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domingo, 3 de noviembre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 22

En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz


PARTICIPACIÓN Y DEMOCRACIA. ASOCIACIONES Y PODER LOCAL.


INTRODUCCIÓN: LAS DOS ALMAS DEL ÁMBITO LOCAL

La aproximación al ámbito local es una tarea siempre compleja, se citan dos mundos que representan lógicas y dinámicas diferentes. Jeremy Bentham  se refería ya en el siglo XVIII a los ayuntamientos como organizadores funcionales que contribuían, en tanto que protagonistas de la descentralización administrativa del estado, a mejorar la eficiencia de las actuaciones públicas.  John Stuart Mill se refería a  los municipios como escuelas de ciudadanía, como espacios de proximidad entre los gobernantes y los gobernados, y como una forma de dispersar el poder político sobre el territorio, caracterizados los ayuntamientos por su capacidad para impulsar y mejorar la democracia.

Desde entonces los ayuntamientos han mezclado y combinado el diferentes proporciones los dos enfoques. La tradición anglosajona subraya el alma eficientista de la administración local, mientras que la tradición francesa se decanta por el alma democrática.

El decantamiento hacia el alma eficientista nos sitúa en un escenario dominado por la lógica de la democracia representativa, mientras que el alma democrática nos acerca a los postulados de la democracia participativa. La democracia  representativa puede interpretarse como un mecanismo que nos permite seleccionar aquellas élites gobernantes que, a partir de la legítima elección, van a sumir las responsabilidades gubernamentales. La democracia participativa,  supone que la involucración de los ciudadanos en las tareas gubernamentales no pude ser secuencias, sino que debe canalizarse hacia el día a día de las actividades de gobierno. La democracia representativa deja poco margen de actuación al mundo asociativo, ya que prefiere la relación electoral. Las asociaciones pueden ser útiles  para colaborar en la organización  y la prestación de determinados servicios o como interlocutores con los que consultar determinados aspectos de la política local, partiendo  de un modelo de democracia participativa donde los ciudadanos y sus grupos pueden participar activamente en el día a día de las políticas municipales.

El fortalecimiento de una u otra de las almas municipales depende de la tradición de cada país; también de la coyuntura y del momento histórico en el que nos encontremos. El modelo dominante de democracia local va a ser un condicionante esencial para entender el papel que juegan las asociaciones en cada caso.

Se contrasta el llamado modelo del municipio de bienestar con el actual municipio relacional. En el contraste entre ambos modelos destacar su relación con determinadas coyunturas históricas y sus implicaciones sobre la democracia local y el entorno asociativo que la acompaña. Tres grandes interrogantes que intentaremos profundizar en ellos: ¿el porqué, el quién, y el cómo de la participación?

  1. EL MUNICIPIO DE BIENESTAR Y LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA
Con Estado de bienestar nos referimos a una combinación de elementos económicos, sociales, tecnológicos, productivos y políticos que, sumados y entremezclados, generaron una situación de crecimiento económico y estabilidad social sin precedentes en nuestro entorno occidental. En este apartado destacaremos la relación entre los gobiernos locales, la democracia y la participación asociativa.

El Estado de bienestar hay quien lo ha definido como un pacto entre gobernantes y gobernados: los primeros ofrecerían un volumen creciente de servicios a cambio de que los segundos limitaran su participación política al momento electoral.  Intercambio entre eficiencia administrativa y pasividad política, ajustado a un modelo de democracia representativa y elitista. El Estado de bienestar ha venido acompañado de unas dinámicas democráticas caracterizadas tanto por desactivar el posible activismo de la sociedad civil como por potenciar la acumulación de responsabilidades púbicas en manos de las élites políticas y burocráticas. El resultado ha sido una democracia instrumental. La participación de las asociaciones se ve seriamente limitada.

Al Estado de bienestar los ayuntamientos tienen asignado un papel estrictamente ejecutor: acaparan todas las actividades y marginan el potencial participativo de la sociedad civil y el mundo asociativo. Los ayuntamientos se convierten en lo que Cockburn llamó Estado local, y resumió como el brazo ejecutor de las políticas de bienestar del Estado de Bienestar, lo que decanta al municipio del bienestar hacia su alma eficientista y hacia una visión estrictamente representativa e instrumental de la democracia local.  Deja poco espacio a la participación de las asociaciones.
Esta situación caracteriza el municipalismo español de los años ochenta; las administraciones locales  concentradas en tareas de construcción de los principales equipamientos, infraestructuras y servicios municipales, por lo que se impone la lógica eficientista, porque se trata de hacer cosas.

Las asociaciones pasan de un papel reivindicativo central en los inicios de la democracia local a una situación de letargo y domesticación, con un alto nivel de actividad y presencia. Los años ochenta fueron testigos de cambios importantes en el papel y la actividad de las asociaciones. La crisis del movimiento asociativo fueron los propios ayuntamientos democráticos, los cuales vaciaron a las asociaciones tanto de contenidos como de sus líderes. Se inicia un nuevo modelo de relación entre las asociaciones y los ayuntamientos. Estamos en una situación más madura, las asociaciones han de olvidar sus quejas y reivindicaciones para establecer alianzas de colaboración con los poderes públicos. Las nuevas relaciones se basan en la co-producción de servicios y en las subvenciones. El resultado es una nueva desactivación del tradicional potencial participativo de las asociaciones, que se trasladan a un espacio prestacional donde se convierten en una especie de pseudo-administración. A finales de los ochenta, los ayuntamientos han ganado colaboradores y las asociaciones disponen de recursos y soportes institucionales, mientras que la comunidad se ha quedado sin aquellos espacios donde volcar sus inquietudes, sus demandas y sus malestares.

viernes, 19 de julio de 2013

Conocimiento e imaginario social - David Bloor Parte 18



Los infinitésimos

A veces se dice que una curva se compone “en realidad” de muchos pequeños segmentos de recta; y, evidentemente, esa analogía entre una curva regular y una colección de segmentos enlazados entre sí aumenta cuanto más pequeños y numerosos son esos segmentos, Este tipo de intuiciones son las que dieron origen a la idea de magnitudes infinitamente pequeñas o infinitésimos, así como a la noción de límite. La larga historia de estas ideas culminó en el cálculo infinitesimal.; ver las superficies y los sólidos como si estuvieran compuestos de segmentos o rebanadas, respectivamente; este procedimiento permite captar intelectualmente ciertas formas qie, de otro, modo no se comprenderían. (ver figura 8 página 192)

En los SXVI y XVII el uso de los infinitésimos llegó a hacerse habitual en el pensamiento matemático; Cavalieri recurrió a establecer analogías entre la manera en que puede constituirse un sólido a partir de segmentos infinitesimales y la manera en que un libro se compone de sus páginas. Sugirió que una superficie estaba hecha de líneas infinitesimales del mismo modo que un tejido se hace con hilos finísimos. Un uso particularmente atrevido de los infinitésimos fuel el que hizo Wallis para encontrar un triángulo compuesto de minúsculos paralelogramos cuyo grosos es “apenas el de una línea”. El área de cada paralelogramo es prácticamente igual a su base por su altura (ver figura 9 página 193). El área total es evidentemente la suma de las áreas de todos los paralelogramos. Wallis sabía que la suma de los términos de una progresión aritmética es el producto del número de términos por su valor medio, y no vio razón alguna por la que dejar de aplicar este modelo de inferencia a esa sucesión infinita de segmentos infinitesimales (ver fórmulas página 193). Algunos pensadores como Cavalieri, eran escépticos sobre la realidad de los infinitésimos; otros, como Galileo, desarrollaron largos argumentos filosóficos en su favor.

