domingo, 3 de agosto de 2014

“Si las élites no reaccionan, las cosas se pondrán muy feas”

Artículo de Milagros Pérez Oliva publicado el 3 de agosto en El País.

Nancy Fraser es ese tipo de mujer que parece avanzar en la edad sin inmutarse, acumulando sabiduría. A caballo entre la serenidad reflexiva y la pasión intelectual, analiza las crisis del presente, su complejidad, con un foco de largo alcance. Sus trabajos en el campo de la filosofía política se han centrado en los problemas de la justicia social. En su libro Escalas de justicia (Herder, 2008) aborda las tres dimensiones que considera esenciales, todas ellas definidas por palabras que empiezan por r: los problemas de redistribución de la riqueza en el plano económico; los de reconocimiento en el ámbito de los derechos individuales y colectivos, y los problemas de representación, en el ámbito político. Fraser, estadounidense de 67 años, ha vivido y analizado el paso del capitalismo de Estado organizado, del que surgió el modelo social europeo que ha propiciado las mayores cotas de justicia social, al capitalismo neoliberal, que ha minado el Estado de bienestar y nos ha llevado a la grave crisis de 2008. Ahora está convencida de vivir a las puertas de otra transición. ¿Hacia dónde? En cualquier caso, los problemas que hay que afrontar, los procesos que condicionan la vida de la gente, desbordan por completo el marco westfaliano. Son transfronterizos, globales.

Nancy Frasser alerta sobre las consecuencias del aumento de las desigualdades y sobre la obsolescencia de las formas actuales de participación política. Considera urgente encontrar nuevos mecanismos para la toma democrática de decisiones. También a escala trasnacional. De ello hablamos, aprovechando una visita a Barcelona, invitada por el Centro de Cultura Contemporánea.
Pregunta. La crisis que se inició en 2008 ha trastocado muchas cosas y aún no parece que quiera irse. ¿Cómo cree que influirá a largo plazo?
Respuesta. Esta crisis tiene muchas dimensiones. Estalló en 2008 como una crisis financiera y rápidamente derivó en una crisis económica general, pero no quedó ahí. Al tener que endeudarse los Gobiernos para hacer frente a sus consecuencias, pronto se convirtió en una crisis de la deuda soberana, y como la respuesta a esta situación fue la política de austeridad, ha terminado provocando una grave crisis social. Y todo ello sobre otra crisis de fondo, de la que se habla poco pero que continúa agravándose, que es la ecológica. El resultado ha sido un gran sufrimiento para la población. La precariedad se ha instalado como horizonte de futuro y, claro, eso está derivando en una crisis política de imprevisibles consecuencias.

P. ¿Qué tipo de crisis política?
R. La severidad del sufrimiento social y la falta de respuesta han llevado a los ciudadanos a pensar que sus Gobiernos trabajan para los bancos y los inversores, en lugar de trabajar para la gente. La legitimidad de los Gobiernos, de toda la estructura política, ha quedado muy dañada, tanto en el ámbito nacional como en el europeo, y también globalmente. Se ponen en cuestión aspectos fundamentales del sistema político, y también del económico. La ciudadanía percibe que no tiene instituciones o canales a los que puedan dirigir sus quejas, sus reclamaciones, sus propuestas. Es un momento muy difícil, muy parecido al que se vivió en los años treinta del siglo pasado.
P. Las desigualdades ya crecían antes, pero la crisis las ha exacerbado. Algunos se sorprenden de que, con el paro que hay y el rápido empobrecimiento de amplias capas de la población, no se haya producido un estallido social. ¿Cómo cree que evolucionará el sistema a partir de ahora?

R. Hay diferentes posibilidades. Una es que las élites políticas, hasta ahora pasivas, tomen conciencia del problema, se pongan en marcha y acuerden introducir ciertas reformas en el control de las instituciones financieras para prevenir una situación como la que se produjo en 2008 por falta de regulación. En este caso, el sistema seguirá cojeando más o menos como está, la desigualdad seguirá aumentando y aspectos fundamentales, como la crisis ecológica, seguirán sin abordarse. El segundo escenario es que las élites políticas no reaccionen y la situación continúe deteriorándose. En ese caso las cosas pueden ponerse muy feas. Podemos ver un planeta gravemente dañado, desgarrado por guerras y conflictos por el agua, el petróleo o las tierras cultivables; escasearán recursos fundamentales y el deterioro social llevará a un deterioro ético; será un mundo lleno de tensiones en el que predominará la mentalidad del “sálvese quien pueda”.
P. Algo de eso ya se está empezando a ver. ¿Sería el triunfo del individualismo egoísta, de la sociedad de cazadores de la que habla Zygmunt Bauman?
R. Sí, algo así. Pero hay una tercera posibilidad, y es que los movimientos sociales, organizados en sociedad civil, fuercen a las élites políticas a cambiar, a revisar las estructuras, desde la forma de los partidos a los mecanismos de participación. Y que ello permita crear nuevas formas de participación que propicien cambios sociales profundos. Cambios a mejor, que hagan evolucionar el actual capitalismo financiero de corte neoliberal a una forma de capitalismo más igualitarista y, por tanto, más estable.
P. En su descripción, este último parece el menos costoso.
R. Sí, pero aún cabe un cuarto escenario, muy distinto: el de que se desencadenen grandes cambios revolucionarios que nos lleven más allá del capitalismo, aunque este es muy poco probable. En cualquier caso, la gran cuestión que subyace en el trasfondo de las crisis que vivimos es la forma que vaya a adoptar el capitalismo.
P. En las últimas décadas hemos asistido al afianzamiento del sector financiero como motor de todo el sistema. Esta forma de capitalismo, que crece con la globalización, tiene un componente especulativo estructural, intrínseco al modelo. ¿Cree que aceptará reglas y restricciones?
R. Es difícil, pero ha habido otros periodos en los que el propio sistema ha sabido encontrar formas de cambiar. Por ejemplo, en los años treinta del siglo pasado, tras la gran recesión de 1929, supo articular una nueva forma de capitalismo más regulado, que ha perdurado muchos años. Precisamente la ruptura de esas reglas por la hegemonía de las teorías neoliberales es lo que nos ha llevado a la actual situación.
P. Pero entonces las empresas tenían unos propietarios interesados en llegar a compromisos con las fuerzas sociales para asegurar la estabilidad del sistema. Querían legar las empresas a sus hijos. Ahora, las sociedades pertenecen a miles de propietarios dispersos y con escasa capacidad de decisión. La gestión está en manos de unos ejecutivos que ya no tienen ni los mismos vínculos ni las mismas motivaciones.

