lunes, 4 de febrero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 46


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


La monocultura del saber psiquiátrico

Si el transgénero constituye una enfermedad o trastorno mental para la psiquiatría, la identidad de las personas trans integra el catálogo de la anormalidad, de las desviaciones identitarias. Y sus conductas se explican como conductas perversas, anómalas, parafílicas o/y históricas, es decir, trastornadas. Las personas trans, al ser evaluadas como enfermos mentales, son diferenciadas negativamente por la psiquiatría. Pretende constituirse en un sobresaber (que jerarquiza y lidera el ranking de los expertos), en un sobreconocimiento (por encima de cualquier otro), en una sobre competencia y en un sobreperitaje de poder autosuficiente y soberano. No descubre no desvela una realidad, sino que construye su discurso, a modelo de “verdad revelada”, para instituirse como norma, autoridad y régimen de verdad.

Identidades y conductas que además de ser examinadas por la psiquiatría han sido de interés y estudio por parte de la sociología de la desviación; se ha servido para rotularlas como identidades y conductas desviadas. Pero la sociología de la desviación carece de fundamento teórico que la sustente, para el citado Sumner, se haya transformado en una sociología de obituario.

La desviación resulta ser un imaginario del poder real que la inventa e instituye. La razón sociológica de la desviación construyó sobre los fundamentos arenosos de la razón psiquiátrica de la perversión histórica trans, para transformar a las personas trans de sujetos en objetos. Las personas trans no son tratadas como sujetos dotados de cognición, sino meramente como objetos de examen.

El transgénero abandona la residencia psiquiátrica que lo define y se incluye dentro de la diversidad de género, la identidad y las conductas transgénericas dejan de ser imágenes médica y legalmente estigmatizadas. La estigmatización psiquiátrica de los trans queda reconvertida en una necrológica sociológica. Así, identidades y conductas transgenéricas se constituyen en elementos integrantes diferenciados de la multiplicidad social y de si ilimitada diversidad.

El control psiquiátrico-social del transgénero

A partir del SXIX la relación interactiva entre psiquiatría y sociología ha mostrado acercamientos y distanciamientos, acuerdos y controversias, para concluir que la transexualidad y el transgénero no necesitan de medidas instrumentadas por el control (social) psiquiátrico que en si ideología reproduce los intereses creados del poder perverso. Ni las conductas trans requieren ser identificadas sociológicamente como desviadas. Evaluar el mundo detrae de describir la construcción que de él realizan los sujetos. Los sociólogos deberían concentrarse en la construcción, no en la evaluación, la canalización de lo trans se realiza por medio de la psiquiatrización y de la simplificación de la diversidad, hasta reducirla a parámetros de dualidad. Todo ello hacen innecesarios, por la audiencia de peligrosidad social, los controles psiquiátricos-sociales del transgénero.

La aplicación a las personas trans  de un modelo que, en el ámbito anglosajón, se denomina community proctection (protección comunitaria) no tiene sentido alguno. Este modelo surge a finales de la década de los 80 del siglo pasado, se instrumentaliza mediante medidas de control social y se vincula al trastorno mental de las personas que cometen actos delictivos, como los violadores. Para Petrunik, Murphy y Fedoroff, no se ha publicado ninguna investigación que demuestre la eficacia del modelo de protección comunitaria y su capacidad intrínseca para evitar o reducir riesgos a la sociedad y más concretamente a las víctimas de los perpetradores.

Aplicado al transgénero dicho “modelo protector” no tiene sentido alguno, Porque ante la ausencia de riesgo social de las conductas trans. Cuando en realidad el riesgo incide en ellas. Porque dicho control ha generado y genera pánico moral en un doble sentido: de saturación y de reincidencia. Que no puede ser atribuible, en ninguna de las dos acepciones, a los colectivos y las personas trans.

Porque el concepto de pánico cuando se presenta discursivamente en público, por su reiteración, sobredimensión, exageración y exacerbación, por saturación de la interpretación de esa realidad. El pánico moral se crea, construye y produce sobre la base del falseamiento de la realidad social. Su actuación repercute negativamente en daño de otro: los/las trans. Como subraya el historiador Jenkins en Moral Panic. Changing conceptos of the Child Molester in Modern America, se crean, construyen y generan problemas inexistentes o se los magnifica cuantitativa y cualitativamente para presentarlos de forma mucho más grave y severa de lo que esencialmente son.

Estamos ante la presencia de un pánico moral reincidente. Cohen ya utilizó la misma expresión, para explicar que ciertas prácticas, efectuadas por diferentes sujetos protagonistas, más o menos duraderas, se demonizan con el fin de ser socialmente controladas, ya que se supone que amenazan la estabilidad del establisment y la permanencia de su sistema de valores. Para Cohen el poder que demoniza se inscribe en la fila de los expertos que diagnostican situaciones y buscan, después de creada la situación, soluciones.