domingo, 27 de mayo de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 44


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



G. MAZZINI Y LA UNIFICACIÓN ITALIANA.

G. Mazzini (1805-1872) fue uno de los principales protagonistas del desarrollo del discurso nacionalista durante el siglo XIX, y no sólo porque fuera uno de los principales instigadores de la unificación italiana, que lo fue, sino porque su pensamiento fue una síntesis entre el nacionalismo político y el cultural, lo que lo convertiría en un referente intelectual del pensamiento nacionalista de su tiempo y de los posteriores.

Pero hay que tener en cuenta que una vez concluido el proceso de  unificación el pensamiento de Mazzini no se tuvo muy en cuenta a la hora de construir el Estado-Nación italiano, pero fue, sin duda, muy importante para iniciar el proceso revolucionario contra el Imperio Austríaco y fue lo suficientemente sólido como para que el pueblo italiano pudiera desarrollar una conciencia nacional lo suficientemente importante como para aceptar este proceso.

En el pensamiento de Mazzini podría sintetizarse que el Estado italiano debía ser liberal y democrático, ya que  el ser humano solo podría desarrollarse plenamente en cuanto a su autonomía y su capacidad creativa bajo estos valores, a la vez que sólo bajo un Estado la nación podría desarrollar su sentido social de asociación para fomentar su propio bienestar y progreso. Mazzini era partidario de que cada nación tuviera su Estado, ya que era, en su opinión, la forma natural de que el ser humano pudiera canalizar su progreso moral, el ámbito principal en el que el ser humano debía desarrollarse, más allá de que también se pudiera desarrollar en el ámbito económico o social, a la vez que eso supondría el final del Imperio Austríaco, el invasor de Italia.

Para él, la nación era el paso intermedio entre el individuo y la humanidad. Apostó por una Europa de naciones. Fundó el movimiento La Joven Italia (1831) para canalizar el independentismo italiano y quiso que este tipo de organizaciones se extendiera por Europa a los países que vivían dentro de los imperios, para poder cumplir su deseo de crear una Europa de naciones libres.

Tenía muy claro el papel de Dios en el proceso de construcción de naciones, cuando afirmó “estamos escalando una pirámide cuya base abraza la tierra, y cuyo vértice se levanta hacia Dios. La subida es lenta y penosa, y podemos realizarla sólo uniendo nuestras manos, uniendo nuestras fuerzas, cerrando filas, como la falange macedonia, si uno de nosotros cayera exhausto por la fatiga. En esta necesidad reside la legitimidad de la democracia, de sus aspiraciones hacia la emancipación, la mejora, la cooperación de todos”.

En esta idea de progreso, la nación jugaba para Mazzini un papel esencial. Primero porque la nación “es misión y deber común”, la nación era para él “un instinto que Dios infundió en vuestro corazón (el de los italianos), una voz que os llega del sepulcro de vuestros mayores, un signo que la naturaleza poderosa de Italia marcó en vuestra frente y en vuestra mirada, os dice que sois hermanos, llamados a tener una única bandera, un solo pacto, un solo templo, en lo alto del que resplandezca, con caracteres visibles a todas las gentes, la misión italiana, el encargo que Dios encomendó a la nación italiana para el engrandecimiento de la humanidad”.

De esta manera se conjugaban los dos tipos de nacionalismos que se habían desarrollado en Europa. Uno por mandato divino que hizo de Italia un pueblo elegido para mostrar al mundo su capacidad y su creatividad a través de la cultura; y desarrollando la ecuación Estado=nación=progreso en el que el Estado sería el instrumento modernizador bajo el que se lograrían las conquistas sociales y morales, principalmente la libertad; y relacionando el nacionalismo con la idea ilustrada de progreso, pero además con algunos elementos culturales propios del discurso de Fitche. La cultura italiana, con el Renacimiento como referente, mostró la unidad de origen, para luego relacionarla con la misión divina encomendada al pueblo italiano. Los conceptos de familia, nación y humanidad se asemejaba a un discurso conservador y tradicional que a una ruptura con lo anterior. El sentimiento nacional era algo intrínseco del ser humano “El hombre está en el mundo para continuar con la raza humana, no para refundarla”. Atacó a Saint Simón, Fourier, a sus seguidores y en general a todo el socialismo, por romper los lazos con el pasado, porque, para él, el sentimiento nacional era algo intrínseco a los ciudadanos de cualquier período, con lo que el socialismo, como el absolutismo, se alejaba de la idea de progreso, porque destruían al individuo como sujeto creador y moral y en el caso del socialismo, no tenían en cuenta la sociedad en la que se desarrollaba. Su nacionalismo no aspiraba a romper con todo lo anterior, pero si darle un nuevo sentido a la vida del ser humano. La humanidad tenía una historia de la que debía aprender y desde la que debía avanzar hacia el futuro, y lo haría mediante el desarrollo lógico que ofrecía la escala de la que formaban parte la familia, la nación y la humanidad.

LA NACIÓN Y EL LIBERALISMO INGLÉS.

En Inglaterra, el fenómeno del nacionalismo como idea política recurrente para la construcción del Estado-nación moderno fue un hecho que ya tuvo su importancia antes de la Revolución francesa. Desde la revolución de 1688, en Inglaterra, el liberalismo se consolidó a través de la filosofía de J. Locke, y su relación con la construcción del Estado moderno ya era muy estrecha durante buena parte del siglo XVIII. En Inglaterra, la conjunción entre el Liberalismo, Parlamentarismo y construcción del Estado se convirtió en un precepto innegociable en los años posteriores. Por ello en Inglaterra, el nacionalismo, como idea política del continente europeo se convirtió en un objeto de estudio por parte de filósofos y especialistas, que se centraron en su relación con el liberalismo y la construcción del Estado-nación moderno.
La obra de J.S. Mill nos indica el interés que el nacionalismo despertó en los círculos académicos ingleses. En sobre el gobierno representativo, definió la nación como:

