdió finalmente terreno para cedérselo a sistemas teórico más explícitos y codificados como el funcionalismo estructural asociado a la Ivy League.