sábado, 28 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 23

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

La importancia de las reglas de juego: el sistema de gobierno
y el sistema electoral

Los electores responden a las propuestas de políticas y líderes que les presentan los partidos y actúan racionalmente al adoptar su decisión de voto tras poner en relación esas propuestas con sus preferencias políticas. Los partidos llevado por el objetivo primario de ganar las elecciones, responden a las preferencias de los electores en su búsqueda permanente de fórmulas electorales para maximizar votos. Aceptar esto no implica negar la existencia de electores fieles a un partido, ni tampoco reducir los partidos a meras máquinas electorales, pero sí implica reconocer que los resultados de unas elecciones dependen críticamente de ese grupo de votantes racionales, esa minoría que ha aumentado como consecuencia de la expansión educativa que ha tenido lugar en muchos países industrializados.

El modelo de la democracia de audiencia asume que en los sistemas democráticos una parte del electorado es sensible a la movilización y las propuestas de los partidos, induciendo a éstos a esforzarse en la elaboración de estrategias de competición efectivas para atraer a esos votantes. No se explican sin atender a unas estructuras de reglas constitucionales y electorales, bastante estables aunque sujetas a transformaciones, dentro de las cuales se originan y despliegan las organizaciones partidistas.

Dependiendo de cómo se organizan políticamente los estados, existen unos partidos u otros, y éstos se relacionan y compiten entre sí de una manera u otra, Esas formas de organización política y de selección de representantes políticos se diseñan extrayendo aprendizajes del pasado y de otros casos, tratando de guardar los intereses de los propios diseñadores de cara a mantener la situación privilegiada de poder de la que disfrutan.

Las democracias representativas han encontrado dos grandes sistemas de organización política: el presidencialista y el parlamentario. La diferencia crítica entre ambos sistemas radica en la relación entre el poder ejecutivo y el legislativo, en cómo se elige a quienes ostentan el poder ejecutivo. Las democracias presidencialistas establecen el principio de la división de poderes entre el ejecutivo y el legislativo, ambos elegidos por la ciudadanía en procesos electorales diferentes para periodos de tiempo diferentes. El poder ejecutivo reside en el presidente electo, quien tiene la facultad de nombrar a su gobierno; el legislativo, en la asamblea. Como el presidente y la asamblea extraen su legitimidad de diferentes elecciones, no el mantenimiento en el cargo de presidente depende de la asamblea ni la duración de la legislatura de la asamblea depende del presidente.

En las democracias parlamentarias las elecciones generales sirven para elegir a los miembros del parlamento, del cual surge el gobierno. El presidente del gobierno o primer ministro elegido a través del parlamento puede ser removido de su cargo si pierde la confianza de éste. Tratará de evitar el conflicto con la mayoría parlamentaria en la que se asienta su gobierno; tendrá en cuenta las preferencias del partido o partidos que le han permitido conseguir su investidura. El modelo parlamentario-presidencialista (mixto o semipresidencialista) desdobla la competencias del poder ejecutivo entre un presidente elegido directamente y un gobierno parlamentario. El presidente puede ostentar su capacidad de controlar la labor legislativa del gobierno parlamentario sujeta a estrictos límites.

Todas comparten un rasgo: giran en torno a propuestas de políticas nacionales o de estado. Pero las elecciones presidenciales se caracterizan por una mayor personalización de la oferta partidista. Las características de un juego de suma cero que distinguen a estas elecciones de las parlamentaria favorecen que la persona del candidato se eleve por encima del partido y disponga de cierta autonomía para diseñar la agenda de la campaña. Los candidatos a la presidencia del país puedan centrarse en sólo algunos temas, sin necesidad de presentar “paquetes” partidistas completos. Propicia la personalización de las elecciones, permite a los candidatos volcarse en la presentación y discusión pública de ciertos asuntos, asociándolos muy estrechamente a sus personas.

En los regímenes parlamentarios la relación entre candidatos y partidos depende de diversos factores institucionales, como el grado de centralización del poder político en el parlamento nacional. Una estructura de poder muy centralizada en el parlamento nacional tiende a reforzar institucionalmente a los partidos. Los líderes buscan mayor respaldo en la organización partidista, que integren la coalición dominante del partido y se expongan en mayor medida ante la opinión pública como representantes de un programa colectivo.