“(…) la reunión de hombres atraídos por simpatías comunes que no existen entre ellos y otros hombres, simpatías que les impulsan a obrar de concierto mucho más voluntariamente que lo harían con otros, a desear vivir bajo el mismo gobierno y a procurar que este gobierno sea ejercido por ellos exclusivamente o por algunos de entre ellos” y afirmaba que las causas de estos sentimientos eran por “identidad de raza y de origen; frecuentemente contribuyen a hacerle nacer la comunidad de lenguas, otras las de religión” con lo que se tenían identificados los rasgos principales que distinguieron a los dos nacionalismos que se habían desarrollado en los años anteriores. En primer lugar, su relación con la construcción del Estado-nación moderno bajo la soberanía nacional, una de las características principales que definían a la nación, pero también el sentimiento de solidaridad intergrupal existente entre individuos de una misma raza, que aquí tiene un sentido estricto, con una misma lengua o algún otro elemento que denote un mismo origen, ya fuera histórico o mítico, propios del nacionalismo cultural, que fue derivando a una nacionalismo de corte radical e integrista propio de los partidos conservadores y reaccionarios de los diferentes países de Europa.

Lo que le preocupaba a J. Stuart Mill, no eran los nacionalismos, sino la construcción del Estado-moderno, y de cómo el liberalismo sirvió de ideología dominante para tal propósito, desarrollando valores como la igualdad y la libertad y el ejercicio de soberanía por parte del ciudadano el ejercicio de la acción de gobierno por parte del Estado. Coincidía con los postulados anteriores de Mazzini de la creación de un Estado para cada nación, ya que en su opinión “las instituciones libres son casi imposibles en un país compuesto por nacionalidades diferentes, en un pueblo donde no hay lazos de unión, sobre todo si ese pueblo lee y habla distintos idiomas”. Era bastante escéptico a que en esta situación, tanto la administración, las instituciones y un gobierno representativo o que los ciudadanos pudieran ejercer la soberanía nacional, porque entre otras cosas el Estado contaría con la deslealtad de algunos ciudadanos, de los que se sintieran en inferioridad.

Para J.S. Mill cuando un pueblo no tenía la preparación suficiente era necesario que se estableciera un gobierno de transición, una dictadura, y retrasar un gobierno representativo. En este período, el gobierno británico estaba creando un imperio colonial muy importante en América, África, Asia y Oceanía, y a este respecto afirmó:

“…este sistema de gobierno es tan legítimo como los demás, si es el que, dadas las condiciones de pueblo sometido, facilita su elevación a este a un rango superior. Hay (…) condiciones sociales en que un despotismo vigoroso es en sí el gobierno que antes inculcará al pueblo las cualidades particulares que le faltan para ser capaz de una civilización superior”.
Para ello, el gobernante debía ser un buen déspota que produjera  el bien de los pueblos atrasados. Se empezaron a establecer diferencias de grado entre individuos, estableciendo diferencias de capacidad entre razas, resaltando la superioridad de unas sobre otras, elemento que se convirtió en parte del nacionalismo en el último tercio de siglo.

Lord Acton
Lord Acton (1834-1902) y otros intelectuales discrepaban con Mill; pronto captaron el poder revolucionario del nacionalismo, pero también su posible deriva integrista como así lo plasmó en su obra Nationalism (1862) donde reflejaba la alianza liberalismo nacionalismo, pero que también el nacionalismo podía ser una ideología contraria a éste. Por ello era partidario de separar la el desarrollo de la acción de gobierno y la construcción del Estado, de la cultura y la lengua de los ciudadanos. Así, lo que para algunos era el ejemplo de convivencia imposible de nacionalidades distintas, el imperio Austro-húngaro, para Lord Acton era la prueba clara de que todas las nacionalidades podían tener cabida en un Estado.

Lo que Lord Acton percibió fue el carácter esencialista e integrista del principio de unidad nacional que habían promulgado Mazzini o J.S.Mill. Por eso para él una cosa era la política y otra la cultura y  el hecho de que el Imperio Austro-húngaro perviviera y su gobierno evolucionase hacia una forma de Estado liberal cosmopolita significaría el éxito del liberalismo y de la convivencia de los ciudadanos. A esta percepción contribuyó el hecho de que Lord Acton era un  cosmopolita, hijo de un diplomático. Nació en Italia y se educó en Alemania e Inglaterra y gran viajero con una gran inquietud intelectual. Pensaba que el nacionalismo étnico era un problema de falta de formación, de libertad y de instituciones liberales. Para él las diferencias culturales eran un signo de riqueza intelectual y no causa de problema político; a diferencia de J.S. Mill, la variedad de culturas nacionales era fuente de riqueza y éxito de convivencia.

Para Lord Acton y J.S. Mill su preocupación era el desarrollo del liberalismo y su papel para construir el Estado Moderno.

sábado, 26 de mayo de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes parte 43


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



EL NACIONALISMO ALEMAN CULTURAL. EL CASO DE ALEMANIA.

