domingo, 16 de junio de 2013

APROXIMACIÓN A LAS FORMAS ELEMENTALES DE LA VIDA RELIGIOSA DE ÉMILE DURKHEIM EN RELACIÓN CON EL ENFOQUE DE DAVID BLOOR Parte IV


VI. El Programa Fuerte de la Sociología del Conocimiento

El panorama de la sociología de la ciencia fue dominado desde los años cuarenta
David Bloor
hasta mediados de los años setenta por la sociología mertoniana y los 
trabajos de la Escuela de Columbia. En la década de los setenta nacerá una corriente de la sociología de la ciencia conocida como el Programa Fuerte de la sociología del conocimiento. El Programa Fuerte engloba a un nutrido grupo de autores, de diversas especialidades, aunque sus más destacados exponentes y defensores han sido Barnes y Bloor, y ambos compartían intereses comunes en torno a cuestiones de índole filosófica y epistemológica. Tratan de dar cuenta de los factores sociales que intervienen en los procesos de producción y validación del conocimiento científico, modificando “el enfoque tradicional de la ciencia” (Giner 2006:683) como conocimiento verdadero por el de creencias socialmente aceptadas.

Según Bloor el conocimiento debe ser distinguido de la simple suposición. El conocimiento como tal, es aquello sustentado colectivamente, mientras que lo individual se percibe como simple suposición. El componente convencionalista del conocimiento es un elemento explícito de su trabajo. La sociología de la ciencia, deberá centrarse en el análisis de la distribución de la creencia y de los distintos factores que influyen en ello. Todo ello se “deberá establecer en un idioma causal semejante al del resto de los científicos” (Blanco 1994:60). Su preocupación será ubicar las regularidades y principios dentro del campo de acción de la sociología del conocimiento.

Bloor afirma que la sociología del conocimiento debe afrontar toda clase de conocimiento, sin limitación alguna, no puede detenerse frente dos límites que tradicionalmente la han bloqueado en sus atribuciones:

1.    La sociología del conocimiento no puede “establecer una discontinuidad entre conocimiento común y conocimiento científico” (Castro 2008:460). No debe dirigirse únicamente hacia los aspectos institucionales, sino también hacia el conocimiento per se.
2.    La consideración crítica de la verdad científica, y no sólo del error. La evidente apariencia de que la verdad, cuando es tal, se abre paso sola y que, cuando la evidencia empírica se une a un adecuado método, entonces la verdad y el conocimiento brotan por sí mismos. La verdad y la razón pertenecerían así, a un ámbito trascendente, que no requiere explicación alguna.

Para llevar acabo su tarea el programa fuerte, Bloor realiza una declaración metodológica con cuatro principios:

1.    El principio de causalidad, es decir, ocuparse de las condiciones que dan lugar a las creencias o a los estados de conocimiento; causas que no tienen por qué ser exclusivamente sociales. Hay que buscar en las causas sociales la clave de la constitución de las creencias científicas.
2.    El principio de imparcialidad con respecto a la verdad y la falsedad, la racionalidad y la irracionalidad, el éxito o el fracaso. Ambos términos de estas dicotomías exigen explicación. Lleva a explicar tanto lo que se considera falso, como lo que se toma por verdadero.
3.    El principio de simetría: la sociología debe ser simétrica en su estilo de explicación. Los mismos tipos de causas deben explicar, digamos, las creencias falsas y las verdaderas. El principio de simetría viene a precisar lo planteado en los dos anteriores: los procesos causales en virtud de los cuales se da cuenta de la actividad científica deben ser los mismos, sean cuales las creencias, verdaderas o falsas, que se desean explicar. El mismo tipo de causas servirán para explicar la verdad y la falsedad, lo racional y lo irracional, el éxito y el fracaso.
4.    Principio de reflexividad: en principio, sus patrones de explicación, los de la sociología del conocimiento científico, deberían ser aplicables a la sociología misma. Se trata de un requerimiento obvio de principio, de otro modo, la sociología sería la refutación viva de sus propias teorías. Defiende que las mismas explicaciones y procedimientos deben aplicarse a la sociología.

Todo esto conllevaba a que la epistemología social se observe como un desafío para la perspectiva clásica de la ciencia, puesto que, esta nueva epistemología deterioraba las legitimaciones dominantes de la ciencia y minaba la forma tradicionalmente aceptada de percibir la historia interna del estudio de las “contaminaciones externas” (Blanco 1994:58), y vinculada al concepto de contaminación y la dualidad durkheimiana de lo sagrado y lo profano.

Todas estas transformaciones orientan a que el programa fuerte observe el conocimiento como un fenómeno social. Blanco Merlo subraya que:

1.    El conocimiento se distingue de la creencia por su aceptación como convención. La comunidad se erige en la autoridad que sustenta el conocimiento y lo justifica en tanto que se erige en institución.
2.    El conocimiento es constitutivamente práctico, se establece durante el curso de la acción.
3.    La estructura de las relaciones sociales en la sociedad se puede expresar como homología de los sistemas de clasificación natural. Nuestro sentido de lo mismo y de lo diferente en la naturaleza no es estable, pues está mediado por la estructura social.
4.    El conocimiento, en último extremo, legitima las instituciones y las relaciones sociales. Existe un interés en la resolución de los problemas de orden y del control social, lo que a su vez implica abordar la producción, transmisión y aceptación del conocimiento en todas las sociedades.

Los últimos años han conocido una profunda transformación en la sociología del conocimiento científico como resultado de la influencia del programa fuerte. Han surgido otras corrientes muy prometedoras en el campo de la sociología del conocimiento científico. Bloor afirmaba la exigencia de aplicar el principio de simetría al análisis del conocimiento científico, de modo que tanto el error como el acierto, la verdad y la falsedad, la racionalidad o la irracionalidad, fuesen objeto de similares estudios causales, evitando el sesgo en que habían incurrido las tradicionales disciplinas filosófico-sociales en su análisis del saber científico. Sin embargo, los autores encuadrados en esta nueva corriente reprocharán a los fundadores del programa fuerte cierta timidez y limitación a la hora de sacar las conclusiones de sus propias apuestas.

La aspiración última del sociólogo es la de construir teorías para explicar las regularidades. Si estas teorías satisfacen los requisitos de máxima generalidad, tendrán que aplicarse a las creencias verdaderas y falsas por igual y, hasta donde sea posible, el mismo tipo de explicación tendrá que aplicarse en ambos casos.