sábado, 1 de septiembre de 2012

Psicología Social (Sociología/Antropología) Resúmenes Parte 16


En la asignatura de Psicología Social (Sociología/Antropología) del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Introducción a la Psicología Social de Gaviria Stewart, Elena et alia, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 (Capítulo 1) ¿Qué es la Psicología Social?  Jon Zubia Hurtado// Tema 2 (Capítulo 5) Actitudes – Mª Carmen Rego Martínez // Tema 3 (Capítulo 6) Influencia, persuasión y cambio de actitudes José Bargallo Rofes // Tema 4 (Capítulo 8) Conducta de ayuda Jesús Ángel González Dela Osa // Tema 5 (Capítulo 9) Contribuciones de la Psicología Social al estudio de la agresión  Mónica Platero Angulo // Tema 6 (Capítulo 10) Estereotipos – Víctor Riesgo Gómez // Tema 7 (Capítulo 11) El estudio psicosocial del prejuicio  Julio Monteagudo Diz // Tema 8 (Capítulo 13) Procesos grupales y relacionales intergrupales  Tomás Javier Prieto González // Tema 9 (Capítulo 14) Aplicaciones de la Psicología Social  Jesús Ángel González Dela Osa



INTRODUCCIÓN

La conducta prosocial, la conducta de ayuda y el altruismo han captado la atención de los psicólogos sociales desde hace décadas. Existen tres niveles de análisis para organizar la información: 1) el “nivel micro”, centrado en conocer el origen de las tendencias prosociales; 2) el “nivel meso”, cuyo centro de interés es la conducta de las personas que dan o reciben ayuda dentro de un contexto interpersonal específico; 3) el “nivel macro”, que incluye las conductas prosociales que se dan en un contexto grupal y de organizaciones de cualquier tipo.

HISTORIA DEL ESTUDIO DE LA CONDUCTA DE AYUDA DESDE LA PSICOLOGÍA SOCIAL

William McDougall
En 1908, William McDougall examinó en un manual el impacto ejercido por las variables sociales en el comportamiento. Una de esas variables era la conducta prosocial. Afirmaba que dicho comportamiento se producía como consecuencia del instinto parental. Sin embargo, debido a que la corriente dominante en aquella época era el conductismo, la idea de una causa interna no observable, como el instinto, no tuvo mucho eco en la disciplina. No fue hasta los setenta cuando se comenzaron a escribir monografías sobre el tema, y hasta mediados de los ochenta cuando el altruismo y la conducta de ayuda empezaron a aparecer como áreas de interés en los manuales de Psicología Social.

CONCEPTOS BÁSICOS: CONDUCTA PROSOCIAL, CONDUCTA DE AYUDA, ALTRUISMO Y COOPERACIÓN

Los términos “conducta prosocial”, “conducta de ayuda” y “altruismo” se utilizan con frecuencia de forma intercambiable. Sin embargo, hay diversas características que los distinguen. Conducta prosocial es un término general que se refiere a todos los comportamientos que benefician a los demás, gracias a los cuales la sociedad funciona mejor. La conducta de ayuda es más específica. Es cualquier acción que beneficia o mejora el bienestar de una o varias personas en particular. El altruismo es mucho más concreto. Tendría un componente adicional a las conductas prosocial y de ayuda, y es que la motivación de la persona que realiza la ayuda se caracteriza por el énfasis en las necesidades del otro. Una conducta altruista es una acción que proporciona beneficios a otro sin la expectativa de recibir nada a cambio. La cooperación incluye a dos o más personas que trabajan conjuntamente hacia una meta común que les beneficiará a todos.
La cooperación es el comportamiento que incluye a dos o más personas que trabajan conjuntamente hacia una meta común que les beneficiará a todos.

TRES NIVELES DE ANÁLISIS EN EL ESTUDIO DE LA CONDUCTA DE AYUDA, LA CONDUCTA PROSOCIAL Y EL ALTRUISMO

Los orígenes de las tendencias prosociales en las personas

Las teorías de la evolución: Desde las teorías neodarwinistas de la evolución, el altruismo no se define en términos motivacionales, sino en función de sus consecuencias. Los tres mecanismos principalmente propuestos desde esta perspectiva para explicar por qué las personas ayudan a los demás son la selección por parentesco, el altruismo recíproco y la selección de grupo. Las tres explicaciones coinciden en afirmar que las tendencias prosociales existen en los humanos porque estamos genéticamente predispuestos a actuar prosocialmente, y por el éxito que ha acompañado a lo largo de la evolución a las personas y grupos que han realizado este tipo de comportamiento.