R. Todo eso hace que sea más difícil imaginar que pueda surgir un impulso reformador desde el interior del propio sistema. Pero también hemos escuchado algunas voces individuales muy influyentes, como las de Warren Buffett, George Soros o Bill Gates, gente con cierta visión que piensa diferente. Sin embargo, lo que puede forzar al mundo de los negocios a reaccionar y aceptar cambios es la militancia organizada desde la base de la sociedad. En los años treinta, el capital tenía mucho miedo de las revolucione
P. Pero el miedo a la revolución también llevó a buena parte del poder económico a los brazos del fascismo.
R. Sí, esa posibilidad también está ahora sobre el escenario. Lo hemos visto en las elecciones al Parlamento Europeo: formas de fascismo o neofascismo.
P. En España, Grecia o Portugal, los países más castigados por la crisis, se han producido huelgas generales y amplias protestas contra la política de austeridad que han sido ignoradas. ¿No le parece peligroso que, en ciertos círculos radicales, pueda prosperar la idea de que a lo único a lo que el poder parece sensible sea la violencia?
R. Coincido en la crítica que se hace a la completa falta de responsabilidad de los poderes públicos, que solo parecen responder a las presiones de los mercados y los inversores. Pero la tentación de la violencia es muy preocupante y espero que los movimientos sociales no evolucionen en esa dirección, porque sería un desastre. La única vía para cambiar realmente las cosas es la organización pacífica de la gente. Si hay violencia, la gente les dará la espalda, no les seguirá por esa vía.
P. Las encuestas reflejan la crisis de los partidos tradicionales. ¿Qué tipo de organización permitiría superar el descrédito de su forma de intermediar?
R. En este periodo en el que la actividad política toma la forma de movimientos sociales, vemos una creciente distancia entre el cuerpo electoral y los representantes de los partidos políticos. Pero recientemente, a causa de la severidad de la crisis, hemos visto también la emergencia de fuerzas políticas como Syriza en Grecia, o el fenómeno Podemos en España, organizaciones de nuevo cuño que aspiran a llegar a las instituciones sin renunciar a sus formas de representación de base. La idea de que los movimientos sociales puedan tener un pie en el sistema político y otro en la sociedad civil me resulta muy interesante.
P. ¿Y es compatible?
R. Sí, creo que sí, que se puede intentar. Veremos cómo evoluciona.
 Artículo de Milagros Pérez Oliva publicado el 3 de agosto en El País.


domingo, 27 de julio de 2014

Cuatro décadas de sociología crítica: “Los nuevos caminos de un mundo a construir”