En 1807, Napoleón invadió Europa central, poniendo fin al Sacro Imperio Germánico, ocupando los territorios  gobernados por príncipes alemanes. En ese momento no existía un Estado alemán, pero sí existía una cultura y una literatura en alemán con la que se identificaban un buen número de personas.
Ante la derrota, la reacción de la élite cultural alemana fue inmediata y tuvo como principal protagonista a J.G.Fitche, quien en Discursos a la nación alemana conjugó las ideas del romanticismo alemán, influenciado principalmente por J. Herder (1744-1803), F Schelling (1775-1854) o F. Holderling (1770-1843, del irracionalismo, principalmente de G. Hamman (1730.1788) y su crítica a la razón como fuente de conocimiento de la naturaleza, con sus influencias pietistas acerca del significado de la identidad nacional y de la nación alemana. Fitchte, reivindicó la existencia de la nación alemana por la existencia de una cultura y una lengua propia, el renacimiento literario de años anteriores, era para él el elemento principal a partir del cual se forjaba el espíritu alemán. Fitche entendía la lengua como la manifestación de que el pueblo alemán tenía una cosmovisión, un modo de vida y una visión propia del mundo. Como señaló R. Safranski, la lengua era un elemento otorgado por Dios al pueblo alemán para demostrar su superioridad sobre el resto; coincidiendo con  F. Schiller (1759-1802), Novalis (1772-1801) y otros.
J. Herder (1744-1803) antes que Fitche, resaltó la existencia de un espíritu alemán, pero no reivindicaba un estado alemán pues veía con recelo el hecho de que el mundo pudiera estar dividido en Estados, ya que lo encontraba nocivo para el desarrollo del espíritu humano. Lo importante para él, era que el hombre fuera coherente con la misión que Dios le había encomendado. Apostaba por un mundo dividido en naciones, pero culturales que no se debían corresponder con un Estado, todas con lengua propia y creación literaria que manifestara su espíritu y su creatividad. Para ambos la lengua significaba que Dios había conferido al pueblo alemán la idea de progreso en forma de cultura alemana. La existencia de la lengua alemana justificaba la existencia de la nación alemana, y que el pueblo alemán tenía una misión divina que debía llevar a cabo.
La nación alemana era un hecho que venía otorgado por Dios, un hecho que se tenía y que servía para diferenciar a los alemanes del resto de los hombres. Sobre la derrota ante Napoleón, Fitche argumentó que la nación alemana se encontraba en declive, que había perdido su espíritu, sus valores, su cultura y recuperándolos volvería a tener en el mundo el lugar que le pertenecía.
Sobre estas bases Fitche desarrolló un nacionalismo cultural, de tipo étnico y esencialista, con la idea de recuperar la cultura alemana como elemento del espíritu alemán, y también como elemento de movilización política frente a los valores que personificaba la Francia de Napoleón. El hecho de que pudieran estar gobernados por un gobierno extranjero, fue la causa de la obra de Fitche y la base para demandar la creación de un Estado alemán que garantizara la pervivencia, la autonomía y la autoexpresión de la nación. Para él, sólo con la creación de un Estado la Nación podía desarrollarse y expresarse. En su conferencia recalcó “Voy a hablar puramente para alemanes, de cosas alemanas, sin cuidarme de las castas que sucesos desgraciados han producido, siglos ha, en esta nación” y continuó diciendo que
“La característica del alemanismo consiste precisamente en impedir nuestra fusión con cualquier pueblo extraño, y nuestra confusión con él, y en crearnos una nacionalidad independiente de todo poder ajeno (…) Mi espíritu, de quien emanan estos discursos, ya ve esa Nación perfecta en que cada ciudadano ha de mirar como suyo propio el destino de los demás; esa Nación puede y debe formarse, si queremos evitar nuestra ruina; mi espíritu la ve aquí nacer, desarrollarse y aparecer al fin completamente realizada”,
La conciencia de tener un origen, una historia, una lengua, una cultura y una voluntad de un futuro común se tomó como elemento movilizador de la nación alemana contra el racionalismo y el universalismo francés. Para Fitche, la nación era un grupo vivo y activo a la hora de llevar a cabo la misión que se le ha encomendado. La identidad nacional se reflejaría así en un pasado común, pero también en una acción para un futuro en común. Fue esto lo que identificó como volk, ser coherente con lo que uno es y no perder su propia esencia como individuo dentro del grupo, porque ésta era otra de las características a destacar de este tipo de nacionalismo. La cultura define a la nación y el individuo que forma parte de ella se define en la medida en que posee esta cultura. Entonces la nación definía al individuo.

LA CONCIENCIA NACIONAL Y LA CONSTRUCCIÓN DE NACIONES.

El siglo XIX se caracterizó por el proceso de construcción de naciones y al desarrollo del Estado-Nación siendo el liberalismo la tendencia que adquiría más fuerza, aunque no la suficiente para derrocar a los imperios pero si para socavar su autoridad. Revoluciones de 1830 y 1848, la independencia de Grecia y Belgica.
A la altura de 1848, los dos tipos de nacionalismo, político y cultural, eran ya ideas recurrentes y movilizadoras. Francia con la llegada de Napoleón III y el nacimiento del II Imperio; y Alemania con la creación del Estado en torno a Prusia, debido al fracaso de la revolución de 1848 el nacionalismo alemán se vinculó definitivamente al autoritarismo prusiano.
En la medida en la que el Estado-nación se hiciera más fuerte el desarrollo económico sería mayor. El desarrollo del capitalismo, la industrialización y el Estado como institución directora de los procesos de modernización fueron elementos que contribuyeron a la industrialización y al desarrollo económico de la zona. Ideada por F. List (1789-1846) se creó una unión aduanera, el Zollverein, entre los principados alemanes, que ayudó a tener una conciencia en común del significado de la nación alemana y sería la base de las fronteras alemanas; entró en vigor en 1834 y tuvo gran importancia para el desarrollo industrial de la zona. Este proyecto tuvo su origen en las medidas liberalizadoras impuestas por Napoleón con la promulgación del Código Civil francés, pero a la larga sirvió para la unificación alemana, una de las más claras intenciones de F. List cuando ideó el proyecto.
El éxito económico del proyecto, unido al mito en que se convirtió el discurso de Fitche y el desarrollo del determinismo hegeliano fueron elementos muy importantes iniciando la recta final hacia su unificación.
El fracaso de la rebelión de 1848 dejó claro que si el proceso estaba en marcha, pero que se llevaría a cabo bajo la dirección del gobierno prusiano. Lo que implicaba el abandono del liberalismo como idea directora del proceso, ya que el Estado prusiano se caracterizó por su autoritarismo,, su rigor y la eficiencia. Como en su día reflejó A.J.P. Taylor, la revolución liberal trajo a los países europeos el sufragio universal, mientras que a los ciudadanos de Prusia les otorgó el servicio militar obligatorio.
A partir de 1848, Prusia pudo conquistar Alemania la ayudó que con el Zollverein, los príncipes alemanes y principalmente el rey de Prusia, habían fortalecido su poder, así pues los príncipes consideraron la idea de que Prusia debía ser la pieza angular del proceso de unificación alemana.
En la década de los años cincuenta los problemas nacionales se encontraban en el seno del imperio austriaco y en Rusia. También la cuestión polaca, que desde su desaparición como Estado estará presente en los círculos intelectuales de Europa; como también los intelectuales alemanes e italianos pedían la creación de un estado propio. En los Balcanes había nacionalismo que afectaba a la soberanía del Imperio Austríaco y el Imperio Otomano.
El siglo XIX se caracterizó por el desarrollo de los procesos de modernización, la construcción de naciones y el desarrollo de los Estados modernos; pero a partir de los cincuenta se difuminaría la diferencia entre nacionalismo político y cultural, y se toma conciencia del potencial de socialización que tenía el nacionalismo. Con lo que se va a potenciar el discurso nacionalista y nacionalizador, como fue el caso de la enseñanza obligatoria o la aparición del servicio militar para que se consolide el poder del Estado; complementado con el desarrollo de los medios de comunicación que ya tienen un peso importante en la sociedad, desarrollo del transporte y avances científicos, elementos todos ellos que van a conformar una cultura nacional interpretada como elemento de socialización como propagandístico para resaltar las virtudes del espíritu nacional.

