jueves, 23 de septiembre de 2010

Las infraclases y la revolución tecnológica


Las infraclases y la revolución tecnológica

La incesante utilización de robots industriales y sistemas de automatización de trabajo en el sector servicios precipita que haya un incremento de mercancías y servicios, empleando y a causa de ello, una disminución de horas-hombre de actividad laboral. Y en esta nueva dinámica laboral está mostrando un insólito fenómeno de paro, que no es periódico ni circunstancial, ni está imbricado a las etapas de regresión o crisis económica, sino que responde a coyunturas estructurales, conectadas con la fase de modernización tecnológica de los sistemas productivos. Dando lugar a la contradicción que en periodos de recuperación económica, en lo que aceleran la demanda, se ocasione también fenómenos de paro.
Unas cifras de paro de gran trascendencia, sobre todo los parados de larga duración –más de un año- que han llegado a protagonizar el 50,1% en los últimos años del siglo XX en la Unión Europea, por lo que no debe entenderse como una situación coyuntural. Una situación que en España se manifiesta en que la población que tiene una trabajo <<normalizado>> y en condiciones razonables son una minoría de la población activa.
El paro y la precarización laboral tiene efectos devastadores, no sólo económicos, sino sociales y humanos, trasladando a millones de personas a la condición de miembros <<sobrantes>> de una sociedad que le da la espalda, y deteriorando el clima social y desgastando los sentimientos de integración y autoestima personal.
El trabajo en las sociedades industriales ha actuado de modo de vehículo de integración social. Tener trabajo o ejercer una actividad socialmente útil daba paso a una situación de pertenencia social, obteniendo una <<posición social>>.
Todo esto, está provocando un clima de desánimo entre la juventud, con un creciente pesimismo general, al presentir un futuro de subempleo o de paro de larga duración. Y en este clima están emergiendo los ingredientes para un caldo de cultivo que puede manifestar brotes de violencia y resentimiento, o comportamientos agresivos y marginales, se pueden preguntar algunos; ¿por qué ser respetuoso con una sociedad que no cumple con sus obligaciones básicas de reciprocidad?.
Las transformaciones acontecidas en las coordenadas de oportunidades laborales y en la opciones de inserción laboral están poniendo al descubierto una alteración en diferentes pautas sociales, cambios en las tasas y las edades de nupcialidad, contundentes reducciones de la natalidad, demora de las edades de independización y abandono del domicilio familiar por parte de los jóvenes. Una evidencia paradigmáticas en los países de la Unión Europea, con lo que está aconteciendo con las transformaciones sociales y tras las nuevas condiciones laborales.
Los datos nos sitúan en un incremento de las desigualdades que obedecen a las altas cotas de paro presentes, ante el desconcierto y la ansiedad de los jóvenes. Enmarcado además en un clima de políticas que no parecen atender a la significación y envergadura del problema del paro. Los hechos revelan que es posible mejorar la productividad y la eficiencia de los sistemas de producción, incrementando los bienes y servicios sin conseguir una solución al dilema de la distribución, en definitiva sin lograr a medio plazo la autosostenibilidad del sistema, que responde a la crisis estructural del empleo. Pues si en una sociedad se produce mucho, si no se consigue mejorar los niveles adquisitivos generales y el bienestar de los ciudadanos, no se podrá obtener un equilibrio social.
Sin desvirtuar el concepto sociológico de infraclases clasificándolo solamente con la situación de los pobres y los <<parados>>, pues el desempleo es una de las manifestaciones del problema. Pues las infraclases quedan en el extrarradio del núcleo de oportunidades de obtener un empleo estable, bien retribuido y en condiciones laborales dignas. Pues sin un trabajo fijo de calidad no se tienen posibilidades aceptables de consumo, mermando las oportunidades de establecer un centro familiar autónomo, se acotan los horizontes educativos, rebajando los niveles vitales de satisfacciones y compensaciones, con los inherentes riesgos de conflictos, desajustes y desagregaciones. Todo esto, desplaza a una sociedad dualizada, y en la praxis cohabitan dos estadios jurídicos laborales, dos sistemas de oportunidades vitales, para dos grupos diferentes de ciudadanos.
Las infraclases, obedecen a los sistemas de estratificación constitutivos de las sociedades tecnológicas avanzadas que se están conformando en la perspectiva histórica.

Resumen de epígrafe de La sociedad dividida de José Félix Tezanos
La viñeta que acompaña a esta entrada está con la autorización de El Roto.