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viernes, 30 de marzo de 2012

Thomas Hobbes - La justicia Parte 1

Comentario de texto. Historia de las Ideas Políticas. Grado en Sociología UNED


La justicia
Cumplir los pactos es la tercera ley de la naturaleza.
Y en esta ley se encuentra la fuente y origen de la justicia, pues donde no ha precedido pacto, no ha sido transferido derecho, y todo hombre tiene derecho a toda cosa y, por consiguiente, ninguna acción puede ser injusta. Pero cuando se ha celebrado un pacto, entonces romperlo es injusto, y la definición de INJUSTICIA no es otra cosa que el no cumplimiento del pacto.
Y todo aquello que no es injusto es justo.
Thomas Hobbes – Leviatán (Libro 1º, cap. XV)

Thomas Hobbes (1588-1679) fue filósofo y teórico político inglés y junto a Maquiavelo es considerado generalmente como el creador de la ciencia política moderna[1]. Leviatán (1655), muestra un paradigmático intento por organizar una legitimación del absolutismo monárquico desde la adaptación del método mecanicista de la ciencia natural moderna, a la filosofía política. Filosofía mecanicista con el propósito de afrontar el problema político capital, el de la constitución de la sociedad y como bálsamo preventivo de la guerra civil. Desde el materialismo científico, mecanicismo, positivismo: la filosofía de Hobbes es esencialmente racionalista, y Leviatán ha sido, es y será indispensable en la producción de la filosofía política, rompiendo con el modelo aristotélico de pensar y fundamentar el poder político. Hobbes quería darle un fundamento racional a la ciencia del Estado como aquel que tienen las matemáticas, la geometría y las ciencias de la naturaleza. Su interés era construir una explicación filosófica racional que permitiera describir la generación o la causa de la asociación civil[2], desde un enfoque racional y científico. Hobbes dividió en tres partes su sistema de filosofía científica: La que se ocupa de los cuerpos físicos, la que se ocupa de la fisiología y de la psicología y la que se ocupa del cuerpo artificial, del Estado o de la sociedad.

Leviatán, aquel poder más grande sobre este mundo, aquel poder que era absoluto, irrevocable e indivisible[3], donde el ejercicio de este dominio era incuestionable e inexorable bajo el argumento según el cual el pacto instituyente no se realiza por el pueblo y el soberano, “ (…) cumplir los pactos es la tercera ley de la naturaleza. (…) pues donde no ha precedido pacto, no ha sido transferido derecho”. Según el modelo hobbesiano, el Estado no es el resultado de una evolución natural de la familia, sino de una asociación deliberada y pactada por individuos artífices racionales; el individualismo característico de la filosofía política moderna inaugurada por Hobbes, son consideraciones utilitarias que permiten recordar a Bentahm y Locke. Así el Estado aparece como una persona, como la suma de los intereses particulares, el que fundamenta la propiedad y a la vez es, eclesiástico y civil. Hobbes rechazó la idea de que la política debe subordinarse al logro del bien último en la vida espiritual y propuso que la autoridad suprema en este mundo es un Estado secular cuyo único fin es la protección de la vida física[4]. La existencia racional del sujeto hobbesiano no es originariamente evidente como pura existencia pensante sino como existencia práctica corporal de un súbdito individual, de un Estado cuya potencia consiste en la riqueza y abundancia de todos los miembros particulares y cuya salvación son sus negocios[5], “(…) y todo hombre tiene derecho a toda cosa y, por consiguiente, ninguna acción puede ser injusta”.


[1] Diccionario de Sociología. Giner, Salvador et alia. Alianza Editorial segunda edición. Madrid 2006.
[2] Vid. La ética de la autoconservación y la teoría de los deberes políticos en el Leviatán de Hobbes. Cortés, Francisco. Areté Revista de Filosofía. Vol. XIV, Nº1, 2002 pp. 5-40.
[3] Vid. La domesticación del Leviatán: de Hobbes a Locke. Meneses Sarmiento, Alfredo. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa 2007.
[4] Vid. La política como teología secularizada, Una interpretación del Leviatán de Hobbes. Negreto, Gabriel L. RIFP Nº20. 2002 pp. 113-125.
[5] Vid. Leviatán como pretexto: T. Hobbes y la invención moderna de la razón. Moya Valgañón, Carlos. REIS Nº5 1979 pp 7-36.

