viernes, 16 de noviembre de 2012

Estructura Social Contemporánea II – Resúmenes Parte 17


En la asignatura de Estructura Social Contemporánea II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2011/12, algunos/as compañeros/as realizamos un trabajo coral: resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria.  Y como libro de referencia: Estratificación Social y Desigualdad. El conflicto de clase en perspectiva histórica, comparada y global, (Harold R. Kerbo - McGraw Hill) bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por todos/as. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 (Capítulo7) El proceso de legitimación – Eva Gloria Del Riego Eguiluz // Tema 2 (Capítulo 8) T. El sistema de estratificación mundial: dominio y competencia entre naciones del centro - Miguel De Diego Pérez // Tema 3 (Capítulo 9) Estratificacion social en los Estados Unidos – Irene Ibáñez Sánchez // Tema 4 (Capítulo 10) Estratificación social en Japón – José Bargallo Rofes // Tema 5 (Capítulo 11) Estratificación social en Alemania – María Inés Quiles Blanco // Tema 6 (Capítulo 12) Estratificación mundial y globalización: los pobres de la Tierra – Tomás Javier Prieto González

En los años setenta y ochenta muchas librerías japonesas tenían estantes llenos de libros con títulos como: Japón el número uno o El MITI y el milagro económico japonés, y también, trabajar para una empresa japonesa, debido a la gran cantidad de estadounidenses que trabajaban para compañías japonesas instaladas en Estados Unidos. Japón salió de las cenizas de la segunda guerra mundial y se convirtió en la segunda potencia industrial en los años 70.

En los años 90, todo esto acabó y se ven en las estanterías de las librerías títulos como, Japón, el sistema que se deterioró o La artritis de Japón que delatan el estancamiento que sufre el país, aunque es probable que vuelva a recuperarse y erigirse como una potencia que ponga en peligro la hegemonía de Estados Unidos.

Para nuestro objeto de estudio, Japón, -ya esté estancado o en expansión- nos presenta un caso muy interesante por varias razones: Primera, Japón sigue siendo la segunda economía capitalista del mundo y representa un tipo de capitalismo y de estratificación social muy diferente al de los Estados Unidos. Japón logró convertirse en una potencia económica tras la Segunda Guerra Mundial sin exhibir muchos de los rasgos más duros de la economía estadounidense, como las altas tasas de desigualdad y de pobreza.

A lo largo de los capítulos anteriores hemos visto cómo el desarrollo tecnológico de una sociedad o, en términos más generales, la base material de una sociedad conforma la naturaleza básica de la estratificación social. Las teorías del pasado afirmaban que los aspectos fundamentales de una sociedad estaban más determinados por sus valores culturales que por sus condiciones materiales concretas o incluso por su organización social. Se han presentado muchas pruebas (Cap. 3) que indican que, en el transcurso de la historia, las condiciones materiales y el nivel tecnológico de una sociedad conforman su tipo de estratificación social. Sin embargo, cuando consideramos las sociedades industriales, es necesario ser cauteloso con las primeras teorías y estudios históricos que sostuvieron que el grado de desarrollo tecnológico era muy importante para determinar la forma de los sistemas de clases de las primeras sociedades industriales. Las primeras sociedades industriales se desarrollaron a partir de valores culturales occidentales parecidos. Pero existe una única sociedad industrial totalmente avanzada que se ha desarrollado sin una tradición cultural occidental: Japón. ¿Ha sido la tradición cultural del colectivismo oriental de Japón lo que ha hecho que se desarrollase un sistema de clases bastante diferente durante su proceso de industrialización? Esta y otras preguntas parecidas son muy importantes para entender la estratificación social en las sociedades industriales modernas.

EL RANGO EN JAPÓN: ALGUNAS OBSERVACIONES INTRODUCTORIAS.

Japón se asemeja a cualquier país industrial, salvo el lenguaje escrito en sus anuncios y camiones; a los estadounidenses todo les parece más pequeño, las habitaciones, los camiones, las raciones de comida y la gente sobre todo los mayores, la gente trabaja igual que en otras sociedades industriales, aunque es verdad que la gente trabaja más y más horas, la gente habla de tecnología, de técnicas de venta, del conflicto salarial entre la dirección y los trabajadores, del tráfico, de la contaminación y el hacinamiento urbano.

