domingo, 5 de enero de 2014

Resúmenes Sociología Política Parte 30

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

Cultura política y democracia

La obra La cultura cívica de los politólogos funcionalistas Almond y Verba marcará un hito de tal magnitud que la practica totalidad de la reflexión posterior cabe ser entendida como un diálogo más o menos explícito con esta obra.

La enorme frustración que acompañó a la IIGM situó a las ciencias sociales ante la necesidad de explicar las causas del subimiento de sistemas políticos totalitarios en sociedades que se presumían democráticas. El inicio de los procesos de descolonización y los problemas de los nuevos países impulsará la reflexión no sólo sobre las condiciones sociales y económicas asociadas a la posibilidad de una democracia estable sino también sobre los fundamentos culturales que se encuentran en la base del edificio político. La recepción norteamericana de la sociología weberiana, la influencias de la psicología social, las aportaciones de la antropología psicocultural y el desarrollo de la metodología cuantitativa de investigación mediante encuestas.

Almond y Verba van a definir la cultura política de una nación como “la particular distribución de las pautas de orientación hacia los objetos políticos entre los miembros de esta nación”. La cultura política se entiende referida a un conjunto de orientaciones individuales hacia un conjunto especial de objetos y procesos, los objetos y procesos políticos. Las orientaciones psicológicas o predisposiciones a la acción de los individuos, las cuales, siguiendo el esquema de Parsons y Shils, se clasifican en tres categorías: orientaciones cognitivas, afectivas y evaluativas; conocimientos, los sentimientos y los juicios y opiniones que poseen los individuos acerca del sistema político y de sus componentes; los objetos políticos: el sistema político general, los objetos políticos o input, los objetos administrativos u output y el propio sujeto como actor político.

La relación entre los tipos de orientación y las clases de objetos da lugar a una matriz simple de 3 por 4. De una concepción basada en el individuo se pasa sin solución de continuidad a un modelo de culturas políticas nacionales entendidas como distribuciones sociales de actitudes.

Tres serían los principales tipos de cultura política, según Almond y Verba:

1.    La cultura política parroquial, sociedades tribales y en aquellas en que la diferenciación de roles es muy escasa.
2.    La cultura política de súbdito: el súbdito mantiene una relación esencialmente pasiva en cuanto receptor de las acciones del sistema.
3.    La cultura política participante: los miembros de la sociedad tiene un rol políticamente activo, aunque sus sentimientos y evaluaciones pueden ser favorables o desfavorables.

Los tres hay que entenderlos como tipos ideales a la manera weberiana; como modelos teóricos que no tienen una plasmación concreta en la realidad histórica de cualquier sociedad. La cultura política  de una sociedad siempre tendrá un carácter mixto: a pesar de que puede existir un predominio de los rasgos característicos de uno de los tipos establecidos aparecerán siempre elementos más o menos importantes de los otros dos tipos.

Almond y Verba creen superar la dicotomía entre realidades micropolíticas y macropolíticas situando a la cultura política como nexo de unión entre los individuos y grupos por un aparte y las estructuras y procesos por otra:

1.    La explícita distinción establecida entre pautas culturales y estructura política abre la posibilidad de investigar un problema que los autores consideran crucial para la estabilidad y evolución de los sistema políticos.
2.    La importancia de las orientaciones individuales en la configuración de la cultura política y su influencia sobre el sistema político.

El verdadero interés de Almond y Verba es analizar en qué medida las distintas culturas nacionales se ajustan al patrón de cultura política que los autores consideran apropiada y congruente con los sistemas democráticos estables: la cultura cívica que se concibe como el resultado de los choques existentes entre la modernización y el tradicionalismo, dando como resultado una cultura política pluralista, basada en la comunicación y la persuasión, en el consenso y la diversidad, una cultura que permite el cambio pero que al mismo tiempo la modera. Es también de carácter mixto, coexistiendo en su seno orientaciones de participación junto a las de súbdito y parroquiales.

