lunes, 3 de junio de 2013

Los nuevos movimientos sociales (1992) Russel J. Dalton y Manfred Kuechler Parte II


Valores, ideología y movilización cognitiva en los movimientos sociales

Inglehart analiza las diferencias entre los conceptos de valores arraigados en la sociedad y los de movilización cognitiva, los cuales se enfrentan con una nota de contenido
diferente entre sí y no se pueden interpretar como sinónimos. Los primeros, quizás sean los que mueven al contenido político clásico mientras que los segundos, son los característicos de acciones concretas de grupos sociales, alejados de estructuras clásicas de partidos u organizaciones regladas.

No obstante, Inglehart coincide en que son cuatro los factores que unifican ambas actitudes, a saber: “ciertos problemas objetivos; redes organizativas; valores pertinentes al caso que generan ciertas motivaciones; y ciertas capacidades[1]. Más adelante el propio autor especifica que los movimientos sociales, tradicionalmente, se han movido por una serie de problemas concretos como la degradación del medio ambiente, los problemas de la mujer, la frialdad de la sociedad industrial, el peligro de la guerra, etc., hechos que se conforman como desencadenantes de acciones concretas, mientras que los valores como tales, se asimilan en el proceso de socialización de un individuo.

Ambas cosas no pueden ir por separado ni en el concepto de política clásico ni en el de movimiento social, es imposible diluirlos. Así el primer concepto está inmerso también en el factor “movilización cognitiva”, porque sin él sería imposible desarrollar habilidades políticas requeridas para afrontar las actividades políticas en una sociedad. Mientras que los valores, esa circunstancia que llega a mover a personas incluso sin formación política, tienen una gran y fuerte componente afectiva, sin embargo no se ponen en “práctica ejecutiva” a menos que sucedan circunstancias determinadas de límites.

Una vez explicado todo ello, Inglehart vuelve a la dicotomía que ya se repite en otros autores: el binomio materialista/postmaterialista ha desempeñado un papel crucial en el auge de los movimientos sociales. Éstos nacen a partir de que la formación, la culturalización de las masas, haya hecho que la movilización cognitiva de los grupos sociales, permita movilizar a los individuos. Las habilidades políticas de la sociedad, una vez se hayan superado los índices más bajos de analfabetismo y se haya aumentado el conocimiento cultural, se han disparado y eso ha facilitado la acción.

Los ejemplos son claros: el auge del ecologismo no se debe a que el medio se encuentre peor que antes, sino a que la sociedad es capaz, y tiene elementos de juicio para hacerlo, para darse cuenta de los problemas que conllevan situaciones no sostenibles. Lo mismo ocurre con el caso de la explotación de las mujeres o los niños, o el miedo a la guerra.

El postmaterialismo es capaz de analizar fríamente los pros y los contras del estado del bienestar, y diluye las diferencias de clases, hándicap establecido en el sistema tradicional para beneficiarse de las diferencias. Por lo tanto, los nuevos movimientos sociales, basados en este criterio postmaterialista, pretenden relaciones menos jerárquicas, más íntimas e informales con los demás.

Hay una cita en este capítulo que puede servir como un claro ejemplo a esta teoría: “El auge de los nuevos movimientos sociales no proviene sólo de los valores, sino que refleja también en cierta medida una intervención ideológica explícita. Pero la elección entre los valores e ideología es una falsa alternativa. Ambos desempeñan un papel”[1]. Todo ello ha desembocado en una nueva interpretación de los grupos derecha e izquierda, afectando así directamente a los clásicos agrupamientos ideológicos establecidos en la estructura política, otra cita de Inglehart es meridiana al respecto: “Hoy la gente es de izquierdas porque es ambientalista y no al revés[2].

Se explica pues que los valores materialistas se basan en la seguridad económica y física mientras que los llamados postmaterialistas lo hacen en otros conceptos como la expresión de sí mismo y la calidad de vida. La adopción o cambio de unos en otros se ha hecho, en los años establecidos (finales de los 50 a la actualidad), posible gracias a que se han puesto de relevancia como necesarias: las necesidades de pertenencia a una comunidad, de estima y de satisfacción intelectual y estética. Finalmente, la adopción de estas circunstancias nuevas se producen habitualmente después de periodos de prosperidad, mientras que el declive económico fomenta lo contrario.

A partir de aquí el capítulo tercero se convierte en análisis estadísticos basados en datos de los eurobarómetros pertenecientes a los años 70, entre los que se analizan por edades los valores materialistas y postmaterialistas. En ese primer estudio se evidencia que los segundos son más propios de individuos con menos edad, mientras que los de mayor edad siguen pensando en una clave materialista.

El siguiente cuadro analiza la distribución de los miembros de los movimientos sociales según su adhesión a los valores materialistas o postmaterialistas CUADRO 3.1 (página 84); y en el CUADRO 3.2 (página 86) se vuelven a contabilizar, desde 1982 a 1986, por países las implicaciones de ambos grupos en movimientos pacifistas. Por último el CUADRO 3.3 (página 88)  resume datos del eurobarómetro de 1986 analizando pertenencias a grupos relacionados con definiciones ideológicas, grado de movilización cognitiva y jerarquía de valores. Siguen dos análisis más CUADROS 3.4 y 3.5 (Pp. 90-91)  en los que se abordan ya las pertenencias a estructuras dadas, desde movimientos sociales hasta definiciones ideológicas cerradas. Varios análisis más pretenden desglosar por cada uno de los epígrafes de estudio el perfil del integrante de los movimientos sociales y su presencia en la sociedad europea. Sin duda se trata de un detallado análisis estadístico, más quizás ya sólo sirvan para establecer un perfil histórico dado que las circunstancias, desde los 80 a ahora han cambiado notablemente en Europa, incluidos los periodos de crisis actual.

Sin embargo, se pone de manifiesto que en la actualidad (1950 a hoy) los movimientos sociales pueden congregar a miles de activistas en todo el mundo, movilizaciones que pueden afectar o no a las decisiones políticas, más se tendrán en cuenta indudablemente. Se asegura un dato de nuevo para la conclusión de este capítulo: “los movimientos contemporáneos florecen bajo un gran periodo de prosperidad[1], enfrentándolo a una actuación conservadora en épocas de crisis. Pero en la actual crisis económica, esto no se ha producido así, desencadenándose nuevos movimientos (en España 15M, Stop  Desahucios, etc.) en periodos de recortes sociales y disminución del poder adquisitivo de las personas.



[1] Inglehart (1992:98)




[1] Inglehart (1992:75)
[2] Inglehart (1992:76)




[1] Inglehart (1992:71)