viernes, 25 de mayo de 2012

Mujeres "de dudosa moral", mujeres "bajo sospecha"

PAULA DÍAZ MADRID 25/05/2012
Mujeres "de dudosa moral". Así eran calificadas por la dictadura franquista todas aquellas mujeres que se atrevían a desafiar las normas impuestas por la Iglesia católica y la Sección Femenina. Ellas, especialmente ellas, fueron violadas, maltratadas y vejadas por las fuerzas de seguridad del Régimen. A veces, por el único motivo de ser la mujer, la hermana o la hija de algún militante republicano. Por si eso fuera poco, la propia moral social de la época empujaba a todas las del género femenino a ser, únicamente, buenas madres y esposas. Todas las demás eran "Mujeres bajo sospecha". Ese es el nombre que la socióloga de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Raquel Osborne ha elegido para titular la extensa investigación que ha coordinado y que versa sobre la sexualidad femenina de aquella época (1930-1980).

El libro, titulado Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (Ed. Fundamentos) recoge tres años de trabajo de numerosos investigadores que pretenden dar a conocer que, pese a las trabas, existían otros modelos de mujer ajenos a los dictados del dictador.

"Decidimos empezar esta investigación cuando nos dimos cuenta de que había un espacio que cubrir tanto en el tema de la Memoria Histórica como en el mundo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales)", explica Osborne. "En el primer ámbito no se trataba la sexualidad, y menos la femenina; en el segundo, los hombres gays tienen más reconocimiento -aunque sea negativo- que las mujeres lesbianas porque ellos fueron más reprimidos durante el franquismo", continúa la socióloga.

Por todo ello, los investigadores recopilan testimonios de cómo las mujeres lesbianas se las apañaban para burlar al Régimen, destapan temas tabú como la masturbación femenina o recuerdan cómo las monjas que atendían en las cárceles y la propia escuela contribuyeron a fomentar la represión de la mujer.

"Franco, en su búsqueda de legitimación de su sistema -que no era como el nazi porque los fascismos italiano y alemán habían ganado elecciones, no como él- adopta el catolicismo como modelo represivo", explica la antropóloga Dolores Juliano en el documental que acompaña la investigación. "Así, los hombres son castigados bajo el modelo fascista, mientras las mujeres son reprimidas con el modelo católico: ellas no delinquen, ellas pecan", sentencia Juliano.

"A las presas políticas se las intentaba recristianizar en las cárceles, que estaban gestionadas por las monjas", especifica la antropóloga. "Las mujeres que cometían el delito de salir del espacio sagrado de su casa no eran rojas ni marxistas, sino mujeres "de dudosa reputación", igual que las delincuentes y las prostitutas", detalla también el psiquiatra y escritor Enrique González Duro.

Desmontando estereotipos y tabúes

El sociólogo Jordi Monferrer, por su parte, destapa uno de los históricos temas tabú de la sexualidad femenina: la masturbación. Para ello, cita un estudio del doctor Ramón Serrano Vicéns (uno de los primeros sexólogos españoles) en el que recuerda estereotipos como los distintos significados del adjetivo "ardoroso". "Aplicado a un hombre es algo bueno, pero si se aplica a una mujer es un sinónimo de puta", declara Monferrer.

"La mujer estaba pautada por los códigos de conducta [establecidos, principalmente por la Sección Femenina] para que estuviera continuamente en estado de sumisión", denuncia también la investigadora Pura Sánchez. "Se les indicaba desde cómo poner la mesa hasta cómo vestirse, cómo hablar...", enumera. "Segun sus comportamientos, eran divididas en individuas y sujetas versus señoras y señoritas", detalla Sánchez.

Todas estas declaraciones están recogidas, además de en la edición en papel, en un documental que completa la investigación. La realizadora Cecilia Montagut es la creadora del proyecto, que muestra algunas de las conferencias del seminario Memoria y sexualidad de las mujeres bajo el franquismo, en el que participaron los protagonistas del estudio.

Una de ellas es Luisa Salmerón, que relata cómo las mujeres lesbianas utilizaban "códigos ocultos" para reconocerse. "Nos preguntábamos: ¿Tú también eres librera?", recuerda. Además, Salmerón recupera los espacios de encuentro entre las personas LGTB como las tertulias que tenían lugar en el café La Cubana, o los baños orientales en la playa de la Barceloneta.