Detrás de la idea de cultura cívica late continuamente una concepción elitista de la democracia, basada en una rígida separación entre élites gobernantes y masas que cumplen sus decisiones, separación que implica:

·      Que las élites deben poder gobernar sin excesivas presiones ciudadanas
·      Que los ciudadanos, aún manteniendo su posibilidad de participar, sean relativamente pasivos y deferentes con las élites

Para Almond y Verba el ciudadano en la cultura cívica, el ciudadano democrático posee una reserva de influencia: no es el que actúa y toma parte en los procesos políticos sino el “ciudadano potencialmente activo”, que tiene interiorizado un sentimiento de competencia política y sólo actúa si hay necesidad de ello. La democracia queda convertida fundamentalmente en un mito, en el que hay que creer para que se mantenga el equilibrio deseado entre el poder y libertad de las elites y su responsabilidad ante las demandas de los ciudadanos.

Almnond y Verba llevaron a cabo la investigación empírica mediante un cuestionario común aplicado a muestras nacionales de cinco países (EEUU, UK, Alemania, Italia y México) que tratan de representar ejemplos diferentes de adecuación al patrón típico definido en la noción de cultura cívica. Comentarios y críticas se han centrado: la consideración de la cultura cívica como paradigma de cultura política democrática, la concepción teórica de cultura política  y los procedimientos técnicos-metodológicos del estudio.

Comenzando por la noción de cultura cívica, el punto más discutible son las grandes dosis de normativismo y etnocentrismo que se encierran en su formulación. Se termina convirtiendo a u tipo específico de cultura política, resultado de un proceso histórico-político muy concreto y basado en una determinada concepción de la democracia, en el único camino posible para lograr desarrollar sistemas democráticos estables, lo que supone olvidar la influencia contingente que las condiciones sociales, económicas y políticas ejercen sobre la evolución de los distintos sistemas políticos e implantar una visión uniformizadota de los múltiples procesos que favorecen o impulsan la democratización. Otro problema es la implícita relación de causa-efecto que parece establecerse entre cultura cívica y democracia estable entre cultura uy estructura política. En La cultura cívica no se contempla la posibilidad de que el desarrollo positivo de una experiencia de democratización se convierta en el elemento clave para el surgimiento de una cultura política democrática o que la estructura de desigualdad socioeconómica introduzca variaciones importantes en las pautas culturales de determinados sectores sociales.

El excesivo énfasis que en todo este planteamiento de la cultura política se realiza sobre la homogeneidad de normas y valores y el consiguiente olvido de todo aquellos que supone divergencia o diferenciación. Se tienden a interpretar en términos estrictamente individuales, sin tener en cuenta que el modo en que los individuos se relacionan con la esfera de lo político esta mediado por su pertenencia a grupos sociales estructuralmente desiguales entre sí.

Almond y Verba han suscitando y siguen suscitando grandes interrogantes, como la ausencia de una reflexión sobre el papel fundamental que juegan las élites en la construcción social de la cultura política o la dificultad de explicar el cambio sociopolítico de las sociedades contemporáneas. Cabe extraer dos conclusiones principales:

·      La necesidad de superar cualquier pretensión de definir “una” cultura política democrática, insistiendo por el contrario en la influencia que en cada caso ejercen las condiciones sociales, políticas y económicas sobre la formación y evolución de las pautas culturales predominantes en las distintas sociedades democráticas.
·      La necesidad de analizar en detalle las interacciones recíprocas que en cada sociedad se establece entre la dimensión institucional, socioestructural y cultural con el fin de poder especificar la contribución específica que la cultura política hace a la construcción de los universos políticos de los ciudadanos y a su comportamiento político.

De las distintas aportaciones que se vienen sucediendo en los últimos años encontramos una preocupación por tratar de superar el olvido a que tradicionalmente se ha sometido el primer término del concepto de cultura política; reflexionar qué es la cultura y qué papel desempeña en las sociedades industriales avanzadas, desde su consideración como un componente integral de la acción social. En concebir la cultura política como el contexto de significados en el que se desarrolla la vida política de las distintas sociedades. Frente a la visión clásica que entiende la cultura política como un conjunto de disposiciones psicológicas resultado de una específica socialización política, se insistirá en los procesos a través de los que se produce la construcción social de las diferentes culturas políticas, las cuales servirán de marco a los individuos para la formación de sus preferencias políticas.