miércoles, 10 de noviembre de 2010

El Estado de Malestar – Una micro radiografía de su "estado" en España Parte III

Siguiendo con el hilo abierto en mi entrada del viernes 5 de noviembre, en esta ocasión presento la tercera y última parte de mi trabajo de comentario personal sobre unos de los temas que subyace de la lectura del libro de José Félix Tezanos, La Sociedad dividida. Estructura de clases y desigualdades en las sociedades tecnológicas, Biblioteca Nueva, Madrid, 2001. He pretendido analizar sucintamente el agotamiento en España de algunas políticas del Estado de Bienestar, respondiendo a las instrucciones propuestas para este ejercicio; en  extensión, conceptos y términos sociológicos, la pertinencia de la aportación que desarrollo, entre otros, por el equipo docente de la asignatura Introducción a la Sociología I del curso 2010/11 de la UNED en Grado de Sociología. Espero comentarios u observaciones sobre este trabajo.





Desplazamientos forzados, desalojos a gran escala, <<personas que entran directamente en la vulnerabilidad>>. Se configura una nueva expresión de la pobreza en las grandes ciudades, sociedades fragmentadas donde cohabitan grandes diferencias socio-económicas, la pobreza con sus indicadores económicos, y excluidos con otras variables desigualatorias. Todos juntos en un círculo centrífugo, que devora a los que están cerca de las privaciones y lejos de las oportunidades. Cáritas llama a la atención que existen 3,1 millones de hogares en situación de exclusión social, significando un incremento de 376.000 hogares que viven en esta situación respecto a 2007. Unas sociedades tecnológicamente avanzadas, que proliferan nuevas manifestaciones de carencias, como los pobres energéticos, aquellos que forman parte de una marginación emergente, personas que sus ganancias no le alcanzan para tener una casa dotada de luz, agua y gas. Viviendas del primer mundo muy sofisticadas, con una total subordinación de suministros, personas que se encuentran una etapa de decadencia hacia la indigencia. La pobreza energética en España o la Fuel Poverty en el mundo anglosajón, da igual dónde se manifieste, son universales los impactos que se vinculan a este fenómeno; la salud, con una alta incidencia a la mortalidad. Personas de clases sociales más bajas, infraposicionados, con una mayor prevalencia a presentar una enfermedad (Estudio del Instituto de Investigación del Hospital del Mar –IMIM- de Barcelona), existiendo factores sociales que contribuyen a determinar el riesgo a patologías específicas.
Alrededor de dos millones de personas mayores de 65 años sobreviven con pensiones inferiores a 500 euros en España (datos de CEOMA), una cifra que supone el 17,5% de la población, y se prevé que se incremente al 32% en el 2050, otro colectivo económicamente desfavorecido y precario. España continúa acosada por <<dolorosas condiciones recesivas que sugieren que cualquier recuperación probablemente será laboriosa y errática>>, según afirma Raj Badiani, (economista de IHS Global Insight), o la afirmación del rotativo económico Financial Times, que España volverá a caer en recesión (Agosto 2010).
Actualmente en la mayoría de los países industrializados, y los que están en fase de desarrollo son estados de bienestar, donde el gobierno se esfuerza en actuar en reducir las desigualdades, un fundamento que cada vez es más difícil afrontar. Abordar los riesgos a los que se enfrentan los ciudadanos en el curso vital de su existencia, se configuran como fundamentales, en una tendencia que apunta a unos severos recortes “imprevistos” e “imprevisibles”, de una política socialdemócrata, virtualmente preocupada por los servicios asistenciales disponibles, de manera universal, para todos los ciudadanos. Unas coberturas que has terminado por ceder, en su máxima capacidad. Las razones de haber llegado aquí, no se pueden explicar sucintamente, pues han sido causas muy complejas y heterogéneas, pero sin duda, sí se conoce empíricamente, los damnificados.