Asimismo, "para liberarse" y librarse "no de la cárcel, sino de los campos de concentración", salían de acampada acompañadas de otros "libreros" para simular que eran parejas heterosexuales que se iban de vacaciones.

A pesar de todos los impedimentos, Luisa consiguió tener un hijo con su pareja (otra mujer) gracias a una pareja de amigos gays que las ayudaron para librarlas de la etiqueta de "madre soltera". A las críticas del posible daño que pudiera haber sufrido la criatura, Salmerón responde rotunda: "Mi hijo siempre ha dicho tranquilamente que tiene dos mamás".

Respecto a sí misma y a su pareja, Luisa todavía muestra su incomprensión hacia el Régimen: "¿Por qué se tenía que meter Franco con con quién me acostaba yo?". "Nosotras no éramos políticas, sólo gente de bien que se quería", sentencia. Y concluye su exposición con mucha sorna: "Dios dijo "amaros unos a otros", ¡pero no especificó sexo!", bromea Luisa en el vídeo.

"Asistí a todas las ponencias y pensé que era un material que no se podía perder", explica Montagut. "La realidad supera a la ficción y es importante recordar lo que pasó en aquella época y que no se olvide para evitar que pueda volver a repetirse", opina la realizadora.

El proyecto completo (libro y documental) cuenta con la colaboración del Instituto de la Mujer, aunque el formato audiovisual ha sido financiado, también, gracias a la novedosa iniciativa del crowdfunding. "El trabajo y el amor lo he costeado yo", aclara Montagut, "aunque para pagar los derechos de imagen del NO-DO y de los fragmentos de las películas que aparecen busqué otras ayudas". "La gente que aporta dinero así es porque de verdad te apoya y cree que el proyecto es necesario", opina la realizadora, agradecida.

Ambas versiones de la investigación se presentarán oficialmente esta tarde, a las 18:00h, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Allí también tendrá lugar la representación de la obra de teatro Los que no pudieron huir, de Carlota O’Neill. Su hija, Carlota Leret O'Neill también recuerda, en el estudio, a la periodista que realizó "la primera crónica de la Guerra Civil".

Artículo de Paula Díaz publicado en Público.es.

jueves, 24 de mayo de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 42

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo


El nacionalismo fue un conjunto de ideas políticas, sentimientos y realidades sociales que se desarrollaron en Europa a lo largo del siglo XIX y que han llegado hasta hoy. Se referían a la identificación de un individuo con un grupo, la nación, que había que proteger y ensalzar los elementos que la definían como tal. A partir del inicio del siglo XIX esta idea se generaliza como elemento de movilización política, fue una idea política sumamente  cambiante y amoldable, como demostraron los acontecimientos a lo largo del siglo XIX.
El nacionalismo evolucionó desde la libertad, modernidad y progreso hasta las ideas reaccionarias, integristas y racistas, cuyo punto culminante fue el fascismo.
Existen dos modelos: 1º-La Revolución Francesa marcaría el inicio del nacionalismo (1789); fue a partir de ese momento, cuando los países europeos occidentales iniciarán el proceso de construcción del Estado-Nación moderno, basándose en el imperio de la ley, la soberanía nacional y el desarrollo de valores cívicos, como la libertad y la igualdad. 2º-Según E. Kedouri, el nacionalismo fue un invento elaborado por J.G. Fichte, que reinterpretó el romanticismo alemán, una cultura propia con la existencia de una nación alemana. Sobre estos dos modelos giraran los nacionalismo a lo largo del siglo XIC.

EL NACIONALISMO POLITICO. LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y SUS CONSECUENCIAS.

