sábado, 14 de noviembre de 2015
domingo, 8 de noviembre de 2015
El síndrome de la respuesta única
Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 27_10_2015
Leoncio González
Universidad Europea de Canarias. Profesor.
El sistema educativo español actual, previo a la universidad, obliga a los estudiantes a colarse por un cuello de botella llamado PAU (Prueba de Acceso a la Universidad), en otros tiempos Selectividad. Este embudo ofrece una especie de validación de conocimientos que evidencian, de manera casi antediluviana, que el alumno, tras pasar por la educación infantil, seis años en primaria, cuatro en secundaria y dos en bachillerato puede "justificar" que "sabe".
Y esta prueba es la llave para su paso al mundo universitario, es decir, su superación dejará constancia que esa persona está preparada para afrontar la recepción de una formación superior. Aún en el siglo XXI somos capaces, y así lo han considerado todos los responsables de las diferentes leyes educativas de la democracia, de depositar en un solo examen el futuro de nuestro futuro. Temible.
Pese a todo, pese a que el sentido común no parece aplicarse en la redacción de estas propuestas metodológicas, la inclusión de dichas siglas es una espada de Damocles que pende sobre las conciencias de los profesores de Bachillerato y, lo que es peor, sobre alumnos y padres.
La PAU es la fiesta de la respuesta única. Al primer curso universitario llegan cada año alumnos sin capacidad de juicio ni criterio sancionador. Porque han dedicado sus dos últimos años de instituto a forjar las respuestas exactas que se les iba a preguntar en la PAU. Son estudiantes que rebuscan entre la sinapsis de sus neuronas la solución estereotipada al problema propuesto; y cuando, en ocasiones, se les plantean soluciones desde otro punto de vista, se estrellan ante un mar de incertidumbres.
Una y otra vez recibimos quejas de los alumnos: "los ejercicios que hicimos en clase son diferentes a los que salieron en el examen", dicen, y es muy difícil hacerles entender que el resultado es diferente, pero que lo que tienen que dominar es el método, el proceso, que deben aplicar. La Prueba de Acceso a la Universidad se ha convertido en un prontuario mecánico de resolución de problemas clásicos, y desgraciadamente en la escuela, hoy por hoy, el sistema sigue preocupándose más en hacer memorizar estas fórmulas que en desarrollar una competencia crítica para aplicar "otras" posibles soluciones. (Quiero remarcar que mi crítica a la PAU sólo es un ejemplo, y aseguro que el único problema existente no radica en esa prueba).
Con estos mimbres, los dos primeros cursos de grado se traducen en un continuo "desaprender" para conseguir "aprender" el funcionamiento de las cosas, para observar, analizar, proponer, discutir, argumentar, documentarse y resolver. Es por ello que la mecánica de las metodologías de aprendizaje basado en problemas y proyectos se torna fundamental: la vida no está escrita en un libro de texto, y todo no se puede resolver aplicando una fórmula única.
La visión creativa de la resolución de problemas es, cada día, más importante y necesaria y, por ello, tendremos que conseguir, en algún momento, que en la escuela se empiece a "enseñar desde el cerebro del que aprende", como ha indicado el decano de la facultad de Educación de la Camilo José Cela, José Antonio Fernández Bravo, y no desde el cerebro del que hace las leyes, como hasta ahora venía sucediendo.
Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 27_10_2015
Leoncio González
Universidad Europea de Canarias. Profesor.
Leoncio González
Universidad Europea de Canarias. Profesor.
El sistema educativo español actual, previo a la universidad, obliga a los estudiantes a colarse por un cuello de botella llamado PAU (Prueba de Acceso a la Universidad), en otros tiempos Selectividad. Este embudo ofrece una especie de validación de conocimientos que evidencian, de manera casi antediluviana, que el alumno, tras pasar por la educación infantil, seis años en primaria, cuatro en secundaria y dos en bachillerato puede "justificar" que "sabe".
Y esta prueba es la llave para su paso al mundo universitario, es decir, su superación dejará constancia que esa persona está preparada para afrontar la recepción de una formación superior. Aún en el siglo XXI somos capaces, y así lo han considerado todos los responsables de las diferentes leyes educativas de la democracia, de depositar en un solo examen el futuro de nuestro futuro. Temible.
