lunes, 11 de junio de 2012

Teoría sociológica II: Moderna. PREC Parte 1

No hay que ir muy lejos para demostrar que el supuesto de la unidad funcional completa de la sociedad humana es con frecuencia contrario a la realidad. Los usos o los sentimientos sociales pueden ser funcionales para unos grupos y disfuncionales para otros de la misma sociedad. Los antropólogos citan con frecuencia la “acrecentada solidaridad de la comunidad” y el “acrecentado orgullo familiar” como ejemplos de los sentimientos funcionalmente adaptativos. Pero, como indicó Bateson entre otros, el aumento del orgullo entre las familias individuales puede servir con frecuencia para destruir la solidaridad de una pequeña comunidad local. No sólo es contrario a la realidad con gran frecuencia el postulado de la unidad funcional, sino que tiene poco valor heurístico, ya que distrae la atención del analista de posibles consecuencias dispares de un renglón social o cultural dado (usanza, creencia, norma de conducta, institución) para diferentes 
grupos sociales o para los individuos de esos grupos.
Robert K. Merton – Teoría y estructura sociales, pp.101.

El texto propuesto para este comentario pertenece al libro Teoría y estructura sociales, en su capítulo tercero Funciones Manifiestas y Latentes, epígrafe Postulados que prevalecen en el análisis funcional. Es una compilación de ensayos publicados por el sociólogo norteamericano Robert K. Merton en 1949 por primera vez, revisados y aumentados posteriormente en 1957 y 1968.

Localización

La incorporación de los términos institución, control, estructura y función social, alcanzaron una incidencia considerable en varios norteamericanos del siglo XX, como Parsons y Merton (Martínez, 2008). Los orígenes y desarrollo del funcionalismo como tradición sociológica, haciendo una revisión por lo que han sido sus fuentes más habitualmente consideradas fueron el organicismo positivista, la antropología de Malinowski y Radcliffe-Brown (Alonso, 1987) el estructural funcionalismo de Parsons, y  por supuesto la importante contribución del autor que nos ocupa Robert K. Merton, con sus personales aportaciones a esta perspectiva. Discípulo parsoniano, es probablemente el teórico social que intenta con más acierto desarrollar un marco conceptual con el ánimo de perpetuar la validez del funcionalismo estructural. No antes sin reprobar algunos rasgos del funcionalismo como son la unidad funcional de la sociedad o el “axioma” del funcionalismo universal.
Comentario del contenido

Merton
Merton no es un creador de términos o de definiciones de los mismos, más bien procura entregar una nueva forma de entender el concepto de función, es así como diseña las Funciones Manifiesta y Latentes, en efecto, función significa para Merton consecuencia objetiva (Giner, 2006). Su análisis funcional enfocado en intentar decididamente distinguir las funciones (manifiestas y latentes) en el plano de la conducta humana, es su interés apoyado en fines heurísticos. El objetivo, y para obviar la confusión de funciones con motivos, Merton introduce esta clasificación de funciones. Las manifiestas son aquellas que pretenden los participantes de una actividad social; las intencionadas (Ritzer, 2010) a menudo son menos importantes que las funciones latentes, las consecuencias nointencionadas del acto social (Giddens, 2009). No hay impedimento que una misma categoría social tenga una función manifiesta y otra latente (integración grupal, conservación de privilegios, etc.). Así nos encontramos que las normas aparentemente irracionales persiguen funciones positivas aunque en apariencia, las mismas no cumplan con sus objetivos manifiestos. Merton también refutó algunos matices de la teoría parsoniana, particularmente la creación de grandes teorías, transformando este enfoque absoluto por otro más relativo que prioriza la creación de teorías de alcance intermedio como modelo teórico para acercarse de una manera más precisa a la realidad social.
Las interacciones entre las partes del sistema son funcionales, sus propiedades están ligadas por dependencias funcionales (Bar, 2000), consecuencias observables que aumentan o mantienen el grado de integración (Giner, 2010). La idea sustantiva del texto orbita en torno a la presunta “unidad funcional” de la sociedad humana. Merton rechaza esa proposición básica del funcionalismo estructural (“el supuesto de la unidad funcional (…) es con frecuencia contrario a la realidad”), que admite que toda convicción cultural o social estandarizada es funcional para la sociedad, y que todas las partes del sistema poseen un alto grado de integración. Observamos que Merton no intenta estandarizar un concepto sino más bien entenderlo en su conjunto y en relación a la realidad donde ocurre. Este punto de incorporar la realidad donde se hallan las funciones es básico para comprender en primer lugar su crítica al análisis funcional y en segundo lugar, su posterior reformulación. Merton expone que una misma estructura social puede ser funcional para un conjunto social y para el resto no lo es “(…) pueden ser funcionales para unos grupos y disfuncionales para otros de la misma sociedad”, fundamentalmente en sociedades grandes y complejas. Con todo ello, distinguimos claramente su reconstrucción de la unidad funcional, la funcionalidad universal y por último la indispensabilidad, pudiendo evidenciar como Merton va introduciendo en el análisis, el concepto multidimensional de Estructura, y en este texto propuesto para comentar,  su interés en la estructura de las relaciones sociales “(…) de un reglón social o cultural dado –usanza, creencia, norma de conducta, institución- para diferentes grupos sociales (…)”.
Las explicaciones funcionales son consideradas generalmente como una subclase de explicación teleológica. La forma lógica de tales explicaciones requiere, para que puedan ser útiles, canalizarse a través de un tipo especial de conceptualización de sistema de estudio (Oquist, 1970). El propio Merton señala en su paradigma, que encajada en todo análisis funcional existe alguna concepción, táctica o expresa, de los requisitos funcionales, sin perder de vista la inherente polisemia del término “función” que tanto ha estado en el debate socio-antropológico, en la historia de la perspectiva funcional.