Desde el inicio del siglo XIX el nacionalismo empezó a ser un vector de fuerza y de movilización política para la construcción de la nación. Herederos de la teoría del contrato y de las ideas ilustradas francesas, principalmente de Voltaire, Montesquieu y Rousseau, la nación se relacionó en Francia con la voluntad política del grupo que, haciendo uso de la soberanía nacional, aquí la herencia del contrato, expresó jurídicamente su deseo de convivir y que desea ser gobernados por un mismo gobierno. El nacionalismo estaba relacionado con la construcción de los Estados Modernos. La nación entendida como comunidad humana, soberana y definida de forma política por la soberanía del Estado sobre un territorio, hacia mención a la relación de vínculo político existente entre los ciudadanos y su lealtad hacia las instituciones comunes a través de los derechos y deberes cívicos que el Estado garantiza.
La liberación del Tercer Estado estableció jurídicamente la igualdad, la libertad y la justicia de todos los ciudadanos, con el Estado como garante de estos derechos mediante la Constitución y el corpus legislativo. El Nacionalismo junto con el liberalismo aspiraba a romper con el pasado y sus arbitrariedades y privilegios como el poder absoluto del monarca. El súbdito se convirtió en ciudadano con sus derechos y responsabilidades.
Como en la revolución inglesa de 1688 y la de las colonias americanas, la toma de conciencia de algún grupo social como grupo oprimido o desplazado por el sistema, dio pie al irredentismo que fue una de las características de la que se alimentaban los movimientos nacionalistas. En el caso francés, el discurso de E. Sieyés acerca del Tercer Estado fue bastante aclaratorio de la importancia política que puede tener un grupo político convertido en nación. El Tercer Estado lo “era todo”. La Nación pasará a ser el grupo benefactor de la política desarrollada por el Estado. La sociedad se abrió, brindaba más oportunidades para progresar en todos los ámbitos.
Este nacionalismo estaba relacionado con la difusión de valores cívicos de carácter político, pero siempre dirigido desde el Estado y este se convirtió en una institución moderna y nacional para el beneficio de todos y nacionalizadora para asegurar su buen funcionamiento. Una de las consecuencias fue, la cada vez mayor vinculación entre el ciudadano y el Estado, ya no se limitaba a la recaudación de impuestos, a la militarización en caso de guerra, sino que el ciudadano estaba vinculado al propio funcionamiento del Estado y al propio ejercicio de la acción de gobierno. Los Estados modernos no solo gobernaban a las personas sino que también administraban las cosas.
Las normas del desarrollo estaban marcadas por la Constitución como norma suprema y el resto de las leyes. Para reforzar esa solidaridad de grupo se legisló la obligatoriedad de la educación primaria, se desarrollaron los nuevos medios de comunicación (ferrocarril, el periódico) relacionados con el capitalismo y este con el liberalismo. Se implantó el servicio militar obligatorio, proliferaron las ciencias, aparecieron los museos que ayudaron a los ciudadanos a tomar conciencia por su pasado que ayudaron a desarrollar una identidad nacional en pos de un destino común.
Se hizo realidad la ecuación Nación=Estado=pueblo, donde los intereses comunes prevalecían sobre los particulares y el desarrollo frente al privilegio. El nacionalismo según E. Gellner se convirtió así en una herramienta de movilización, socialización y politización del individuo, con el Estado como principal elemento de modernización que caracterizó a la sociedad europea de finales del siglo XVIII. La conjunción de movimiento revolucionario, liberalismo y nacionalismo era la alternativa propuesta frente al gobierno de los grandes Imperios teocráticos. Gobierno representativo, imperio de la ley y soberanía nacional, que se podía identificar con autodeterminación popular fueron la base del progreso, ideas que nos remiten al racionalismo Kantiano y que se expresaron en la Declaración de Derechos del Ciudadano de 1795, que pese a que se añadió a la constitución francesa, hay que recordar que tenía voluntad universal y en su texto se afirmaba que “Cada pueblo es independiente y soberano, cualquiera que sea el número de individuos que lo componen y la extensión de territorio que ocupa. Esta soberanía es inalienable”.
Para L Greenfeld, el hecho nacional comenzó a tener importancia, y se vinculó al liberalismo como ideología modernizadora y emancipadora del viejo orden estamental y constructora del nuevo orden social, desarrollándose el nacionalismo, tal y como lo entendió E. Gellner; como “el principio que afirmaba que la unidad política y nacional debía ser congruente.
Se definió una cultura oficial, una educación oficial, una lengua oficial, para cumplir con su función de Estado moderno. No fue la conciencia nacional, sino que fue el Estado el principal elemento de desarrollo del nacionalismo, y este junto al liberalismo unidos como cuerpo teórico ideológico desarrollaron el  Estado moderno. El hecho de que el ciudadano pudiera llevar a cabo sus derechos y deberes, era la característica que le convertía en francés.
El ascenso al poder de Napoleón y el desarrollo en Europa de las guerras napoleónicas, se difundió al resto del continente europeo, aunque este no fue el único modelo de nacionalismo que comenzó a desarrollarse en este periodo.