Pese a todo, pese a que el sentido común no parece aplicarse en la redacción de estas propuestas metodológicas, la inclusión de dichas siglas es una espada de Damocles que pende sobre las conciencias de los profesores de Bachillerato y, lo que es peor, sobre alumnos y padres.
La PAU es la fiesta de la respuesta única. Al primer curso universitario llegan cada año alumnos sin capacidad de juicio ni criterio sancionador. Porque han dedicado sus dos últimos años de instituto a forjar las respuestas exactas que se les iba a preguntar en la PAU. Son estudiantes que rebuscan entre la sinapsis de sus neuronas la solución estereotipada al problema propuesto; y cuando, en ocasiones, se les plantean soluciones desde otro punto de vista, se estrellan ante un mar de incertidumbres.
Una y otra vez recibimos quejas de los alumnos: "los ejercicios que hicimos en clase son diferentes a los que salieron en el examen", dicen, y es muy difícil hacerles entender que el resultado es diferente, pero que lo que tienen que dominar es el método, el proceso, que deben aplicar. La Prueba de Acceso a la Universidad se ha convertido en un prontuario mecánico de resolución de problemas clásicos, y desgraciadamente en la escuela, hoy por hoy, el sistema sigue preocupándose más en hacer memorizar estas fórmulas que en desarrollar una competencia crítica para aplicar "otras" posibles soluciones. (Quiero remarcar que mi crítica a la PAU sólo es un ejemplo, y aseguro que el único problema existente no radica en esa prueba).
Con estos mimbres, los dos primeros cursos de grado se traducen en un continuo "desaprender" para conseguir "aprender" el funcionamiento de las cosas, para observar, analizar, proponer, discutir, argumentar, documentarse y resolver. Es por ello que la mecánica de las metodologías de aprendizaje basado en problemas y proyectos se torna fundamental: la vida no está escrita en un libro de texto, y todo no se puede resolver aplicando una fórmula única.
La visión creativa de la resolución de problemas es, cada día, más importante y necesaria y, por ello, tendremos que conseguir, en algún momento, que en la escuela se empiece a "enseñar desde el cerebro del que aprende", como ha indicado el decano de la facultad de Educación de la Camilo José Cela, José Antonio Fernández Bravo, y no desde el cerebro del que hace las leyes, como hasta ahora venía sucediendo.
Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 27_10_2015
Leoncio González
Universidad Europea de Canarias. Profesor.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Relaciones entre escuela y comunidades-contextos
Tal como afirma Varenne
(2006) se debe considerar unos cuantos detalles etnográficos. Estos detalles
constituyen la situación inmediata de los alumnos, su medio, lo que se llama
con frecuencia su contexto. Es en ese medio donde ellos operan, y es ahí donde
se ofrecen los incentivos y frenos que determinan las biografías de los
estudiantes. Las relaciones entre el ámbito escolar y su entorno más inmediato
sociocultural, se vinculan permanentemente con los diversos procesos sociales, que además no dejan de
interactuar entre las diferentes instancias de la sociedad de acogida. “El
contexto ha de ser concebido no sólo como un conjunto de relaciones entre
individuos, sino como un conjunto, difícilmente demarcable, de relaciones de
relaciones” (Velasco, Castaño y Díaz, 2006:316).
Los entornos escolares en riesgo no son ajenos a
ciertos contextos y dinámicas generadas por las políticas sociales y educativas
llevadas a cabo. Escudero (2005) y otros autores, afirman que hay que
reconstruir las historias escolares de los estudiantes en situación de
vulnerabilidad para evidenciar los incidentes críticos en estos procesos que
han determinado la creación de si identidad de alumnos en riesgo de exclusión.
Algunos autores subrayan
la importancia del contexto donde se desenvuelven los alumnos. En concreto,
Spindler (2006) señala que no sólo es fundamental atender a lo que se enseña en
la escuela sino se debe considerar de igual modo a la adquisición de
conocimientos en el hogar y la propia comunidad. Por tanto, el conjunto de
relaciones afecta significativamente al desarrollo curricular del individuo.
Bohon, Garber y Horomtz
(Martos, 2014:22) señalan las variables que determinan el fracaso y el abandono
escolar, alguna puede estar relacionada con familias desestructuradas, en
particular los resultados señalan como una población de riesgo a los
adolescentes que viven en esos contextos familiares, sobre todo si no hay
presencia paterna. Además muchos de esos adolescentes presentaban otros
factores de riesgo, como el consumo de drogas, que inciden en las expectativas
que tienen hacia los estudios y determinan el abandono escolar.
