martes, 29 de mayo de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 46


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



INTRODUCCIÓN

En general para que un régimen político sea considerado como totalitario se consideran indispensables los siguientes elementos:
1.     Una ideología suficientemente elaborada y con pretensión abarcadora y exclusiva que descansa, en parte, en el rechazo de los valores tradicionales y en la recusación del pasado, y, en parte, en la invocación de expectativas de futuro. Proyecto de una nueva sociedad e, incluso, de un hombre nuevo.
2.     Un movimiento de masas uniformado, centralizado y políticamente unificado, que se considera como portador de una politización tan total como sea posible  una integración de los ciudadanos y de una superación de la sociedad liberal y de clases.
3.     Pleno control de todos los medios relevantes de comunicación y de coacción.
4.     Control burocrático de la economía y de las relaciones sociales por el camino del dirigismo estatal, de la socialización o de las nacionalizaciones.
5.     Liderazgo carismático
6.     Democracia plebiscitaria o directa, basada en la aclamación como mecanismo idóneo de expresión de la voluntad popular. El paso de lo privado a lo público sólo podía tener lugar cuando el individuo manifestaba su opinión formando parte de la multitud reunida en la plaza pública.
Los totalitarismos tienen como objetivo esencial la supresión de las fronteras entre el estado y la sociedad. Postulan la absorción de la sociedad civil por el Estado. En su variante fascista y nacional-socialista, presuponen la sociedad de masas. Surgen de lo que el historiador George L. Mosse ha denominado la nacionalización de las masas, es decir, de la construcción de la identidad nacional a través de instituciones como la escuela o el Ejército, de monumentos, festividades, liturgias, lugares sagrados, etc. Estos movimientos de vieron favorecidos por el clima intelectual de la época, provocado por la crisis del positivismo y de las filosofías racionalistas.
Sus orígenes más próximos se encuentran, sin embargo, en la experiencia movilizadora de la Gran Guerra, que contribuyó decisivamente a trasformar la mentalidad y la cultura política de las masas. Al finalizar la guerra las sociedades europeas entraron en un período de profunda inestabilidad política. Las legitimidades tradicionales entraron en crisis. Se buscaban alternativas sociales y políticas a un liberalismo y a un parlamentarismo cada vez más debilitados por la experiencia de la guerra y la revolución bolchevique.
Sin embargo fascismo y nacional-socialismo fueron movimientos políticos, sociales y culturales ideológicamente diversos. Pese a coincidir en: antimarxismo, interclasismo, fijación del liderazgo carismático, legitimidad plebiscitaria, populismo, corporativismo; diferían en la interpretación del hecho nacional. Para el fascismo era estatal y proyectiva, que no se define ni por la tradición, ni en función del origen étnico de sus componentes, sino a partir de una memoria colectiva, de un culto común y de una voluntad de integrarse en la comunidad nacional. Por el contrario, la concepción nacional-socialista era racial.

 Fascismo italiano
Orígenes ideológicos

Ideológicamente, el fascismo italiano fue la expresión política de posguerra de los movimientos intelectuales nacidos del Risorgimento (proceso que a lo largo del siglo XIX llevó a la unión de los diversos estados en que estaba dividida la península Itálica) y de la crisis del positivismo iniciada a finales del siglo XIX. Las corrientes ideológicas que desembocan en el fascismo se nutren de diversos aspectos del nacionalismo italiano, del sindicalismo revolucionario y del neohegelianismo.

Giuseppe Mazzini
La nacionalización de las masas (la participación activa del conjunto de la población en la vida política y su integración en la sociedad nacional, a través de ritos, símbolos, mitos, fiestas, monumentos, etc, al igual que de los principales agentes de socialización, desde la escuela al servicio militar. Un proceso en el que participa no sólo el Estado, sino sociedades culturales y gimnásticas e incluso sectores importantes del movimiento obrero) en Italia tuvo mucho menos éxito que en Alemania o Francia. El Risorgimento tuvo como consecuencia la ruptura de la alianza entre el Estado y la Iglesia. El nacionalismo italiano decimonónico tuvo por su principal adalid a Giuseppe Mazzini, portavoz de un nacionalismo laico basado en la Religión de la Patria. Mazzini decía que no podía existir la unidad política nacional sin una unidad moral en torno a una fe colectiva y una conciencia de misión. En el fondo, la nación era una comunión de creyentes. Su modelo era republicano, unitario y revolucionario.
El nuevo Estado italiano inició una ambiciosa campaña de expansión colonial en África, y en sus deseos de ampliar su presencia en el Cuerno de África, recibió un duro golpe en la batalla de Adua (Abisinia).