lunes, 26 de marzo de 2012

John Stuart Mill - El Individuo y la sociedad Parte 1

Comentario de texto - Historia de las Ideas Políticas - Grado en Sociología UNED


El individuo y la sociedad
Cada persona se hace más valiosa para sí misma en proporción al desarrollo de su individualidad, y es por consiguiente capaz de ser más valiosa para los demás. Hay mayor plenitud de vida en su existencia, y cuando hay más vida en las unidades, hay también más vida en la masa que componen. (…) Para jugar limpio con la naturaleza de cada uno, es esencial que se permita a personas diferentes llevar vidas diferentes. Una época será digna de mención para la posteridad según la proporción en que se haya practicado esa tolerancia. Ni siquiera el despotismo produce sus peores efectos en la medida en que subsiste la individualidad; pero cualquier cosa que aplaste la individualidad es despotismo, sea cual sea el nombre que se le dé, tanto si se pretende estar haciendo cumplir la voluntad de Dios como si se pretende hacer cumplir mandatos de los hombres.
John Stuart Mill – Sobre la libertad


John Stuart Mill (1806-1873) fue la tercera gran figura de la teoría económica clásica después de Adam Smith y David Ricardo. Un reconocido seguidor del utilitarismo que defendió apasionadamente las libertades individuales en su breve y célebre ensayo Sobre la libertad (1859)[1]. Un utilitarismo que no obedece únicamente a principios egoístas, sino fundamentalmente en la búsqueda de la felicidad de todos, pues la felicidad es un bien en sí misma[2]. Aunque la concepción individualista como tal y sobre las instituciones, afirma que el egoísmo individual, la búsqueda del interés personal y el propio enriquecimiento es, precisamente, el origen de la bondad de lo público y lo colectivo.

El ensayo Sobre la libertad es, quizá, con El utilitarismo, la obra más divulgada de Stuart Mill[3], para muchos una obra profética donde Mill fijó su atención sobre la emergencia de la amenaza a las libertades individuales y que hoy paradójicamente, parece que se confirmaban sus temores y previsiones. La libertad e independencia del individuo, en una forma más maliciosa e intensa, localizando no sólo al Estado como oponente principal; “(…) pero cualquier cosa que aplaste la individualidad es despotismo”, sino la propia sociedad como entidad que ejerce su acción coercitiva sobre el individuo; “el nuevo poder que inicia su marcha ascendente (…) sobre el horizonte del mundo civilizado”[4]. Los utilitaristas ingleses J. Bentham y el propio Mill se encuentran entre los más acérrimos defensores del individualismo, y sus ideas, tanto en lo relativo a las concepciones teóricas como metodológicas, constituyen las bases de los desarrollos posteriores del individualismo metodológico.

Este extracto del texto de Mill, sitúa notoriamente las bases de lo que actualmente es el individualismo metodológico, al considerar que toda explicación de la realidad social debe iniciarse por el individuo y sus deseos/intenciones. Podemos estar pues ante una actitud, un posicionamiento deliberado, una conducta que podría explicarse en términos de una teoría de la naturaleza humana. Puede estar enlazado con los principios del hedonismo, el interés de libertad contractual, la iniciativa individual, el laissez faire[5]. El individuo guiado por su propio interés y haciendo uso de su racionalidad, eligiendo los mejores medios para satisfacer sus fines. El individualismo permitió construir un vigoroso edificio lógico-matemático, pero soportado sobre un imaginario poco efectivo, como se ha comprobado con el paso del tiempo.