Tal como sostiene Moreno
(2001) de todos los agentes de socialización, la familia es el más importante
además del primero en presentarte, y en muchos casos, es el último en
desaparecer. El entorno familiar conforma el lugar donde los niños y niñas se
desarrollan social y psicológicamente. Los factores sociales intervienen a
través de los padres y madres, configurando junto a la escuela las normas,
valores y conductas del individuo. Por tanto, cualquier estudio etnográfico que
se ocupe del fracaso escolar no debe circunscribirse al contexto escolar, sino
debe atender a las prácticas desarrolladas en los ambientes familiares.
La sociología de la
educación ha dado cuenta también de las desigualdades sociales en la escuela
mediante la posición de las familias de los alumnos en las relaciones de
producción económica. La institución escolar se presenta, pues, como una caja
negra atravesada por flujos inputs y outputs (Lahier, 2008:49). Es decir, el
ambiente escolar es un lugar de distribución o de división de los grupos
escolares como un sitio de reproducción de las relaciones de grupos o clases de
la sociedad. Lahier apunta a que al relacionar el fracaso escolar con las
características sociales de las familias de los escolares no son capaces de
capturar el proceso del fracaso propiamente dicho, sino la reproducción escolar
de la estructura de clases sociales.
Estudios como los
llevados a cabo por Ruiz-Gallardo, Verde y Valdés (2013) analizan el impacto en
las trayectorias educativas de un grupo de alumnos con dificultades educativas.
Estos alumnos experimentaron un cambio cuantitativo y cualitativo en los
resultados académicos y en su comportamiento personal gracias a la
participación de un programa de aprendizaje articulado en torno a actividades
extraescolares. Los resultados evidenciaron una notable reducción en el
porcentaje de abandono y fracaso en el grupo estudiado. Este cambio vino
acompañado de un cambio significativo en el ambiente del aula motivado por la
mejora de las habilidades sociales, motivacionales como en el autoconcepto.
Por último
investigaciones como la llevada a cabo por Olmo (2007:200) ha argumentado que
“la falta de adecuación de las estructuras educativas a los cambios sociales rápidos
y profundos ha provocado la desorientación de muchos profesionales de la
enseñanza, cuyo papel fue aprendido, configurado y puesto en práctica para un
modelo distinto de sociedad”, una que es bien diferente a la actual. En este
contexto se desarrollan todos los procesos de relaciones entre los diferentes
actores que conviven con la problemática del fracaso escolar, con una
casuística difícil de analizar. Pues el proceso de cambio apuntado
anteriormente (uno vertiginoso) sigue desorganizando la mecánica del sistema
educativo en su conjunto.
Bibliografía:
Escudero Muñoz, J. M. (2005) Fracaso escolar, exclusión educativa: ¿de qué se excluye y cómo?,
Revista de currículum y formación del profesorado, 1 (1), Universidad de
Murcia.
Lahire, B. (2008) Un
sociólogo en el aula: objetos en juego y modalidades. En Jociles y Franzés
¿Es la escuela el problema? Perspectivas socio-antropológicas de etnografía y
educación. Editorial Trotta. Madrid.
Martos, J. (2014) Estudiantes en riego de exclusión
educativa en la enseñanza secundaria obligatoria en Andalucía: Hacia una
comprensión desde el discurso político y del profesorado. Editorial de la
Universidad de Granada.
Moreno, E. (2001) Análisis
de la influencia de la familia en los hábitos lectores de sus hijas e hijos: un
estidio etnográfico. Contextos Educativos, 4. Pp. 177-196.
Olmo, M. (2007) La
articulación de la diversidad en la escuela: Un proyecto de investigación en
curso sobre las “Aulas de Enlace”. Revista de Dialectología y Tradiciones
Populares, enero-junio, vol. LXII, nº 1. Pp. 187-203.
Ruiz-Gallardo, J., Verde, A., y Valdés (2013) Garden-Based Learning: An experience with at
risk secondary education students. En Journal of Environmental Education,
44. Pp. 252-270.
Spindler,
G. (2006) La transmisión de la cultura.
En Velasco y Castaño Lecturas de antropología para educadores Editorial Trotta.