Entrevista publicada el 18 de julio de 2014 en piensachile.com
La ganadora del premio Libertador Simón Bolívar al pensamiento crítico (2013 – Venezuela) por su libro “Un mundo a construir (nuevos caminos)” vuelve sobre cuatro décadas de sociología crítica.
-De Los conceptos elementales del materialismo histórico a Un mundo a construir (nuevos caminos), ¿cuánta agua de pensamiento crítico ha cruzado el puente?
Sin duda que ha cruzado mucho agua bajo el puente. Yo escribí mi primer libro en París, teniendo un conocimiento muy vago de la realidad latinoamericana. Sólo conocía mi propio país, Chile, y no lo conocía en profundidad. Las reflexiones e informaciones que se encuentran en mi último libro Un mundo a construir (nuevos caminos) han surgido, en cambio, luego de haber entrevistado a más de 100 dirigentes políticos y sociales de nuestra región, varios de los cuales ocupan hoy altos cargos en el sistema político actual en sus respectivos países. Una diferencia abismal ¿no crees? Por ello creo que el libro ayudará a que mucha gente que conoció a la Marta de Los conceptos elementales…, y no leyó otras cosas suyas posteriores, ahora vea a la otra Marta que ha aprendido tanto de las luchas de nuestros pueblos y que propicia esa nueva cultura de la izquierda que tanto necesitamos.
-¿Qué le acerca y que le distancia hoy de Louis Althusser?
A mi entender Althusser ha hecho un aporte fundamental en el campo teórico: me permitió redescubrir el marxismo.
En un momento en que muchos intelectuales europeos consideraban superado el aporte teórico de Marx, Althusser nos revela que Marx no sólo es un científico más, un pensador social más, sino que a través de sus planteamientos ha provocado una verdadera revolución teórica que el propio Marx y sus seguidores no parecen haber comprendido en toda su profundidad. Él nos enseña no sólo que Marx no ha sido superado sino que, por el contrario, que en su obra existe un enorme potencial teórico que todavía no ha sido explotado.
Por otro lado, nos hace ver que la “ciencia de la historia” descubierta por Marx —porque el marxismo es eso, la ciencia que nos permite comprender las sociedades y su cambio—nada tiene que ver con las interpretaciones dogmáticas del marxismo; que gran parte del camino está todavía por hacerse; que ser marxista no es repetir fórmulas hechas y aplicarlas mecánicamente a realidades históricas concretas sino extraer de las obras de Marx aquellos instrumentos teóricos que permiten analizar en forma creadora nuevas realidades.
Yo debo mi desarrollo teórico fundamentalmente a Althusser.
Él me hizo ver el inmenso potencial instrumental que tenía el marxismo para resolver los problemas sociales que me inquietaban.
Lo primero que logró fue romper en mí el fantasma del determinismo mecanicista del marxismo.
Como católica militante entonces, mi preocupación central era el problema de la libertad del hombre. Su defensa de la dialéctica marxista como un fenómeno antimecanicista, donde la contradicción simple entre las fuerzas productivas y relaciones de producción nada explica si se es incapaz de ver cómo ella está sobredeterminada por otras múltiples contradicciones, me permitió entender que no era contradictorio afirmar a la vez que la sociedad determina el quehacer de las personas, pero que éstas, a su vez, desempeñan un papel en la historia. Ninguna crisis del capitalismo conducirá a su extinción si no existe un sujeto revolucionario que aproveche esa crisis para construir una sociedad alternativa.
Muchos han acusado a Althusser —como me han acusado a mí— de estructuralista, pero yo rechazo esa calificación, salvo que quienes sostengan esto piensen que también Marx es estructuralista.
Si entender la dinámica social a partir de la forma que se estructuran los procesos productivos es ser estructuralista, Marx es estructuralista, y también Althusser, y por supuesto yo como divulgadora de su pensamiento.
¿Se puede ser estructuralista y afirmar el carácter central que tienen la lucha de clases en la transformación de la sociedad como lo señala Althusser en el prefacio a la segunda edición de mi libro: Los conceptos elementales…?
También lo han acusado de antihumanista por que él habla del antihumanismo teórico de Marx y subrayo “teórico”, porque eso es lo que no han entendido sus críticos.
Althusser me enseñó que para resolver los problemas de la gente, Marx no construyó una teoría centrada en reflexiones acerca del hombre, de la persona humana, sino que buscó comprender las leyes que determinan la existencia real de las personas que viven en las sociedades.
Para servir a los hombres reales Marx crea una serie de conceptos científicos: modo de producción, de relaciones de producción, de fuerzas productivas, trabajo concreto, trabajo abstracto, plusvalía, etcétera.
Para poder ser humanista práctico era necesario que teóricamente Marx no fuera humanista, es decir, que no reflexionara sobre el hombre sino sobre la estructura social y su lógica de funcionamiento.
Por eso, según él, los problemas del hombre en el socialismo no iban a resolverse hablando del hombre, de la persona humana, sino afrontando concreta y correctamente los difíciles problemas que surgen en la construcción de todo orden social nuevo.
Por eso también consideraba antimarxista el que se atribuyeran todos los problemas de la entonces URSS a Stalin.
Reconociendo los errores personales de Stalin, lo que había que buscar —para evitar la repetición futura de esos errores— eran las causas económicosociales que explican el porqué del surgimiento de ese culto y de los problemas que entonces vivía la sociedad soviética. Insistía que no bastaba reconocer autocríticamente un error para poder superarlo, sino que había que profundizar en el conocimiento de las razones por las cuales ese error llegó a cometerse, para poder corregirlo. ¿No crees que éstas son reflexiones de mucha actualidad?
Además de lo ya expuesto, Althusser me enseñó el método con que debía estudiar a los clásicos del marxismo, y a otros autores en general.
Me enseñó a “leer”, a leer más allá de lo que una cita dice textualmente, a leerla en su contexto, a leer en profundidad, a deducir de lo que el autor dice, pero también de lo que no dice, su pensamiento profundo.
Sólo de esta manera es posible que nos liberemos del dogmatismo, de la repetición de citas textuales sacadas de su contexto, y que podamos argumentar con razonamientos y no con citas.
Sólo de esta manera se puede desarrollar creadoramente el pensamiento de Marx, extrayendo de las obras de los clásicos un enorme caudal de instrumentos teóricos que serán muy útiles para el estudio de las nuevas realidades que van surgiendo.
Gracias a este método logré reconstruir, por ejemplo, el concepto de clases sociales en Marx.
El capítulo dedicado a este tema es uno de los capítulos inconclusos de El capital. Pero, aunque en ninguna parte de su obra Marx define lo que son las clases sociales, a lo largo de toda ella están presentes los elementos teóricos que permiten darle un contenido conceptual a esa palabra clave para el marxismo.
Me he extendido mucho en responder a la primera parte de tu pregunta, pero era necesario hacerlo así porque Althusser ha sido tan tergiversado que salir en su defensa requiere de un mínimo de espacio.
Ahora, ¿que me separa hoy de Althusser? 
Yo te diría que es el énfasis que hoy pongo en la importancia de la práctica social y del protagonismo de la gente.
-Usted es la primera mujer que gana el Premio Libertador al pensamiento crítico, ¿hay un pensamiento crítico femenino? ¿El suyo lo es?
Yo no creo que un pensamiento se pueda calificar de masculino o de femenino. Yo creo que si yo hubiese usado un seudónimo masculino nadie hubiese podido detectar que ese escrito era el producto de una mujer.
-El Comandante Hugo Chávez, de quien usted estuvo mucho tiempo cerca, dijo que “la Revolución Bolivariana tiene rostro de mujer” y también la calificó de “feminista”. ¿Comparte usted esos criterios?
Antes de responder directamente a pregunta quisiera aclarar que yo nunca fui feminista.
Nunca estudié dicha literatura y nunca me sentí marginada de alguna tarea por ser mujer, pero por supuesto que eso no quiere decir que no exista discriminación hacia la mujer.
En un comienzo yo no era partidaria de las cuotas para mujeres, y me parecía innecesario usar un lenguaje atento al tema de género. Sin embargo, a partir de un cierto momento, en mis escritos empiezo incorporar temas y preocupaciones del movimiento feminista, pero lo interesante es que esa evolución no se debe a un estudio de la literatura feminista sino a que los comandantes guerrilleros que yo entrevistaba en aquel momento habían sido influidos en su forma de pensar por valiosas mujeres combatientes, ellas sí imbuidas del pensamiento feminista y eso se reflejaba en sus respuestas.
Por otra parte, más o menos una década más tarde, fue el presidente Chávez el que me enseñó, también en una forma práctica, a través de sus discursos, cuán importante era visibilizar a las mujeres en el lenguaje. Palabras como: hombres y mujeres, niños y niñas, compañeros y compañeras, amigas y amigos, los y las… pasaron entonces a incorporarse en mis textos. Y ahora cuando oigo algún discurso —y especialmente esto ocurre con los dirigentes sindicales masculinos— en que no se alude a las mujeres, siento que algo falla en esos compañeros.