Para los matemáticos modernos los términos en los que Wallis hace sus cálculos no tienen ningún significado preciso. Los historiadores no han dejado de reconocer lo valioso que fue ese relajamiento del rigor, pues permitió por primera vez que ese tipo de expresiones figurara en los cálculos. El griego Arquímedes también vio la utilidad de imaginar que las figuras planas se cotaran en rodajas, y usó esta idea, junto con otras metáforas más mecánicas todavía, para facilitar la intuición matemática de algunas formas y figuras difíciles de tratar.

Arquímedes esboza las líneas maestras de este “método de teoremas mecánicos” en una carta en la que subraya que él no prueba ni demuestra realmente los teoremas que propone. Una verdadera demostración es una demostración geométrica, y no una que se base en metáforas de formas que se cortan en rodajas o se equilibran entre sí. Tales demostraciones geométricas satisfacían la exigencias de no utilizar infinitos actuales. Es interesante señalar que los matemáticos renacentistas no conocían el método empleado por Arquímedes.

El gran énfasis en el rigor que marcó las matemáticas del SXIX reinstauró la prohibición sobre los infinitos actuales y los infinitésimos que ya había dominado en Grecia pero que se había desvanecido en el SXVI.

Estas oscilaciones hacen pensar que en las matemáticas podría haber dos factores o procesos diferentes que se encuentran en tensión entre sí o que, al menos, se mezclan en distintas proporciones. Bajo las matemáticas que hoy asociamos con el cálculo infinitesimal ha habido una constante intuición de que las curvas regulares, las figuras planas o los sólidos pueden verse como si estuvieran realmente constituidos por cortes; se trata de un modelo o metáfora que a menudo atrae a la gente cuando piensa en estas cuestiones. Por supuesto, las matemáticas no son los mismo que el pensamiento intuitivo; siempre se han impuesto normas de demostración y de lógica.

El inconveniente fue la confusión y la divergencia de opiniones; hubo más espacio para las creencias personales y las desviaciones creativas, pero la certeza quedó amenazada ante la proliferación incontrolada de desacuerdos, anomalías y singularidades. Las operaciones básicas del cálculo y la intuición de similitudes, modelos y metáforas pueden considerarse como los aspectos empíricos o experimentales de las matemáticas, correspondiéndose con los datos aportados por la experiencia y los experimentos en las ciencias naturales. No parece haber razones, por tanto, para tratar a las matemáticas de manera distinta a las ciencias empíricas.

Conclusión

Hemos presentado una serie de casos que pueden entenderse como modos diferentes de pensamiento matemático. Esas matemáticas diferían de las nuestras en su estilo, sus significaciones, sus analogías y sus criterios de fundamentación. Estas discordancias son significativas y reclaman una explicación, que bien pudiera encontrarse en causas de tipo social. Estos ejemplo muestran que las matemáticas se fundan en la experiencia pero en una experiencia que resulta de seleccionar ciertos hechos según criterios mudables, una experiencia a la que se dota de significados, conexiones y usos que también son variables. Una parte de la experiencia sirve de modelo para tratar numerosos problemas; cómo esos modelos se generalizan mediante analogías y metáforas.

Estas variaciones y discordancias en el pensamiento matemático suelen ocultarse. Una de las teorías empleadas consiste en insistir en que un determinado estilo de pensamiento sólo merece el nombre de matemáticas en la medida en que se asemeja al nuestro.

No puede escribirse historia sin llevar a cabo un proceso de interpretación. Al establecer comparaciones y contrastes, al discriminar lo valioso de lo descartable, al separar lo significativo de lo insignificante, al tratar de encontrar un sistema o cierta coherencia, al interpretar lo que parece oscuro o incongruente, al cubrir las lagunas o al descartar los errores, al explicar lo que los pensadores habrían podido o debido hacer si hubieran tenido más información, más luces o más suerte, al hacer un comentario detallada que reconstruya los supuestos y las creencias subyacentes…, nos es necesario para entender nuestra historia, pero lo importante es que nos preguntemos qué normas vamos a imponer y qué preocupaciones nos van a guiar en ese trabajo de construir nuestro sentido del pasado.

Si los historiadores quieren mostrar el carácter acumulativo de las matemáticas, pueden hacerlo gracias a ese dispositivo interpretativo. En lugar de mostrar la existencia de matemáticas alternativas, el trabajo se centrará ahora en separar el trigo de la paja. Cajori subraya que las matemáticas son la ciencia acumulativa por excelencia, que en ellas nada se pierde y que las contribuciones del pasado más remoto brillan con el mismo esplendor que las aportaciones actuales.

Esas virtudes se ponen al servicio de una visión general progresista, y esa visión es la que debe ponerse en entredicho. Hay discontinuidades y variaciones tanto en el interior de las matemáticas como entre lo que es matemática y lo que no lo es. Debemos recurrir a otras estimaciones como, por ejemplo, los mecanismos del pensamiento lógico y matemático. De ello trataba también la discusión entre Ferge y Mill.

jueves, 18 de julio de 2013

Conocimiento e imaginario social - David Bloor Parte 17


El número pitagórico y platónico

Los griegos usaban el cálculo por motivos prácticos en la plaza del mercado, pero distinguían radicalmente este uso del número de la elevada contemplación de sus propiedades. Distinción que se corresponde con la discriminación que hacían entre logística y aritmética, o entre una aritmética práctica y otra teórica; se corresponde a su vez con una discriminación social. Para Platón, son los amantes de la sabiduría, los filósofos, quienes deben gobernar en una sociedad bien ordenada.

La contemplación teórica del número comprendía una de sus propiedades, llamada eidos. Klein explica que este término hace referencia ala “especie” o el “tipo” del número, o más literalmente a su “forma”, “figura” o “aspecto”. Hay que recordar que el número griego es únicamente número de cosas, y los números de cosas siempre pueden representarse como números de puntos. Estos puntos pueden disponerse a menudo formando figuras características, como cuadrados, triángulos o rectángulos, de modo que resulta natural hablar de números cuadrados, números triangulares o números rectangulares u oblongos (ver figuras página 184).