Madrid.
Varenne,
H. (2006) Jocks y Freaks: La estructura
simbólica de la expresión de la interacción social entre alumnos americanos de
los últimos cursos de bachillerato. En Velasco y Castaño Lecturas de antropología
para educadores Editorial Trotta. Madrid.
Velasco, H., Cataño, F., y Díaz, A. (2006)
Lecturas de antropología para educadores. El ámbito de la antropología de la
educación y de la etnografía escolar. Editorial Trotta. Madrid.
domingo, 25 de octubre de 2015
El proceso de la observación en la etnografía (ámbito escolar)
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En primer lugar y tal
como subraya Wilcox (2006), el objetivo del etnógrafo es concentrarse en un
ámbito de trabajo, intentado descubrir lo que ocurre en éste. Una de las tareas
iniciales en una etnografía es decidir en qué nos vamos a concentrar. Es un
proceso continuo de investigación en el que hay que seguir ciertas normas
antropológicas importantes:
1. Dejar atrás las propias
preconcepciones o estereotipos sobre la realidad observada y explorar el ámbito
tal y como los participantes lo ven y lo construyen.
2. Convertir en extraño lo
que es familiar. ¿Por qué existe, o se lleva a cabo de esa forma? ¿por qué no
es de otra manera?
3. Observar las relaciones
existentes entre el ámbito y su contexto, siempre realizando un juicio sobre el
contexto relevante debiendo explorar el carácter de este.
4. Utilizar nuestro
conocimiento de la teoría social como guía de las propias observaciones.
Es fundamental iniciar la
investigación sin categorías de observación, cuestionarios, hipótesis precisas,
etc., en particular premediadas. Pues una metodología ya elaborada puede
“abortar prematuramente el proceso de descubrimiento de lo que es significativo
en el ámbito de trabajo” (Wilcox, 2006:98).
La etnografía es un
instrumento muy útil pues permite explorar detalladamente las series altamente
complejas de fenómenos que operan dentro y alrededor del contexto del aula. Sin
duda, puede servir de apoyo en aras de una intervención efectiva para resolver
los problemas educativos. Esta práctica de investigación es una herramienta de
trabajo que nos ayuda a comprender las prácticas de los agentes sociales, como
son los alumnos, sus profesores, sus grupos de pares o sus familias,
Pero además, no se nos
debe perder de vista la importancia de la etnografía como un instrumento que va
más allá, de realizar una buena descripción sino también del reconocimiento de
todos los elementos que conforman la propia investigación. Donde los propios
datos recogidos como su interpretación se desarrollan en un diálogo permanente.
Tal como apunta Wolcott
(2006:129) los datos nuevos “proporcionan una ilustración, comprueban la
exactitud de lo desarrollado y sugieren vías para una nueva investigación”. Es
decir, el trabajo de campo y la interpretación se mueven de un lado al otro,
como pasos concurrentes más que secuenciales. La tarea del etnógrafo debe estar
encaminada a la organización y presentación de la información recopilada pero
siempre desde la premisa de la búsqueda de las tendencias y obligaciones, los
ideales y las realidades, las satisfacciones, las contradicciones y las
paradojas.
La etnografía escolar
tiene que buscar la descripción, explicación e interpretación de la cultura de
la escuela. En este sentido Velasco, Castaño y Díaz (2006) subrayan que el
entendimiento de la organización del tiempo y del espacio de una escuela es un
asunto fundamental cuando se intenta comprender la dinámica de la
escolarización. Estos autores sostiene que las bases que se sustenta una
investigación antropológica sobre la educación o escolarización que pretendiera
ser etnográfica, debería al menos contemplar en los siguientes apartados
(Velasco, Castaño y Díaz, 2006:197):
1. No marcar los límites
previamente a los problemas a investigar, dejando a los propios individuos que
los formulen en sus propios términos. Lo significativo no termina de definirse
hasta que el estudio de campo no ha sido completado.
2. Tener una perspectiva
holística para la investigación de cada uno de los sucesos o problemas que se
puedan reflejar en la investigación en una aula o escuela, fuerza a relacionar
nuestro ámbito de estudio con el contexto en el que el ámbito se desarrolla,
como el proceso histórico y la institución escolar.
3. La imposibilidad para el
investigador de renunciar a ser. Es decir, las características personales del
etnógrafo influyen en todo el proceso de la investigación.