Llegué también a entender la importancia de la llamada discriminación positiva para permitir abrir espacios a la mujer, aunque a mí me gusta mucho más la fórmula que usa el Movimiento Sin Tierra de Brasil, y que se emplea también en el Estado indio de Kerala para crear condiciones para el desarrollo de la mujer, fórmula que consiste en que en todos los organismos donde hay que elegir representantes: asentamientos, grupos de trabajo, etcétera, se elija siempre a un hombre y una mujer.
Esa práctica —al crear un espacio para la participación de la mujer— ha permitido demostrar que la mujer puede ser igual o mejor dirigente que el hombre.
Luego de este rodeo te respondo: yo creo que cuando Chávez califica a la revolución bolivariana de feminista está pensando en el gran papel que ha jugado y debe seguir jugando la mujer en el proceso revolucionario venezolano y por supuesto que en eso estoy totalmente de acuerdo con él.
 -¿Una revolución femenina es una revolución débil? Uno de los integrantes del jurado (Gianni Vattimo) que calificó su obra premiada dijo a Todosadentro que “El pensamiento débil es el más crítico pensamiento posible”. ¿Cómo siente estas opiniones a la luz de su obra?
Confieso que yo no he leído a Gianni Vattimo y tuve que consultar Wikipedia para saber que se entendía por “pensamiento débil”. Yo no emplearía el término “pensamiento débil” que la palabra de hoy tiene a mi entender una connotación negativa, preferiría hablar de pensamiento flexible, amplio, y en ese sentido ¡claro que un pensamiento con estas características no puede ser sino un pensamiento crítico!
-¿En qué se parece su “mundo a construir” y la Patria socialista que Chávez nos ha propuesto construir desde el denominado Plan de La Patria?
En mi libro incorporo muchas de las ideas del presidente Chávez acerca de la nueva sociedad que debemos construir en nuestra región. Fue el que acuñó el término “socialismo del Siglo XXI” dándole un contenido concreto a este término.
Fue él el que insistió en el protagonismo popular como una de las características centrales de la nueva sociedad: el socialismo del siglo XXI no se decreta desde arriba, se construye con la gente.
Fue él el que aceptó el desafío de empezar a construirlo a partir de la institucionalidad heredada.
¿Por qué te refieres al Plan de la patria donde se combinan una cantidad enorme de propuestas, muchas de las cuales pueden encontrarse perfectamente en programas que buscan dar un rostro humano al capitalismo?
Creo que el presidente Chávez tiene elaboraciones teóricas sobre este nuevo mundo construir mucho más ricas en intervenciones anteriores al Plan de la patria, varias de las cuales cito en mi libro.
 -¿Cuáles son los “nuevos caminos” del socialismo?
Cuando habló de los nuevos caminos lo hago pensando pensando en el tipo particular de transición hacia una sociedad alternativa al capitalismo que se está implementando en algunos países de América latina. En ellos, como dice el libro, no sólo existe una débil presencia de condiciones económicas, materiales y culturales para construir el socialismo, sino que también esta ausente la condición más importante, y hasta ahora considera indispensable: no se cuenta con todo el poder del Estado.
La transición comienza a partir de la conquista del gobierno que es sólo uno de los poderes del Estado. La práctica ha demostrado, contra el dogmatismo teórico de algunos sectores de la izquierda radical, que se puede transformar este Estado heredado en un instrumento para avanzar en la construcción de la nueva sociedad.
Pero hay dos condiciones esenciales para ello: la primera, que ese Estado esté habitado por personas dispuestas a hacer avanzar el proceso revolucionario y, segunda, que estas personas entiendan que deben buscar la colaboración de los sectores organizados del pueblo para controlar su quehacer y presionar para que dichas instituciones se pongan al servicio del proyecto revolucionario.
La transición particular que vivimos implica usar el aparato del Estado heredado para ir construyendo los cimientos de la nueva institucionalidad y del nuevo sistema político, creando espacios de protagonismo popular que vayan preparando a la gente para ejercer el poder desde el nivel más simple hasta el más complejo.
No hay una formula única para este tránsito, ni recetas preestablecidas, no se trata ni de calco y copia, si no de creación heroica como decía Mariátegui.
Se trata de un camino lleno de desafíos.
Respetando el juego democrático hay que hacer frente al enorme poder que todavía tiene la oposición, no sólo económico, sino mediático y cultural, y a todo el apoyo externo con que cuenta.
Se trata de un proceso muy lento que suele desanimar a no poca gente de izquierda.
Por eso es que en el libro yo habló de la necesidad de que nuestros gobernantes hagan lo que llamo “una pedagogía de los límites” del proceso.
Muchas veces se cree que hablarle de dificultades al pueblo es desalentarlo, cuando, por el contrario, si a los sectores populares se les informa, se les explica el porqué no se pueden alcanzar de inmediato las metas deseadas, eso los ayuda a entender mejor el proceso en que viven, a defenderlo y a moderar sus demandas.
Pero esta pedagogía de los límites debe ser acompañada simultáneamente de un fomento de la movilización y la creatividad populares, evitando domesticar la iniciativa de la gente y preparándose para aceptar posibles críticas a fallas de la gestión gubernamental. No sólo se debe tolerar la presión popular sino que se debe entender que es necesaria para ayudar a los gobernantes a combatir las desviaciones errores que pueden ir surgiendo en el camino.
En la segunda parte del libro señalo múltiples iniciativas concretas que puedan irse tomando a pesar de los límites ya señalados.
-¿Cristo y Bolívar son parte de esos “nuevos caminos” del mundo a construir? ¿Dónde está lo nuevo?
Mira, yo creo que hay que distinguir entre los valores socialistas que están presentes tanto en el cristianismo como en Bolívar y la forma concreta en que se debe construir una sociedad para hacer posible la plena expansión de esos valores.
No se si tú sabes que yo fui muy católica, llegué a ser dirigente de la Acción Católica Universitaria.
Sentía la necesidad de amar al prójimo, de resolver el problema de la pobreza, y el marxismo para mí significó el entender que para lograr esos valores, esos objetivos, había que cambiar la lógica de la sociedad capitalista —que se mueve por los intereses individuales y la ganancia— por una lógica distinta humanista y solidaria, lógica que no se construye por predicas, por discursos, sino que se construye creando las condiciones objetivas, estructurales, que permitan que la gente —a través de su propia práctica— vaya construyendo esas relaciones.
Pero para eso hay que conocer científicamente como funciona la sociedad capitalista, qué es necesario transformar y qué medidas concretas hay que adoptar para conseguir los objetivos buscados, y eso no lo encontramos ni en el cristianismo ni en Bolívar, sino en el marxismo que, como te decía, para mí es la ciencia que permite estudiar la sociedad y su cambio.
Lo nuevo en mi libro estaría entonces, fundamentalmente, en los caminos que habría que transitar para materializar esos valores socialistas compartidos.
-Su reciente libro premiado, ¿fue concebido bajo una intencionalidad política o es un ejercicio intelectual de asistencia social colectiva?
Todo lo que yo hago tiene una intencionalidad política, si por política entendemos el arte de hacer posible lo imposible, título de uno de mis libros y frase que muchas veces repitió el presidente Chávez. Y esto no quiere decir otra cosa que el arte de construir las fuerzas sociales que nos permitan ir cambiando la actual correlación de fuerzas a nuestro favor para ser capaces de impulsar los cambios necesarios que nos proponemos como meta. Lo que mi libro busca es colaborar en esa construcción de fuerzas sociales señalando con la mayor claridad posible esa meta —esa utopía que ilumina nuestro camino y que nos permite marchar y seguir luchando a pesar de los obstáculos que se nos puedan presentar—. Pero no basta vislumbrar esa meta, es necesario entender muy bien cómo hay que avanzar hacia ella desde la realidad concreta en la que estamos situados hoy en América Latina. De ahí que el libro busque también señalar las características de una transición particular al socialismo que es la que estamos enfrentando hoy en nuestro subcontinente: se trata —como te decía— de avanzar hacia el socialismo por la vía institucional. Y esto requiere, como diría Simón Rodríguez, “inventar para no errar”. Se habló mucho del pasado de las revoluciones políticas violentas —y cuando hablo de violentas estoy pensando en revoluciones productos de guerras civiles o de guerras antimperialistas— y de los requerimientos para que éstas fueran sus exitosas o que; se ha hablado poco, sin embargo, de las revoluciones pacíficas, de los obstáculos que necesariamente deben enfrentar y cómo se puede ir avanzando por la vía institucional y esto justamente es lo que trato de desarrollar en la segunda parte de mi libro.. Finalmente, en la última parte de mi libro insisto en la necesidad de contar con un instrumento político para poder enfrentar estos enormes desafíos. Como puedes ver, mi intencionalidad política es evidente.

