jueves, 4 de julio de 2013

Conocimiento e imaginario social - David Bloor Parte IV


La objeción de la autorrefutación

Si las creencias de alguien obedecen siempre a ciertas causas o determinaciones y hay en ellas necesariamente un componente proporcionado por la sociedad, a numerosos críticos les ha parecido que estas creencias están, en consecuencia, condenadas a ser falsas o injustificadas. Al parecer, ninguna teoría sociológica puede ser de alcance general si no quiere sumergirse reflexivamente en el error y destruir su propia credibilidad. La sociología del conocimiento debe confinarse a ser una sociología del error. No puede haber una sociología del conocimiento, causal y general, especialmente cuando se trata del conocimiento científico.

Este argumento depende del modelo teleológico o de una forma individualista de empirismo. La conclusión se deduce, sólo so primero se aceptan dichas teorías, pues la objeción tiene como premisa la idea central de que la causalidad implica error, desviación o limitación.

Grünwald, uno de los primeros críticos de Mannheim establece el supuesto de que la determinación social tiende a llevar a un pensador al error: “es imposible hacer ninguna afirmación significativa sobre la determinación social de la ideas sin tener un punto arquimédico que se sitúe más allá de cualquier determinación social”. Grünwald extrae la concusión de que cualquier teoría que, como la de Mannheim, sugiera que todo pensamiento está sujeto a una determinación social, debe refutarse a sí misma.
Ésta sería una objeción convincente en contra de cualquier teoría que afirmara, de hecho, que la determinación existencial implica falsedad, Si el conocimiento depende de la existencia de un punto de vista privilegiado exterior a la sociedad, y si la verdad depende de salirse del nexo causal de las relaciones sociales, entonces podemos darlos por perdidos. El sociólogo supone que el conocimiento objetivo es posible, de modo que no todas las creencias deben estar determinadas socialmente. Según Lovejoy, los “relativistas sociólogos” necesariamente presuponen las limitaciones estarían diseñadas para poder abarcar criterios de verdad factual e inferencia válida. De modo que también esta objeción descansa en la premisa de que la verdad factual y la inferencia válida serían violadas por creencias sometidas a determinación, o al menos a determinación social.

Bottomore “y si todas las proposiciones están determinadas ninguna proposición es absolutamente verdadera, entonces esta misma proposición, si es verdadera no es absolutamente verdadera, sino que está determinada existencialmente”.

La premisa de que la causalidad implica error, sobre la cual descansa estor argumentos, ya ha sido expuesta y rechazada. El que una creencia sea juzgada como verdadera o falsa no tiene nada que ver con que tenga o no causa.

La objeción del conocimiento futuro

El determinismo social y el determinismo histórico son dos ideas estrechamente relacionadas. Quienes creen que hay leyes que rigen los procesos sociales y las sociedades se preguntarán si también hay que leyes rijan su sucesión y desarrollo históricos. La sociología del conocimiento haya sido criticada por quienes creen que la propia idea de ley histórica está basada en el error y la confusión, uno de esos críticos es Karl Popper.

Una sociología que suministrara leyes permitiría la predicción de futuras creencias. En principio parece que habría de ser posible saber qué aspecto tendrá la física del futuro, igual que es posible predecir los estados futuros de un sistema mecánico: si se conocen sus leyes y su posición inicial, así como las masas y las fuerzas que los componen, se deben poder determinar su posiciones futuras.

La objeción de Popper a esta ambición es, en parte, informal y, en parte, formal. De manera informal, observa que el comportamiento y la sociedad humanos no ofrecen el mismo espectáculo de ciclos repetidos de acontecimientos que ciertas partes limitadas del mundo natural Así que las predicciones a largo plazo son muy poco realistas; y hasta aquí no podemos dejar de estar de acuerdo con él.

Es imposible, según Popper, predecir el conocimiento futuro, y la razón está que cualquier predicción de este tipo debería dar cuenta del descubrimiento de ese conocimiento. El modo en que nos comportamos depende de lo que sabemos, así que el comportamiento futuro dependerá de ese conocimiento impredecible y, por tanto, también será impredecible. Este argumento conduce a crear un abismo entre las ciencias naturales y las sociales en la medida en que éstas se atrevan a afectar a los humanos en tanto que poseedores de conocimiento. Sugiere que las aspiraciones del programa fuerte está mal encaminada y que debería proponerse algo más modestamente empírico. La observación de Popper es correcta, aunque trivial, probaría que es imposible hacer previsiones en el mundo físico. El razonamiento es éste: es imposible hacer previsiones en física que utilicen o se refieran a procesos físicos de los que no sabemos nada. Ahora bien, la evolución del mundo físico depende, en parte, de la acción de estos factores desconocidos: el mundo físico es impredecible.