4. Poseer una perspectiva
transcultural que permita poner en cuestión lo que se observa y se escucha. La
interpretación de los datos obtenidos se entienden de una manera más adecuada a
la luz de los acontecimientos sobre temáticas similares en diferentes situaciones
culturales.
Bibliografía:
Velasco, H., Cataño, F., y Díaz, A. (2006)
Lecturas de antropología para educadores. El ámbito de la antropología de la
educación y de la etnografía escolar. Editorial Trotta. Madrid.
Wilcox,
K. (2006) La etnografía como una
metodología y su aplicación al estudio de la escuela: una revisión. En
Velasco y Castaño Lecturas de antropología para educadores Editorial Trotta.
Madrid.
Wolcott,
H. (2006) Sobre la inteción etnográfica.
En Velasco y Castaño Lecturas de antropología para educadores Editorial Trotta.
Madrid.
domingo, 18 de octubre de 2015
¿Para qué sirve un sociólogo?
Artículo de Saray Encinoso publicado en El Día el 28 de septiembre de 2015
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¿Para qué sirve
un sociólogo? ¿En qué trabaja? Josué Gutiérrez está acostumbrado a tener que
responder a estas cuestiones. Hasta su madre le ha preguntado alguna vez a qué
se dedica. Esa curiosidad no le molesta, pero ha hecho que piense en la
necesidad que tiene la profesión de reivindicarse y explicar a la sociedad que
sirve, y mucho. La mejor forma que ha encontrado es cumplir un viejo sueño de
los profesionales de las Islas: fundar el Colegio Canario de Sociólogos y
Licenciados en Ciencias Políticas.
Casi
todas las comunidades autónomas donde hay tradición de estos estudios cuentan
con colegios profesionales. En Canarias, sin embargo, hasta la fecha solo existía
una delegación vinculada al colegio de Madrid. Este poco recorrido tiene mucho
que ver con la juventud de los estudios de Sociología y con que los de Políticas
no hayan aterrizado aún en la Universidad. La carrera de Sociología empezó en
1998 y en 2001 se licenció la primera promoción. Desde entonces, cada año salen
entre 70 y 80 egresados de la institución. Además, en el Archipiélago hay politólogos
que se formaron en universidades de la Península, como la propia consejera de
Educación, que estudió en Madrid, en la Universidad Complutense.
De
hecho, Soledad Monzón fue una de las invitadas a la asamblea convocada el
viernes pasado en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz. De ella salió la
junta gestora, que ahora se encargará de elaborar los estatutos. Es una de las
cien personas que forman parte de la delegación tinerfeña (aunque solo 30 pagan
las cuotas).
"Crear
el colegio es una manera de dignificar la profesión, pero también de mostrar qué
podemos aportar". No se trata de corporativismo sin sentido, sino de ser útiles
y aprovechar un nicho de mercado -el asesoramiento empresarial- en el que los
sociólogos tienen muchas oportunidades", explica.
La
mayoría de estos profesionales trabaja en la administración pública, ya sea en
universidades realizando investigaciones sobre desigualdad o clase social o
impartiendo docencia. El propio Gutiérrez, que leyó su tesis en 2014, es
profesor en la ULL. Sin embargo, considera que la formación que él y sus compañeros
han recibido los autoriza para el análisis de datos y el estudio de mercados.
"Tenemos
que demostrar a las empresas la ventaja de contar con un sociólogo en su
plantilla", apunta. "Un sociólogo es capaz hasta de definir el perfil
de los clientes que protagonizarán impagos. Tenemos que vendernos". El
tejido empresarial español está compuesto mayoritariamente por pequeñas y
medianas empresas. Es en ese campo donde Gutiérrez considera que hay un mercado
por explotar. Pero además de demostrar así para qué sirve un sociólogo, Gutiérrez
quiere que el Colegio funcione como un espacio de reflexión sobre Canarias.
Además,
piensa que en el futuro lo ideal sería que se impartiera formación sobre
Ciencias Políticas en Tenerife. La Facultad donde se imparte Derecho y Sociología
se llama Facultad de Ciencias Políticas. Sin embargo, ningún politólogo ha
salido de las aulas de la ULL porque jamás se ha ofertado esa carrera. "Sé
que se han hecho gestiones desde el Colegio Nacional para intentar que se
implante el grado y confío en que en el futuro podamos contar con los estudios
de Políticas en las Islas". Entonces también se podrá responder a la
pregunta de para qué sirve un politólogo.