Fuente: Iván Padilla/ Semanario “Todos Adentro”

Entrevista publicada el 18 de julio de 2014 en piensachile.com

jueves, 24 de julio de 2014

MARXISMO Y SOCIOLOGÍA

Lefebvre presenta en este artículo una reflexión alrededor del marxismo y de la definición que la sociología adquiere en su ligamen con el primero. Se explica además brevemente el método dialéctico, en cuanto fundamento del desarrollo de la sociología que permite unificar el rol de las ciencias sociales, en la comprensión de la totalidad (en este caso francesa). Asimismo, Lefebvre establece una serie de vínculos entre la Sociología y la Etnografía, la Economía Política, la Psicología y la Política, con el fin de aprehender las contradicciones que caracterizan la realidad social y fundar así una sociología científica.

Traducción: Roy Alfaro Vargas

Revista de Ciencias Sociales - Universidad de Costa Rica nº142


miércoles, 23 de julio de 2014

La triada ciudadanía-inmigración-exclusión a debate parte 2

El colectivo de inmigrantes es el más vulnerable en esta realidad y desde la perspectiva de género nos encontramos con más barreras que impiden y dificultan el acceso de las mujeres a las oportunidades en el mercado de trabajo puesto que “(…) el empleo es el ámbito fundamental para conseguir una integración satisfactoria” (Martínez, 2006:251). Se sigue careciendo de instrumentos que faciliten el acceso a igualdad de oportunidades a hombres y mujeres a un puesto de trabajo, y a la eliminación de la discriminación como un mecanismo efectivo de contratación ilegal. Dada la manifiesta ineficacia de los gobiernos relacionada con las migraciones pone de relieve, según Rosa Rodríguez (2006), al menos dos cuestiones significativas:
1.     Una relevante “crisis de gestión resolutiva ante las transformaciones de efecto multiplicador derivadas de las mismas” (Rodríguez, 2006:93).
2.     “La ausencia de una verdadera toma de conciencia de la responsabilidad que tiene de sumir las consecuencias de unos cambios sociales que también han contribuido a generar” (Ibídem:93).