Una vez que los números se han clasificado así en categorías, pueden estudiarse las propiedades en términos de formas o eidos. Los griegos usaban un artificio llamado gnomon, que era un número figurado que, al añadirse a alguna de las figuras anteriores, no alteraba su configuración general.

Lo primero que salta a la vista en este enfoque de la aritmética es lo bien que encaja en el análisis de Mill. Se trata de un caso histórico en el que el conocimiento de los números se lleva a cabo observado objetos sometidos a operaciones simples de ordenamiento y clasificación.

La segunda observación se refiere a lo que esta aritmética tiene de particular, y no a lo que en ella hay de universal. Resalta cómo cristaliza cierto elemento de la experiencia (el gnomon) para convertirse en una herramienta especializada de investigación. Las matemáticas modernas y la teoría de números también muestran cierto interés por los tipos de números, pero no se parecen en nada a ese enfoque clasificatorio de los pitagóricos y los platónicos posteriores, En ellos, la aritmética a veces toma el aspecto de una historia natural de los tipos y de las especies y subespecies de las formas de los números.

¿Qué interés puede tener esta aritmética teórica?: los pensadores de la época fundaban sobre ella todo un sistema de clasificación en el que se representaban simbólicamente la sociedad, la vida y la naturaleza: en el orden y la jerarquía que se manifiestan en esa aritmética ven ellos condensados tanto la unidad del cosmos como las aspiraciones y el papel que en él juega el hombre. Los distintos tipos de números significan instancias como la Justicia, La Armonía o lo Divino.

Los modos de correspondencia entre matemáticas y mundo natural se manifiestan, en su nivel más simple, en la correlación que establece los pitagóricos y neoplatónicos entre propiedades sociales, naturales y numéricas. Su célebre Tabla de los Opuestos ilustra esa distribución de categorías:


Indefinido Definido
Múltiple Uno
Izquierdo Derecho
Femenino Masculino
Oscuro Claro
Malo Bueno
Par Impar
Móvil Estático
Oblongo Cuadrado

Pero el número no sólo simboliza las fuerzas cósmicas sino que se supone que posee una eficacia divina o que participa de ella en alguna manera, de modo que el conocimiento del número era un medio de situarse mentalmente en ciertos estados superiores de fuerza moral y de gracia.

Stevin era un representante de las auténticas matemáticas mientras que sus adversarios eran más bien anti-matemáticos; el suyo no era otro modo de hacer matemáticas sino un modo de no hacerlas en absoluto. Si no concedemos al misticismo numerológico rango de matemáticas, ni siquiera puede plantearse la cuestión de si se trata o no de otra matemática. Y si lo que hacemos es dividir los casos históricos en dos categorías, una que incorpora los componentes genuinamente matemáticos y otra que no merece llamarse matemáticas.

Lo que se opone a una sociología de las matemáticas es esa idea de que las matemáticas gozan de vida y significado propios, esto es, suponer que sus símbolos encierran en sí mismos unas significaciones intrínsecas que están ahí aguardando simplemente a ser percibidas o comprendidas.

La metafísica de la raíz de dos

Hoy se da por supuesto que la raíz de dos es un número, a saber, el número que, al multiplicarse por sí mismo, da como producto el número 2. Habitualmente se dice que es un número irracional, denominación heredada de una época en que había un notable interés sobre cuál era si condición. El problema está en que no hay ninguna fracción p/q que sea igual a la raíz de dos. (Ver fórmulas página 188).

Para nosotros, si no es racional es que es irracional, pero para los griegos no era así. Para ellos, lo que se ha demostrado con lo anterior es que la raíz de dos no es un número en absoluto, Por más que la raíz de dos no fuera un número, sí correspondía, sin embrago, a una longitud geométrica bien definida: por ejemplo, la de la hipotenusa de una triángulo rectángulo cuyos lados tuvieran de longitud la unidad. Esto nos da una idea del abismo que separaba la geometría de la aritmética.

¿Demuestra que la raíz de dos no es un número o que es un número irracional? Es evidente que lo que demuestra depende del marco de presupuestos sobre el número en cuyo interior se consideran los cálculos. Si por número se entiende básicamente el número destinado a contar, una colección de puntos, entonces el cálculo significa algo muy distinto que si el número se asocia intuitivamente con la imagen de un segmento de una línea continua.

Imaginemos una cultura donde la gente haya aprendido muchas cosas importantes sobre aritmética pero apenas haya concedido importancia a las categorías de lo par e impar, que las utilicen en sus cálculos pero que no supusieran para ellos un auténtico criterio de demarcación; una cultura que nunca hubiera soñado con erigir una Tabla de los Opuestos como la de los pitagóricos ni, mucho menos, con entrelazar lo par y lo impar con otras dicotomías cósmicas.  Después de todo, la noche se funde con el día, lo bueno con lo malo y lo blanco con lo negro. Un cálculo como el anterior podría allí entenderse, del modo más rotundo y natural, como una demostración de que los números pueden ser simultáneamente pares e impares, lo que además vendría a confirmar su creencia en que no es nada realista trazar fronteras rígidas.

Estas condiciones son de orden social, en el sentido de que residen en el sistema de clasificaciones y significaciones que una cultura sustenta de forma colectiva. Son condiciones que pueden variar y, en la medida en que lo hagan, variará también el significado de los objetos matemáticos.

Si el sentido particular de una cálculo depende del conjunto de presupuestos compartidos, su influencia general es aún más contingente. Al descubrimiento de las magnitudes irracionales se le llama habitualmente la “crisi de los irracionales” en la matemática griega, y se trataba efectivamente de una crisis porque la separación entre magnitud y número que el descubrimiento evocaba en los griegos se oponía a su anterior hábito de imaginar las líneas y las formas compuestas por puntos. Quizá un Roberval griego prematuro  hubiera evitado la crisis de los irracionales, pero lo que sí es cierto es que el teorema sobre la raíz cuadrada de dos no impidió a Roberval desarrollar sus trabajos.

lunes, 15 de julio de 2013

Conocimiento e imaginario social - David Bloor Parte XIV


La teoría de Mill modificada por factores sociológicos

¿De qué son números los números?, Mill dice: “evidentemente, de alguna propiedad que pertenece a los agregados de cosas, y esa propiedad es el modo característico en que el agregado está constituido por ellas y mediante el cual puede ser dividido en partes”. Mill debe estar reaccionando inconscientemente a las mismas presiones que llevaron a Frege a insistir en que los números no son inherentes a los objetos, sin más, sino que dependen  del modo en que se mire a esos objetos. La idea que Mill presupone involuntariamente es, por tanto, que no todas las distribuciones, ordenaciones o clasificaciones de objetos son relevantes como experiencias paradigmáticas en matemáticas. Entre los innumerables juegos a los que puede jugarse con guijarros, sólo los que siguen ciertos modelos o pautas alcanzarán esa categoría especial que son los modos característicos de disponer y organizar los guijarros. Exactamente igual, no todos los innumerables modelos o pautas posibles con los que puede tejerse una alfombra serán igual de significativos para un grupo dado de tejedores tradicionales.

