miércoles, 19 de septiembre de 2012

LA JUVENTUD ESPAÑOLA EN TIEMPOS DE CRISIS

Artículo de Hilde Sánchez Morales publicado en Sistema Digital el 4 de septiembre de 2012


Un estudio de la Fundación La Caixa titulado ‘Las transición de los jóvenes a la vida adulta. Crisis económica y emancipación tardía’, hecho público el pasado 10 de julio, puso de relieve que el 67,4% de los jóvenes españoles entre 20 y 29 años viven con sus padres, muy por encima de lo que acontece en otros países europeos como Finlandia, en donde la edad media de abandono del hogar familiar se sitúa en los 23 años, contrastando significativamente con los 29 años en nuestro país.

La crisis económica ha repercutido sobre la cada vez más tardía emancipación de los jóvenes españoles, a pesar de que con anterioridad, vivían problemas de índole similar, aunque, en estos momentos, se hayan agudizado y complejizado, puesto que, muchas de sus familias experimentan en “carne propia” el impacto de la falta de trabajo y del paro. 

Sin embargo, las familias siguen siendo las que sostienen su existencia, merecedoras como son de constituir espacios inquebrantables de solidaridad, asociadas a la idiosincrasia y particularidades de la familia mediterránea, en un contexto conflictual de ineficiencia de las políticas de juventud y de un Estado de Bienestar débil e inadaptado a las nuevas demandas sociales.

Los datos hablan por sí mismos, en el año 2011, el 44% de los jóvenes entre 20 y 24 años estaba en paro, y, entre los ocupados, el 58,6% tenía un contrato temporal. El 18,7% de los que trabajaban, entre los 30 y 34 años, y el 43,9%,entre los de 25 y 29, residían con sus padres debido a su precariedad laboral, observándose que los jóvenes con estudios primarios y universitarios son los más afectados por la actual situación. 

Además, resulta significativo que el porcentaje de los que disponen de estudios universitarios, que están emancipados entre los 20 a 34 años, es sustancialmente inferior a los que cuentan con estudios primarios, secundarios obligatorios y secundarios posobligatorios, demostrándose, una vez más, la quiebra del modelo de sociedad meritocrática, de la que los jóvenes españoles son conscientes. En ese sentido, como planteábamos en un artículo anterior, devienen en jóvenes crónicos, que en su tránsito hacia la edad adulta no tienen más opción que mantenerse al amparo de sus progenitores.

Todo lo anterior está teniendo efectos perversos sobre estos nuevos españoles, pues ni económicamente, ni psicológicamente logran romper el vínculo respecto a sus familias de origen, generándoles sentimientos de impotencia y frustración ante la imposibilidad de llevar a cabo sus propios proyectos vitales, pues haber hecho sus “deberes” correctamente, estudiar y formarse, ya no es garante de poder llevar vidas propias. Y la maternidad/paternidad se retrasa, con las consecuencias sobre la tasa de fertilidad (de hecho, la edad media en la que las mujeres españolas tienen su primer hijo asciende a 31 años y el 60% de los nacimientos se producen de madres/padres mayores de 30 años).

Es una generación perdida, tal como desde hace años plantean los estudios del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS), un sector de población que se encuentra a la deriva, que no encuentra su lugar en la sociedad, aun teniendo claro su papel histórico y las razones que subyacen a sus circunstancias.

Una consecuencia directa de lo anterior está resultando el incremento del número de residentes allende nuestras fronteras que, según el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero del INE, aumentó en 102.432 personas de 2009 a 2010, y en 128.655 en 2011, con un total de 62.611 emigrantes contabilizados para este último año. 

En este mismo sentido, el INE, en su publicación Estimaciones de la Población Actual, ha puesto de relieve que 40.625 ciudadanos españoles se fueron del país durante el primer semestre de 2012, un 44,2% más que en el mismo periodo del año 2011 (28.162).

¿Qué hacer para que nuestros jóvenes recuperen sus espacios propios? Es precisa una reestructuración del mercado laboral y, muy particularmente, que desde instancias políticas se entienda que es insostenible que en España la tasa de desempleo de los menores de 25 años supere el 52%, cuadriplicando la media mundial (12,7%), según se detalla en el informe de la OIT Tendencias mundiales del empleo juvenil 2012.

Para hacer frente a este escenario, la OIT plantea la urgente necesidad de crear empleo para los jóvenes y que se conviertan realmente en una prioridad política. En palabras del Director Ejecutivo del Sector de Empleo de la OIT, es obligado que se adopten “… medidas que ofrezcan facilidades fiscales y otros incentivos a las empresas que contraten jóvenes: esfuerzos para reducir la falta de congruencia entre las competencias de los jóvenes; programas de capacitación empresarial que integren la formación profesional, la orientación y el acceso al capital; y la mejora de la protección social destinada a los jóvenes”.

De no seguir por este camino, estaremos yugulando el presente y futuro de las nuevas generaciones de españoles, les impediremos ser ciudadanos de pleno derecho y, desde luego, conllevaría un retroceso en términos de bienestar social, que nos remitiría a otras etapas de nuestra historia, que más nos valdría haber desterrado, por completo, del universo de lo posible.

Esperemos que no sea así y que los jóvenes no se vean avocados a cronificar su juventud, que la madurez les llegue con la naturalidad que conlleva el cumplir primaveras y el ver cómo se van quemando etapas, que nunca podrán revivir…

Hilde Sánchez Morales


Artículo de Hilde Sánchez Morales publicado en Sistema Digital el 4 de septiembre de 2012