En ese sentido podríamos hablar de minorías emigradas como el “colectivo que presenta una clara situación de desventaja, de inferioridad, de marginación, respecto del grupo social del país de destino. Inferioridad que no sólo es numérica, sino que lo es social, cultural, legal y económica” (Marcos, 2012:10). Existe una precariedad en sus condiciones económicas y también en el ámbito de reconocimiento del derecho a la igualdad y los derechos sociales, económicos y culturales. Estas minorías presentan en común dos rasgos, la procedencia por razones adversas (políticas, económicas, etc.), y la lucha por el reconocimiento de los derechos a la igualdad y a la diferenciación cultural.
Los inmigrantes en la mayoría de las ocasiones son invisibilizados por el contexto societal y por sus inherentes carencias naturales (como el lenguaje), como que han de soportar altos niveles de discriminación y xenofobia. Están claramente en una situación de exclusión social estructural, tanto que ni siquiera se relacionan con los movimientos que luchan por sus derechos. Como decíamos anteriormente, la crisis económica y financiera puede servir de excusa vehicular para solapar este debate en nuestras comunidades, con el objetivo de seguir dando voz a estos colectivos y crear las bases en todas las dimensiones de nuestras sociedades, y para impulsar las políticas necesarias en la búsqueda de su plena integración.
Albert Mora afirma que en nuestras sociedades conviven dos tipos de discursos dicotómicos; por un lado se “le exige a los inmigrantes que se integren adaptándose a las pautas culturales, costumbres y hábitos que consideramos propias de las sociedades avanzadas y desarrolladas” (Mora, 2012:1), y por otro, “(…) la construcción social que hacemos del -otro inmigrante- se inserta en estrategias de inferiorización orientadas a marcar la distinción de ese otro con respectos a nosotros mismos” (Ibídem: 1). La participación social y política de los inmigrantes no aparece en el imaginario colectivo como un requisito esencial para la integración y, no obstante, constituye una de las dimensiones fundamentales para lograr la integración ciudadana de este colectivo. El autor subraya la necesidad de garantizar la participación social de los extranjeros en igualdad de condiciones con respecto a los autóctonos, se establece como una condición ineludible para la construcción de una sociedad plural que integre de forma positiva el hecho migratorio.

Tal como subraya Tezanos, cuando confluyen tantos elementos de vulnerabilidad, marginación y rechazo forman un cuadro, que en aspectos generales, “tiende a perfilar en la sociedad española espacios muy diferenciados de pertenencia cívica y de integración” (Tezanos, 2006:35). En cuanto a la relación con la perspectiva personal, da lugar a trayectorias de mayor riesgo de exclusión social.

martes, 22 de julio de 2014

La triada ciudadanía-inmigración-exclusión a debate parte 1

Ya Marshall formuló en el siglo pasado el concepto contemporáneo de ciudadanía en su obra Ciudadanía y clase social (1949), como un estatus que se ha ido adquiriendo con el paso del tiempo y se “ (…) otorga a los que son miembros de pleno derecho de una comunidad” (Marshall, 1997:312), disfrutarán de los mismos derechos y obligaciones. Los derechos de ciudadanía entonces, deberían minimizar las tendencias a la desigualdad que origina la economía de libre mercado.
La incorporación de los derechos sociales al concepto de ciudadanía implicó que toda la sociedad tenía derecho a percibir una renta razonable, independientemente de su posición social. Aunque sí matizando, que estos derechos de ciudadanía y participación palian, pero no suprimen, las desigualdades sociales que conlleva el capitalismo, al legitimar la estatificación social. Sin embargo, al propiciar la redistribución de ciertos recursos públicos, universalizando derechos de educación, de salud pública, etc., pone en entredicho la soberanía del mercado. De ese conjunto de derechos y oportunidades es del que quedan excluidos algunos ciudadanos. La conceptualización de derechos y de responsabilidades está estrechamente imbricada a la idea de ciudadanía.
El desarrollo de la ciudadanía moderna acabaría por producir la reducción y redimensión de la diferencias de clase causadas por la asimétrica posición en la estructura social y económica. Por tanto, el concepto de ciudadanía contemporánea era un mecanismo por el cual se aminoraban las desigualdades producidas por el sistema capitalista, pero no como resorte para suprimirlas. Se infiere así que existe una relación implícita entre desarrollo de la ciudadanía moderna y las desigualdades en las sociedades capitalistas, en tanto que la primera legitima la presencia de la segunda, y lo hace como contraprestación al status de igualdad que se le suponía al ciudadano.
Podemos por tanto entender la ciudadanía como el conjunto de prácticas que definen a una persona como miembro de pleno derecho de una sociedad. En primer lugar, por su sentido formal, como la persona poseedora de un pasaporte expedido por el Estado y/o en segundo lugar, de un modo sustantivo, como el conjunto de derechos que tienen “todos” los miembros de una comunidad política. De todo esto subyace una cuestión fundamental, que sitúa la triada ciudadanía, inmigración y exclusión que da título a este capítulo, como una ecuación irresoluble. El inmigrante no es un ciudadano de pleno derecho, porque lo condiciona la legislación vigente, aquella que lo diferencia en mayor medida a los autóctonos, lo excluye. Por ello, se puede evidenciar la emergencia de nuevos procesos de exclusión social, en virtud de los cuales “algunas personas y grupos sociales se ven apartados y excluidos de la conquistas sociales que definen el patrón de diudadanía establecido en el horizonte histórico” (Tezanos, 2008:150).
Nos encontramos con una perversa paradoja, donde en la medida en que crecian los derechos de los ciudadanos bajo la protección del Estado de bienestar, no lo hacía con la misma intensidad para los inmigrantes. Y actualmente donde se están diluyendo y desapareciendo todos estos logros sociales, de igual manera, son los inmigrantes los más afectados una vez más, infraclasificados. Son por tanto, una parte de la ciudadanía que está apartada y olvidada, aunque constitucionalmente existente. Es una omisión que priva de derechos y oportunidades económicas, sociales, culturales, y por supuesto, jurídicas y políticas a una parte muy considerable de la sociedad. Tal como afirma Tezanos se puede establecer un paralelismo de la sociedad de nuestros días, con la polis ateniense donde los esclavos y metecos tenían una reglamentación jurídica y social diferenciada, o de igual modo, con la estigmación de los “intocables” en la India, como paradigma de excluidos absolutos. Se está consiguiendo normalizar esta diferenciación, y exclusión de los “otros inmigrantes”, y lo hace como resultado (y excusa) de las consecuencias que está produciendo esta crisis económica y financiera, que lo es igualmente de valores, de ética y de moralidad.
La inmigración de nuestros días se diferencia de otras épocas, por su interdependencia a escala global. Ya no existen países emisores y países receptores, ya todos comparten ambas condiciones, “no podemos dejar de tener presente que las migraciones actuales son resultado de una de las graves paradojas de la dinámica capitalista de nuestros días” (Rodríguez, 2006:93). En este contexto multifactorial, la globalización enlazada con el renovado discurso neoliberal, implanta una fagocitadota lógica competitiva, agudizando los riegos y efectos de esta tendencia macroeconómica impuesta por la mayoría de las instituciones políticas y económicas en el ámbito internacional. Las consecuencias del incremento del desempleo se exteriorizan en más desigualdad y agudización de la estratificación social. La exclusión social por tanto, obedece a unas características subordinadas a las coyunturas laborales, económicas, legales, relacionales y socio-políticas.