El punto al que Frege dirige su ataque es precisamente ése en el que la teoría de Mill deja atisbar que está necesitada de un componente sociológico para poner orden en la multitud de maneras de experimentar las propiedades de los objetos. El lenguaje de Mill pone de manifiesto que, de hecho, está reaccionando ante esa componente social, pero la deja escapar; y es justo esa laguna la que deja su teoría expuesta a las objeciones de Frege. La idea fundamental de Frege es que la teoría de Mills sólo se refiere a los aspectos meramente físicos de las situaciones que considera, que no acierta a captar lo que en cada situación hay de específicamente matemático. Esa componente ausente podemos ahora detectarla en el ámbito de lo típico, de los convencional, en todo aquello que hace que se les conceda a ciertos modelos el rango de características.

Una teoría que intente fundamentar las matemáticas en los objetos como tales, y no capte que hay ciertos modelos que resultan seleccionados y dotados de una categoría especial, ofrecería graves deficiencias pese a los prometedores que pudieran ser sus planteamientos. De entre todos los comportamientos posibles, sólo juegan el papel de modelos aquellos que siguen pautas fijadas o ritualizadas socialmente.

Frege se pregunta qué experiencia o hecho físico es el que puede corresponder a los números muy grandes o incluso a los números 0 y 1. Y si los números son propiedades de objetos externos, ¿Cómo podemos hablar razonablemente de tres ideas o de tres emociones, que son evidentemente objetos externos?

Lo que Frege dice del número 1 es que tener la simple experiencia de una cosa no es lo mismo que encontrar el número uno, y de ahí que en un caso se use el artículo indefinido mientras que en el otro se usa el artículo definido. Se trata de algo a lo que se mira de un modo especial y con una propósito especial, el propósito ritualizado de contar. El número 1 no corresponde a una cosa sino a todo lo que se contemple como elemento de un patrón o modelo característico. El número es el papel o la función, y no debe confundirse con uno u otro objeto que venga indiferentes a jugar ese papel o cumplir esa función.

¿Y cuál  es la experiencia asociada al cero? Frege insiste triunfalmente en que nadie ha tenido la experiencia de cero guijarros. Y todos los números, incluido el cero, tienen el mismo rango y del cero no tenemos ninguna experiencia, Frege concluye que tampoco la experiencia juega el menor papel en nuestro conocimiento de cualesquiera otros números.

La idea de que los números tienen el mismo rango que los papeles y las instituciones sociales acaso sea aún más sugerente en el caso del cero que en los de los demás números. Por exigencias de homogeneidad, si el cero es un artefacto convencional deben serlo también los restantes números.

Ahora viene la cuestión de los números muy grandes. No podemos tener experiencia de cómo repartir un millón de objetos del mismo modo que podemos hacerlo con cinco o diez. Hay dos opciones generales para explicar el hecho de que la experiencia y la aritmética se solapen sólo parcialmente. Puede interpretarse como Frege lo hace, en cuyo caso la débil conexión y correspondencia entre aritmética y experiencia es meramente fortuita; o bien puede utilizarse para dotar a esa débil conexión de una importancia máxima e intentar mostrar entonces cómo puede deducirse todo a partir de ella. Eso es lo que hace Mill.

El caso de la aritmética de los grandes números habrá de poder derivarse de aquellos otros que sí estén directamente relacionados con situaciones empíricas. Podemos dar cuenta de la aritmética basándonos en experiencias a pequeña escala, puesto que esta experiencia aporta modelos, procedimientos y técnicas susceptibles de aplicarse y extenderse indefinidamente. No hay ninguna incompatibilidad entre la teoría de Mill y una aritmética que funcione en ámbitos que no puedan ejemplificarse directamente en nuestra experiencia.

Frege se pregunta cómo, a partir de la teoría de Mill, pueden numerarse cosas inmateriales, como cuando decimos que los celos, la envidia y la codicia son tres emociones diferentes. Se debe enfocar una vez más el modo en que las situaciones empíricas pueden actuar como modelos. Estas situaciones deben ser tales que siempre se pueda asociarlas con todos los casos en que se aplica la aritmética. La razón de que puede hablarse de tres ideas debe residir, según esta teoría, en nuestra capacidad y habilidad para hablar de ideas como si de objetos se tratara. Nuestra aritmética sólo será aplicable en la medida en que estemos dispuestos a usar la metáfora del objeto.

¿utilizamos realmente a los objetos como modelos o metáforas cuando pensamos en fenómenos psíquicos? Como los fenómenos mentales son tan diferentes de los objetos físicos, sólo una fuerte determinación y una acusada tendencia a pensar en términos metafóricos puede aproximarlos.

Poincaré habla de sus ideas como si fueran moléculas de la teoría cinética de gases, agitándose en todas direcciones, colisionando e incluso fundiéndose entre ellas. Al adoptar la metáfora del atomismo, Poincaré está siguiendo una larga tradición de atomismo psicológico; pero la cuestión no es si esa tradición está o no equivocada sino que, equivocada o acertada, esa tendencia a usar la metáfora del objeto es algo asentado. Y puede valer para explicar lo que Frege pensó que nunca podrá explicar la teoría de Mill, a saber, la aplicación del número a las ideas, así como el mecanismo de su aplicabilidad en general.

¿Cómo pueden aplicarse los números a los estados mentales? El gran logro de la psicofísica del SXIX fue encontrar modos de comprender matemáticamente ciertos procesos mentales y, en particular, formular la ley de Weber-Fechner; la intensidad de una sensación es proporcional al logaritmo del estímulo. El paso crucial que permitió esa formulación fue encontrar un modo de segmentar los procesos mentales tal que los segmentos obtenidos pudieran contarse, pues entonces podía ya recurrirse al formidable aparato de la aritmética y el cálculo para obtener la formulación matemática de la ley. La estratagema utilizada para obtener unidades segmentadas y numerables fue introducir la noción de “diferencia precisa perceptible”: se incrementaba gradualmente cierto tono o peso hasta que el sujeto podía percibir el cambio. Se encontró que la medida de esta diferencia precisa perceptible era proporcional a la medida del estímulo. Según la teoría aritmética de Mill, este proceso de segmentación no es sino el medio de establecer la analogía entre la sensación subjetiva y el objeto, de manera que se puedan aplicar los procedimientos matemáticos habituales; es un modo de proyectar los estados psíquicos sobre objetos numerables y extender así la metáfora del objeto discreto.

