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jueves, 29 de marzo de 2012

Montesquieu - La libertad política Parte 2

Comentario de texto. Historia de las Ideas Políticas. Grado en Sociología UNED


La Libertad Política
 La libertad política de un ciudadano depende de la tranquilidad del espíritu que nace de la opinión que tiene cada uno de su seguridad. Y para que exista la libertad es necesario que el gobierno sea tal que ningún ciudadano pueda temer nada de otro.
Cuando el poder legislativo está unido al poder ejecutivo en la misma persona, o en el mismo cuerpo, no hay libertad porque se puede temer que el monarca o el senado promulguen leyes tiránicas para hacerlas cumplir tiránicamente. Tampoco hay libertad si el poder judicial no está separado del legislativo no del ejecutivo. Si va unido  al poder legislativo, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, pues el juez sería al mismo tiempo legislador. Si va unido al poder ejecutivo, el juez podría tener la fuerza de un opresor.

Montesquieu – El Espíritu de las leyes


La libertad puede ser destruida cuando los poderes se unifican, ya sea en manos de un solo individuo o bien en las de todo un pueblo “(…) cuando el poder legislativo está unido al poder ejecutivo en la misma persona, o en el mismo cuerpo, no hay libertad porque se puede temer que el monarca o el senado promulguen leyes tiránicas para hacerlas cumplir tiránicamente”. Una libertad que no consiste en hacer lo que se quiera, sino en poder hacer lo que se debe querer hacer bajo un marco legal  “(…)  La libertad política de un ciudadano depende de la tranquilidad del espíritu que nace de la opinión que tiene cada uno de su seguridad”. Desde el primer capítulo El espíritu de las leyes, Montesquieu plantea un dilema fundamental para el análisis de las sociedades humanas: cómo explicar las sociedades existentes, cómo interrelacionar las leyes y las instituciones. Unas leyes que rigen las sociedades pero que no dependen únicamente de la voluntad humana, pero a la vez son maleables como para implementar las correcciones precisas y necesarias, siempre que éstas tengan en cuenta los complejos factores que las determinan[1].

  Para Montesquieu existen tres formas de gobierno posibles, el despótico, el monárquico y el democrático. Y cada uno de ellos es definido por referencia a dos conceptos, que de acuerdo con la denominación del autor de El espíritu de las leyes son la naturaleza y el principio del gobierno[2]. Inclinándose por la monarquía, pues señalaba la democracia como un ideal utópico, Montesquieu y de Jean-Jacques Rousseau, habían negado que los gobiernos representativos pudieran ser genuinamente democráticos, “La representación o el gobierno representativo (...) puede considerarse una nueva invención, desconocida en tiempos de Montesquieu (...) La democracia representativa (...) es la democracia que se ha hecho practicable durante un largo período y en un vasto territorio[3]”. John Stuart Mill, en Consideraciones sobre el gobierno representativo (1861) llegó a la conclusión de que “el tipo ideal de gobierno perfecto” sería a la vez democrático y representativo. Augurando evoluciones que habrían de tener lugar durante el siglo XX.

La monarquía de Montesquieu tendría que ser libre y alejada de los excesos despóticos tanto de las formas orientales como las que poco a poco adoptaba la francesa, sobre todo desde el auge del poder real en Luis XIV[4].  Una monarquía no absoluta, moderada por poderes intermedios, una monarquía constitucional. Sin la existencia de poderes intermedios, la monarquía se convierte en opresora. Unos poderes donde cada uno de ellos tiene su esfera propia e independiente y en ello reside el cuidado de la libertad política. Entre la democracia, como forma legitimada, pero irrealizable, y el despotismo como la decadencia de la monarquía, se encuentra la constitución en la cual la subordinación de poderes se hallan regidos por la ley, armonizados y contrapesados conforme a las normas legisladas, “(…) si va unido  al poder legislativo, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, pues el juez sería al mismo tiempo legislador”.



[1] Los orígenes de la teoría sociológica. Iglesias, María del carmen et alia. Akal Madrid 2006.
[2] Vid. Las etapas del pensamiento sociológico. Aron, Raymond. Tecnos. Madrid. 2004.
[3] La Democracia. Dahl, Robert.  Post Data 10. Diciembre 2004 (págs. 11-55).
[4] Diccionario de Filosofía. Ferrater Mora, José. Ariel 2ª edición Barcelona 2009.





martes, 27 de marzo de 2012

John Stuart Mill - El Individuo y la sociedad Parte 2

Comentario de texto - Historia de las Ideas Políticas - Grado en Sociología UNED


El individuo y la sociedad
Cada persona se hace más valiosa para sí misma en proporción al desarrollo de su individualidad, y es por consiguiente capaz de ser más valiosa para los demás. Hay mayor plenitud de vida en su existencia, y cuando hay más vida en las unidades, hay también más vida en la masa que componen. (…) Para jugar limpio con la naturaleza de cada uno, es esencial que se permita a personas diferentes llevar vidas diferentes. Una época será digna de mención para la posteridad según la proporción en que se haya practicado esa tolerancia. Ni siquiera el despotismo produce sus peores efectos en la medida en que subsiste la individualidad; pero cualquier cosa que aplaste la individualidad es despotismo, sea cual sea el nombre que se le dé, tanto si se pretende estar haciendo cumplir la voluntad de Dios como si se pretende hacer cumplir mandatos de los hombres.
John Stuart Mill – Sobre la libertad

La “libertad” como vocablo polisémico, Mill desde el comienzo de su ensayo, se afana en localizarlo no como sentido ético o metafísico, sino al contrario, como “la libertad social o civil”[1]. En clara dicotomía con la posición hobbesiana, por cuanto el Estado es consignatario de la coerción, por tanto de la antilibertad. Una nueva perspectiva de la idea de libertad que ofrece Stuart Mill, y que no necesariamente se ajusta con la que el Estado liberal simbolizaba. El mercado como ente exigente de una concepción atomista y mecanicista de la sociedad; la utopía liberal. Un marco que impulsó la figura del homo aeconomicus, como verdadero átomo de la teoría individualista, la racionalidad concebida en la medida de los propósitos economicistas, cientificistas y liberales; un preferidor racional orientado a la satisfacción individual.


