viernes, 14 de junio de 2013

APROXIMACIÓN A LAS FORMAS ELEMENTALES DE LA VIDA RELIGIOSA DE ÉMILE DURKHEIM EN RELACIÓN CON EL ENFOQUE DE DAVID BLOOR Parte II


III. La Religión como fenómeno social

Partiendo de que el centro de toda la obra de Durkheim es la cuestión social, al centrarse en el análisis de la religión, se está ocupando del problema central de toda su obra y, a la vez, buscándole una solución. Los dos aspectos de la solidaridad social: la integración y la regulación, quedan reflejados de modo paradigmático en la religión, la cual suscita, a una misma vez, respeto y amor, distancia y deseo. Esta dualidad de lo sagrado, que comparte con la moral (entre el deber y el bien), es un reflejo de la dualidad que afecta a la solidaridad social. Entre los dos polos no existe enfrentamiento, pero sí jerarquía; es lo que muestra, mejor que ningún otro fenómeno, la religión.

Se ha presentado a Durkheim como un autor que ofrece una gran riqueza temática. Sin
Durkheim
embargo, detrás de esa variedad, encuentra una unidad profunda: el objeto de su obra se dirige siempre a la actualidad como cuestión a resolver. Hay que resaltar que la sociología, en su polisémica definición, es señalada como un saber sobre la actualidad, y en ella (la actualidad) es la crisis de la sociedad europea. Lo que destaca es la conciencia de vivir en una sociedad en crisis que reclama una “intervención del saber científico para superarla[1]. Los múltiples problemas pueden ser focalizados desde un punto de vista unitario y preferente, a partir del cual se aborda todo lo demás: la moral. La religión surge como campo de preocupaciones sustantivas porque se origina como paradigma de la moral, que ejemplifica esencialmente clara los aspectos fundamentales de la vida moral. El problema moral se lee en clave religiosa.

Desde un punto de vista individualista, la relación que hay entre el individuo y la sociedad es muy típica en las teorías de Durkheim. Los hombres no llegan a tener creencias religiosas razonando que deben existir causas ocultas de los acontecimientos observados, es más bien que sus creencias religiosas son las que hacen surgir las mismas ideas de causa y efecto. No es que desaprobemos aquello que es inmoral, sino que los actos son inmorales porque nosotros los desaprobamos. Esta “visión invertida es la idea de que la existencia social precede a la capacidad humana de comunicarse mediante el lenguaje, un proceso en el que cada individuo sólo participa aprendiendo las reglas sociales que dan significado a los símbolos” (Campbell 1981:176).

Para Durkheim, la cuestión religiosa es una problemática actual, en el contexto de la crisis religiosa que se extiende desde el  siglo XVIII al XX dando paso a la sociedad secularizada. En la sociedad francesa de su época, la religión no pertenecía al ámbito de lo privado, no era una cuestión íntima, sino una postura política: ser de izquierda era ser anticlerical; ser de derechas, católico integrista. Durkheim se preocupará por un tema esencial: el equivalente laico de la religión: “se trata de saber si todo lo que hay de esencial en lo religioso puede expresarse en términos laicos” (Ramos 2007:18). Para él, la religión no ha sido históricamente una mera ilusión, un artificio, pero, por otro lado, asume que ha “perdido su papel fundamentador y ha de ser sustituida[2]. Se pregunta qué elemento de la religión pudiera ser rescatado, extrapolado a una sociedad secular. Su respuesta es lo sagrado como espacio de comunicación social.

