sábado, 21 de enero de 2012

Alumna aventajada a los 78

Laura Docampo

Margarita Borges es la estudiante más veterana de la UNED en Tenerife



Margarita Borges es la alumna más veterana de la Universidad Nacional a Distancia (UNED) en Tenerife. Tiene 78 años y problemas de movilidad que le impiden ir las tutorías en la sede de la calle San Agustín y la obligan a estudiar sola en su casa de La Cuesta. Soñaba con ir a la universidad desde que era una adolescente, pero las dificultades económicas de su familia no se lo permitieron.

Hace unos años decidió que había llegado el momento de saldar esa cuenta pendiente y empezó la Licenciatura de Historia. Está en lista de espera para una operación doble de cataratas, pero no pierde el ánimo y pasa los días estudiando las cuatro asignaturas de las que se examina en enero. 

No recuerda en qué año empezó la carrera, pero sabe que fue "hace bastante". "No lo puedo precisar. Voy despacito porque la enfermedad no me deja progresar más rápido", asegura. Margarita tiene una grave escoliosis de la que ha tenido que ser intervenida en varias oportunidades. Sus problemas de espalda son la secuela de los golpes que sufrió en un accidente de tráfico en su isla natal, La Gomera, cuando la guagua en la que viajaba de despeñó por un precipicio. 

Historia y Magisterio eran sus dos carreras favoritas, pero llegado el momento creyó que para la docencia ya era tarde y eligió la primera. "Me conmueve ver cómo la humanidad ha progresado desde el paleolítico hasta el momento actual", confiesa. Durante los tres millones de años que separan ambos períodos, su momento histórico favorito de los que ha estudiado hasta llegar a cuarto de carrera es el neolítico. "El hombre fue capaz en esa etapa de aprender a construir cerámica, preparar sus alimentos, descubrir la rueda, los metales... También es deslumbrante la revolución industrial. Somos valedores de estos grandes aciertos y de fracasos como la guerra", detalla. 


Margarita Borges, en el comedor de su casa de La Cuesta
durante la entrevista. Carsten W. Lauritsen
Margarita Borges nació en el seno de una familia numerosa de la localidad de Arure. Eran muchos hermanos y todos trabajaban en el campo para ayudar a sus padres. Su inagotable curiosidad la convirtió en una gran observadora de la naturaleza. Aquellos paisajes, los sonidos y las sensaciones de su infancia quedarían grabados para siempre en su memoria y muchos años después inspiraron sus mejores poesías. Siendo aún muy joven se casó y emigró a Venezuela. Allí nació su primer hijo, Francisco (49 años). Un año después regresó a Canarias y tuvo a su hija, Concepción (47 años). La familia se instaló en La Cuesta. Junto a su marido construyeron la casa en la que ahora vive junto a su hija. Su trabajo como ama de casa incluía criar a los hijos, atender el hogar, hacer la comida, coser la ropa y hasta poner inyecciones. Cuando tenía un momento de descanso, subía a la azotea y disfrutaba tomando sol. "Tengo muchas arrugas porque me encanta estar al sol", reconoce. Cuando se le cansa la vista de tanto estudio su refugio favorito continúa siendo la azotea. "Leo mucho y uso el ordenador para buscar en internet y ver el correo, y eso cansa mucho la vista". 

Tenacidad

Fiel a su rutina, dedica todas las mañanas a la carrera. Lo único que le apena es no poder ir a las clases "para aprender junto con los compañeros", como hizo durante el bachillerato que cursó en Radio ECCA. Pese a todo mantiene una tenacidad invencible que resulta contagiosa allá por donde va: "Una de las veces que me operaron en el Hospital Universitario, el médico me pidió que pusiera en mi memoria lo mejor que me había pasado en los últimos años mientras me anestesiaba. Le dije que, sin duda, lo mejor era estudiar la carrera de Historia. Cuando volví a hacerme las curaciones, el médico y el ayudante mi dijeron que se iban a apuntar para hacer Estadística e Historia", rememora ahora con una sonrisa.