[1] Diccionario de Sociología. Giner, Salvador et alia. Alianza Editorial segunda edición. Madrid 2006
[2] Ideas y formas políticas: del triunfo del absolutismo a la posmodernidad. González Cuevas, Pedro Carlos et alia. UNED Madrid 2010.
[3] Sobre la libertad. Stuart Mill, John. Prólogo de Antonio Rodríguez Huescar. Aguilar.
[4] Sobre la libertad. Stuart Mill, John. Prólogo de Antonio Rodríguez Huescar. Aguilar.
[5] Vid. Diccionario de Sociología. Pratt Fairchild, Henry. Fondo de Cultura Económica Quinta reimprensión México 2010

viernes, 13 de mayo de 2011

Metodología de las Ciencias Sociales. Capítulo 8 Parte I

Metodología de las Ciencias Sociales es una asignatura del grado de Sociología del segundo cuatrimestre de este curso 2010/11 de la UNED. El libro “Metodología de las ciencias sociales. Una introducción crítica” de Luis Castro Nogueria et alia Tecnos 2008, tiene un cuestionario al final de cada capítulo, que estoy subiendo estos días a este blog, sus correspondientes respuestas.
Los capítulos propuestos por el quipo docente para el estudio de este manual son exclusivamente los siguientes:

Capítulo 8. La explicación desde la teoría de la acción social (I): Las raíces históricas del individualismo metodológico. La disputa por el Método y la solución weberiana.


1.-Resuma las diferencias que se siguen de la distinción entre sociologías del sistema social y sociologías de la acción en relación con la noción de explicación científica. Pág. 265 a 267                          

Para la sociología del sistema social, el individuo aparece como una instancia pasiva; se ve determinado en sus formas materiales de existencia, como en sus relaciones sociales o en su misma libertad personal, por el sistema social. Los sujetos son criaturas manipulables en cuyas conciencias se imprimen los valores y estímulos de conducta que habrán de dirigir su acción concretadamente, aunque el propio sujeto no lo viva de esta manera. La naturaleza humana exige, la imposición de un orden, el sometimiento a una autoridad que permita encauzarla hacia una conducta personal y socialmente constructiva por la intervención de una realidad externa y superior.
Para las sociologías de la acción social, conciben o social como un derivado de la acción individual y de la interacción entre los individuos. El mundo social es como un producto humano y, en él, los sujetos de la acción cobran un perfil distinto: se trata ahora de seres activos y creadores. Lo social se concibe como la obra del hombre, su creación y su responsabilidad donde emerge la humana capacidad de proyectar e interpretar el sentido subjetivo que atribuimos a las cosas e incorporarlo conscientemente a su propia acción.
Ambas concepciones de la naturaleza humana son deudoras de un fenómeno de singular importancia: el nacimiento del individuo moderno, fuera del sagrado orden de la sociedad medieval. Ambos paradigmas sociológicos arrancan de la necesidad de dar respuesta a los interrogantes que plantean el individuo y su acción. La sociología del sistema social, respondiendo a la ambigüedad de la acción individual por la vía de la coerción externa, mientras que la sociología de la acción imagina la cooperación como resultado, pretendido o no, de la voluntad del hombre, verdadero origen del orden social.

2.-Sintetice en qué sentido pueden encontrarse las raíces del individualismo metodológico en las doctrinas del utilitarismo inglés. Pág. 269 a 271

Los utilitaristas ingleses J. Bentham y J. S. Mill se encuentran entre los más radicales defensores del individualismo, y sus ideas, tanto en lo relativo a las concepciones teóricas como metodológicas, constituyen las bases de los desarrollos posteriores del individualismo metodológico. Smith contribuyó al desarrollo de la noción abstracta de mercado, la imagen de un hombre volcado en el intercambio económico de bienes y servicios desde una posición de egoísmo utilitarista e interés crematístico (del dinero o relativo a él).
El mercado exigía una concepción atomista y mecanicista de la sociedad; la utopía liberal. Un marco que impulso la figura del homo aeconomicus; un individuo guiado por su propio interés y haciendo uso de su racionalidad, eligiendo los mejores medios para satisfacer sus fines. El homo aeconomicus como verdadero átomo de la teoría individualista, es una racionalidad concebida a la medida de las pretensiones economicistas, cientificistas y liberales, es un preferidos racional orientado a la satisfacción individual. El individualismo permitió construir un poderoso y parsimonioso edificio lógico-matemático, pero soportado sobre un imaginario poco realista.
La concepción individualista sobre las instituciones afirma que el egoísmo individual, la búsqueda del interés personal y el propio enriquecimiento es, precisamente, el origen de la bondad de lo público y lo colectivo.