Artículo de Saray Encinoso publicado en El Día el 28 de septiembre de 2015
domingo, 11 de octubre de 2015
Comentario ¿De qué trabajan los antropólogos?. Desarrollo, ONGs y Derechos Humanos en la frontera sur de Europa
En
el ámbito de la antropología social en España en los últimos quince
años, el estudio de los contextos migratorios ha sido una de las
cuestiones prioritarias. Durante estos años, tanto las condiciones
tecnológicas de la comunicación como los centros de producción se han
desarrollado mucho, siendo ahora Tánger uno de los principales centros
económicos y portuarios del Mediterráneo. Por otro lado, se han dado
procesos de despoblamiento rural y creación de contextos urbanos de
desvinculación social, y se ha blindado la frontera del sur de Europa.
Para
Jiménez, el valor principal de la antropología en el estudio de esos
contextos migratorios y de exclusión social reside en que es una
herramienta fundamental para la formulación de preguntas, el análisis de
procesos sociales y la comprensión de claros procesos de exclusión. En
este sentido, hace falta escuchar todas las voces, no solo las de la
mayoría. En el entorno del sur de Europa, la antropología le ha servido
para construir, para crear procesos participativos, y por último para
intervenir en estos contextos, algo que ha llevado al trabajo del
antropólogo a sufrir deslegitimaciones desde ciertos poderes políticos y
de la esfera pública.
Ceuta y Melilla son los primeros
espacios fronterizos donde, a principios de los 90, empiezan a aparecer
menores solos, a veces en situación de deterioro; en ocasiones llegan a
la Península, creándose un gran debate alimentado por los medios de
comunicación. En 2006 se empiezan a repatriar menores en contra de su
voluntad, sin que se respeten una serie de derechos fundamentales; a
partir de ahí se crea una red de profesionales que consigue parar esas
repatriaciones. En este contexto nace la fundación Aljaima en Tánger,
que contribuye a una red transnacional de protección; aquí, la
antropología nos ayuda a entender esta protección ligada al territorio;
es la protección la que tiene que perseguir al menor, que tenga una
perspectiva transnacional y no mire solamente al territorio.
Desde un punto de vista práctico,
resulta fundamental trabajar tanto con las familias de los menores como
con las instituciones públicas, para hacerles ver la situación de
desamparo del menor y trabajar conjuntamente con ellos, intentando
reforzar un vínculo personal entre la familia y el menor. En este
contexto de crisis hay muchas personas que están regresando a sus
regiones de origen, otorgando una mayor complejidad a esta cuestión como
objeto de estudio.
Para poner en marcha esta forma de intervención Jiménez subraya que son necesarios tres elementos:
- Por un lado, es fundamental que exista una red transnacional, para lo que contamos con una red de profesionales que nos ayudan a ser efectivos en ese contexto de movilidad en el que están los jóvenes.
- Otro elemento es trabajar a la vez con el menor y con la familia de forma sincrónica; como profesionales debemos atender a la demanda que el menor está formulando para entender su conducta y ofrecerle una ayuda.
- Por último, debemos ser formados, como profesionales, en una perspectiva transnacional, una nueva forma de entender la emigración.
La ponente sostiene que la
antropología también tiene mucho que aportar a la cooperación al
desarrollo. El fenómeno de la Primavera Árabe nos ha demostrado que en
el Mediterráneo hay una fractura mucho mayor de lo que hemos pensado. La
cooperación al desarrollo ha sido un mecanismo de procesos de
empoderamiento de las sociedades civiles del sur del Mediterráneo; en
este sentido, la cooperación al desarrollo, si bien es muy importante,
en el sur de Europa y Marruecos ha vehiculado demasiados intereses
vinculados al control del menor no acompañado. En este sentido, la
antropología guarda esa capacidad de practicar una cooperación al
desarrollo más vinculada a la protección activa en el ejercicio de los
derechos humanos.