Margarita describe su experiencia en la Universidad en una carta escrita de puño y letra antes de sentarse delante de la grabadora para este reportaje. "Un día decidí traspasar las puertas de la UNED, siempre abiertas a la cultura y el aprendizaje, para hacer las pruebas de acceso de mayores de 25 años, cuando ya los 25 años estaban muy lejos, guardados en mi memoria".

Antes de entrar en "aquella bella casona lagunera" como ella la describe, Margarita fue una mujer emprendedora que sacó adelante a su familia con un negocio que montó en el garaje de su casa. Era una tienda de las de antes, en la que se vendía desde víveres hasta artículos de papelería y golosinas aprovechando la clientela del colegio La Pureza, muy cerca de allí. Recuerda que un vecino solía bromear con ella diciendo que su negocio "parecía una tienda del lejano oeste porque tenía de todo". 

Pasó 29 años detrás del mostrador de aquel comercio, lo que la convirtió en una vecina muy popular en La Cuesta. En el colegio La Pureza algunos profesores bromeaban sobre su popularidad al asegurar que si se presentaba a las elecciones "las ganaba y por mayoría absoluta", comenta.En 1992 quedó viuda. Sin el apoyo de su marido pensó en abandonar, pero prefirió no encerrarse y siguió trabajando. "Venían muchas niñas del colegio. Yo les preparaba los bocadillos y se quedaban conmigo un rato. Me hacían compañía y me ayudaron mucho a superar ese bache", asegura. 

Finalmente, años más tarde bajó la persiana y se jubiló. Entonces comenzó a tener tiempo para dar rienda suelta a sus inquietudes intelectuales y creativas. Primero hizo un curso de cerámica en la escuela municipal y luego otro por correspondencia de diseño de modas en una academia de Barcelona. Como casi todas las chicas de su generación, Margarita había estudiado corte y confección y desde muy joven se hacía sus propios vestidos. Con aquel curso, su talento para la moda quedó patente y le granjeó un excelente en el examen. La academia le envió una carta de felicitación en la que le comunicaba que era la primera alumna en conseguir la puntuación más alta.

Los problemas con la vista y la espalda la hicieron dejar las agujas y las puntadas para meterse de lleno en la poesía. Comenzó a recibir clases en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz, donde encontró un profesor que le daba la libertad para expresarse que ella buscaba. Así nacieron versos que hablan sobre la religión, la naturaleza de su querida isla de La Gomera y también de amor. Son un canto a la vida, una oda al positivismo que caracteriza su personalidad. 

Las clases la estimularon y Margarita se puso a escribir hasta acumular una titánica obra que abarca cerca de un millar de poemas. Es capaz de recitar de memoria más de la mitad y exhibe con orgullo en su biblioteca los dos premios que recibió en certámenes literarios del municipio de Candelaria. 

A pesar de que no tuvo la posibilidad de estudiar hasta llegar a la vejez, su hija, Concepción, asegura que siempre tuvo "una inteligencia más allá de lo normal". Según comenta Margarita, su maestra de Arure le dijo a su padre que "debía enviarla a Tenerife a estudiar porque ella ya le había enseñado todo lo que sabía". Pero no pudo hacerlo. Sus hermanos se habían ido fuera y sus padres estaban enfermos. Admite que no le pesó quedarse. "Seguí palpando la realidad del pueblo con los vecinos. Me refugié en la naturaleza", dice. Sin tener título oficial, Margarita se convirtió en la maestra del pueblo. "Su labor alfabetizadora fue muy importante. Hubo mucha gente que de no haber sido por mi madre no hubiera tenido posibilidad de aprender a leer y escribir", relata su hija. Eran tiempos de miseria y emigración. Margarita leía para sus vecinos las cartas que enviaban sus familiares desde tierras lejanas y escribió muchas para los prometidos de jóvenes gomeras.Asegura que le salían "tan bien que volvían enseguida y se casaban con ellas". Ahora Margarita no escribe cartas de amor. Escribe otras cosas en torno a la UNED y las "agotadoras" asignaturas que "al superarlas suponen una gran satisfacción personal". "No soy ningún ejemplo, pero invito a jóvenes y mayores a que emprendan este camino con perseverancia. Cuando a mí me llegue el día de terminar la carrera, todo mi esfuerzo y constancia tendrán su premio".

Artículo publicado en La Opinión de Tenerife por Laura Docampo.