miércoles, 18 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 14

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

Inclusión política y legitimidad

Se confunden dos procesos distintos:

·      Lo que podríamos llamar cambios estrictamente políticos y los procesos de cambio a una estructura social nueva.
·      Las instituciones conservadoras no están en cuestión, y el problema se reduce a la capacidad del sistema político para abrirse (para incluir) a los nuevos grupos sociales surgidos de ese proceso de cambio socioeconómico.

Lipset subraya que postergar el acceso de los nuevos grupos al sistema político favorece las ideologías más extremistas; la exclusión fomenta un exceso de expectativas de los excluidos sobre las posibilidades que les otorgaría la participación política. Esto puede conducir a que, tras una inclusión tardía, los nuevos grupos sociales experimenten un desencanto de la participación democrática.

Este desencanto afecta a la percepción de la eficacia de las instituciones democráticas. La eficacia no puede medirse objetivamente, sino en función de las percepciones de los actores. Deutsch describe como movilización social. Los procesos de industrialización y urbanización conllevan la separación de numerosas personas de su hábitat, de su medio familiar y comunitario, y por supuesto de si anterior modo de vida. La entrada en la economía monetaria y en la vida urbana significan contactos impersonales, pérdida de referentes simbólicos, aumento de la información a través de los medios, nuevas necesidades laborales, sanitarias y educativas. Este conjunto de cambios se traducen de forma casi inmediata en expectativas y presiones sobre el sistema político.

La legitimidad tradicional del gobernante ya no es válida: ahora depende de su eficacia en responder a las nuevas necesidades de los ciudadanos. Esta demanda se producirá incluso en situaciones de estancamiento económico, y eso supone que en las sociedades de modernización tardía será imposible el paso de la sociedad tradicional a la sociedad industria a través de una fase liberal, de laissez faire y el Estado mínimo, sucediera en la Inglaterra de la Revolución industrial.

Esta análisis omite un factor importante: la movilización social de Deutsch sólo se traducirá en movilización política cuando los nuevos grupos sociales desarrollen recursos comunicativos y organizativos propios, problema que no existe en el marco del programa funcionalista. Y omite igualmente el llamado efecto de demostración.

La movilización social se traduce en presiones para la ampliación del sistema político y para dar satisfacción desde el gobierno a los problemas colectivos creados por los cambios socioeconómicos. La previsión de Deutsch enlaza con la tesis de Lipset: cuanto más tardía sea la ampliación del sistema político, cuanto más se posponga el proceso de inclusión de los grupos sociales emergentes, mayores serán las expectativas de éstos, mayor sus tentación de radicalismo, y más dependerá la estabilidad del régimen democrático de los resultados del gobierno, de su eficacia, en detrimento de su legitimidad como procedimiento para la toma de decisiones, la elección de gobernantes y la resolución de los conflictos.

La legitimidad de un gobierno siempre depende de su eficacia. No es evidente que sea así: una fuente adhesión a los valores e instituciones de la democracia, la creencia de que ningún régimen político alternativo (verosímil) sería preferible, pueden hacer que en situaciones de baja eficacia gubernamental; la legitimidad del gobierno democrático no sea puesta en cuestión, aunque se produzca una fuerte pérdida de credibilidad.

La historia reciente demuestra que los actores sociales, tras las experiencias muy negativas en el plano económico (hiperinflación) o político (dictaduras cruelmente represivas) pueden autolimitar sus demandas para permitir la consolidación democrática o el saneamiento de la economía.

Parece necesario distinguir entre lo que podríamos llamar proceso histórico de ascenso de la democracia y los problemas de consolidación de las democracias en el mundo contemporáneo. En la primera fase la cuestión central es la inclusividad del sistema político, para dar cabida:

1.    A la propia clase empresarial o a la burguesía industrial.
2.    A la clase trabajadora ligada a la industrialización.

En un segundo momento se deberá analizar la compatibilidad de la democracia con la modernización y el crecimiento económicos.

En lo que se refiere a la primera fase, es importante la tradición teórica que arranca de Barrington Moore. Se trata de analizar las posibles coaliciones de clase para dar cuenta de las instituciones políticas que aparecerán con la modernización industrial. Moore considera que en presencia de una clase terrateniente poderosa con mano de obra servil o semiservil, la industrialización conduce a la formación de una burguesía subalterna y desemboca en el fascismo. Sólo la revolución burguesa permite compatibilizar desarrollo capitalista y democratización. Es preciso que la burguesía industrial naciente haya roto de forma violenta con la clase terrateniente tradicional. Las variables de Moore son la fuerza del Estado, la hegemonía de la clase terrateniente frente a la burguesía naciente y el control coercitivo del campesinado. Éstos son los factores que conducen al fascismo si el campesinado carece de recursos para movilizarse colectivamente contra la clase terrateniente, y a la revolución comunista si los posee.