Los fracasos del primer imperialismo italiano dieron origen a las primeras publicaciones de carácter nacionalista. En 1910, apareció la Asociación Nacionalista Italiana, cuyo principal teórico fue Corradini. El nuevo nacionalismo italiano tenía como objetivo la lucha contra el liberalismo y la articulación de una cultura y de una mística nacional unitaria, a través de los mitos de la Roma antigua, de la Italia medioeval y el Renacimiento. Los nacionalistas italianos glorificaban el progreso económico, las élites burguesas, al igual que reivindicaban la expansión colonial. Se tiñó de tendencias populistas, con el célebre concepto de nación proletaria. Su unidad política era aún incipiente, en consecuencia, el objetivo común, por encima de las clases y de las ideologías, debía ser la expansión colonial, sobre todo en África; y no la democracia o la lucha de clases.

Surgieron tendencias nacionalistas de izquierda, cuyo proyecto político era acercar el movimiento nacionalista al sindicalismo revolucionario, coincidentes ambos en el rechazo hacia la democracia liberal y el pacifismo, a favor de una común visión heroico-histórica, mística y activista de la política.

A ello se unió la incidencia cultural de la escuela neoidealista, comprometida en el redescubrimiento de los contenidos y de las sugerencias de la tradición cultural italiana y vieron en el Estado la misión ética característica de la filosofía hegeliana, subrayando la necesidad de una amplia labor formativa y educativa de la nuevas generaciones, opuesta tanto al catolicismo como al positivismo y el marxismo. La victoria de los neoidealistas fue arrasadora y cambio no sólo la concepción general de la filosofía, sino el gusto, el estilo, las aficiones de toda una época cultural. Las vanguardias artísticas contribuyeron igualmente a la modernización  y nacionalización de la cultura italiana, mediante la exaltación de la innovación tecnológica y económica, de la velocidad y el riesgo. El Futurismo era una filosofía de la vida, concebida como una lucha inagotable, que exaltaba, entre otras cosas, la guerra.
Fue importante el desarrollo de la ciencia política italiana, con la obra de los sociología elitistas Mosca y Pareto. Eran liberales, pero no demócratas. El liberalismo italiano rechazó siempre la concepción rousseauniana del gobierno popular. Tomaron como premisa científica el fundamento siempre minoritario del poder, a través de su teoría de la élite o de la clase política. Para Pareto, la vida social está caracterizada por una continua circulación de élites de diverso tipo y valor, insistió en que en la vida social y la historia, las acciones no-lógicas prevalecen definitivamente sobre las acciones lógicas. Otro sociólogo alemán, Robert Michels, nacionalizado italiano abordó el tema de la compatibilidad entre los ideales democráticos y la férrea ley de la oligarquía, que rige a los modernos partidos políticos de masas.
Benito Mussolini
A todo ello es preciso añadir la formación político-intelectual de Benito Mussolini, como futuro líder del movimiento fascista italiano. Militó en el Partido Socialista, dentro de su sector más revolucionario y maximalista. Su formación fue, sin embargo, ecléctica. Tuvo ocasión de asistir a las clases Pareto en la Universidad de Lausana (Suiza). Su teoría de la elite marcó profundamente su pensamiento político. A esta influencia hay que añadir Marx, Nietzsche y sindicalistas revolucionarios (Sorel entre otros). Mussolini lucho contra el reformismo social-demócrata y el liberalismo. Mussolini soñaba con el derrocamiento del régimen liberal mediante la huelga general y con la formación de un sistema proletario regido por los sindicatos. La idea de Sorel más influyente en Mussolini fue la del mito como director e inspirador de las energías y de las acciones políticas. El mito no es una especie de utopía, sino todo lo contrario: no la descripción de una perfecta sociedad del futuro, sino la llamada a una batalla decisiva. Su valor no es cognitivo; no se trata de una predicación científica; es una fuerza que inspira y organiza la conciencia militante de un grupo autosuficiente. El mito del proletariado es la huelga general. Sólo mediante un mito puede un grupo combativo mantener su solidaridad, heroísmo y espíritu de autosacrificio. Se trata de un estado mental que espera y se prepara para la violenta destrucción del orden existente.
Tras sus campañas contra la guerra de Libia,  Mussolini consiguió convertirse en una figura nacional, que encabezaba la corriente revolucionaria el socialismo italiano, una corriente que salió vencedora en el congreso celebrado en Reggio Emilia en julio de 1912. A partir de esa fecha empezó una época de ruptura con la ideas del socialismo. Desilusionado por la incapacidad revolucionaria del proletariado y de los socialistas, evolucionó, al estallar la gran Guerra, hacia posiciones nacionalistas e intervencionistas. Se trataba de un nacionalismo de nuevo tipo, que busca la síntesis con un socialismo que ya se autodefinía como antimarxista, y que apostaba por la colaboración entre las distintas clases sociales. Su objetivo era la modernización de la sociedad italiana, a través de una tercera vía entre el capitalismo liberal y el socialismo marxista. El mito por excelencia ya no sería la huelga general, sino la nación italiana.
Tras su decisión de apoyo a la entrada de Italia en la Gran Guerra, Mussolini fue expulsado del Partido Socialista y fundó su propio periódico “Il Popolo d’Italia”.