La interdependencia económica y la movilidad de los principales factores productivos, crean una situación de mejoras en eficiencia, productividad y tecnología generando incrementos netos de riqueza a escala global, pero no dice nada sobre la distribución ni de la equidad como principio organizativo. El aumento de las diferencias entre países ricos y pobres, el deterioro del medio ambiente, la pérdida de capacidad adquisitiva por parte de los trabajadores, etc., son efecto, según Iñigo de Miguel (2012), de la brecha que ahora mismo existe entre la organización del sistema económico y la que corresponde al poder político. Este autor formula una serie de interrogantes analizando la relación que existe entre la globalización, como hecho, y el globalismo como ideología que sustenta el fenómeno, con la aparición de los grandes flujos migratorios.

lunes, 21 de julio de 2014

Inmigración, mujer, empleo y exclusión social Parte 2


A continuación se recogen algunas aportaciones dentro del objeto de estudio de referencia de mi Trabajo Fin de Grado. Una aproximación a una parte de la amplia documentación existente, que sirve para revisar algunas dimensiones estrechamente relacionadas. Más allá de articular una síntesis del conocimiento académico existente, pretende servir como fundamento específico para el proyecto de investigación. Una forma para poder obtener una discusión permanente con estos autores y alcance de sus conclusiones.

3.4.-Emprendeduría

El Libro Verde de la Comisión Europea (2003) sobre el espíritu empresarial, lo define como “la actitud y el proceso de crear una actividad económica combinando la asunción de riesgos, la creatividad y la innovación con una gestión sólida en una organización nueva o en una ya existente”. En una sociedad en la que el acceso a la independencia económica y el reconocimiento social se vehicula a través del trabajo remunerado, los inmigrantes se enfrentan a una serie de barreras asociadas a su situación. Podemos concebir la migración internacional como un proceso interno del sistema global que está en contínua transformación.
Algunos autores argumentan que dentro de la conducta emprendedora hay que diferenciar “dimensiones corazón” y “dimensiones periféricas” (Brunet, 2009:87). Las dimensiones corazón serían identificar oportunidades, asumir riesgos y crear una nueva empresa. Por su parte, las dimensiones periféricas consistirían en obtener recursos y utilizarlos eficientemente, realizando innovaciones. De esta forma, las dimensiones corazón proporcionan una definición vertebrada que especifica las condiciones mínimas para hablar de conducta emprendedora. Mientras que las dimensiones periféricas describen esa misma conducta, eficaz y eficiente que permite lograr el éxito en la creación y gestión de una nueva empresa. Ambas dimensiones pivotan y giran en torno a los mecanismos de mercado autorregulados hasta el punto de ser absolutamente dependientes de éstos.
Otros autores sugierendos cuestiones bastante simples y cotidianas para explicar las variaciones en el comportamiento emprendedor entre comunidades de inmigrantes” (Rodríguez, 2007:36). En primer lugar, dicho comportamiento podría deberse a los altos niveles de autoempleo que se dan en las comunidades de origen, lo que muestra la importancia que sobre éste puede tener la experiencia empresarial previa. En segundo lugar, a que los inmigrantes tienden a concentrarse en aquellos Estados o países en los que existen mayores incentivos dedicados a la creación e iniciativa empresarial, por lo que es más probable que acaben creando su propio negocio.
3.5.-Perspectiva de género