Si esta argumentación es correcta, puede decirse que el ámbito de la aritmética es el ámbito de la metáfora del objeto material. En la medida en que podmaos ver algo como objetos a los que aplicar imaginariamente las operaciones de ordenamiento y clasificación podremos, asimismo, aplicar a ese algo las operaciones aritméticas de contar y numerar. El lazo o transición que hay entre aritmética y mundo es el lazo de una identificación metafórica entre entidades inicialmente desiguales. El comportamiento de los objetos simples, que está en la base de la aritmética, sirve como teoría para explicar el comportamiento de otros procesos y, como en la aplicación de cualquier teoría, el problema ya no es sino el de aprender a mirar las nuevas situaciones como casos de ejemplos ya conocidos o más familiares. La tendencia de Frege a mirar los objetos aritméticamente como algo puro y separado de los objetos materiales crea un abismo entre las matemáticas y el mundo. Con la teoría de Mill no es necesario lanzar arriesgados puentes entre territorios diferentes, pues nace del mundo y crece a partir de su modesto origen empírico.

Resumen y conclusión

La lógica de Mill aporta la idea fundamental de que las situaciones físicas sirven de modelos para los pasos que se dan en el razonamiento matemático. Las objeciones de Frege hacen ver cuál es ese ingrediente ausente: la teoría de Mill no hace justicia a la objetividad del conocimiento matemático, no da cuenta de la naturaleza ineluctable de sus deducciones, no explica por qué las conclusiones matemáticas dan esa sensación de no poder ser distintas de las que son. Aún somos libres de imaginar que los objetos podrían comportarse de modo distinto al que lo hacen, lo cual no nos es posible respecto de las matemáticas. El componente psicológico aporta el contenido de las ideas matemáticas y el componente sociológico explica cómo se lleva a cabo la selección entre distintos modelos físicos y cómo se dota de un aura de autoridad al modelo seleccionado. Gracias al recurso a los conceptos de modelo y metáfora, nos ha sido también posible contestar sus objeciones sobre los grandes números y sobre el amplio campo al que se aplica la aritmética.

El problema menor se refiere a la sensación antes apuntada de que hace falta cierta Realidad para dar cuenta de las matemáticas. Parte de esa realidad la forma el mundo de los objetos físicos y, otra parte, la sociedad. Pero si las matemáticas versan sobre el número y sus relaciones y si éstos son creaciones y convenciones sociales, entonces las matemáticas tratan, de hecho, sobre algo social. Puede decirse que tratan de la sociedad, que tratan de la sociedad en el mismo sentido en que Durkheim dice que la religión trata de la sociedad. La conexión y el modo de participación implicados siempre quedan tan sólo insinuados y nunca se explicitan, así cuando Frege habla vagamente, no de que los números sean conceptos, sino de “descubrir los números en los conceptos” o de la “transparencia” de los conceptos puros del intelecto. Mi teoría podría sostenerse razonablemente si consigue comprender algunos de los hechos más sobresalientes y sugerir líneas claras de desarrollo.

El problema más importante concierne a la unicidad de las matemáticas, y apenas hemos dicho nada sobre ello; no cabe la menor duda de que, según nuestra teoría, la creencia en que la matemática es única tiene exactamente el mismo rango que la creencia en que sólo hay una verdad moral.

domingo, 14 de julio de 2013

Conocimiento e imaginario social - David Bloor Parte XIII


Las críticas de Frege a Mill

Mill trata las matemáticas como un conjunto de creencias sobre el mundo físico que surgen de la experiencia que tenemos de ese mundo. Los dos elementos centrales de su análisis son:

1.    Las creencias y procesos de pensamiento entendidos como acontecimientos mentales.
2.    Las situaciones físicas sobre las que versan las creencias.

La crítica de Frege abre dos frentes de ataque. Crítica la concepción de los números como cosas mentales o subjetivas; y aquella que refiere los números a objetos físicos o a propiedades de éstos. Para Mill los fundamentos de las matemáticas están en su anclaje psicológico, en los procesos fundamentales mediante los que se genera y se transmite el conocimiento.

Frege procede de un modo completamente diferente. Él se enfrenta a una definición de las matemáticas como “pensamiento mecánico acumulativo”, le parece una “tosquedad típica”. Frege se esfuerza especialmente en mantener una frontera entre las matemáticas, por un lado, y las ciencias psíquicas y naturales, por el otro. Los conceptos matemáticos, afirma, tienen un refinamiento en su estructura y una pureza mayores quizá que los de ninguna otra ciencia. Frege va a mistificar y deificar el concepto de número y los principales básicos de las matemáticas, confiriéndoles un rango de objetos misteriosos investidos de un poder excepcional.

Mary Douglas llama la atención sobre lo que denomina la “regla de pureza”. Para ella todas las culturas tienen de modo natural a simbolizar el status social elevado y el fuerte control social mediante un rígido control de los cuerpos. El invocar la regla de pureza bien puede ser una reacción natural ante una amenaza.

¿Por qué nos interesa el estilo de pensamiento de Frege? Porque revela una visión de las matemáticas netamente diferente del enfoque naturalista que aquí proponemos. Consideremos primero el rechazo por parte de Frege de que el número es algo de naturaleza subjetiva, mental o psicológica. Su argumentación consiste en resaltar las diferencias entre las propiedades de las entidades psicológicas, como las ideas o las experiencias, y las propiedades de las nociones matemáticas.

Al tratar los números como ideas que están en la cabeza de la gente, se desprenden consecuencias bien curiosas. Desde un punto de vista sociológico, la gente no comparte ideas; éstas son estados propios de las mentes individuales, de manera que una idea debe considerarse siempre como propia de alguien. En lugar de decir que el número dos es una idea en sí, el psicólogo hablará más bien de tu idea de dos o mi idea de dos. Como si el número dos no fuera del todo mental sino el contenido extramental de esos estados mentales. Aunque habitualmente se hable del número dos, todo lo que realmente existe es una multitud de ideas individuales cada una de las cuales puede reclamar, en paridad con las otras, ser el número dos. Habrá tantos doses como ideas hay sobre él, lo que se aparta considerablemente del modo habitual de ver las cosas.

Puede decirse que la teoría de Mill tiene un componente objetivo en el hecho de que la aritmética trata sobre las propiedades generales de los objetos, como esos guijarros tan despreciados por Frege. Aquí, el argumento central es que el número no puede ser una propiedad de las cosas porque el modo en que las cosas se numeran depende de nuestra manera de verlas. Dice Frege: “de un objeto al que puede adscribir legítimamente diferentes números no puede decirse que posea un cierto número”. La importancia de nuestra manera de ver muestra que ahí interviene un proceso cognitivo que enlaza el objeto exterior con el acto de atribuirle un número. Para Frege esto interpone una cuña entre los objetos y el auténtico lugar del número, lo que significa que “no podemos asignar simplemente el Número al objeto como haríamos con un predicado”.