La obra de Moore ha dado origen a una muy notable tradición de análisis estructuralista de las causas de los procesos revolucionarios, en el sentido de buscar éstas en la estructura de clase y en las relaciones de las clases con el Estado. Desde una perspectiva actual hay dos rasgos en su obra que llaman la atención:

1.    Se refiere a la importancia que otorga a la subalternidad de la burguesía frente ala aristocracia terrateniente.
2.    Es la ausencia de un papel propio de la clase trabajadora industrial. Este proletariado carecía en un primer momento de redes organizativas y de recursos colectivos que le permitieran movilizarse de forma insurgente, a la manera del campesinado, pero no se puede negar su peso social como fuente de inquietud y riesgo para la gobernabilidad, patente desde la Inglaterra de Disraeli hasta la Alemania de Bismarck.

En la obra de Rueschemeyer, Stephens y Stephens se considera que la fuerza impulsora del proceso democratizador es el movimiento obrero. Es la movilización de los trabajadores industriales, con el apoyo de las clases medias, lo que puede llevare a la aparición de la democracia frente a la resistencia no sólo de la clase terrateniente sino de la propia clase capitalista. Para ellos, la burguesía ascendente puede haber mostrado un afán favorable al Estado liberal de derecho, pero sus relaciones con la democracia han sido siempre ambiguas. La clase trabajadora industrial habría sido siempre coherentemente democrática. Apuntan a la importancia de los aliados potenciales del movimiento obrero, comerciantes, artesanos, granjeros y grupos autoempleados, para decantar el conflicto de clase hacia soluciones democráticas. Y subrayan el papel del Estado como institución con intereses propios y autonomía para sostener tales intereses frente a las ventajas inmediatas de las clases dominantes.

Siguiendo a Hintze, es preciso admitir que la configuración del Estado es fruto tanto de los conflictos internos (de clase) como de los conflictos interestatales.

Luebbert otorga un papel central al movimiento obrero en su análisis de la formación de las democracias de masas en la Europa de entreguerras. Cuando el movimiento obrero es débil o no especialmente conflictivo, la burguesía industrial (el movimiento liberal, en términos del autor) puede establecer una alianza con él frente a los intereses conservadores de los terratenientes, y construir una democracia liberal. Para Luebbert los regímenes socialdemócratas no sólo son una forma de regular la economía, sino también una forma políticamente distinta a la democracia liberal: una tesis cuando menos discutible. Luebbert  subraya el carácter estructuralista de su análisis sosteniendo que en la fase de formación de las democracias de masas las opciones de los dirigentes políticos vienen determinadas por la búsqueda inmediata del poder a través de la ampliación del apoyo social a sus fuerzas políticas, y lo que cuentan son las estructuras sociales y políticas, no la voluntad de los dirigentes.

Supone que los dirigentes políticos toman sus decisiones de forma racional con un objetivo en un marco de oportunidades definido; sus estrategias posibles están determinadas a priori. Existen dos tipos de argumentos para guardar ciertas cautelas:

1.    Es de tipo teórico: los dirigentes políticos no son simplemente jugadores racionales que buscan maximizar la base de poder de sus organizaciones. También actúan como jugadores racionales que tratan de maximizar su control sobre estas mismas organizaciones, y los dos objetivos pueden entrar en conflicto.
2.    Es de tipo empírico: no parece fácil explicar los resultados en términos de regímenes políticos tan sólo a partir de las constelaciones de clase, sin contar con la diferente historia de las instituciones políticas en cada país no con las ideas y estrategias disponibles para los dirigentes políticos.

La aparición o no de políticas keynesianas en los países desarrollados no se explicaría, según Weir y Skocpol tan sólo por las constelaciones de clase preexistentes, sino también por las diferentes instituciones estatales y por las estrategias disponibles para los diferentes actores políticos. Es necesario relativizar su determinismo y dar un papel explicativo a las ideas e instituciones políticas heredadas: considerar los rasgos específicos en este sentido de cada país concreto.