lunes, 21 de mayo de 2012

El declive del ciclo socialdemócrata



Enrique Gil Calvo / 21 de mayo 2012
Enrique Gil Calvo
¿Asistimos al final del ciclo histórico de hegemonía progresista? Para entender la decadencia de la socialdemocracia puede ser útil atender los planteamientos sociológicos de Colin Crouch (La postdemocracia, Taurus, 2004) o Emmanuel Todd (Después de la democracia, Akal, 2010), que analizan su declive en clave infraestructural. Según esta perspectiva, por socialdemocracia puede entenderse la coalición histórica que se construyó entre el movimiento obrero organizado y las nuevas clases medias de funcionarios, empleados de servicios y profesionales por cuenta ajena (no confundir con las viejas clases medias de agricultores, comerciantes, artesanos y profesionales autónomos). Los intereses de ambos bloques no tenían por qué coincidir, al estar separados por la barrera de su desigual dotación en capital humano: en el movimiento obrero predominaban los estudios primarios y la formación profesional mientras que las nuevas clases medias poseían titulaciones secundarias y superiores, actuando en origen el bachillerato como barrera de clase. De ahí el tradicional desencuentro entre trabajadores de cuello blanco y de cuello azul, que históricamente se reflejó en la desconfianza entre el reformismo socialista de extracción burguesa y el revolucionarismo obrero de anarquistas o comunistas. Pero esa distancia de clase pudo ser salvada mediante el acuerdo socialdemócrata que estableció un pacto de mutua colaboración entre ambos bloques para unir sus fuerzas conquistando el poder por medios pacíficos y electorales.
Un acuerdo mediante el que la parte obrera (blue collars) aceptaba supeditarse al liderazgo burgués (white collars) a cambio de que el gobierno común garantizase a todas las clases populares su acceso a los canales de movilidad social ascendente e igualdad de oportunidades. Este programa común que selló la coalición entre la clase obrera industrial y las clases medias urbanas es el que pudo desarrollarse en toda Europa tras la segunda guerra mundial, dando lugar a los célebres treinta años gloriosos (1945-1975) que crearon la sociedad de la afluencia presidida por el Estado de bienestar. Y lo menos que puede decirse es que semejante programa común se vio coronado por el éxito más completo. Pues en efecto, la coalición socialdemócrata conquistó el poder y se mantuvo en él por varias legislaturas mientras a la vez se desarrollaban los mecanismos meritocráticos que extendieron a todas las clases sociales la escolarización tanto secundaria como universitaria, además del resto de derechos sociales (salud, pensiones y servicios universales).
Ahora bien, si consideramos el inicio de la década de los 70 como el apogeo del ciclo socialdemócrata es porque a partir de esa fecha comenzó su progresivo declive, asociado al impacto de la crisis económica internacional tras el choque petrolífero de 1974. Una crisis que también modificó el sistema capitalista, pasando del modelo keynesiano afín al estatalismo socialdemócrata al modelo monetarista afín al planteamiento liberal-conservador partidario del libre mercado. No obstante, tras ciertos retrocesos iniciales, la socialdemocracia se pudo recomponer mediante la denominada Tercera Vía de adaptación al mercado que teorizó el sociólogo Anthony Giddens, logrando resistir en el poder hasta bien entrado el siglo XXI. Pero finalmente, el estallido de las sucesivas burbujas crediticias (punto.com en 2001, hipotecassubprime en 2007, eurodeuda en 2010) ha terminado por alejar cada vez más a la socialdemocracia del poder, aunque ocasionalmente todavía gane ciertas elecciones. En suma, todo indica que el declive de la socialdemocracia ya se ha consumado. ¿Cómo se puede explicar su decadencia aparentemente irreversible? Exploremos algunas razones.
La primera explicación es infraestructural y se debe al debilitamiento ineluctable de uno de los dos bloques fundadores de la coalición socialdemócrata: la clase obrera. Como consecuencia del advenimiento de la sociedad postindustrial teorizado por el sociólogo Daniel Bell, se ha producido una creciente desestructuración del sistema de clases que ha fragmentado y descompuesto a todas ellas. Pero sobre todo, la que ha sufrido ese proceso de desarticulación en mayor medida ha sido la vieja clase obrera de trabajadores industriales o blue collars, que ha visto reducirse sus efectivos en términos absolutos y relativos, obligando a sus hijos a desertar de ella mientras asistía a la llegada de nuevos contingentes inmigrantes de trabajadores manuales sin cualificar destinados a la agricultura, la construcción y los servicios personales. Por tanto, las clases medias cualificadas ya no tienen nada que ganar manteniendo su coalición con las clases industriales en retroceso, y de ahí que tiendan a romperla cayendo en una creciente volatilidad electoral. Sobre todo si tenemos en cuenta que también ellas han perdido gran parte de su poder e influencia, aunque no en términos cuantitativos pues siguen siendo las más numerosas, pero sí cualitativos como vamos a ver.
Y es que la otra explicación del declive de la izquierda resulta paradójica, pues podría decirse que la socialdemocracia ha muerto (o al menos se extingue) como consecuencia imprevista de su propio éxito. En efecto, el desarrollo del Estado de bienestar, con su provisión universal de derechos sociales, ha generado dos efectos no queridos que han resultado contraproducentes para la coalición socialdemócrata. El primero es que, al ofrecer servicios públicos de protección social provistos por redes formales administrativas, ha suplido primero y ha terminado por sustituir después a las redes sociales informales de confianza, solidaridad y compromiso colectivo (grupos de ayuda mutua, movimiento asociativo, etcétera) que antes articulaban el tejido social dotándolo de espesor y densidad cívica. En consecuencia, tanto las clases trabajadoras como las clases medias urbanas han ido viendo cómo se devaluaba y amortizaba su anterior capital social, pasando a disgregarse y atomizarse hasta caer en el aislamiento de la individualización y el familismo amoral. Algo que no puede ser compensado por las redes virtuales tipo Facebook que comercializa elmarketing de la industria digital.
Y la segunda consecuencia no querida del éxito socialdemócrata es la devaluación del sistema educativo a causa de su democratización universal, que ha terminado por amortizar su potencial meritocrático. Cuando sólo la clase media cursaba estudios superiores, sus títulos eran muy apreciados porque dotaban de un fuerte impulso selectivo hacia la movilidad ascendente. En cambio, cuando la universidad se masifica y amplía a todas las clases sociales, sus títulos dejan de ser selectivos y por tanto se devalúan al dejar de proporcionar movilidad ascendente: es el fenómeno del mileurismo (o depreciación de los profesionales urbanos) que surge cuando la inversión académica en titulación superior ya no puede rentabilizarse tanto en el mercado de trabajo. Y este efecto contraproducente, que está devaluando la meritocracia y amortizando el capital humano, es el que más ha hecho por romper la anterior coalición socialdemócrata entre trabajadores de cuello azul y profesionales de cuello blanco, al perder aquellos su capital social y estos su capital humano. En suma, como señala Todd, la socialdemocracia ha entrado en decadencia porque las clases medias tituladas, por temor a su desclasamiento, han dejado de solidarizarse con los trabajadores sin titular: de ahí su rebelión fiscal, su cinismo político y su transfuguismo electoral.
¿Es irreversible el declinar del ciclo socialdemócrata? ¿O cabe esperar que se reactive por efecto de una nueva oscilación pendular? Si el anterior análisis es acertado, la recuperación de la socialdemocracia exigiría tres requisitos difíciles de reunir. Ante todo se debería recuperar la revalorización del trabajo como fuente de realización personal, tras caer en el desprecio a causa del consumo mimético. Después habría que regenerar el capital social de la izquierda, reconstruyendo sus redes informales de confianza y reciprocidad, lo que exige superar el sectarismo amoral y la xenofobia etnocéntrica. Y además se precisa un nuevo tipo de liderazgo tipo 15M, capaz de tender puentes interculturales creando nuevas coaliciones mayoritarias. Factores que podrían entrar en reacción sinérgica si la crisis actuase como agente catalizador. Pero ello no resultará posible sin una estrategia que anude compromisos con posibles aliados, un proyecto que visualice metas comunes a alcanzar y un relato que lo haga creíble despertando emociones entusiastas. Es el puerto prometido que aguarda más allá del sombrío horizonte actual.
Artículo publicado en El Pais. Opinión el 21 de mayo de 2012.
Enrique Gil Calvo es catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.


Examen de Estructura Social Contemporánea II

Estimados/as compañeros/as
Aquí el examen de hoy lunes 21 de mayo de Estructura Social Contemporánea II de Grado en Sociología de la UNED.
Mucha suerte


viernes, 18 de mayo de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 41


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo

Karl Marx y el Marxismo.


Introducción.

  1. Karl Marx: formación intelectual y acción política.
  2. Materialismo dialéctico y materialismo histórico.
  3. Crítica de las ideologías.
  4. Del socialismo al comunismo.
  5. La herencia de Marx: reforma o revolución.