Centrados en la perspectiva de género, multitud de estudios han advertido la creciente relevancia de la participación femenina en los flujos migratorios internacionales. Se han analizado las razones que originan estas migraciones, la función de la atracción que desempeña el mercado de trabajo, las relaciones de género que subordinan las migraciones familiares como las consecuencias económicas y culturales que “favorecen nuevas formas de organización social, en los países de acogida y en los propios países de origen de las migrantes” (Domínguez, 2011:101). En Canarias nos encontramos con la particularidad de la vinculación histórica del archipiélago, con las costas occidentales de África, y específicamente con la comunidad senegalesa. En el estudio Migraciones de mujeres y perspectiva de género: senegalesas en Canarias elaborado por J. Domínguez indica una cierta feminización en la inmigración senegalesa y la presencia de varias generaciones, lo que muestra el grado de cohesión de este grupo, “frente al carácter más masculinizado y menos consolidado de la comunidad senegalesa en el conjunto de España” (Ibídem: 101). Este autor subraya la importancia de la migración independiente o familiar de las senegalesas, su participación en el mercado de trabajo y el grado de autonomía personal obtenido.
También se ha constatado la precariedad en la ocupación de estas inmigrantes, “que sustituyen a las mujeres autóctonas en empleos poco cualificados y mal pagados” (Guerra, 2006:49). Esta realidad las ha mantenido durante mucho tiempo, totalmente invisibles, en un subsector juzgado como marginal en la estructura ocupacional (servicio doméstico, limpieza, cuidado de enfermos, etc.), además de la inherente incertidumbre que acompaña a estas ocupaciones. La singular economía canaria además promueve una especialización terciaria relevante referente a la ocupación femenina en el mercado laboral, “pues a la feminización del sector servicios se añade la propia terciarización de la estructura productiva de Canarias” (Ibídem:55). Sin embargo, la realidad es que el papel que asumían hasta hace pocas fechas las inmigradas en cuanto a facilitar la participación de la mujer autóctona en el mercado de trabajo formal, deben situarse en el foco de atención en cuanto conocer qué está ocurriendo en estos momentos con este fenómeno.
La feminización de la pobreza en la tierra está íntimamente relacionada con la feminización de la emigración transnacional, así lo sostiene Raquel Guerra en su artículo La inmigración extranjera desde una perspectiva de género. La mujer inmigrante del siglo XXI en Canarias, “cuando la decisión de emigrar responde a razones de supervivencia y el país importador exhibe aspectos atractivos, todo obstáculo a la migración es inevitablemente vencido” (Guerra, 2006:53). Estos procesos migratorios, tal como apuntamos antes, suelen estar relacionados a estrategias familiares, por lo que no deben reducirse a sólo un acto de autonomía personal. Es por ello que siendo África un continente donde la mujer posee un papel relegado en el seno de la estructura social, es muy significativo que no se traduzca en un menor porcentaje de estos movimientos migratorios. Tras el boom migratorio de 2006-2008, la emigración senegalesa hacia Canarias ya es mucho menor, casi residual comparándola con esa etapa. La emigración se apoya en redes sociales que se movilizan o no, en función de la apertura del mercado de trabajo, y en estos momentos es notorio que son frenadas por el contexto económico actual.
Mercedes Jabardo afirma que actualmente impera la lógica de la modernización occidental, y sostienen que hasta los intelectuales africanos piensan que su futuro pasa por incorporarse a las lógicas europeas y a su modelo económico. Jabardo propone aplicar el modelo teórico de la economía política al análisis de las migraciones contemporáneas en su estudio Las lógicas de la inmigración senegalesa en España, y lo hace combinando una perspectiva histórica y multisituada: “el estudio de las instituciones y de las estructuras macro con un enfoque centrado en los actores sociales” (Jabardo, 2011:87). Esta autora afirma que se produce una paradoja: un discurso cada vez más presente en Europa, en la necesidad de repensar la economía como se ha estado haciendo hasta ahora. Es África la que puede ofrecer modelos alternativos para pensar lo económico, donde emergen lógicas de la reciprocidad y la redistribución de las que carece Occidente, como los salarios colectivos o las asociaciones rotativas de ahorro observadas por Rossander en su investigación en Canarias. Repartos que generan multitud de redes básicas allí donde no existe el Estado de bienestar. Así lo afirma igualmente Esther Massó en su estudio Migración Senegalesa en España: (Matrias) de hospitalidad y cosmopolitismo,  “los pueblos (o matrias) africanos, (…) presentan unos valores y un bagaje cultural interesantes para aportar soluciones a los problemas contemporáneos. Su experiencia de la migración, (…) componen un mosaico de valores y tradiciones culturales especialmente pertinentes en el paradigma civilizatorio de la globalización que vivimos hoy (…)” (Massó, 2011:1163).

3.5.1-Cosmopolitas y locales

La antropóloga Eva Ever Rossander ilustra a través del texto titulado Cosmopolitas y locales, un preciso análisis que traza tres dimensiones fundamentales para comprender a los/as nuevos/as migrantes (transnacionales) en este contexto: la feminización de la inmigración senegalesa, la lógica transnacional en las prácticas de las inmigrantes senegalesas, y por último, la estructura de integración en las dinámicas locales.
La mujer senegalesa abraza las costumbres cosmopolitas, en tanto en cuanto éstas fomenten sus propios intereses económicos, se constituyen como empresarias dinámicas, con evidentes competencias para lo cultural y social. Por lo tanto, Ever Rossander subraya que la mujer está entrenada y socializada desde pequeñas a cuidar y mantener relaciones duraderas con otra gente. Donde el estatus económico y social genera respetabilidad y provee a las mujeres una posición prestigiosa, se guían por “ideales y definiciones de bienestar económico (…), que en parte coinciden con criterios globales de éxito económico y hábitos/esquemas de consumo” (Rossander, 2006:126). Por lo que la “integración de lo público con lo privado, lo profano con lo sagrado y lo moral con las realidades de la vida es más cosas de las mujeres que de los hombres” (Ibídem:129). Afirma Ever Rossander que el “estatus económico y social genera respetabilidad y proporciona a las mujeres una posición prestigiosa entre su comunidad de origen” (Jabardo, 2006:121). Señala esta autora cómo todo está “centrado alrededor del dinero: ganar, ahorrar e invertir” (Ibídem:121). Mujeres con ambiciones y estrategias comerciantes que le han permitido integrase en la comunidad local, desde una independencia y libertad de acción notablemente mayor que hubiera sido el caso de su país de origen.