jueves, 19 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 15

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

Democracia, crecimiento y crisis

Dentro de la sociología funcionalista se desarrolló en los 50 un análisis de la democracia como consecuencia del desarrollo económico, que también introduce un fuerte elemento determinista: el proceso de modernización que ha conducido al desarrollo industrial en Europa y Norteamérica es un proceso universal que todas las sociedades deben atravesar, pasando de sociedades tradicionales a sociedades modernas.

Lipset: la existencia de una correlación estadística entre desarrollo económico y democracia, utilizando como indicadores de desarrollo económico los niveles de riqueza, industrialización, educación y urbanización. Consideró dos grandes grupos de países (europeas y anglófonos, y latinoamericanos por otro) y los clasificó en cada caso según el grado de estabilidad democrática, distinguiendo en el primer grupo entre:

1.    Democracias estables
2.    Democracias inestables y dictaduras

Y en el segundo entre:

1.    Dictaduras inestables y democracias
2.    Dictaduras estables

“La riqueza media, el grado de industrialización y urbanización, y el nivel de instrucción son mucho más altos en todos los casos en los países democráticos…” (Lipset)

La definición de riqueza de Lipset implica una componente de igualdad y no el simple crecimiento económico, y que no pretende definir condiciones previas para la aparición de la democracia, sino los rasgos sociales que más se corresponde, empíricamente, con la existencia de democracia. Sus tesis pueden transformarse utilizando técnicas más elaboradas. Él supone que un nivel educativo satisfactorio favorece el desarrollo de los valores de tolerancia y diálogo que requiere una cultura política democrática. Pero esto sólo es así si comparamos individuos.

Respecto a las variables económicas en sí mismas, el razonamiento de Lispset es ya clásico: al crecer la economía, la mejora de los niveles de vida y de instrucción de la clases bajas reducen la credibilidad de las ideologías más extremistas. Crecen además las clases medias. La hipótesis central es que el crecimiento económico conlleva una mejor distribución del ingreso:

·      En los países más desarrollados la fracción más rica de la población recibe una proporción menor del ingreso total, y que la distribución de los bienes de consumo también es más igualitaria.
·      En los países más pobres la polarización es mayor, lo que no sólo favorece el extremismo entre las clases pobres sino también una conducta política despótica y arrogante de los estratos superiores, que tenderán a considerar a las clases inferiores “como seres que quedan fuera del ámbito de las sociedad humana”, lo que hará aún más difícil la aparición de la democracia y fomentará el extremismo en los sectores desfavorecidos.

Si desde la perspectiva de la teoría de la modernización se tendía a considerar la aparición de la democracia como una consecuencia natural del crecimiento económico, paralelamente se ha desarrollado otra tradición para la que la que la democracia es incompatible con el crecimiento económico. Ambas posiciones pueden combinarse en una misma fórmula: lo primero es el crecimiento económico, y la democracia vendrá después como consecuencia suya: no cabe esperar que se repita la experiencia de algunos países europeos.

El punto de partida de esta tradición es que el crecimiento económico, y la industrialización en particular, requieren altos niveles de inversión, que en los países de bajo nivel de desarrollo exigen limitar el consumo social, mantener niveles bajos de salarios y evitar una política pública de redistribución. Pero en una democracia es inevitable que surjan fuertes presiones sociales hacia el consumo inmediato, demandas salariales y de servicios públicos, que erosionan el ahorro y hacen imposible la inversión.

La modernización económica provoca movilización social, nuevas demandas al Estado y un estallido de expectativas y de demandas competitivas de los diferentes grupos sobre los recursos públicos. En países de insuficiente institucionalización política, el resultado inevitable será la inestabilidad. Un régimen democrático amplificará tales conflictos y difícilmente podrá hacer frente a las presiones y expectativas sociales que conlleva la modernización.

El precio del crecimiento para los países en desarrollo, por decirlo así, sería el autoritarismo político. Los países que han llegado a la industrialización después no tienen esa posibilidad: en el nuevo contexto económico se requieren fuertes inversiones iniciales, que superan las posibilidades del ahorro privado y exigen una acción centralizada del Estado, tanto para limitar el consumo como para dirigir la inversión.

Una variante de este planteamiento es la teoría del autoritarismo burocrático.  A partir de la experiencia de la industrialización sustitutiva de importaciones (según Prebisch y la CEPAL), se puede llegar también a una conclusión pesimista sobre la posibilidad de mantener la democracia en el paso de la primera (fácil) a la segunda fase (difícil) de dicha industrialización.

Si no se llega a esta segunda fase la continuidad del crecimiento dependerá de la continuidad importación de bienes de capital, y la caída relativa de los precios de las exportaciones tradicionales llevará a un endeudamiento que terminará por estrangular la economía. Se requieren fuertes inversiones que sólo pueden lograrse limitando el consumo interno y creando condiciones salariales que favorezcan la inversión. Para completar el proceso de industrialización es necesario un Estado autoritario y represivo cuya política económica esté en manos de una burocracia industrializadota racional.

La oleada de autoritarismo que cubrió buena parte de América Latina durante los 70 pareció confirmar plenamente la teoría del autoritarismo burocrático. Sin embrago a partir de 1982, la tendencia se invirtió con la redemocratización de casi toda la región. O´Donnell adoptó un enfoque centrado en las estrategias de los actores políticos, lo que suponía desbordar el marco de explicación estructuralista de la teoría del autoritarismo burocrático, y en general la idea de que las exigencias económicas determinan los acontecimientos políticos.

