jueves, 13 de junio de 2013

APROXIMACIÓN A LAS FORMAS ELEMENTALES DE LA VIDA RELIGIOSA DE ÉMILE DURKHEIM EN RELACIÓN CON EL ENFOQUE DE DAVID BLOOR


I. Introducción

En el año 2012 se cumplieron cien años de la publicación de Durkheim Las formas elementales de la vida religiosa, una obra considerada para muchos autores como “uno de los grandes clásicos de su disciplina” (Ramos 2012:219). Entre ellos sin duda ocupan el lugar preferente los padres fundadores de la Sociología, Weber, Marx y obviamente el propio Durkheim.

Desde su publicación este trabajo fue objeto de un profundo debate interpretativo; en primer lugar desde el ámbito de la sociología y en segundo lugar desde la antropología. El que en Las formas elementales de la vida religiosa Durkheim se volviera hacia el estudio de las religiones primitivas no significa una sustitución del enfoque sociológico por el antropológico ni del punto de vista del presente por una vuelta al pasado. El objetivo de Las formas elementales de la vida religiosa es dar una fundamentación positiva, científica, de la centralidad de la religión, de ese carácter fundante de lo social que Durkheim le atribuye y, para ello, se sirve de un material empírico recogido de la antropología.

El fundamento de este trabajo voluntario es la de aproximarnos a esta obra clave de la sociología, proponiendo un somero análisis de la perspectiva durkheimiana de la religión, e imbricado todo ello con el enfoque de David Bloor desde la sociología del conocimiento.
II. La explicación de la vida social

Durkheim declaraba la necesidad de tratar los hechos sociales como cosas; pero en
Durkheim
su voluntad no está la elaboración de una metafísica positiva, pues lo que afirmaba es que la condición de fundar el conocimiento sociológico pasa por tratar los hechos como cosas. Esta primera regla es un “principio metodológico y no una declaración de filosofía social” (Castro 2008:102). Durkheim se preocupó por el orden y la cohesión social, que esta representa la condición esencial de la vida colectiva. La vida social requiere, tanto en sus formas más elementales como en sus instituciones más complejas, normas y patrones de conducta que permitan una interacción ordenada, así como una integración social sostenible. El marco cultural, normativo y simbólico, constituye un todo funcional con la vida material, instituyéndola y dándole sentido, al tiempo que también puede verse afectado por ella. Este bucle que conecta circularmente los hechos sociales, con las formas de solidaridad y cohesión social comprendidas en las representaciones de la conciencia colectiva, permitió a Durkheim afrontar la explicación de la vida social.

Los esfuerzos de Durkheim resultaron sobresalientes no sólo en la construcción del espacio teórico y en la definición de la singular mirada sociológica, sino también en el diseño de la estrategia explicativa de las ciencias sociales. Durkheim intentó dotar a las ciencias sociales de un objeto propio. Los hechos sociales deben ser tratados como realidades externas al sujeto y dotadas de facticidad y poder de coacción sobre el individuo. Durkheim defenderá la explicación de lo social por lo social. Si bien Durkheim fue plenamente consciente de la necesidad de armonizar las estrategias causalistas eficientes con las estrategias funcionales, estas últimas fueron ocupando un papel central en su argumentación.

Por todo ello, Durkheim puede aplicarse a construir lo social: los fenómenos sociales como auténticos hechos sociales obligatorios y coactivos que se impondrían con todo su poder estructural no sólo sobre las pasajeras emociones sino también sobre las razones y la voluntad de los sujetos y de los grupos sociales. Él no hace otra cosa que transformar las metáforas psicológicas, incontrolables y erráticas de contagio e irradiación espacial, por aquellas otras sociológicas y estructurales de coacción.

La obra Las formas elementales de la vida religiosa es el tratado donde Durkheim madura estos intereses, teniendo en cuenta las corrientes del empirismo y el kantismo, cuyas premisas se encontraban a la hora de analizar los juicios de valor y los de realidad. De este modo Durkheim llega a plantear un camino intermedio: frente al empirismo, el sujeto de la experiencia del conocimiento ya no va a ser el individuo sino la sociedad, y donde frente al apriorismo de una dimensión metafísica de la racionalidad kantiana, se va a defender la procedencia del mundo de las ideas y de los juicios de valor en la organización social. Pero pese a las dos perspectivas el propio Durkheim aporta que ante los juicios de valor y los de realidad, cuando se hacen desde el punto de vista colectivo, no existen mayores diferencias pues ambos son creados socialmente.

Esto es lo que lleva a definir la finalidad de la sociología, es decir, los ideales o representaciones colectivas son el campo de estudio de esta ciencia, siempre y cuando éstos sean situados en una esfera de análisis empírica.  La asociación entre religión-origen de las sociedades hace que Durkheim se muestre interesado por dos cosas: por un lado el establecimiento de formas de clasificación de la realidad social y natural y por el otro, la autoridad moral que ejerce sobre los individuos.