sábado, 7 de diciembre de 2013

El futuro de los universitarios: endeudarse de por vida

Artículo de D. Grasso publicado en El Confidencial el 24/11/2013
“Los ilusos que accedimos al Préstamo Renta Universidad durante el curso 2010/2011, aquel préstamo sin necesidad de aval y de bajos intereses que el Instituto de Crédito Oficial (ICO) concedía para estudiar un máster, ahora debemos empezar a devolverlo. Por narices. Da igual que no tengamos trabajo ni dinero para comer”. Esta es la encrucijada económica en la que se encuentra David A. Martín, licenciado en periodismo y miembro de la Plataforma de Afectados por el Préstamo Renta Universidad ICO. En su caso accedió a un préstamo estatal, pero se encuentra en una situación idéntica a la de miles de jóvenes españoles que accedieron, y acceden, a préstamos bancarios para poder matricularse en un grado o posgrado. El coste de estas tasas se incrementó el pasado curso en una media del 16,7%.
La disminución de la inversión pública en educación, que se refleja año tras año en los Presupuestos Generales del Estado, está obligando a buscar alternativas para afrontar los estudios universitarios. “Endeudarse para estudiar” es una práctica establecida ya en muchos países del mundo: es el caso de Chile o de Estados Unidos, donde más de la mitad de los estudiantes prestatarios acumulan, de media, 10.000 dólares de deudas tras cursar estudios universitarios. En España, este modelo está avanzando lentamente. Pero ante la dificultad de recibir créditos bancarios, las familias arriman el hombro: el debate sobre la financiación del Programa Erasmus, al que el Estado prevé cortar la ayuda directa desde 2014, ha dejado claro que, cada vez más, la educación son los padres.
“No volveré a endeudarme en mi vida”
La situación por la que está pasando Martín es semejante a la de Inés Casas, licenciada en Comunicación Audiovisual, que solicitó un préstamo para completar sus estudios con un posgrado en una universidad privada de Madrid. “El banco me dio una cantidad suficiente para pagar la matrícula, que era de las más caras, y para cubrir los gastos de manutención durante el año y medio que duraba el máster. Lo acabé y encontré un trabajo de becaria. No estaba muy tranquila por la deuda, pero entendía que aún no tenía que comenzar a devolverla porque no llegaba a la nómina estipulada para ello. Sin embargo, un día me llamaron de la entidad para decirme que podían embargarme la cuenta porque no tenía bastante dinero para pagar”.

Desde entonces, recuerda la joven, su vida se ha convertido en una agonía. Todo lo que gana con los trabajos esporádicos que encuentra como freelance va para pagar su deuda. “Quiero quitarme esta pesadilla de mi cabeza lo antes posible. Juro que no volveré a endeudarme en mi vida”, apunta arrepentida. El alquiler del piso compartido, y parte de sus gastos, corren a cuenta de sus padres. Una situación que, asegura, “hace que te sientas fatal. Yo siempre fui independiente económicamente, hasta en la universidad me iba apañando con trabajos por horas y los fines de semana”.
La tendencia al endeudamiento de los estudiantes “irá sin duda a más”, argumenta el politólogo y profesor de sociología en la Universidad CEU-San Pablo de Madrid, Juan Carlos Jiménez. E implicará cambios radicales. No serán sólo novedades en el modelo educativo, sino también en el laboral. “Esencialmente, cambiará la valoración de la educación, sobre todo de la superior, porque al ser más cara se primará que te proporcione un empleo y que se forme a las élites”, vaticina Jiménez. “A medida que se incremente el precio de las matrículas, que tendrán que hacerlo necesariamente, aumentará la tendencia a solicitar préstamos para estudiar, la universidad dejará de ser de masas y tenderemos más al modelo universitario anglosajón”, añade.
Los últimos datos disponibles para analizar esta tendencia son los de la encuesta de gasto en educación que el Instituto Nacional de Estadística llevó a cabo a mediados de 2012. En la investigación, las familias españolas declararon gastarse, de media anual, 1.319 euros anuales por alumno que cursa una enseñanza universitaria. Los datos de la OCDE, por su parte, aseguran que las instituciones públicas españolas -el Ministerio, sin contar las comunidades- aportaron alrededor de 990 euros anuales a los costes formativos de cada estudiante.
Cambio de modelo
¿Qué consecuencias puede tener esta tendencia? “Conseguiríamos parecernos más al modelo norteamericano, con un acceso a la universidad menos masivo y una formación profesional más valorada. Sin embargo, en España, el deseo de los padres es que sus hijos acaben en la universidad, independientemente de qué vayan a estudiar y si responde a las necesidades del mercado”, explica el politólogo de la CEU-San Pablo.