El número no es algo que encontremos ahí en el mundo sin más problemas. Hay algo en la naturaleza de los conceptos de número que los hace diferentes de los objetos y de sus propiedades tal y como los solemos pensar. El número no es algo psicológico, ni es algo que se dé simplemente en los guijarros de Mill.

Frege ha expulsado al número tanto del mundo psíquico como del mundo material. Entonces el razonamiento de Frege hace del número un perfecto no-ser. Evidentemente, no es así como él ve las cosas. Existe una tercera posibilidad. Parte de los objetos psíquicos y físicos, están los que Ferge llama objetos de Razón o Conceptos, los cuales poseen la más importante de todas las propiedades: la llamada objetividad. Frege entiende por objetivo aquello que es independiente de nuestras sensaciones y de las representaciones mentales que descansan en ellas, pero aquello que es independiente de nuestra razón.

Debo aceptar que Frege tiene toda la razón al afirmar que las matemáticas son objetivas. Así como debo también aceptar su definición (negativa y positiva) de objetividad. No nos dice, sin embargo, qué es en realidad la objetividad.

Aceptada la definición de objetividad de Frege, ¿qué es lo que la satisface?

¿Qué hay que no sea no mental ni físico, que sea real aunque no exista de hecho, y que pueda ejemplificarse en una noción como la del ecuador? (Ver ejemplo del ecuador página 155) Se admite que las fronteras tienen el rango de convenciones sociales, lo que no quiere decir que sean meras o arbitrarias convenciones. Un individuo puede tener ideas acertadas o equivocadas sobre ellas, y no desaparecen aunque nadie consiga hacerse una imagen mental de ellas. Tampoco son objetos físicos que puedan manipularse o percibirse, aunque utilizarse objetos reales como signos visibles o indicaciones suyas. Por último, podemos referirnos a ellas aunque hagamos alusión a acontecimientos ocurridos mucho tiempo antes de que nadie las hubiera definido.

Todo aquello que tiene el rango propio de las instituciones sociales acaso esté íntimamente logado a la objetividad. Incluso podemos conjeturar la hipótesis de que quizá ese tercer rango tan especial que se sitúa entre lo físico y lo psíquico es de orden social, y solamente social.

El centro de gravedad del sistema solar y el eje de la Tierra. ¿Podemos decir que estos objetos son de naturaleza social? El eje de la Tierra no es de esas realidades de las que tenemos manifiesta experiencia como la propia Tierra sobre la que caminamos. Tanta insistencia indica que estas nociones juegan un papel central en nuestra concepción de la realidad y, en particular, en las teorías mecánicas que ocupan un lugar privilegiado en esa concepción. Esta realidad no es una realidad física sino una representación del mundo sistemática y altamente elaborada. Sus lazos con la experiencia individual son bien tenues. Dos de los conceptos que elige Frege como ejemplos de objetividad son nociones teóricas; pero la componente teórica del conocimiento es precisamente la componente social.

La mejor manera de dar un significado sustancial a la definición fregeana de objetividad es asimilarla con los social. La creencia institucionalizada satisface por completo su definición: eso es la objetividad. Si las cosas fueran así, la sociología sería una amenaza aún mayor que la psicología para la pureza y dignidad de las matemáticas. Los argumentos de Ferge estaban concebidos para mantener inmaculadas las matemáticas, y aún así concibió una definición de objetividad que se presta a interpretación sociológica. Podemos así adoptar la definición que da Ferge de objetividad, sin dejar por ello de postular que las matemáticas son de naturaleza social más que psicológica o meras propiedades de los objetos físicos. Esto nos llevará al problema de cómo puede modificarse la teoría de Mill de modo que pueda venir a alojar los procesos sociales que entran en juego junto con los procesos psíquicos.

viernes, 12 de julio de 2013

Conocimiento e imaginario social - David Bloor Parte XII


Un enfoque naturalista de las matemáticas

Se intentará mostrar que es posible emprender una sociología de las matemáticas, en el sentido del programa fuerte.

La experiencia típica de las matemáticas

Las matemáticas incorporan verdades que tienen su carácter irresistible o ineluctable. Quizá se asemejen a las verdades de sentido común sobre los objetos familiares que nos rodean. Así que las verdades matemáticas no sólo son ineluctables, sino también únicas e inmutables. La autoridad de una verdad matemática, tal como se nos presenta a la conciencia, es al menos similar a la autoridad moral absoluta. El individuo aborda las matemáticas como un cuerpo de verdades que debe dominar. Lo correcto y lo erróneo están claramente delimitados, culturas diferentes hacen diferentes contribuciones a nuestro actual estado de conocimientos, pero estas contribuciones se presentan como facetas de un único cuerpo creciente de teoremas. Mientras que existen diferencias culturales evidentes, todas las culturas desarrollan las mismas matemáticas, o algún aspecto particular de un único y auto-consistente cuerpo de matemáticas. No hay nada parecido a lo que pudiera llamarse una matemática “alternativa”.

Debe haber alguna Realidad que sea responsable de esta curiosa situación en la que un cuerpo de verdad auto-consistente parece ir siendo aprehendida cada vez con mayor detalle y con mayor amplitud. Esa Realidad debe ser la que describen los enunciados matemáticos y a la que tienen como referencia sus verdades. En cierto modo los números parecen ser objetos y uno se siente tentado a plantear si existe algo así como el número tres, pero por desgracia el sentido común da respuestas contradictorias a una cuestión como ésa. El número tres parece ser tanto una entidad única como a la vez, algo que es tan diversa como requiere su multitud se apariciones y uso. Simultáneamente parece uno y muchos.

Ese carácter único e ineluctable forma parte de la fenomenología de las matemáticas. Ninguna explicación sobre la naturaleza de las matemáticas tiene por qué plantear esas apariencias como verdades, pero sí tiene que explicarlas como tales apariencias. Lo que hace falta es un enfoque más crítico y más naturalista.

Entre los enfoques naturalistas más prometedores está el del psicólogo que estudia cómo se aprenden las matemáticas; un conjunto de técnicas, creencias y procesos de pensamiento en el que deben iniciarse los individuos. Un enfoque así, junto con el correspondiente análisis de las ideas matemáticas, puede calificarse de psicologismo.


La teoría de J.S. Mill sobre las matemáticas

Para los empiristas, el conocimiento proviene de la experiencia; de modo que, para un empirista coherente, si las matemáticas son conocimiento, también ellas deben provenir de la experiencia.

El propósito de Mill declara en su Lógica es el de mostrar que las ciencias deductivas, como la geometría y la aritmética, no son sino variedades de las ciencias inductivas, como la física o la química, Así “las ciencias Deductivas o Demostrativas son todas, sin excepción, Ciencias Inductivas, su evidencia es la de la experiencia”. La idea fundamental de Mill es que, al aprender las matemáticas, recurrimos a nuestro bagaje de experiencias sobre las experiencias y comportamientos de los objetos materiales. También tenemos conocimiento de hechos que se aplican indiferentemente a ámbitos muy amplios.