Maurice Durverger había publicado la contribución pionera sobre los efectos de los sistemas electorales en la vida política y en la organización de los partidos y los sistemas de partidos. La representatividad de un sistema electoral se define entre dos extremos, el principio de mayoría simple (gana el que consigue más votos) y el de proporcionalidad estricta (ganan todos los que obtienen votos en una medida proporcional a los votos obtenidos). Ningún sistema electoral puede respetar la proporcionalidad pura que supondría trasladar los % de votos en idénticos % de puestos de representación, pero los denominados “sistemas proporcionales” lo hacen en mucha mayor medida. Duverger  distinguió tres grandes tipos de sistemas electorales:

1.    El mayoritario a una vuelta: mayoría simple y utiliza distritos electorales uninominales, sólo asignan un escaño.
2.    El mayoritario a dos vueltas: una mayoría absoluta en una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados en la primera vuelta.
3.    El de representación proporcional: distritos plurinominales, que asignan más de un escaño.

Ley de Duverger establece que el sistema mayoritario a una vuelta, que da el escaño o los escaños correspondientes a un distrito electoral únicamente al candidato o partido que obtiene la mayoría de los votos, favorece el bipartidismo. Esta tendencia hacia un sistema de dos partidos se alimenta de una “factor mecánico” y un “factor psicológico”.

·      Factor mecánico, resultante de la aplicación estricta de las reglas electorales, el sistema mayoritario subrepresentar a terceros partidos menos votados, los sufragios que éstos obtienen no les sirven para alcanzar algún escaño o resultado político efectivo.
·      Factor psicológico resulta de una anticipación del efecto mecánico: al advertir esta pérdida o falta de utilidad de los votos, los electores potenciales de estos terceros partidos deciden votar al partidos más aceptable para ellos entre los que tiene alguna posibilidad de ganar. A la hora de emitir su voto muchos electores tienen en cuenta, de manera más o menos consciente, el efecto mecánico del sistema electoral

El sistema electoral mayoritario desincentiva la creación de terceros partidos, aunque si una formación emergente logra superar a alguno de los partidos establecidos, éste puede acabar desplazado del sistema de partidos. Cuanto menos proporcionalidad sea el sistema electoral y más institucionalizado se encuentre el sistema de partidos, más elevados serán los costes de entrada para otros partidos.

Según Duverger, los efectos del sistema electoral afectan también a la estructura interna de los partidos. El sistema electoral mayoritario, al basarse en distritos nominales favorece la competición personal y debilita la cohesión organizativa e ideológica de los partidos: propicia una organización electoral muy descentralizada. La proporcionalidad tiende no sólo a mantener una multiplicidad existente, sino que supone un incentivo poderoso para la creación de nuevos partidos. Duverger y otros señalan que las relaciones causales que estableció tienen carácter probabilístico, no determinista. Los electores convocados a las urnas en un sistema político que organiza sus elecciones conforme al sistema mayoritario tienen una oferta de partidos más limitada que los convocados en un sistema que reparte el poder entre los partidos más o menos proporcionalmente al apoyo electoral que obtienen.

Los análisis de la fragmentación o concentración de los sistemas de partidos provocados por los sistemas electorales y de la desviación de la proporcionalidad han permitido apreciar muy claramente que, lejos de representar una cuestión técnica, el diseño de los sistemas electorales constituye una cuestión política de primer orden. La historia de las democracias ofrece muchos ejemplos que permiten anticipar las consecuencias de los sistemas electorales, lo que les convierte en el componente del sistema político más fácil de manipular en función de propósitos específicos.

Cabe comprobar una tendencia general hacia una mayor proporcionalidad de los sistemas electorales de las democracias. No sólo los sistemas electorales proporcionales han ganado terreno a los mayoritarios, sino que también dentro de aquéllos parecen haberse reforzado los elementos que producen mayor proporcionalidad y que favorecen más a los partidos pequeños y generan más incentivos para que éstos se presenten ante los electores. Los partidos políticos han defendido el cambio de las reglas electorales cuando han creído que les podía resultar beneficioso para alcanzar su objetivo de ganar las alecciones. Cuando los actuales ganadores carezcan de la certidumbre sobre sus posibilidades de seguir siéndolo, preferirán y tenderán a elegir reglas electorales y procedimientos de votación que creen menos oportunidades de convertirlos en perdedores absolutos, de sistemas electorales menos arriesgados y más incluyentes.