Como conclusión, la disciplina
antropológica y el trabajo de campo derivado de ella tiene un valor
fundamental en el estudio de los procesos migratorios y la atención al
menor, ya que nos permite establecer una serie de cuestiones que no
podríamos atender por medio de otras vías metodológicas. La aplicación
de la antropología a este tipo de trabajos otorga una visión completa y
profunda de una cuestión que requiere el esfuerzo conjunto de una serie
de disciplinas y profesionales tanto regionales como transnacionales.
Ponencia de Mercedes Jiménez:
domingo, 4 de octubre de 2015
Comentario ¿De qué trabajan los antropólogos? Ámbitos de profesionalización de la antropología II
Esta ponencia de Adriá Puyol se centra en las posibilidades de
trabajo en el campo de la antropología. En el año 2004 tiene lugar el Fórum de las Culturas de Barcelona,
en el que se empieza a notar una decaída en el terreno de las ONG's,
sobre todo en el contexto latinoamericano. En cambio, en Europa empieza a
ser palpable una cierta demanda de colaboración con los antropólogos.
En este momento, en Barcelona hay un auge por intentar explicar y
divulgar temas como el multiculturalismo, migraciones, etnicidades,
identidades, etc., campos de trabajo que suponen un reto importante para
el antropólogo.
Junto con un equipo de personas de distintos ámbitos profesionales, ese mismo año se crea "El observatorio de la vida cotidiana",
que centra su labor en ámbitos como el audiovisual, el
gráfico-documental o el museográfico. En cuanto al primero, en
Mauritania realizaron un documental llevado a cabo a través de un
concurso público. Por otro lado, y esto me resulta muy interesante, el
Observatorio gestiona su capital reservando una parte de lo que ganan
con otros proyectos para autofinanciar sus propios proyectos, como por
ejemplo el documental que grabaron en Paquistán, realizado con
financiación propia. Parten siempre del principio de trabajar con la
gente del lugar, que tienen un papel muy importante durante todas las
fases del proyecto. Han creado también una cartera de clientes; como
ejemplo un encargo que recibió a nivel individual para la realización de
una película en Barcelona, en el barrio del Carmelo, para la cual
buscaban expresamente a un antropólogo. En este sentido, la necesidad de
un antropólogo para la realización de este documental radica en que la
cámara tenía que moverse por el barrio casi como una persona. Para que
esto pudiera hacerse, previamente el antropólogo tenía que analizar el
terreno; de lo contrario la realización del documental hubiera sido
imposible, ya que el antropólogo es el nexo, dado su bagaje con los
trabajos de campo.... En cuanto al ámbito de la Museografía, enfocado al
campo de la interpretación de los discursos, un antropólogo puede
aportar la experiencia en los procesos de participación ciudadana que
tengan que ver con la producción cultural. La mayor demanda que tiene el
antropólogo es su labor en procesos de participación social, como por
ejemplo en la remodelación del espacio público; que ayuden a la gente a
pensar cómo quiere que sea su entorno.
En cuanto a las fuentes de financiación, hasta hace 10 años esto no
era un problema (en el caso de Cataluña), había más capacidad para la
realización de proyectos de la que existe hoy en día en cualquier
institución. Puyol señala tres tipos de financiación posibles para
llevar a cabo los proyectos: público, público-privado, privado.
- El cuanto a la financiación pública, hay que dirigirse a cualquier organismo público, pero es importante saber a qué departamento dirigirse, esa es la clave fundamental. En este caso, el ponente subraya la importancia en localizar las fuentes institucionales para la financiación de proyectos, pues en la actualidad los recursos pueden estar en otros departamentos, ya no están en Cultura, ahora están en Servicios Sociales.
- En lo que respecta a la financiación público-privada, la característica principal está en el hecho de que una parte del dinero lo facilita la institución pública y otra el sector privado, ya que casi todas las empresas están interesadas en patrocinar estudios, actos…
- Por último, en cuanto al ámbito privado, el capital lo aporta exclusivamente la entidad privada, que vincula la marca al proyecto. Otra forma de promocionar sus productos, relacionado en este caso a un estudio o proyecto de investigación.
Ser antropólogo es tener una metodología, no una orientación. Contar
con unas herramientas aplicables a cualquier tipo de investigación. La
profesionalización de la antropología no se puede dar de forma
individual, hay que contar con la ayuda de otros profesionales y otras
disciplinas, un interés marcadamente inter y multidisciplinar. Primero
hay que crear equipos para, posteriormente, trabajar individualmente.
Ponencia de Adriá Pujol:
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