El análisis patológico de la actualidad durkheimiana presta atención a la religión, considerada como paradigma de la moral. Se estudia la religión primitiva, en busca de la esencia más pura de la religiosidad. El objeto de investigación es la crisis de los universos simbólicos en la sociedad moderna y su efecto desintegrador. El diagnóstico es el de un vacío moral provocado por el declive de los antiguos ideales para los que aún no se ha encontrado sustituto. El problema moral en clave religiosa queda formulado que la muerte de los antiguos dioses amenaza con la desacralización del mundo. Éste no es un problema que Durkheim achaque a la mentalidad de individuos concretos, sino a la incapacidad que padece el sistema social mismo para constituir lo sagrado o reproducirlo. La respuesta a la problemática actual de la crisis religiosa y el avance hacia una sociedad secularizada pasa por la elaboración de una teoría de la solidaridad social como base para la reconstrucción de la comunidad socio-moral moderna.

Para Durkheim, que la religión sea un fenómeno social se muestra en un triple sentido: está en su origen, en su expresión y en su mantenimiento. La religión se define como un conjunto de creencias y prácticas que tienen por objeto lo sagrado. A su vez, lo sagrado queda definido por dos características:

1.    es lo antagónico de lo profano;
2.    lo sagrado no son las cosas sagradas, sino algo intangible que las habita o se les añade.

Esta similitud se observa claramente en el totemismo australiano, donde el tótem es a la vez el símbolo de la divinidad y del clan. Pero, además, la sociedad también presenta dos ámbitos diferentes y separados, como el de lo sagrado y el de lo profano. Para Durkheim, esta similitud se explica porque la sociedad es la experiencia que constituye la ideación de lo sagrado. La ideación de lo sagrado ocurre en la sociedad, en momentos de especial efervescencia. Pero, a continuación, la explicación social de lo sagrado da lugar a una explicación sagrada de lo social. Esta circularidad muestra la inseparabilidad o identificación de los dos elementos, dando lugar a la tesis principal de Las formas elementales de la vida religiosa: lo sagrado es el acto fundante de lo social. Esto quiere decir que la sociedad sólo puede constituirse como una “sobre-realidad sagrada” (Ramos 1999:55).

En el ámbito de lo sagrado del cual forman parte tanto las fuerzas y entidades pensadas como aquello con lo que se relacionan: rituales, lugares santos, acciones, palabras, mitos y algunos objetos. Cada religión define su área de lo sagrado. Todo lo que no cae dentro de ella es lo profano. Como dice Durkheim, “lo que es santo es separado, es decir, separado del mundo profano” (Giner 2010:219). Por consiguiente, toda religión supone una división del mundo. Lo que la religión señala como sagrado, si es bueno, es santo; si es considerado maligno, es malo.

En los medios sociales emergentes se produce una comunión de los sujetos, antes atomizados, convirtiéndose en un nosotros y tomando conciencia de la sociedad como realidad moral superior. Por este acto se funda la sociedad, que toma la forma de un cosmos de ideales compartidos. La intención de Durkheim es expresar la sacralidad o carácter religioso de toda moral en términos laicos y racionales: no negarla, pero tampoco situarla en un ser trascendente. La secularización no tiene que implicar la desacralización del mundo, las religiones son expresiones históricas y cambiantes de lo sagrado que no lo agotan. Durkheim encuentra la concreción de esa secularización de lo sagrado en el individualismo.

Como hemos podido observar, el objetivo de Durkheim en Las formas elementales de la vida religiosa es elaborar una teoría general de la religión a partir de un análisis de las instituciones religiosas más sencillas y primitivas. Es posible y “legítimo fundar una teoría de las religiones superiores sobre el estudio de las formas primitivas de la religión” (Aron 2004:283). El totemismo revela la esencia de la religión. Es posible captar la esencia de un fenómeno social analizando sus formas más elementales. Parece obvio, y desde la distancia en la observación contemporánea, que Durkheim generaliza injustificadamente acerca de la religión primitiva, y lo hace a partir de un material limitado que se refiere a algunas formas de totemismo australiano.



[1] Citado p. XVIII. Estudio Preliminar. Ramos, R. 2007.  Las formas elementales de la vida religiosa. Durkheim
[2] Una religión es indispensable, pero las religiones se trasforman”, citado en p. XX. Estudio Preliminar. Ramos, R. 2007. Idem.