Sin embargo analizada más de cerca, la sociedad presenta aspectos que podrían parecer extraños a los ojos de algunas personas. Por ejemplo a la estratificación social, es interesante advertir que a los japoneses parece fascinarles el rango y la jerarquía, hay jerarquía en las empresas, en las universidades y prácticamente todo lo que pueda jerarquizarse está jerarquizado. Los periódicos y las revistas informan sobre la jerarquía. Una de las primeras expresiones que puede aprender un extranjero es “Ichiban” que viene a significar “Número Uno”.

Este énfasis por el rango y la jerarquía no se limita solo a cosas e instituciones atañe también a la gente. La preocupación por la ordenación del estatus dificulta las relaciones entre las personas; es bastante cierto que los japoneses son incapaces de sentarse, hablar o beber con otra persona hasta que no están razonablemente seguros del lugar que ocupan en la jerarquía. Es en este contexto social donde se desarrolla la práctica de intercambio de tarjetas de visita (o algo similar) llamadas meishi; es un ritual que sirve para que nadie se sienta ofendido por otro que no toma en consideración las indicaciones de estatus que hay en la tarjeta. Otra de las expresiones que pronto aprenderá un extranjero es, Watashi no meishi des: “Aquí tiene mi tarjeta de visita” una vez establecidos entre los presentes los indicadores relevantes de estatus, como la edad, el sexo, la educación, la ocupación y el lugar de trabajo, lo más probable es que comer, beber o cualquier otra acción pueda realizarse de una manera ordenada y sin ofender a alguien que espera una mayor deferencia de estatus.

En una sociedad así el lenguaje está bien equipado para expresar deferencia, respeto y, dependiendo de la situación, formalidad o informalidad. De hecho hay pocas lenguas que sean tan ricas como la japonesa a la hora de permitir a las personas expresar su grado de estatus, respeto y formalidad. No es una exageración decir que casi todas la palabras que dirige un japonés a otro indican algún aspecto de su rango relativo de estatus (ya sea este rango superior, inferior o igual que el de la persona a la que se dirige.

Ante esta preocupación por el rango y la formalidad, podríamos esperar que Japón fuera una sociedad con un alto grado de desigualdad en todos los aspectos de la vida; pero no es así. (En el capítulo 2 descubrimos que Japón tiene un grado de desigualdad de la renta superior al promedio, aunque más bajo que los Estados Unidos. La desigualdad se redujo en los años 60, llegando a uno de los más bajos del mundo; luego aumentó con la burbuja económica de finales de los 80-90; con la desaceleración y el estallido de la burbuja, la desigualdad ha vuelto a reducirse. Y mientras que los ingresos de los directivos corporativos de los Estados Unidos siguieron aumentando rápidamente en los 90, los de los directivos japoneses se redujeron casi un 8%, así como la diferencia entre los directivos corporativos y el trabajador promedio nipón. Según unas estimaciones recientes, el directivo medio japonés tiene ingresos 12 veces superior a los del trabajador medio, mientras que los ingresos del directivo medio estadounidense son 180 veces superior. El aumento reciente de la desigualdad en Japón se debe al aumento de la población de más de 65 años, que carece de protección de la Seguridad Social que encuentra en Estados Unidos. La desigualdad de la renta en Japón ha sido baja comparándola con otros estados industriales y Estados Unidos; cuando la economía se desaceleró, se recortaron los sueldos tanto los ejecutivos como los trabajadores, en lugar de despedirlos.

Los japoneses tienen una tradición de desigualdad de estatus, pero mayor igualdad en las cosas materiales. Hace 100 años la desigualdad de la renta en Japón era muy diferente. En los años 20 la brecha era de 100 a 1; en los años 30 un 16% de la población disponía de un 50% de la renta y el 0,0019% más rico recibía el 10% de la renta total.