La peculiaridad social a la que se refiere Jiménez, por la que muchos padres anhelan por encima de todo que sus hijos tengan los estudios que ellos no tuvieron por motivos históricos, hace que antepongan la inversión en educación frente a otras cuestiones. Una realidad que hace presuponer que el endeudamiento estudiantil no dejará de crecer, al menos, durante esta generación. Precisamente por esto, el catedrático de economía en la Universidad de Sevilla Juan Torres entiende que los préstamos a estudiantes son un negocio para la banca. “Se di­ce que no hay dinero suficien­te y se suben los precios de las matrículas hasta llegar a nive­les que hacen imposible que pue­dan pagarlos familias de in­gresos medios o bajos que, sin embargo, siempre van a estar dispuestas a todo con tal de que sus hijos estudien”, explica. De este forma, “miles de estudiantes piden préstamos y así aumenta aún más el negocio y el bene­ficio de los bancos”.
En Estados Unidos este negocio bancario de los préstamos estudiantiles ha crecido extraordinariamen­te en los últimos años. “La ma­trícula de los colleges públicos ha subido un 73% de 1999 a 2009, y la de los privados un 34%, mientras que los ingre­sos familiares medios han des­cendido un 7%”, apunta Torres. De hecho, el 60% de los estudiantes se ve obligado a pedir un préstamo bancario, según los datos de la American Student Assistance, el doble que en 2005 en números absolutos. Sus deudas, apuntan los datos de la Federal Reserve Bank of New York, ya superan las que se generan por créditos concedidos por la compra de coches. Según Torres, “se incentiva un sistema de prés­tamos a los estudiantes que se presenta aparentemente como muy atractivo y generoso, pe­ro que a la larga se convierte en una losa de la que miles de jóvenes no pueden liberarse”.
¿Merece la pena?
Con una entera generación sobrecualificada, la universidad ya no es un passepartout para el mercado laboral. “Las familias de clase media, acostumbradas a considerar los estudios como un valor que dejar en herencia sus hijos, están perdiendo la confianza”, analiza José Félix Tezanos, catedrático de sociología de la UNED y coordinador del libro Juventud, cultura y educación. Perspectiva comparada en España y Chile (Biblioteca Nueva). “Hasta ahora nos habíamos acostumbrado a una sociedad basada en una movilidad ascendente, pero de repente esta tendencia ha cambiado: ya vemos que aunque estudiemos, no llegaremos a tener lo que han tenido nuestros padres”, argumenta Tezanos. “Es un espejo de la crisis de la sociedad”.
En el citado libro, Tezanos compara el estado del sistema educativo en España con el camino que ha tomado Chile. El cambio de modelo educativo llevado a cabo por el último Gobierno de Sebastián Piñera, ante una fuerte contestación social, ha convertido el país en uno de los más caros del mundo para estudiar una carrera. Los bancos conceden la mayoría de los préstamos, con tipos de interés que pueden fácilmente alcanzar el 7%.
Pero la economía está creciendo a un ritmo de un 5% anual, “algo que genera expectativas de futuro, haciendo que los padres puedan pensar en inversiones a largo plazo para el mañana de sus hijos”, explica Tezanos a El Confidencial. En la España actual, sin embargo, la realidad es diferente. Los salarios, según los datos de la Agencia Tributaria difundidos esta semana, han caído, de media, 570 euros con respecto a 2011.
Es por ello que un recorte aparentemente pequeño, el de 200 euros de la ayuda estatal a la beca Erasmus para los estudiantes españoles, que será realidad desde el próximo año, ha vuelto a abrir la caja de Pandora. Es un peso que no todas las familias podrán asumir, desvirtuando así la idea fundadora del programa: que cada estudiante de la UE pueda cursar seis meses en otro estado comunitario.
Basándose en los datos del Ministerio de Educación, el profesor Emilio García Prieto ha analizado el peso de esta beca sobre las familias en el libro Qué es el programa Erasmus (Pirámide): “Después de unos años de tendencia alcista del apoyo público, nos encontramos con una situación en la que las familias tienen que aportar el 80% del coste del programa”, explica a El Confidencial.  
“El dinero europeo empieza así a llegar a menos estudiantes, algo que está provocando las reacciones irritadas de la UE a las decisiones españolas”, añade. Los datos lo confirman: las estimaciones de estudiantes que accederán al programa Erasmus en el presente curso prevén una bajada del 6%. El número irá probablemente a más, ya que se estimó antes de que se anunciara el recorte. Será la primera vez desde que instauró el programa que disminuyan los “Erasmus” españoles en la Unión Europea.
Ante la merma de la posibilidad de aguante de las familias, se abren dudas sobre las consecuencias a largo plazo de este cambio de modelo. Tras conocer la realidad de Chile, Tezanos esboza una imagen: “Cuando presentamos el libro, uno de los autores chilenos contó una anécdota. Habló de una joven embarazada que vio en las últimas protestas del país y que llevaba una pancarta con el escrito: ‘Cuando acabe de pagar mi crédito empezaré a pagar el de mi hijo’. Probablemente nos estamos encaminando hacia esto”.
Artículo de D. Grasso publicado en El Confidencial el 24/11/2013



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