La perspectiva de la selección por parentesco se basa en que lo realmente importante para la supervivencia de una especie es el éxito en la transmisión genética a los miembros de la generación siguiente. Por esta razón ayudamos más a nuestros hermanos o hijos que a los desconocidos. La llamada eficacia biológica inclusiva explica que este tipo de conductas no se hayan extinguido con los que las realizaban. Existe una correlación entre el porcentaje de genes que dos individuos comparten y la voluntad de ayudarse entre sí. Sin embargo, algunos autores explican tal conducta por el funcionamiento de la norma de responsabilidad social (hay que ayudar a los que dependen de nuestra ayuda) o a que la concepción de "familia” no es igual en todas las culturas. El problema con la perspectiva de la selección por parentesco es que está excesivamente centrada en el nivel genético y no permite explicar fenómenos que se dan a otros niveles. Es bastante probable que en tiempos de nuestros ancestros haya sido tan adaptativo para la supervivencia y la propagación de los propios genes ayudar a un pariente directo como a un miembro no emparentado del grupo.

Otro mecanismo propuesto desde la perspectiva evolucionista para explicar cómo ha podido evolucionar el comportamiento de ayuda, en este caso entre personas que no están emparentadas, a pesar de suponer un cierto perjuicio para el altruista, es el altruismo recíproco, por el que un individuo puede tomar la decisión de ayudar a otro o no hacerlo bajo la previsión de que el otro le devuelva a él o a sus parientes la ayuda en un futuro. Este mecanismos está íntimamente relacionado con la norma de reciprocidad, que prescribe que deberíamos ayudar a quienes nos ayudan. La norma de reciprocidad es muy fuerte y existen numerosos datos que muestran su influencia en culturas diferentes. Las personas están más dispuestas a ayudar a quienes les han ofrecido su ayuda anteriormente, y, además, ayudar a otros incrementa el estatus de una persona dentro de su comunidad.

  • El altruismo recíproco, a diferencia de la selección por parentesco, explica la conducta de ayuda entre personas no emparentadas.
  • Sobre la norma de reciprocidad, y respecto a la conducta de ayuda, las personas ayudan a quienes les han ofrecido ayuda anteriormente y, además, el que ayuda gana estatus en su comunidad.


Un tercer mecanismo para explicar la evolución del comportamiento de ayuda es la selección de grupo. Desde esta perspectiva, el éxito evolutivo se puede dar a nivel individual pero también a nivel grupal. Según esta teoría, cuando dos grupos compiten entre sí, aquel que tenga más personas dispuestas a sacrificarse por su grupo, o a cooperar entre sí, será capaz de quedar por encima de un grupo en el que predominen las personas egoístas.

Bases biológicas y genéticas de la conducta prosocial: Desde esta perspectiva se asume que en la mayoría de las ocasiones no parece que las personas realicen la conducta prosocial reflexivamente, aunque sí existe un estado afectivo o emocional que antecede a dicha conducta. Los acercamientos a la conducta prosocial desde esta perspectiva se han centrado sobre todo en un estado afectivo en particular, la empatía. Ésta es la capacidad de experimentar las mismas emociones que otra persona a la que se está observando. Muchas respuestas empáticas preceden a conductas prosociales; la empatía aparece en los humanos desde la más temprana infancia, lo que llevaría a pensar que es algo innato.
El modelo de “percepción-acción” explica la empatía desde el punto de vista de la neuroanatomía: si una persona presta atención al estado emocional de otra, se activa en su cerebro una representación de dicho estado emocional que genera una respuesta asociada a él. Como las personas pasan mucho tiempo con sus familiares y amigos, el beneficio biológico de ayudarles sería el resultado de una organización enormemente adaptativa de su sistema nervioso que les predispondría a experimentar empatía y a realizar conductas prosociales. Este modelo ha sido criticado considerando que la relación que establece entre los procesos neurológicos y la respuesta empática es demasiado simple y no tiene en cuenta los cambios a lo largo del desarrollo del individuo.

La conducta de ayuda interpersonal

¿Por qué ayudamos a los demás?: Para responder a esta pregunta se han propuesto principalmente tres mecanismos explicativos: el aprendizaje, los valores morales sociales y personales, y la activación o la emoción.

Mecanismos que explican por qué se produce ayuda interpersonal: el aprendizaje (el refuerzo, el modelado), los valores morales y personales (la responsabilidad social, la reciprocidad, la justicia social) y la activación o la emoción (emoción empática).