En esta categoría de hechos la que Mill piensa que subyace a las matemáticas. El agrupamiento y la organización de objetos físicos suministran modelos para nuestros procesos mentales, de modo que cuando pensamos matemáticamente estamos apelando tácitamente a ese saber. Mill admite que a menudo pudiera parecernos que estamos operando con meros signos sobre la página, pero es que habitualmente no nos damos cuenta de que actuamos por referencia a la experiencia física sobre la que descansa todo el proceso.

El planteamiento de Mill tiene tres importantes consecuencias:

1.    Le lleva a distinguir una estructura y desarrollo internos en creencias que suelen entenderse como algo aprehendido de modo simple e inmediato.
2.    El enfoque de Mill está claramente relacionado con ideas educativas: hay que rechazar la manipulación formal de símbolos escritos en beneficio de las experiencias físicas subyacentes que les correspondan.
3.    Se deduce de estas ideas pedagógicas. Encontrar elementos que apoyen el análisis de Mill; debe ser posible contemplar cómo se crea el conocimiento matemático a partir de nuestra experiencia; debe ser posible sacar a luz esos hechos empíricos que se dice que actúan como modelos en los procesos de razonamiento matemático. (Revisar ejemplo de la aritmética de los guijarros de Mill, página 147)

(x + 2)x + 1 = (x + 1) al cuadrado; al analizar esta ecuación, Dienes muestra cómo se apoya perfectamente en las operaciones físicas de ordenamiento uy clasificación antes descritas. (ver las diferentes ecuaciones página 148). Gracias a sencillas manipulaciones con piezas de construcción, indica cómo trabajar con sistemas de numeración de bases diferentes, cómo factorizar formas cuadráticas y resolver ecuaciones; presenta también construcciones físicas de logaritmos, potencias, vectores y grupos matemáticos; incluso aporta analogías materiales y perceptivas de tal elegancia y simetría que van orientando sin esfuerzo el razonamiento matemático.

La perspectiva de Mill es prometedora. Los objetos físicos, las situaciones y las manipulaciones pueden funcionar claramente como modelos de las diversas operaciones matemáticas básicas. Las experiencias de tales operaciones físicas pueden plausiblemente presentarse como la base empírica del pensamiento matemático. Para que pueda hacer justicia al conocimiento matemático será necesario su sustancial desarrollo y enriquecimiento, Ahora bien, esa mejora pasa por analizar sus limitaciones, puestas de manifiesto por la aguda crítica de Frege.

sábado, 5 de mayo de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 30

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo


John Stuart Mill

Con frecuencia se ha señalado la escasa originalidad de John Stuart Mill incluso   llegándose  a afirmar que más que un pensador era un ideólogo. Sin embargo si algo no se le puede negar es que sus libros son un fiel reflejo de su época, de las preocupaciones latentes del liberalismo victoriano y de los cambios sociales que se estaban produciendo.

Era un ferviente convencido del ideal de que la humanidad se encuentra en un continuo proceso de mejora. Creía que la educación era el camino por el cual podía encauzarse la mente humana hacia la apreciación de los placeres superiores, el desarrollo moral del hombre y el progreso del entendimiento. La punta de lanza de su pensamiento era la formación de una sociedad liberal en la que pudieran ser expresadas las opiniones sin restricciones, y la discrepancia política fuese posible. Para llegar a este objetivo no había otro camino que la educación de los individuos.

Nació en Londres en 1806 y fue hijo de James Mill. Recibió una severa educación tendente a desarrollar su espíritu crítico. Desde muy joven Mill hijo leía a Adam Smith y a David Ricardo y discutía con su padre y sus amigos sobre economía, política o filosofía. Dispuso de una cultura enciclopédica. Atravesó una crisis personal e intelectual en 1826 que contribuyó a remodelar por completo sus esquemas de pensamiento. Quedó despedazada su certeza del poder de unas instituciones modélicas  para crear un sistema político ideal, pasando a pensar que sólo podrían diseñarse principios generales que  sirvieran para orientarse en la creación de instituciones en función de situaciones políticas y sociales concretas, abriendo así una vía al relativismo y la consideración de las circunstancias particulares en el análisis político. En este momento se introdujo en la lectura de los idealistas y los románticos. También se puede apreciar una influencia de Comte en su “System of Logic” . La etapa final de su vida intelectual estuvo marcada por la influencia de su mujer que le impulsó una reevaluación de sus teorías sociales y le condujo a una aproximación matizada al socialismo. De la mano de ella reivindicó Mill el derecho de la mujer a la participación política en igualdad de facultades.

Una de las principales tareas que se impuso Mills fue la revisión del utilitarismo. Mills, acepta las ideas de Bentham sobre la felicidad. Pero esto no significa que el utilitarismo responda a criterios egoístas, sino que lo que pretende es la búsqueda de la felicidad de todos, pues la felicidad es un bien en si misma. Afirma que si bien el placer es el elemento de medición de la bondad y la maldad de las acciones considera que existe una graduación de los placeres, y que, por tanto, no son igual unos placeres que otros. Distinguiendo entre los placeres producidos por las facultades superiores que el producido por las facultades inferiores. Por tanto, según él, es la educación la que da al hombre la capacidad de apreciar la calidad de los placeres.  Aquí el pensamiento de Mill se encuentra en un conflicto entre su punto de partida utilitarista y la introducción de principios morales. De este modo el principio de utilidad, queda filtrado por consideraciones de tipo ético que se acercan bastante a los principios kantianos. Por tanto la felicidad orientada al desarrollo moral del hombre será el instrumento de medición de los placeres.

Otra revisión del utilitarismo que desarrolló Mill fue de tipo metodológico. El utilitarismo, apresado por su racionalismo, tenía una clara preferencia por los métodos deductivos. Tras varias influencias y reflexiones Mills apostó por un sistema mixto de deducción e inducción.

En 1861 publicó sus “Considerations on Representative Government”  en el que reflexiona acerca de cuestiones políticas. Parte de la idea de que el gobierno representativo es la mejor forma de gobierno, oponiéndose a toda forma de despotismo, ya que bajo el mismo los ciudadanos no tiene posibilidad de controlar al poder y este sistema, el despotismo,  genera un tipo de individuos pasivos, sin capacidad de desarrollar un espíritu crítico ni de identificar sus propios intereses. El gobierno representativo fomenta en las personas sus mejores cualidades en el terreno de la moralidad y en el ámbito intelectual. Por tanto el gobierno represntativo es más eficaz a la hora de conciliar intereses particulares con intereses comunes. Por tanto el gobierno debe tener una función educativa que permita a sus ciudadanos hacerse con una opinión informada y esta otorgue capacidad de participación activa de los individuos en la política.

