viernes, 29 de octubre de 2010

Las exigencias del progreso histórico - Último epígrafe de La sociedad dividida


Termino con este epígrafe mi resumen del libro "La sociedad dividida. Estructura de clases y desigualdades en las sociedades tecnológicas" de José Felix Tezanos, Biblioteca Nueva, Madrid, 2001. En breve colgaré mi trabajo de comentario y resumen correspondiente al Bloque I de la asignatura Introducción a la Sociología I del primer cuatrimestre del Grado de Sociología del curso 2010/11 de la UNED, conforme a las normas de extensión, como a las características establecidas por el equipo docente, y referente a la lectura de este mismo libro.

Las exigencias del progreso histórico

Los movimientos emancipadores que operaron en el pasado más reciente no deberían circunscribirse como sólo una manifestación sociopolítica delimitada a la sociedad industrial clásica y, por consiguiente, subordinada exclusivamente a los condicionantes y cambios inherentes de esta etapa de evolución de las sociedades. Los estímulos de cambio que se expresaron históricamente en las sociedades en su etapa de transformación industrial tienen que ver como una fase positiva del curso de penetración y expansión de la democracia, pero no como consumación del mismo.
La crisis teórica contemporánea, que ha terminado por manifestar todos los fenómenos históricos posibles, con algunos desfases que evidencia la presencia no sólo de una crisis interna de paradigma y una insuficiencia de proyectos de futuro, sino, sobre todo, de una cierta crisis de oportunidad, relacionada con la pérdida de observación de las nuevas referencias y posibilidades latentes de dinamización social. Se revela pues necesario el estímulo de políticas de libertad, igualdad y de equilibrio medioambiental, por consiguiente hay diseñar respuestas creíbles a necesidades diferenciadas y a problemas auténticos. Un mundo que se mueve por impulsos y apoyos sociales específicos. Por ello, las fases ulteriores de progreso deben de ser meditadas en un marco de posibilidades que posibiliten situar y alentar los mecanismos necesarios de autoprotección social y medioambiental, asistiendo a reforzar los principios morales-racionales de los ciudadanos.
Una crisis que debe ser entendida desde parámetros culturales y socio-económicos de una etapa histórica concreta y pensando en el futuro la reformulación de los paradigmas ha de plantearse con nuevos enfoques en el modo de definir y pensar el progreso. Una dinámica ésta, en un proceso que actúa desde un haz de valores y de criterios en contradicción práctica con definidos modos de relaciones sociales constituidas, en las que se producen desigualdades, dominaciones, dependencias, alienaciones, exclusiones, necesidades y vacíos, que se enfrentan con las demandas personales y con la correspondiente moral alcanzada. Los cambios en las estructuras sociales demandan de transformaciones urgentes en las formulaciones teóricas, de nuevos enfoques en la acotación de los arquetipos de progreso, de nuevas directrices en los movimientos sociales y, por consiguiente, de una adecuación de las estrategias políticas.
Determinadas formulaciones históricas poco o nada tienen que ver con las complejas estructuras sociales contemporáneas, o con las venideras. Unas inercias en la simplicidad en la concepción del orden social que constituyeron dos formulaciones desacertadas: la teoría del <<malestar social>> único y esencial, desde la explotación-alienación del trabajador e imbricada a las relaciones directas de trabajo-propiedad, y la siguiente teoría, la del sujeto único revolucionario, o sujeto del cambio; la concepción del proletariado como clase social universal, sancionada con los males globales y cuya emancipación era la llave de la liberación universal. Unos desfases sociológicos y políticos que obedecieron a estas formulaciones como respuesta a muchos de los debates motivados en el entorno académico e intelectual.
En la actualidad hay consenso en interpretar que en las sociedades emergentes se manifiestan varios modos de malestar, desigualdad, dependencia, alienación, explotación, exclusión, miseria, etc., conectados a diversas facetas de las relaciones sociales. El estímulo de progreso venidero ha de emerger de la reacciones sociales frente una pluralidad de fuentes de malestar y desajuste y hacerse ejecutar desde el acuerdo y de la convergencia de planteamientos de varios sectores impulsores.
Por consiguiente, a los sujetos tradicionales del cambio habrá que contar con aquellos grupos más pendientes por las nuevas exigencias sociales, como a las <<infraclases>> y a los excluidos. Unos grandes núcleos, éstos que por sí solo no poseen una potencialidad social y política precisa como para cristalizar y llevar a cabo proyectos de reforma, sectores que se necesitan en reciprocidad. Por lo que se establece que el trabajo teórico en el futuro va ser el análisis de los elementos (positivos y negativos) de motivación, que pueden actuar como mecanismo dinamizador de los comportamientos colectivos de los agentes sociales en presencia. Configurándose como necesario, en este marco de interacciones este triple desafío:

·Facilitar las claves explicativas que respondan a las líneas de fuerza de la dinámica social; como identificadoras de los conflictos y desajustes.
· Probar la capacidad para traducir estas explicaciones en objetivos y en mensajes políticos y sociales.
· El diseño de líneas de agregación de intereses a partir de la diversidad social existente.

El nuevo modo de pensar el progreso social estriba, como lo hicieron las ciencias modernas, en un camino que llevará a evolucionar:

· Desde la pretensión de una teoría unidimensional, a enfoques teóricos multidimensionales.
· Desde el propósito de construir una gran teoría global, a establecer un conjunto de teorías de alcance intermedio, llenando los vacíos del pensamiento social de modo riguroso y pormenorizado.
· Desde la teorías del sujeto único revolucionario a la colectividad de sujetos potencialmente dinamizadores de la transformación social.
· Desde concepciones cerradas y absolutas sobre el progreso social a interpretaciones más abiertas y plurales.

Hay que admitir el principio de la complejidad de lo real y actuar con criterios pluralismo teórico y de integración organizativa, desde novedosas perspectivas y disposiciones intelectuales. En sociedades complejas y culturalmente evolucionadas sólo será posible sumar intereses desde criterios como los citados. Por tanto desarrollando un pensamiento social operativo, eficiente y adaptado a los nuevos tempos, contribuyendo a estimular el progreso en esa óptica histórica de largo alcance que se inclina a armonizar la penetración y expansión de la democracia, el equilibrio social y el humanismo.

Resumen de epígrafe de La sociedad dividida de José Félix Tezanos