La explicación basada en el aprendizaje propone que las personas aprenden a ayudar por los principios del refuerzo y el modelado. Según el principio del refuerzo, aprenderemos a ayudar si somos compensados por ello, por ejemplo, diciendo “gracias”. En cuanto al modelado, los programas de televisión, por ejemplo, podrían fomentar la conducta de ayuda a través de modelos que se comportan prosocialmente.

Un caso de aprendizaje por modelado: Cuando se dice que “ver programas en televisión donde aparecen personajes que se comportan prosocialmente puede fomentar la conducta de ayuda” se está haciendo referencia al aprendizaje por modelado.

En lo referente a los valores morales sociales y personales, normas tales como la responsabilidad social y la reciprocidad pueden ser motivos suficientes para ayudar. Esta perspectiva postula que hay unas normas que tenemos interiorizadas y que nos dictan cuándo deberíamos ayudar a una persona. Desde este enfoque, los factores sociales son más importantes que los biológicos para explicar el comportamiento prosocial. Se ha propuesto un modelo procesual de altruismo, con cinco pasos: 

  1. Atención: la persona se da cuenta de que alguien necesita ayuda, se selecciona una acción altruista y el individuo se autoatribuye la competencia necesaria para llevarla a cabo. 
  2. Motivación: el individuo se construye una norma personal y se genera el deber moral de ayudar. 
  3. Evaluación: la persona compara los costes y los beneficios de ayudar. 
  4. Defensa: la persona puede hacer una evaluación anticipada de qué sucedería si no toma la decisión de ayudar, lo cual obviamente reduce la probabilidad de hacerlo. 
  5. Conducta: es el resultado de la decisión final, en la cual puede influir un efecto boomerang por el cual las personas con gran probabilidad de comportamiento altruista no ayudarán si piensan que intentan aprovecharse de ellas.

Además de estas normas morales sociales y personales, la gente también se guía por normas de justicia social. Una de las principales es la de equidad: dos personas que hacen una misma contribución deberían tener la misma recompensa. Las normas de reciprocidad y justicia social parecen comunes a todas las sociedades. En cambio, la norma de responsabilidad social no es universal. Mientras que en unas culturas se cumple habitualmente la norma moral de ayudar a quien lo necesita, en otras depende más del contexto y de las atribuciones que se hagan de por qué se necesita la ayuda.

La norma de responsabilidad social no es común a todas las sociedades en general.

En cuanto a la activación y la emoción, tienen que ver con la importancia de los aspectos emocionales en el comportamiento de ayuda. Las personas se activan ante el malestar de los demás, y esto ocurre en todas las culturas. Cuando las emociones se activan, las personas pueden ayudar a los demás, pero pueden hacerlo por dos motivos distintos: para reducir su propio malestar, lo cual se interpretaría como una reactivación egoísta, o porque se ponen en el lugar del otro y quieren aliviar el malestar de esa persona, es decir, por una motivación altruista. Desde la perspectiva de la motivación egoísta se ha propuesto el modelo del alivio del estado negativo, según el cual las personas ayudan para obtener un premio, evitar un castigo o librarse de un estado emocional negativo. Cuando experimenta sentimientos de culpa o de tristeza al ser testigo del daño sufrido por otra persona, el individuo se siente motivado a reducir su propio estado emocional negativo. Una forma de hacerlo es ayudando, si cree que eso le hará sentirse mejor, pero si encuentra otra posibilidad para reducir dicho malestar no ayudará.

Empatía es la capacidad de inferir los pensamientos y sentimientos de otros, lo cual genera sentimiento de simpatía, comprensión y ternura. Se ha definido también como una habilidad social que permite a la persona anticiparse a lo que otras personas piensan y sienten, para poder comprender y experimentar su punto de vista. Existen dos tipos de empatía: cognitiva y emocional. La empatía cognitiva se refiere a tomar la perspectiva de la otra persona, es decir, ponerse en su lugar. La empatía emocional tiene dos variantes y consiste en experimentar las mismas respuestas emocionales que experimenta la otra persona (empatía paralela), o reaccionar emocionalmente ante las experiencias que esa otra persona está viviendo (empatía reactiva). El primer tipo de empatía (cognitiva) es lo que suele conocerse con ese mismo nombre, es decir, empatía, o también toma de perspectiva. La empatía emocional se conoce como simpatía, respuesta emocional o toma de perspectiva afectiva.