Los actores no actúan en el vacío, un medio físico y social acoge siempre la acción, imponiendo restricciones, ya sea por su naturaleza física o a nuestras capacidades personales. La acción de un individuo va siempre asociada a un medio social integrado por otros actores y por instituciones, normas, costumbres, “(…) Una época será digna de mención para la posteridad según la proporción en que se haya practicado esa tolerancia”. Un medio así obliga al actor a considerar el significado que cobrarán sus actos para los otros actores, así como evaluar el significado de los actos de los demás. La acción cotidiana discurre, de la mano de patrones de conducta repetitivos, ofreciéndonos esquemas de acción y conocimiento socialmente reconocidos y reconocibles[2]. El individualismo relacionado con el redescubrimiento de la vida privada, de la pluralidad de los estilos de vida. Una concepción atomista, la suma de individuos en el mundo social, la antítesis de la sociedad de clases prevista por Max Weber; individualismo religioso, ascetismo intramundano y al capitalismo o, Karl Marx, desde su perspectiva de una sociedad sin clases, donde las personas se inclinan a verse simplemente como individuos y no como parte de una clase social.

Tocqueville ya delimitó su sentido sociopolítico; “(…) los americanos combatieron el individualismo, el fruto de la igualdad, con la libertad, y vencieron[3]”. Emilie Durkheim se refirió a un culto al individuo legatario de los derechos individuales y Georg Simmel en su distinción del individualismo del siglo XVII en su batalla por la igualdad y el XIX, enaltecedor de la particularidad y la diferencia. Simmel afirma “el ego puede llegar a ser más claramente consciente de su unidad, en la medida en que se vea más obligado a reconciliarse consigo mismo dentro de una diversidad de grupos de intereses”[4]. La separación el individualismo en descriptivo y valorativo, los intereses, deseos y felicidad del individuo frente a los individuos sin adhesión a los valores del individualismo competitivo, por ejemplo desde la ideología liberal de Adam Smith, que contribuyó al desarrollo de la noción abstracta de mercado, la imagen de un hombre volcado en el intercambio económico de bienes y servicios desde una posición de egoísmo utilitarista e interés crematístico (del dinero o relativo a él)[5]. O el antagónico punto de vista del individualismo socialista que enfatiza la naturaleza sustancialmente cooperativa de la autorrealización humana de Emile Durkheim.



[1] Sobre la libertad. Stuart Mill, John. Prólogo de Antonio Rodríguez Huescar. Aguilar.
[2] Vid. Metodología de las Ciencias Sociales. Una introducción crítica. Castro Nogueira, Luis Castro et alia. Tecnos. Madrid 2008.
[3] De la Democracia en América. Tocqueville, Alexis De. Imprenta José Trujillo. Madrid 1854.
[4] Siete teorías de la sociedad. Campbell, Tom. Cátedra, séptima edición. Madrid 2007.
[5] Vid. Metodología de las Ciencias Sociales. Una introducción crítica. Castro Nogueira, Luis Castro et alia. Tecnos. Madrid 2008.

martes, 17 de agosto de 2010

Agusto Comte. Los fundamentos de la sociología

Han sido muchos los responsables del pensamiento sociológico, pero se le otorga singular trascendencia al autor francés Auguste Comte (1798-1857), pues fue él quién acuñó en 1824 la expresión sociología para sustituir la de física social, en su empeño de distinguirse de sus contemporáneos, y como definición de la disciplina que procuraba implantar.
Comte expuso que la sociología era una ciencia positiva, basada en datos empíricos derivados de la observación, la comparación y la experimentación. Capaz de sustentarse y retroalimentarse de otras ciencias, donde la sociología era el cenit de una construcción de conocimiento. Planteó la Ley de los Tres Estadios, donde teorizó que todo conocimiento pasa por tres etapas: la teológica (las ideas religiosas donde la sociedad responde al mandato divino), la metafísica (donde la sociedad se plantea como algo natural, no sobrenatural) y la positiva (la aplicación de las técnicas científicas a lo social). Expresa la evolución de los modos de pensar de la humanidad como del individuo. Comte se adelantó a las ideas funcionalistas estructuralistas y quiso unir el destino de la Sociología al impulso del valor científico.
Este estudio de Thompson arroja un extenso trabajo pormenorizado de la vida y obra de Comte. El último capítulo del libro "Sociología y desigualdad de los sexos" es una compilación de la correspondencia entre John Stuart Mill y Agusto Comte. Donde podremos comprobar los puntos de acuerdo y de enfrentamiento, entre estos dos grandes filósofos. Un libro para conocer y entender, a uno de los grandes de la Sociología, muy recomendable.

... Siempre debe existir una "armonía espontánea" o un consenso entre el sistema social y sus partes, excepto en ciertos casos patológicos y en los periodos críticos cuando el sistema social está en desequilibrio, lo que generalmente es el preludio del desarrollo de un nuevo estado orgánico.
Augusto Comte - Los fundamentos de la sociología 
"Teoría y método", página 38


Thompson, Kenneth
Agusto Comte. Los fundamentos de la sociología
Fondo de la Cultura económica. México primera reimpresión 1995
ISBN: 0-17-712085-1
335 páginas