Se objetará que todo lo que se prueba con esto es que nuestras predicciones serán con frecuencia erróneas, no que la naturaleza sea impredecible. Lo que Popper está ofreciendo es un razonamiento inductivo basado en el cúmulo de nuestras ignorancias y omisiones. La razón que da es que las acciones futuras de la gente a menudo dependerán de cosas que se sabrán entonces pero que no sabemos ahora, por lo que nos podemos tenerlas en cuenta cuando hacemos la predicción. La conclusión correcta que debe de sacarse para las ciencias sociales es que apenas podremos avanzar a no ser que sepamos al menos tanto como ellos sobre su situación.

El conocimiento limitado y el amplio campo de error aseguran que estas previsiones serán falsas en su mayor parte, El hecho de que la vida social dependa de la regularidad y el orden nos permite esperar la posibilidad de un progreso. Popper considera la ciencia como una perspectiva incesante de conjeturas refutadas.

La superficie empírica del mundo natural está dominada por tendencias. Esas tendencias se refuerzan o debilitan esa función de una lucha subyacente entre leyes, condiciones y contingencias. Nuestra comprensión científica trata de entresacar aquellas leyes que, como estamos tentados de decir, están “detrás” del estado de las cosas. Al oponer los mundos natural y social, la objeción omite compararlos al mismo nivel, pues compara las leyes subyacentes a las tendencias físicas con la superficie puramente empírica de las tendencias sociales.

El estudio histórico de Kuhn sobre la astronomía es un inventario precisamente de lo difícil que es encontrar regularidades bajo las tendencias. El que haya o no leyes sociales subyacentes es una cuestión de investigación empírica y no de debate filosófico. Las leyes que surjan podrán no regir tendencias históricas globales, pues éstas son probablemente mezclas complejas, como el resto de la naturaleza. Los aspectos del mundo social que se ajusten a leyes se referirán a factores y procesos que se combinan para producir efectos empíricamente observables.

Para concretar la discusión sobre leyes y predicciones, puede ser útil finalizar con un ejemplo que muestre qué tipo de ley es el que busca realmente el sociólogo de la ciencia.

La búsqueda de leyes y de teorías en la sociología de la ciencia es, en sus procedimientos, absolutamente idéntica a la de cualquier otra ciencia, lo que significa que deben seguirse los pasos siguientes:

·      La investigación empírica debe localizar los acontecimientos típicos y repetitivos. Tal investigación puede haberse inspirado en una teoría anterior, en la violación de una expectativa tácita o en necesidades prácticas.
·      Debe inventarse una teoría que explique esas regularidades empíricas, para lo cual formulará un principio general o recurrirá a un modelo que dé cuenta de los hechos, Al hacerlo, la teoría proporcionará un lenguaje con el que poder hablar de ellos, a la vez que afinará la percepción de esos mismo hechos. El alcance de la regularidad se verá con mayor claridad cuando se logre dar una explicación de la vaga formulación inicial. La teoría o el modelo pueden explicar no sólo por qué se da la regularidad empírica sino también por qué no se da en ciertas ocasiones.

La teoría puede sugerir investigaciones empíricas más refinadas que, a su vez, pueden reclamar más trabajo teórico, como puede ser la refutación de la teoría original o la exigencia de su modificación y reelaboración.

Un planteamiento más naturalista se limitará a tomar los hechos tal y como son a inventar una teoría para explicarlos. Una de las que se han propuesto para explicar las disputas sobre la prioridad considera el funcionamiento de la ciencia como un sistema de intercambio. Las “contribuciones” se intercambian por “reconocimiento” y status. Como el reconocimiento es importante y un bien escaso, se lucha por conseguirlo, lo que origina las disputas sobre la prioridad. La ciencia depende en buena medida de la publicación y comunicación de los conocimientos, por lo que cierto número de científicos a menudo se encuentran en situación de realizar avances similares. Se trata de una carrera reñida entre corredores muy igualados. Los descubrimientos implican algo más que hallazgos empíricos: implican cuestiones de interpretación teóricas. Los descubrimientos que tiene lugar en momentos de cambio teórico desencadenan disputas; aquellos que se hacen en momentos de estabilidad teórica no lo hacen.

Evidentemente, la cosa no se queda aquí:

1.    Habrá que contrastar la versión refinada de la ley para ver si es plausible empíricamente. Contratar une predicción sobre las creencias y comportamientos de los científicos.
2.    Habrá que desarrollar otra teoría que de sentido a la nueva ley.

De lo que se trata es del modo general en que los hallazgos empíricos y los modelos teóricos se relacionan entre sí, de cómo interactúan y se desarrollan. Lo importante es que en las ciencias sociales lo hacen exactamente del mismo modo que en cualquier otra ciencia.