De sus propuestas se deducen varias cuestiones. Que el poder reside en el pueblo. Esto sin hacer referencias al contractualismo ni a la voluntad general, sino partiendo del principio utilitarista de que cada uno es el mejor custodio de sus derechos e intereses. Por tanto el gobierno representativo debe partir de la idea de que la sociedad se constituye por la confluencia de los intereses de los seres individuales.

Del mismo modo se observa la clásica preocupación liberal por la concentración de poder. Su propuesta de hacer activa la participación ciudadana procede de la necesidad de dispersar el poder creando varios núcleos. Esto debe suceder sin perder eficacia. Combinando esta última con con la capacidad del gobierno para garantizar la libertad. Adentrándonos en cuestiones concretas para Mill el parlamento tiene como función  primordial la del control del poder. La labor legislativa queda sustraída de la cámara baja pues las tareas de codificación las puede realizar una comisión experta legislativa.Por lo que respecta a la representación política se fue decantando por el sistema proporcional pues el sistema mayoritario no dejaba lugar a las minorías. Para Mill no era recomendable el gobierno representativo para cualquier pueblo. Sólo a aquellos cuyos habitantes lo aceptasen y estuviesen dispuestos a mantenerlo.

Una de las obras más leídas de John Stuart Mill es “On Liberty”” (Sobre la Libertad) de 1859 Pretendía que fuera la punta de lanza de la necesaria renovación del liberalismo de mediados del siglo XIX, renovación que fuera capaz de conciliar las transformaciones sociales que estaban teniendo lugar en la época con una ardiente defensa de la libertad. Aquí la influencia de Tocqueville fue determinante. Gracias a él fue consciente de la trascendental relación que se iba a establecer entre el individuo y la sociedad en la que se halla inserto.  Convirtió Mill la libertad en un bien social aparte de considerarla como un bien individual, según la clásica interpretación del liberalismo. La obra está presidida por la concepción ética de Mill acerca del ser humano que unía elementos del idealismo kantiano con un telón de fondo utilitarista. El resultado fue una visión del hombre como un ser con responsabilidad moral y con dignidad que ha de ser respetado en sus intereses. El rasgo distintivo de la responsabilidad moral es la libertad. Para que se cumpla la condición primera, la libertad ha de poder realizarse en sociedad. 

El objetivo de la obra va a ser el análisis de la naturaleza y los límites del poder que pueden ejercer legítimamente la sociedad sobre el individuo. Comparte la opinión liberal sobre la tendencia a la extralimitación del poder. El poder suele aspirar a situarse por encima del individuo y la misma sociedad gusta de imponer sus reglas, amparada en el criterio de la mayoría.

Mill insiste en que no debe haber justificación para la coacción sobre el individuo por parte del Estado o de la sociedad, salvo circunstancias excepcionales, evitar que se perjudique a los demás. Solo se justifica la intervención sobre un individuo cuando esas acciones puedan dañar a los demás, y solo en ese caso, independientemente de que el individuo en cuestión se esté dañando a sí mismo. Esta cuestión es la que aparece con mayor debilidad de la argumentación. La relación entre individuo y sociedad, y en particular la correspondencia entre libertad y responsabilidad moral, hubiera necesitado de una fundamentación más solida que permitiera explicar hasta donde llega cada una de ellas. Mill parece presentar la libertad individual y la libertad focalizada hacia la sociedad como caras de la misma moneda. Si ambas entran en conflicto donde está el límite, sobre cuál de las dos recae el peso de la toma de decisiones.

La apología que hace Mill de la libertad tiene como base su convicción de que si hay algo que han de promover los estados es la infinita riqueza de la naturaleza humana. Cada hombre es diferente, por eso coaccionar al individuo es coartar las posibilidades de aportación a lo colectivo que tiene cada persona, lo que empobrece la sociedad. El progreso de la humanidad se produce por la confluencia de la multitud de intereses que se enriquecen en su relación dinámica. La conformidad sólo produce mediocridad. En el desarrollo de la propia originalidad es donde se sitúa Mill la responsabilidad humana. El uso correcto de la propia vida consiste en el trabajo sobre uno mismo. El genio es el hombre que se atreve a cumplir su vocación de originalidad en el pensamiento y en la acción.

La libertad social o civil que regula la relación entre el individuo y la sociedad se sustancia en las libertades concretas. Sus manifestaciones más genuinas son la libertad de pensamiento, la libertad de expresión y la libertad de asociación. Son estas las garantías primeras de la independencia del individuo. El impulso que pretende dar a la expresión y al cotejo de las opiniones tiene como objetivo la búsqueda de la verdad, a la que concibe como una categoría absoluta que procede de la depuración del intelecto.

Las razones que encuentra Mill para vivificar las libertades de opinión y expresión son cuatro. La primera, una opinión silenciada puede ser verdadera. En segundo, si esta opinión  silenciada fuera falsa, podría contener algo de verdad, por lo que su omisión redundaría negativamente en el progreso del razonamiento. En tercer, si no hay debate de ideas, una opinión que consideremos verdadera será sostenida como una creencia sin comprender sus fundamentos racionales. La cuarta, es que si esa creencia se convierte en dogma, su contenido de verdad perderá su capacidad para producir el bien.

El planteamiento de Mill sobre las libertades adolece de un problema de fondo. Mill presenta las libertades como derechos morales del individuo, se corre el peligro de que aparezca como una nueva versión de los derechos naturales. Si el hombre debe a la libertad su esencia como ser moral y si este postulado se traslada a la política, inevitablemente habrá de prevalecer la moral sobre la política y sobre el derecho. Si el gobierno ha de proteger estos derechos, se corre el peligro de que el Estado se crea con todos los argumentos para saltar por encima de los requerimientos y garantías legales.

Mill dedico su reflexión a muchos otros asuntos, entre ellos la religión, la lógica o la psicóloga. Entre ellos destaca la economía. Formado con Adam Smith  y David Ricardo, su deseo de renovar el liberalismo se aplico a la economía, intentando insertarla en el conjunto social, tratando de establecer las relaciones entre las instituciones sociales y los principio que rigen el funcionamiento de la producción y el intercambio económicos.

Mill consideraba que la propiedad no es un derecho natural, es decir, que la propiedad no se encuentre al margen del acontecer histórico, sino que la propiedad y sus formas han variado a lo largo del tiempo. Admitió la intervención del Estado en economía, pero siempre en el caso de necesidad absoluta, y nunca por la utilidad que ello pudiera reportar al colectivo. Su objetivo es deslegitimar toda posible intromisión del gobierno en aras de su carácter democrático. Estableció una clara distinción entre las leyes de la producción (depende de los recursos de del nivel de conocimiento) y las leyes de la distribución (dependen de las instituciones humanas)