Del socialismo al comunismo,

Marx y Engels llegaron a la conclusión de que el capitalismo era irreformable, y que, a pesar de todas las luchas económicas y políticas, la clase trabajadora estaría esclavizada en tanto prosiguiera ese sistema de producción. El capitalismo preparaba las condiciones previas de una nueva sociedad no sólo revolucionaria la tecnología y desarrollando nuevas formas de producción, sino exasperando la lucha de clases y la conciencia revolucionaria del proletariado.

 Marx llegó a creer que no podía haber una transición inmediata al sistema socialista. Tendría que haber un período intermedio entre la revolución y la realización final de las esperanzas socialistas; la dictadura del proletariado.

Engels, limitando sus esperanzas a Alemania, rechazó la posibilidad de una vía violenta (normal no le convenía él era rico, es mejor seguir vendiendo humo) y se planteó el acceso al poder por medios legales en el Parlamento y en el terreno de la propaganda, acumulando fuerzas para el conflicto decisivo. Marx en cambio limitó el alcance de la revolución a Inglaterra, USA y Holanda. No consideró en sí que el poder pudiera alcanzarse por medios parlamentarios; esto dependía de la actitud de la burguesía, siendo aún posible una revolución violenta (este tenía más malas ideas, acertó de pleno en la mala leche murieron varios millones de rusos). Mientras esperaba un conflicto decisivo en la forma de un asalto al poder por la clase trabajadora, creía que éste podía ser un acto no sangriento debido a la fuerza del proletariado.

 El advenimiento de la nueva sociedad se desarrolla en tres etapas; la revolución, la dictadura del proletariado y la sociedad comunista. Tras la victoria de la revolución, el proletariado (Manifiesto Comunista) se valdría de la dominación polítca para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centrar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado.

 En cuanto a la sociedad comunista o sin clases, estadio último emergente de la extinción del Estado proletario, Marx y Engels no desarrollaron claramente su caracterización. Sólo podemos reseñar los escritos juveniles de Marx donde defendió la idea del hombre total, es decir, el que no se encuentra mutilado por la división del trabajo. En cuanto a la abolición del Estado, ésta no significaba, en el pensamiento de Marx, abolir las funciones administrativas para la dirección de la producción, pero estas funciones no serían un ejercicio del poder político. En la obra de Marx y Engels está ausente una reflexión profunda sobre el factor político, las formas de gobierno y el Estado. La teoría marxista sobre el Estado debe ser deducida de pasajes, generalmente breves, tomados de obras dedicadas a la economía, la historia, la literatura, etc.

Marx considera el Estado como un puro y simple instrumento de dominación, una superestructura que refleja la situación de las relaciones sociales determinadas por la base social. El fin del Estado no es un fin noble, sino pura y simplemente el interés específico de una parte de la sociedad, no del bien, común, sino del bien particular de quien gobierna.

 Para Marx lo que cuenta es la relación real de dominio, el Estado o la realidad institucional no cambia sustancialmente la relación de dominación que hunde sus raíces en la base real de la sociedad, es decir, las relaciones de producción. Desde este punto de vista, todo Estado es una forma de despotismo. Lo que cambia es el titular del poder político pero cualquier forma de Estado es despótico, al cambiar la forma de gobiernos se modifica la manera de ejercer el poder, pero no la sustancia de éste.

 Se opina que Marx tomó de la experiencia de la Comuna de París la idea del Estado proletario, es decir, el Estado como “dominación organizada del proletariado”; como contrapunto a la democracia liberal representativa del Estado burgués, la democracia directa, es decir, la participación de los ciudadanos en las diversas sedes en que se ejerce el poder. Marx tendió a resaltar sobre todo el ejercicio directo del pueblo en los diversos niveles del poder estatal.

 Para Marx la mejor forma de gobierno es la que permite el proceso de extinción de cualquier forma posible de gobierno, es decir, que da lugar a la transformación de la sociedad estatal en su sociedad no-estatal. Si el proletariado necesitase un modo de coerción temporal, éste consistiría en el dominio realmente ejercido por la gran mayoría de la sociedad. Pero el objetivo de este dominio sería terminar su propia existencia y poner fin a la política como esfera separada de la vida social.

La herencia de Marx: reforma o revolución.

Marx murió el 14 de marzo de 1883.
El marxismo impregnó la ideología de la mayoría de los partidos socialistas europeos, salvo en Inglaterra. Y apareció en los medios intelectuales como una doctrina seria.
Tanto a nivel político como doctrinario, estallaron varias crisis de pensamiento marxista, fruto de las ambigüedades de sus planteamientos. La primera fue la crisis del revisionismo, su tema esencial fue si la economía capitalista estaba transformándose según las previsiones de Marx. Los revisionistas estimaban que los antagonismos de clase no se habían agudizado; que la concentración económica no se producía de una forma tan veloz como estaba previsto; y que no era probable el estallido de una revolución. La clase medias no se habían extinguido; y las instituciones parlamentarias contribuían a facilitar las reformas sociales. Criticaban la dialéctica como elemento pérfido de la doctrina marxista, y el obstáculo para logar una observación justas de las situaciones sociales. En consecuencia, el socialismo podía desarrollarse en el Estado liberal y parlamentario, porque la democracia era “la ausencia de dominación de clase”.
Las tesis de Lenin y de Leon Trotsky era simple: el Partido Bolchevique, que se declaraba marxista, representaba al proletariado en el poder; el poder del Partido Bolchevique es la dictadura del proletariado. Como nunca jamás se había determinado con certidumbre en qué consistía exactamente la dictadura del proletariado, la hipótesis leninista parecía atractiva. Kautsky defendía que una revolución en un país no industrializado, donde la clase obrera era minoritaria, no podía ser una revolución auténticamente socialista, sino que llevaba a la dictadura de un partido sobre el proletariado