La idea de la superior adecuación del autoritarismo al crecimiento económico experimentó un nuevo impulso durante los 80, partir del análisis de las espectaculares experiencias de crecimiento de los países asiáticos. En razonamiento ahora se apoya en la necesidad de autonomía del Estado, tanto para hacer frente a las presiones hacia el consumo inmediato como para desarrollar políticas coherentes de crecimiento a medio y largo plazo. Las fuertes tasa de ahorro y de inversión de las economías del Pacífico serían la clave de su rápido desarrollo, y se explican por la existencia de administraciones burocrático-autoritarias con fuerte autonomía frente a los interese particulares y las presiones sociales.

Mientras que los defensores de la correspondencia entre autoritarismo y crecimiento comparan la experiencia del Pacífico con la de América Latina, puede resultar más significativa una comparación, dentro de América Latina, entre regímenes autoritarios y democráticos.

Si bien los nuevos países industriales del Pacífico han crecido bajo regímenes autoritarios, del desastre económico latinoamericanos en la década de los 80 fue experimentado a la vez por regímenes democráticos y autoritarios. Remmer mostró que se pone en duda la validez de la asociación entre autoritarismo y crecimiento:

1.    Las viejas democracias latinoamericanas habían contraído niveles de endeudamiento más bajos que los regímenes autoritarios.
2.    Las nuevas democracias consiguieron (en los 80) mejores resultados que los autoritarismos, en términos de crecimiento, de control de déficit y de reducción del peso de la deuda.

Remmel apoya la idea de que lo que explica el diferente comportamiento económico de los países no es tanto el tipo de régimen como el tipo de políticas que éstos ponen en práctica, lo cual a su vez depende de la estructura de oportunidades, de las coaliciones sociales que apoyan a los gobiernos, u del talante ideológico de éstos: la búsqueda de correlaciones entre resultados económicos u tipos de crecimiento podría ser de antemano engañosa y llevar a falsas relaciones causales.

Una crítica más de la de Przworski y Limongi, si suponemos que los regímenes políticos no influyen per se en los resultados económicos, pero que los autoritarismos son más frágiles frente a una crisis, se puede prever que, tomando una muestra de países sobre un largo periodo de tiempo, los regímenes totalitarios mostrarán mejores resultados económicos promedio. Se plantea el problema de que la mayor parte de los regímenes autoritarios no son burocracias industrializadotas racionales, sino que pueden ser regímenes depredadores, o bien burocracias clientelares y corruptas, sensibles a las vez a las presiones de los grupos de interés y a la tensión del rápido enriquecimiento personal.

Si se parte de una burocracia racional y honesta, un régimen autoritario tiene una fuerte limitación: garantizar las condiciones institucionales para la inversión. En la medida en que un régimen autoritario asume la dirección de la política de inversiones puede cometer errores estratégicos que hipotequen el futuro económico del país. Y a la inversa, un régimen democrático puede tener autonomía frente a las presiones de los grupos de interés si la gravedad de la situación económica es percibida socialmente y se traduce en una amplia coalición política de respaldo a las medidas de reforma. Las demandas de redistribución dependen de las expectativas de los actores.

En situaciones de crecimiento, la tentación de buscar popularidad, introduciendo medidas de redistribución incompatibles con el crecimiento a medio plazo, no es necesariamente mayor para las democracias que para las dictaduras. La dinámica de los procesos electorales no sólo se traduce para el gobernante democrático en tentaciones de popularidad a corto plazo, sino y también en la v+necesidad de acumular un capital político (credibilidad) a medio plazo, necesidad que le puede llevar a superar aquellas tentaciones.

Lo esperable es que los estudios estadísticos que tratan de evaluar el efecto de la democracia económica en el crecimiento económico no arrojen resultados concluyentes. Existen estudios que parecen demostrar que los regímenes democráticos ofrecen mejores resultados económicos cuanto menor es la desigualdad social. En los regímenes autoritarios no se observa esa correlación entre menor desigualdad y mayor crecimiento.

El impacto de la democracia en la reducción de las desigualdades sociales tampoco ofrece un balance concluyente: la variable decisiva sea la ideología de los gobiernos, pero la efectividad de las políticas macroeconómicas dependen los recursos necesarios para que un gobierno pueda reducir eficazmente la desigualdad si se propone hacerlo así. No parece fácil, encontrar una variable política única que explique el crecimiento o la mayor igualdad social. Es preciso analizar las estrategias disponibles para los actores sociales y políticos, así como la estructura de oportunidades de los gobiernos, para dar cuenta de los resultados económicos o sociales.

Las ideas dominantes en este campo han experimentado una evolución notable, y se diría que positiva, tanto por sus repercusiones políticas como por su mayor realismo. Se puede abordar el análisis y la práctica de las nuevas democracias sin fatalismos, y “defender que éstas pueden perdurar aun en medio de dificultades serias. En muchos lugares de América Latina y del Este de Europa estas razones no son ni obvias ni irrelevantes”.

Resumen

La democracia tal y como la conocemos se forma en un proceso paralelo al de la aparición de la sociedad industrial. Existe una notable correlación entre desarrollo económico y democracia, lo que puede llevar a cer la segunda como una consecuencia del primero.

El capitalismo crea las condiciones para la aparición de la democracia porque provoca la aparición de nuevos grupos sociales (la burguesía, la clase obrera) que compiten con la clase propietaria tradicional por el acceso al poder político. Se pone así en marcha un doble proceso de competición entre élites y de ampliación de los derechos políticos hasta su universalización. También influyen las instituciones e ideas existentes en cada época y en cada país concreto. Hoy las ideas dominantes niegan la posibilidad de una democracia excluyente como las que eran norma en el siglo pasado.

Un alto nivel de desarrollo económico no es una condición previa para la aparición de la democracia, ni hay fundamento sólido para la idea de que los regímenes autoritarios son los más aptos para hacer crecer la economía. Hay razones para pensar que las democracias establecidas crean mejores condiciones de igualdad y para un crecimiento económico estable.